El pervertido payaso risitas: La cruda violación de un pequeño colorín.
Mario es un hombre de 51 años, se dedica a la animación de fiestas infantiles, en la cual capturará a su pequeña presa infantil y la someterá a una gruda experiencia sexual.
Mario es un hombre velludo de 51 años, 1.78 de estatura, 95 kg, de contextura gruesa, con una prominente barriga peluda y un bigote canoso manchado por la nicotina del cigarrillo. Sus manos y pies son grandes, su figura en general es grandota e imponente.
A pesar de su imponente figura, Mario dedica su vida a la entretención de los demás. Es más, es un excelente payaso de fiestas infantiles como cumpleaños, al menos eso le dicen los padres que han contratado sus servicios para animar la fiesta de sus pequeños.
Mario no trabaja para ninguna agencia, no anuncia su trabajo por internet ni el periódico. Él simplemente recorre en su casa rodante las diferentes ciudades y pueblos de su país, en los cuales se publicita discreta y localmente.
Su forma de conseguir trabajo es sencilla, ha impreso unos carteles ofreciendo sus servicios con un animado posters y al final de este, unos números de contacto recortables para que aquellos que necesiten de su servicio, lo tomen y contacten.
Cuando recibe una llamada de trabajo, el hace todas las preguntas pertinentes y es que a pesar de que sea necesario trabajar para vivir, el tiene sus exigencias. Mario solo trabaja en fiestas de varoncitos y menores de 8 años, esto, con la excusa de que su show está pensado para ese género y edad determinada. Aunque Mario, «el payaso risitas», guarda un oscuro secreto.
Y aunque en vida de un payaso no todo es diversion, Mario se levanta todos los días con una motivación. Le gusta bastante su trabajo, y lo disfruta al maximo, pues le da felicidad y placer.
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Es un nuevo día en «San gregorio», un pequeño pueblo ubicado en la costa del sur del país. Mario lleva 3 días instalado allí, en un lugar apartado, donde su presencia y la de su casa rodante no levanten sospechas.
Desde el prejuicio, a pesar de ser un payaso, Mario es bastante inteligente. Antes de seleccionar una ciudad en la cual poder trabajar, el payaso «risitas» la investiga muy bien, averigua si hay un alto flujo de turistas, si existen lugares discretos donde pasar desapercibido con su casa rodante e incluso estadísticas locales, todo con el propósito de cumplir con su pervertido plan secreto.
Durante el primer día en el pueblo, Mario aparcó su casa rodante en un lugar aislado a las afueras, enseguida tomó una ducha y se tumbó desnudo sobre su cama, para así, tomar un reponedor descanso luego de un largo trayecto desde la ciudad anterior. Tumbado ahí en su cama, se le venían muchos recuerdos a la mente, recordaba juegos, risas, llantos y súplicas. Todo aquello que le causaba amor por su trabajo y erecciones diarias.
Inevitablemente, estos recuerdos hicieron despertar su verga de 18cm, y lo llevó a masturbarse desenfrenadamente, con una perversa sonrisa dibujada en su rostro, reflejando placer y lujuria, lo que acompañado de sus gemidos, terminó en una explosiva eyaculación de semen sobre su pecho.
Luego de aquella deliciosa masturbación, el hombre quedó derrotado y tendido sobre su cama, estaba somnoliento por lo agotador del viaje y por la reciente liberación de energía, y así fue como se quedó dormido, incluso aún con sus fluidos de hombre esparcidos por su pecho.
~Las imágenes que pasaban por su mente al masturbarse.. eran sus recuerdos favoritos, sus sueños hechos realidad pues así como hacer reir a los niños es un arte, para Mario follarlos también lo es.~
Pasaron las horas y a eso de las 21:00 de la noche Mario despertó sintiendo frío por haberse quedado dormido desnudo. El semen que había derramado horas atrás, ya se había secado, sobre su pecho y pene, así que atinó a levantarse, para ponerse una playera, una sudadera con capucha y sin ropa interior… un pantalón holgado para sentirse cómodo. Cuando recuperó su calor corporal, tomó sus cigarrillos, las llaves de su casa rodante, unos posters y salió en dirección al centro del pueblo en su fiel bicicleta, pues ya era de noche, la hora ideal para comenzar a trabajar.
Mario recorrió las solitarias calles del pueblo, pegando algunos pósters a las afueras de diferentes locales comerciales, para así hacerle propaganda a su trabajo. En un atractivo y colorido póster, se anunciaba como «El payaso risitas» con un mensaje que decia: «celebra su día especial, con música, show de globos y mucha diversión» contactame al n° xxxx.
Es aquí, en dónde algo tan cotidiano y común, como buscar trabajo, se transforma en la maxima expresión de inteligencia de nuestro payaso risitas. Esto, debido a que todas estas acciones tienen un propósito claro, pasar desapercibido para poder disfrutar de sus perversiones sin riesgos, ni complicaciones innecesarias.
Una vez realizado su trabajo nocturno, era solo cosa de tiempo, solo quedaba esperar que llegase un llamado solicitado sus servicios. Pero aunque es un momento muy esperado por el payaso risitas, hay que precisar que antes de aceptar cualquier trabajo, este realiza todas las preguntas pertinentes, pues para el es muy importante saber si este corresponde a su público objetivo.
Una vez de vuelta en su casa rodante, el hombre se dirigió directamente a su nevera y se preparó algo rápido para comer, mientras veía su pequeño televisor. Eran las 1:00 de la madrugada y a Mario le surgieron las ganas de tomarse una cerveza fría, acompañada de un cigarrillo y algo de su polvo blanco. Y así paso su primera noche en San Gregorio, con el primer paso de su plan completo.
Al siguiente día, Mario despertó a eso de las 12:00 horas, se levantó de su cama, hizo los quehaceres, comió algo y volvió a quedar desocupado, pues así era su vida. A eso de las 16:00 de la tarde, cuando se encontraba frente al televisor, de pronto recibió un sorpresivo llamado.
– Hola, ¿con quién tengo el gusto? .- Dijo el hombre incorporándose en su asiento y fingiendo una dulce voz.
– Hola, soy Mariana y ví su anuncio pegado en el centro. Me gustaría saber si podría contratar sus servicios, muy es urgente- dijo la mujer al otro lado del teléfono, se oía agitada, como preocupada.
-Estoy disponible en estos momentos, pero debo aclararle que mi show está hecho solo para varoncitow y es que por lo general a las niñas les gustan más las princesas jaja- Dijo fingiendo amabilidad.
– Ah muy bien, entiendo y creo que tiene razón. Por suerte tengo un hijiti, el tiene 7 años y necesito sus servicios urgentemente.- dijo la mujer hablando rápido.
– ¿Porqué urgente? ¿Usted se refiere a que es para hoy o algo por el estilo?.- Preguntó curioso y ansioso al escuchar lo urgida que se oía la mujer y sobre todo al escuchar la edad de su pequeño niño.
– Si señor, es para hoy. Sé que es muy encima la petición pero la persona que animaría la fiesta de mi hijo no podrá asistir, nos dejó sin saber que hacer… y por suerte, ayer tomé uno de sus papelitos.- Dijo la mujer, nerviosa y deseando que el payaso risitas aceptara su propuesta de trabajo.
– Muy bien señora, no sé preocupe. Dígame la hora y ahí estaré.- Dijo amablemente hombre, disimulando su ansiedad pues no siempre el primer llamado resultaba efectivo para sus planes.
– Genial!. La dirección es xxxx, ¿Lo esperamos a las 18:00 hrs?.- Preguntó ansiosa la mujer.
– Si, ahí estaré señora Mariana.- Dijo el hombre antes de colgar la llamada.
Al colgar la llamada el hombre quedó sentado mirando un punto fijo en la televisión, mientras en su rostro comenzaba a dibujarse nuevamente una perversa sonrisa. Por su mente pasaban miles de pensamientos obscenos , y como consecuencia, su verga comenzaba a tomar fuerza. De pronto salió de su trace y fue directamente a su cuarto, tenía que alistar sus cosas para ir al trabajo.
Desde arriba del closet, sacó una enorme maleta colorida, al abrirla sacó su traje de payaso, el cual era blanco y con enormes botones coloridos, también sacó su nariz y su peluca crespa de color rojo. Una vez todo apartado, echó algunas chucherías de trabajo en la maleta, globos, trompetas, silvatos, entre otras cosas… y finalmente, tomo sus pinturas, para poder transformarse en el payaso risitas.
Eran las 17:30 de la tarde aproximadamente y Mario ya estaba listo para partir a su ansiado trabajo, y así lo hizo. Apenas salió del discreto y apartado lugar en el cual se encontraba instalado, avanzo unos kilómetros y en otro sitio solitario, sin personas a la vista, bajó de su casa rodante.
Desde su maletero sacó su fiel bicicleta, la cual tenía una especie de canasto en dónde cazaba perfectamente su maleta. Por consiguiente, subió a su casa rodante, se vistió, maquiló y partió en su bicicleta rumbo a la fiesta que le esperaba.
Al llegar a la dirección que le habían dado, buscó la entrada y mientras lo hacía, observaba atentamente a su alrededor. Frente a sus ojos se veía un alto flujo de niñitos, todos como le gustaban a él, pequeños e inocente ,y por lo tanto, altamente violables por maduros como él, un pervertidos. Su verga comenzaba a brincar, pero debía salir de esos pensamientos intrusivos, habia que trabajar, así se dirigió hasta la entrada.
Al llegar a la casa, entró directamente, la puerta se encontraba abierta y dentro, se oían risas y grititos por todas partes. Sin percatarse, tras él habían 2 niños emocionados y embobados con su disfraz. Hasta que de pronto uno de ellos llamó su atención, jalándole ligeramente su traje desde la parte trasera.
-Hola payasito, te invitaron a la fiesta de mi primo Benjamin?.- Dijo el pequeño con su voz aguda e infantil, levemente avergonzado.
-Hola amiguitos, si.. me llamaron por teléfono y me dijieron que unos a niños le gustaban mucho los payasitos como yo… Pero parece que me equivoqué de lugar.- Respondió el hombre con su fingida voz de payaso triste, agachándose a la altura del niño que le había hablado.
– Noo, si nos gustan los payasitos. ¿Verdad? .- Respondió emocionado el pequeño mientras miraba a su amigo y éste asentía con un fuerte sí.
– Uf menos mal, sino me hubiera.. ay.. ay…- Dijo el hombre fingiendo desmayarse sobre el suelo de la casa.
-Señor payasito despierte, despierte.- Dijieron ambos niños abalanzandose sobre el hombre para despertarlo de su falso desmayo.
El hombre sonreía tendido sobre el suelo, mientras los pequeños intentaban despertarlo. Hasta que de pronto uno de ellos se subió y comenzó a brincar en su barriga. Esto lo hizo «despertar» y se sentó con el niño, pues su pene había despertado por aquella situación.
– Desperté!! Gracias amiguitos.- Dijo el payaso dejando al pequeño a un lado, y se puso de pié para no ser sorprendido en aquella situación. Por suerte su holgado pantalón disimulaba muy bien la dureza de su verga.
De pronto, a lo lejos escuchó una voz femenina que le dió la bienvenida a la fiesta, era la mujer que lo había llamado para presentar su show. El hombre pensó rápidamente «que bueno que no me vió».
-Hoola, que bueno que haya venido. Muchas gracias!, me salvó, no sabía que hacer y por suerte lo encontré a usted.- Dijo la mujer contenta y algo acelerada.- Disculpe por no haberlo recibido pero estamos todos en el patio trasero.- finalizó.
-Hola, no sé preocupe, aquí estoy! A su servicio y al de todos los niños jaja.- Respondió con simpatía el hombre, mientras los pequeñod los observaban conversar.
-Venga conmigo… Lo presento ahora a los niños? Ya está oscureciendo y la idea es que termine el cumpleaños con un momento bonito.-Dijo con suave voz la mujer, indicando el camino hacia el patio trasero.
~ No tenía idea la mujer, no tenía idea al pervertieo que acababa de meter en casa a compartir con los pequeñitos invitados~
-Claro que si, no hay problema.- Respondió el hombre preparándose, acomodándose, segurandose de que estuviese preparado para presentarse a los demás niños.
Una vez llegaron al patio trasero, el payaso risitas se sintió en el paraíso. Estaba rodeado por un ambiente muy infantil, con diversas decoraciones de payasos y con invitados muy pequeños, los cuales eran de todo su gusto. Cuando los niños se dieron cuenta de la presencia del payaso risitas, todos brincaron y gritaron de emoción, acercándose feliz a él.
~Fue en ese entonces cuando comenzó con su performance.~
Se presentó con su particular voz haciéndolos reír a todos, realizó algunas piruetas y luego hizo su esperado show de globos, el cual consistía en realizar diversas figuras que sorprendían y alegraban a los niños y, estos le agradecían con un enorme abrazo.
~Esto lo hacía muy feliz, y también lo hacía sentir hombre. Un hombre pervertido, pero hombre al fin y al cabo. Le excitaba recibir los abrazos de niñitos, poder sentarlos en sus piernas y manosearlos sutilmente sin ser observado de forma extraña.~
Finalmente, el payaso risitas estuvo un buen rato haciendo su espectáculo, y cuando terminó estaban todos felices, los niños, la madre e incluso su verga, la cual estaba durísima y mojada, pero escondida bajo un disfraz inocente.
-Muchas gracias nuevamente! Quedó muy feliz mi Benjita y tambien todos sus amiguitos, se han divertido.- Dijo la mujer emocionada, dándole un pequeño abrazo al payaso.
-Gracias a usted por llamarme.-Respondió Mario con una sonrisa amable, disimulando su excitación en todo momento.
-Estuvo muy lindo su espectáculo, descanse ¿Quiere un trozo de torta?.- Dijo cordialmente la mujer.
-No podría rechazarla, se ve deliciosa.- Respondió el hombre, mirando hacia la torta y a los niños que jugaban cerca. Aquella propuesta significaba más tiempo para cazar a su presa.
Mientras Mario realizaba su espectáculo, analizó todo el panorama, hasta que obtuvo un objetivo claro. Había puesto sus ojos en un hermoso niñitode pelo colorín, de piel blanca, carita pecosa, ojitos de color celeste y una contextura deliciosa para el hombre, era algo rellenito. Con su pequeño shorts se le notaba lo culoncito y desde su camisa se lograban visualizar unas pequeñas pero gordas tetitas.
~Es hermoso, tentador y sobre todo pequeño no debe tener más de 6 añitos, debe ser mio el bebé, al menos un para un par de «jueguitos».-Pensó.
El hombre se sentó en una mesa cercana al juego de los niños y disfrutaba su trozo de torta, mientras que los pequeños se acercaban a hacerle preguntas, o tocar su traje de pura curiosidad. Entre esos estaba su pequeño objetivo, el cual le preguntó:
-Señor payaso, ¿por qué tiene el pelo de ese color?.- Preguntó sonrojado para luego taparse la boca.
-Es un gran secreto, te lo podría decir pero no aquí. ¿Quieres que te lo cuente amiguito?.- Preguntó el payaso risitas con su adorable y particular voz. No sin antes percatarse de que no hubiese ningún adulto cerca.
~Por suerte en el cumpleaños estaba solo la madre del festejado, la abuela de este y otras 2 señoras que no tenía idea quienes eran, de seguro alguna tía o algo por el estilo~
-Si, quiero saber.- Dijo quitando sus manos de la boca y mirándolo con cara de emoción.
-Muy bien amiguito. Te lo diré antes que me vaya… pero debes esperarme calladito en el baño, sin que nadie te vea. ¿Puedes hacer eso amiguito?.- Hablo con seguridad y amabilidad el payaso risitas, para no asustar al pequeño.
-Si, lo haré. Shhh.- Respondió el niño posando un dedo sobre su boca para chitar, insinuado que todo se trataría de un secreto.
-Muy bien, anda amiguito y espérame.- Dijo sonriente el payasito.
~Pobre niño, no tenía idea de las intenciones del perverso «payasito», no tenía idea de la pesadilla en la cual caería, no tenia ni la más remota idea de que no tendría salida de tal tortura sexual~
Cuando vio al niño alejarse y seguir su indicaciones, el hombre se dispuso a marcharse, se acercó a la madre del cumpleañero, la cual se encontraba fumando en un rincón junto a las otras mujeres. Esta, se apartó un instante, le entregó su paga a Marioz y le dió nuevamente las gracias por «salvarla» de ese percance. Antes de despedirse el hombre habló:
-¿Me prestaría el baño antes de marcharme?.- Preguntó cordialmente el hombre.
-Si claro, es aquella puerta.. lo llevaría pero… .- Respondió la mujer apuntando juguetonamente hacia su cigarro.
-Entiendo, muchas gracias por todo.- Respondió con una amplia sonrisa el hombre.
Así comenzó a emerger nuevamente el lado perverso del payaso risitas, quien se encaminó enseguida hacia el baño, ansioso por encontrarse con el pequeño niño colorín. Antes de entrar, se percató de que no hubiese nadie a su alrededor y entonces, abrió la puerta.
Dentro del baño, se encontró con su nueva víctima, a la cual le hizo un gesto de guardar silencio y se acercó para pedirle que se diera la vuelta.
– Shhh, date la vuelta amiguito y espérame.- Le susurró payaso al niño el cual solamente asintió y accedió sonriente.
En ese instante abrió su gran maleta, sacó un frasco de color café oscuro, el cual destapó y del cual derramó el liquido que contenía sobre un pañuelo. Este liquido tenía un aroma leve, pero mortal para sus propósitos.
Acto seguido, sigilosamente el payaso risitas se acercó y posó el pañuelo sobre la nariz del pequeño colorín, el cual reaccionó instintivamente queriendo safárse de su opresor. Lamentablemente no pudo y por lo tanto poco a poco el pequeño niño fue cayendo desvanecido sobre los brazos de Mario y Morfeo.
-Ahora vamos amiguito, tengo muchas cosas planeadas para ti y para mí.- Susurró de forma perversa el payaso, con una sonrisa que delataba todas sus intenciones, la cuales no eran para nada buenas.
Mario abrió su maleta, tomó al niño, lo metió dentro y luego la cerró, dejando un pequeño orificio para que pudiese respirar. Ansioso, con su verga a mil, salió de ese baño y desde lejos se despidió de los demás niños que revoloteaban en el patio, los cuales corrieron tras él para despedirse.
– Chao payasito! Chao! Chao!.- Gritaban agitando sus manos los pequeños una vez que salieron todos a correr por el patio delantero.
El hombre tomó su bicicleta, acomodó sin escrúpulos su maleta, amarrándola en la parte trasera para asegurarse de que quedase bien firme, y entonces, partió en dirección a su discreta ubicación. No sin antes pasar por el pueblo y retirar todos sus posters.
Ansioso por consumar sus perversiones y deseos con el niñito colorín, el payaso risitas aceleró su trayecto a casa, hasta que por fin llegó. Bajo con cuidado la maleta y la dejo al interior de la casa rodante mientras guardaba su bicicleta en su maletero.
Cuando entró en su casa, el hombre soltó un gran suspiro de alivio, y posteriormente decidió abrir la maleta. Al abrirla, se encontró con una hermosa escena frente a sus ojos, se percató de la incómoda postura del pequeño niño, el cual tenía sus piernas flectadas y pegadas hacia su propio pecho.
~Se veía tan frágil e indefenso, sobre todo con esa carita angelical. ~
Cualquier persona en su sano juicio hubiera sentido compasión al verlo en esa situación, pero claramente no era el caso del payaso risitas. Aquella situación le provocaba lo contrario, todo, menos compasión. Eran sentimientos y sensaciones como alegría, emoción, excitación y morbo…
El pequeño aún se encontraba dormido, al menos eso se podía deducir por el sube y baja de su pecho, entonces, eso indicaba que sí estaba respirando. Por otra parte, posterior al deleite de aquella escena, el hombre se agachó para tomar una de las manos del p, y luego, lo tironeó fuera de la maleta.
~El colorín no presentó resistencia alguna, fue arrastrado fuera de la maleta, sin compasión, como si fuese un inútil muñeco de trapo.~
-Jiii… Jiii… Jiii…. .-Rió de forma chillona, mientras arrastraba las letras, era una risa algo macabra.- Necesitaba tanto esto, no tienes idea dónde caiste bebé, pobrecito.-Finalizó.
~En su posición, observó hambriento su presa por un instante, luego lo levantó en sus brazos y finalmente lo llevó directamente hasta su cama, necesitaba jugar, jugar con él, con su cuerpito.~
– Veamos que escondes bajo esa ropita amiguito.– Dijo lanzándolo sobre su cama, para comenzar a desabrochar botón a botón la camisa blanca del pequeño. Cuando terminó, dejo al descubierto su suave y blanquito pecho, y unas hermosas, gorditas y pequeñas t… con pezones rosados.
Luego de aquello, el payaso risitas siguió desvistiendo al niño, le quitó sus zapatillas, calcetines y finalmente le quitó su pequeño short de color café junto a su ropita interior, dejando a la vista, su pequeño pero hermoso y gordito culazo infantil.
– Parecías un puto scout, esos shorts tan cortitos, esa camisa ajustada.. uf, no deberías vestirte tan provocativo amiguito. Jii.. jii.. jii…- Dijo el hombre mientras cometía su hazaña y reía como desquiciado con una sonrisa macabra en el rostro.
Cuando lo tuvo completamente desnudo sobre su cama, lo observó atentamente mientras se desvestía, comenzando por su peluca y terminando con su ropa interior «blanca», la cual estaba notoriamente manchada de un color amarillento, un claro rastro de meados y fluidos de hombre.
~Así, desnudo, dejando en evidencia su erección al frente pequeño cuerpo infantil, y orgulloso de su perversión , se abalanzó hacia su presa, ya no había vuelta a atrás, iba a follarlo~
Inmediatamente, comenzó a olfatearlo y lamer cada recoveco del niño, como si fuese un maldito perro. El hombre maduro, olfateó y lamió con desesperación su cuello, sus axilas, su vergita, sus pies e incluso en medio de sus deditos.
~Al pervertido payaso, le encantaba sentir ese aroma y sabor infantil, le fascinaba poder saborear esa inocencia, la cual ensuciaría con sus morbos~
La escena era pervertida, pues el niño se encontraba totalmente drogado tendido sobre la cama, y sin presentar resistencia alguna a las perversiones que le practicaba el hombre.
Se lograban oir sus obscenos langüetazos, dejando su rastro de saliva sobre la piel del pequeño indefenso niño. Metió los pies del colorín en su boca, los chupeteó como si de un caramelo se tratase. Succionó y mamó sus p tetitas, hasta dejarlas rojas y sobresalientes.
~Todo aquello era solamente una previa de su plato principal, el pequeño y gordo culo del n. ~
Cuando llegó el momento, lo dio vuelta sobre la cama, dejándolo boca abajo, para luego abrir sus gordos cachetitos, hasta dejar su minúsculo anito infantil expuesto ante sus ojos. Una vez que tuvo ese hoyito tal y como quería, se abalanzó inmediatamente a succionarlo, lamerlo, saborearlo y reiteradamente, intentar penetrarlo con su lengua .
~ El n comenzó a presentar los primeros indicios de que el efecto de la droga, comenzaba a perder efecto. Su culo palpitaba involuntariamente con el movimiento de la lengua de Mario, quizás por alguna clase de cosquilleo o incomodidad y eso, lo puso a mil al pervertido payaso risitas ~
– Mmm.- Salió un casi inaudible quejido de la boca del pequeño niño, mientras fruncía levemente el ceño. Era una clara respuesta a la descomunal chupada de culo que le propina el hombre mayor.
-¿»Mmm» qué? Putito de mierda.. ¿Te gusta verdad?. ¿Si?, yo lo sé. Tu cara de maricón me lo dijo apenas te ví.- Dijo entre pausas mientras hundía su cara en el culo del niño. En ello, se le fue estropeando el maquillaje por el sudor y su propia saliva.
Con el dulce sabor infantil en su boca, la verga del hombre había comenzado a soltar una abundante cantidad de líquido preseminal, dejando su verga babosa y goteando hilos de fluidos. Su cuerpo peludo se encontraba completamente sudado, emanando un fuerte olor a sudor, a pies, a axilas, a culo y por supuesto, un intenso olor a verga adulta.
El hombre se arrodillo sobre su cama, tomo al niño desde sus caderas y levantó su culo hacia la altura de su verga. Luego, con su mano derecha, direccionó sus 18 cm de dura y babosa verga, directamente al anito infantil. Embarró toda su rajita con la baba de su verga, pasándola de arriba a abajo, dándole fuertes golpes, los cuales generaban un obsceno chapoteo de babas en la estrecha entrada, acto seguido, el hombre se separó un instante para observar lo mojado que tenía el culo del niño, para finalmente, con la punta de su dedo indice comenzar a masajear la zona, hasta poco a poco ir introduciéndo su dedo.
-Uff, te sientes tan calentito, tan estrecho b…- Dijo el hombre cerrando los ojos mientras introducía a fondo su dedo, palpando las estrechez del m en su dedo.
–Ah!. Pff.. Pff..mm…-Reaccionó el niño quejándose y bufando contra la cama, mostrando indicios de dolor, de querer despertar y llorar.
-Uff esto es lo que pasa cuando andas provocando a hombres mayores, con esa carita, esa ropita de puto.. y este culo…Ji..Ji..Ji…- Habló satisfecho al sentir las pequeñas quejas del niño, mientras de su verga seguía brotando hilos de fluidos de macho adulto.
~El muy cabrón, se atrevía a culpar a un pequeño niño, el cual había salido de su casa, simplemente para divertirse en el cumpleaños de su amiguito, y ahora, su futuro era totalmente incierto en las manos de un pervertido payaso~
-Meterte solo un dedo en ese culo tan gordo, sería demasiada compasión para un putito como tú… tan maricón. Jii..jii..jii… -Dijo nuevamente con voz chillona y soltando su macabra risa.
Luego de haber estado varios minutos masajeando internamente el anito del niño, y haber escuchado sus débiles quejas, el hombre escupió un segundo dedo, y por consiguiente, comenzó a hacer presión en la entrada del pequeño orificio. Cegado por su calentura, quería entrar a toda costa, aunque sintiera en sus dedos la propia resistencia de la piel virgen.
El hombre siguió sin detenerse, sin compasión y, atravesó el pequeño orificio anal, causándole un enorme dolor al niño. Al sentir el violento intruso dentro de su culito, el niño despertó al instante, y pegó un grito desgarrador, el cual significaba dolor y desesperación absoluta.
– Hasta que despertaste amiguito. jii, jii… jii.- Habló el hombre adulto con su voz chillona de payaso y soltando su característica risa mientras hundía sus dos dedos en lo más profundo del recto infantil.
– Aaaah, ayyy, ayyyy…..- Pegó otro grito desgarrador, muy agudo, el cual casi lo deja afónico.
-Eso, grita bebito, no sabes cómo me pones de dura la verga.. jii..jii..jii…- Gritó el hombre por sobre la voz del niño, con su tipica risa macabra.
Riendo como desquiciado, con su maquillaje arruinado, el hombre parecía el puto Joker. En el rostro del hombre mayor, solamente se divisaba lujuria y perversión, la cual era un claro indicio de que no se detendría hasta saciar su hambre de un buen culo infantil, aunque este se le resistiera.
Por otra parte, en el rostro del pequeño, solo se reflejaba terror, dolor y desesperación, todo aquello que lo impulsaba a querer safárse de su opresor pero lamentablemente, le era inútil. Desde sus ojos brotaban lágrimas, mientras seguía gritando con mayor intensidad al sentir los dedos del hombre hurgando en su interior.
– Ahh!, Aaah!, ayyyyy… Mamiii… mamitaa..aay!!.-Gritaba desesperado entre llantos el pequeño colorín.
– Tu mami no está maricón!. Grita, llora, patalea pero no saldrás de aquí! JAJAJA!.-Dijo el hombre moviendo rápidamente sus dedos, de un lado al otro. Le propinaba una magistral masturbación anal dentro de ese pequeño pero gordo culito infantil.
-Ay, ay.. me duele, ayyy!!.- Seguía quejándose entre llantos el niño.
~Era tan débil, tan frágil, tan inocente, tan violable~
El hombre sin poder más de la calentura, sacó ambos dedos del culo infantil, se recostó en la cama boca arriba y lo agarró de los pelos. Mientras niño lloraba aterrado, lo acercó fácilmente hacia él, como si de muñeco de trapo se tratase. Lo guío directamente hacia su verga madura, la cual le restregó por todo el rostro, dejando un evidente rastro de fluidos y un inconfundible olor a verga.
Estuvo unos minutos restregando su verga en el rostro infantil, hasta que su instinto pervertido le pidió sentir el calor de esa boquita virgen, virgen del sabor de los juguitos de un hombre. Entonces, con el niño tomado por los pelos, con su mano libre tomó su verga dura y babosa, la cual llevo directamente a los labios del colorín, haciendo presión para poder entrar y sentir su lengüita, y posteriormente, su garganta. Así lo hizo, tomando con mayor fuerza su cabello y zamarreándolo, para que así gritáse y le entrara toda su hombría dentro de la boquita.
Cuando Mario logró estar dentro, sintió un calor y una suavidad que solo pueden ofrecer los niños, según él. Aquella situación le parecía tan embriagante que sus ojos se tornaron en blanco, por el hecho de sentir un inmenso placer. Mientras el disfrutaba, el niño sufría, luchaba por respirar, pues era ahogado con una verga adulta, la cual penetra su boca sin compasión.
Entre la desesperación del colorín, este trataba de levantarse de su posición, afirmando sus manos en la cama o en el cuerpo del hombre mayor, pero no podía, su fuerza era diminuta contra la de él. El pequeño se sentía mareado y su cuerpo no le respondía al cien por ciento, recién estaba saliendo de los efectos de la droga que le habían hecho inhalar
~Aunque intentó safárse, no pudo. La boca del pequeño colorín fue penetrada hasta la garganta, pese a su resistencia, a sus lágrimas e incluso las propias súplicas involuntarias del cuerpo, como estar a punto de desvanecerse por la falta de oxígeno.~
-Aaah.. que rrrricoo.. Mierda!!.- Gritó el hombre con voz ronca, soltando al niño de su agarre, y apenas este levantó su rostro, lo abofeteó sin piedad. De un solo golpe le dió vuelta la cara.
-Ayyyyy!.-Fue el único quejido que salió de la boca del niño, pues aquel golpe lo había dejado totalmente aturdido. Antes de recuperarse, recibió el segundo, una bofetada igual de fuerte que la primera.
~Ambos golpes habían impactado sin piedad sobre el rostro blanco y pecozo del pequeño colorín. La fuerza desmedida del hombre, rompió instantáneamente su labio, y su mano quedó marcada en ambos lados de su rostro~
El pequeño quedó en shock, no reaccionaba, había quedado como un retrasado mirando hacia el vacío, mientras de su boca, babeaba fluidos preseminales. Cuando el payaso risitas se percató de aquello, rió fuertemente y luego aprovechó el trance del menor para incorporarse sobre la cama y posicionárlo fácilmente boca abajo.
Dejándose llevar por la calentura, el hombre se volvió a posicionar detrás de niño, pero está vez, con otro propósito, ya no metería un dedo o dos, esta vez sería su verga madura, venosa, babosa y olorosa. Así mismo fue como se atrevió a abrir nuevamente esas hermosas y gordas nalgas infantiles.
-Ufff que delicia!!. Ya volvio a su forma! Ahh!.. Los mariconcitos como tú, nacieron para tragar verga!!.-Rugió observando el pequeño y estrecho anito, al cual le dio un escupitajo fulminante.
~Antes de continuar, el hombre se acercó a su pequeña mesa de noche y tomó su videograbadora. Quería capturar su acto de perversión para el recuerdo, y quizás, algo más~
Posicionó su videograbadora sobre una almohada en la parte superior de la cama, con una luz roja y parpadeante como indicio de estar grabando su fechoría. La pantalla de esta, se encontraba posicionada perfectamente para que el hombre pudiese estar seguro de grabar correctamente toda la escena, el colorín recostado boca abajo, con su carita maltratada observando directamente al lente y prontamente él sobre el niño follándolo, solo como un hombre adulto y pervertido podría hacerlo.
~Estaba muy caliente, urgido por complacer sus deseos, necesitaba demasiado penetrar al niño~
Sin aguantar la calentura y sín más preámbulo, el payaso risitas, se acercó con la verga dura en una de sus manos, mientras que con la otra abría las gordas nalgas del niño, para dejar expuesto su delicioso anito rosa y virgen. Cuando la punta de su verga tocó el anito, el pequeño dio un brinco involuntario, a lo que el hombre respondió rápidamente con varios golpes babosos en su hermosa entrada.
– Ah!, ah!, ah!.- Se le escuchaba quejar al niño mientras los golpes en su ano lo hacían brincar.
-Mmm…¿te gusta verdad? mariconcito….-Rugió nuevamente el hombre mientras arrastraba sus palabras por la calentura que le provocaba el natural calor de ese pequeño anito.
Cuando Mario terminó de hablar, ya tenía su verga posicionada entre ambas nalgas, con su cabeza apuntando directamente en el pequeño orificio que invadiría. Con una de sus manos, recorrió la pequeña parte visible que dejaba su enorme cuerpo, sus nalgas, las caderas, su espalda… la cual recorrió desde abajo hacia arriba, hasta llegar a su cabello y tomarlo fuertemente, para luego con un movimiento pélvico, penetrarlo completamente, hasta el fondo, sin piedad ni compasión.
La cara del niño se puso colorada en un segundo, sus ojos se volvieron blancos inevitablemente, para luego volver en sí. Abrió sus ojos a más no poder, tomó aire, y gritó:
-AAAAH.., YYYY…, AYYYYYYY MAMITA… MAMITA AYUDA AHHH!!.-Gritó a todo pulmón en un tono muy agudo, característico de la niñez. El dolor, lo había hecho volver en sí, aquellos golpes en su rostro se sentían menos intensos que sentir la verga del hombre dentro de él, sentía que se partía, que se desgarraba por dentro, pero eso no lo salvaría.
-Ay mamita, ay mamita…mariconazo!.. tu mamita no está. Seguramente es una zorra igual que su hijo, debe estar atascada en una verga como tú. – Dijo el hombre con un tono perverso y burlón en su voz.
Asustado, el menor comenzó a llorar nuevamente, se sentía como una presa acorralada, confundido, sin saber que hacer, sin escapatoria. El terror comenzó a apoderarse de él, su llanto y sus gritos, se escuchan por toda la casa, pero al hombre mayor no le importaba, en ese lugar, nadie podía escuchar aquellos lamentos, para él era música.
Sin animo de detenerse, el hombre tomó con más fuerza el cabello del colorín, haciéndole elevar aún más su rostro y dejando en evidencia las lágrimas que recorrían su rostro maltratado. Su expresión era de dolor, sus gritos eran ensordecedores y su culo, la gloria misma según el payaso risitas. Es por este motivo que metía y sacaba su verga frenéticamente en el p anito i.
-Dime putito, ¿cual es tu nombre?.- Preguntó Mario entre gruñidos, sin detener sus profundas clavadas.
-Aaah.. ay..ayu..da.. mamita, porfavor… Ayyy…- Gritaba de susto y dolor el pequeño, mientras sentía la verga del hombre como un intruso que le partía en dos y revolvía sus entrañas.
-No está tu mamá aquí mierda!. Dime tú nombre.- dijo el hombre sin soltar el cabello del colorín, mientras sacaba todo su pene adulto, para volver a meterlo a fondo.
– AAAH AYY, AYYY MI CULITO… Martínn!! Ayyyyy mmm.- Gritó fuertemente con su aguda voz entrecortada producto del intenso dolor anal.
-Uuf siiii te duele el culito,, ¿verdad? QUE RICOO! hasta el nombre de mariconazo tienes pedazo de mierda.- Rugía desinhibido por calentura y perversión, sin soltarlo de su fino y colorín cabello, hasta que volvió a hablar.
-Ahora dime tú edad Martín….- Dijo juguetona y burlonamente, mientras comenzaba a darle rápidas y profundas penetraciones, las cuales revolvían el interior del menor y lo hacía gritar aún más.
-Ahhh, ayyy…. ayy.-Gritaba adolorido el pequeño niño, haciendo caso omiso a las palabras de Mario.
En su desesperación, el pequeño llevaba sus manos hacia su rostro, se lo tocaba con desesperación, tapaba su boca, luego llevaba sus pequeñas manos a los muslos del hombre mayor tratando de alejarlo, lo que le era imposible. El dolor y la desesperación, lo hacían reaccionar erráticamente, era una sensacion inexplicable para su tan corta edad.
-Dime tu edad Martín..-Volvió a repetir Mario mientras le soltaba de su cabello para posar ambas manos en las nalgas, para así abrirlas y ver qué tan profundo entraba su verga.
– Ay.. y.. y.. cin..co (5 años).- Solo eso salio de la boca del pequeñín, pués era evidente su cansancio, su cuerpo estaba completamente sudado, su voz desgastada, y su rostro expresaba dolor y sumisión.
-UFFF MIERDA!, yo tengo 51 años y este bebé 5 añitos, AHH QUE RICO!!.-Bufaba de lujuria el pervertido payaso, mientras seguía con un acelerado vaivén hacia el estrecho interior del pequeño.
El cuerpo de Martín ya no tenía fuerzas, estaba completamente agotado, se había comenzado a relajar y su dolor había disminuido, o quizás, simplemente se había adaptado a este, producto del fervor de aquella situación, de las nuevas e inexplicables sensaciones.
-Eres todo lo que necesitaba bebito. Este hermoso y pequeño culo gordo, me hizo palpitar la verga apenas lo ví.. ahora entiendo el porqué…-Dijo el hombre disfrutando las penetraciones que le propinaba al menor.
-Mmm..ah.. ah…-Salían débiles quejas de la boca del Martín, y sus ojitos de vez en cuando se volvían blancos.
El hombre adulto dominaba completamente toda la situación y no había nada, ni nadie que pudiese evitarlo, al menos así lo comprendió el menor, quién dejó de luchar y se entregó al dolor y al agotamiento. Cuando Mario se percató de aquella situación, comenzó a disfrutar aún más su acto de perversión, para él, eso era un claro indicio de qué a Martín le gustaba lo que estaba haciendo.
Su verga palpitaba de emoción entre las estrechas paredes anales del niño. Luego de haber pasado varios minutos propinándole penetraciones al niño, sin ánimos de terminar de follar al pequeño martín, el hombre salió de su interior y lo volteó en la cama, dejándolo mirando hacia arriba, donde se encontraron ambas miradas, una de fragilidad y miedo, y la otra de perversión y lujuria.
Cuando el menor enfocó su mirada hacia quien tenía sobre él, pudo ver solo un pequeño rastro del payaso risitas, pués ya no traía su característica peluca roja, sino que tenía su cabello natural, largo y grasoso. Por otra parte, su maquillaje se había difuminado producto del sudor, se veía totalmente macabro, ya no era un tierno payaso infantil, era el puto jocker, como en el <<Joker: El hombre que ríe>>
Desde su posición, el hombre tomó la videograbadora y apuntó de cerca toda la escena, en la cual el se acercaba a la boca del m y comenzaba a besarlo con pasión, dejando impresionado a Martín y sin presentar resistencia, lo cual aprovechó para levantarle las piernas al pequeño, flectarlas hacia su cuerpo, y dejar expuesto el pequeño anito recién violado.
Mario tomó su videograbadora y apuntó directamente hacia el pequeño anito, el cual había sido ultrajado sin compasión, haciéndolo pasar de un hermoso y pulcro color rosa, a un intenso rojo. Esto lo puso a mil, su verga estaba durísima, por lo cuál bajó un poco las piernas de Martín para posicionárlo en su hombría, la que tomó en su mano y fué introduciendo nuevamente en aquel estrecho orificio infantil, pero está vez, podía observar como su verga se iba marcando en la pancita de Martín.
-Ufff bebé, no te imaginas lo feliz que me haces. Este culonde puto es el paraíso….- Bufaba de pasión el pervertido hombre, mientras su verga se apoderaba del interior del menor, haciendo notar la rapidez de sus penetraciones, al igual que los propios papitos de su verga.
~El hombre estaba en el cielo, no le importaba nada más que su placer en ese momento, en ese momento eran sólo él y Martín en el mundo. Bueno, algo así, pues para Mario, el pequeño no era más que un juguete, un número más en su lista~
-Mm..mm… me duele. Ayy..-Dijo con la voz entrecortada, entre gemidos. Está vez la verga del hombre se sentía diferente, había entrado en otra posición y le hacía sentir dolor, pero a también un cosquilleo inexplicable.
-Mmm.. ¿te duele bebito?. A mí no….- Respondió el hombre imitando su tono de voz, mientras lo miraba directamente a los ojos de manera burlona y sin detener sus penetraciones.
El hombre siguió con su intenso acto sexual, estaba completamente dentro del pequeñito niño, y no se detendría hasta derramar todo su semen en las entrañas de su presa, la cual no pondría resistencia contra su fuerza y hombría. Ya lo tenía sometido, entregado y agotado al pequeño, este ya no tenía fuerzas, había quedado afónico pidiendo ayuda, la cual nunca llegó.
Entonces, sin poder más con la excitación y la estrechez de ese pequeño anito virgen, el hombre se enterró hasta lo más profundo del infante, sobrepasando un tope interno, lo cual le hizo sacar las fuerzas que no tenía a Martín, y así soltar un intenso grito, hasta desmayarse aún atravesado por su opresor.
Sin prestarle importancia a Martín, el perverso hombre abusivo, comenzó a derramar uno a uno sus abundantes chorros de semen, uno tras otro, fueron al rededor de 6. Era todo un espectáculo ante sus ojos, su verga palpitaba al inferior del niño haciéndole dar brincos y estremecerse, blanquear los ojos de placer. Se veía hermoso al niño desmayado ante sus ojos, con su rostro maltratado y sus lágrimas.
-AAHH!! QUE RICOO!! AH.. AH.. , me lo merecía tanto. Follarme un bebé cómo tú, es la única razón por la cual trabajo en esta mierda… AAH….-Bufaba, gemía cómo una bestia, con la voz entrecortada, mientras daba las últimas penetraciones rápidas, batiendo el semen derramando en las entrañas del niño
Por parte, del niño no hubo reacción alguna, estaba desmayado por culpa del intenso dolor que le habían provocando las violentas penetraciones del hombre. El mismo que lo observó, tomó nuevamente su videograbadora y capturó como un trofeo el omento. Grabó como su verga salía del estrecho a infantil derramando abundantes fluidos sexuales, entre ellos, semen tenido de un leve color rosa, junto a babas anales.
Una vez que Mario dejó de grabar, salió de su posición, y se puso de pié a un costado de la cama mientras admiraba el cuerpo del pequeño, el cual tenía evidentes marcas de su opresion, en su rostro, y sobre todo en su nalgas, con las cuales quedó maravillado una vez que dió vuelta su cuerpo. Así estuvo un momento, hasta que sintió el frío de la madrugada, fue ahí cuando le dió una fuerte nalgada al culo chorreante del menor y se metió bajo las tapas de la cama, dejando al pequeño tendido sobre esta, sin compasión alguna.
El hombre se acomodó plácidamente en su cama, tomó un cigarrillo rojo y lo encendió, lo disfrutó mientras observaba satisfecho el resultado de su perversión. Cuando finalmente terminó de fumar su cigarro, se acomodó desnudo, sudoroso y con rostros de fluidos sexuales entre las tapas de su cama y así se durmió, con una sonrisa macabra en su rostro.
~El hombre se durmió y el pequeño Martin, se quedó tendido sobre la cama, inconsciente, con su cuerpo frío y con su culo infantil totalmente destrozado, era un condón usado~
~Horas más tarde~
Pasaron las horas y el menor, aún yacía inconsciente a los pies de la cama, con casi la mitad de su cuerpo colgando, el cual se encontraba repleto de fluidos sexuales en su abierto anito»rosa», el cual continuaba teñido de un intenso color rojo, abierto y chorreante.
El hombre despertó a eso de las 12:00 del medio día, había dormido plácidamente, recordando entre sueños los grititos y la estrechez del anito del niño violado. Al despertar, su mirada se fue directamente hacia donde se encontraba su pequeña e indefensa presa, haciéndole sacar una perversa sonrisa, debido a que este seguía tal cual lo había dejado unas horas antes, había hecho bien su trabajo, según él.
El payaso salió de su cama, y se dirigió directamente al cajón inferior de su clóset y sacó una especie de plug anal con detalles metálicos a su alrededor. Este plug era diferente a muchos otros, en primer lugar, su tamaño, y en segundo lugar, su base, de la cual sobresalían dos cables acompañados de una pequeña batería.
~Tenía un juego muy entretenido para comenzar el día del con pequeño Martín, bueno, al menos sería divertido para Mario~
– Vamos! Es hora de despertar putito.-Dijo el hombre mientras acomodaba el cuerpo del pequeño al centro de la cama.
El perverso payaso, se frotó la manos de emoción antes de tomar su juguete y posicionarse detrás del pequeño, el cual seguía inconsciente, permaneciendo en la misma posición, parecía un muñeco amoldable a cualquier postura.
En su posición, Mario separó con una manos las nalgas del niño y observó la aún babosa entrada. La misma entrada hacia donde direccionó su juguete, el cual fue introduciendo sin cautela, ni compasión, de la misma forma que lo había penetrado horas antes. Pese a cualquier resistencia natural del cuerpo, de la carne, Mario irrumpió en el estrecho e infantil anito, sin detenerse, hasta llegar al tope de su juguete, y entonces, el niño despertó.
-Ayyy….-Gritó el pequeño debido al repentino dolor en su anito , su voz no era la misma, estaba totalmente afónico, apenas se escuchó un frágil quejido.
-Mmm ya no grites, es inútil, solo dedicate a disfrutar, si es que puedes…- Dijo el morboso hombre, mientras miraba como el pequeño se retorcía debido a la presión que le provocaba con su juguete, el cual introducía en lo más profundo del estrecho ano, haciéndolo palpitar involuntamente, como un claro indicio de querer expulsarlo de su interior, pero sin tener éxito, debido a su tamaño y las nulas fuerzas de su cuerpito.
Acto seguido, el hombre tomó una especie de ropa interior con tirantes y amarras de cuero, las cuales permitían ajustarla de las partes que fuesen necesarias. Sin complicaciones, Mario le puso esta prenda a Martín, la cual aseguró firmemente en la parte trasera, haciendo la presión suficiente para que aquel grande plug anal no se moviera de su posición.
~Cuando estuvo todo en su lugar, Mario se puso de pié a un costado de la cama, luego tomó el control remoto del juguete y presiónó el botón de encendido. Entonces, su pervertido juego comenzó nuevamente~
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Bueno amigos, hasta aquí la historia de hoy. Sé que puede ser un poco cruda, pero quería experimentar ese universo a través de la perspectiva de un hombre sin límites, compasión, ni miedo.
Espero lo hayan disfrutado, que me dejen su puntuación y su comentario dándome su opinión, corrección o lo que les plazca. Me gustaría mucho leerlos.
~HAY MAS RELATOS EN MI PERFIL~
Lean, comenten y puntúen igual para saber sus opiniones y gustos.. porfi…


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