El narcisista 1 (Crisis matrimonial)
Él me sujetó de la cadena amarrada al collar de mi cuello, podía sentir su férrea verga empujar mis tripas lo más hondo que pudo mientras mi propio pene palpitaba de placer dentro de la vagina de mi esposa. Era él quien mandaba, siempre había mandado. .
…………..
Pero para haber llegado a este punto tuvimos que recorrer algunos años de historia, 5 años antes mi esposa Karol y yo estábamos atravesando una de las más grandes crisis matrimoniales, las que no son poco comunes pero esta era por mucho la peor, vivíamos juntos; sin embargo nos desmpeñabamos de manera separada, Karol había cambiado mucho su manera de ser, había pasado de ser una esposa cariñosa y atenta a lentamente salir con mujeres cuya personalidad habría sido todo lo contrario a sus amigas más íntimas, en ocasiones la invitaban a fiestas hasta largas horas de la noche mientras yo me partía el lomo trabajando, siendo extranjero con jefes clasistas, haciendo amanecidas mal pagadas, y tofo para en ese momento tratar de mantenernos con vida a mi, a ella y a nuestros hijos.
En fin, en ocasiones llegaba del trabajo temprano y Karol no estaba en casa, y esto se repitió numerosas veces, encontraba en su celular mensajes de hombres que la provocaban y le ofrecían una y mil cosas y ella parecía seguirles el juego.
Intentamos arreglar las cosas pero ella simplemente volvía a caer en lo mismo, hasta que una noche luego de conversar íntimamente como hacíamos en nuestros mejores años me confesó que conoció a un joven y que tenía varios meses saliendo con el, menor que ella por 10 años, la noticia me impactó mucho Pero más me impactó cuando me dijo que se iría 3 días con el a visitar un pueblo pintoresco pues el chico era medio rico de cuna, no literalmente millonario pero el podría gastar en snacks y golosinas para una sola noche lo que yo podía comprar en comida para toda la semana.
No pude decirle nada, como una persona racional trataba de convencer a mi esposa que pensara las cosas, pero ella decía que era muy tarde para intentarlo, la vi salir con su vestido corto rosa, sus botas negras y su mochila que la hacían ver como una adorable quinceañera pues siempre ha sido delgada y de baja estatura y con una piel clara y cutis aniñado y yo me quedé como un pendejo observándola mientras los niños no sabían ni cómo empezar a entender la situación, admito que fue muy duro esa etapa inicial pero admito que por las noches, la rabia y la impotencia se convertían en celos y luego en exitación, la imaginaba desnudandose frente al chico, enseñándole las habilidades orales que había perfeccionado conmigo, él no podría hacerle frente a las mamadas de Karol, lo imaginaba tumbado de espaldas en la cama mientras ella tomaba todo de él exprimiendo le hasta la última gota de semen. Así de espaldas como estaría el chico ella se subiría sobre él y lentamente le trituraría el pene en un suave y luego violento cabalgar, ella básicamente lo usaría a él para obtener un trago de leche y un orgasmo, y luego el pensaría que es un semental macho sin saber que solo habían abusado de el consensualmente.
Mientras estás imágenes pasaban por mi cabeza mi propio pene se endurecía rápidamente, mis manos acariciaban mi miembro por encima de mi ropa, me sentía demasiado caliente, finalmente sucumbí y me estimulé de tal forma que mordía mi propia ropa de pijama, luego de 13 minutos de desesperada masturbación un convulsivo espasmo que nació en mi culo y se ramificó por todo mi miembro y mi sistema nervioso, erupcioné en una cantidad masiva de semen espeso, caliente, grumoso y salado, todavía confundido por el tremendo orgasmo lleve mi mano cubierta de leche y la lami imaginando que era la leche que el fulano chico dejaba dentro del utero de mi mujer. Me quedé dormido en el mismo lugar, sin volver a cubrirme ni nada la liberación de dopamina fue tal que quede como catalepsico y luego en la mañana despertar ofuscado y molesto conmigo mismo por la vergonzosa actuación de la noche.
Las noches siguientes fueron iguales, con la diferencia de que no me bastó con una venida, pues al eyacular, mi verga seguía muy dura, como no muchas veces me había pasado, dos y tres pajas más me eran necesarias para poder conciliar el sueño, siendo constante el pensamiento de un joven cogiendo apasionadamente con Karol.
Finalmente el domingo llega ella tarde como a las 11 de la noche, traté de increparla pero reaccionó visceralmente, discutimos; sin embargo al tener una sola cama nos vimos obligados a dormir juntos, ella dormía en ropa corta pues aunque no era verano había bastante calor, mis manos recorrieron su cintura levantando su vestido, ella no pareció molestarse por eso, después de todo teníamos una década de casados, sutilmente le fui retirando el vestido y me pegué a ella en cucharita, no medianos palabra alguna, solo eran nuestros cuerpos que se conocían y se necesitaban, con destreza le arrebaté el vestido dejandola en ropa interior, le acariciaba la piel, pellizcaba sus pezones y acto seguido la escuchaba suspirar, conozco demasiado bien sus puntos débiles, palpé su figura con mi piel mientras mi mano explotaba dentro de sus pantaletas, me fuí acercando hasta su clítoris, lo presione ligeramente y sus piernas se abrieron en automático, metí dos dedos, a ella siempre le ha gustado que la invadan un poco brusco, dibujé círculos de placer en su sistema nervioso mientras jadeaba tratando de contener los gemidos, y ahí noté un fluido pegajoso con olor a cloro, eso me prendió en sobremanera, así que mientras estrujaba el interior y exterior de su vagina la volteé de espaldas y con las piernas abiertas puse mi cara a puertas de su sexo, ella previendo mi intensión trato de impedirlo, supongo que pensó que me resultaría desagradable pero haciendo caso omiso metí mi lengua tan profundo como pude hasta lamer el semen de ese joven dentro de la vagina de Karol, y lejos de sentir asco, me produjo una sensación de placer única en el mundo, ella se retorcía de un lado a otro de la cama mientras mi lengua limpiaba presurosa tanta leche ajena como pudo, saboreé la combinación de fluidos de ambos y disfrute viendo a Karol casi convulsionar con los movimientos de mi lengua y la succión que ejercía dentro de ella. Finalmente luego de saborear a mi competencia me eche sobre ella y la penetré.
Normalmente al hacerlo solía ser suave y gentil, Pero en esta ocasión, y especialmente luego de saber que otro hombre la había hecho suya me sentí obligado a retomar el control y por mi dignidad y orgullo se lo clavé de una vez, la sentí tratar de retroceder, fue inútil, estando sobre ella la dominé sin remedio y se lo dejé ir hasta la raíz misma de mi verga, ella gimió, su cara se tensó un poco por la incomodidad Pero automáticamente su pelvis empujó hacia mi, ella quería más de esto. Así que lo retiré hasta la cabeza y se la volví a enterrar con fuerza, su cuerpo sudado a veces temblaba cuando me sentía dentro, en un momento dado en que se lo hundí tan fuerte que se aferró con sus piernas a mi y me sujetó de las nalgas escuché su voz suavizada por el placer diciendo «Más duro Jean» y aquello fue como un rayo, me recorrió el cuerpo en un parpadeo, una corriente de calor me incendio el pene, me sentí shockeado y molesto pero también muy exitado no se por qué.
En ese momento solo fuimos mi pene y yo, comencé a taladrar a Karol con una fuerza y rabia bestiales sus gemidos se fusionaron en un solo grito ahogado de placer, que era interrumpido solamente por su necesidad biológica de respirar y por … Los constantes llamados al Jean que no abandonaban su boca, entre más lo escuchaba más me excitaba y más rudo la penetraba, dentro de su vagina un exquisito orgasmo explotaba haciéndola gritar y llorar, respiraba con dificultad totalmente extasiada, Pero yo aún no acababa, mejor dicho, hacia rato había derramado mi propia semilla dentro de ella, pero al igual que mis anteriores noches de pajas consecutivas mi verga aun conservaba su férrea condición.
Negándose a volver a ser flácida seguí penetrando a Karol levantándole una pierna, mientras mi propio semen escurría de su vagina, la cogí tanto y por tanto tiempo que eyacule dentro suyo dos veces más, la volteé un par de veces y terminé mi último orgasmo dándole de perrito, sus rodillas ya no podían sostenerla, para ese momento solo se dejó caer manteniendo únicamente su culito en pompa, más que penetrarla disfrutaba verla gemir y llorar a lágrimas tendidas mientras con sus manos trataba de indicarme bajar un poco la intensidad pero yo, poseído por el momento y la situación le sujeté ambas manos con una de las mías mientras con la otra me aferraba a su hombro mientras me aseguraba que sintiera la totalidad de mi miembro y que de paso le doliera un poco, mejor dicho en ese momento disfrutaba violarla, mientras embestía con brutalidad, mi mano libre le encajó unas buenas nalgadas, de esas que le dejan la piel roja por varios días, con cada nalgada le decía que era una puta, que lo único en lo que ella era buena sería en seducir y complacer hombres de cualquier clase, y ella solo repetía «Si Jean, soy tu puta, castigame, violame» y entre más lo decía, más la castigaba, ella lo aceptó y se dejó hacer, me sorprendió mucho su actitud, ella solía ser más dominante o al menos no tan sumisa cogiendo conmigo, total que sin darle más vueltas al asunto porque ya mi mente estaba saturada de información y estímulos la jalé del pelo mientras mi pelvis se pegaba a ella con la desesperación de tratar de meterle hasta las bolas, ahí lo último de mi reserva seminal entro el ella haciendo que me desplomara sobre su espalda, el esfuerzo era demasiado, así pasamos la noche uno sobre otro, en la mañana debía irme al trabajo, ella se quedó en casa pero al llegar en la noche nuevamente se había ido a la calle, estuvimos en ese juego sexual muchas noches, ella llegaba bien cojida por el tal Jean, escurriendo leche y yo le arrancaba la ropa poseído por una fiera lujuria, le limpiaba internamente la vagina hasta retirar cualquier rastro de semen y disfrutar con el en mi lengua, en ocasiones nos besábamos con su leche apasionadamente, nunca hablamos al respecto, solo nos dejamos llevar, finalmente la violaba, esa es la palabra que utilizaría porque indiferentemente de si quería sexo oral o deseaba ponerla en cualquier posición yo era el que mandaba, y ella obedecía, esto elevó mucho nuestra pasión, ya que podía hacerle cosas que antes de nuestra crisis eran impensables como dejar mi pene hasta el fondo de su garganta viendo como se ahogaba poco a poco hasta su límite, podía tomar su cabeza y hacerle un throathfucking bien bruto, dejarle la leche directo al estómago y ella no se negaba, podía penetrarla en cualquier posición con cualquier tipo de aspereza y ella muy sumisa solo se dejaba hacer aunque siempre evocando el nombre del tal Jean, y obviamente luego de varios polvos yo sentía que era en esos momentos en podía luchar por mi matrimonio, que tenía una oportunidad; sin embargo ingenuo fuí, no fui capaz de ver el panorama completo y no podía imaginar que en realidad yo estaba siguiendo un plan, que era solo una ficha y que alguien, ese Jean era quien estaba controlando el tablero.
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Segunda parte (el iceberg del sexo)
Espero que les haya gustado este relato, está basada en hechos reales, de un montón de gente que he conocido y entrado al cuckholding; Pero está historia es la que más me ha sorprendido, si gustan pueden seguirme en X como @Jinmerey, o escribirme al [email protected]
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