De Niña a Hotwife (2): Las Siluetas de mis Padres.
…Un llanto nacía de su garganta, provocado por del miembro grueso de mi padre al momento de penetrarla con fiereza y que se volvía doloroso para ella, y así aprendí, que en el sexo, el éxtasis no solo llega por el placer, también de la aflicción….
Hola a todos, espero hayan disfrutado de mi relato anterior, veo que tuvo muchos interesados, por eso me decidí a contarles una siguiente parte, disfrutenlo mucho. Si recibo mucho apoyo y comentarios les traeré la siguiente parte más rápido, entre más morbosos mejor, deseo complacerme al leerlos y saber lo que piensan de mis experiencias de jovencita. Gracias por leerme.
Relato anterior:
Como niña curiosa que soy, no pasó mucho tiempo hasta que mi personalidad aventurera me diera el valor de explorar aquellas noches de pasión que tenían a mis madres aullando de lujuria. De tantas veces que repitieron el patrón, tenía en mente el calendario y las señales que indicaban que su idilio sucedería, especialmente, el hecho de que mandaban a dormir a mi hermano y a mí temprano, junto con las “duchas especiales” de mi mamá que parecían ser mucho más minuciosa esas ocasiones. LLegó la hora de la verdad, y mi cuerpo no dejaba de temblar por el miedo de ser atrapada, pero mi necesidad de saber más era superior, armada solo con mi camisón rosa de Mimi, mis pantys azules y mucha intriga, salí de mi cuarto intentando hacer la menor cantidad de ruido posible, ya que dejé la puerta algo abierta para esa ocasión, aunque con los sonidos de mis padres sería difícil distinguir algo. Fuí a gatas hasta la entrada de su recamara, por suerte no estaba lejos, ya que teníamos cuartos conjuntos, y para mi sorpresa y fortuna, su puerta estaba ligeramente abierta, por lo que mi misión se volvió mucho más accesible.
Me moví con todo el sigilo que mi cuerpo infantil me permitió, hasta llegar a la pequeña abertura de sus aposentos, desde el pasillo pude distinguir los sonidos noctámbulos a los que ya me había acostumbrado, pero ahora eran más claros, por lo que pude notar lo fuertes que eran sus gemidos y gruñidos, y ante mí, una escena que jamás olvidaré. El cuarto estaba oscuro pero había una silueta que era distinguible gracias a la lámpara de la calle y la televisión encendida, a pesar de la espesa noche y que la luz del televisor cambiaba la iluminación de ese lugar, logré vislumbrar a mi madre, con su hermoso cuerpo curvilíneo, de rodillas y saltando sobre la cama con ritmo apasionado y muy efusivo, sus senos se contoneaban con desenfreno, casi con un aura hipnotizante que me hizo tener un pensamiento relámpago, pues esos lecheros fueron los mismos que me alimentaron cuando era más pequeña, y ahora exudaban gotas de perversión que, debo admitir, me hicieron desear volver a poner mi boca en ellos. A pesar de esa maravillosa vista, no alcanzaba a distinguir qué tenía debajo de ella, ya que su culo enorme no parecía tocar el colchón, por lo que decidí meter un poco más mi cabeza en su habitación, por suerte ella estaba dando la espalda a la puerta, lo que me permitió ser más atrevida en esa ocasión.
Nunca me imaginé lo que mis ojos inocentes presenciaron, pues mi papá estaba debajo de ella, lo supe la entrever sus piernas velludas atravesando la cama, lo que me hizo retroceder un poco, y por azares del destino, la luz de la tele me dejó ver por un momento las manos de mi padre en el culo contoneante de mi progenitora, su esfuerzo por tomarlo para hacer un movimiento de elevación y casi intentando partirlo por la mitad me impactó y abrió mi boca, que se esforzaba por no producir sonido alguno. Las nalgas de mi madre y el movimiento intenso de las caderas de mi padre provocaban un sonido inconfundible, en el que la carne explotaba con pasión la lujuria de ambos, pero en ese momento entendí que el placer no era lo único que sentía mi mamá, porque entre gemidos y suspiros, un llanto nacía de su garganta, provocado por del miembro grueso de mi padre al momento de penetrarla con fiereza y que se volvía doloroso para ella, y así aprendí, que en el sexo, el éxtasis no solo llega por el placer, también de la aflicción. Sus alaridos eran cada vez más fuertes y el patriarca de la familia solo hacía bramidos y soltaba una que otra palabra que no alcancé a distinguir.
Me sentí tan exaltada por dicha escena que decidí sacar mi cabeza de ese lugar y regresar a mi cuarto tan rápido como pudiera sin ponerlos bajo aviso, no pude cerrar mi puerta para que no se supiera que estaba despierta, pero me protegí con las sábanas de mi cama, esperando no ser descubierta. Mientras los minutos pasaban, los pensamientos de lo sucedido invadieron mi mente, la idea de que mi padre, efectivamente lastimaba de forma descarada a mi mamá despertaron sentimientos muy fuertes en mí, la preocupación de que mi mamá sufría los castigos de mi padre me hicieron temer de una forma inexplicable, porque yo siempre lo he amado, pero sus actos eran confusos para una jovencita como yo, que ya empezaba a ser influenciada por esas imágenes. No lo había notado hasta que mi cuerpo se calmó, pero comencé a percibir un cambio en mi persona, con mi mano, inspeccioné mi entrepierna, y noté una ligera humedad en mi nobleza, no era muy marcada, pero suficiente para que me surgiera una pregunta “¿Qué me está pasando?”
Este evento se dió un par de veces más, pero esa fué la única ocasión en que pude verlos de forma clara, ya que mi miedo a ser descubierta no siempre me permitió ser tan aventurera, pero era común para mi espiarlos en sus noches de fogosidad, más cuando llegaban a discutir de algún asunto particular, especialmente los celos de mi papá, quien siempre le recriminaba a mi mami las relaciones que llevaba con otros hombres, lo que años después me hizo sospechar que sus constantes sesiones de sexo rudo se daban por la furia que sentía mi padre proveniente de sus celos que lo carmcomían, lo que le hacía soltar toda su euforia en el cuerpo erótico de mi madre. Siempre terminaban reconciliados con mi madre recordandole lo mucho que lo amaba, lo que me dió cierta calma y tranquilidad al ver que nunca fueron peleas peligrosas, incluso, al digerir este concepto, me dió cierta ternura al verlos tan amorosos luego de que tenían acción entre ellos. Pero esos pensamientos fueron interrumpidos cuando había noches en las que no me explicaba como los gritos de mi madre no despertaban a mi hermano, ya que, al asomarme brevemente, podía ver a mi padre acostado de lado con mi madre dándole la espalda, en lo que ahora sé que era la posición de “Cucharita”, pero todo ese amor parecía ser reemplazado por desprecio y salvajismo, notorio en las palabras de mi madre.
Mamá: -Para por favor, yaaaaa, yaaaaa, no, ya no… no… quiero…- Decía entre lágrimas y sollozos.
Papá: -¡Cállate! Esto es… lo que te… mereces… Por ¡Puta!- Sus embestidas cortaban su discurso, que estaba cargado de intenciones genuinas para provocarle dolor.
Para una joven que apenas había pasado su primera década de vida, esas palabras eran el enigma más grande
-Si se aman tanto ¿Cómo es que ella le permite hacer eso?- Dije para mis adentros.
Con el tiempo, llegué a la conclusión de que sus gritos eran provocados por un sexo anal tan fuerte y rudo que estaban desgarrando a mi madre, sufriendo la cólera y lujuria de su esposo en su interior y que seguramente la dejaban lastimada en un nivel que no podía ni imaginar. El miedo volvió a emerger en esos momentos, un tétrico sentimiento de peligro hacia mi padre me inundaba y solo quería que mi madre escapara de esa tortura, pero, en vez de escuchar una respuesta negativa de mi mamá, sus palabras me dejaron aun más atónita.
Mamá: -Entonces, mejor… apurate…- Alcanzó a decir con una voz más decidida pero aún con rastros de dolor en su pronunciación.
El movimiento bestial de mi papá duró unos cuantos minutos más, sacandole lágrimas a mi mami que eran notorias en su lamento, hasta que él dejó de moverse, dando fin a su éxtasis.
Mamá: -¡Ya quítate, por favor!- Aunque no lo dijo gritando, su orden fue atendida por su esposo, quien se hizo a un lado, pues el tono de mi mamá era firme y no estaba de humor para soportarlo.
Mi piel se erizó y mi sangre se puso helada cuando percibí que mi padre saldría del cuarto para ir al baño, y como si de un gato se tratara, salí lo más rápido que pude hasta mi habitación para ocultarme. No sé cómo es que se me ocurrió, pero quise saciar un poco más mi curiosidad esa noche, y me quedé casi al raz del suelo dentro de mi cuarto, pero con la puerta ligeramente abierta, esperando el momento en que mi papá fuera al baño, y entonces se me reveló aquello que le daba a mi mamá placer y dolor por partida doble; el miembro semi-erecto de mi papi pasó por un momento frente a mi cuarto y pude ver su forma, como si de un flash se tratase, capturé en mi memoria los pocos detalles que pude alcanzar a distinguir, desde su forma carnosa que perdía poco a poco su dureza, rodeada de muchos vellos hasta sus huevos que eran bastante grandes a mi parecer (Años después, llegó a mi mente la duda de como serían cuando estaban llenos de esperma) luego supe que el largo era promedio, pero lo que más me impactó fué su grosor, donde se marcaban algunas venas pero que sería difícil para mí abarcarlo con mi mano, para una niña, esa cosa era enorme. Aunque no entendía del todo la mecánica de las travesuras que hacían, ya me habían hablado de la privacidad y de las partes íntimas de la gente, pero fue la primera vez que ví una verga en vivo y a todo color, que era un tono un poco más oscuro que el resto de su piel morena.
Esa imágen me persiguió por varios días, hasta que pasaron dos semanas desde aquel momento. Había una sensación de culpa y satisfacción al conocer los sucios secretos de mi familia, que solo crecía con cada visita anónima a su idilio oscuro, lo que me hizo notar que poco a poco mi inocencia se perdía en el pasado y ahora surgía en mí un atisbo de perversión que era latente, desesperado por manifestarse. Para suerte de mi recién descubierta faceta de morbo, la oportunidad de vivir un clímax juvenil se presentó una tarde al son de un timbre, al que mi mamá respondió muy emocionada; al abrir la puerta, la figura de mi despertar se hizo presente:
Hombre: -Hola nena- Me dijo con una alegría cálida y reconfortante. Ante la sorpresa, grité de emoción
Yo: -¡Tío!-
Si les gustó mi experiencia, por favor dejen sus comentarios, no sean tímidos. Entre más cosas sucias e insultantes me digan, más motivada estaré para contarles más aventuras. Si me tientan lo suficiente, les daré mi correo para recibir sus comentarios y para que intercambiemos contenido. Nos leemos pronto.
Que rica perrita caliente, sigue asi, contando como te volviste una buena puta ❤️😘
Exelenteeee exquisito pero que a mitad de camino
No hay nada mejor que una famila ahí para criar a sus zorritas, el cielo es el límite y entre mas temprano mejor, no hay tiempo que perder con mojigatas solo las más putas heredarán la verga de sus papitos
He leído tus dos relatos, muy bien relatados por cierto, y me ha encantado tu acercamiento al sexo de los mayores, con incertidumbre y curiosidad, bendita curiosidad, que nos hace buscar explicación a estas conductas de los mayores, sobre todo cuando comenzamos, siendo muy jovencitos, y tus primeras impresiones de que, observando estas conductas, sorprendentes, pero intensas, en una palabra te ponías «caliente» incluso sin saber aun que era eso.
Gracias y felicidades por tus relatos, seguiré tus próximos relatos con mucho interés y si te parece hasta podemos intercambiar experiencias. Besos.
muy bueno, bien narrado, amo esa curiosidad perversa y el crecimiento de una putita, dudo que tu hermano durmiera, se mataba a pajas y seguro vos te tomastes varias de esas leches, espero con ganas la proxima
Me parece que esa niña quiere que su papá le abra bien el culo con su pija y chupar bien a su mamá
Me gusta mucho cómo escribís.
Muero por saber qué pasaba por tu cabecita de niña curiosa, excitada, al ver la verga de tu papá en la penumbra. Te imagino luego, volviendo a la cama, nerviosa, pensando en cómo se vería a plena luz, en cómo se sentiría tocarla con tu manito virgen.
También quisiera leer más sobre cómo resurgió en ti el interés por los pechos de tu mami: mi mente vuela al pensar qué harías con tus manitos si ella volviera a alimentarte… y también me pregunto qué haría ella con sus manos si te tuviera mamando y lamiendo el pezón con la curiosidad y lujuria propias de una niña de tu edad, cuya joven sexualidad va surgiendo lentamente.
Tengo mil preguntas, y también cosas para contarte (si estás interesada).
Iván
Que cosa más rica me encanta compares seguí
Espero tu próximo relato con ansias para saber cómo parte a tu mamá y como te inician a ti con las Vergas de tu familia … Saludos
Yo también, pero más niña, procuraba ver a mis padres cogiendo. Era un gran espectáculo ver entrando y saliendo de la pepa de mi madre, reluciente y babeante el gran palote de papá. Desde entonces me enamoré de él, pero nunca me atreví a más allá que darme sentones cuando me sentaba sobre él o tomar sus manos y ponerlas sobre mis pequeñas bubis a mis 10 años y él me mandaba a ayudarle a mi mamá en la cocina.
A los doce, escondida me pajeaba escuchándolos gimiendo, resoplando o a mi mamá pidiendo más.
Que rico parece esto, me quedé con ganas de leer mas