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Dominación Hombres, Fetichismo, Gays

El Electricista Madurito y el Osito Peludo que se Dejó Coger Sin Límites.

un joven osito gordito y peludo solo en casa… hasta que llega el electricista madurito y robusto para hacer una simple instalación. Lo que parecía un trabajo rutinario se convierte en una tarde intensa, sucia y sin límites entre dos machos que descubren lo mucho que disfrutan jugar juntos..
Me presento: soy un gordito de 26 años, bastante peludo en la panza y sobre todo muy peludo en la verga. Mi verga mide 14 cm, es muy gruesa y me cuelgan los huevos, igual de peludos. Suelo ser el activo en mis encuentros gays. Soy bisexual, pero tengo más gusto por los hombres. Aun así, de vez en cuando me cojo a una mujer o a una prostituta… ¿Por qué? Porque quiero. Tanto hombres como mujeres me ruegan que les dé verga, y se la doy con gusto.


Ya aclarado eso, vamos al relato.

Esto pasó hace dos años. En esa época estaba en los últimos meses de la universidad y el estrés era brutal: trámites, clases y toneladas de tareas. Apenas tenía tiempo de salir de casa a coger, ni siquiera para masturbarme como me gustaba. Pero ese día fue diferente. Después de terminar todos los trámites y proyectos, por fin tenía un poco de respiro.

Llegué a la universidad muy temprano en la madrugada. Estábamos esperando a que abrieran el salón, pero nada. De pronto una compañera nos avisó que en la página oficial habían anunciado que no habría clases por fumigación. Todos nos quedamos con la cara larga, frustrados después de tanto esfuerzo y noches sin dormir. Mis amigos empezaron a planear qué hacer: si ir a tomar a la casa de uno o a comer. Les dije que prefería irme a mi casa a descansar. Lo entendieron y nos despedimos.

Tomé el camión rumbo a casa. Al llegar saludé a mi mamá y le conté que habían suspendido las clases. Ella solo me dijo que no me enojara, me sirvió el desayuno y me mandó a descansar. Antes de irse me avisó que vendría el electricista y que yo tenía que recibirlo porque ella tenía que ir a cuidar a mi abuelo. Le dije que no se preocupara, me explicó dónde sería la instalación y se despidió con un beso en la frente.

—Nos vemos, hijo. Te quiero.

—Igual, má. Te quiero.

Cerró la puerta y me quedé solo en casa. Me tiré en el sillón y me dormí un rato.

Dos horas después tocaron a la puerta. Me desperté de golpe y fui a abrir. Era el electricista.

Era un hombre robusto, con una pancita cherola, vestido con un overol completo de trabajo. Tenía los brazos peludos, una barba de candado y chivo muy bien definida con algunas canas. Se veía exactamente como me gustan: un madurito. Mi gran debilidad siempre han sido los maduritos, sobre todo cuando son dominantes y me obligan a ser su putita. Eso me excita muchísimo.

Le dije que pasara y le expliqué dónde iba a hacer la instalación. Solo respondió “está bien” y empezó a trabajar. Yo me senté en el sillón, supuestamente para vigilar, pero en realidad no podía dejar de analizar cada parte de su cuerpo. Se me había olvidado que se llamaba Gustavo.

Después de media hora, sacó plática porque ya me veía muy aburrido:

Gustavo:¿Y qué onda, joven? ¿Ya estás aburrido?

Me desperté de golpe, casi me estaba durmiendo.

Yo: Discúlpeme, don. Es que estoy súper aburrido y tanto silencio me da sueño.

Gustavo: Entiendo, joven. ¿Me puedes ayudar con algo?

Asentí con la cabeza.

Gustavo: ¿Me pasas esas pinzas?

Me levanté y se las pasé. Luego le ofrecí algo de tomar.

Yo: ¿Quiere algo de tomar? Tengo jamaica, coca cola y unas latas de cerveza.

Gustavo: No es mucha molestia, pero me caería bien una cervecita.

Le abrí la lata y se la pasé. Al momento de dársela, Gustavo rozó intencionalmente sus dedos con los míos. Entendí la señal al instante. Dio un sorbo, aún arriba de las escaleras preguntó:

Gustavo:¿Y tú, tienes novia?

Yo: No, por ahora no estoy en ninguna relación.

Gustavo: Aquí entre hombres… ¿y te has echado a alguna muchacha? ¿Una prostituta, tal vez?

El ambiente ya se había puesto más confiado, así que contesté con sinceridad:

Yo: La neta, sí, don. Con una muchacha del centro.

Gustavo eructó y soltó una carcajada:

Gustavo:¿Neta, joven?

Yo: Sí, don. Soy bien cogelón.

Se rio con más ganas y luego me preguntó si podía pasar al baño. Le dije que sí y le indiqué dónde estaba. Bajo de la escalera y fui detrás de él, pero yo me dirigía a mi cuarto a buscar algo. Al regresar por el pasillo, vi que la puerta del baño estaba entreabierta. Me asomé y ahí estaba don Gustavo, todavía orinando, meneando su verga de un lado a otro.

Cuando giró la cara y me vio, en vez de cerrar la la puerta , se la meneó más descaradamente. La tenía semierecta. Con la cabeza me hizo una seña para que entrara. No dudé ni un segundo.

Gustavo: Me gustaste desde que te vi. Te ves como un osito peludito.

Sin decir nada más, me dejé llevar y empecé a tocarle la verga.

Gustavo: ¿Te dejas coger?

Yo: Normalmente soy activo… pero para usted puedo ser su putita.

Su verga se puso más dura mientras la acariciaba. Me senté en la taza del baño y le empecé a chupar. Tenía un sabor salado y olía a sudor de hombre. Eso me prendió muchísimo más. Después de unos cinco minutos ya la tenía bien dura y parada.

Yo: Si quiere, podemos ir al cuarto…

Gustavo: Vamos pues.

Me levanté, me puse frente a él y le di la espalda. Me dio una buena nalgada.

Yo: Uy… jeje.

Gustavo: Es que tienes un culote que me encanta.

Nos fuimos al cuarto y nos desnudamos por completo. Por fin pude ver a don Gustavo desnudo: pecho peludo, panza peluda y una verga super peluda, como una montaña de pelos alrededor. Medía más o menos como la mía, unos 14 cm, pero se notaba más gruesa.

Agarré su verga y la puse junto a la mía.

Yo: Mire, don Gustavo, nuestras vergas son casi iguales.

Gustavo: Es cierto, joven… pero la mía es más gruesa, jajaja.

Nos empezamos a besar con lengua bien profundo y baboso. Don Gustavo me empujó sobre la cama y sin perder tiempo me levantó las piernas y empezó a mamarme el culito con ganas. Su lengua caliente y gruesa entraba y salía, rodeando mi agujero mientras gemía.

Gustavo: Mmm… está súper rico tu culito, pinche osito. Qué rico huele y sabe.

Yo, entre gemidos, le dije:

Yo: Me gustaría chuparte la verga, papi…

Gustavo paró de comerme el culo, se subió al centro de la cama y se acostó de espaldas, dejando su verga gruesa y peluda completamente a mi disposición. Me lancé sin pensarlo. Empecé chupándole los huevos peludos, haciendo ruidos de tapón con la boca, luego le lamí todo el tronco y me metí la cabeza gruesa hasta el fondo. Estuve mamándosela con ganas durante unos diez minutos. Solo se escuchaban sus gemidos roncos y los míos ahogados, porque mientras yo le chupaba, don Gustavo tenía dos dedos bien metidos en mi culito, abriéndome y preparándome.

Su verga ya estaba al máximo, dura como piedra y completamente ensalivada por mi boca. De pronto me miró con ojos llenos de deseo y me preguntó:

Gustavo: ¿Puedo cogerte, bb?

Yo: Sí, papi… cógeme. Soy todo tuyo.

Don Gustavo me puso en cuatro en la orilla de la cama, me abrió bien las nalgas y empezó a jugar. Sentía la cabecita gruesa de su verga rozando mi agujero, presionando, retirándose, volviendo a presionar. Luego se agachaba y me volvía a mamar el culito mientras me metía los dedos. Yo ya no aguantaba más.

Yo: Ya métemela, papi… métemela de golpe, aguanto.

Eso fue todo lo que necesitó. Agarró su verga gruesa y de una sola embestida fuerte me la ensartó hasta el fondo. Sentí como si me estuviera pegando las tripas. Solté un grito ronco de placer y dolor mezclado.

Don Gustavo empezó a cogerme duro, sacándola casi toda y volviéndomela a meter con fuerza. De repente se detuvo un poco asustado:

Gustavo: Oye cabrón… ¿te lastimé?

Yo, con la voz entrecortada por el placer, le respondí:

Yo: Me dolió un poco… pero me gustó. ¿Por qué lo dices?

Gustavo: Es que anda saliendo sangre, bb.

Yo: Claro, es que me la metiste bien fuerte… pero no te preocupes, sígueme cogiendo, papi.

Don Gustavo siguió dándome, pero después de unas cuantas embestidas se detuvo otra vez y dijo, casi riéndose:

Gustavo: Oye cabrón… te saqué poposita.

Yo: ¿En serio, papi? Qué vergüenza… vamos a limpiarnos.

Él me detuvo con firmeza y me dijo con voz ronca y excitada:

Gustavo: La neta me gusta sacarle la mierda a los hombres. Me encanta cuando me la baten de mierda.

Y sin más me empujo a la cama dejado a su disposición mi culito cagado, siguió cogiéndome duro. El olor de mi propia mierda empezó a llenar el cuarto, pero yo seguía gimiendo de placer. Sentía cómo me estaba cagando en su verga y eso solo hacía que él me diera más fuerte.

Gustavo: Sigue así, bb… cágate en mi verga. Me encanta cómo suena esto.

Yo: Sigue papi… sácame toda la mierda.

De pronto paré de gemir y le advertí:

Yo: Don Gustavo… siento que se me va a salir un pedo.

Gustavo: Hazlo, bb. Échatelo. Estamos en confianza.

Me agarró del cabello, se montó sobre mí como un animal y me jaló la cara hacia él para besarme mientras me cogía aún más duro. Al fin salió el pedo: fuerte, largo y cargado. Tanto aire acumulado que su verga salió expulsada de mi culo con un sonido húmedo y sucio. Se escuchó el pedo mezclado con el sonido del precum y la mierda. Gustavo solo se rio con ganas y me volvió a meter la verga de un golpe.

Estábamos los dos muy sudados. El cuarto olía a mierda, pedos, sudor de macho y sexo puro. De repente don Gustavo se detuvo, y sentí algo caliente inundándome por dentro. El hijo de la chingada se estaba orinando dentro de mi culito. Hacía sonidos de satisfacción profunda mientras me usaba como su recipiente. Yo estaba tan excitado que solo gemía.

Cuando empezó a cogerme otra vez, sentía mi culo lleno de orina que se salía con cada embestida. Me volví a echar otro pedo fuerte y toda la orina salió expulsada como un squirt sucio. Solo hacía ruidos de puro placer.

Gustavo: Eres una sucia putita…

Yo gemía sin control. Gustavo empezó a cogerme más rápido y más fuerte, sus gemidos se volvieron más graves y profundos. Al fin se vino dentro de mí con fuerza. Sentí varios chorros calientes de semen llenándome. Cuando sacó la verga, me dio una nalgada fuerte y yo, con todo el esfuerzo que me quedaba, saqué el último pedo. Salió todo el semen mezclado con mierda.

Me levanté y vi su verga completamente sucia, los pelos húmedos y embarrados de mierda.

Yo: Vamos a darnos una ducha, papi.

Entramos a la regadera y nos limpiamos mutuamente con jabón, despacio, tocándonos todo el cuerpo. Ya cuando estábamos completamente limpios, se puso frente a mí cara a cara y me dio un beso de lengua bien profundo. Nuestras vergas empezaron a ponerse duras otra vez y a rozarse entre sí.

Ahí le dije:

Yo: Don Gustavo… yo todavía no me he venido.

Él entendió perfectamente, me robó otro beso y dijo sonriendo:

Gustavo: ¿Qué tienes planeado para mí, papi?

Me agarró la verga y, sin que yo se lo pidiera, se agachó y empezó a chupármela con ganas.

Yo: ¿Y si nos secamos y nos quedamos desnudos todo el tiempo que estés aquí?

Gustavo: Bb, ¿pero y si llega alguien?

Yo: No importa, papi. Mi mamá llega muy de noche. Yo te pago el tiempo extra. Me gustaría jugar contigo con mis juguetes.

Gustavo: ¿En serio, bb? ¿Harías eso?

Yo: Sí. Espérame, te traigo algo para que no estés 100% desnudo.

Fui a mi cuarto, busqué en los cajones y saqué un suspensorio negro. También agarré toda mi cajita de juguetes sexuales. Regresé y se lo di.

Yo: Tenga, don Gustavo. Póngase este suspensorio.

Se lo puso y se veía increíble: el suspensorio le quedaba perfecto, pero se le salían todos los pelos de la verga. Se veía bien macho y cachondo.

Salimos del baño y lo detuve en el pasillo.

Yo: Espere un segundo…

Cerré todas las cortinas de la casa, eché el seguro a la puerta principal y a la de atrás. Luego lo llamé:

Yo: Ya puede seguir trabajando, don. Termine su trabajo.

Don Gustavo agarró la cerveza que había dejado en la barra, se la tomó toda de un golpe, eructó fuerte y siguió trabajando semidesnudo, con el suspensorio puesto y el culito peludo completamente expuesto para mí.

Continuará……….

«Hasta aquí acaba la primera parte de este relato»

7 Lecturas/25 marzo, 2026/0 Comentarios/por Gordo peludo
Etiquetas: amigos, baño, bisexual, cogiendo, gays, hijo, montaña, sexo
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