Albañil en casa (3° Parte y última)
Sigue el albañil queriendo pervertirme….
Ya con la luz apagada, los nervios y la cerveza, el ambiente caluroso, los pantalones y remera humedecidos por el agua de la manguera que hacía un rato nos había aliviado de ese calor veraniego, hacían una mezcla de sensaciones indescriptibles. Ramirez, recostado en el sillón improvisado, el pantalón corto de jean con el cierre semiabierto como era costumbre en él, el bulto marcado, y yo sin poder ver mucho más de lo que se podía vislumbrar por la rendija de la puerta del taller que solo filtraba un pequeño haz de luz.
Escucho la voz de Ramirez que suspira entrecortado “Dame la mano , relajate, dale acercala” Al igual cuando me pedia que le pase un balde, asi lo hice, eso si mi mano temblaba como un papel al viento. Me agarró la mano y me la fue llevando por su pantorrilla, sintiendo mis dedos como se enredaban entre los pelos de su pierna, llegando a la rodilla, ahí me tuve que acomodar mejor, ya que estaba bastante lejos, ya que ni lo rozaba con mi cuerpo,
Me tuve que sentar mas cerca y ahi él me paso una pierna por atrás de mi espalda y la otra pierna apoyada en mis rodillas, pudiendo cruzar como una pinza sus piernas alrededor mio , quedando mi mano entre sus muslos, y un silencio entre respiraciones. Me dijo sin soltarme la mano ”Abrí tu mano, y dejala apoyada a ver que se siente…” Sentí el cierre abierto de su pantalón en la palma de mi mano y se mezclaba con los innumerables pelos de su pubis, y el tronco de su pene que latía con pulsos suaves… Lo escuchaba suspirar. Me dice: “Traé la otra mano también para acá… que se hagan compañía” Y así lo hice, y asi siguieron las instrucciones, mientras sus piernas seguían haciendo presión en mi cintura, “Acariciame en círculos”, “ Sentí como me la haces poner asi de dura bb” “Dejala quieta un rato, asi, asi.” “Desabrochame el pantalón, despacio” “Sacala por el cierre con cuidado, asi , senti que dura está”
Yo la tomé con las dos manos como él me lo había pedido, y mi excitación trepó a límites nunca experimentados, el tamaño de ese miembro y la suavidad que tenía nada tenía que ver con todas las fotos que yo había visto en esa revista porno…. La realidad supera a la ficción pensé… estaba tocando una pija real, de este albañil maduro que al fin se las había ingeniado y me estaba haciendo jugar su juego.
Sus piernas me apretaban cada vez más, y se sentían como pequeños temblores o espasmos que me hacían copiar ese temblor de su cuerpo en mi cuerpo.
Me pidió que me lamiera las manos y que juntas acariciaran la cabeza de su pene suavemente, arriba y abajo , arriba y abajo, con una cadencia sincrónica, trataba de cumplir con lo que me habían indicado, entendiendo que me estaban enseñando el secreto prometido del placer. Todos estos movimientos de mis manos estaban acompañados por sonidos de gemidos, halagos hacia mi persona del tipo “Que bien que lo haces” “Que rápido que aprendés” “Muy buen mi alumno”… Yo me esmeraba y trataba de seguir paso a paso sus indicaciones. Al cabo de un buen rato me indica que con una con una mis manos sin dejar de acariciarle el glande bien mojado, tome su escroto y lo acaricie suavemente. Nunca antes había sentido tanta excitación al tocar tal tamaño , lleno de pelos enroscados, suaves, tibios, y sus huevos de un tamaño inimaginado, pesados, potentes, calientes.
La palabra de Ramirez no se hizo esperar… “Pibe, no le querés dar unos besos? Mirá que dura me la pusiste…” Otra vez el sudor frío me corrió por el cuerpo, no me imaginaba hacerlo, lo había visto en esa revista, pero no podía hacerlo. Escuché una ruidos del los pallets, y sentí que se estaba acomodando en los mismos.
De pronto siento sus manos enormes, rugosas, gastadas tomarme de las manos y frenar mis movimientos… Me quedé quieto, expectante, excitado, tembloroso, con una sensación de salir corriendo, hasta que me toma de una forma dulce pero firme de mi mentón, y me guía lentamente hacía él. Yo cerré los ojos, muy fuerte, como queriendo no ver o no creer que estaba pasando. Me corre mis brazos hacia los costados, y me sigue acercando hacia su cuerpo y comienzo a sentir la cabeza de su pene en mis mejillas, su olor tan fuerte me invade, me recorre toda mi cara, mi frente, mis ojos, se choca con mi nariz, mis labios, siento como me va dejando un rastro humedeciendo en cada centímetro de mi cara. Siento su pene cada vez mas duro y húmedo, mientras su voz me repite una y otra vez “Estás siendo un buen aprendiz, muy buen aprendiz” Yo estaba como en un trance, sin saber qué fuerza me manejaba a quedarme, a obedecerle, a escucharlo , a seguirlo. Interrumpe el silencio y me pide: “Dale unos besos en la cabeza, se buenito…” Sentía vergüenza ,nervios, mi cabeza me decia que no estaba bien lo que estábamos haciendo, los temblores que sentía indicaban que algo de eso me gustaba, pero que no debía.
Recuerdo que aunque algo de mí decía que no estaba bien lo que estábamos haciendo, tomé coraje, envalentonado por las palabras de Ramirez, ya que seguía dándome ánimo, alentandome a hacerlo gozar, apretándome con sus piernas mi cintura, acompañandome con sus manos mis manos, guiándome como aprendiz, ya no de peón, sino de alumno sexual, de cómplice de esa situación.
Acerco mi boca a su miembro, me saco algún que otro pelo del pubis de la comisura de los labios, mi corazón late fuerte, las manos tiemblan, comienzo a darle besos como él me había pedido que hiciera, y lo hacía literal, besos, pequeño picos acompasados, simples, por al rededor del glande, ese glande inmenso, suave, que ya estaba muy húmedo. Sigo recorriendo cada cm de su tronco, me encuentro llegando a su pubis y mi nariz se llena de pelos largos, canosos, como enjambres, con olor a jabón, a cal, a sexo. Siento que sus menos me toman la cabeza por detrás, y me hacen una presión suave pero firme para que me quede ahi, me dice” quedate quieto pibe, no quiero acabar” … Inmediatamente, recordé cómo empezó todo, como pude verlo eyacular latigazos de semen en este mismo taller, pero hoy era todo distinto y parecido a la vez, estaba semidesnudo, con este señor Ramirez, que me estaba enseñando y a la vez gozando de esta situación, y estaba con sus pene en mi mano, usando su pubis de almohada, temblando por dentro, no pudiendo creer lo que estaba haciendo.
Recuerdo que su mano seguía en mi nuca, ejerciendo esa leve y firme presión, su otra mano acariciaba mi espalda, mi piel de gallina era indisimulable, mis temblores menos, puede abrir uno de mis ojos, y ver a menos de 2 centímetros ese pene inmenso se movía solo como dando cabezazos o simples pulsaciones de su corazón bombeando, era increible estar ahi, tan cerca, tan pegado a él . Me toma con sus manos enormes de mis mejillas y me comienza a acercar cada vez mas, me pide que abra la boca, despacito, que saque un poco la lengua “Abri como cuando vas a misa y recibis la hostia pibe, así”, yo seguía sus instrucciones. Me acomodo mejor, y ya de rodillas, siento que él me toma de mi nuca y se incorpora, quedando parado frente a mi, con sus dos manos en mi cabeza, ya sin sus shorts de jean, completamente desnudo frente a mi. Recuerdo que la cabeza de su pene estaba sobre mi cabeza y fue bajando como un tobogan por mi frente, nariz, labios, hasta que quedó frente a mi boca que ya estaba preparada de acuerdo a lo que me habia indicado.
Comienzo a sentir como se expanden mis labios, entra suave, grande, venosa, latiendo con sus pulsos, y venas y pelos, y saliendo dándome aire, respiro y mas ganas que se repita ese ciclo. Sus manos en mi nuca seguian la cadencia, mis manos agarraban fuerte sus piernas peludas, grandotas, firmes. Me tomaba con sus manos de la nuca y jugaba con mi pelo, y cada tanto me corría para atrás, y me decía “shhhhh, no quiero acabar todavía, despacio pibe”… y me daba pequeños golpes con su pene erecto en mis mejillas, dejandome su baba impregnada en mi cara. Yo casi atónito, sentia que lo estaba viendo como una película en la que era el protagonista, pero mi cuerpo no estaba alli.
Mi cabeza me repetía incansablemente “no está bien hacer esto”, “no esta bien hacer esto” y Ramirez interrumpia constantemente esos pensamientos con varios sonidos y frases de aliento “Que buen peón que estás siendo pibe, muy bueno” “Rico peón resultaste, lindo pibe” “sos el mejor ayudante que tuve”… Y mi cabeza entraba en un sinfin de escenarios de lo que debia hacer y de lo que no.
El momento no se hizo esperar, donde él dejó de sostenerme la cara, me pude alejar unos centimetros de su pubis, y comenzó a masturbarse primero con suavidad, metiendo un dedo en mi boca para tomar saliva y pasándose ese dedo ensalibado por su glande, para luego tomar mas ritmo y de manera desenfrenada agarrarse su miembro venosos con ambas manos y con un grito liberador , temerario casi de inmediato siento , ya que no llegue a verlo , un chorro de su semen caliente pegarse en mi frente, otro en mis hombros, mis brazos, cara, ojo, pecho, piernas, hasta fundirse descontroladamente en un baño tibio, entre murmullos, sonidos guturales, espasmos, y mucha confusión de mi parte.
Mientras Ramirez se recomponía y limpiaba su pene con un trapo, y yo trataba de sacarme y secarme todo la tibieza y nectar pegajoso de mi cuerpo, él comenzó a reirse abriendo la puerta del taller, y mirándome fijo solo una frase salió de su boca, que recién hace pocos días en una sesión de terapia la pude recordar.
Me dijo con una cara muy relajada pero con voz firme. “Pibe, esto que pasó, es nuestro secreto… Oiste bien? yo sé que lo vas a guardar muy bien. No hay nada de malo en lo que hiciste”



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