El olor de mi amigo Alberto
mucho sobaco y olor a verga .
El olor de mi amigo Alberto
Conocí a Alberto en un curso de crítica de cine del festival de cine y descubrí lo que era la amistad. Yo tenía 16 años, el 28 y era la estrella del curso. Me había apadrinado como su camarada y junto a él cada día aprendía más de cine, historia y filosofía. En el colegio siempre había sido el rarito de clase. Fue idea suya que me apuntaba al equipo de handball del que él era el capitán para ponerme fuerte y olvidarme definitivamente de los malos rollos del colegio. Hacía cinco meses que había empezado a entrenar y pese a ser novato mi posición de delantero empezaba a ser cada vez más evidente. Estaba en el mejor momento de mi vida y por fin sentía que había encontrado mi sitio.
La sirena indicó que habíamos acabado el entreno. Todos estábamos chorreando pero especialmente yo que había marcado el último gol y me había quedado sin aliento. Todo mi cuerpo transpiraba, la camiseta se me pegó al cuerpo. Un reguero se iba formando en mi cara y goteando desde mi barbilla hasta el suelo que iba llenándose de manchas oscuras. Abrí los ojos y mi cuerpo literalmente echaba humo, escupí en el suelo y al acercarme la mano para limpiarme sentí el olor característico de cuero y sudor en la mano. Me tiré en el suelo exhausto. Alberto que había instigado el gol con un pase se quedó conmigo y se sentó a mi lado mirándome divertido.
·Sigues siendo un nerd. -Me dijo burlandose- yo me reí.
Nos quedamos en el suelo sin decir apenas palabras, recuperando el aliento y mirando el techo del pabellón. Los compañeros empezaron a salir del vestuario e irse a casa cachondeándose, de los 20 minutos que llevábamos tirados en el suelo. Entre risas nos decidimos a emprender camino. Cuando llegamos al vestuario ya estaban todos duchados y cambiados, al parecer durante la ducha habían cortado el agua y les habían dicho que duraría hasta mañana. Nos miramos chorreando como estábamos.
·No creo que tenga mucho sentido cambiarnos. -Dijo Alberto.-
·Ya ves, vamos a empapar lo que nos pongamos encima. -Dije secándome con la toalla.-
·Anda vaya par, los huelo desde el otro lado del vestuario, eso tiene que ser la adolescencia. -Dijo Juan en tono burlón.-
Yo me olí el sobaco y la verdad es que notaba un olor intenso, pero nada desagradable. Y bueno, no me hacía falta oler a Alberto, conocía su olor muy bien, él era el capitán y no es que quiera yo entrar en ideas extrañas biológicas pero Alberto olía muuuy pero muy fuerte y todos sabíamos cuando estaba cerca, era un olor muy característico. Así que supongo que sí, teníamos que parecer un ambientador.
·En peores sitios has metido la nariz Juan que tu novia cuando esta ovulando la huelo cuando viene a animar desde el campo.
·No vayamos a comparar que cuando Ana ovula todos los tíos babean y ahora mismo creo que vais a crear un perímetro tóxico a 5 metros de vosotros, bueno vayan descansar y Alberto deja de fantasear con el olor a coño de Ana.
Pillamos la mochila y salimos, Alberto me ofreció pasar por su casa, ya que vivía solo, a ducharnos y jugar a la consola. A mi me pareció la mejor idea. La verdad es que la casa de Alberto era muy sencilla y pequeña pero perfecta. No había paredes y todo estaba situado en el espacio sin demasiada intención. Lo único malo es que Alberto era un poco desordenado y había ropa sucia tirada por toda la casa. Hice un hueco entre unos cuantos calcetines, camisetas y calzoncillos sudados y me tumbe en la cama. Alberto se fue a la cocina tomar una cerveza y me ofreció una, me levante, me hizo un guiño como si fuera a tirársela a pesar de estar muy cerca y como un acto reflejo no se porque agarre su paquete. Retiré la mano al momento y disimulé como si no hubiera pasado nada pero había apretado su rabo y huevos por encima del pantalón. Alberto me miró con cara de circunstancia y algo cómica.
·Uís… que reflejos más raros tienes Jose. -Yo no sabía muy bien qué decir pues había sido totalmente inconsciente.-
·¿Te parece si jugamos un rato a la consola? -Dijo no se si irónicamente o en serio.-
·Vale, yo pensaba en coger la lata de cerveza y mira no se que ha podido pasar.
Nos pusimos a jugar a la consola, Alberto se quitó la camiseta y su olor inundó toda la habitación. Seguimos un rato jugando y la verdad es que me estaba dando una paliza, después de un rato me aburrí de perder.
·Alberto, yo me voy a la ducha. -Le dije desganado.-
·Yo estoy caliente, ¿nos miramos una peli porno aprovechando que estamos sudados y después nos pegamos una ducha?.
Yo después de lo que había pasado estaba un poco incomodo con la paja por si había pensado que mi reacción había tenido un componente sexual, pero no tenía sentido que le diese mayor importancia. Así que simplemente me encogí de hombros y me senté de nuevo a su lado. Alberto acercó el ordenador y al estirar los brazos su peludo sobaco apareció a escasos milímetros de mi cara. Un olor intenso entre animal macho, chetos y azufre llenó la habitación. Se me puso dura en el acto, y fue tanto que lubrique el pantalón de deporte y apareció una mancha húmeda decorando la silueta de mi rabo duro.
·Jose, tenemos que hablar de esto. -Dijo Alberto apartando de nuevo el ordenador.- Hace tiempo que tu cuerpo reacciona por sí mismo, yo no voy a juzgarte si me dices que te gusto.
·Pues tío yo no sé muy bien que decirte la verdad, yo no sé bien si me gustas, te admiro y quiero un montón y es cierto que a veces mi cuerpo reacciona por sí solo pero la verdad es que no se muy bien si me gustas tu, me gustan los tíos o si se me pone dura cada vez que huelo olor a macho.
·Hace 15 minutos me has agarrado el paquete.
·Ya lo se.
·Es más, hace tiempo que tu polla se pone dura en las situaciones más extrañas, no se si eres marica pero parece que te excitan cosas muy particulares.
·Parece que lo tienes tú más claro que yo.
·Pues esto va a sonar muy loco pero cada vez que acerco mi sobaco a tu cara, por ejemplo, cuando me quito las deportivas después de entrenar, cuando te acuestas cerca de mis boxers usados y no solo conmigo tambien me he fijado que te pasa cuando varios compañeros sacan la polla sudada del pantalón después del entrenamiento o les huele el sobaco. Siempre se asoma ese tan poco discreto rabo tuyo. Creo que solo me he dado cuenta yo pero es algo muy peculiar.
·Tío, yo no sé si vas de broma pero creo que te estas pasando.
·José, no quiero juzgarte en absoluto, pero la verdad es que la situación es bastante rara y no quiero tener secretos o roces contigo eres mi mejor amigo.
·Alberto, este último año ha sido increíble y todo ha sido por haberte conocido yo no sé si me gustas pero lo que sé es que no quiero perderte y haré cualquier cosa para no joder esta amistad con mis líos mentales.
·Yo no se que quieres hacer pero te propongo una cosa vamos a jugar un poco y ver a donde nos lleva y que sentimos. Voy a tumbarme y tu te acercas a mi y haces lo que te brote. Después decidimos que hacer con tus poluciones diurnas. -Yo asentí con la cabeza aunque no las tenía todas conmigo.-
Alberto se recostó en la cama con los brazos sobre la nuca y yo lo miré. No se si por lo que me había dicho o porque realmente era lo que deseaba lo primero que hice fue acercarme a su sobaco derecho, tenía un frondoso y largo pelo rizado de color negro, expelía un fuerte olor que entró por mis fosas nasales y me puso absolutamente loco. Aplaste mi cara contra su sobaco y esnife profundamente mientras mi rabo lubricaba aún más el pantalón. Me puse a cuatro patas y restregué mi cara por su sobaco, una vez que toda ella olía a él saque la lengua y saboree su salado y fuerte sudor, mi amigo jamás usaba desodorante y se bañaba 1 vez al mes. Levante la cabeza y Alberto me miraba sonriendo con el rabo duro en la mano.
·La verdad es que no te imaginaba tan cerdo, mi sobaco no lo lavo hace semanas ni yo me soporto el olor pero sin embargo tu llegas y me lo lames entero y me lo dejas limpito, me has puesto a mil tio. Nunca te lo he dicho pero dentro de toda mis experiencias he tenido amantes masculinos, coincidentemente todos eran más bien sumisetes y lo que de verdad me ponía era putearlos un poco, tratarlos de putas y hacerles saber que yo soy el macho alfa al que ellos deben obedecer y respetar, si somos capaces de relativizar el asunto a lo mismo, presiento que lo pasaremos de puta madre.
·Pasa de mí. Dije en forma de disimulo, pero sinceramente me ponía mucho la idea de estar sometido a el.
·No jodas y sigue experimentando que me va a estallar la polla.
Dude por unos segundos temeroso de estropear una amistad que había cambiado mi vida, pero con lo caliente que estaba la duda fue bastante efímera. Le besaba y lamia como nunca lo había hecho con nadie. Nunca me había sentido así en mi vida y solo quería que Alberto supiera que eso era amor y que necesitaba su sabor a macho sucio. Baje a cuatro patas hasta sus boxer que desprendían un fuerte olor a sudor, orines y precum, saqué su enorme rabo, de unos 23 cm, grueso y oscuro, lo pelé y me di cuenta que tenía bastante esmegma en el prepucio, me acerqué lo olí y con mucho placer me lo metí en la boca degusté su sabor y tragué, saque todo su esmegma con mi lengua y me engullí feliz, estaba salado y sabroso, nunca había olido y saboreado algo tan excitante. Chupé su rabo como si me fuera la vida en ello. Alberto me empujo suavemente hasta el borde de la cama de donde bajé a cuatro patas y seguí mamando. Estaba tan cerdo que mi cabeza se inclinaba ante la poderosa imagen del tío que me había vuelto completamente loco y lo miraba desde abajo de su rabo. El muy cabrón tenía cara entre placer y una sonrisa triunfante que me dieron ganas de quitársela de un golpe. Debió leerme la mente porque me pidió que abra la boca y escupió en mi lengua y dijo -traga.- yo no pude hacer otra cosa más que tragar su exquisita saliva de macho y seguir mamando, de pronto soltó 5 gruesos chorros de su leche caliente que inundaron mi boca entre espasmos. Los saboree unos segundos y me los tragué.
·Buff, nene, vamos a dejar de razonar y vamos a disfrutar esta situación mientras sigas tan cerdo.
Yo le miré flipando, mientras el sabor de su semen que aun mantenía saboreando en mi boca inundaba todo mi cuerpo, mientras seguía saboreando su exquisito sabor a leche, me fui tragando lentamente su enorme carga mientras Miré al suelo y yo tb me había corrido pero ni me había dado cuenta, toda la secuencia había sido como un eterno orgasmo.
·Nene, esta noche te quedas a dormir, y sin recordar bañarse se acostó a mi lado.
La mañana siguiente no me pude aguantar las ganas de verlo desnudo al lado mío a Alberto con su enorme verga flácida, aun sucia con olor ahora a semen de macho y en la punta se asomaba quesillo de semen seco de ayer, le pase la lengua por el glande sucio saque todo el esmegma me lo tragué para desayunar, me metí de una toda su verga en la boca, como estaba flácida me cupieron hasta sus peludos huevos y le desperté mamándole el rabo.
-Tras abrir los ojos bromeó diciendo.- Me asustas.
Se incorporó, se desperezó, me agarró de la cabeza y me folló la boca como un animal. Me daban arcadas y mi boca soltaba una masa eterna de babas. Podía ver en su cara que estaba disfrutando lo que provocó su abundante corrida saliera de mi boca y terminara salpicándole semen hasta la altura de su comisura labial.
·Eres un marrano. -Grito.-
Puso su cara a la altura de mi boca.
·Limpia.
Saqué la lengua y limpie los restos de su leche esparcidos por su contorno labial, el abre su boca y deja salir su lengua, la que sin dudarlo la introduzco en mi boca y se la pongo a chupar completa, mientras se me ponía dura otra vez.
·¿Ya limpiaste? -Preguntó.- Y ante una especie de mueca de mi cara que intentaba decir que sí metió de nuevo su rabo en mi boca y tras bombear como un animal durante 15 o 20 minutos se corrió en mi boca nuevamente.
·Amigo esto no se si es follar a maltrato, vale que acabo de descubrir que estoy loco por ti, pero no me tienes que tratar así.
·Nene, ¿has visto tu polla? estás a punto de correrte por segunda vez, yo creo que en vez de quejarte tendrías que disfrutar y callar.
Se acercó a mí, escupió en su mano, metió la mano por la parte de atrás del pantalón de deporte y metió un dedo en mi culo. Nada más entrar en mi ano me corrí y caí a cuatro patas. Dio una vuelta alrededor mío y me miró sonriente.
·Vas a llegar tarde a clase y tu cara apesta a mi sobaco y esmegma. (No me importaba necesitaba ese sabor en mi cara todo el dia).
Durante los siguientes meses continuamos en la misma dinámica. Cada vez que estábamos solos, yo me ponía de rodillas o a cuatro patas, olía y lamía cada parte de su cuerpo y mamaba su polla hasta tragar su lefa. Algunos días follabamos hasta cuatro veces y yo no podía ocultar primero que era absolutamente feliz y segundo que mi cara olía permanentemente al sobaco de Alberto y mi boca a su exquisito semen y quesillo. De hecho en el equipo empezaron a bromear con que me había mimetizado tanto con el que olíamos igual de mal. Uno de los días después de entrenar estando solos con Juan (un compañero mayor de unos 40 años) estaba a mi lado en el vestuario y cuando fue a desvestirse al momento de sacar su rabo del pantalón, este se encontraba lleno de requesón, en cuanto se dio cuenta se apuró a taparse con la mano pero yo que tenía su rabo delante no solo vi y olí el asunto sino que me corrí en el mismo instante. Juan al notarlo se percata de mi erección y se da cuenta de la situación, desinhibidamente se descubre la entrepierna exponiendo su gran polla gruesa de unos 20 cm, rosada, recubierta de muchooo requesón blanco. Me dice que producto del corte de agua en la universidad, no ha podido bañarse en semanas por lo que se le ha acumulado mucho quesillo debajo del prepucio. Necesitaba un aseo genital, Al notar mi cara de éxtasis me propone ayudarlo con su aseo genital, le propongo hacerle un lavado completo a su polla, pero solo si es con mi lengua, nada de agua, yo sin dudarlo lentamente me acerco, me llega de golpe ese fuerte olor agrio a requesón y me lo llevo a la boca, eran como 200 gr de quesillo puro, yo disfrutaba comiendo cada partícula de quesillo en el, de un sabor exquisito a hombre macho que me hizo suspirar. Terminé de comérmelo todo, y en eso, escuchamos ruidos de alguien acercándose a los vestuarios, en eso Juan se levanta y me dice, lo continuamos otro día, por el momento confórmate con haber cenado una buena cantidad de proteína de macho. En lo que me incorporo, veo a Alberto observando con recelo la situación.
Cuando llegamos a su casa nada más pasar por la puerta me tiré en la cama. Alberto y sin mediar palabra sacó su teléfono móvil del bolsillo y me empezó a grabar con la otra mano me sacó violentamente la camiseta por la cabeza dejándome solo con el pantalón de deporte. Estas muy guapo con ese pantaloncito nada más vamos a ver que hay debajo pero primero te la vamos a poner a dura. Se sacó una de las deportivas pisándola con la otra y me puso el pie enfundado en el calcetín sudado del entreno en la cara. El olor de sus pies sudados y de las zapas apestosas de entrenar entró por mis fosas nasales y se me puso el rabo totalmente duro y empecé a convulsionar de la excitación que casi me lleva al orgasmo. Esto es lo que le pasa a josé cuando huele los pies a su macho.
·Ahora vamos a ver que esconde.
Me bajó el elástico del pantalón de deporte y mi polla de 16 cm pegó un salto salpicando de lefa y apestando toda la habitación.
·¿Qué es esta guarrada? ¿Te has corrido hace muy poco y no te has limpiado cerdo?.
·Ya lo viste. -Dije yo intentando parecer sarcástico.-
·Explícaselo a la cámara.
·Capullo, déjame en paz.
Alberto se acercó a mi y me dejo olerle el sobaco yo me lancé a lamerlo pero el se apartó sujetando el teléfono en frente de mi.
·Explícalo.
·!Vale! Juan sacó su rabo sucio de requesón delante de mi cara tan cerca que me rozo y me corrí en el acto al notar su hedor.
…espero les haya gustado, es una adaptación de uno q lleva el mismo nombre, seguiré con más… denle like para saber si les gusta este tipo de contenido..
gracias lectores


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