Con la hermana de mi amigo
Linda flor rosadita y lampiña puede sorprender, más cuando se trata de la hermanita de mi amigo .
No me gusta hablar de esto, pero debo hacerlo. En la secundaria experimente esa sensación placentera cuando una noche eyacule uniformemente mi cama, después de consumir rule34 de mis personajes favoritas. Por aquel tiempo, comenzaba a masturbarme diariamente. Al principio me sentía culpable, pero poco a poco lo volví un hábito hasta que mi cuerpo pidió un cuerpo igual de voluptuoso, sinuoso y lampiño como el de una niña. Me aproveche de la inocencia de mi amigo. Tenía una hermana llamado Sofia, tan hermosa y de un cuerpo delicioso cuyos labios rosados, abriendo y cerrandose al hablar evocaron durante mis retozos quimericos el estallido de labios pegajoso de allí abajo. Aunque nunca tuve problemas para complacerme con putas de mi salón que podían moverme el culo y abrir las piernas para merendar de sus frutos maduros, quise probar con esa nena de once años que apenas terminaría la primaria. Es así como la estuve cazando durante meses, aguardando después de clases para acosarla, a tal punto que mi amigo más próximo me cometió el favor desgraciado de ir a pedirle el número para mí. Ella, asustada y timorata, pregunto alarmada para quién era, si iba en su salón, pero a mitad de camino tuvo conciencia y le amenazo con su hermano. Él, se dirigió hasta con mi amigo y le dió una putiza. Aún así me alegra que mi amigo no revelará que su mayor amigo era quien quería cojerse a su hermana. Menudo pendejo.
Fue un día que comencé a infiltrarme entre los niños que salían a quedarse a horario extendido cuando me fui acercando a ella. Primero tuve mayor conexión con su hermano, un pobre gordo Otaku con olor a mierda que nunca sospecho de mi. Me encantaba que ella viera como me dispensaba con su hermano, ganando confianza. Sin embargo, nunca me dió la chance de quedar en una ceremonia adonde pudiera quedar con ella.
Fue que me llegó una idea brillante a la cabeza: aprovechar el jolgorio maniático del último día de clases para cojermela sin pudor ni mayor son ni don que llenarla de lechita.
Aguarde mucho tiempo, comenzando con pequeños saludos, sonrisas, estudiando sus conversaciones y ganandome amistades próximas a ella, hasta que elimine de su mente todo cuanto pasado le provoque. Mayor fue mi gloria cuando ví que sus amigas intentaban acercarla a mi al arribar y tensar a Sofía hasta ruborizarla. Su hermano lo noto, pero el pendejo jamás dijo nada.
A decir verdad, cuando llegó el día jamás imagine que las niñas del sexto de primaria que yo curse pudieran verse así. Puesto que durante el recreo, gracias a que el director nos concedió 20 minutos extra, subí a la segunda planta, dónde estaba la primaria, y sentí una erección palpitante cuando aquella criatura del Edén salió del salón y camino con tanta inocencia al baño. En ese momento giro la cabeza hacia todos lados, mirándome y sonriendo. Yo sonreí más. Controle el temblor del corazón para caminar por el corredor con tal naturalidad y entre al baño de niñas de primaria. Gracias a Dios, solo había una niña de cuarto lavandose las manos que se asustó y me preguntó que hacía ahí.
–Nada –le dije–. Vengo nada más a asomarme.
Sali primero, seguido de la niña. Note de inmediato el frenesí de los pies de Sofía que abrieron la puerta. Ella me miró con esos ojos lividos, ese temblor del cuerpo y una risa nerviosa que atizó mi portentosa criatura. Pregunto algo ininteligible, deteniendose al tiempo que bajaba la mirada hacia abajo. Yo no me contuve.
–Relajate. Escuché que los baños de niñas son más limpios que los de los niños –y me dirigi hacia ella antes que pudiera dar un paso fuera del cubículo, le empuje y cerré la puerta. Sus ojitos me vieron con miedo. Yo la golpee con ferocidad ambas mejillas con un sonido hueco de calabozo. Ella gimió, apunto de gritar. Le tape la boca con una mano, y con la otra comenzó a asfixiarla.
–Escuchame bien, hija de perra, si gritas, pides ayuda o gimes voy a matarte a golpes aquí mismo, y si alguien te llegará a escuchar jodere a tu hermano y a toda tu familia. Se dónde vives, hija de puta, mamacita.
Hubiera preferido dejar su linda cara absuelta de imperfecciones, pero si queria efectividad debía tener control sobre ella desde el miedo. De modo que continúe:
–Ahora te vas a girar, bajarte el pants y la ropa interior que tengas, te recargas con tus manos sobre el borde del inodoro, y cierras el puto hocico o aquí mismo te asfixió y después a tu puto hermano.
Gracias a Dios no vino nadie durante el acto. Comenze sacando mi erecta polla que palpitaba, hirviendo. Ella acato mis órdenes y bajo con torpeza su ropa, gimoteando que no le hiciera daño ni a ella ni el panzón de su hermano, repitiendo que no le hiciera daño,jodida perra.
El primer arranque fue directo. Nunca me gustó entrar por la puntita. Aquellos labios rosados que se abrían, respirando, se contuvieron en un espasmo cuando penetre deliciosamente, provocando un gemido gutural que creo ecos en el baño. Al instante le di una fuerte nalgada que le dejo mi marca rosada en su culito de nácar:
-Callate el hocico, Sofia.
Su nombre salió en un gemido mio. Sentía mi pene apretado entre sus dos nalgas, mientras mi sangre llenaba mis testículos y provocaba unas ganas inmediatas de eyacular.
La tomé por las dos nalguitas de burbuja y comenze mi vaivén magnífico, despreocupado de los aplausos al chocar su culito y mi polla. Ella solo gemía, cubriéndose la boca, hasta que decidi perder los estribos. Aceleré el ritmo, desesperado por la repentina sensación de morir, abrazado a sus caderas. Ella giro su cabeza hacia mi, y aproveché para ahogar sus gemidos con un beso apasionado. El calor del cubículo nos encerraba.
Entonces sentí un orgasmo de ella cuando un espasmo enorme apretó mi pene, retorciéndose, apartando sus labios de los míos y gritando en un hilo de voz chillona que ENCANDILO MI corazón.
Al instante tuve mi propio orgasmo. Mordí su cuello, y luego su oreja, reaccionando de inmediata. La bese escupiendole saliva. Mi cuerpo se abrazo al suyo mientras mi polla se hundía hasta el recóndito de su conchita. El semen, cálido y espeso, corrió por sus muslos.
Al separarme, le dije:
–Mira lo que hiciste, maldita perra. Tú hermano me las va a pagar.
–¿Por qué? –dijo, al borde de las lágrimas.
–Hiciste que me corriera, pedazo de mierda. Y tú ya has tenido clases de sexología para que sepas sobre esto.
–Pero fuiste tú quien me obligaste.
–Me vale mierda. Arrodíllate y chupame hasta el fondo, hasta que ya no quede gota.
Ella vacilo, pero otro putazo instantáneo la hizo arrodillarse de inmediato. Ví como la misma boquita que comía sus helados de vainilla ahora cubrían la cabeza de mi pene, succionando hasta el fondo. Sentí un placer inconcebible,como si expulsara todo la iniquidad de mi cuerpo. Poco a poco el semen que ella tenía en sus muslos se seco, como el marchitar de las rosas.
Al terminar, me miró, buscando aprobación. Fue tanta mi excitación que volví a correrme sobre ella. La llovizna de semen cayó sobre su carita y copetito. La tomé de la cometa y la conduje hacia su labor.
De no haber tenido la mínima suerte aquel día, podría decir que ahora sé el sabor virginal del manantial de los frutos a flor de piel


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