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Dominación Hombres, Gays, Heterosexual

El primo de mi padrastro me dió pija desde los 10 años (mi historia – parte 1)

Después de pensarlo mucho, decidió confesar la verdadera razón por la que escribo relatos: lo mucho que me excita hoy por hoy recordar todo que un macho me jugó desde mis 10 añitos (Historia fuerte)..
Para empezar, me llamo Álvaro y me presento tal como era a esa edad: trigueño flaquito, de fina piel, baja estatura (ahora de adulto mido 1:66 m, para que tengas una idea), cabello crespo negro y bien afeminado; tratando ser lo más directo posible, les describo a Óscar, cuyo apodo era «Toto», el otro protagonista: en ese momento de 26 años, blanco, de cuerpo musculoso, piel gruesa, de 1.76 m aprox. de estatura, cabello castaño oscuro enrulado y, a diferencia mía, muy varonil y era papá de una hija de 6 años. Mientras yo estaba aún en la primaria de la escuela, el trabajaba en varios oficios, principalmente como albañil o auxiliar mecánico. En ese momento, a mí me gustaba juntarme con mis compañeras en el recreo y, a escondidas, jugar con las muñecas de mis vecinas; al primo de mi padrastro, en cambio, le gustaba ver y jugar fútbol, los culos, las tetas y el porno (hetero, por supuesto). Y claro, cierro la introducción quizá con los datos más importantes: la entrepierna de Óscar, de glande más grueso que el tronco, que a su vez es macizo, recto y con testículos peludos, medía entre 19 a 20 centímetros; aproximadamente 7 a 8 veces más que el diámetro de la entrada de mi culito a los 10 años.

 

Pocos días después de mudarse a vivir a casa, Óscar (desde ahora le llamaré «Toto» ya que me parece largo decir que es el primo hermano de mi padrastro) se percató de mi orientación sexual. A diferencia de mamá y mi padrastro, como buen macho, conmigo fue directo al grano. Fue así que, recuerdo bien aquella tarde en la que, de frente y mirándome a los ojos, sin tapujos me preguntó «¿Alvarito, a vos te gustan los hombres, verdad?… «Decime la verdad, tranquilo que queda entre nosotros, me da curiosidad, nada más»… Después de dudar como dos minutos, le dije «Mmmm no sé, Toto, osea creo que sí, osea un poco, pero por favor no le digas nada a mis papás ni a nadie, porfa»… «Naaaa, tranquilo papi, no sos el primer putito ni el último que conozco y voy a conocer»… Y creo que ahí, ese momento, quizá sin entenderlo, mi vida empezó a cambiar para siempre, cuando de la nada Toto estira mi mano derecha y fuerte me la pone encima de la tela de su short, directo a su bulto, me mira y suelta una frase que hasta hoy lo recuerdo… «A kilómetros se te huele lo putito, esto es lo que te gusta, verdad?»… Como acto reflejo, logro quitar mi mano y le digo «Noooo, eso no, no me gusta, eso no está bien Toto» y fui directo a mi pieza, sin mirar su reacción (probablemente una risa morbosa).

 

Luego de varias tardes fingiendo demencia y faltando 5 meses para mi cumpleaños número 11, llegó el primer contacto sexual de mi vida. Como ya mencioné al empezar, normalmente Toto y yo nos quedábamos a solas en casa desde las 4 hasta las 7:30 a 8 de la tarde/noche (si no era más). Hasta ahora, a mis 27 años, todavía se me pone dura recordando lo que pasó aquella vez: Minutos después de volver de la escuela, luego de cambiarme la ropa, desde su cuarto Toto empieza a llamarme. Sin tener la mínima sospecha del motivo, acudo a su llamado y al abrir la puerta, sinceramente la escena me deja helado: mudo observé en ese momento y por primera vez, el pene erecto de otro hombre. La imagen de Toto, como sentado en su cama, con la espalda pegada a la cabecera, sus grandes piernas abiertas con las rodillas flexionadas y en el medio bien dura estaba su flor de poronga, libre primero y, segundos después, con una mano sacudiendola de arriba hacia abajo; ahí, sin «vaselina» (por decir un sinónimo de «ser directo») me pregunta «¿Querés que te cuente cómo le rompí el culo a una pendejita anteayer?»… «Vení acá y así vas a saber la forma en que cogemos nosotros, los machos de verdad»… Y debo admitir que, en vez de huir para denunciarlo o correr de ahí, en ese momento, dentro mío, con el impulso de una fuerza extraña, me pasé media hora o más…resumiendo, con la remera puesta, todo el cuerpo boca abajo, con las nalguitas y el culo al aire, aunque el short, sin sacar, estaba arriba de mis rodillas…así pasé, literalmente, lamiendo sus huevos sin parar mientras Toto, haciéndose una tremenda paja a mano cambiada, sin apuro alguno se pasaba contándome detalle por detalle esa y otras brutales cogidas suyas con pendejitas; así descubrí que las pibas eran su gran debilidad. Honestamente, me encantó todo. En esa media hora, mientras más lamía sus huevos para ayudarle en la paja, terminé con cualquier duda sobre mi orientación sexual y así, a pesar de que aún tenía apenas 10 añitos, no tengo suficientes palabras para describir lo delicioso que fue lamer esos testículos una y otra vez mientras sentía como la poronga de Toto se agitaba pocos centímetros arriba de mi nariz. Aunque la primera vez no me hizo probar pija ni leche por la boca, sí pude disfrutar del inconfundible aroma a bolas y pene que a los putitos como yo tanto nos gusta, bolas que sin parar lamía, siguiendo los consejos del macho pajero, mientras me pasaba escuchando la minuciosa y deliciosa manera en la que ese tremendo pedazo de semental narraba sus experiencias y, lejos de desagradarme, me motivaba a lenguetear a full al son de frases como «que puta delicia como gemía cuando le daba por la conchita» o literal soltando «uffffff que locura fue verla cuando moviendo la cabeza y rogando pedía que no largara adentro… diosssss»…

 

24 Lecturas/15 enero, 2026/0 Comentarios/por Oro93
Etiquetas: culito, culo, cumpleaños, hermano, hija, metro, puta, putito
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