A sus 12 años, Juan fue brutalmente violado (parte 1)
La tarde en que la vida de un pibe cambió para siempre..
¿Por qué a mí? ¿Por qué? ¡Me dueleeee!…
Entre otras frases, era lo que un pibe, apodado en el barrio Juancito, decía en su interior, sin parar, cada vez que recibía las clavadas de una tremenda verga que lo bombeaba sin compasión alguna. Faltando minutos para las 6 de la tarde, en lugar de estar merendando con sus primos en la casa de su abuela, se encontraba aplastado con el mentón pegado al sucio piso de una habitación alquilada, con su cuerpito de piel blanquita a punto de quebrarse a causa de soportar no solo todo el peso, sino también los 20 centímetros que entraban y salían de su culo en cada una de las brutales embestidas de aquel degenerado hombre, que a sus 35 años estaba gozando sin parar del placer que le generaba esa mezcla de fricción anal y evidencias de dolor que causaba en su pequeña e indefensa víctima. Aunque le doblaba en tamaño corporal, con la debida «puntería» aquello no fue impedimento para que Jonás, como buen plomero de profesión, pudiera «instalar» su tremendo caño en tan pequeño y virginal orificio, el que sin pausa alguna taladraba sin parar.
El tremendo crimen empezó a las cuatro y media de la tarde, cuando la víctima fue empujada a la fuerza, de la vereda a una precaria habitación alquilada ubicada apenas a media cuadra de la casa donde vivía Luisito, que sin imaginarlo jamás, en apenas segundos pasó de sentir un fuerte estirón del brazo a estar desnudo del ombligo para abajo, con los ojos bien abiertos del pánico, giró la cabeza y vió la cara de su vecino, que pasó de tener la sonrisa con la que siempre le saludaba a estar con ese gesto característico de macho excitado, que instantes después lo colocó de espaldas y arrimándose a sus oídos, con voz baja y para empezar le dijo «Al primer grito que hagas te voy a cortar el cuello de una, así que quietito y calladito te vas a dejar»… ¿Está bien, putito? ¿Está bien?… En ese momento Luisito, con el cuerpo temblando de miedo, impotente sintió como le quitaba la remera y sus medias, quedando así completamente desnudo e indefenso ante aquel agresor que, con una tremenda carpa armada debajo del short y su mirada clavada en las nalguitas del adolescente, no dejaba duda alguna del gran deseo por tener ese orificio a su completa disposición.
«De rodillas al suelo AHORA, putito»… «Dale»…con aquella clara orden, oficialmente empezó la violación, pero no por el conducto anal…
Continúa en la parte 2.


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