II – Ricardito.
—Mami, su pito es chico todavía … —¡Ay! ¿no me digas que ya has visto pitos más grandes, hija por dios? … ¿Dónde los has visto? … ¿Dónde? … ¿de quién era ese pito más grande que viste? … dime … dímelo todo … .
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—Mami, su pito es chico todavía … —¡Ay! ¿no me digas que ya has visto pitos más grandes, hija por dios? … ¿Dónde los has visto? … ¿Dónde? … ¿de quién era ese pito más grande que viste? … dime … dímelo todo … .
—¡Uy! mami … se me sale el pipi, mami … no aguanto más, mami … —Sí mi niña … déjate llevar … suelta tú pipi … échalo en la boca de Ricardo … échalo, amorcito ….
—¡Ay! papito … ¿cómo lo haces? … mis piernas me tiemblan con escalofríos y mi chochito no deja de palpitar … quisiera que nunca se acabaran estas sensaciones … me acostumbras mal … no hago más que pensar en ti y a como me haces sentir, papito rico … .
Logro despejar mis ojos de esa lefa caliente y veo que mi cuerpo entero está bañado en semen, hay unas gotas que cuelgan de mis pezones, las recojo con un dedo y me los llevo a mi boca cual si fuera un delicatessen, es la esperma de mi hijo ….
Me deleitaban todas esas cosquillas sobre mi sensible piel, la humedad de esperma equina que me había bañado casi todo mi cuerpo, esa tibieza que se derramó desde mi concha, por sobre mis tetas y que se escurrió a tierra entre medio de mis muslos.
Me parecía una pequeña criatura sedienta de sexo, quizás una picola ninfómana, lo cierto es que Vanessa era insaciable.
… continué besando sus senos, su vientre, hasta que llegué a sus labios vaginales … forcé su fisura con mi lengua, tocando su clítoris … ella movió sus caderas hacia atrás temblando … dejo caer la ducha teléfono ….
, la puntita roja de su pene asomaba indiscreta de su funda, provocadoramente —¡Me la estás haciendo más difícil cariño … con esa cosita apuntando a mi conchita! —le susurré abrazándolo, su lengua en mi mejilla fue su única y categórica respuesta..
Me mordía los labios mientras me sacudía bajo las descargas eléctricas de placer y goce, mi coño trepidaba —¡Ummhh, siiiiiiiiiii! — gemía con espasmos orgásmicos prolongados.
El exquisito sabor salino de sus rosadas carnes, era libado por mí lengua y portado a mis papilas que lo recibía con delicia, mis besos continuaban a viajar por la suave piel de su entrepierna, ella confiadamente se dejaba acariciar por todas partes,.