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Dominación Hombres, Gays, Sado Bondage Hombre

FUTURLAND / HISTORIA COMPLETA

Era el año 4812. Los humanos habían conquistado varias galaxias y había bases en todo el sistema solar. En nuestra Galaxia (y en las aledañas) no se había encontrado –al menos oficialmente– ninguna raza extraterrestre pero ya había humanos modificados y robots, y androides mitad robots mitad humana.

Futurland (CAP. 0 PRELUDIO)

Capitulo de INTRODUCCIÓN DESCRIPTIVO de los escenarios y época donde se producen las siguientes historias. NO CONTIENE SEXO pero sirve para entender el contexto de toda la saga.

Era el año 4812. Los humanos habían conquistado varias galaxias y había bases en todo el sistema solar.  En nuestra Galaxia (y en las aledañas) no se había encontrado –al menos oficialmente– ninguna raza extraterrestre pero ya había humanos modificados y robots, y androides mitad robots mitad humano (unos más robots y otros más humanos, hechos con piezas y pedazos de carne).

La Galaxia sólo la plagaban –como insectos– hombres modificados genéticamente que nacían con un cuerpo grande y musculado, para trabajar en las minas del Sistema Solar o sistemas intergalácticos. Pero el cuerpo humano del año 4.000 se había modificado genéticamente, y era como un coche que necesita gasolina. Todos los humanos actuales nacían sin testosterona –lo que les daba fuerza–. La élite –que controlaba el Sistema Solar, gobernado por la Federación–, nos fabricaba así. Nos fabricaban en serie (porque así salíamos más baratos que robots), in vitro, en cadenas de montaje, con semen y óvulos congelados.
Tras la gran Revuelta de 3016 que duró ocho años y en la que los humanos se sublevaron contra el régimen establecido por las élites hartos de trabajar, tras ser derrotada la raza humana por robots fabricados por las élites, las nuevas generaciones de humanos fueron modificados genéticamente para que no se pudieran rebelar (sublevar contra el poder establecido). Esos enormes cuerpos musculados necesitaban repostar semen a diario, y lo tenían que hacer vía anal. El cuerpo humano tenía una cavidad anal que absorbía el semen vital, haciéndolo pasar al torrente sanguíneo. El útero anal tenía una capacidad (como los depósitos de gasolina de los coches), por lo que cada ser humano tenía que ser follado (=repostar cada poco tiempo.)
Un ser humano normal, en 2019, echaba dos o tres polvos y se agotaba. –Muchos fanfarroneaban, en nuestro siglo, con que podían follar más, pero tres polvos bien echados y quedaban extenuados.
Dos milenios después esta parte se había modificado, y un ser humano alfa podía echar cuatro o cinco polvos seguidos sin fallecer, pero al quinto polvo necesitaba ‘repostar’ o moriría. Por eso en esta luna de Saturno y todos los planetas y satélites conquistados por la Federación, hace años habían implantado unas máquinas, para las orgías gais, que te convertían en semi-robot sexual. ¡¡Era toda una experiencia!! En las bases había dildos que daban semen directamente en tu ano, y otros que se podían chupar –aunque normalmente la lactancia se daba entre los niños pequeños y hasta la pubertad–. La alimentación con semen era apta para niños, pero los adultos necesitaban más cantidad de semen (líquido vital que no se podía desperdiciar) y por eso se optaba por la vía anal –el pene, cual manguera, alcanzaba directamente el depósito de semen que todos teníamos implantado en el ano (y que en modificaciones genéticas anteriores servía como un útero –para procrear–) y de ahí pasaba al torrente sanguíneo casi de inmediato. Si comías semen por la boca el semen iba al estómago, allí, buena parte se perdía, dañado por los jugos gástricos, y cuando llegaba al intestino donde tenía lugar su absorción (como la de otros nutrientes) el volumen que llegaba era escaso, por lo que un niño, a cierta edad –11-15 años– le empezaban a dejar de dar de mamar, y aprendía a recibir penes en su ano.
Los penes ahora eran un poco más largos de media –ya que funcionaban como una manguera de un surtidor de gasolina–. Los humanos funcionaban como coches. Y la dosis diaria de semen les daba fuerzas para trabajar y para vivir, por lo que todo el mundo vivía bajo el control de su necesidad diaria de semen, por lo que nadie se podía rebelar ni huir. Y la Federación se encargaba del reparto. Si no recibías tu dosis de semen fallecías. El control de los seres humanos era muy fácil.

—

En los planetas de la Federación hacía tiempo se había extinguido la mujer por ser un ser débil sin utilidad. Debido a su escasa masa muscular no tenían fuerza ni resistencia para trabajar en las minas, y hacía unos dos mil años que dejaron de ser útiles como hembras reproductoras al conseguirse, tecnológicamente, crear humanos con inseminación artificial e incubadoras.

Ya os hemos explicado que la Federación usaba a los hombres, creados de óvulos congelados a través de fecundación in vitro, como esclavos. Los humanos eran empleados como mineros para trabajos forzados en todas las lunas de la Federación, y que, para su control, desde el año 3025, tras aplacar la Gran revuelta de los 8 años, la Élite había creado dos especies de infrahumanos modificados genéticamente para que no se pudieran rebelar. Los alfas (también conocidos como ‘hombres de negro’ porque habitualmente su uniforme era un speedo de ese color, que eran los guardianes, que follaban controlando al resto, y los omegas, a los que genéticamente se les había modificado (al no haber mujeres todos los hombres se creaban in vitro) para que no hubiera sublevaciones ni revueltas sociales, dotándoles de útero en su cavidad anal, cavidad donde recibíamos todos el semen. (A veces nacían los betas, una mezcla o híbrido entre los dos, un ser defectuoso).

—

La mayoría de la población, si bien tenían penes largos y gruesos y estaban musculados –se les hacía así genéticamente para trabajos forzados en las minas–  carecían de testosterona, y necesitaban ser follados con cierta frecuencia. Esta frecuencia variaba según la cantidad de semen que recibieran en su cavidad anal y según lo que perdieran, aunque lo más habitual era que necesitasen ser inseminados por un macho alfa una vez al día–.Esto los hacía dependientes y así no podían rebelarse.

El culo de los omegas tenía un receptáculo como un útero que absorbía el semen de las eyaculaciones de los alfas. Se creía que los alfas habían sido modificados genéticamente para aguantar más y tener más semen, aunque ellos también –y esto era un secreto de la Federación– lo necesitaban cada cinco eyaculaciones sr follados (y ellos también tenían el receptáculo anal de semen). Era un sistema de control para que ningún humano se sublevase, tampoco los alfas. Así todos los humanos estaban controlados por su dependencia del semen. A los hombres, para evitar que hubiese revueltas, tal y como ocurrió en el primer milenio y la del 3016, se les hizo semen-dependientes. Tenían fuerza para trabajar 12 horas picando piedra, pero necesitaban repostar. Y repostaban introduciéndoles un pene en su ano que les eyaculaba su ración diaria de semen.

Los alfas controlaban a seis u ocho o incluso diez omegas, (dependiendo el nivel) a los que daban su dosis diaria de semen, por lo que el alfa normal tenía que follar 6 veces al día, lo cual requería una fortaleza física y mental increíble. De hecho los alfas eran también humanos, y necesitaban repostar cada 5 corridas o desfallecían (era un mecanismo de control para que los alfas tampoco se sublevaran: el alfa controlaba así a 6 u 8 hombres o muchachos –normalmente eran jóvenes porque el duro trabajo hacía que fallecieran con muy corta edad–, y al de cuatro eyaculaciones tenían que dejarse penetrar (esto lo ignoraban los omegas), lo cual les repostaba para otras cuatro o cinco eyaculaciones… con lo que un alfa se pasaba todo el día follando (era su único trabajo ¡¡y creedme que necesitaba mucha fuerza!!) siendo follado él por otro humano o por una máquina, dos veces al día. Los alfas, sin saberlo, también eran esclavos.

—

Yo era alfa o, habitualmente conocido como ‘hombre de negro’. Pasaba mi vida en una estancia –una especie de pequeño apartamento en donde transcurría mi jornada laboral–. Me desnudé completamente acabándome de quitar el tanga amarillo que apretaba mi paquete de 19 centímetros y bien ancho. Si bien en el exterior de mi habitáculo vestía calzón negro, que indicaba mi status social como ‘hombre de negro’, en mi dormitorio disponía diferentes trajes y speedos de colores variados (aunque habitualmente andaba desnudo).

—

El día anterior había recibido el planning de mi siguiente jornada laboral. Había perdido uno de mis seis habituales pero iba a estrenar a tres nuevos muchachitos.
Hoy tenía intenciones de follarme, como en una orgía, a Tim, un pecosito revoltoso que aún no llegaba a los12 años, (tenía concretamente 11 años y 8 meses) en su ceremonia de iniciación. A los muchachos se les criaba en una escuela ajenos a lo que les iba a pasar el su vida laboral hasta que a los 12-13 años se les empezaba a iniciar en el sexo anal –aunque bien podía retrasarse hasta los 15-16 años dándoles su ración de semen por sexo oral–, o bien adelantarse unos meses si eran precoces y muy vivos.
Los chavales se criaban en un jardín de infancia llamado ‘la isla’, dividido en 5 bloques según edad. Se les tenía alejados del mundo real, divididos en clanes, por edad. Y en la primera edad –desde que nacían hasta los 9 años– se les dejaba libres, desnuditos, correteando por las piscinas y jardines todo el día, hasta que empezaba su ceremonia de iniciación a la edad adulta, para convertirles en esclavos.
Iba a haber esclavos de dos tipos, aunque todos lo ignoraban y creían en el libre albedrío. Todos tenían un buen culazo y normalmente un buen sexo –con sexo me refiero a aparato sexual: un pene largo (aunque había algunos, defectuosos de fábrica, que se quedaban con un pene chiquito que sólo iba a servir para mear)–. Estos, lógicamente, estaban predestinados a ser omegas (porque el pene no te daba fuerza y podías así, con un pene pequeño, tener gran fortaleza física para trabajar en las minas del planeta).
Los otros muchachos podrían salir alfas o betas (a tal temprana edad no se les distinguía) (algunos raritos, fruto de deficiencias genéticas salían betas).

La inmensa mayoría de la población era omega: hombres musculados que trabajaban en las minas. Los alfas, o controladores, eran minoría –pero un alfa podía controlar diez omegas, por lo que no se necesitaba muchos alfas–. Ambos se criaban juntos desde pequeños hasta su pubertad, donde se veía quien pertenecería a cada clan.
A los niños se les daba de mamar pero en vez de leche, semen (ante su falta de hormonas ‘alfa’ o testosterona (que no la iban a necesitar hasta su pubertad). A los 9 años ya se les empezaba a iniciar en que ellos dejasen de beber de un biberón con forma de pene, y se les instruía en el colegio a lamer ‘la leche de la vida’ directamente de un pene. Para ser buen adoctrinado los muchachos recibían educación en el colegio de cómo excitar a un compañero para hacerle eyacular en su boca. Unos buenos labios, una suave mamada, pero a veces meterles un dedo en el ano, eran pasos básicos para obtener el líquido de una eyaculación, aunque no siempre se lograba de forma natural, por lo que había unos dispositivos –dildos– penes de goma de diverso tamaño, que también proporcionaban tan ansiado néctar. Los mismos se encontraban en cubículos de azulejos. En mitad del mismo –los cutículas eran pequeños y estrechos como una cabina telefónica– había que posicionarse, en cuclillas, sobre los dildos, y clavárselos en el ano. Los primeros modelos –para los muchachos que se iniciaban a los 9, 10 u 11 años, 13 a más tardar– disponían de lubricación en su punta o glande, para facilitar la penetración. Pero a medida que los niños creían en edad y los dildos se hacían más gruesos (era un adoctrinamiento y preparación para que de adultos recibieran penes de verdad en sus anos). Los modelos avanzados carecían de lubricación –porque ya los anos, acostumbrados a ser follados a diario, lubricaban de forma natural–.

CAP. 1 EL ESTRENO DE TIM (11,8 años)

Tim se quitó el taparrabos blanco tipo fundoshi que llevaba como única prenda de vestir, y se abrió de patas. Posicionó su rosadito ano de 12 años sobre el dildo y poco a poco se sentó, en cuclillas, sobre él. Centímetro a centímetro se fue clavando los 12 centímetros de consolador. Le dolía pero aguantaba porque sabía que tenìa que aguantar, que tenía que hacerlo. Que no le quedaba otro remedio.
Era excitante verlo (a través de cámaras que ellos desconocían que teníamos instaladas en ‘el complejo’ los hombres de negro) disfrutaba de las caras ponía cuando se iba clavando centímetro a centímetro el consolador en su ano. Ser hombre de negro tenía sus ventajas ya que no sólo nos encargábamos de follar a quien quisiéramos, sino que nos encargábamos de la videovigilancia del complejo de La Base y observábamos todo lo que pasaba en todas las instalaciones.

El siguiente dildo para Tim sería uno de 13 cm. y un poco más ancho. Luego, cuando se hubiera acostumbrado, pasaría al de 14 y más ancho aún y al de15 centímetros (y los había de hasta 22 cm, pero normalmente con 15 cm. muchos se pasaban al pene de carne y hueso, o sea, al pene real, ya que este era el tamaño minimo estándar (pollas de entre 15 y 18 centímetros –aunque había quien se quedaba en 13 y había pollas de 23 cm–).

—

El dildo hizo tope en el ano del chaval tocando unos huevos de goma sus nalgas rosadas (cada dildo tenía unos huevos de goma que impedía que el falo penetrase más de lo estipulado). Pero ahora quedaba subir y bajar sobre el mismo para hacerlo eyacular, ya que una vez clavado el dildo no te echaba semen automáticamente sin un bombeo constante como las bombas prehistóricas de agua que había que hacer el efecto manivela.

Subió, bajó y se dejó empalar y una gotita de semen entró en su ano ¡pero necesitaba más! así que volvió a subir y sacarse el pene de goma dejando solo el glande dentro de su ano, y se volvió a autopenetrar de golpe, dejándose caer en cuclillas sobre el aparato que, ahora sí, echó un chorrito de semen en sus entrañas. Los jefes lo habían programado así, en plan antiguo, para hacer sufrir a los esclavos. Una simple jeringuilla podía inyectarles la dosis necesaria de una sola vez, pero los sistemas los hacían adrede antiguos y obsoletos para que todo costase más.
El semen que Timmy recibió no era suficiente, así que tuvo que repetir la operación 18-20 veces más, hasta la extenuación, hasta que la máquina vertió dentro de él cantidad suficiente para pasar el día. (los hombres cansados no pensaban en rebelarse y eran más esclavos, que es lo que se pretendía).

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Tim salió del cubículo con su culo rojo por el roce de la máquina, aguantando el semen que la máquina le acababa de echar, dentro de su ano. A veces se quedaban sentados tras la última eyaculación, un rato en el suelo, con todo el dildo clavado en su ano, muchas veces por lo cansado que el «método de extracción» era, que les dejaba agotados de tanto ejercicio gimnástico subiendo y bajando en cuclillas del pene de goma, y otras veces esperando que su ano absorbiera los fluidos (cosa que hacía en un par de minutos).

—

Habían pasado meses desde la primera inserción y este tamaño de dildo ya casi no le hacía efecto, así que Tim deseaba probar ya su primer pene de carne en su culo estrecho en su ceremonia de iniciación (que podía ser pública, en medio de un coliseo, o privada, en una habitación especial con un hombre de negro). La «extracción» de semen de la máquina era muy cansada y al ir creciendo en edad cada vez necesitaba mayor ración, por lo que, tarde o temprano, iba a preferir una inyección de semen natural de un pene de verdad en su ano. Los hombres-máquina (los alfas) eyaculaban todo de una vez tras la excitación, pudiendo echarte hasta 7 u 8 trallazos de lefa, en una ceremonia más fácil de recolectar, con lo que nadie, o prácticamente nadie, en la edad adulta, recurría a los consoladores de los cubículos, prefiriendo penes de verdad.

Tim iba a dejarse de máquinas de eyaculación (dildos) dentro de su ano y se iba a pasar a los penes de verdad. Timmy lo hacía a meses de cumplir los 12 años aunque otros empezaban a los 15 o a los 16 y los más precoces a los 11 años. Su amigo Andy, de 14, y un hermano de este de 16 Bob, aún no habían sido estrenados, y también me tocaba follar a Tom, un chico negro de 18 años negro de pelo como hormigas (muy sexy) y un pecho plano sin vello que relucía por el sudor trabajando en la mina. Tras estos cuatro muchachos, tres de iniciación a diferentes edades y Tom, un chico habitual con el que a veces intercambiaba fluidos (es decir, le follaba y luego me dejaba follar por él porque era un beta –mitad alfa, mitad omega– (a veces salían estos ejemplares), tenía que recargar semen a un magrebí de 23 que tenía un pene de 23 centímetros –quería vengarme de él por todos los chicos que se había follado–. Me excitaba mogollón cogerme a alfas como este moro que hacía mi mismo trabajo (repostar o recargar de semen a una serie de muchachos, que solían ser los mismos día tras día: ya os he dicho que cada falta se follaba a un grupo de hombres de entre 6 y 8 o 10 chavales al día, pero que cada 4 o 5 polvos tenía que repostar dejándose follar por otro alfa). A mí, en mi planilla de trabajo, hacía cinco años me había tocado follarme al magrebí de rabazo descomunal –el mío tenía dos centímetros menos que el de este chaval árabe, que era toda una máquina de follar, que incluso se follaba, con ese tremendo pene y sus enormes pelotas cargadas de semen, ¡¡hasta diez hombres en una jornada laboral!!

Karim, de 23 años, pelo brócoli, delgado, se follaba diariamente a 10 chavales, y al quinto le tocaba recargar conmigo. Y tras dar rabo ¡¡follaba fuerte el cabrón a los jóvenes muchachos pero también a hombres de avanzada edad!! ¡¡él se follaba a un hombre de 36, otro de 43 y otro de 52 años!! venía a que yo se la clavara.
Era muy habitual. Todos los ‘dadores’ teníamos una jornada laboral así, partida: 4 o 5 polvos, nos dejábamos follar por un macho alfa que normalmente teníamos predesignado, y reanudábamos la tarea de follar –recargar sus culos de semen– a 4 o 5 más (lo cual nos dejaba baldados) y descansábamos para, al día siguiente, volver a empezar, de la misma manera, y con los mismos (quitando novedades, que nos iban intercalando, en ceremonias de iniciación, ya que los hombres viejos fallecían y los nuevos eran asignados a los machos alfas que estábamos en la base –algunos de ellos se harían habituales de nuestra planilla diaria–.
La suerte que teníamos los machos alfas es que, aunque fuera el nuestro un trabajo muy sacrificado, que nos llevaba toda la jornada laboral (de 6-8 horas/día) (un polvo por hora o 40 minutos aproximadamente) con dos descansos, uno para comer y otro para ser follados, era habitual que, al final de nuestra jornada laboral, muchos necesitásemos que nos echasen otro polvo.
Tras cumplir con nuestra jornada laboral teníamos tiempo de ocio en las piscinas o instalaciones deportivas, jardines y playas ¡no trabajábamos en las duras minas! (lo que sí hacían los betas y omegas que nos follábamos día tras día.) Ellos se pasaban todo el día picando piedra y en sus descansos venían a que les diésemos su dosis diaria de semen que les hiciese aguantar todo el día.

—

Tim entró en mi cubículo. Era mi primer polvo del día. Desnudo como estaba se puso a lo perrito en la camilla central que tenía, y procedí a meterle mi dedo en su esfínter anal para dilatarlo. Comprobé que su ano, rosadito, estaba preparado por meses en el dildo. Lubriqué un segundo dedo y se lo clavé. El dio un respingo y jadeó arqueando la espalda por la penetración de mi gordo dedo índice y anular en su tierno ano. Mis dedos eran gruesos, yo tenía manos rudas, podía haber sido minero si el destino no me lleva a ser ‘hombre de negro’ o ‘dador’ (un macho alfa en toda regla). (un hombre de negro controlaba sexualmente a unos 10 muchachos, con lo que con 10 hombres de negro como yo controlábamos a 100 muchachos en la isla)
El frío gel, lubricante y anestesiante, iba haciendo efecto (en un par de minutos) en su ano. Se trataba de penetrar y hacer placentera la penetración de los chavales, no de reventar sus anos con dolor. Ellos ignoraban el efecto anestesiante de esta crema gel de lubricación, sólo pensaban que servía para dilatar. Es más, el placer que daba a su ano a veces les hacía adictos drogodependientes de esta crema-gel transparente que se recibía por la cavidad anal (el receptáculo del ano hacía absorber por el mismo todo tipo de sustancias que pasaban directamente al torrente sanguíneo, con lo que los omega eran muy fácil de controlar).

Timmy estaba listo para mi pene ¡¡su primer pene! Habían pasado dos minutos desde su lubricación. Aunque cuando le invadió mi primer dedo sintió molestias, y con el segundo de mis gruesos dedos sintió dolor, los muchachos habían sido entrenados para aguantar el dolor de las cosas que les metiesen en su ano y dejarse hacer todo lo que quisieran con ellos, sobre todo por los hombres de negro. Así que Timmy no había movido un centímetro de su posición.
Me puse por detrás y le penetré a lo perrito. Cuando el glande de mi largo pene le penetró abrió sus ojos como platos: ¡¡era más del doble de su último dildo!! Mi glande traspasó su ano en un movimiento rápido. Dejé que Timmy se acostumbrara al ancho de mi pene de 21 centímetros (el doble que su último consolador) y poco a poco le fui metiendo centímetro a centímetro hasta la mitad. Esta vez no se lo iba a clavar entero. Dejaría que poco a poco se fuese habituando. Aunque con la mitad de mi pene dentro de él la expresión de Tim con ojos como pez y a punto de estallar (como cuando un ser se queda sin oxígeno fuera de la escafandra) hacía que sintiese por él compasión. No se la iba a meter más (el grosor de mi polla, el doble que el último dildo sobre el que se había sentado el chaval) le había abierto como nunca y no necesitaba dañarlo. Si hubiese sido un chico muy revoltoso hubiese disfrutado haciéndolo sufrir con mi rabazo.

La estrechez de su ano, la presión que estaba haciendo sobre mi pene, el calorcito del culo del chaval, aquellas nalgas exuberantes, y saber que lo estaba penetrando por primera vez (apenas 12 años tenía el chaval) hizo que no me tardase en correr y soltar cinco trallazos de lefa en sus intestinos sin apenas penetración (en otros chavales necesitaba un vaivén constante y meterla y sacarla para poder eyacular) ¡Lo de Tim fue excitante!! Es cierto que una vez había desvirgado otro chaval de 11,8 años, pero hacía tiempo de aquel polvo, y Tim era el muchacho más joven que había desvirgado en los últimos años.

Lo retuve con mi glande dentro de su ano dos minutos tras haber eyaculado. Tim estaba empalmado manando un hilillo de precum al suelo mientras seguía a lo perrito con medio de mi pene dentro de su ano.

Cuando calculé que  su intestino ya había absorbido mi semen, lo dejé bajar de la camilla. ¡Pobre muchacho! estaba destinado a ser esclavo minero (aunque aún era joven: el trabajo en la minería no se iniciaría hasta los 16 años de edad.) Pero Timmy, a partir de hoy –para mí este magnífico día– iba ser esclavo de mi pene y tendría que venir día tras día para que lo volviese a preñar.
–Quédate mi niño –le dije a Timmy para que no abandonase mi estancia y le invité al lado, a que se repusiera.

CAP 2 ESTRENO A ANDY: 14 AÑOS

Andy, a sus 14 años estaba bien hecho. Ya parecía un hombrecito y de hecho se iba a estrenar como adulto con mi pene. El moreno de pelo, bajito, de cuerpo de hombre y bigotito en sus labios como pelusilla no tenía vello mas que en las axilas, bigote fino y una pelusilla subiendo de su pene al ombligo. Flaco (delgado) pero no marcado, Andy tenía un bonito pene, delgadito pero largo. A mi cubículo accedían completamente desnuditos o simplemente en fundoshi, un taparrabos japonés a modo de bufanda que enrollado a su cintura tapaba su pene y su ano, muy fácil de quitar, o un pantalón de deporte holgado sin nada por debajo, por lo que bastaba con tirar de las perneras para dejar al niño con el culo al aire.

-Hola Andy
-Hola señor
-Se te ve muy bonito
-Gracias señor
Le tiré del shorcito a los tobillos dejando su penecito y culo virgen al aire.
–Bonito cuerpo
–Gracias señor –dijo Andy ruborizándose
Sin más miramientos me bajé el speedo negro saltando delante de él mi glorioso pene erecto de 21 centímetros, más tieso que el hierro pensando en desvirgar a ese tiernecito niño.
-Mama! –ordené
Y Andy, acatando la orden de un superior, tal y como había sido bien educado, se metió mis 21 centímetros de carne en su boquita. Intentó hacer trampa sujetándolo con sus dos manitas pero sin mediar palabra le quité sus manos, y le di una penetración profunda llevandoselo a su garganta. Andy gimió. Nunca había tragado un pene tan largo.
–Zasss -le dí una bofetada con todas mis ganas porque me irritaba que los niños intentasen hacer trampas sujetando mi pene con sus dos manos para no meterselo todo en la garganta.
Andy lloró por el bofetón pero tragó.

Timmy, que estaba en la cocina bebiendo algo tras haberle estrenado, sintió el jaleo y se asomó a la estancia para ver a su buen amigo Andy maltratado por mí.
-Mama ¡¡cabrón!! –le grité al pequeño mientras sollozaba. –si no lo lubricas bien te va a causar más daño al ser penetrado.
Andy lo comprendió y se afanó para salivar bien mi pene sabiendo que cuanto más lubricado mejor entraría en su ano. Pero no le dejé de rodillas mucho más. Mi lado salvaje quería follarlo.
De otro bofetón que le arreé Andy cayó de espaldas boca arriba. Lo cual aproveché para escupir en su ano, sujetarle los pies sobre sus hombros, y cuando se quiso dar cuenta de lo que pasaba ya tenía mi glande traspasando su ano.
–Noooo ¡¡señor!! duele.
–Pfaf
–calla, insolente ¿no te han enseñado a respetar a los hombres de negro?
Andy no dijo una palabra más. Sus ojos, como platos, con mi mano apretando su garganta, se fueron encharcando de lágrimas a medida que los centímetros de mi duro pene de hierro traspasaban su esfínter, hasta que en unos instantes se la había clavado entera y sin contemplaciones.
Andy lloraba de dolor. Nunca había tenido nada tan grande en su culo. Ni se lo habían clavado con tal fuerza y rapidez. Lloraba de dolor pero ya no se quejaba porque sabía que tenía que aguantar o que le iba a dar otro tortazo enorme y le iba a doler más.
Timmy miraba desde la puerta, asomado, pero sin salir y sin decir nada, desnudito e indefenso, al igual que su amigo Andy, que con su penecito hacia arriba se estaba meando de miedo mientras yo le taladraba. Pero yo le ví y le ordené que se acercara. Tim acató la orden del hombre de negro sin rechistar y se acercó.

–Aún te tengo que impregnar, muchachito –le dije a Andy con mi pene completamente dentro de él a punto de eyacular por la excitación que me estaba dando follarle salvajemente.
Tim llegó a mi lado y cuando Andy lo vio lloró y se sonrojó de ver que su amigo estaba presenciando cómo yo le humillaba.
Andy era el amigo mayor de Tim, un macho alfa para el prepúber de 11 años. De hecho Tim había mamado a Andy y Andy se lo había follado abusando del chiquito. Y ahora le estaba quitando toda su hombría de macho alfa y le estaba dando una lección como nunca se la habían dado.

–Tim, sujeta las piernas de Andy –le dije con mi polla aún dentro de su amigo.
Ahora que tenía las manos libres para apoyarme cogí impulso y me clavé más hondo aún en el culo de Andy dándome impulso de nuevo y penetrándole a gran velocidad como un loco poseso mientras el chico gemía y se le puso semi-erecto sus 16 centímetros de pene de los que empezó a manar precum mientras yo le estaba follando con todas mis fuerzas hasta que me corrí dentro de él.

–Ahhhhhhh oggg ohhhhhhhh ¡¡qué bueno estás chaval!! -exclamé mientras eyaculaba en lo más hondo de sus entrañas como un toro salvaje.
Andy me miró con orgullo al llamarle guapo y se le pasó el mal rato. Había sido estrenado ¡¡y de qué manera!!

Tim le sujetó las piernas a Andy aún, paralizado tras lo que acababa de ver (que parecía una violación de su amigo del alma).

Me excitan los llantos, y la penetración brusca, con lo que tardé un segundo en correrme en su ano.
Tim sujetaba las piernas a su amigo en el alto mientras yo, ya, deslechado, esperaba dos minutos con mi duro tieso gordo pene dentro de su hasta entonces virginal ano, a que su intestino absorbiese mi semen. Había terminado con éxito mi segunda inseminación e iba muy bien de tiempo en mi jornada laboral.

CAP 3 ORGIA CON 3 MUCHACHITOS

Me lo estaba pasando fenomenal. Había metido mi glande en el culo de Tim. Había follado y estrenado el culo de Andy y, sin que salieran los dos muchachos, –seguía de rodillas sobre la camilla con mi pene clavado dentro del ano de Andy y Timmy lo seguía siseando de los tobillos, dí al botón de abrir la puerta automática –que se abría hacia arriba como la de un garaje– para que entrase mi tercer visitante: Bob, 16 años. La puerta se cerró a sus espaldas.

Bob era un clon de Andy (exagero pero se notaba en sus rasgos que eran hermanos). Bob era el hermano mayor, pero aún no se había estrenado. Era un poco tímido, y no se había atrevido mas que con los penes de plástico.
Bob venía con pantalones holgados negros de jugar al fútbol. Su pene, largo y delgado, a pesar de la redecilla, se bamboleaba a los lados mientras andaba desde la puerta hasta la estancia donde estaba la camilla. Allí nos encontró a mí, aún dentro del culo de su hermano, y a Tim, sujetando de los tobillos hacia arriba a su hermano y amigo.
Bob se ruborizó al ver la escena. Se esperaba encontrar el cubículo (así es como se llamaban las habitaciones) vacío. Normalmente es como los cubículos estaban: vacíos. Los diferentes hombres que accedían a ser penetrados no se cruzaban con nadie ni al entrar ni al salir (por eso se espaciaban las visitas para que cuando un chico entrase estuviese la estancia vacía, y cuando saliese no hubiese nadie en su camino). Daba privacidad, evitaba cruces vergonzosos con conocidos si eras tímido y, aunque todo el mundo sabía cómo funcionaba esto, los hombres eran muy celosos de su intimidad. Pero esta vez, sabiendo el planning matinal que me tocaba, me daba un tremendo morbazo follarme a estos tres muchachos: al amigo, a Andy y al hermano Bob, a la vez.

–Pasa, pasa, y acomodare –le dije.
Bob entró vacillante.
–Tim, procede a bajarle el calzón.
Tim soltó las piernas de su amigo y se puso detrás de Bob y le bajó la pantalonera negra hasta los tobillos, saltando un pene de 18 centímetros delante de mí.
–Bob. Quédate ahí.
Me salí de Andy, que reposó en la camilla con mi semen dentro, y procedí a comerle la polla a Bob. El joven se ruborizó al verme a mí, un macho alfa, un hombre de negro, de 48 años, comerle el pene.
Mientras le comía el pene le metí un dedo en su ano, lubricándoselo.
Bob jadeó al notar mi dedo traspasar su ano. (nadie se dio cuenta pero con mi dedo metí en el culo de Bob un supositorio de viagra que lo iba a empalmar en dos minutos)

–Tim. ¡Intercambio!
Tim me hizo caso y se posicionó de rodillas comiéndole el pene a Bob.
Bob jadeaba con la boquita de Tim comiéndole el glande.
El pene de Bob se puso aún más tieso que cuando entró con el morbo de la escena que estaba evidenciando.
–Tim. Te vas a dejar penetrar por Bob.
Tim se ruborizó pero acató mis órdenes. Yo no lo había penetrado con mis 21 centímetros, pero estimé que 18 sería un buen tamaño para ir abriendo su ano.
Tim sacó el mástil tieso del hermano mayor de su amigo, baboso y lubricado, empalmado por su infantil boquita, listo para que le traspasase el culo. (A Andy también le había metido un supo de viagra cuando le metí el dedo con lubricante, y por eso se había empalmado cuando le follaba, y se le puso su pene tieso manando pre-cum y llevaba ya un rato con sus 16 cm de pene como un toro.)

Andy se levantó de la camilla en la que Tim apoyó el estómago para que Bob le cogiese de espaldas.
Bob penetró al joven chaval de una estocada. Tim sollozó, nunca nada más largo de los 16 centímetros de Andy le habían traspasado su ano ¡¡y yo solo le había metido la mitad!!
Bob empezó a follarselo ansiosamente. Bob, que venía a ser follado, había sido mamado por un hombre de negro y ahora se estaba follando a un niño tierno. No era la primera vez que follaba (muchos machos alfa aprendían a follar a sus compañeritos de guardería antes que ser follados por un hombre de negro, que, como yo, era quien habitualmente les estrenaba –aunque otros se dejaban a una temprana edad penetrar por amigos de su edad en tempranas orgías–.

—

Tim jadeaba con cada penetración del hermano mayor de su amigo.
Yo quería más morbo, quería una puta orgía.
–Andy ¡ahora te vas a coger a tu hermano por detrás!! Va a ser tu recompensa por cómo te has portado y por haber superado mis pruebas de iniciación.
Andy abrió los ojos como platos. Y la cara de Bob no era menos. Bob siguió de espaldas, empotrando a Tim contra la camilla cuando Andy le clavó sus 16 centímetros de polla en el culo formando un trenecito. Su hermano mayor se estaba follando a su amigo, ¡y él se estaba follando a su hermano mayor!!
La estancia se llenó de sudor y gemidos hasta que los jadeos estallaron en una ola de placer. Bob se corrió en Tim y Andy en Bob. Tim había recibido dos corridas, Andy había perdido una (aún le quedaban cuatro) y Bob, que venía a que le penetrara yo, estaba penetrando a Timmy y siendo penetrado por su hermano menor (algo que nunca se hubiera pasado por su imaginación).
Les dejé reposar dos minutos en trenecito hasta que el semen se absorbió por los intestinos, y una vez pasados los minutos exclamé a Andy.
–Sal de ahí, que me pongo yo.
La cara de placer de Bob, que seguía eyaculando dentro de Tim, fue todo un poema ¡¡ahora le iba a estrenar yo!! ¡Un macho alfa!!
Andy se apartó de Bob.
Me situé detrás de su hermano mayor y le penetré con mis 21 centímetros. Los 16 de Andy habían lubricado y dilatado lo suficiente el ano de Bob para que mi pene no fuese tan terrible para este machito alfa que se había estrenado follando.

CAP 4 MORBAZO ORIENTAL

Lee era un chinito de 17 años. Era uno de mis habituales desde los 15 años. Era un placer hacerlo con él. Tenía un pene largo y fino (bueno, 16 cm de largo, pero como era fino, y Lee era muy delgado y bajito –1,64 cm– parecía mucho mayor.
Siempre me han atraído los muchachos orientales. Sus ojos rasgados, su cuerpo perfecto sin vello, sus caras añiñadas me daban mucho pero que mucho morbo. Con 15 años, desde que le penetré por primera vez, parecía tener 13 años, y ahora, a sus 17, aparentaba ser un chaval de 15.

Los chinos formaban un clan a parte en La Isla, porque eran los de culo más estrecho (y los que más tardaban en iniciarse analmente) y eran los primeros en ser ‘dadores’ porque al tener penes finos se les usaba para desvirgar a los más pequeños a los que no se les quisiera romper el culo. Había otros tres clanes (los blancos, los negros y los árabes). Un asiático podía follar a un blanco antes que nadie, luego estaban los blancos y luego los negros y los árabes. Se establecía el baremo según razas por su tamaño de pene y, evidentemente un negro era el último que podía penetrar a un chino (junto a un árabe). Todos los niños, de las mismas razas, se podían coger entre ellos a los mismos años, pero un chino podía tardar dos años más en probar un pene blanco que uno oriental. Lo mismo les pasaba a los blancos, que podían ser iniciados a los 11 años por el pene de un chino, a los 12 por un blanco pero tardaban hasta los 14 en recibir un pene negro en sus anos, y hasta los 15 o 16 de el de un árabe. (Los chicos iban ampliando su ano poco a poco, dilatándolo para acoger un pene de mayor tamaño sin desgarros). Un negro, sin embargo, podía ser penetrado por otras razas a muy temprana edad (8-9 años) ya que un pene oriental apenas hacía mella en sus anos. De hecho los negros solían ser los más precoces en ser penetrados, y los chinos los que más tarde. En cambio los chinos solían ser los penetradores más precoces. Y este era el caso de Lee, que desde los 15 años ya se follaba, como macho alfa, a diez chavales en su jornada laboral –viniendo a media jornada a que yo me lo follara para repostarle de semen–.

Lee era un desvirgador de anos. Y eso me daba un morbo especial: follarme yo a quien se follaba a los demás. Me daba una sensación de superioridad y a la par de dominación que me excitaba. A parte, ese estrechito ano era una delicia.

—

Lee era un profesional. Se tumbaba boca arriba y se sujetaba él mismo las piernas por los tobillos para que le penetrara. Él se acababa de follar a cuatro o cinco chavales como un robot. Los colocaba a todos sobre una camilla e iba penetrando uno tras otro como una máquina. Lo hacía sin sentimientos, como un autómata Penetraba, penetraba, penetraba, a un chaval tras otro… y luego venía a reportar (a que yo le follara, porque con cada penetración o recarga de semen tenías para 5 veces).

Me excitaba ver su ano y cómo su pene se erectaba contra mi ombligo cuando le traspasaba con mi súper pene.

12 Lecturas/30 enero, 2026/0 Comentarios/por AlbertYag
Etiquetas: amigos, colegio, hermano, hermanos, mayor, minor, orgia, sexo
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