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Dominación Hombres, Zoofilia Hombre

El hombre dominante

Escribo a un hombre cuyo relato me gustó mucho y acabé quedando con él. Todo fue mucho más allá de lo que imaginaba.
Hace tiempo lei el relato de un hombre dominante al que, después de darle muchas vueltas, decidí escribir por mail. Su historia, fuera real o no, me despertó una inquietud morbosa de la que no conseguí desprenderme. En ella contaba como conoció, sometió y adiestró a una joven pareja para que fueran no más que meros objetos sexuales a los que usar cuándo y cómo él deseara.

 

En mi mensaje le conté que no podía sacarme de la cabeza su historia, y que por las noches me iba a dormir pensando en ella. Pasado un par de días me respondió. Me preguntó, entre otras cosas, qué parte de la historia me había llamado más la atención o si tenía pareja. «Todo el proceso de degradación» le contesté, y «no», no tenía pareja. Me respondió que a él le gustaba someter a parejas, y a que alguien como yo solo aceptaría a conocer si le diera carta blanca para hacer conmigo lo que quisiera. La idea me agitó con violencia y despertó una curiosidad morboso que me pareció de lo más peligrosa y excitante. No le contesté hasta pasado tres días, después de haber pasado varias noches dando vueltas a la idea y excitado como pocas veces lo he estado. Le dije que no estaba seguro, pero que igualmente podríamos conocernos.

 

Me citó en su casa. Al abrir la puerta, un labrador salió a mi encuentro. Me olfateó y se ocultó detrás de su dueño, quien me saludó de forma serena y agradable antes de invitarme a pasar. Me ofreció sentarme a la mesa, en donde tenía una botella de vino abierta y un par de vasos.

 

-No estás seguro de si quieres ofrecerme carta blanca pero aquí estás -me dijo.

 

Noté cómo un nudo se formaba en mi estómado.

 

-Sírveme un poco de vino -continuó-, y luego te sirves a ti también.

 

En aquel momento fui consciente de que el sencillo acto de servir el vino podía ser en realidad una aceptación a su propuesta, pues siendo yo el invitado, servir yo el vino estaba fuera de lugar, y que si lo hacía, nada le impediría pedirme algo más…

 

Evité su mirada y serví el vino, tal y como me indicó. Lo segundo que me pidió fue que bebiera, y yo bebí.

 

-Así pues, te gusta fantasear con ser degradado…

 

-Sí -le contesté-; siempre fantaseo que degradan a tal punto que pierdo toda voluntad y hacen conmigo cualquier cosa.

 

-¿Que te usan, por ejemplo?

 

-Sí, que me usan.

 

-¿Que te usan de depósito para descargar?

 

-Sí, esa una de las maneras.

 

-Si yo ahora, por ejemplo, tuviera pis, tú serías mi depósito, pues.

 

Miré a un lado, avergonzado, y me encontré con el perro labrador, mirándome.

 

-Sí -continuó diciendo-, lo serías. Bebe algo más. Si quiero, puedo transformarte en una puta, o si lo prefiero, serás una perra.

 

La humillación me hizo sentir excitado, y tras beber un poco más de vino, contesté que sí, que podía transformarme en puta o en perra, según quisiera.

 

Me pidió que me levantara de la silla y me quitara la ropa. Nervioso, me fui desprendiendo de la ropa muy despacio, intentando retrasar el momento en el que me viera expuesto y vulnerable. En aquel punto me di cuenta que ya había aceptado su propuesta y que emprendía un camino de difícil retorno.

 

Ya desnudo, el perro se acercó a olerme otra vez.

 

-Date la vuelta -me ordenó el hombre, quien comenzó a tocarme por detrás, palpando mis nalgas y buscando con el dedo el orificio en que meterlo. Encontró un poco de resistencia, así que le ofreció al perro su dedo para que lo lamiera, y ya húmedo, entró. Reaccioné con un pequeño gemido y levantando los talones, pero el hombre me corrigió, ordenándome con voz firme que no me moviera. Durante un rato me folló con el dedo. Luego se levantó, me cogió del brazo y me llevó al sofá.

 

-Siéntate -me ordenó, y una vez me senté, llamó a su perro para que se sentara a mi lado.

 

Él sentó también, quedando el perro en el medio. Comenzó a acariciarlo: primero la cabeza, el lomo, la barriga y, finalmente, la polla, que asomaba como un cono rosado y minusculo. Con el masaje, la polla del perro fue saliendo más, y cuando estuvo lo suficientemente salida y grande, me ordenó que me la metiera en la boca, pues yo iba a ser hoy una perra.

 

Tardé un rato en reaccionar, pero al poco estaba inclinado sobre el perro y con toda su polla metida en la boca.

 

-Vas a dejar satisfecho a mi perro. Mueve la cabeza, perra.

 

Comencé a chupar la polla del perro. Pequeños chorros de líquido salían de su polla. Fui a escupirlos, porque el sabor me resultó terrible, pero la mano del hombre me agarró la cabeza y me dijo que tragara, que yo no era más que un recipiente y que cuanto antes lo asimilara, mejor.

 

De pronto su mano dejó de presionar mi cabeza. Se había levantado del sofá y lo escuché hacer algo detrás de mí. Poco depués noté como se abría paso dentro de mi con su polla. Me folló durante el rato que estuve chupando la polla de su perro. Luego se salió de mí, hizo que el perro se levantara y se sentó él. Colocó su polla delante de mí, llena de un líquido blanco que podría ser semen. Me dijo entonces que era momento de cambiar turnos, y que me bajara del sofá y me pusiera de rodillas en el suelo para limpiarlo a él y facilitar a su perro que me preñara. Hice lo que me pidió. Chupé supolla sucia y al rato noté como el perro se subía a lomos de mí intentando follarme, pero no lo conseguía. Subía y se bajaba mientras la mano del hombre dominante me marcaba el ritmo con el que debía chupársela. Tras varios intento, el perro consiguió clavarme su polla. Fue terrible. La tenía muy grande y me hizo mucho daño. Intenté levantarme, pero el hombre me dijo que aguantara, que quedaba poco y que yo debía ser una buena perra. En pocas embestidas, el perro comenzó a correrse dentro de mí y se quedó abotonado. Luego fue el hombre quien se corrió en mi boca, tras lo cual, se apartó y se quedó contemplando como su perro y yo quedábamos enganchados.

 

-Voy a sacar más provecho de ti de lo que imaginaba -me dijo.

7 Lecturas/2 abril, 2026/0 Comentarios/por Obedezco
Etiquetas: desnudo, joven, polla, puta, semen
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