Habían pasado dos semanas desde aquel fin de semana salvaje. Alex no podía sacarse a Carla de la cabeza: sus tetas masivas rebotando, su coño apretado tragándose su verga, y esa forma de gemir como una diosa experimentada..
Alex tenía 19 años, un chico atlético de cabello castaño desordenado y ojos verdes penetrantes. Salía con Sofía, una chica de 18 años igual de joven y vibrante.