Desde el patio trasero escuché algunas risillas y voces chillonas. Me acerqué a la ventana y vi a dos niñas, de unos once o doce años, que caminaban de un lado al otro y con ganas de explorar su sexualidad.. .
Era la última, la cita definitiva, para sellar mi compromiso y mostrar que cumplí. Todo sería, según lo pactado, como las dos veces anteriores, excepto por un detalle: esta vez tocaba estrenar mi colita..