De joven niñero a macho perv: Sexo 1nfantil a los 20 con un pequeño nene de 6.
El niñero del pequeño Lucas 10: No hubo aviso, solo el lento e implacable avance de Fernando empujando sus 19cm, estirando el ano del niño hasta el límite, rompiéndolo hasta que se alojó por completo y su verga empezó a ser torturada a apretones calientes desde el glande hasta sus huevos .
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Que honda compas, disculpen la tardanza. A los que mandaron foto verga del ultimo relato full gracias, ahí se disfrutaron su regalito. Este capitulo está dedicado a Sebbb, V_R & Mario H.
Nota aclaratoria: La siguiente es una historia ficticia hecha con fines de entretención, disfrute, y no como manual para cometer actos reales.
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Capítulo 10: De joven niñero a macho perv: Sexo 1nfantil a los 20 con un pequeño nene de 6.
Martes, día nueve.
El ano de Lucas pujaba y pujaba pidiendo a gritos ser llenado de nuevo. Fernando no lo hizo esperar y escupió directo al orificio, esparciendo la saliva con el dildo. Entonces empujó, deleitándose como el agujero desapareció bola tras bola hasta que la quinta quedó pegada a su culito, pero esta vez no se detuvo y siguió empujando hasta que la última esfera penetró en su interior, empalándolo.
Aun dormido, Lucas sintió el intruso alojarse en su recto, estiró las piernas y apretó el culito, pero eso solo hizo que el dildo se incrustara más al fondo. Un suave gemido salió de su boquita, alertando al mayor por su despertar, aunque por suerte al rato dejó de moverse. Fernando no pudo resistirse a tal placer visual. Inclinó la cabeza y empezó a lamer la unión del objeto y el anito, percibiendo el sudor, la goma y el sabor infantil de la piel del niño.
Continuó moviendo el objeto en círculos, suave, con lentitud, buscando dilatar las paredes anales. Siguió con las embestidas usando la esfera grande, metiendo y sacando con suavidad. Hizo lo mismo con dos esferas y luego con tres, dándole suaves estocadas que abrieron sus pliegues anales hasta que la penetración agarró rudeza y todo el dildo entraba y salía mientras su lengua hacía compañía lubricando la masturbación.
Estaba muy excitado. Las estocadas hacían que el pequeño gimiera en voz baja y que su cuerpo se moviera de tanto en tanto. Su verga por otro lado estaba a reventar, con el calzón casi todo mojado por la basta lubricación que le causaba el acto. Su pene pedía a gritos entrar en el apretado orificio, todo su cuerpo lo pedía, y sabiendo que Lucas no despertaría, no quiso desperdiciar la oportunidad.
Como si de un ninja se tratase, se levantó y quitó el short y el calzón de un tirón. Su miembro duro rebotó erecto, golpeando su ombligo y salpicando gotas de pre-semen en las sábanas. Se deslizó en el colchón, ubicándose al lado de Lucas, pero sin pegarse para que el calor corporal no lo delatase.
Rastreó el hoyo del nene con los dedos, rozando los bordes con ellos, y luego dirigió su pene. Palmó suavemente con el glande, buscando el dilatado agujero hasta que dio con él. Respiró profundo, manteniendo el aire en los pulmones al mismo que tiempo que su cadera comenzaba a moverse hacia adelante, ejerciendo una presión lenta y suave.
El ano de Lucas besó su glande, dándole un cálido y electrizante toque. Contuvo el aliento cuando se alojó por completo, sintiendo el calor envolverlo, apretado y sofocante. Quería más, lo necesitaba con urgencia. Cada que movía la cadera su verga se abría paso haciendo que las paredes anales se expandieran. El cuerpo de Lucas lo aceptaba poco a poco como si su culo estuviera diseñado para él, y así logró meterle 10cm, pero entonces a mitad de camino la resistencia se volvió más fuerte.
Fernando frunció el ceño, sintiendo cómo su propio cuerpo se negaba a ceder y cómo los músculos de Lucas se contraían en torno a él, como si quisiera expulsarlo. Empujó un poco más, desesperado por sentir el placer en todo su pene… pero fue inútil. Intentó e intento, pero sencillamente no lo logró y solo saboreó el sabor de la decepción.
Con un gruñido, se retiró con cuidado, sintiendo cómo el cuerpo de Lucas se relajaba al instante, y como su verga perdía el calor apretado que yacía por dentro. Se levantó con el cuerpo tenso y con la erección aún a tope y salió frustrado del cuarto.
— F: ¡Maldición! Estaba cerca — jadeaba ofuscado caminando semi desnudo — Si tan solo no tuviera la verga tan grande… necesito lubricante — pero apenas eran las 6am y no había farmacias cerca.
Caminó a la cocina con pasos largos. La luz fría del refrigerador lo cegó un instante cuando lo abrió, buscaba algo, cualquier cosa que pudiera relajarlo, y entonces sus ojos se posaron en la solución.
— F: ¡Bingo! — expresó con felicidad sujetando una botella de aceite de oliva en sus manos.
Regresó a la habitación con el frasco en mano. Vio al niño en la misma posición, con el culito brilloso y el ano pujando como si estuviera esperándolo… Con la verga a reventar, destapó la botella y dejó caer un chorro generoso que esparció por todo su tallo, cubriéndolo todo, de la base hasta la punta, asegurándose que cada centímetro resbalara.
Pero allí no acabó. Llevó la botella a las nalgas de Lucas y dejó caer otro chorro que esparció con los dedos por toda la raja. Centró los movimientos en el agujero, masajeando los pliegues para relajarlo y finalmente terminó introduciéndolos, lubricando las paredes interiores del niño. No sabía si aquello era riesgoso. No estaba pensando. Lo único que quería era aprovechar el cuerpecito infantil que yacía dormido en la cama.
Finalmente, se acomodó junto al pequeño. Sujetó su pierna derecha y la flexionó, dejando su culito expuesto justo en frente de su potente erección. Se acercó palpando con el glande, comenzando un leve movimiento entre las nalgas que activaron el aceite y luego ubicó su verga en el dilatado hoyo.
y entonces empujó…
El cuerpo de Lucas cedió, abriéndose poco a poco ante el gran invasor y Fernando sintió el calor y la viscosidad envolver su glande, y su tallo hundirse lentamente como si el obstáculo se hubiera ido.
— F: ¡Dios! — jadeó con la voz quebrada.
Fernando podía sentir cómo el cuerpo del niño lo envolvía por completo, apretando como un puño, pero cediendo. Estaba tan cerca, a solo 5cm de empalar su verga hasta el fondo y que sus pelos púbicos chocharan con las blandas nalguitas de Lucas… pero el niño repentinamente despertó.
— L: Ay… ay… mi colita ~ ahh.
— F: Aguanta — sentenció pegándolo a su cuerpo y evitando que se escapara — ¿Esto es lo que querías no? ~ ohh.
— L: Fer mi colita ~ ahh — se quejó comenzando a llorar por la fuerte presión.
— F: No llores que tú me hacías lo mismo mientras dormía y yo no lloraba eh.
— L: Por… porque e… eres adulto ~ bif ~ bif.
El lloriqueo de Lucas se intensificó y Fernando notó como sus ojos se quebraron; lo estaba lastimando. Sin embargo, el placer era superior, casi empalaba toda su verga por lo que no podía permitirse parar. Tomó a Lucas del rostro y se acercó lentamente uniendo finalmente sus labios. Era la primera vez que lo besaba y Lucas no supo cómo reaccionar, tan solo se dejó llevar por el placer que sentía a sus cortos 6 añitos de edad.
El beso se intensificó con los segundos. Sus labios se unieron y separaron generando chasquidos y finos hilos de saliva. La lengua del mayor se hizo paso en su boquita, compartiendo lamidas y una fuerte pasión instintiva. Lucas no sabía besar, pero le gustaba y solo se dejaba llevar. Fernando notó como su técnica funcionaba y sin dejar de besarlo, lo abrazó con fuerza y de una estocada, terminó empalándole todo el resto de su gruesa virilidad.
Niño y adulto gimieron en alto sintiendo la máxima unión de sus órganos genitales. Finalmente, sus 19cm se alojaron dentro del pequeño, atrapado en la calidez, la humedad y los fuertes apretujones del infantil recto. Fernando se sentía en el paraíso a punto de estallar. Su glande rosaba los intestinos de Lucas mientras que el tronco sentía cada pulsación anal. Aquello no se comparaba a ninguna de sus pajas, ni siquiera al sexo que tuvo con mujeres. Era una sensación indescriptible que lo corrompió aún más.
— L: Ayy, mi colita ~ uhh.
— F: Que rico ~ ahh, Lucas que apretado estas ~ uff, ¡dios! Que caliente se siente ~ ohh.
— L: Uhh ~ sácala Fer ~ auu.
— F: Si la saco te va a doler más, relájate.
— L: Mi… mi culito ~ uhh, se siente baboso.
— F: ¿Te gusta? — preguntó, continuando con los fuertes besos — ¿Sientes como palpita mi verga?
— L: Uhh ~ hace pup pup pup.
— F: Así es ~ ohh, está bien dura y es por tu culpa Lucas ~ mmm… me encanta como se siente.
Y así permanecieron por varios minutos en lo que el culo del pequeño se acostumbraba al invasor. Fernando no paro de besarlo, de decirle palabras lindas y de sobarle la mejilla, y poco a poco los lloriqueos fueron cesando y la carita de Lucas se relajó al igual que lo hizo su ano.
— L: Mmm, ya no me duele mucho Fer.
— F: Que bueno porque apenas empiezo ~ uhh, te voy a coger… te voy a violar ~ ahh, y será nuestro secreto — le dijo en susurros al oído.
Lentamente Fernando fue deslizando su miembro, liberándolo de la apretada prisión. El aire frio dio contra su verga contrastando con la calidez del interior. Lucas resopló aliviado, sintiendo su ano descansar y como la verga del niñero se posaba ahora en su raja, dura, grasosa, y tuvo miedo de lo que venía.
— F: ¿Quieres que pare, Lucas?
— L: Si Fer, para… par ~ ahh.
— F: ¿Estás seguro? – contrarresto y enseguida empezó a deslizar su pene sobre las nalguitas del nene, restregando con firmeza gracias al aceite.
La piel de Lucas se erizo al pleno contacto y sus nalgas se tensaron. El miembro de su niñero se restregaba con firmeza, resbalando con suavidad gracias al aceite. A pesar de su corta edad, Lucas sentía la excitación. Su ano burbujeaba adentro y afuera pidiendo más. Su cuerpecito lo empezó a entender y en minutos comenzó a ceder ante el placer.
— F: ¿Quieres que pare Lucas?
— L: Uhh, no Fer ~ mmm, no pares ~ ahh me gusta como juegas con mi culito ~ mmm.
— F: ¿Se siente rico verdad? Siento como tu anito le da besitos a mi verga uff, tan delicioso ~ ohh.
— L: Si Fer ~ uhh, se siente muy rico…
— F: ¿Quieres que te la meta otra vez?
— L: Ahh, ujum… si Fer
— F: Pero así no… dímelo bien.
— L: Si quiero que me la metas otra vez.
— F: Mas, suplícame que te la meta.
— L: Méteme tu verga Fer ~ uhh, por favor.
— F: Como tú quieras mi pequeño putito.
Escuchar la infantil voz de Lucas lo puso al doble de calentura. Enseguida se despojó de su ropa e hizo lo mismo con el calzón roto del niño, dejando a ambos desnudos. Ubico a Lucas boca arriba y sujetó sus piernas, flexionándolas hacia su pecho y exponiendo la totalidad de sus nalguitas las cuales brillaban a tope por el aceite y sus líquidos.
El ano de Lucas se abría y cerraba pidiendo ser llenado de nuevo e hipnotizado por la dilatación, escupió directo en el boquete y empezó a dedear, tan rápido que toda la saliva brotó como espuma desde dentro y sin perder más tiempo, llevó su boca al agujero, comenzando a dar un beso negro.
— L: Ayy Fer ~ mmm, no… por ahí hago popo…
— F: Lo sé, pero no me importa, sabe riquísimo.
Fernando lamía como si su vida dependiera de ello. Mordía sus nalguitas y las nalgueaba, tornándolas coloradas. Intercalaba su lengua con sus dedos, dilatando el ano de Lucas al punto que el sonido se volvió pegajoso, aunque por desgracia el aceite de olivas anulaba su sabor puro y exquisito.
– L: Mmm, rico, rico Fer, rico ay ~ mmm – gemía el pequeño sintiendo la lengua del joven explorar las paredes de su culo – Me gusta mucho ~ uhh.
Tres minutos después, el niñero detuvo los ricos movimientos y observó de cerca el ano del niño abierto y listo para ser empalado por su miembro. Entonces ubicó el glande en el dilatado agujero y presionó lento, sintiendo al instante la estreches y el calor del interior anal.
– L: Despacito auu ~ no me la metas toda.
– F: Shhuu ~ cierra los ojos y aguanta.
El ano del niño se abrió despacio, dándole paso a su pene, apretándolo entre sus paredes, hasta que 10cm quedaron enterrados. Fernando notó el malestar del pequeño así que se acercó y volvió a besarlo al tiempo que daba otra estocada y metía 5cm más en el carnoso hoyo.
Se estuvo quieto unos minutos mientras Lucas se acostumbraba, pero era difícil, pues su verga no estaba hecha para menores. Cuando el pequeño se relajó, empezó un lento vaivén con la mitad de su verga, haciendo que ambos disfrutaran del suave y placentero movimiento pélvico.
— F: Es tan apretado ~ uhh, lo siento Lucas, pero no puedo parar ~ mmm, por favor… perdóname.
Con un movimiento fluido, Fernando se estiró lo suficiente para alcanzar su ropa interior, misma que seguía húmeda y olorosa de su pre-cum y su sudor. Llevó la tela a la boca del niño, obligándolo a morderla y haciéndolo saborear y oler el fuerte olor de su transpiración.
No hubo aviso, solo el lento e implacable avance de Fernando empujando sus 19cm, estirando el ano del niño hasta el límite, rompiéndolo, hasta que se alojó por completo y su verga empezó a ser torturada a apretones calientes desde el glande hasta sus huevos, con los testículos presionando en las nalguitas del pequeño y sintiendo el calor húmedo envolverlo por completo, como si el cuerpo de Lucas intentara absorberlo, tragárselo entero.
— F: ¡Dios! – jadeó el mayor sintiendo cada latido del corazón de Lucas alrededor de su miembro y los espasmo de sus paredes anales intentando acomodarse a la intrusión.
Fernando no le dio tiempo a recuperarse. Con un gruñido masculino, comenzó retrocediendo casi por completo antes de empujar hacia adelante con un golpe seco que hizo que Lucas se arqueara contra la cama. El sonido de sus cuerpos chocando llenaron la habitación: piel contra piel, el crujido de las tablas y los jadeos ahogados de Lucas a través de la tela en su boca. Cada embestida era medida, precisa, diseñada para abrirlo más, para recordarle al niño quién era el verdadero macho-
Su cintura se movía adelante y atrás mientras el sudor recorría su frente, su pecho, su abdomen y Lucas, tan pequeño, tierno e inocente, no tuvo más remedio que soportar las firmes embestidas. Fernando se sintió como un mounstro, como un enfermo, pero ver su pene grasoso entrar y salir del pequeño fue suficiente para perdonarse.
A ese punto su habitación olía a sexo puro y sus cuerpos desnudos brillaban por el aceite. Fernando observaba lleno de lujuria su vergota entrar y salir, embistiendo casi sin piedad. El placer era brutal, el interior del pequeño era tan caliente, húmedo y viscoso que su miembro brillaba lleno de fluidos y de aceite, lo que provocaba sonidos obscenos.
El joven no comprendía cómo era posible que su verga entrara completa en un hoyito tan pequeño que hasta su novia batallaba para resistirlo entero, pero así era, aquello que vio por primera vez en los videos lo estaba viviendo en carne propia, y se sentía malditamente irreal.
Por otro lado, Lucas gimoteaba en silencio con el calzón embutido en su boca, su anito le ardía, pero curiosamente también le gustaba como se sentía. No era dolor, no exactamente. Era la abrumadora sensación de estar *completo*, de ser poseído de una manera que lo dejaba sin aliento. Poco a poco relajó su cuerpo y aceptó el hermoso placer que le daba el miembro del mayor. Gemía con fuerza, tocaba su cuerpo y movía sus piernas tratando de escapar, pero no de Fernando, sino de ese placer tan repentino e inmenso.
Los fuertes gemidos del joven se mezclaban con los del niño inundando la habitación. Un macho salvaje dominando a su putito. Fernando apretaba los labios intentando retener su corrida, sentía que se venía, era demasiado placer para un primerizo, no podía con tanto, y en un último acto antes de correrse vio fijamente al niño y retiró el calzón de su boca logrando escuchar el fuerte gemido que lanzó desde el interior de sus pulmones.
– L: ¡Uhh! Fer ~mmm rico, rico Fer ~ ahh.
Aquella confesión lo dejó atónito, genuinamente pensó que Lucas tendría miedo de él, pero por el contrario gimió vulgarmente en su cara pidiéndole que siguiera violando su pequeño ser. Eso terminó de soltar su último tornillo de moralidad. Sujetó al niño de la cadera y lo pegó a su pelvis con fuerza, levantó su pierna derecha llevándola a su pecho y comenzando a penetrarlo con firmeza, adelante y atrás, metiendo y sacando casi todo su miembro y provocando que un grasoso liquido escurriera de la unión de ambos órganos.
– F: Ohh Lucas ~ ahh, ya casi pequeño, ya viene.
– L: Ahh, ay ~ ahh mi culito Fer… mi culito.
Fernando, poseído por el placer cargó a Lucas en brazos aun con su verga incrustada en su culito y se acostó en la cama con el niño encima suyo. Enseguida posó sus manos en sus nalguitas y se centró en subir y bajar su cuerpecito sobre su duro pene, haciendo que entrara, saliera y chapoteara con facilidad. “Plash, plash, plash” resonaba la peluda pelvis del niñero con las nalguitas lampiñas de Lucas quien se aferraba a su pecho resistiendo las fuertes pero deliciosas embestidas.
Abrazó al niño por la espalda y empezó un suave y profundo movimiento pélvico con el que consiguió introducir toda su verga en su culito. Lucas gimió en voz alta al sentir el grueso miembro moverse y palpitar suavemente en su abierto ano y a pesar de que le causaba ardor que lo hacía querer llorar, su pequeña próstata se hinchara y le dieran ganas de orinar. Fernando subió y bajó sus manos sobre su espaldita, intentando que se calmara y retener su corrida el mayor tiempo, pero le fue imposible.
– F: Ahh ¡mierda! Lucas, me corro ~ uhh.
– L: Mmm ~ mmm~ que rico ~ ahh.
– F: Aquí viene puto, toma toda mi leche ~ ahh, ¡tómala toda pequeño maricón!
Finalmente, ocho potentes disparos de abundante leche llenaron las tripitas del niño, tanqueándo su culito sin parar. Fernando bufó cual toro sintiendo su miembro expulsar chorro tras chorro y el recto de Lucas contraerse con cada palpitación.
Al mismo tiempo, el pequeño Lucas sintió el tibio y basto liquido esparcirse por dentro y comenzar a desbordarse por los pliegues de su anito, hasta que ambos se desplomaron uno encima del otro, uniéndose en un profundo beso tan morboso que la verga del niñero expulsó un último chorro de semen en el culito del menor, un beso que selló el destino de esa rica, pero prohibida relación.
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Hasta acá la entrega. No se olviden de mandar foto verga, sin miedo que no juzgo, solo disfruto😈Les dejo el tele @Samu19973. NO hago cambios, solo relatos y morbo. SI mandan foto pregunten por su regalito, aquí lo importante es que gocemos todos.


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