El malandrín de la colonia me destrozó el culo
Un chico cumple una de sus fantasias más lujuriosas, una culiada brutal con el malandrin del barrio. .
Llevaba semanas viéndolo. Siempre en la misma esquina, sobre su mototaxi apestoso a gasolina y a sudor de macho. Un negro alto, fornido, con la cabeza rapada y una barba que le enmarcaba una boca que parecía hecha para escupir insultos. Me decía a mí mismo que era hetero, que conmigo no se iba a meter, pero la fantasía de su cuerpo me tenía loco. Esa noche, con el alcohol dándome valor, me acerqué.
—¿Me llevas a la colonia del Valle? ¿Cuánto?
Me miró de arriba abajo, con un desdén que me excitó hasta los huesos.
—Cien pesos, puto.
La palabra salió de su boca como una pedrada. Mi culo se apretó y mi paja se puso dura al instante.
—Sube.
El viaje fue un infierno de silencio y tensión. Yo podía oler su olor, a hombre, a tabaco barato. No podía evitar mirarle las piernas fuertes y el bulto que se adivinaba bajo sus pantalones de trabajo. Llegamos a mi edificio y, mientras pagaba, le dije:
—Oye, ¿te apetece subirte una cerveza? Te invito.
Se quedó callado un segundo, evaluándome. Creí que me diría que me jodiera, pero entonces apagó el motor.
—Una. Y no jotas.
Subimos a mi departamento. Le di una cerveza y nos sentamos en el sofá. Bebió en silencio, sin quitarme los ojos de encima.
—Tú te me pones muy raro, ¿eh? —dijo al fin.
—¿Tan raro?
—Sí. Como queriendo que te la meta.
No pude evitar reírme. El juego había terminado.
—Y si te digo que sí?
Se acercó, me agarró de la nuca con una fuerza bruta y me besó. No fue un beso tierno, fue una posesión. Su lengua invadió mi boca, sus dientes me mordieron el labio. Me tiró hacia atrás en el sofá y se abrió los pantalones. Y entonces la vi. Su verga era una bestia negra, gruesa y larga, con las venas marcadas como mapas. Debía de medir por lo menos 22 centímetros. Mi primera BBC.
—¡Uff, qué tienes ahí! —dije, sin poder creerlo.
—Ven, chúpamela, maricón. Hazlo bien.
Me arrodillé frente a él. La tomé con ambas manos y aún así sobraba carne. La metí en mi boca, intentando tragarla entera, pero era demasiado grande. Me ahogaba, sentía cómo me golpeaba el fondo de la garganta. Él agarró mi cabeza y empezó a follarme la boca con saña, usándome como un simple agujero para su placer. Sus pelotas golpeaban mi barbilla con cada embestida.
—Así, puto, trágala. Toma toda mi leche.
Después de unos minutos, me levantó y me dio la vuelta. Me arrancó los pantalones y el calzoncillo de un tirón. Me lubricó el culo con saliva y, sin más preámbulos, me clavó toda su verga hasta el fondo. Grité, fue una mezcla de dolor y un placer tan intenso que casi me desmayo. Sentí como me abría en dos, como mis entrañas se adaptaban por la fuerza a su tamaño.
—¡Qué culo tan apretado tienes, cabrón! —gritó él, dándome una nalgada que retumbó en toda la habitación.
Empezó a follarme sin piedad, a golpes, profundo y duro. Cada embestida me sacudía el cuerpo entero. El sofá crujía, mis gemidos se mezclaban con sus jadeos y sus insultos. Me agarró de los hombros y me clavaba aún más fuerte, como si quisiera atravesarme. Sentía cómo su verga gigante me destruía el culo, y yo no quería que parara nunca.
—¿Te gusta, puto? ¿Te gusta como te la mete este negro?
—¡Sí, uff sí! ¡No pares! ¡Dámela toda!
Me puso a cuatro patas en el suelo y folló mi culo como un animal. Me sentía su puta, su esclavo. El sudor de su frente caía sobre mi espalda. Finalmente, con un rugido gutural, se vino dentro de mí. Sentí su leche caliente inundándome, una y otra vez. Se quedó dentro de mí un momento, jadeando, y luego se retiró con un chasquido húmedo.
Me quedé allí, en el suelo, con el culo destrozado y goteando su semen. Él se abrochó los pantalones, se bebió el resto de la cerveza de un trago y se dirigió a la puerta.
—Ha estado bien, maricón. La próxima vez te pago yo.
Y se fue. Yo me quedé en el suelo, sonriendo, sabiendo que acababa de experimentar la mejor verga de mi vida y que, sin duda, volvería por ella.


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como sigue?
Está buscando su segundo enuentro con él, pronto sabrás cómo continúa esta historia.