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Incestos en Familia

Como mi hijo descubrió a la zorra de su madre

Siempre he sido una señora discreta, dedicada a mi hogar y a mi familia. Mi marido tiene 64 años; siendo sincera, sexualmente hace tiempo que no me complace. Nunca he sido una santa; en mí se esconde un lado travieso y morboso. Puedo llegar a ser la mujer, la madre o la ama de casa más dulce, o ser .
Hola a todos. Mi nombre es Silvia, soy del sur de España, tengo 49 años, soy casada, me considero una mujer normal de lo más normal, con dos hijos: un hijo de 23 años y una chica de 19 años. Si me tuviera que describir, soy bisexual, una mujer del montón, morena, de pelo largo, ojos negros, boca pequeña, un cuerpo normal, pechos grandes y naturales, bastante firmes para mi edad. He oído hablar del segundo aire sexual; creo que estoy en esa etapa de mi vida, un periodo de interés y deseo sexual. Según he leído, va relacionado con el inicio de la menopausia; las hormonas como el estrógeno y la testosterona pueden generar un aumento del deseo sexual. A muchas mujeres les coincide con un momento de mayor plenitud, autoconocimiento y libertad personal, en mujeres que ya han criado a sus hijos, lo que les permite centrarse en sí mismas, visten mejor, comienzan a acudir al gimnasio, a salir con amigas, buscan tratamientos para mantenerse jóvenes, sentirse atractivas, perder peso, mejorar su figura y sentirse deseadas.

Siempre he sido una señora discreta, dedicada a mi hogar y a mi familia. Mi marido tiene 64 años; siendo sincera, sexualmente hace tiempo que no me complace. Nunca he sido una santa; en mí se esconde un lado travieso y morboso. Puedo llegar a ser la mujer, la madre o la ama de casa más dulce, o ser la amante más sucia y guarra. Me gusta consumir porno, leer relatos eróticos; me gusta notar las miradas de chicos jóvenes, más si son los amigos de mis hijos. Me ponen mucho esos videos y relatos con maduras. Igual que a ustedes, a los hombres, les gusta ver tetas, culos y coños, a nosotras nos gusta ver pollas, pollas grandes, gordas y duras, con esas venas que parecen que van a reventar.

Hoy quiero contar mi experiencia, quiero contaros como termine siendo la amante, la zorra, la puta, como queráis llamarme de mi hijo, quiero contaros en que momento de mi vida se me alinearon los planetas, los astros, como se cumplió mi mayor e inalcanzable fantasía sexual, no sé en qué momento de mi vida empecé a desear y sentirme atraída por mi hijo, desde hace años, he tenido sueños follando con mi hijo, he tenido sexo con mi marido, donde solo pensaba en mi hijo, se han corrido en mi boca y he pensado que era su  leche la que llenaba mi boca, despertarme totalmente excitada, mojada y terminar con mi satisfyer entre mis piernas, pensando en él y buscando  algún que otro video en internet en dé como un hijo se folla a su madre.

Hoy algunos me tacharéis de enferma, ya que en la sociedad actual el incesto es una práctica tabú, inmoral, prohibida, y hay un rechazo total hacia quienes lo practicamos. Yo he tenido sexo con mi hijo, sexo consentido en el que los dos hemos estado de acuerdo en tener relaciones sexuales.

Esta historia es real al 100%; se dio una mañana en la que me dirigía al trabajo, cuando a mitad de camino me di cuenta de que había olvidado la documentación que tenía que llevar hoy al trabajo para cerrar unas ventas. Llamé a mi compañero al móvil para decirle que llegaría algo tarde por el tema de los papeles.

Al llegar a casa, me fui a mi pequeño despacho que tengo en casa a recoger la documentación. Recogí la documentación y me dispuse a salir del despacho cuando escuché la puerta y oí hablar en el salón. Me asusté un poco; pensaba que me habían entrado a robar. Me escondí en la habitación que hay enfrente del salón. Desde allí, pude ver y escuchar que no eran ladrones; era mi hijo y Maite (Maite era nuestra vecina de unos 60 y pocos años, madre de la novia de mi hijo).

 

Mi hijo la tenía cogida de la cintura y la acercó a su cuerpo.

-Hijo: Así me gustan las zorras, obedientes.

Ella traía puesta una gabardina preciosa, con mucho gusto, como ella suele vestir.

-Hijo: Vamos a ver si has hecho los deberes, zorra.

Mi hijo cogió los botones de la gabardina y los desabrochó poco a poco; estaba totalmente desnuda, solamente con unas botas negras altas, de media caña, con un tacón muy fino.

-Hijo: Joder, qué buena está, zorra.

Entonces vi cómo la mano de mi hijo bajaba y se metía por sus entrepiernas, llegando a alcanzar su coño.

-Hijo: ¡Uffffff! ¡Qué mojada está la puta!

Mientras mi hijo se la follaba con sus dedos en su coño, comenzó a comerle las tetas, a morder sus pezones; a ella se le comenzaba a notar la respiración entrecortada, síntoma de que estaba empezando a disfrutar.

—Hijo: Así te gusta, ¿verdad, zorra?

—Maite: Eres un cabrón hijo de puta, que no respeta a las mujeres casadas, cabrón.

—Hijo: Si una mujer casada que está deseando le echen un buen polvo, te recuerdo que tú solita viniste a mi

-Hijo: Tienes ganas de polla… ¿verdad, zorra?

-Maite: Síiiii.

Entonces, mi hijo se desnudó, quedando solo con los boxes.

-Hijo: Relajante, ya sabes lo que tienes que hacer, zorra, le ordenó.

Maite obedeció la orden que recibió, yo no podía creerlo, Maite estaba siendo insultada; él le llamaba zorra, perra y todo tipo de calificativos insultantes, y ella, lejos de protestar, obedecía y hacía lo que él le ordenaba, con lo que ella parecía disfrutar.

Ella se puso de rodilla delante de él, quedando su polla a la altura de su boca.

-Hijo: Bien, zorra. Así me gusta una zorra obediente.

-Hijo: Vamos, ¿qué esperas?

Ella agarró los boxes y empezó a bajarlos cuando de pronto un wooooooohhhhhh, ¡ostia puta! Ella levantó la cabeza y lo miró, y con una sonrisa lujuriosa y sus manos en la polla de mi hijo, dijo:

-Maite: Creo que nunca me voy a acostumbrar a esta monstruosidad, jajajjajj, me va a destrozar de nuevo.

Joder, la verdad que aquella polla era la más grande y gorda que yo jamás había visto, esas pollas solo las había visto en películas y videos pornos.

Maite no dudó ni un instante en abrir su boca y pegar sus carnosos labios en la cabezona polla de mi hijo.

Mi hijo cogió la polla con una de sus manos y comenzó a refregar su polla por toda la cara de Maite, incluso le dio varios azotes con ella.

-Hijo: ¿Te gusta, verdad, zorra?

Maite sacó la lengua de su boca y comenzó a lamer aquella polla. Sus manos comenzaron a subir y a bajar por ella; era todo un espectáculo muy morboso ver cómo esos labios pintados de rojo se comían aquella polla, de vez en cuando levantaba la vista para mirar a mi hijo, quien la cogió del pelo, le saco la polla de la boca se agachó y cuando tenía su boca cerca de la de ella le dijo:

—Hijo: ¿Quieres polla?

Y seguidamente le escupió en la boca.

—Hijo: Las manos a la espalda.

Ella obedeció sin rechistar, mi hijo mientras con una mano le aguantaba la cabeza con la otra se cogía la polla, y le dio un par de azotes fuerte con ella en la cara, mi hijo le puso la polla en la boca y se llevó la otra mano también a la cabeza y sujetando la cabeza con las dos manos comenzó a clavarle esa polla en su boca, poco a poco las embestidas aumentaban de ritmo los huevos le daban en la barbilla, y comenzó a follar su boca como un salvaje, las manos de Maite pasaron de su espalda a sus tetas, y luego una bajo a sus entrepiernas y comenzó a acariciarse el coño.

En la habitación donde yo estaba, tengo colgado un espejo, en ese momento me vi reflejada en él, allí estaba yo, sobando con una de mi s manos mis tetas por encima de la blusa y con la otra acariciando mi coño por lo alto del pantalón, estaba muy cachonda, estaba realmente caliente, notaba que la humedad de mi coño había humedecido mi tanga, me abrí unos botones de la blusa y me saqué las tetas por encima del sujetador, comencé a pellizcar mis pezones, mientras que con la otra mano tiraba de los pantalones hacia arriba hasta metérmelos dentro de mi raja. Joder, joder, vaya hachazo tenía, estaba caliente hasta más no poder, pero me aguanté la corrida porque quería disfrutar un poco más del espectáculo, el morbo me tenía a mil.

Gire mi cuello y allí seguía mi hijo follándose la boca de Maite. Ella, inesperadamente, con sus manos golpeó las piernas de mi hijo, empujándolo hacia atrás y sacando la polla de su boca, empezó a dar arcadas y a escupir; le faltaba el aire, como si se estuviera ahogando.

—Maite: uufffff, jodeeerr, cabrooonn no soy mi hija, hijo de puta, no tengo 20 años, cabrón, me vas a ahogar con esa polla, cabrón.

Ella se levantó y se sentó en el sofá, cogió sus tobillos y se abrió de piernas ofreciendo todo su coño a mi hijo.

Mi hijo se acercó el agarro por los tobillos, los llevo sobre sus hombros y comenzó una brutal follada.

—Maite: Joder… Joder… No pares… No pares….

Mi hijo comenzó a ejercer fuerza sobre ella, las rodillas de Maite pegaban contra sus tetas, con él encima, sin parar de embestirla y salir con una violencia tremenda, subía sus caderas y las dejaba caer enterrando en su interior su polla.

—Maite: ssiiiiiii joddeeerrr ssiiiiii   no pares no pareeeeeeessss sigguueeee no te detengas por favooorrrrr.

—Maite: ¡Joodeeeeeer! Aahhhhgggggg, uufffffff, me voy, cooorreee, aaahhhggggggg, ¡ostias, Diosssssss, ¡qué bueno! Jodeeeerrrrrr, sssiiii, ¡siiiiiiiiiiii! diossss Diossss, ¡qué ricoooooo! No pares, no pareeeeeessss, aahhhhhhh, sigueeeeeee.

Mi hijo fue disminuyendo poco a poco las embestidas, tenía toda la pinta de que se había corrido dentro de ella, el muy cabrón.

—Maite: ¡Agggggghhhaaa! Uuffffff, no me la saques, uufffff déjamela dentro cabrón, uufffffff, ¡qué ricoooooo! Joder, eres un animal.

—Hijo: ¿Sabes lo que quiero ahora, verdad, zorra?

—Maite: ¡Follarme el culo!

Dijo ella, recuperando el aliento, mirándolo con deseo, lujuria, se abalanzó sobre él y se besaron.

—Hijo: ¿Y tú quieres que te lo folle?

—Maite: ¡Síiiii! – gemía.

Decía Maite mientras se colocaba como una buena perra a cuatro patas sobre el sofá, ofreciéndole su culo a mi hijo.

Maite estaba completamente entregada a él; ella misma agarró sus nalgas y las separó, ofreciéndole su culo. Él le escupió en el culo y apuntó uno de sus dedos hacia él y se lo empezó a meter; luego empezó a meter dos. Un chillido salió de su boca y se agarró fuertemente a un cojín que tenía cerca. Cuando entraron los dos dedos, él empezó un mete y saca, y le volvió a escupir sobre sus dedos para facilitar la entrada. Se acomodó mejor detrás de ella, puso una de sus manos sobre su cintura y con la otra apuntaba su polla a su culo y comenzó a empujar. Yo podía ver cómo la cabeza de esa polla empezaba a entrar dentro de su culo.

—Maite: Despacio, joder, despacio, mete, métela, despacio.

Mi hijo hizo todo lo contrario; se agarró fuerte a su cintura con sus dos manos y le pegó una entallada que la hizo gritar como una perra y empezó a follarla cada vez más fuerte. Ella mordió, el cojín le estaba haciendo daño.

—Hijo: Joder, zorra, qué culo tienes, eres igual de zorra que tu hija, a los dos os encantan, que os follen como perras.

Maite estaba siendo embestida como una perra, le entraba toda la polla dentro de su culo, no contuvo sus gritos. Yo, sentía como mi tanga estaba totalmente empapada de mis flujos, los cuales comenzaba a sentir bajar por mis entrepiernas.

—Hijo: Esto es lo que quiere, ¿Verdad perra? ¿Te gusta que te rompan el culo?

—Maite: Siiii asiiii me gusta eso es lo que quiero, no paressssss no pareeeees assssiiii ahhhhhhhhh

Al cabo de unos minutos, mi hijo le ordenó que se diera la vuelta y se arrodillara, quedando su polla a la altura de su cara. No tuvo más que agitar un par de veces su polla para correrse; la leche salió disparada a su cara y parte sobre sus tetas. Ella cogió la polla y se la metió en la boca, la saboreó y se la dejó bien limpia, la muy zorra, ella se levantó y le dio una fuerte bofetada en la cara.

—Maite: “Ostia, puto cabrón.” Joder, no sabes lo que me duele el culo. Te dije que, si lo volvíamos a hacer, tenías que ser más delicado, cabrón.

Maite cogió su bolso y sacó un paquete de toallitas y un pequeño espejo. Mirándose a él, comenzó a limpiarse la leche de mi hijo de su cara y de sus hermosas tetas.

—Maite: Joder, como apesto a sexo, jajajá, voy directa a la ducha.

—Maite: Ven, bésame, no sabes cómo me has hecho disfrutar, cabrón.

Se besaron y mi hijo volvió a chuparle las tetas.

—Hijo: Ufffff, qué ricas están.

—Maite: Joder, eres insaciable.

—Maite: Recuerda, quiero total discreción. Si quieres que sigamos, tenemos que ser discretos. Si mi marido o tus padres se enteran de esto, nos matan. Por eso quiero que me prometas que seremos muy discretos.

—Hijo: Mi madre, jajajjaj, esa es una golfa, una puta. La semana pasada la pillé follando con mi amigo Alex en su cuarto. Ella no se dio cuenta de que yo estaba en casa. Ese día no salí, me quedé en casa y llegó ella con Alex, pero ese maricón no sabe follar. Si yo la cogiera, se iba a enterar de lo que es un macho.

—Maite: ¿Te la follarías?

—Yo: Sí, claro, y le haría saber lo que es follar.

—Maite: ¿En serio me dices eso?

—Yo: Te lo juro que, si tuviera la oportunidad, la haría gozar igual que a ti.

—Maite: Pero eso sería incesto.

—Hijo: La verdad, me suda la polla del incesto, yo solo veo una mujer que esta buenísima y si estuviera aquí le daría mi polla para que se la comiera.

Tras escuchar esas palabras salir de la boca de mi hijo, lejos de sentirme enfadada, cabreada o enfurecida, me sentía realmente excitada; fue como un indicio de adrenalina, mi corazón bombeaba con fuerza, el aliento se me escapaba, mis piernas comenzaban a tambalearse y mi mente no ayudaba en nada, haciéndome fantasear con imágenes sexualmente explícitas de lo que allí sucedía.

Maite cogió a mi hijo por los pelos y le dio un tremendo morreo.

-Maite: ufffffff cabrón no sabes cómo me gustaría ver cómo te follas a tu madre, seria todo un espectáculo.

Maite le cogió la mano a mi hijo y se la llevo a sus entrepiernas, y empezó a rozarla por su coño.

Maite: Siiiii podríamos hacer un trio entre los tres ¿te imaginas dándonos polla a las dos?

Mi hijo se arrodilló delante de ella y comenzó a chuparle el coño, ella lo agarró de los pelos y le hundió su cara en su entrepierna, le metía la lengua y después jugaba con su clítoris, para volver a meterme de nuevo la lengua. Seguidamente, le metió uno de sus dedos, ella seguía gimiendo, luego le introdujo un segundo y hasta un tercero le llego a meter, Maite se apoyó sobre una silla; parecía que las piernas le fallaban, fueron minutos de placer, hasta que le saco un último orgasmo. Ella cayó a plomo sobre la silla.

– Maite: uuufffff ahhhhfff, ostia puta, me encanta como me comes el coño cabrón joder, comes como los dioses desgraciados, estoy de nuevo supercaliente.

– Maite: Quiero que me vuelvas a follar joder.

Él se puso enfrente de ella dándome a mí la espalda, perdí toda visibilidad mientras Maite le chupaba la polla de nuevo a mi hijo.

En ese momento sonó mi teléfono, cerré los ojos como diciendo: «he sido descubierta». Me puse tan nerviosa que el móvil se me cayó al suelo, entonces se escuchó:

—Maite: ¿Qué fue eso?

¿Queréis que continúe?

Quiero pedir disculpas por los fallos de escritura. He intentado redactar la historia lo más realista posible y lo mejor que he podido. Quiero que entendáis los nervios y el morbo que he sentido al escribir e intentar transmitir lo vivido. Un saludo a tod@s.

32 Lecturas/19 enero, 2026/0 Comentarios/por Isabix
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