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Dominación Hombres, Gays, Intercambios / Trios

De macho me convertí en Puta

Algo inesperado paso en mi vida.
Era el último verano antes de terminar el instituto. Las hormonas revolucionadas, dos o tres pajas por día no eran suficiente para calmar mi calentura permanente. Había estado con alguna chica pero sólo besos y toqueteos, sin concretar nada. En la intimidad, en la privacidad de mis pensamientos, me calentaba mucho imaginar que chupaba una polla. Me daba cierta culpa y no quería asumir mi deseo, pero a la hora de masturbarme mis pensamientos inevitablemente se dirigían hacia ahí.

El largo verano empezó normal, durmiendo mucho y por las tardes me reunía con varios chicos y chicas en el club del barrio o en alguna de las casas con pileta. Yo era consciente que le atraía a algunas chicas. Soy alto, delgado, pero con un cuerpo atlético y sobretodo con lindas piernas y una colita parada. Para cuidar las apariencias mantenía charlas y alguna que otra aproximación con las chicas, pero al volver a casa me masturbaba pensando en pollas.

Todo empezó una tarde en la casa de Luis, un chico morocho dos años mayor que yo, un poco más bajo pero morrudo. Lo conocí ese verano por ir a su casa con pileta. Ese día no habíamos organizado ninguna juntada pero fui a su casa a refrescarme y él aceptó. Luego de bañarnos nos pusimos a jugar a la Play. Como todas las tardes, su casa estaba sola ya que sus padres trabajaban hasta la noche. Como siempre yo iba caliente, con ganas de una paja y la situación de estar solo con ese chico empezó a subir mi temperatura, aunque eran cosas que ocurrían en mi mente, ni se me cruzaba por la cabeza hacer algo con algún chico.

El juego se estaba poniendo aburrido, pero a Luis se le ocurrió ir haciendo apuestas en cada partido. Primero fue por unos pocos pesos y gané, después que el que perdiera tenía que intentar besar a una chica que era bastante fea y por suerte volví a ganar. En el tercero fue Luis quien puso la prenda que consistía en tocarle la polla al otro. Me puse muy nervioso y le dije que era un marica, pero por dentro me daba mucha curiosidad. Le dije que le iba a ganar de todas formas y acepté. Gané por tercera vez. Me bajé el traje de baño hasta los tobillos dejando a la vista mi polla a media asta. Una polla normal, de unos 17cm. Yo estaba serio, el corazón me latía a mil por hora, no podía ver a Luis a los ojos, pero miraba cómo su mano se acercaba hasta que envolvió mi pija. Sentir esa calidez hizo que me empalmara y emita un leve gemido. Pero fue muy corto. El morocho dijo «listo, ya te la toqué. Ahora el que pierde se la chupa al otro». Ese reto hizo que se me ponga dura del todo. Sólo asentí con la cabeza y empezamos el cuarto partido, yo seguía con mi polla al desnudo.

Debo decir que no me dejé perder, toda la situación me tenía muy distraído y no pude concentrarme. Estaba nervioso, me sudaban las manos. Casi lo empato al final, pero Luis se llevó el triunfo. Mi mente estaba en blanco, mi destino se había definido en unos minutos en un partido de la Play. El morocho festejó el triunfo y sin más preámbulo se sacó su bañador y se recostó desnudo sobre el sillón. Tenía una hermosa polla, gruesa, un poco más larga que la mía, de unos 19 o 20 cm, con un bello bien recortado. Estuve a punto de negarme, era demasiado para mi. Pero algo por dentro me impulsó, tenía que ir en busca de mi destino. Tímidamente me coloqué entre sus robustas piernas, con mi colita blanca y lampiña al desnudo. Agarré su polla con mi mano y sentí por primera vez esa dureza, esa herramienta caliente y palpitante. Se la toqué unos segundos, como queriendo demorar lo inevitable. Luis estaba callado, su respiración agitada. Pasé mi lengua por su tronco, para probarla. Su textura me encantó. De a poco se la empecé a comer y en ese instante supe lo que quería en mi vida respecto a mi sexualidad.

Luis gemía levemente y acariciaba mi pelo, yo me frotaba sobre el sillón para calmar mi calentura. De a poco me fui animando a comérsela un poco más. La prenda no era chuparla hasta que el otro acabe. Quería seguir, pero me pareció mejor no entregarme tan rápidamente. Frené la mamada y le dije que ya había cumplido. Luis me miró decepcionado, se moría de ganas de que siga. No se qué pasó por mi cabeza en ese momento, pero me invadió una culpa repentina. Le dije que me tenía que ir, Luis propuso otro partido pero no acepté. Me puse mi bañador y fui al baño. Quería un instante a solas con mi pensamiento. Me sentía un maricón, me dio mucho miedo que Luis le contara al resto de los chicos. Pero por otro lado me había encantado, por dentro sabía que lo volvería a hacer.

Al salir del baño estaba Luis parado frente a la puerta. Nos miramos y Luis se bajó el bañador sin decir nada. SU polla seguía un poco dura. En mi lucha interna entre la culpa y el deseo ganó este último. Se me hacía agua la boca y no pude evitarlo. Me arrodillé frente a él y se la volví a mamar. Ya no había vuelta atrás. Lo agarré de sus nalgas y me la volví a comer con ganas. No duró mucho. Al minuto me avisó que se corría y me aparté mientras él se masturbaba, largando poderosos chorros de leche que fueron hacia el suelo. Gimió, su respiración estaba muy agitada. Sin decir nada me fui a mi casa sin darle tiempo a que se recuperara.

Esa semana no nos escribimos y tampoco fui a las juntadas en el club, pero no podía hacer otra cosa que pensar en Luis y en su polla. No paraba de masturbarme pensando en ese momento, hasta que por fin me escribió. Como si nada hubiese pasado me invitó a su casa a bañarnos jugar a la Play. Me puse nervioso, tardé en responder, pero era el mensaje que estaba esperando, el que deseaba. Esa tarde, a la hora indicada, estaba nuevamente en su casa. No nos conocíamos mucho, no teníamos mucho de qué hablar, pero Luis intentaba que el momento no fuera tenso. Ninguno quería hablar sobre lo que había pasado, estábamos esperando pasar a la acción pero no sabíamos cómo. Nos bañamos, de a poco nos fuimos relajando y hablando de cosas banales, hasta que en un momento quedamos frente a frente en el agua. Le sonreí nervioso y luego cerré los ojos. Nos besamos tímidamente, unos segundos. Dirigió mi mano a su polla que la toqué por encima de su bañador. Estaba dura como una piedra. Le bajé el bañador y se la empecé a tocar por debajo del agua. Luis estaba muy caliente y se dirigió hacia el borde de la pileta, sentándose con sus piernas dentro del agua y su polla a la altura de mi cara. Era el momento que estuve esperando durante una semana. Se la volví a mamar. Estuvimos unos minutos hasta que el morocho anunció su corrida. Me aparté pero seguí masturbándolo, sintiendo en mi mano cómo su polla se ponía, mas dura y se hinchaba antes de largar largos y abundantes chorros de semen que cayeron en el agua.

Esta vez no me fui. Esperé que se recuperara y luego me sonrió. Yo hacía de cuenta que no había pasado nada y él también. Yo estaba muy caliente pero no pretendía que que él hiciera algo. Pasamos la tarde jugando a la Play y antes de irme, fui yo el que tomé la iniciativa. Estaba muy caliente y le dije que se la quería volver a chupar. Nos empezamos a besar apasionadamente en el sillón. Luego nos paramos y nos bajamos los bañadores. Estábamos en la mitad de la sala desnudos, su fuerte pecho cálido contra el mío, nuestras pollas rozándose. Por primera vez Luis acarició mi cuerpo, sus fuertes manos se deslizaron por mi espalda haciéndome suspirar. Siguió bajando hasta acariciar mis nalgas. Instintivamente las paré y Luis las agarró con fuerza. Me encantaba cómo me tocaba. Por primera vez sentía lo que era estar en los brazos de un hombre. Luego me dio vuelta, quedando mi espalda pegada a su pecho. Con una mano me agarró de la cintura y con la otra de mi pecho, apretándome contra él. Me besaba el cuello mientra yo pegaba mis nalgas contra su polla. Sentir su herramienta caliente entre mis nalgas fue una sensación única. Empecé a frotarme contra él, estaba entregado, pero no quería llegar tan lejos. Me di vuelta, le dediqué una sonrisa y me arrodillé para marmársela de nuevo. La tenía muy dura.

Se la chupé suave. la llené de saliva y lo masturbaba lentamente y luego me la volvía a meter a la boca. Yo estaba muy caliente y quería probar su leche. Se lo hice saber, le dije que quería tragarme su leche y ese fue el detonante. Mis palabras lo pusieron a mil y a los pocos segundos empezó a descargar abundante semen en mi boca. Ese líquido caliente, viscoso en mi boca, bajando por mi garganta me hicieron sentir muy putito. Generar ese placer en otro hombre era lo que más me estaba gustando de la experiencia con Luis, que cayó rendido en el sillón mientras yo tragaba su leche. Me vestí, fui al baño a enjuagarme y antes de irme le dije que volvía al día siguiente.

Y así fue…lo que había vivido era demasiado placentero, por más que tuve que saciar mi calentura en el baño de mi casa. Eso no me importaba, el placer no me lo daba sólo acabar sino poder satisfacer a otro hombre. Algo que volví a hacer al día siguiente. Sin tantas dudas ni vueltas, la tarde siguiente volvimos a frotar nuestros cuerpos, volví a sentir sus manos y su verga sobre mis nalgas, pero no sentía el deseo de ser penetrado. Por dos días me dediqué a calentar a Luis y luego mamarle su polla hasta beberme su néctar. Nadie sabía por qué no íbamos más al club, nadie sabía que nos encontrábamos en su casa a darnos placer.

El viernes llegué a casa de Luis a la mañana, más caliente de lo habitual porque no había podido masturbarme el día anterior. Decidimos vernos más temprano para pasar todo el día juntos ya que el fin de semana estaban sus padres todo el día. Me esperaba tomando sol desnudo. Yo quería con ansias esa polla pero luego de chupársela un buen rato, el morocho decidió parar. No quería acabar aún, teníamos todo el día por delante. Al ir los dos calientes no parábamos de tocarnos y rozarnos. LLegado el mediodía me dispuse a preparar algo para comer. Estaba en la cocina sólo con mi bañador hasta que siento a Luis detrás mío. Susmanos acariciaron mi cintura bajando por mi cola. Luego subió por mi espalda y volvió a bajar. Sentí que se arrodilló detrás mio y bajó de a poco mi bañador, quedando mi colita frente a su cara. Sentía su respiración entre mis nalgas y me hizo suspirar. Acarició mi colita con suavidad y de a poco abrió mis nalgas para luego pasar su lengua por el interior, bordeando mi agujerito. Así estuvo unos segundos de placer eterno, hasta que empezó a comerme el agujerita, a besarlo, lamerlo, mientras que con sus manos abría mis nalgas y las apretaba con fuerza. Yo para mi colita para que me comiera y gemía de placer. Un placer único. Placer breve, ya que Luis se paró después de unos minutos, me volvió a agarrar mi colita desde atrás dando una pequeña palmada y se marchó. Me quedé muy caliente, quería mucho más.

Esa tarde en la pileta nos estábamos bañando desnudos. Yo buscaba su polla para mamarla pero Luis no me dejaba. Le pedía al oído que me la deje chupar, que me llenara la boca de leche, pero me repetía que después. En un momento nos empezamos a besar en las escaleras de la pileta, los dos con nuestras pollas bien duras, frotándose entre ellas. El morocho me pidió en el oído que me arrodille en las escaleras. Obedecí. Luego me puso en cuatro con mi colita parada, apenas cubierta por el agua y a su disposición. Luis me volvió a comer la cola, ahora con más facilidad, más profundo, más placentero. Yo me movía como si me estuviera follando, hasta que sentí sus dedos jugando en mi agujerito. Sabía lo que pretendía y me dejé llevar. No lo iba a dejar penetrarme, no tenía pensado que un chico me follara, pero sabía que así se iba a poner más caliente y me iba a dejar chuparle la polla.

Todo cambió cuando introdujo su primer dedo. Di un pequeño gritito pero fue algo nuevo. Algo molesto pero un placer nuevo e interesante para seguir explorando. Luis combinaba su masturbación anal con sus besos y lengua en mi agujerito que tanto me gustaban. Me dejé llevar hasta que fueron tres dedos y mucha saliva. La sensación era rara, me sentía muy abierto pero el roce de sus dedos me estaba dando una sensación de placer que desconocía. No se si él era consciente de lo que me estaba provocando, pero yo acompañaba sus dedos con el movimiento de mi cadera, no quería que parara. De verdad no lo tenía pensado, pero en ese momento quería su polla en mi colita, lo quería sentir, pero Luis se tomó su tiempo hasta que estuve bien dilatado y viendo que no ponía resistencia se incorporó parándose en los escalones detrás mio y apoyando su dura polla entre mis nalgas. Iba suceder. Yo estaba relajado, muy caliente y de a poco sentía la punta de su polla explorando mi colita. Era mejor, mucho mejor que sus dedos. Me dolía un poco, me ardía, pero el calor de su polla me daba placer, me llenaba, no quería que pare. Sus manos agarraban mi cintura. Me sentía entregado, poseído por ese macho que iba introduciendo su polla hasta que su pubis hizo contacto con mis nalgas.

Luis empezó una lenta penetración mientras yo gemía. Estuvo unos minutos así, follándome lentamente mientras me iba acostumbrando a su polla. Luego se salió, bajó nuevamente hasta mi agujerito para comerlo, introducir su lengua. Yo estaba tocando las estrellas. Me invitó a incorporarme y luego nos acostamos en una manta sobre el césped y de frente a mi, con mis piernas abiertas, volvió a cogerme. Empezó lento y de a poco aceleró sus movimientos. Fue demasiado placer y me empecé a masturbar hasta que no aguanté más. Tuve un orgasmo único, distinto a todo lo anterior. El placer nacía de lo profundo de mi colita, como una corriente eléctrica invadía mi cuerpo y una gran descarga de semen regaba todo mi cuerpo. Mi mente estaba en blanco, mi cuerpo se contraía. Me fui recuperando mientras que Luis sacaba su polla de a poco. Me quedé rendido con los espasmos de placer que todavía recorrían mi cuerpo hasta quedarme dormido.

No se cuánto tiempo pasó hasta que Luis me despertó ofreciéndome un vaso de limonada que acepté con gusto. Le sonreí, lo bebí y luego me fui a bañar, mi cuerpo estaba todo pegoteado. Fue hermoso ducharme con mi cuerpo relajado y en mi colita tenía una sensación extraña. Un poco de incomodidad, de dolor, pero cuando me rozaba con el jabón sentía la necesidad de que me vuelvan a follar. Al regresar a la pileta mi macho estaba tendido en una reposera, todavía desnudo. Fui directo a buscar mi manjar, a mamarlo hasta recibir mi porción de leche, pero mientras lo estaba mamando quería volver a sentir su polla en mi cola. Una vez que su polla estaba bien dura lo invité a pararse y luego de algunos besos me colocó sobre una de las paredes del patio, volvió a comerme la colita y me folló en esa posición. Lo hizo con más fuerza. Con sus manos levantó una de mis piernas y me sentí muy abierto mientras su hierro caliente taladraba mi agujerito que hasta hacía unas horas era virgen. Un minuto después su descarga no se hizo esperar. Pensaba que no la iba a sentir pero percibí con detalle los chorros de semen que calentaban por dentro mi cola.

Luis frenó su penetración, con su cuerpo descansando sobre mi espalda mientras su respiración se recomponía. Fue sacando su polla de a poco y con ella sentía sus restos de semen escurrirse entre mis nalgas y bajar por mis piernas. No puede evitar probarla. Había sido la tarde más placentera de mi corta vida…y yo que me resistía a probar el placer anal.

———————continuara–

12 Lecturas/14 enero, 2026/0 Comentarios/por Jotarico
Etiquetas: anal, baño, follando, follar, mamada, mayor, orgasmo, semen
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