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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Sexo con Madur@s

Roxy: La Bebota. «Juegos prohibidos en el baño»

Después de que casi fueran atrapados en la cocina, Roxy y su tío no han tenido suficiente uno del otro. Así que tentando a la suerte una vez más, deciden encerrarse en otro lugar igual de riesgoso. .
Roxy salió con el corazón dando brincos en su pecho. Sentía que sus pulmones no jalaban suficiente aire. Pero no por falta de energía. Después de haber estado con el Payaso Manotas incontables veces, esto apenas había sido un calentamiento.

No. Su falta de aire era más bien por… ¿emoción? El sentimiento era familiar, pero al mismo tiempo extraño. Ciertamente, lo que sucedió dentro de esa pequeña cocina, había sido placentero y divertido. No obstante, no era nada del otro mundo. Había hecho cosas más intensas antes con su mentor. Y si bien, el hecho de jugar con su propio tío le agregaba un sazón diferente, no justificaba la enorme “emoción” que sentía en el pecho la nena.

En ese momento ella no lo sabía, pero lo que experimentaba era una mezcla de adrenalina y miedo. Similar a la que uno experimenta cuando se sube a una atracción mecánica de alta velocidad. El miedo es inevitable: el aparato va como el demonio, uno tiene cero control sobre el desplazamiento y el riesgo de muerte siempre está ahí. Pero por otro lado, la emoción y la adrenalina también están ahí. Eso mismo experimentó la pequeña nalgona y tetona; pero en un contexto sexual. Aún no era consciente de ello, pero el hecho de haber permitido que su tío la manoseara y la penetrara, con la puerta de la cocina cerrada, con toda la familia al otro lado; y luego haberle dado una mamada a su tío, con su madre justo ahí a unos pasos; habían despertado en ella una nueva sensación, tan adictiva y potente como las demás que había experimentado: la emoción/miedo de ser casi descubierta.

Eso había cambiado el juego por completo.

Con las mejillas encendidas, una sonrisa nerviosa que no podía disimular y su mano sobre sus enormes senos, a la altura de su corazón; camino casi en automático hacia el baño. Reviviendo en su mente cada detalle y cada sensación experimentada en esa gloriosa cocina.

Con cada paso sus senos daban ligeros y firmes rebotes sobre su top y su mano. Mientras la minifalda hacía todo lo posible por contener semejantes nalgas, pero sin poder evitar enseñar la división de la pierna con sus glúteos.

El “clack, clack” de sus tacones se detuvo y dió un respingo cuando una mano huesuda, pero con un agarre firme la tomó del brazo. Giró la cabeza sobresaltada. Era su abuela.

– No, no. Al baño no. Ve al jardín, corre. Has como que vienes de ahí. Yo le voy a decir que estabas con tus primas. Corre.

No hubo tiempo para preguntas. A pesar de la apariencia frágil y pequeña de la abuela; giró sin ningún problema el cuerpo de la nena y la envió, de un empujón leve, en dirección al jardín.

Sin saber muy bien qué sucedía, Roxy empezó a caminar en esa dirección, cuando de pronto su abuela la volvió a llamar, pero esta vez con un tono distinto. Casi actuado.

– ¡Ah, Roxy! ¡Ahí estabas! ¿Pues dónde te habías metido, señorita? Mira que tu madre estaba vuelta loca por ti.

La nena dió medio giro hacia su abuela, con una mueca de evidente extrañeza. Pero antes de poder decir algo, en el pasillo también apareció su madre, asomando la cabeza detrás de una pared.

– ¿Roxana? ¿¿Dónde te habías metido??

La madre caminó rápidamente hacia su princesa y empezó a revisarla, aunque tampoco sabía muy bien qué buscaba. Quizás un letrero que dijera: “Sí mamá, mi tío me manoseó toda en la cocina y además me la metió sin condón”

Finalmente la tomó de las mejillas y le volvió a repetir la pregunta.

– ¿Dónde estabas?

La cara de preocupación de su madre le causó dos emociones, tan opuestas como el sol de la luna. Por una parte se conmovió de ver a su madre tan preocupada por ella; por otro lado también se sintió muy molesta, justamente por la misma razón. “¿Cree que mi tío me hizo algo malo?” Ganas no le faltaban para decirle: “¡Sólo jugábamos mamá! El tío Fernando no es malo como todos ustedes creen” Pero se contuvo. Admitir que estaba con el tío Fernando era cerrar la oportunidad de volver a encontrarse con él; con candado y tirando la llave a la alcantarilla.

– Estabas con tus primas en el jardín, ¿no?

Se apresuró a decir la abuela, viendo que la nena tardaba en responder lo que a ella le pareció una eternidad.

Roxanita volvió a ver a su abuela, sin estar segura de a qué se debía esa intromisión. Miró en dirección opuesta, hacia el jardín; entonces las vió. Ahí, en bola, estaban sus primas mayores en el jardín, conversando secretamente y soltando un par de risas. Entonces entendió el plan de la abuela.

– ¡Sip! Estaba platicando con ellas. Es que es muy aburrido estar aquí hablando sólo con adultos.

La madre asomó la mirada por un lado de su hija y entonces también las vió. Suspiró de alivio. Ella sabía, a pesar de las evidencias, que su nena no podría haberse acercado a su tío en la cocina. Ella no la desobedecería jamás.

– Ah, entiendo. Ay Roxy… Si te vas a cambiar de lugar, avísame. Acuérdate de lo que hablamos.

Las palabras de su madre tensaron el rostro, no solo de la Bebota, también de la abuela; y esta última no quiso quedarse callada.

 

– Estamos en mi casa, Guadalupe; no en la calle. ¿Qué te preocupa que le pase a Roxana si se aleja sin avisar? Estamos en familia.

El tono era retador. Acusatorio. “¿Estás diciendo que tu hermano le hará algo a su sobrina apenas tenga la oportunidad?” Ese era el mensaje implícito.

– Mamá, por favor…

La madre levantó la mano. Su mensaje también era tácito. “No te metas, estoy hablando con mi hija. No hagamos una escena en tu cumpleaños”. 

– No, no. Si no estoy peleando. Pero me intriga porqué crees que a mi nieta le podría pasar algo en MI casa.

La madre se quedaba sin opciones. No podía expresar libremente el motivo de su inquietud. Hacerlo encendería la furia de su madre, en su día más especial. Justo en la fiesta en la que ella deseaba tener a toda su familia reunida y en paz. Pocas veces una mujer da el brazo a torcer. Sobre todo en una cuestión tan importante. Si se tratara de su marido, no le importaría para nada seguir esa discusión. Pero la mujer bajita, débil pero aguerrida de ahí; era su madre. Esta vez tenía que ceder. Suspiró derrotada.

– Está bien. Puedes estar donde quieras, siempre y cuando no subas a la segunda planta.

– ¿Y por qué…?

La abuela iba a pelear lo que fuera suficiente. Pero entonces Guadalupe tuvo que poner un alto.

– Mamá.

La palabra salió fuerte. Tensa. Y la miró con una intensidad que no dejaba lugar a dudas de lo que significaba. “Ya cedí. Ahora cede tú”. 

La abuela también suspiró y torció la boca. No valía la pena jalar tanto la cuerda.

– Bueno, ya. Vamos a seguir festejando.

Dijo Guadalupe, tendiendo la mano a su madre en son de paz. La abuela la tomó, aún con algo de molestia. Luego, Guadalupe le tendió la otra mano a su hija, para que las acompañara, pero esta se negó.

— Yo mejor regreso con mis primas…

La madre, no muy convencida, aceptó y regresó con su mamá hacia la sala.

Estando “sola” de nuevo, buscó con la mirada a su tío. Sin embargo, él no se veía por ningún lado. Ansiosa y decepcionada de no verlo por ahí, decidió ir hacer lo que dijo. No podía quedarse ahí parada o se arriesgaba a que su madre se acercara de nuevo.

Caminó hacia el jardín, con los tacones sonando en el piso de mosaicos y la minifalda subiendo lentamente hasta enseñar el inicio de sus nalgas. Tiempo en el que Roxy volvió a bajarse la falda.

Al salir, estaban ahí 4 de sus primas mayores. Susana, Valeria, Daniela y Carmen. Al ver a esta última, a Roxy se le tensaron los músculos. Pero antes de que pudiera desistir, sus primas advirtieron su llegada.

— ¡Roxy!

La saludaron con alegría las cuatro, casi al unísono.

— ¡Cuánto tiempo, chaparrita!

Dijo una de ellas. Usando el sobrenombre por el que siempre la habían llamado.

— Holi jeje

Respondió ella, un poco apenada.

— Pero mira nada más cómo te has puesto, condenada jaja

— ¡Ya sé! Hasta nos haces quedar mal, chaparrita jeje

Bromeaban con ella.

Ella se sentía feliz. En realidad, ella siempre se había llevado muy bien con cada una de ellas. Las quería mucho y el sentimiento era recíproco. Era la nena de la familia. Ellas siempre la habían cuidado y siempre que podían jugaban con ella. Además, recibir halagos de sus primas y no críticas, la hacía sentir bien consigo misma.

– Ay, nena. Cuánto te he extrañado.

Dijo Carmen, abrazándola, antes de que la nena pudiera reaccionar.

Inesperadamente, el enojo que sentía la nena hacia su prima, se desvaneció por un momento y le devolvió el abrazo.

– Yo también, Carmen. A todas ustedes.

No había necesidad de preguntar sobre la razón del porqué ya no se veían con tanta frecuencia. Todas eran conscientes de la razón. Bueno, todas menos Roxy.

— De verdad que has cambiado mucho. Te has convertido en toda una mujercita despampanante jeje

Carmen le apretó suavemente las mejillas a la nena, como cuando era una niña planita y dulce.

— Jeje gracias.

Respondió más apenada aún.

— Pero…

Continuó Carmen. Y ese “pero” hizo que Roxanita, anticipando lo que iba a decir, se tensara.

— Chaparrita… No soy ninguna monja para decirte cómo vestir, pero es que hoy justamente es el peor día para venir vestida así.

Y a su afirmación todas asintieron. Mirándola con seria preocupación.

“Cálmate. No digas nada. Cambia la conversación” Se repitió la nena. Pero al abrir la boca, un tono y una expresión, que no tenían nada que ver con la dulce niña que siempre había sido; se manifestaron.

— ¿Ah sí? ¿Y por qué es eso, Carmen?

Preguntó con un dejo de desafío. Marcando la pronunciación del nombre de su prima. Fijando la mirada en los ojos de ella y cruzando los brazos bajo sus enormes senos, que crecieron aún más por el acto.

Todas quedaron estupefactas. Jamás habían visto a su prima querida con una actitud tan desafiante.

— Ahm…

Carmen dudó sobre cómo proseguir y buscó, con la mirada, el apoyo de sus primas.

— No lo tomes a mal, nena…

— No es que te veas mal, es que…

— Bueno, tú sabes cómo son algunos hombres…

— No. De hecho no lo sé. ¿Me lo explican?

La nena se estaba poniendo roja de la cara y no era para nada por excitación.

“Vamos. Atrévanse. Digan algo del tío Fernando. Las reto” 

Carmen suspiró. Había dos razones para esa actitud de su prima y ellas las entendía perfectamente. O eso creía ella. La primera, era que evidentemente Roxy ya no era una niña. Era una adolescente y ahora estaba muy susceptible a los cambios repentinos de humor y a una mayor sensibilidad emocional. La segunda, era que probablemente ella no recordaba el evento que pasó hace años y por ello su prima creía que la estaban reprendiendo a ella.

— Nena, no es nuestra intención hacerte sentir mal. De verdad te ves increíble. En serio. En cualquier otra situación estaríamos felices y orgullosas de cómo te ves. Pero, quizás ya no lo recuerdas… hace unos años, en una fiesta como esta, el tío Fernando…

La sangre de Roxy se le subió a la cabeza. Sin tener control de sus emociones o de su cuerpo, sintió cómo apretaba su puño para soltarle un golpe a su prima. Pero, justo antes de que eso pasara…

— ¡Roxy! ¡Mija!

La voz de la abuela vino desde la entrada trasera de la casa. La nena volteó y vió a su abuela haciéndole señas para que se acercara.

La nena la miró, volteó a ver a sus primas, en especial a Carmen, con una intensa y fulminante mirada.

Carmen solamente suspiró de decepción. No era la forma en que quería que salieran las cosas.

— Ve, nena. Después hablamos con más calma. Y, en serio, lo siento. No quisimos ofenderte. Nos da mucho gusto verte de nuevo.

Las demás asintieron apenadas.

— Ok.

Dijo fríamente la Bebota y caminó hacia su abuela. Sintió cómo la minifalda nuevamente se iba subiendo, pero esta vez no la bajó. Dejó que su diminuta prenda hiciera lo que quisiera. Un acto de pura rebeldía y desafío. “Miren todo lo que enseño. Miren lo que le muestro al tío Fernando. Me GUSTA jugar con el tío Fernando”.

Solo se acomodó la prenda hasta que llegó con su abuela.

— ¿Qué pasa, abuelita?

Dijo algo tensa.

— Ay mija…

La abuela miró a sus otras nietas y luego regresó la mirada a su Roxy.

— Parece ser que te rescaté, ¿verdad?

— No entiendo cómo pueden pensar tan mal de mi tío.

Dijo, desviando la mirada, haciendo un puchero tan tierno de molestia.

— Ya, ya. Ellas no saben valorarlo. Pero tú sí y eso es lo importante.

Dijo abrazándola.

— Además. Quizás esto te hará muy feliz…

Se separaron y la abuela le extendió un pedazo de papel a su nieta. La nena lo tomó sin saber de qué se trataba.

— Me lo dió tu tío. Me hizo jurar que no lo leería. Lo que sea que te puso ahí, es solo para ti jeje

Dijo la abuela, muy contenta. Como si el hecho de que un hombre adulto se secreteara cosas con una menor de edad, no fuera ningún signo de alarma. Además, la abuela no pensaba romper su promesa, arriesgándose a ofender a su hijo favorito.

Al recibir la noticia, a la nena se le fue todo el enojo que sentía. Los ojos le brillaron de felicidad y apretó el papelito contra sus géneros senos.

— ¡¿De verdad?! ¿Me lo envió a mí?

— Jeje Sí, nena. Él está muy feliz de ver que una de sus sobrinas lo quiere tanto. Y la verdad yo también estoy muy feliz por eso.

Dijo la abuela con un nudo en la garganta y los ojos llorosos.

— Ay, no quiero ponerme a llorar aquí jeje. Mejor te dejo para que puedas leer tu carta a gusto.

La abuela le dió un último abrazo y se volvió a meter a la casa.

La nena abrió el papel con mucha emoción:

“Ola Bebota! Jeje

aki tu tio preferido

tengo muchas ganas de segir como en la cocina jeje

no sabes las ganotas con las ke me dejaste

te espero en el baño

acegurate de ke nadie te siga

cuando entres yo estare scondido

ablame para saber ke eres tu

la vamos a pasar mui bien”

“Las ganotas con las que me dejaste” Esas palabras se repitieron en la mente de la nena como disco rayado. Su cuerpo, su apariencia, sus acciones y todo lo que hicieron; le había encantado a su tío. Tanto, que él había planeado esto para estar con ella otra vez. Eso infló el ego de la nena y al mismo tiempo la hacía muy feliz. Quizás hace años el tío Fernando prefería a sus otras primas más desarrolladas. Pero hoy no. Hoy ella era superior a todas ellas. Hoy ella era el centro de atención. Hoy él quería estar solo con ella y con nadie más. Y ella… Ella no veía la hora de meterse en ese baño con su tío y, tal como dijo él, pasarla MUY bien.

Volteó a ver a sus primas una última vez. Por un instante le preocupó que la fueran a seguir. Ellas la seguían mirando desde que se acercó a la abuela, murmurando cuestiones que les preocupaban. Le sostuvieron la mirada con intriga y cariño a la vez. Ella, aún molesta con ellas, les devolvió una mueca que intentaba ser una sonrisa. Un pequeño sacrificio con tal de que no la fueran a seguir. Para quitarse toda preocupación, les hizo una seña para informarles que regresaría más tarde. Ellas asintieron, más aliviadas.

Con el corazón a punto de salírsele del pecho y sintiendo que los pies no le respondían cómo ella quería; se encaminó hacia el baño. Sentía que no lograba respirar bien. Abrió ligeramente la boca y empezó a respirar a través de ella. Sencillamente sentía que sus fosas nasales, en ese momento, eran demasiado pequeñas para proporcionarle el aire que necesitaba en esos momentos tan excitantes.

El baño estaba a un costado de la sala. A tan solo unos metros de donde estaban sus padres, un par de tíos y su abuela; conversando animadamente. La única ventaja es que la puerta no estaba a plena vista. Es decir, desde la perspectiva de Roxy, casi frente a ella estaba la sala. Girando hacia la derecha había un pequeño pasillo que daba hacia el cuarto de servicio. En ese pasillo, estaba la puerta del baño.

Dudó por un instante. No porque ya no quisiera seguir. Sino porque no quería que su madre la viera ir al baño. Si la veía, seguro iba a estar contando los minutos que su hija pasaba ahí dentro, y si se demoraba demasiado, iría a ver si todo estaba bien.

Pero tampoco podía quedarse ahí parada o regresar al jardín, esperando a que la sala se desocupara. ¿Cuánto iba a tardar eso? ¿Y si nunca se iban? Tardar demasiado en ir al baño podría molestar o entristecer a su tío, pues seguro lo vería como una señal de que ella ya no quería jugar con él.

Imaginar el rostro afectado de su tío, le dió el impulso necesario para moverse con decisión. Caminó hacia la sala, con total seguridad. Sin voltear a ver a nadie, giró hacia la derecha por el pasillo; abrió la puerta y entró al baño; deseando que nadie hubiera notado su presencia.

Cerró la puerta con cuidado y puso el seguro meticulosamente. Miró hacia adentro. El baño era completo. Es decir, no solo constaba de una taza y un lavamanos. También tenía una regadera y, por lo tanto, una cortina que delimitaba el espacio. Detrás de esa cortina, y con ayuda de la luz, logró vislumbrar la tenue figura obesa de su tío. Eso la hizo sonreír. Ver a su tío ahí escondido, le hizo sentir tanto ternura por él, como un sentimiento de picardía.

Antes de hablarle como le había indicado, agudizó bien el oído. Tratando de oír a través de la puerta de madera, para advertir si alguien se acercaba. Pero no se oía nada. Sonrió satisfecha y entonces llevó sus dedos de ambas manos a su escote. Soltó dos botones de su top, tal como hizo en la cocina, para darle una magnífica vista de recibimiento a su tío.

— ¿Tío Fer?… ¿Está ahí?…

La vocecita suave, dulce y pícara de su sobrina; hizo que a Fernando le diera un respingo su apestosa verga.

— ¡Hola Bebota! Jeje Qué bueno que sí viniste…

El tío asomó la cabeza por un costado de la cortina, con los ojos bien puestos en los melones que su sobrina exhibía con tanto orgullo y sensualidad.

— jiji ¿Qué?… ¿Otra vez me quiere ver la medallita? Jiji

La nena comentó en tono provocador. Notando que la mirada lujuriosa de su tío, se posaba nuevamente sobre sus rebosantes pechos; Roxy soltó un botón más de su prenda, delante de él; mientras se llevaba un dedo a su boca, para morder suavemente su uña, mientras sonreía de manera traviesa.

Y aquí, mis queridos lectores, quiero que hagan un enorme esfuerzo por tratar de imaginar, a imagen viva, lo que voy a describir, lo más detalladamente posible —o al menos eso voy a intentar 😅—, para su deleite.

Como recordarán, Roxy no lleva ningún sostén. Sus grandes y redondos senos, se sostienen perfectamente con la firmeza de sus genes y su juventud. Pero al ser el top una prenda tan limitada en cuestión de tamaño y ajuste; los turgentes pechos de Roxanita hacen una constante presión sobre la tela. De tal modo que, al liberar un botón, no solo significa un mayor campo visual de sus atributos. También significa liberación gradual de esa presión. Y, ¿qué pasa cuando, algo que está contenido casi a presión, se libera? Así es, hay una reacción física.

Al soltar este tercer botón, el escote se abrió más, tanto que se asomaron las aureolas —de un tono canela— y, además, la liberación hizo que sus impresionantes tetas dieran un leve rebote, al tener más libertad. No fue un rebote gelatinoso. Fue un rebote firme, denotando plenitud.

Esta acción se desarrolló ante los lujuriosos y desorbitados ojos de Fernando, quien entró en un frenesí de excitación e hizo dos cosas por impulso: una fue apretar su verga sobre el pantalón, con una mano, como si quisiera tratar de contenerla; la otra fue tomar del brazo a la provocadora Roxy y meterla dentro del pequeño espacio de la regadera con él.

Roxy se sorprendió por la rapidez y lo inesperado de la acción. Pero no opuso resistencia. Se dejó meter dentro del reducido espacio y simplemente soltó unas risitas divertidas.

Una vez adentro, el tío cerró nuevamente la cortina, puso a Roxy contra la pared, de frente a él. Miró con un hambre voraz los generosos senos que tenía delante de él, y como estos subían y bajaban con la respiración de la nena. Sus grandes manos subieron y las tomaron con posesión lasciva. Tan firmes y suaves a la vez. Una locura. Jamás se podría cansar uno de manosearlas. Miró a la nena directo a los ojos. Ella tenía los ojos brillosos, sonreía de una manera alegre y sensual; sus mejillas estaban rojas y su respiración comenzó a agitarse.

— Cerraste con seguro, ¿verdad Bebota?…

— Sí… aaah… pero tío… ¿qué vamos a jugar esta…? ¡Mhm! 💕

Fernando no le dejó terminar la frase. En un arranque de pasión le plantó un beso apasionado. Como si de dos amantes se tratara.

Roxy abrió mucho los ojos. Nunca se esperó que, en medio del juego, su tío le diera esa muestra tan particular de amor. Porque sí, para Roxy no era ajeno el significado de un beso. Aunque su significado era un tanto más conservador. Muchas veces vió a sus padres darse esa muestra de afecto. De hecho, le hacía feliz verlos así de “enamorados”. Y en las películas, cuando los personajes principales se besaban con pasión, era por la misma razón: enamoramiento. Así que para Roxy, en ese momento, su tío le estaba demostrando que estaba enamorado de ella.

Por primera vez, desde que toda su aventura sexual comenzó con el Payaso Manotas, sintió que esto ya se estaba saliendo de control. Curioso, ¿no? No se estaba propasando ningún límite con los arrimones, los manoseos, ni siquiera con las metidas de verga sin condón; pero el beso era completamente ajeno al juego, y reservado solo para personas enamoradas.

Roxy subió sus manos, poniéndolas sobre el pecho de su tío. Quiso ejercer fuerza para separarlo de ella. “¿Será que su tío sí era todo lo que le habían advertido?” Pero la pequeña fuerza de la nena no se comparaba con la enorme presión que el obeso y sudoroso cuerpo de Fernando ejercía. Además, las sucias, pero hábiles manos de su tío, amasando sus senos con lujuria; hacían mella en su voluntad. Sencillamente era demasiado placentero para tener una determinación firme de terminar el encuentro.

Y mientras en la cabeza de la nena había un debate sobre si dejar pasar algo así o poner un límite; una de esas escurridizas manos soltó su pecho derecho de su agarre; bajó y se metió entre las gruesas piernas de Roxy. Subió y se abrió paso entre la caliente humedad de su entrepierna.

Ella dió un jadeo, cerró su ojos y soltó un gemido en la boca maloliente de su tío; quien por cierto ya estaba deslizando su babosa lengua dentro de la dulce boquita de Roxy, entrelazándose entre sí. Al principio, Roxanita no tenía idea de qué hacer. Solo mantenía su boca abierta, dejándose hacer; mientras sus brazos ejercían una fuerza apenas creíble.

La nena elevó uno de sus muslos y lo apretó contra el otro, cruzando las piernas de pie. La idea era impedir que esa mano siguiera por dónde iba, pero en realidad terminó encerrándola en la zona. Y estaba tan sensible, que el simple roce menor, era una oleada de placer intenso; así que ya no quiso mover más sus piernas. Acto que fue aprovechado por el degenerado tío para estimular con su dedos la zona vaginal de la nena, la cual estaba que chorreaba la tanga.

Fácilmente los dedos eludieron la diminuta barrera, estimulaban los labios vaginales, el clítoris; para luego irse introduciendo de a poco.

“Esto… ya no es un juego… mi tío… mi tío se está enamorando de mí… ¿Qué hago?… ¿Debo seguir?… ¿Finjo que sigo jugando?… Se siente tan rico… Pero es mi tío… y no podemos ser novios…” Por primera vez, la jugadora profesional no sabía cómo proceder. Ella evidentemente quería seguir jugando, pero esto estaba rebasando los límites, si es que en algún momento existieron. Pero los dedos de su tío, gruesos y gordos; entrando y saliendo de ella, y estimulando sus paredes internas; le impedían pensar con claridad y juicio.

El tío Fernando, en ese momento, tocó un lugar especialmente sensible, que le arrancó a Roxy un gemido profundo; por suerte se sofocó en la boca de él, de lo contrario, muy probablemente los habrían oído en la sala. Encajó las uñas en el pecho flácido y caído de su tío, y entonces, un switch se prendió en su cabeza. Un switch que apagó los pensamientos, mandó al diablo las dudas y su cuerpo se movió por puro instinto.

Sus uñas se desencajaron del cuerpo de Fernando. Bajó las manos y, con urgencia animal, se fueron directo a la evidente erección de su tío. El cierre de su desgastado pantalón seguía abierto; con las características manchas blancas alrededor. Sin ver, Roxy abrió la bragueta aún más con una mano, mientras con la otra, invadía el oscuro acceso, para extraer una verga apestosa, dura y palpitante; que ya estaba a rebosar de líquido preseminal, lo que le dió una textura viscosa en su mano.

Con la mano que había usado para abrir más la bragueta, comenzó a masajear los testículos peludos de su tío. Con pasión, pero al mismo tiempo con delicadez —Algo que aprendió a hacer después de lastimar un par de veces a su amigo el payaso—, mientras que con la otra mano, comenzó a masturbar el grueso y baboso tronco, de tamaño considerable; embarrándose con el líquido viscoso y nauseabundo, sus delicadas manitas.

No lo hacía con torpeza ni timidez. Lo hacía con técnica. Sabía exactamente con qué ritmo hacerlo, qué lugares tocar, ejerciendo la presión adecuada. Esto hizo que su tío también comenzara a jadear como ella, aún con sus bocas fundidas y sus lenguas entrelazadas.

Roxanita ya había aprendido y descifrado el ritmo del beso; reflejando la innata habilidad que tenía para aprender y ejecutar este tipo de acciones sexuales.

Estaba tan inmersa en su tarea y tan excitada por los resultados; que el mal aliento de su tío, flotando dentro de su boquita; no era más que un estímulo extra para encenderse a tope. “Es de él. Este es el aroma de él… El aroma de mi tío juguetón y cariñoso” Pensaba la excitada y halagada Bebota.

Fernando ya había abierto por completo el top de Roxy. Sus redondos y carnosos senos estaban totalmente expuestos y libres. Siendo explorados y amasados por las incestuosas manos de su tío degenerado. Dejando marcas rojas de sus manos en su morena piel.

“Dos minutos” Calculó en su mente Fernando. Seguramente ese era el tiempo que llevaban ahí encerrados los dos. No había porqué alarmarse. Sin embargo, tampoco había mucha libertad de tomarse las cosas con calma.

Separó su boca de la de su sobrina. Ambos jalaron el aire que les hacía falta. Los ojos de Roxanita, vidriosos y ansiosos, lo miraron; con sus mejillas sonrojadas y sus labios ligeramente hinchados. Brillosos, pero no por el gloss –gran parte de la sustancia con sabor a fresa, fue devorada y degustada por su voraz tío—, sino por la saliva excesiva que estos dos habían intercambiado.

Ambos se dieron una sonrisa pícara y antes de que Roxy pudiera decir algo, su tío hundió la cara entre sus enormes y desarrollados senos, aspirando el aroma dulce que provenía de entre ellos; para luego empezar lamerlos como si fueran los manjares más dulces y deliciosos del planeta. Los lamía y chupaba con tal devoción y desespero; que no sólo empezaba a dejar marcas rojas; sino que además los pechos de Roxy comenzaron a tener una apariencia brillosa por el exceso de saliva que Fernando dejaba en ellos. Y, por supuesto, dejando la marca de su aliento en los atributos perfumados de su sobrina.

La nena tetona estaba en el cielo. Cerraba los ojos dejándose llevar por lo que fuera que fuese esto —ya no sabía si esto seguía siendo parte de un juego o no, pero le daba igual—, apretando, por momentos, con sus manos, la cabeza de su tío contra sus senos y arqueándose para exponer sus manjares aún más al ultraje que ella misma aceptaba placenteramente; solo para después regresar a su labor manual en satisfacción de su tío favorito.

Sin embargo, un movimiento, tanto repentino como audaz, la tomó por sorpresa; haciendo que sus ojos se abrieran de golpe y soltara un chillido; tanto de susto como de diversión.

Fernando, en su afán de abarcar lo mayor posible en el tiempo disponible, tomó a su sobrina de la cinturita de avispa que tenía y, sacando fuerzas de donde pudo, la elevó por encima de su cabeza.

– ¡Tío!…

Fue lo único que alcanzó a decir la Bebota, en voz alta, antes de taparse la boca con una mano, mientras con la otra se intentó aferrar del escaso cabello de su audaz abusador.

———————————————————————————————

Afuera del baño. En la sala. 

El grito, tal como ella temió, se alcanzó a oír en la sala.

Su madre, que había advertido el desplazamiento de su hija, había estado con el oído atento y mirando el reloj, para estar al pendiente de cuánto demoraba su nena en el baño; y sus ojos buscaban el pasillo cada ciertos segundos, vigilando que cierto individuo no se fuera a acercar a ese lugar.

El sonido fu,e claro. Al menos para ella, que solo fingía estar al tanto de la plática animada que los demás tenían, pero en realidad tenía todo sus sentidos enfocados en vigilar ese pasillo.

“¡Tío!” No había duda de que eso había oído ella. Los demás parecían no haber notado nada. Buscó en los ojos de todos alguna reacción que confirmara lo que había escuchado, pero todos seguían hablando como si nada hubiera pasado. Solo unos ojos le devolvieron la mirada atenta. Los de la abuela. Fue solo una fracción de segundo, pero se sintió como si hubiese sido una eternidad.

La abuela la miraba con atención, como esperando ver qué ocurriría a continuación. Guadalupe intentaba ver más allá de la mirada expectante de su madre, para descubrir si ella también había oído lo mismo.

Y entonces la tensión se rompió.

Como si se tratara de un duelo de pistoleros del viejo oeste, ambas abrieron la boca para ganar la palabra; pero Guadalupe fue más rápida.

— Tengo que ir al baño.

Dijo a toda prisa, pero con claridad. Aunque con un volumen un poco elevado.

La abuela aceptó la derrota con una media sonrisa falsa. Parecía que ninguna de las dos quería llamar demasiada atención.

Los demás solo hicieron una mueca de extrañeza por el raro suceso; mientras asentían, otorgando el permiso de retirada.

Guadalupe se levantó y caminó hacia la puerta del baño.

——————————————————————————————–

Dentro del baño. Unos segundos antes… 

Roxana quiso advertir a su tío. Estaba segura de que su involuntario grito había levantado sospechas afuera. Él también lo había notado, pero ahora mismo no podía detenerse y, en realidad, por la cercanía tampoco había mucho margen para hacer algo al respecto. Pero antes de que Roxy pudiera destapar su boca y hablar. Su tío, con una habilidad que resultó asombrosa hasta para él mismo, logró acomodar las dos increíbles piernotas de Roxy sobre sus hombros. La diminuta falda, por supuesto, se subió como un resorte hasta la cintura de la nena, dejando, por segunda vez en la fiesta, sus nalgotas entangadas al aire.

Tomando las redondas nalgas de su sobrina en sus manos —tanto para brindarle un apoyo a ella, como también por avorazado— metió la cabeza lo más profundo que pudo entre las atléticas piernas de la nena, para lograr pegar su boca a la intimidad de Roxy, que en ese momento tenía la tanga de lado por la dedeada que su tío le había propinado hace unos instantes.

Al primer lenguetazo, la nena levantó el rostro hacia el techo, apretando la mano contra su boca. Viendo estrellas por el enorme e inesperado placer. Sus músculos se tensaron, provocando que sus piernas se estiraran con sus pies luciendo sus tacones tornasol, que daban vistosos cambios de luz con la iluminación del baño.

Fernando, como todo un cerdo depravado, no fue paciente, no fue delicado; dió cátedra de lo que un gordo degenerado haría con una bebota accesible como Roxy: se hundió tanto como pudo, para que su lengua llegara libremente a todos los rincones sensibles de la nena. Sacudió su feo y sudoroso rostro a los lados, de arriba a abajo; asegurándose no solo de no dejar ni un solo rincón sin ensalivar; sino también de no desperdiciar ni una sola gota del elixir que salía de entre las piernas de su provocativa y precoz sobrinita de 11 añitos.

Esto era simplemente demasiado. Roxy sintió como un gemido potente subía desde su estómago hacia su pecho. No iba a poder contenerlo. Y tampoco quería detenerlo, porque venía acompañado del más intenso orgasmo que ella hubiera recordado. Con las piernotas tensas y rectas, llevó sus dos manos a la prácticamente calva cabeza de su tío, presionándola contra su parte más íntima y comenzó a hacer lo posible por mover las caderas, con sus nalgas siendo sostenidas por Fernando; buscando llegar a ese tan ansiado clímax.

Pero justo cuando iba a llegar. Justo cuando ya estaba sintiendo tocar el cielo. El sonido de unos toquidos y la voz de su madre, apagaron de golpe la magia.

— ¿E-está ocupado?…

Preguntó Guadalupe, fingiendo no saber que su hija se encontraba dentro.

Por segunda ocasión, ambos se quedaron inmóviles. Pero esta vez, sorprendentemente, no hubo miedo. De hecho, lo que ambos sintieron fue molestia, fastidio. ¿Cuántas veces más los iban a interrumpir? ¿Acaso un tío y su sobrina no podían jugar a gusto por aquí?

Se quedaron en silencio un momento. Tanto así que incluso la señora dudó por un instante que su hija realmente estuviera ahí dentro, así que intentó girar la perilla. El seguro impidió que abriera. Sí, había alguien ahí dentro.

— ¿Roxy?… ¿Estás en el baño?…

La intriga la mataba. Poco le faltaba para querer derribar esa puerta como pudiera.

Roxy resopló, con evidente fastidio. La dulce nena que, para ella, sus padres lo eran todo. En ese momento se estaba hartando de las constantes interrupciones de su madre.

Pero no había opción, callar solamente alteraría más a su madre. Trató de calmarse y entonces, con la cabeza de su tío entre las piernas y ella elevada sobre sus hombros; habló.

— Ahm… sí, mami. Aquí estoy, ¿qué pasa?

“Instinto de madre” Pocas cosas en el mundo se nombran tan perfectamente. De por sí las mujeres tienen una intuición especialmente aguda. Mucho más que los hombres. Ellas pueden notar fácilmente cosas que a nosotros se nos escapa, aún teniéndolas delante de nuestras narices. Pero una madre… Una madre es especialmente intuitiva con sus hijos, en cada aspecto que los rodea y define.

Guadalupe captó al instante, aún estando del otro lado de la puerta, dos jadeos. El primero al inicio de la frase. Como cuando alguien agitado intenta recuperar el aliento para poder hablar con la mayor claridad posible. El segundo al final. Cuando el poco aire que se logra reunir se agota y necesita recuperar nuevamente el aliento.

“Está agitada” concluyó.

— Necesito entrar al baño, nena. ¿T-tardarás mucho?…

— Ah… Solo un poco… Recién entré…

Mintió la nena, con las mismas alteraciones en su respiración.

— Ya… ya veo. Ahm… Si acabas de entrar… ¿podrías salir solo un poco?

La nena se arrepintió enseguida de haber dicho eso. Esta vez el pánico sí se apoderó de su cuerpo y mente.

Con unos toques rápidos a la cabeza calva de su tío le hizo señas de que la bajara.

Fernando tuvo menos habilidad para bajarla, costándole trabajo hacerlo con cuidado. Mientras intentaban hacerlo, la ausencia de respuesta preocupó más a la madre.

— Roxy, ¿sí me oíste?

— ¡S-sí! Pero… ahm… ¿por qué quieres que salga? Estoy por hacer del baño…

Mintió nuevamente, mientras ponía sus entaconados pies en el suelo y se acercaba, cuidando de no hacer ruido, hacia la puerta.

— Es que hace rato oí algo raro… Sólo quiero asegurarme que estés bien.

— Estoy bien, mami. Sólo… sólo ví una cucaracha y me asusté…

Hubo una pausa por parte de Guadalupe.

— Oh, así que fue eso… Bueno, igualmente me gustaría verte… ¿puedes salir un momento?…

La insistencia de su madre estaba dejando sin opciones a Roxy. Su madre no se iría de ahí hasta ver que ella estaba bien. Y seguir tratando de evitar salir, solamente levantaría más las sospechas. Sin embargo, no podía salir por completo. Si lo hacía, su madre podría entrar. Ya sea para revisar que no esté por ahí la supuesta cucaracha o para hacer rápidamente sus necesidades. En cualquier caso, seguro que encontraría al tío ahí dentro. Ambos lo sabían y con una mirada fugaz, entendieron rápidamente lo que debían hacer.

— Ay mami… ahm… está bien. Dame un momento.

La madre suspiró aliviada. Se alejó un paso de la puerta, para darle libertad a su hija de salir. Pero en vez de eso la nena abrió la puerta, apenas lo suficiente para asomar la cara. Colocando un pie contra la puerta, para evitar que su madre la pudiera abrir más. Sus manos aferradas al borde de la madera.

Roxy se veía sonrojada, algo sudorosa, con los ojos brillosos y los labios ligeramente hinchados.

— ¿Q-qué pasa, mami?

Guadalupe tragó saliva. Había visto esa expresión antes. En el espejo, después de una intensa sesión de sexo con su marido. Sin embargo, no quiso señalar lo obvio.

— Ven… sal un momento.

Su voz era tensa y calmada a la vez.

— No puedo, mami. Tengo la falda y mis calzoncitos abajo… Es que… ya estaba sentada para hacer del baño…

— Pues… súbetelos. Sal. Solo será un momento.

Su voz sonaba más desesperada. Contenida.

— No puedo, mami. Ya me anda mucho.

La nena estaba nerviosa. Bastante. En parte eso ayudaba a que su actuación fuera más creíble, pues se veía bastante inquieta.

———————————————————————————————

Detrás de la puerta. Unos segundos antes. 

Mientras esta desesperante conversación se llevaba a cabo, Fernando estaba escondido detrás de la puerta. Justo detrás de Roxy.

Tenía el pene aún de fuera, pues con la conmoción no había tenido mente para guardarlo.

Tenía la oreja parada. Tratando de evaluar qué tan riesgosa era la situación que se estaba desarrollando. Su pecho flácido y su enorme barriga, subían y bajaban de manera trabajosa. Haciendo todo lo posible para que su pesada y dificultosa respiración no lo delatara.

En un momento dado, bajó la mirada. Quería colocar sus talones lo más pegados posible a la puerta, para ayudar a Roxy a trabar la puerta y que no se pudiera abrir más. Sin embargo, al hacerlo, sus ojos ávidos de lujuria, se encontraron con el magnífico panorama que ofrecían las nalgas grandes y redondas de Roxy; la cual no tuvo tampoco el cuidado de bajar su minifalda antes de asomar la cabeza; por lo que sus nalgotas morenas estaban ahí, al descubierto. Accesibles.

La nena estaba ligeramente empinada. No de una forma exagerada o especialmente provocadora; pero cuando una chica tiene un cuerpazo como ella o mínimo unas nalgas y piernas de su nivel; la más leve inclinación puede resultar en toda una poesía obscena y visual.

Por un instante a Fernando se le nubló el juicio. Tal como sucedió cuando las vió por primera vez en la cocina. Vió la tanga blanca perderse entre las impresionantes carnes. Se separó un poco de la puerta e hizo un enorme esfuerzo para bajar, aunque sea un poco, de cunclillas. Esto le permitió ver en primer plano y con un enfoque muy concentrado, el impresionante culo de la nalgona Roxy; además de poder apreciar su tierna vagina, ligeramente expuesta, por tener la tanga mal acomodada. Resultado de sus travesuras recientes.

Y entonces, de la misma forma en que un borracho, guiado por el alcohol, decide que es una excelente idea tomar las llaves del auto para ir a comprar más cerveza; sin medir los alcances y posibles consecuencias de sus acciones; Fernando, imbuido por el morbo y la calentura de tener ese par delante de él, a solo centímetros; y saber que eran de su sobrinita de 11 añitos; decidió que no había ninguna razón para no aprovechar el momento y gozar de lo que el destino le ponía en bandeja de plata…

———————————————————————————————

De vuelta al presente. 

— Hija… ¿Segura que estás bien?…

La actuación era convincente, pero el instinto de madre le decía que aquí había algo más. Algo oculto.

El miedo y los nervios, además de la insistencia, hicieron que Roxy empezara a perder la paciencia y a irritarse.

— Mamá…

Ya no “mamí”, como antes.

— Estoy…

“Bien” era lo que estaba por decir. De manera tajante y con firmeza. Pero justo cuando el aire subía para pronunciar la palabra, una cosa dura, babosa y caliente; se introdujo en medio de sus nalgas; haciendo que apretara con sus dedos el borde de la puerta, cerrara de golpe su boca, abriera grandes los ojos y se pusiera tan roja que parecía que le había dado fiebre en ese instante.

Ella sabía exactamente qué era eso. La pregunta era, ¿por qué justo ahora?

La madre levantó las cejas. La expresión en el rostro de su hija parecía tanto de asombro como de vergüenza. “¿Se orinó?” Pensó apenada, creyendo que quizás su hija decía la verdad y ahora por su culpa ella acababa de tener un accidente.

— Roxy… ¿te gan…?

No terminó la pregunta, pues mientras la hacía, dió un paso hacia adelante. Cosa que aterrorizó a Roxana quien rápidamente sacó una mano y marcó una distancia entre las dos.

— ¡¡No mamá!!

— ¡Ay, perdón!.

Se apresuró a decir Guadalupe.

— Es que pensé que…

— Ya… ya te dije que…

Detrás de ella, su tío comenzó a deslizar su verga asquerosa de arriba a abajo. Surcando el corazón invertido que tenía por nalgas la pequeña. Embarrando toda su esencia en ella, como si la marcará como suya.

Este acto hizo que Roxy no pudiera evitar entrecerrar los ojos y abrir ligeramente la boca. Sin mencionar que de manera instintiva se empinó más. Sacando y elevando más su culo. Era un mensaje claro: “Tío… me gusta… sigue” 

La mente de Roxy también se nubló. En su pecho volvió a surgir con fuerza ese sentimiento extraño que sintió al salir de la cocina. Esa emoción y nerviosismo de “jugar” a escondidas de su madre, con ella a solo metros de distancia, aparentemente sin ser descubierta, corriendo el riesgo de ser atrapada, haciendo algo que se supone debe ser secreto.

—… estoy bien. 💕

El tono de voz era definitivamente diferente. Más bajo, más sensual. Casi eran palabras en forma de suspiro.

Si la intuición de Guadalupe fuera una alarma, ya estaría sonando la sirena a todo volumen. Con luces rojas y todo. El corazón se le achicó. Las piernas le fallaban. Sentía un sudor frío por su cuerpo. Las evidencias estaban ahí. No había lugar para la duda.

Fernando decidió que no perdería de nuevo otra oportunidad. Si con lo que estaban haciendo su hermana no había descubierto nada, subir un nivel las cosas, no iba a exponerlos más de lo que ya estaban. Y, si de cualquier manera los iban a descubrir, al menos se aseguraría de que valiera la pena. Así que flexionó ligeramente sus rodillas. Con una mano tomó su viscosa verga, y con la otra tomó la ya desacomodada tanga y la apartó todavía más.

Roxy sabía lo que se venía, pero no quiso detenerlo. Al contrario, soltó una mano de la puerta y la llevo hacia atrás, lejos de la vista de su madre, para sujetar su diminuta prenda e impedir que esta fuera a estorbar con la ansiada penetración.

Primero sintió el glande hacer contacto con sus labios vaginales. Luego sintió como una buena parte la invadía de una manera deliciosamente estrecha, pero viscosa a la vez. “Me la está metiendo… es el juguete de mi tío 💕”

El rostro de su hija se descompuso en una expresión de placer y excitación pura. Cerró los ojos con suavidad, exhaló un aliento caliente y vaporso. Inclusive pudo adivinar, por la postura que adoptó la parte asomada del cuerpo de su hija, que Roxy se estaba echando hacia atrás suavemente.

Pero hay un problema —muy común por cierto— relacionado con esta asombrosa intuición femenina. Cuando se trata de descubrir algo que pone de cabeza toda la vida de una mujer, al punto de que ya nada vuelve a ser igual y rompe el corazón; la mujer toma una decisión que a muchos les parecería una locura o una estupidez: ignorar su intuición. Porque en esos momentos es prioritario el instinto de autoconservación. Es mucho mejor fingir que no se dan cuenta de lo evidente, abrazando una falsa esperanza de que todo está en su cabeza y que solamente están sobreactuando o imaginando cosas.

Y eso fue justo lo que hizo Guadalupe.

“Se está masturbando. Ya está en esa edad. Y yo la interrumpí” concluyó. Pensar eso era mil veces mejor que aceptar que su princesa, la niña tierna y dulce que siempre ha sido educada, amable e inocente; estaba teniendo sexo con alguien ahí dentro. Más aún imaginar que “ése” alguien era su asqueroso y degenerado hermano.

— Perdón, nena. Es claro que estás bien y que te estoy incomodando. No sé porqué sobreactué de esa manera. Ya me voy. No te tardes.

Roxy apenas pudo abrir un poco los ojos para sonreír y asentir. “Está bien, mami. No te preocupes. Te quiero” Eran las palabras que le hubiera gustado poder decir. Pero su tío ya había metido por completo su miembro dentro de ella, y el muy pervertido ya estaba entrando y saliendo por completo de ella; como si su hermana —madre de la nenota que tenía delante—, no estuviera ahí afuera.

El desarrollado cuerpo de Roxy comenzó a moverse de manera rítmica pero sútil. Movimiento que por supuesto Guadalupe alcanzó a notar antes de que se cerrara la puerta del baño.

Sacudió la cabeza como si quisiera quitarse esa imagen de la cabeza y regresó a la sala. Falsamente convencida de que había dado con la respuesta que tanto estaba buscando. A pesar de que esa alarma en su cabeza seguía sonando escandalosamente.

———————————————————————————————

Dentro del baño. En cuanto la puerta se ha cerrado.

— ¡Uff! Bebota… perdón, pero no me aguanté las gan…

Antes de que Fernando pudiera terminar su disculpa. Roxy se sujetó con firmeza del lavamanos. Bajando más su torso al nivel de este. Y juntando bien sus poderosas piernas, comenzó a empujar sus nalgotas contra su tío, quien terminó atrapado entre su sobrinota y la pared del baño.

— ¡¡DIOSSSS!!

Fernando la sujetó con fuerza de la cintura. Dejando las marcas de sus dedos sobre su piel. No tenía espacio para mover las caderas, pero empezó, de manera urgida, a mover el cuerpo cooperativo de Roxy.

— ¡Aaah! ¡Tío maloooh! ¡No debemos jugar… cuando mami… uhmmm… está cercaaah! 💕

Las falsas reprimendas de la nena, salieron cantarinas, jadeantes. Y a juzgar por el tono, dichas con una sonrisa en la cara.

— Mira quién… aaah… habla… tú empezaste… chupándomela… con tu mamá ahí… uhmmm… casi me muero…

Le replicó Fernando, con evidente placer, mientras disfrutaba felizmente de ser empujado contra la pared, por la culona de su sobrinita. Asestándole una nalgada sonora con sus manos. Una en cada nalga, al mismo tiempo.

“Morir aplastado por las nalgotas de una niña putita de 11… Qué maravilloso fin” pensó en su fantasiosa y pervertida mente.

— ¡Aaah! ¡Ay tíoooh!… Jijiji… 💕

Roxy primeramente respondió arqueando su cuerpo. Una curva perfecta se dibujó en su espalda baja. Elevando sus nalgas — que estaban en ese momento contra la lonja pélvica de su tío. Regalándole una increíble sensación de placer, al sentir las paredes internas de la nena y sus nalgas, a todo detalle. Haciendo que este intentara aferrarse a la pared del baño con sus uñas— y empujando todo su cuerpo hacia atrás, con ayuda de sus piernas y sus manos. Luego, giró la cabeza sobre su hombro, volviendo a ensartarse ella sola, una y otra vez, para regalarle una sonrisa traviesa y cómplice a su tío.

El sonido de las nalgas chocando contra su tío, no solo se escuchaba en el baño, sino también en el pasillo afuera. Por suerte alguien afuera puso música para bailar y el sonido se perdió antes de que fuera más estridente.

Aunque quiso, Fernando no pudo hacer nada para alcanzar los senos turgentes de su sobrina. Dejó de intentar y se enfocó en difrutar de la cogida que le estaba dando su sobrina pequeña a él.

Roxy no bajó la intensidad ni por un instante. Tenía la energía y la juventud para lograr tal hazaña. Una y otra vez estrelló sus nalgotas contra el obeso y descuidado cuerpo de su tío. Logrando que con cada empuje, esa verga babosa y desaseada llegara bien adentro dentro de ella.

— Roxy… ¡Roxy!… ¡Me voy a…! … ¡Ya viene!…

Avisó Fernando sobre su inminente orgasmo. Pero no para advertir. Sino para declarar. Sus manos se aferraron con más fuerza a la cinturita de Roxy, e hizo lo posible para empujar lo más dentro que pudiera su verga. Estaba claro que el cerdo tenía pensando vaciarse dentro de su provocadora sobrinita.

Ella lo sintió. Antes de que Fernando lo anunciara. Sintió cómo ése “juguete” —que ella encontraba delicioso— se hinchó más de lo habitual. Endureciéndose como una roca. Se mordió el labio inferior y aceleró tanto como pudo los empujes.

Justo cuando su tío la tomó con fuerza, se dejó empujar por él y al mismo tiempo aventó sus nalgas al encuentro. Sintiendo como el pene de su tío explotaba dentro de ella. Alcanzando así su propio orgasmo; ése que, hace solo unos momentos, había sentido formarse con tanta intensidad, pero que al final le fue negado por su madre. El orgasmo llegó con una mezcla de alivio, placer desbordante y explosivo; tal fue la magnitud de su corrida, que su cuerpo convulsionó de manera descontrolada, empapando las pelotas peludas del gordo que vaciaba lo que parecían litros de esperma, dentro de ella.

Sus piernas, firmes y poderosas hasta ese momento; se tambalearon. Incapaces de sostener su propio peso y cayó rendida al mosaico frío del baño.

A Fernando le pasó lo mismo. Desfalleciendo y cayendo de nalgas, delante de Roxy.

Ella quedó apoyada sobre sus rodillas, con las nalgas elevadas y el torso contra el suelo. Dándole una maravillosa vista a su tío, de su conchita abierta, con el semen amarillento saliendo de ella.

Esa imagen lo habría encendido en otra ocasión. Pero ahora mismo ya no tenía más energía. Su pene completamente flácido brillaba con la mezcla de los fluidos de ambos. Pero, ¿por qué detenerse ahí? Sobre todo cuando la noche pintaba para ser la mejor de su vida.

— Bebota… no te gustaría… quedarte… a dormir….

La invitación sonaba tanto exhausta, como pícara.

Continuará…

 

Bueno amigos, aquí les he traído una nueva entrega de su bebota preferida. Al final sí que me tardé un poco en entregarla, pero al menos no fue tanto tiempo como en otras ocasiones (tienen que reconocerme eso 😅).

Traté de equilibrar la «acción» con el desarrollo de la historia. Para subir los índices de satisfacción jaja.

Aprovecho también para responder una de sus más recurrentes dudas que me han hecho llegar:

¿Qué pasó con Pao? ¿Ya quedó olvidada? ¿Fue un One-shot?

No. Tengo planes importantes para ella. Incluído un relato de sus «inicios». Así como también relatos de nuevos protagonistas. El tema es que todas esas historias se van a desprender justo de este arco. Por eso es tan importante finalizarlo. Si empiezo a saltarme etapas en pro de darles más variedad, se perdería la conexión y el desarrollo de las tramas futuras.

Ya para finalizar, como siempre, les agradezco todo su apoyo a este proyecto. Empecé esto como un simple experimento, para ver si mis fetiches (menores muy desarrolladas), atraían también a otras personas. Y vaya que ha sido todo un éxito. Muchas gracias a todos.

Les dejo mi Telegram por si quieren conversar, hacer roleplay o intercambiar: @ViejoMorboso

¡Saludos!

38 Lecturas/17 marzo, 2026/0 Comentarios/por ElViejoMorboso
Etiquetas: amigos, cumpleaños, hermana, hermano, mayor, mayores, sexo, tio
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