Albañil en casa (2° Parte)
Siguió la historia con el albañil madurito que me tocó vivir ese verano de obra en construcción y exploración de mi sexualidad adolescente.
Luego de verlo acabar de esa manera, y ver por primera vez en vivo y en directo un miembro tan grande para mi, venoso, con muchos pelos , con una cabeza brillante y escucharlo gemir y expulsar tanta cantidad de leche, no pude sacarme esa imagen de la cabeza por varias noches.
Recuerdo como yo entraba al baño a masturbarme pensando en aquella tarde en que viví esa experiencia.
Los días fueron pasando y pude volver a ayudar al albañil sin sentir tanta vergüenza, él obviamente me hacía chistes al respecto, diciendo, entre hombres es común pajearse, no tiene nada de malo, hay que descargarse de vez en cuando, y cosas por el estilo.
El día a día fue generando una rutina cada vez menos vergonzante para mi, y más erotizante en cierta manera, ya que terminaba de ayudarlo en las tareas de albañilería y nos quedábamos hablando mientras él se duchaba y luego se cambiaba.
Dada esa rutina se fueron normalizando el hecho de estar hablando con él y verlo secarse, o que le pasara una toalla, o hasta inclusive verlo enjabonarse.
Obviamente mi cabeza en esa edad no paraba de guardar imágenes como un disco rígido, que luego desembocarían en varias masturbaciones nocturnas recordando su cuerpo, su miembro venoso, sus huevos enormes con muchos pelos, sus manos enjabonándolos, como se esmeraba en agarrarse el tronco, la cabeza inmensa y brillante, y luego como se iba hinchando a medida que se secaba, y se bamboleaban su pene y sus testículos para todos lados…
El seguía haciendo chistes sobre lo natural que era masturbarse y las diferentes formas de hacerlo, y recuerdo que inocentemente yo le pregunté si había más formas ya que yo solo conocía una que era la de tomar el pene con una mano y sacudirla intermitentemente hasta sentir unas cosquillas inmensas. El me dijo que un día si yo quería me enseñaría formas mucho más placenteras que con mi poca experiencia no sabía. Luego de esa charla , es de imaginar que mis ideas volaron por todos lados, como sería pajearse de otra forma a la aprendida? Que variantes habría? Cómo es que yo no las sabia?
Recuerdo en una de tantas tardes donde yo estaba solo en casa ya que mi madre trabajaba todo el dia, me llama Ramirez para desalojar unas latas que estaban en el taller para hacer lugar a unas bolsas de cemento, y al correr una de las latas cae una revista porno al lado mio. Automáticamente él se ríe y me dice, “Uy descubriste mi secreto! “
Yo sin pensarlo tomé la revista y sin mirarla se la di en la mano, y me dijo: No tenés curiosidad por verla? , en seguida me sonrojé.
Yo aunque con poca experiencia, ya había visto revistas pornográficas de mujeres, pero esta no era de ese tipo. Empieza a pasar hoja por hoja y veo que había hombres en distintas poses, la mayoría musculosos, en ropa de cuero, con los musculos muy marcados, desnudos, pajeandose, besándose, teniendo sexo. Me dijo “Si querés quedátela, asi probas de pajearte de otra forma”
Luego de esa tarde al darme esa revista de porno gay, Ramirez, el albañil, no paraba de mandarme frases como: Estás muy calladito! O te quedaste mudo de ver esas pijas? y se reía mientras seguía trabajando. Yo entre avergonzado y excitado le esquivaba la mirada mientras lo seguía ayudando cuando ameritaba la situación.
Era una situación incómoda y excitante a la vez, el saber que teníamos un secreto, y que él me burlara al respecto.
Los días fueron pasando y la confianza entiendo que iba aumentando en todo sentido. Yo lo veía como una especie de maestro o tutor mayor que te enseña un mundo desconocido.
Las condiciones hacían que se vayan dando las cosas de esa manera, yo en la adolescencia, las vacaciones de verano, las hormonas alborotadas, la exploración sexual, era un combo propicio para estos eventos.
Es por ello, que sin saberlo, cada dia me sentía mas cómodo de compartir mas tiempo con él, y me divertía de las anécdotas que contaba o de las frases divertidas que me decía.
Para mi todo era como un gran juego de vacaciones de verano, sin saber que ese juego recién empezaba.
Una de aquellas tardes de verano, de esas con más de 30 grados a la sombra, tuvimos que levantar varios ladrillos para hacer la losa de arriba y luego de terminar de subir el último de los ladrillos me invitó a tomar una gaseosa que había comprado y dado que el calor era insoportable prendió la manguera y se empezó a tirar agua para refrescarse. Recuerdo como el agua mojaba la remera y seguía hacia el pantalón Ombú de trabajo azul, marcándole todo el bulto de una manera escatológicamente erótica. Como siempre, él aprovechaba la situación para acomodarse el bulto y cada vez de una manera más desvergonzada, o bajándose el cierre, o directamente bajándose los pantalones y dejando al descubierto todo su miembro.
Yo lo observé de reojo, y con muchos nervios, como de costumbre, mientras seguía tomando la gaseosa, y al instante siento que un chorro de agua fría me golpea la cara , mientras escucho una carcajada acompañada de la frase “Tomá pibe, a ver si se te baja la calentura”
La vergüenza me volvió a invadir de golpe, pensando si él habría notado que no podía dejar de mirar su entrepierna, a esa altura yo también estaba todo mojado, y tanto mi remera como mis pantalones cortos dejaban ver mi excitación del momento.
Me dijo : “No pasa nada, es normal… creo que te vas a tener que pajear para bajarla jaja”
Yo había quedado como paralizado, era la primera vez que alguien me veía con una erección. Traté de acomodarme lo mejor que pude, pero resultó muy difícil esconder mi excitación en ese pantalón todo húmedo.
“Sabés pibe?” me dijo, “Ahora me tengo que ir a otra obra, pero creo que ya estás para que te enseñe un juego muy divertido!”
Desde ese viernes a la tarde hasta el lunes a la mañana me quedé pensando qué juego sería, se me venian muchas imágenes a la cabeza, no podía pensar con claridad, ni tampoco pude dormir bien, y seguía sin saber qué esperar de ese juego que él decía que sería divertido.
El lunes ni bien entró por la puerta, yo ya estaba haciendo que acomodaba algunas herramientas, me saluda como si nada, y yo que esperaba que me dijera que juego sería el que me iba a enseñar. Pasó la mañana, él ni me había llamado para que lo ayude, pasaron las horas, pasó la tarde y nada. No me animaba a preguntarle, y me dije bueno se habrá olvidado, o fue solo un chiste de los tantos que hacía.
Ya eran las 5 de la tarde y me llama como de costumbre para que le abra el portón de la calle, y al momento de despedirlo, me dice” Y pibe? No te interesó el juego que te propuse?” ¿Qué juego? le dije, “Nada, dejalo ahi, era un chiste, no dá para que juegues” El día que sepas , me vas a preguntar” , terminó diciéndome. Ese día no entendí nada. Me fui a dormir con bronca y cierta desilusión… que tendría que preguntar ?
Pasaron los días y no sabía qué preguntar y tampoco sabía si me animaría a preguntarle algo, que es lo que debería saber y no sé y que debería preguntar tampoco.
Asi fueron pasando los días, y mi curiosidad seguía creciendo, me imaginaba como le preguntaría a Ramirez cuál sería el juego que debería aprender, buscaba el momento, pero nunca se daba o si se daba yo no me animaba…
Una de esas tardes, escucho un chiflido, y el típico “Che, pibe venite!!!” lo busco y estaba ordenando las herramientas y preparándose para ducharse e irse.
Me dice: “Mañana te tengo que pedir ayuda todo el día ya que empiezo a hacer la losa y solo no voy a poder y si te portas y sos buen ayudante te enseño el juego que te prometí”. Esa noche fue difícil dormir bien, me habré masturbado unas dos o tres veces, y aún asi no podía pegar un ojo. Ya temprano a la mañana ya estaba listo para ayudarlo con la losa. El dia transcurrió con normalidad, el trabajo de la losa fue muy duro, con dia caluroso, cada tanto parábamos para quedarnos en la sombra, usábamos la manguera para aliviar el calor, él seguía con la rutina de la manguera, mojándose entero y yo con mi rutina de ver sus pantalones mojados, eso ya parecía infaltable. Iba terminando el día de trabajo y me pide que le vaya a comprar unas cervezas. Vuelvo con las dos cervezas y él ya estaba terminando su trabajo y me dice “ Abrite una que ya bajo” Asi lo hice. Cuando baja, nos sentamos en un sillón que Ramirez había improvisado en el taller, con dos pallets y una manta. Me invita con una cerveza y le digo que paso, que no soy de tomar. Me dice “ Dale pibe, asi te sacás los nervios de encima, y te divertís un poco” Luego del segundo vaso, sinceramente, estaba entre mareado y divertido por asi decirlo…
Ahi Ramirez me dice, ”Bueno pibe, juguemos. Viste algunas fotos de la revista que te llevaste? Bueno, vamos a jugar a imitar lo que ellos hacen” Un aire frio me recorrió la espalda. Me quedé paralizado. Le dije que no me animaba a nada de lo que vi ahi y me dijo tranqui, es ir de a poco, sin presiones. El se acomodó recostandose en el sillón improvisado y me dijo “Yo te guío y vos vas ayudando como lo hacés cuando te pido que me ayudes con los baldes y otras cosas que te pido” “Mejor apaguemos la luz”, me dijo.
(Continuará)


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