Como mi amigo Claudio me desvirgo a los 13
No se que me llevo a tener relaciones homosexuales..
Me llamo Javier, corría la década de los 70, tendría 13 años, rubio, ojos celestes, 1,70 m muy delgado, aunque un culo bastante abultado, que más de una vez fue el centro de bromas, era un chico bastante inocente respeto al sexo, pero confiado con deseos de descubrir cosas, tenía una adolescencia feliz, hasta que algo modifico mi vida.
Un nuevo medico se instaló a media cuadra de mi casa, tenía dos hijos, donde entable una buena amistad con Claudio de 17, muy inteligente,
Concurríamos a la misma escuela, pero él iba un par de años más adelante, jugábamos, andábamos en bicicleta, y todo lo que a esa edad podíamos realizar.
A pesar de que nunca hablábamos de sexo, algo sucedió que nos llevó a tener una experiencia, impensada para mí.
Pero todo se inició un día, que le comento que me dolía la cintura:
“Puede ser un mal movimiento” Me comenta.
“Podría comentárselo a tu padre”
“No, no lo vamos a molestar por eso, algo sé, mi padre me enseño, sobre masajes, si quieres probamos”
“No, mejor no” No sé porque me abstuve, de hacerlo.
Días después continuaba con esa molestia, que no sé porque, solo se lo comentaba a Claudio, ni a mis padres le decía, que no dejaba de insistirme, en los masajes, terminando aceptando su ofrecimiento.
Fuimos al consultorio de su padre que ese día no estaba, algo temeroso, me quité la camisa y los pantalones, volcándome boca abajo en la camilla, iniciando a masajear la cintura, cuando algo molesto, me dice:
“Por favor quítate todo, así es menos complicado” Me quedé algo perplejo, sintiendo algo de vergüenza desnudarme delante de mi amigo. Que medio ofuscado, me dice:
“Que te pasa, ¿tienes miedo de que te vea desnudo?”
“No es que…” Sin terminar la frase me dice:
“Dale, no seas maricón y sácatelo, en definitiva, tengo lo mismo que vos. Si quieres te cubro el culito con la toalla:”
Procediendo a lo que me pedía, me quedé desnudo sobre la camilla, cubriéndome con una corta sabana. Rápidamente me puso como un gel, y comenzó a masajear con fuerza, me hacía doler, pero, me fui relajando, hasta que se encargó de mis nalgas, donde fue muy delicioso y hasta parecía relajar los músculos de mis glúteos, ante esos masajes enérgicos y a su vez eróticos.
Hasta que por ultimo quitó la sabanita, quedando boca abajo desnudo, donde sus manos masajeaban mis partes, comenzando a sentir una sensación de excitación, al punto de ponerse bastante erguida mi verga, permaneció unos minutos más y después lo dio por terminada. Me vestí intentando ocultarle mi erección, agradeciéndole sus frotaciones, que parecían haber calmado mis molestias. Mientras regresaba a mi casa, pasó por mi mente que sucedería si tratase de penetrarme, descargando inmediatamente esa idea algo descabellada
Días después, me pregunto cómo estaba, le comenté que bien, pero me propuso un par de sesiones más, le dije que estaba de acuerdo. Era evidente que mi amigo sabía bien, lo que hacía, Esta vez me desvestí más despreocupado, acostándome sobre la camilla, comenzando a verter ese gel, donde sus masajes parecían más efectivos.
Al derramar ese ungüento sobre la raya de mi culo, y meter sus dedos entre ella, rosando mi ano, y hasta mis testículos, no pude contener una erección, aumentando mi excitación cada vez que su dedo friccionaba en ese sector, oprimiendo su índice en mi esfínter.
Hasta que intenta, girarme, que, a pesar de pretender impedirlo, lo logra, descubriendo la rigidez, de mi miembro, que algo avergonzado, pretendo tapar con la mano.
“No seas tonto, disfruta, ¿quieres que siga?, así acabas”
“No, no está bien” Insistiendo, pero a pesar de eso me levanté, me vestí y me fui, más que nada, bastante avergonzado.
Durante un par de días no lo vi, pero era algo factible que tarde o temprano lo encontrase, además, recordaba lo ocurrido en la última sesión, y no podía dejarme de excitar, por suerte fue Claudio que me propuso otra masajeada, que, a pesar de negarme, me dice:
“No entiendo como no quieres, la última vez la disfrutaste bastante”
Me puse colorado, de vergüenza, tomándome de la mano, diciéndome:
“Vamos, no seas tonto, disfruta, mañana te espero”
Asenté con la cabeza, y al otro día fui a su casa, estaba solo, así que fuimos al consultorio del padre, cerrando la puerta con llave, algo que me llamo la atención, mientras me decía:
“Por las dudas”
Como las veces anteriores me desnudé, colocándome boca abajo, vertiendo el gel sobre mi cuerpo, que, ante mi sorpresa, lo hizo por mi espalda, glúteos, piernas y pies, era algo delicioso, donde me relajé totalmente, percibiendo como su mano se desplazaba sobre mi piel, donde ese contacto no solo me aflojaba, sino que me iba excitando, segundo a segundo.
Al sentir oprimir mis glúteos, la sensación de placer crecía, lo fue extendiendo para desplazar sus dedos por mi raya, que, con mayor ahínco, rosaban mi ano, llevándome rápidamente a una inmediata erección, mientras la mano de Claudio la colocaba hacia abajo, alterándome más al sentir su mano tocarla. Girándome para sentir como la refregaba sutilmente, sobre mi miembro, que demostraba su rigidez, hasta volver a ponerme boca abajo, rosando mi ano, donde mis gemidos delataban mi estado, cuando uno de sus dedos penetra mi esfínter, donde el lubricante dejo deslizar la totalidad del índice, aumentando mis exclamaciones de satisfacción, aunque algo sorprendido y hasta perplejo por esa nueva experiencia,
No se detuvo, continuando alterando mi adrenalina, preguntándome si me agradaba, respondiendo que continuase, sintiendo como su dedo se penetraba en su totalidad, en una entrada y salida lenta y continua.
Cuando sorpresivamente me monta, dándome cuenta que estaba desnudo, sintiendo su glande en la puerta de mi ano, cuando sentí su verga pasearla entre mis nalgas, toqueteando mis orificios. Solo atiné a decir:
“No eso no Claudio”
“Está bien, me bajo, no quiero obligarte a nada” Mientras se desmonta de mí, cuando le digo:
“Bueno, está bien”
Retornando a la posición anterior, que a pesar de no estar preparado para una relación homosexual, mi excitación no me dio lugar, a pensar demasiado, cuando me abraza sintiendo como algo grueso se abría camino entre mis entrañas, desplazándose rápidamente, gracias al gel, que ayudaba a penetrarme.
No sé qué me sucedía en ese instante, estaba bastante excitado, mientras Claudio no dejaba de follarme plácidamente, acariciaba mi espalda, a la vez que sus lentas envestidas me transportaban a un estado de éxtasis, difícil de evitar.
En determinado momento me sentí su presa, donde al abrazarme, bombeándome de una manera sutil, acelerando poco después sus movimientos, convirtiéndose como en una sanguijuela disfrutando de sus víctimas, que permitía que su depredador continuase.
En ese momento creo que ambos disfrutábamos de ese coito anal, cada uno en su rol, de activo y pasivo, sentía como su falo rozaba mi interior, aunque por momentos parecía partirme, oprimir mis órganos, ante mis gemidos de placer y molestia, que parecían incitar, mas, a mi amigo.
No sé cuánto duró ese apareamiento anal, 5, 10 minutos, no sé, hasta que percibí como su esperma era depositada en mi interior, continuando temblando, se retorcía apretando mis pechos y pellizcando mis pezones, se convulsionaba y temblaba como un poseído, gruñendo con cada disparo que salía de su verga, y de pronto se desplomó sobre mi espalda, abrazándome exhausto y sudoroso, pero sin sacar su verga de mi adolorida cobertura.
Después de unos breves minutos se paró, aun la tenía erguida, comprobando su gran tamaño, que realmente no dejó de impactarme. Cuando me dice:
“Te gustaría probarla?”
Como un autónomo me arrodille para comenzar a chupársela, algo que me produzco una nueva sensación extraña y a su vez atrayente, lo hice con una gran avidez, viendo la cara de satisfacción de mi amigo. Mientras comencé a masturbarme lentamente, hasta que logré eyacular la leche que tenía concentrada hacia un rato largo.
Si bien consideré apenas me fui, que había sido algo placentero, no era mi idea repetirlo, no deseaba ser homosexual, pero ese se piensa en los momentos en que uno está satisfecho.
Pasaron varios días, sin que sucediese nada entre nosotros, por una parte, carecíamos de un lugar físico y por otro era época de exámenes, donde nuestra labor de estudiantes, no nos daba tiempo para más.
Apenas me liberé de los estudios, fui a casa de Claudio, alegrándose al verme, estaba solo, acaricio mi rostro, desabrochando mi camisa, hasta quitarla, que como un autónomo me fui dejando llevar, hasta que carecí de ropas, donde mi excitación comenzó a dominarme, hasta que Claudio mostró su desnudes, viendo su falo grueso y largo, bien erecto preparado para disfrutarme, nuevamente haciéndome arrodillar, y sin oponerme comienzo a chupar su miembro, como adorando a un dios Pagano.
Mientras acaricia mi cabeza, en un acto como de dominación, hasta que me hace colocar en cuatro avasallándome con su miembro ante mis gemidos de placer. Al regresar a mi casa pensé que no debería dejarme llevar por ese sexo homosexual, no era mi costumbre ni mi deseo, intentaría explicárselo, sin llegar a distanciarnos.
Una tarde salí con Claudio a pasear en bicicleta, recorrimos bastante, hasta que nos encaminamos sin saberlo, a un lugar algo desolado, donde encontramos una casa abandonada, nuestra curiosidad nos llevó a meternos en ella, después de romper una ventana. Mientras la recorrimos, vimos que era grande, tenía algunos muebles viejos y rotos. En uno de los dormitorios había una cama, con un colchón grande desgarrado, miré a Claudio que me observaba de una manera especial, desvié mi vista, tratando de irme de esa habitación, cuando me agarra del brazo, llevándome hacia la cama. Pensé que debería decirle sobre lo nuestro, así que digo:
“Escucha Claudio, quisiera aclarar una cosa…” Sin darme tiempo a continuar, en ese ínterin se quita los pantalones y calzoncillos, viendo su verga bien erguida, mientras se vuelca sobre la cama, llevando mi cabeza hacia su miembro. Que comienzo a lamer, mientras mete su mano bajo mi pantalón, tocando mis glúteos, hasta lograr bajarlos, introduciendo su dedo en mi esfínter.
Si bien traté de impedirlo, tampoco me resistí demasiado, hasta quitar mis pantalones, acariciando mis posaderas, metiendo dos de sus dedos en mi ojete, algo que me llevó a gemir, dejándolo, disfrutar de mi interior, cuando me dice:
“Te deseo, no dejo de pensar en vos”
No sé qué sentí en ese momento, solo me quedé quieto, mientras Claudio trataba de besarme, quitando el resto de mi ropa, hasta desnudarme, succionando mis tetillas, hasta hacerme gritar, oprimiendo mis genitales, hasta quedar bien tieso.
No luché, solo me dejé llevar, donde me beso, quitándose el resto de su ropa, que, sin pérdida de tiempo me giró, para montarme y penetrarme sin demora, sus rápidos movimientos me enloquecían, lo deseaba, con algo de esfuerzo su tronco, fue ocupando mi intimidad, por la carencia de lubricación, hasta sentir su pelvis pegado a mis glúteos. Iniciando violento pistoneo donde mis gemidos se acrecentaban ante ese ímpetu juvenil.
Estuvimos más de dos horas, donde me entregué totalmente a mi amigo, quien disfrutaba ampliamente el sexo al igual que yo, tomamos esa casa como nuestro lugar de citas, habíamos completado con algunas cosas que no se utilizaban en nuestro hogar.
Una tarde algo lluviosa fuimos a la casa abandonada, iniciamos una serie de besos, hasta
que comenzamos a desnudarnos, realmente estaba bastante caliente esa tarde, cuando apenas me penetro, aparecieron dos tipos de unos treinta años, grandotes y un aspecto poco agradable, cuando uno dice:
“Vaya, los putitos se están divirtiendo” Dijo el barbudo, mientras tratábamos de cubrirnos con algo, bastantes asustados. Dirigiéndose hacia mí, el pelado dice:
“Que rico que eres, tan blanquito, hermoso culito y tan tiernito” Cuando me toma del brazo, mientras Claudio pretende impedirlo, en el momento de recibir un cachetazo, que lo tira al suelo.
Realmente pienso en como saldremos de esta, arrepentido de haber ido, mientras me lleva hacia la cama, sentándose, apreciando mi desnudes, tocándome de una manera sádica, acariciando mis glúteos, que trato de impedir, diciéndome:
“Acá mando yo, el pelado obedece y Uds. también, si te toco, te dejas. ¿Cómo te llamas?”
“Javier, Sr” Contesto bastante temeroso, mientras su mano toca mi cuerpo,
“Te gusta cómo te coge tu amiguito?”
“Eso es cosa nuestra” Contesto, tomándome de un brazo, acostándome sobre sus rodillas, para darme una fuerte golpiza en mis nalgas, hasta del susto me orino y hasta comienzo a llorar.
Creo que eso incito al barbudo a llevarlo a follarme, cuando me tira sobre la cama, que, al intentar revelarme, nuevos chirlos, bien fuerte recibieron mis pobres glúteos, que debían haber quedados rojos.
“Hermoso culito, ¿te gusta que te cojan, putito” Oprimiendo mis tetillas, tocando mi miembro, que ante ese contacto tendió a erguirse.
“Te pregunte algo putito”
“Si Sr,” Respondí bastante temeroso.
“Bien, hasta se te está parando, eso es bueno,” Cuando se baja los pantalones y el calzoncillo, dejando ver una gran verga negra, algo curva y bien parada, haciéndomela tocar, hasta hacerme arrodillar para que se la mame.
“No por favor, nunca hice esto”
“Siempre hay una primera vez para todo, aunque ya te debes haber comido, más de una” Tomándome de los pelos de la cabeza, haciéndome hincar, obligándome a chupársela, que, a pesar de la situación, ese contacto, creo que me excito, esa manera de tratarme, o más que nada ver ese gran tamaño, esa mezcla, entre excitación, miedo, la adrenalina que corre por nuestro cuerpo, entregándote sumisamente ante ese desconocido que comienza a dominarte, donde todo parece un sueño. Cediendo lentamente, ante su ímpetu, comenzando a transportarme a un estado de embelesamiento, al punto de comenzar a mamar su verga de una manera sutil, era incontenible, como que me atrapaba, lamiendo hasta sus testículos.
“Te gusta, mi chiquita, parece” Tratando de contenerme, no demostrando lo que estaba sintiendo, aunque mi estado ya me había delatado, cuando me sienta, me quita las medias, levantando mis piernas, separando mis muslos, tocando mi esfínter, diciendo:
“Que rosadito que esta, una belleza” Mientras su glande lo apoya en mi abertura, sintiendo como se va desplazando, pareciendo abrirme en dos, aunque aguante, hasta que lo deposito totalmente, inclinándose para besarme en los labios, que traté de evitar, pero termine accediendo, bastante compungido.
Me dio varios chupones en el cuello, oprimiendo mi verga, mientras la suya descansaba en mi interior, con lentos movimientos como de dominio.
Su glande estaba depositada en mi abertura anal, que con fuertes empellones comenzó a desplazarse por mi conducto, cuando vi a Claudio con su verga erecta.
” ¿Te gusta, mi putita?” no dije nada, mientras me bombeaba con suma delicadeza, expresando mi rostro un momento de placer, eso lo llevó a acelerar el ritmo, hasta hacerme gemir, volviéndome a besar con más pasión.
“Eres una ricura, mi hembrita” No dije nada, pero sentía algo distinto, entregándome sin ningún tipo de disimulos, mientras que sus acelerados bombeos, motivaban mi verga de un lado al otro. Para quitarla y volverla a meter una y otra vez, transportándome a un estado de total exaltación.
Hasta que me alzo, para colocarme sobre una mesa vieja y sucia, elevando mis piernas, separándolas mientras sus manos oprimían mis tobillos, dominando mi cuerpo a su antojo, haciéndole lamer mi abertura al de barba.
“Hace más de quince días que no cojo, te voy a llenar de leche”.
Estaba preparado para volver a recibirlo, esta vez con más violencia, que, con un certero y potente envión, me lo incrusto totalmente, ante mis gritos de intolerancia e impotencia, donde su poderoso pistón, friccionaba las paredes de mi sensible interior, sin importarle que me sucedía.
Donde esa penetración me iba alterando segundo a segundo, friccionando mi membrana interior, donde mis gemidos delataban mi estado, acelerando sus movimientos al unísono de mis exclamaciones, donde su pecho sudoroso se pegaba a mi espalda, adhiriéndose, como si fuese un pegamento.
Hasta que casi después de 10 minutos, de frenéticos movimientos sus flujos bañaron mi interior, que, al quitar su miembro, lo llevo a mi cara, su aparato, que sin oponerme se la chupe, percibiendo ese sabor amargo, pero a su vez seductor, de su secreción, termino llevándome a masturbándome, mientras mi boca limpiaba ese húmedo recubrimiento.
Por su puesto que ahí no termino la cosa, hasta que su compañero también lo hizo, por suerte apenas finalizaron se vistieron y se fuero, diciéndole a Claudio:
“Muy rica tu hembrita, te agrado que la cogiésemos”
Mi amigo no dijo nada, pero noté que había estado todo el tiempo con su verga parada.
Me vestí con tristeza, me sentí un pobre objeto sexual, un estúpido, donde mi amigo disfrutaba mientras desconocidos me hacían suyo. Se me acerco posiblemente para consolarme, o intentar follarme no sé, solo le dije:
“No estoy para nada mas, quiero irme”




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!