Como de ser el hijo de mi papá, me convertí en su putita.
Un joven gay, se la lleva tan y tan bien con su padre que este se la pasa comiéndole el culo al chico, quien disfruta mucho de todo lo que su padre le hace.
Mucho antes de cumplir los quince años, aún vivía junto a mi mamá en un apartado barrio fuera de la ciudad, donde ocasionalmente aparecía mi padre, pasaba unos días en la pequeña y destartalada casucha, y luego se volvía a marchar.
Pero un día mi mamá no regresó del bar donde trabajaba, por lo que escuché decir a varias vecinas, que ella se fue con otro hombre a otro país dejándome solo, pero a los pocos días apareció mi papá, rápidamente me hizo recoger algo de ropa y nos fuimos a la hacienda donde él vivía.
Poco a poco fuimos conociéndonos, hasta que me dijo que lo llamaron de la ciudad y le dijeron que unos hombres me estaban buscando a mi mamá y a mí para matarnos, lo cierto es que ni idea tenía de lo que mi papá hablaba, pero si me dio mucho miedo, ya que mi papá hasta me prohibió salir de la casa, para que no me fuera a pasar nada malo.
Posteriormente mi papá, recibió otra llamada, y me dijo que al parecer mi mamá declaró contra unos delincuentes y posteriormente se marchó del país, por lo que algunos de esos delincuentes estaban buscando al hijo de ella, o sea a mí, para matarme.
Varias veces escuche a mi papá decir que, si yo fuera una chica, los tipos, aunque pasaran por mi lado no se darían cuenta de quien era yo, fue después de tanto escucharlo decir eso varias veces, que se me ocurrió decirle, que yo me podía disfrazar de chica, y si alguien llegaba a la hacienda, no sabría que yo realmente era un chico.
Mi papá tras pensarlo por un corto rato, me dijo que eso podía dar resultado, siempre y cuando yo no tan solo me vistiera y actuara como una chica, sino que debía hacerlo en todo momento aun estando solo, y que además tenía que obedecerlo en todo al pie de la letra, mientras él se encargaría de conseguirme toda la ropa que yo necesitara, además de decirle a la gente que me llegase a ver, que yo era la sirvienta de la casa, cosa con la que estuve por completo de acuerdo.
Ese mismo día mi papá fue al pueblo, y cuando regresó trajo una gran cantidad de ropa de chica, vestidos, faldas, blusas, pantis, y sostenes, así como maquillaje, y hasta uno que otro collar y pulseras, además de varios zapatos de chica.
Pero además también me trajo unas pastillas, que en ese momento me dijo que eran vitaminas. pero que debía tomarme a diario dos veces el día, por lo que siguiendo sus órdenes desde mismo día comencé a tomar dichas pastillas, aunque mucho después me enteré que realmente se trataban de pastillas anticonceptivas, y no era para evitar que saliera preñado precisamente, no que va.
Dichas pastillas son de estrógeno, o sea hormonas femeninas, pero como yo ni idea tenía de lo que era una hormona, por lo que me las seguí tomando, por lo que con el tiempo mis tetitas fueron creciendo, mi cabello se hizo más largo y abundante, y mi piel mucho más tersa, y creo que hasta mis nalgas se pusieron más grandes, y hasta el tono de mi voz se fue volviendo mucho más agudo.
Ese mismo momento que me trajo la ropa y todo lo demás incluyendo las pastillas, me desnudé por completo, luego tal y como me encontraba recogí toda mi ropa de chico, y la quemamos en el patio.
Desde ese día, además de tomarme las condenadas vitaminas, me comencé a vestir, hablar y comportarme como una chica, poco a poco mi papá iba corrigiendo mis errores, pero un día me preguntó qué haría yo si un chico me quisiera besar, a lo que le respondí que probablemente le diera un golpe y saliera corriendo, cuando terminé de decirle eso me regaño diciéndome, que eso sería igual a que llevase un cartel que dijera que yo no era una verdadera chica.
Pero de inmediato me dijo, que lo mejor que yo podía hacer era dejarme besar y actuar como si me gustase, y de momento me dijo que íbamos a practicar, y sin darme tiempo de asimilar la idea me tomó por el brazo, me atrajo hasta su cuerpo y zas, que me ha plantado tremendo beso con lengua y todo, al mismo tiempo que sus manos acariciaban todo mi cuerpo.
La verdad es que no me esperaba que algo así me fuera a suceder, por lo que cuando terminó de besarme, un sin número de sensaciones me asaltaron, por primera vez en mi vida me sentía excitado, me quedé como si estuviera mareado, aparte de no saber ni que hacer, ni cómo actuar o responder, por lo que mi papá me dijo que lo había hecho de maravilla, que en otro momento debíamos seguir practicando, cosa que seguimos haciendo un gran sin número de veces, pero yo siempre me quedaba deseando que siguiera besándome.
Ya me estaba acostumbrando a eso de ser besado, al tiempo que la lengua de mi padre jugaba con la mía dentro de mi boca, y sus manos acariciaban mis paradas nalgas, cuando me comentó que si en algún momento llegaba a tener un novio debía saber cómo mamar su verga, lo que me dejó bien confundido, pero de inmediato él me colocó sus manos sobre mis hombros y sin mucho esfuerzo hizo que me arrodillase frente a él, pero cuando levanté la vista me sorprendí al ver su erecto miembro casi frente a mi boca, como no me había dicho que hacer, me quedé paralizado hasta que agarrando su verga cacheteó mi rostro diciéndome. “Debes aprender a mamar vergas.”
En ese instante reaccioné y sin esperar a que nuevamente me fuera a cachetear con su miembro, abrí mi boca y sin reserva alguna me dediqué a mamar su instrumento, cosa que seguí haciendo un sin número de veces, en distintos lugares de la casa, así como en cualquier parte de la hacienda, y en la mayoría de las ocasiones cuando él se venía dentro de mi boca, me obligaba a tragar todo su semen, sin que yo me atreviera a negarme.
Para esa misma época, mi papá comenzó a llevarme a la peluquería del pueblo, pero sin dejar, que hablase con alguna otra persona, que no fuera la peluquera, y su excusa era que él no sabía en quien confiar que, si llegaban aparecer los hombres que estaban buscándome para matarme, yo me podía poner muy nervioso y delatar mi presencia, por lo que para evitar que algo así fuera a pasar, lo mejor era tener el menor contacto con otras personas del pueblo.
Durante un cierto tiempo mi papá solo se limitó a seguir besándome, y acariciar mis nalgas y muslos, y de manera menos frecuente, me ponía a mamar su verga, pero eso sí obligándome a que me tragase todo su semen, como si eso fuera una actividad sumamente graciosa.
De la misma manera que comenzó a besarme, y ponerme a mamar su verga, un día trajo lo que mi papá llamó mi nuevo juguete, el objeto consistía en una larga y gruesa verga de goma, de color negro, con la que comenzó a introducirla por mi culo, embadurnada de aceite de coco, al principio siempre me dolía algo, pero al poco tiempo me fui acostumbrando a tenerla dentro de mi cuerpo.
Mientras tanto yo seguía comportándome, actuando como toda una chica, inclusive además de hablar como una, también me agachaba para orinar, ya para esos momentos mi papá me siguió llevando al pueblo, no tan solo para que me peinasen, sino para que también lo acompañaba al bar donde él acostumbraba a beber, y al poco tiempo hasta me ponía a bailar con él, tal y como si fuera su mujer, o por lo menos eso debían pensar todo aquel que nos llegase a ver, bailando juntos.
Fue en una de esas noches que regresamos del bar, que mi papá, tras hacerme beber bastante, se aprovechó de mí, acostándose en mi cama junto conmigo, y cuando ya comenzaba a quedarme dormido, lo primero que hizo fue bajarme los pantis que tenía puestos, luego comenzó a besarme por el cuello y las orejas al tiempo que la cabeza de su verga comenzó a pasarla entre mis nalgas.
Yo que aún me encontraba medio consciente por no decir que más borracho que despierto, cada vez que sentía la caliente cabeza de su verga rozando mi esfínter, no podía contener los gemidos de placer al sentir su verga rozando el hueco de mi apretado culito, hasta que finalmente decidió penetrarme con su verga.
Cuando lo comenzó hacer, la borrachera desapareció, y comencé a sentir como ese grueso y largo trozo de carne iba penetrando mi cuerpo, al principio sentí dolor, pero casi de inmediato se fue convirtiendo en un extraño y morboso placer, ya que el hecho de que fuera mi padre quien me estaba sodomizando, y tratándome como si yo fuera una puta, me excitaba mucho.
Desde esa noche en adelante, mi propio papá me penetraba por el culo o me ponía a mamar su verga cada vez que le daba su real gana, por mi parte en ocasiones andaba medio desnudito por toda la casa, usando pantis y sostén, con la sola idea de provocarlo.
Para mi mayor sorpresa, de momento me di cuenta que mis pequeños pechos fueron creciendo y se convirtieron en paradas tetitas, al principio usaba talla doble A, pero al poco tiempo comencé a usar talla A, mientras que mi pequeño miembro además de que mi papá me lo hacía depilar, así como el resto de mi cuerpo, pero desde esos momentos yo como que comencé a ver mucho más pequeña mi propia verga, es más ya ni se me paraba, aunque anduviera sumamente excitado.
Pero realmente eso no me importaba, lo que a mi más me gusta es cuando mi papá me clava toda su verga, o me llega a compartir con alguna de sus amistades, o con los peones de la hacienda.



(20 votos)
Espectacular relato siguiente parte