Desde aquel día con el hermano menor, no pude quitarme la idea de que su hermano mayor también me deseaba. La forma en que me miraba cuando pasaba cerca de la caseta era diferente: su mirada era intensa, seria, con un fuego contenido que prometía tormenta. .
Desde hace semanas, cada que cruzo por la caseta de vigilancia, mi rutina cambia. Camino más lento, respiro más profundo, mi mirada se escapa sin pedir permiso. Siempre hacia él. Hay algo en ese uniforme bien puesto, en su cuerpo firme, en su risa medio burlona. Pero sobre todo, hay algo en cómo él .