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Estábamos de paseo y mi esposa llevó a su Hermana qué era una chica gordita muy linda de grandes nalgas aun sin busto pero era muy linda . Leer más

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Los siguientes relatos son una mezcla de realidades con fantasías, los nombres están cambiados para la protección de lo protagonistas.

Marifelita es una jovencita inquieta, morena, de ojos dulces y labios carnosos.

Marifelita es una jovencita inquieta, morena, de ojos dulces y labios carnosos.
De pequeñita era flaquita y no llamaba la atención de los hombres, pero ahora, a sus catorce añitos se había convertido en una apetecible mujercita.

Su colita respingona y dura era lo que más llamaba la atención, sus fotos, publicadas en una red social, eran cada vez más sexys y provocadoras.

Sus turgentes senos son una delicia a la vista y su breve cintura invitaba a abrazarla con fuerza.

Marifelita era una jovencita feliz, su madre aún muy guapa era una mujer interesada que engatusaba a los hombres para obtener beneficios de ellos.

Su hermana Margarita, mayor que ella por cinco años, era un bombon de mujer y advertía el futuro cuerpo de Marifelita.

Marifelita llamaba la atención de un vecino profesor en sus cuarenta, bueno llamaba la atención de cualquier hombre de cualquier edad.
Éste no perdía la oportunidad para observarla todo lo coqueta que ella podía ser.

Marifelita salía a la tienda y su vecino Alberto esperaba paciente un momento para salir detrás de ella con la finalidad de encontrarla por el camino de vuelta; haciéndose el sorprendido, le hablaba cortésmente, y la abrazaba aprovechando la oportunidad para acariciar la suave piel de la espalda de la jovencita, besar su dulce mejilla y decirle alguna palabra galante al oído.

Marifelita no era tonta, sabía lo que quería Alberto de ella y trataba de evitarlo, pero una vez acorralada, por pena no lo rechazaba y se dejaba acariciar por él.

Era un delicado gorrión entre las garras de un gavilán.
Sin embargo, algo le atraía de ese juego, ella no sabía si era el peligro o el que dirán de los vecinos, pero algo le emocionaba de esta cacería inocua que Alberto practicaba con ella.

Inocua por el momento, porque el vecino, esperaba paciente para devorar ese bocado de dulce miel que la vida le ponía por en frente.

Hasta que un día… Marifelita tuvo una necesidad en sus estudios y quien mejor que un profesor para ayudarla a resolverla; ella insegura no sabía si pedirle ayuda a Alberto, estaba nerviosa, porque como ya observamos ella no era tonta y sabía que Alberto deseaba posee el cuerpo apetitoso de la jovencita.
Aún así, la necesidad era muy fuerte y ella venciendo sus temores, decidió encontrarse con él por la tarde al ir a la tienda de la esquina y así platicar sobre la asesoría de la que tanto requería.

Y así ocurrió.

M- Hola.

A- Hola bonita.

Él aprovecha para abrazarla y atraer su cuerpo, notanto su perfume, calidez y suavidad.

M- Hola, oiga me da pena, pero quería pedirle un favor.

A- No te de pena Marifelita, tu puedes pedirme el favor que necesites, yo te ayudaré siempre.

M- Lo que pasa que en el colegio tengo un examen de matemáticas en una semana y quería saber cuanto me cobraría por prepararme.

A- Primero, por supuesto que te ayudaré, pero sin cobrar nada, faltaba más, será un placer poder enseñarte sobre los temás que te evalúen.

M- En serio, dijo sonriente.

A- Claro que sí, pequeña.
Sólo tenemos que ponernos de acuerdo con los horarios y otras condiciones para aprovechar mejor el momento de estudio.

Dijo Alberto, pensando maliciosamente.

M- Cómo que profesor?

El contestó.

A- Por ejemplo, dónde estudiaríamos, que esté el lugar lo más cómodo posible y en calma.

M- Ah okey, podría ser en mi casa como a las once a.
m.

A- Claro mi pequeñita, sólo espero que no haya mucha gente para no distraenos.

M- Bueno, tendríamos como una hora antes de que mi mamá llegue del trabajo.

A- Pues es perfecto entonces.

Así quedaron de acuerdo para verse al día siguiente en casa de Marifelita.

El profesor Alberto aprovecho para volver a abrazar a Marifelita y plantarle un húmedo beso cerca de los labios y la vio retirarse un poco turbada y nerviosa rumbo a su casa.

El día y la hora llegaron, el profesor se presenta en casa de Marifelita y ésta, algo arregladita, le abre la puerta y le da la bienvenida.

A- Qué linda estás.

Apenada ella le da las gracias y lo invita a la sala de su casa.

Sentándose ambos, revisan un poco los materiales para organizar las sesiones de estudio.

Alberto pasaba el brazo por la espalada de la jovencita y la veía insinuante a los ojos para calentar el ambiente.
Ella muy nerviosa empezó a pensar en que aquella ayuda era un error y que no debió pedirle ayuda, pero ya era muy tarde.

Una mano un poco aspera se posiciono sobre su moreno y rico muslo acariciándolo y aprentandolo con suavidad mientras poco a poco subía por el hacia ese pequeño triangulito que el short de Marifelita dibujaba como meta.

Ella asustada pone la mano sobre ese invasor pero fue en vano, una calida voz le decía al oído lo mucho muy bella que se veía esa mañana y le besaba la oreja.

Intentó gritar, pero las emociones que le hacían sentir una lengua que recorría su cuello y una mano que se poseía ya su delicada entrepierna se lo impidieron.

Oh Dios mío, no permitas esta infamia, alcanzó a pensar.
Pero Dios no la escuchó.

Alberto, recostándola sobre el sofá, comenzó a comérsela boquita de Marifelita, ella aunque lo evitaba no pudo más con el ataque y sintió la penetración de esa sensual lengua en su boquita carnosa.

Mientras tanto la habilidosa mano ya desabotonaba, caso sin la atención de la niña, la breve prenda de mezclilla, para después con un movimiento comenzar a retirarla con todo y tanguita.

Ella reaccionando dice ahogadamente No y trata de sujetarlas, pero Alberto con dos dedos toca en ese momento la dulce y ya húmeda vaginita de Marifelita, provocando un calambre de placer en la pequeña que la obliga a recostase otra vez y arquear su cuerpo facilitando la desnudez de Marifely.

Alberto no pierde el tiempo, solo contaba con una hora, precipitándose sobre el triangulito de la niña, saborea el néctar ya segregado por su presa pasando la lengua por su rajita de placer y rematando en el clítoris de la morenita.

Ella ya no puede más y grita de placer Ahhhhhhhhhhhhhhh, por favor.

Alberto no la toma en cuenta y continúa la embestida con su lengua penetrando la virgen panochita de Marifelita, mientras con sus manos retiraba una playerita que cubría los turgentes pechos de la niña.

Realizado eso, Alberto abre la bragueta de su pantalón y apunta su duro y largo falo a la cuevita de placer que se le ofrecía en el momento.

La violación de Marifelita estaba por culminar.

Colocando su verga en la gruta de la jovencita, hacer fuerza para penetrarla.

Marifelita asustada grita Nooooooo, pero es en vano, un dolor intenso la invade, siente palmo a plamo la verga que se está introduciendo en su útero, sin poder evitarlo llora, pero a la vez comienza sentir placer y se avergüenza del hecho, se siente sucia y culpable.

Alberto, mientras tanto pone en marcha un mete y saca frenético, la penetra con desesperación, sabe que el tiempo se acaba, y quiere terminar la posesión regando su semen dentro de la niña, la goza, muerde y mama sus duros senos, se siente en la gloria.

Que dulce bombón se estaba comiendo, pero la presión era demasiada y no pudiendo contenerse más pero coincidiento con el orgasmo de la pequeña nenita, derrrama su liquido vital dentro de ella.

Ahhhhhhhhhhhhhhhh grita él.

Queda poco tiempo, pero mucho más que relatar.
Qué pasará después?

Lo que sucedió lo contaré en un próximo relato.

Continuará…

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Siempre me ha gustado que los hombres me follen como si me estuvieran violando. A raíz de una violación que sufrí de pequeña, me la asqueado y al mismo tiempo dado morbo que los hombres me usen como a un trozo de carne para satisfacerse.

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