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Bisexual, Dominación Hombres, Dominación Mujeres

El Orfanato Capítulo 1

Trabajar en un orfanato es lo que más feliz me hace en la vida. Niños que han sido abandonan y que prácticamente a nadie le importan, es el lugar perfecto para jugar con ellos sin que nadie se entere. (Historia completamente ficticia, esto es solo una pequeña fantasía).
Trabajo en un orfanato como la doctora del lugar. Muchos dirán que es un trabajo pesado y triste. Que no me pagan lo suficiente y que debería buscar algo mejor. Pero lo que nadie sabe, es que para mi este es el mejor trabajo del mundo. Aunque no por las razones que todos mis amigos y conocidos de confianza creen, todos me ven como una santa que se sacrifica, una amable alma que apoya a los niños del orfanato aunque la paga sea una miseria. 

En realidad un orfanato es el lugar perfecto para atrapar pequeños en mis garras. Es el paraíso en la tierra, todos esos niños a mi alcance, y nadie que pueda salvarlos. La verdad es que las condiciones en las que viven dejan mucho que desear, cada día hay menos donaciones y menos personas interesadas en ayudar. La sociedad los ha abandonado, yo al menos les traigo algo de consuelo, algo de amor. Creo que es justo que yo también obtenga algo de satisfacción ¿no?

Mi trabajo empieza temprano. Me levantó a las 6 de la mañana, me baño y me preparo el desayuno. Después me subo a mi deportivo y conduzco al trabajo. Mi padre dirige un hospital, toda mi familia se dedica a la medicina. Nunca me ha faltado nada y mis padres siempre me han malcriado. Por eso la gente realmente se sorprende cuando descubren que es a lo que me dedico. “Oh, es tan buena, podría simplemente trabajar en un buen puesto con su padre y en cambio le da su vida a esos pobres niños” si tan solo supieran cuanto “cariño” le doy a esos chicos…

Llegó al orfanato como a las 8 de la mañana. Todo el personal me saluda amablemente, soy altamente respetada en este lugar. Me dirijo a mi consultorio y mi trabajo comienza. Lo primero es revisar es si tenemos alguna nueva admisión. Si es el caso, mando a llamar a la pequeña o pequeño para un examen médico general. Es una excelente forma de seleccionar candidatos a mis niños favoritos. Yo no discrimino, a todos les doy su dosis de amor, pero claro que tengo preferencias. Hoy no había ningún niño nuevo, así que pase a la siguiente tarea. Darle seguimiento a los niños que estuvieran enfermos, o más bien, darle seguimiento a mis chicos favoritos. 

Primero que nada mande llamar a Lucy, una pequeña de 6 años con la que me gustaba jugar. Había puesto en su expediente que necesitaba tratamiento para sus alegrías. Una completa farsa, solo iba a abusar de ella. Una de las cuidadoras la trajo, me sonrió amablemente y me entregó a la niña. La verdad es que la gente que trabajaba en este lugar no estaba bien calificada, apenas y sabían algo sobre cuidar niños, por eso nadie había notado nunca nada de lo que yo les hacía. Como ya lo había dicho, el trabajo ideal para alguien como yo.

—Hola Lucy, ¿cómo estás? ¿Estás lista para tu revisión semanal?

—¡Si! Estuve esperando toda la semana por ella señorita Amy—dijo bastante ansiosa.

—Bueno, pues no esperes más, quítate tu ropa mi amor, te haré sentir muy bien hoy.

Lucy comenzó a desnudarse, su pequeño y perfecto cuerpo delgado era precioso. Todos los chicos en el orfanato eran delgados, apenas podían comer lo necesario para estar sanos. En realidad eso me venía bien, así tenía más excusas para tratar a niños supuestamente enfermos. Después de que Lucy estuviera desnuda la subí a la mesa de revisión y ella se acostó. Ya conocía la rutina.

Comencé a acariciar su cuerpo, palpando por todos lados. Sus muslos, sus brazos, su abdomen, su pecho aún indistinguible del de un niño. Para ella esto no era más que un simple masaje. Después de un rato de estarla “revisando” mis manos se dirigieron a su entrepierna, ella abrió un poco sus piernas para facilitar mi trabajo. Frotaba su vulva con mis dedos, buscando los puntos de mayor placer. Una vez que la sentí húmeda comencé a meter un par de dedos dentro de su vagina. Lucy había comenzado a gemir como siempre lo hacía, disfrutando mis caricias al máximo. No podía dejar que sus gemidos fueran demasiado fuertes, aunque no había nadie cerca era un poco peligroso si una maestra llevaba a un niño enfermo y nos escuchaba. Así que solucione el problema del ruido dándole un beso, ahogando sus gemidos. Metía mi lengua en lo más profundo de su boca, intentando llegar hasta su garganta. Lucy empezó a moverse de un lado a otro, yo me despegué y me concentré en su entrepierna, mientras tenía una mano dedeandola, use la otra para frotar su clítoris, oculto dentro de su capucha. Lucy seguía haciendo movimientos de copulación con su pelvis, hoy estaba más asertiva de lo normal. Quizás hoy sería el día.

—Doctora… algo viene… siendo que me voy a hacer pis… 

—Esta bien cariño, déjalo salir, no te contengas —le dije, aumentando la velocidad de mis dedos. 

—Ay… aha… ahí viene…

De pronto dejó de moverse, sus músculos se tensaron y sus piernas temblaron sin parar. Había tenido un orgasmo, el primero de su corta vida. En nuestras otras sesiones no había logrado que sé corriera. La pasada había estado bastante cerca, pero se nos acabó el tiempo antes de que lograra hacerla explotar. 

—Muy bien Lucy, lo logramos esta vez —le dije acariciando su cabeza—. ¿Te gusto lo que sentiste?

—Fue increíble, sentí muy extraño, demasiado rico…

—Bueno, vístete mi amor, pronto vendrán por ti.

—Pero aún no me da mi medicina señorita Amy.

—Oh, es cierto, casi lo olvido.

Me di la vuelta y saqué un pequeño frasco de plástico de un pequeño refrigerador. El contenido era un líquido blanco y espeso. Lo destapé y se lo entregue a Lucy.

—Hasta el fondo mi vida.

—Si.

Lucy se tomó el semen que le di como supuesta medicina. Tal vez la siguiente vez haga que lo obtenga ella misma. Quizá ya esté lista para pasar a hacer cosas más divertidas. Avise que ya podían pasar por la niña, unos minutos después llegó una de las cuidadoras por ella. 

Creo que lo siguiente era reponer la “medicina” que Lucy había tomado, pedí que me trajeran a Thomas, para hacerle la revisión de la pierna que se había lastimado la semana pasada. Tom era un niño de 8 años. Según mi experiencia los niños podían comenzar a eyacular semen entre los 7 y 8 años. Antes de eso sus eyaculaciones no expulsan más que un líquido transparente o no logran sacar nada. Tom era de mis chicos favoritos, aún con su corta edad, lograba sacar buenas cantidades de semen en nuestras sesiones. 

Tom llegó solo, ya tenía la edad suficiente para venir por su cuenta. Estaba usando unas muletas y tenía un pie vendado. Yo lo dejé pasar, le dije que se sentara en la mesa. Primero que nada hice mi trabajo, le quité la venda y revisé su pie.

—¿Te duele Tom?

—No señorita, ya no duele.

—Creo que ya estás recuperado, aún no puedes hacer deporte por otros dos días, pero ya puedes caminar sin esas muletas.

—Gracias Doctora.

—Bueno, ya puedes irte —le dije, inmediatamente puso una cara de decepción y tristeza.

—¿Ya? ¿No necesita revisar nada más? 

—¿Te duele algo más Tom?

—Bueno… es que en cuanto me mando llamar… yo creía que usted…

—Esta bien Tom, ¿quieres que te ayude a sacarlo?

—Ya van 5 días que las chicas no me dejan sacarlo señorita.

—Bueno, yo les di esa instrucción Tom, tu semen es un recurso de gran valor. Pero esta bien, hoy haré que salga todo lo que tienes acumulado. Bájate los pantalones.

Tom hizo lo que le ordené, se bajo los pantalones y también sus calzoncillos. Su pequeño miembro ya estaba muy duro. Yo le di unos golpecitos con mis dedos en la punta de su glande, el solo dio unos unos gemiditos. Tomé su pene y comencé a frotarlo con dos de mis dedos. El empezaba a disfrutar. Llevé mi boca hasta eu entrepierna y me metí su falo dentro, chupaba y succionaba mientras lo veía a los ojos. El solo se retorcía y gemía de placer. Sentí que pronto se vendría, saqué su pene de mi boca y tomé un frasco de plástico. Apunte su miembro hacia el frasco y comencé a masturbarlo un poco más rápido.

—Ahhh señorita Amy, ya va a salir…

—Deme tu leche Tom, saca todo lo que puedas.

Tom finalmente explotó, yo logre que todo su semen cayera en el frasco. Había sido una buena extracción, casi la mitad del pequeño frasco estaba lleno. Aún así, yo necesitaba más. Dejé que se recuperara unos 30 segundos, luego comencé a masturbarlo de nuevo. Tardo incluso menos en correrse por segunda vez, expulsó la misma cantidad de antes, llenado por completo el frasco. Yo lo tapé y lo metí al refrigerador, después tomé un frasco nuevo y comencé a estimularlo más. Su tercera eyaculación tardo un poco más en llegar, pero aún así sacó una buena cantidad. El ya se veía algo cansado, pero yo necesitaba más de su semen. 

—Esperé, doctora ya no puedo…

—Solo un poco más cariño, necesito llenar dos frascos de esto.

—Pare por favor…

Ignore su súplicas y lo hice tener un cuarto orgasmo, el segundo frasco ya estaba casi lleno. Lo dejé descansar por un minuto, después volví a mi tarea. El pobre Tom ya no quería seguir, intentaba empujar mis hombros, pero aún no tenía la fuerza necesaria para hacerlo. Su pequeño pene se veía bastante irritado para este punto, pero aún así no me detuve. Finalmente logre que se viniera por quinta vez consecutiva. Por fin llene el segundo frasco, lo tapé y lo guardé.

—Listo Tom, ya terminamos, te mandaré a llamar en 3 días para revisar tu pierna de nuevo y sacar un poco más.

—Esta bien, gracias Señorita Amy —dijo, subiendo sus calzones y pantalón. Un poco de lágrimas salían de sus ojos.

Tom salió y regresó a sus clases. Yo estaba bastante caliente, tal vez era hora de llamar a alguna de las chicas mayores que pudiera satisfacerme correctamente. O podría jugar con el pequeño pene de algún niño de 5 años. Tenía tantas opciones para divertirme, amaba realmente este trabajo. Al final me decidí por mi chica favorita, Fernanda, la mayor. 

Se preguntarán cómo es qué hago para manejar a tantos niños y que nadie se de cuenta de lo que viven en mi consultorio. Bueno hay dos principales razones, la primera es el apoyo de la directora del orfanato. Ella no solo está al tanto de mis actividades, si no que las cubre y me ayuda con ellas. Yo a cambio le envío algunas niñas para que pueda divertirse con ellas. Las preparo para que aguanten el fuerte trato que ella les da. 

El segundo motivo, son mis chicas mayores. Ellas son las que mandan en la sociedad de los 64 niños que viven en este orfanato. Me ayudan a controlar a los niños y niñas más grandes que ya no pueden ser manipulados tan fácilmente, en especial si no son educados desde pequeños. Estas chicas mayores son mis oficiales de alto rango, cuidan que los demás sigan las instrucciones, que no hagan comportamientos sospechosos y que no hablen con nadie de esto. Generalmente las niñas son bastante obedientes, pero los chicos se vuelven un poco problemáticos, por eso, a partir de cierta edad, los doy algo de tratamiento hormonal para tenerlos más sumisos. Además de eso las chicas mayores me ayudan a mantenerlos bajo control, ellas son las que mandan en ese lugar. Si aún así surge un chico problemático, basta con hablar con la directora para que lo transfieran. Pero de todos los orfanatos este es el se encuentra en mejores condiciones, y los chicos lo saben, por lo que ser transferidos es un castigo que todos quieren evitar a toda costa.

Fernanda llegó a mi consultorio, ella era la chica de mayor edad y mayor rango, tenía 16 años. La había entrenado desde que tenía 8, cuando llegue a este lugar. Ya habíamos hablado con la directora, cuando cumpliera 18 ella iba a tomar un lugar aquí como una de las cuidadoras. Era la chica a la que más cariño le tenía.

—Hola señorita Amy, ¿me mando llamar? —dijo, haciendo una pequeña reverencia.

—Si, corazón, acabo de ordeñar a Tom, y me dejó muy caliente. Necesito que me ayudes con eso.

—Será un placer —dijo Fer.

Se puso de rodillas y desabrochó mi pantalón. Bajo mis bragas y pego su boca a mi entrepierna. Para este punto ella era una experta lamiendo vaginas. Metía su lengua hasta lo más profundo de mi ser, con su nariz daba pequeñas caricias a mi clítoris. No tarde mucho en llegar al orgasmo qué tanto deseaba. Como lo había hecho tan bien, se merecía una recompensa. 

—Fer, inclínate en la mesa, te voy a dar una recompensa —le dije.

—Si, señorita, muchas gracias —dijo con entusiasmo.

Se desvistió de la parte inferior de su cuerpo. Luego se agachó y puso su abdomen en la mesa, abrió sus piernas y levantó su trasero para mi. Yo metí mis dedos en su vagina, ya estaba muy húmeda. Empecé a darle placer, ella gemía de forma deliciosa. Después de un rato sentí que ella estaba al borde. Aplique presión en su abdomen y saqué de un fuerte movimiento mis dedos. Ella hizo un squirt. Volví a meter mis dedos dentro y repetí el proceso. Logre sacarle otros 4 chorros, la dejé completamente satisfecha. En cuanto me separe de ella, Fer se levantó y se agachó, comenzó a lamer el líquido que ella misma había dejado caer al piso. Estaba muy bien entrenada. Después de un rato le dije que era suficiente, que regresara a sus labores de la mañana. Ella asintió felizmente, se vistió y se fue. Fer estudiaba en la tarde, iba a una preparatoria cercana. Por las mañanas ayudaba a las cuidadoras en diversas tareas. Y me ayudaba a mi a mantener el control, ella era temida y respetada por los otros niños.

Yo decidí que era hora de un pequeño descanso. Seguiría con las “revisiones” más tarde, por ahora solo descansaría y esperaría por si algún niño necesitaba que lo atendiera.

Continuará…

14 Lecturas/2 marzo, 2026/0 Comentarios/por Madie1208
Etiquetas: amigos, baño, mayor, mayores, orgasmo, padre, semen, vagina
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