• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Relatos Eróticos
    • Publicar un relato erótico
    • Últimos relatos
    • Categorías de relatos eróticos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Publicar Relato
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (28 votos)
Cargando...
Dominación Hombres, Fetichismo, Gays

Internado para varones «San Ignacio» Capítulo 2: La confesión del pasado.

Los enormes muslos peludos de Ángel, blancos y descomunales hacían contraste con la pequeña cintura de su alumnito. Y eso fue suficiente, para que Ángel se calentara más y aumentara sus penetraciones. .

Capítulo anterior:

Internado para varones «San Ignacio» Capítulo 2: Fiebre adolescente.

 

Ángel

Día 4.

1 día para la capacitación.

Esta mañana, Ángel escuchó atentamente la misa diaria y por primera vez, se sintió tranquilo al escuchar las palabras del padre Aguilar. Aquellos sermones bíblicos lo pusieron a pensar y reflexionar, sobre si de verdad habría alguien que lo pudiera ayudar. Si tan solo se acercara a Dios, podría abandonar los pensamientos tan oscuros que lo dominaban.

Ya era una rutina, el repetirse todo el asco que se daba por ser tan débil. Estaba convencido de que lo que hizo era uno de los actos más perversos y deshonrrozos en su historial. Pero al recordar el espectáculo de ayer, su entrepierna abultada le decía lo pésimo mentiroso que era.

 

Eran las 8:47 pm. Ángel estaba planeando sus actividades para el siguiente lunes, pues mañana viernes sería su capacitación. Para este punto, Ángel ya había aceptado su dura realidad. Le encantaba ver esas escenas. Pero sabía que estaba mal, no quería hacerlo y no entendía porqué era tan difícil no ceder.

Estaba empeorando su situación, ahora no podía apartar sus ojos de sus alumnos. Ya le era inevitable posar su mirada sobre los culos de esos pequeños. Incluso había buscado excusas para tocarlos. ¿Qué estaba haciendo? ¿En qué estaba pensando?

Se vistió propiamente y dio un paseo por la instalaciones.

 

 

Antes de regresar a su edificio, notó la capilla de confesiones para docentes.

Tal vez lo necesitaba.

Empujó la puerta de madera y esta cedió.

Mientras se adentraba en la capilla oscura, solo el sonido de sus pasos eran su compañía.

No sabía cómo confesarse; sus padres lo habían intentando obligar en su infancia, pero siempre se negó. En ese tiempo, su única confesión era su atracción por los hombres. Ahora, le faltaban dedos para contar cuántas tenía.

Honestamente, se sentía mejor confesándose a solas. No había pensado qué haría si el padre sí estuviera.

Se sentó en una banca. La luz de la luna se filtraba de la vidriería e iluminaba justamente el rostro del Cristo en la pared.

—Señor… ¿Cristo? ¿Dios?

No sabía cómo empezar y se sentía patético. Suspiró y lo intentó una vez más.

—Tengo una confesión que hacer y que no me ha dejado dormir…

 

 

1 año antes…

 

Si algo que Ángel amaba más, era enseñar. Llevaba ya dos años ejerciendo y en ese poco tiempo, sus únicos dos grupos lo adoraban infinitamente. Sabía que las demás maestras hablaban mal de él, la envidia les cegaba su percepción.

Era el único maestro hombre de todo el preescolar y con ello, venía la responsabilidad de ser el mejor. Y lo era.

Nadie confiaba en los maestros hombres, pero él probaría que era un estereotipo dañino.

Los niños acababan de regresar del receso y faltaban dos horas para que regresaran a casa.

En eso, Dani de cinco años se acercó a él.

—Quiero ir al baño, Maestro. —le suplicó el moreno niño—.

—Puedes ir Dani.

—Es que mi mamá me puso un pantalón nuevo y no puedo bajar el cierre. ¿Me ayuda?

Ángel sabía que la escuela prohibía a cualquier maestro, hombre o mujer, acompañar a los niños al baño. ¿Qué dirían si no solo entraba con él, sino también le bajaba el pantalón? No quería esos problemas.

Los tutores sabían explícitamente que no debían colocar prendas que los niños no pudieran quitarse. Aquella mamá recibiría muchos sermones hoy.

Obviamente no podía dejar que ese niño se hiciera encima, su ética estaba sobre aquel reglamento injusto.

Ok, sí. Estaba diseñado para evitar los abusos infantiles, pero él era diferente y rompía las reglas con una buena intención.

—Sígueme Dani. —salió de su salón y se dirigió al baño más alejado— Hay que decirle a mami que nada de esos pantalones, para la siguiente vez.

Su pequeño alumno asintió y siguió a su profesor.

No estaba haciendo nada malo, pero por alguna razón, su mirada pasaba de un lado a otro suplicando que ningún maestro lo viera.

Llegaron al solitario baño y entraron.

Dani eligió el cubículo más alejado, el cuál era para discapacitados y por ello, mucho más amplio.

Ángel se agachó frente a su alumno y tiró del cierre. Efectivamente, estaba trabado y no cedía. No quería romperlo, así que dejó de insistir y mejor tiró de todo el pantalón.

Pronto, el inocente Dani, tenía los pantalones de mezclilla y sus trusitas en los tobillos.

Hasta ese momento, nunca había caído en cuenta el enorme culo que su pequeño alumno tenía. Era redondo, bien formado y respingado.

Las manos de Ángel, se reposaron en las caderas del niño y sin darse cuenta cuándo, ahora las tenía sobre los glúteos morenos del infante.

Su corazón comenzó a latir y sentía la temperatura de su cuerpo subir.

Acercó su mano a un glúteo y la dejó reposada. Dani tenía el culito suave, como si estuviera apretando dos algodones. Por alguna razón, Ángel quería ver como lucía su hoyito, era pura curiosidad, nada malo.

Tomó las dos nalgas y las separó, lo que vio, le dilató las pupilas: Un bello ano infantil, estrecho y moreno, tan bello como nada que hubiera visto antes. ¿Qué pasaría si acercaba su rostro…?

—Profe ya, me estoy haciendo.

Se retiró y volvió a erguirse rápidamente, yéndose a la esquina del cubículo. ¿Qué pretendía? ¿Qué se había apoderado de él? Porque estaba seguro que él, como se conocía, nunca haría algo como lo que acaba de hacer.

Escuchó el chorro de Dani llenar el inodoro y sentía su pecho subir y bajar al ritmo de su nerviosismo.

Dani se volteó aún con los pantalones bajos.

—¿Está feliz, Maestro?

— ¿Uh?

Cuando Ángel miró qué apuntaba el niño, quiso salir corriendo. Dani apuntaba a la abultada deformación en su entrepierna. Su sexo resaltaba de su pantalón gris y era inevitablemente enorme, pegándose a la tela sin dejar nada a la imaginación.

Solo se tapó con sus enormes manos, se acercó para abrir la puerta y regresar a su salón.

—La tiene más grande que mi tío.

—¿Qué? -dijo dándose la vuelta-.

—Mi tío y su pilín no son tan grandes como el que se le ve, maestro.

—¿Cómo se lo viste? Eso no se hace, Dani. Recuerda que…

—Cuando jugamos, mi tío dice que la leche que el pilín tiene, es más nutritiva. —le interrumpió Dani—.

—¿Quién más sabe que juegan eso, Dani?

—Solo él y yo, porque dice que es un juego que solo los hombres y los niños juegan, por eso a los hombres se les pone feliz al ver a un niño.

Ángel no sabía que decir. Aquella confesión tenía su corazón latiendo a ritmos irregulares, pero quería saber más y más, y mucho más…

—¿Usted lo juega, maestro? —la voz de Dani era tan delicada, que no podía creer lo que el niño preguntaba—.

Ahí estaba. La oportunidad que no sabía que estaba esperando. Que nunca pensó, que necesitaba.

—No, pero si me enseñas, puedo aprender rápido… —dijo aún dudando de sus palabras—.

Ángel no se reconocía a sí mismo. Años sin siquiera tener el interés de ver a un niño se desvaneció, como si aquello fuera natural en él. Como si este fuera su verdadero yo, mostrándose por primera vez.

La calentura guiaba sus pensamientos y movimientos. Había cedido a la tentación.

La erección en su pantalón, le dolía. La tela apretaba duramente a su trozo, obligándolo a liberarlo.

Dani riendo, se acercó a su maestro. Tomó el pantalón y con la ayuda de Ángel, del torso para abajo, ya había sido despojado.

Sus veinte centímetros, saludaban al aire libre. Su sexo erecto era del mismo tamaño que todo el rostro de Dani.

Ángel sonrió. Por primera vez, no pensaba con la cabeza. No con la de arriba.

Sus pensamientos eran confusos, solo se le cruzaba por la cabeza cómo se sentiría la boca de Dani. Nada más.

Dani le sonreía por lo bajo, sin despegar la mirada de la erección adulta frente a él.

Ángel tomó su tronco y comenzó a azotar el rostro del pequeño.

Los golpes sucios a los tiernas mejillas de Dani, llenaron el espacio. El bello sonido de la conexión de la piel tan vulgar de aquel mástil y la tersa piel morena del pequeño.

Como si fuera todo lo que necesitaba, Dani sonreía y olfateaba el trozo blanco de su maestro.

Las exhalaciones que Dani realizaba en su trozo, eran suficientes para que Ángel se estremezca. Jamás había pensando, que un niño de cinco años, lo tendría más exitado con solo oler su verga, que muchos adultos en el clímax de un encuentro.

Dani hizo contacto visual con Ángel, y por un momento, nuestro maestro pudo jurar que ese niño sabía completamente lo que estaba haciendo y lo disfrutaba.

El pequeño Dani se sentó en el inodoro, tomó el tronco de Ángel, generando una red de electricidad que inundó su cuerpo al tacto suave del niño. Delicadamente, Dani posó su manita—que era tan pequeña para poder engullir toda la circunferencia de esa verga—, y comenzó un delicioso sube y baja, tan suave y lento, que dejó a Ángel anonadado.

—Muéstrame Dani, ¿cómo juegas con tu tío? —dijo con la voz casi pérdida en la excitación, el nerviosismo y el miedo—.

El niño sonrió pícaramente. Sin duda alguna, si había una víctima aquí, ese era Ángel.

Dani sacó su lengüita lentamente, como provocando a Ángel. La acercó al glande de su maestro y lo engulló.

Ángel abrió su boca en señal de sorpresa y de ella, solo pudieron salir suspiros entrecortados.

Lentamente, la semi erección de Ángel se volvía cada vez más dura al contacto del pequeño.

El niño no podía meterse toda su erección, era muy grande para él, pero estaba haciendo un trabajo increíble en las partes que sí le cabían.

Sentía la humedad de su cavidad bucal, la tibieza que lo recibía y la sensación que le daba a su verga.

Como un experto, el niño comenzó a mamar ese trozo con movimientos circulares. Ángel estaba en el cielo, tomándose de la puerta del cubículo para no caerse de excitación.

El niño que apenas le llegaba a la entrepierna, no paraba de lamer su trozo viril, llenándolo de babas y humedad infantil, que incluso corrían por el tronco de Ángel.

Sin duda, el tío de Dani había hecho un gran trabajado entrenando la boquita del menor, porque posaba su lengua justo donde debería estar.

Ángel se tenía que erguir completamente, si no quería perder el equilibrio de la increíble sensación que aquel niño de cinco años le estaba regalando.

El paladar de Dani le hacía presión a su glande, mientras su húmeda y pequeña lengua presionaba su tronco. Todo en el lugar correcto, como si el trozo vulgar de Ángel fuera la llave maestra para aquel pequeño candadito.

Pronto, notó que sus suspiros de excitación estaban llenando el baño infantil, así que se obligó a callar. Sin abandonar su lugar, estiró su cuerpo encima de las paredes del cubículo para asegurarse de que nadie estuviera escuchando lo que ocurría en aquel espacio.

Vacío.

Retomó su posición y cerró sus ojos dejándose llevar por la boquita de Dani, que ahora engullía casi la mitad de su virilidad.

Ángel sentía su verga hincharse más a cada mamada del menor, con todo su sexo babeado, sabía que era cuestión de tiempo para que su erección explotara en tan delicioso líquido blanco.

El pequeño de cinco, nuevamente reluciendo su increíble naturaleza sexual, llevó su lengüita a la uretra de Ángel. Lameó morbosamente el líquido preseminal que no paraba de producirse.

Ángel se llevó su dedo a la boca, mordiéndolo para ahogar el fuerte bufido que luchaba por salir.

Era insuficiente. Quería más, pero si ese pequeño seguía mostrándole sus dotes de mamador, no duraría un segundo más sin correrse.

Lo apartó con más brusquedad de la que pretendía, pero de verdad quería disfrutar más tiempo aquella sensación. No quería que terminara pronto.

El pequeño de cinco años, lo miró intimidado.

—¿Tu tío te ha puesto su pene en tu colita? —dijo casi suspirando—.

La mirada del niño perdió el significado de confusión y se le dibujó una sonrisa ancha.

—¡Sí! Hágalo maestro. Métame su pilín.

«Dios, este niño no tiene nada de inocente»

El niño aún con su pantalón en los tobillos se levantó del inodoro, Ángel cerró la tapa y dejó que Dani se incara en él.

La tapa del inodoro crugió al sumirse por el peso de las rodillas del niño, mientras él curvaba su cuerpecito para entregarle su bello culito al maestro Ángel.

El maestro se incó para admirar el culo de Dani. Dos enormes pedazos de carne morena, que toda su palma de adulto podían cubrir.

Acercó su rostro y se dejó vencer por los aromas. El delicioso olor a sudor de niño y otros hedores lo embelezaron.

Suspiró intentando aprisionar el atrapante olor a anito infantil.

Abrió los glúteos del pequeño, dejando ver los pliegos que cerraban y protegían la entrada del hoyito. Ángel pudo jurar, que en ese momento, su verga tuvo un espasmo involuntario.

Ángel ofreció el primer lengüeteazo, dejando que su boca caiga al sabor salado de aquel manjar. Dió otro, igual de suave y lento que el anterior, permitiéndole sentir más tiempo, la suave piel del pequeño de cinco años.

Se había perdido a sí mismo.

Olvidando su delicadeza anterior, comenzó a devorar el culo del menor. Sus lengüeteazos eran desenfrenados, cubriendo la entrada del ano, los dos glúteos y la parte baja.

Dani, reía inocentemente. Sus risas eran risueñas y tan sinceras, que Ángel no podía creer que aquella vulgar escena fuera la causante de aquel bello sonido.

No. Dani era tan inocente como un pervertido sexual. «Con solo cinco años…»

El pequeño intercalaba sus suspiros entre risas por las cosquillitas que la lengua de Ángel le daban y gemidos de placer. Movía su culito, como intentado insertarse en la lengua de aquel adulto.

Aquellos dos firmes melones, rebotaban al ritmo de las sacudidas de Ángel.

El rostro del maestro, subía y bajaba perdido en esos dos glúteos tiernos.

Cuándo Ángel sintió su lengua cansada y su mandíbula entumida, decidió parar.

Al levantarse, la luz reflejada en su saliva esparcida por todo el culo de Dani lo envolvió.

Cada glúteo brillaba y escurría la saliva de Ángel. Su obra de arte.

Su verga no paraba de producir líquido preseminal. Ángel tomó una gota, que debido al espesor, se estiró de la fuente a su dedo. La llevó a la boquita húmeda de Dani, donde su pequeña lengua lo recibió dejando limpio la yema de su dedo.

—¿Ya es su lechita, profe? —dijo Dani volteando su rostro hacia él—.

—No, Dani. Es solo una pequeña probadita. —la voz de Ángel, cada vez más profunda–. Aún falta mucho para acabar, no te desesperes.

Dani le regaló una bella sonrisa completa, dejándole ver su diente de leche faltante. Ángel le devolvió el gesto. No podía creer que ese bello niño, ahora era suyo.

Sin lubricante a la vista, Ángel optó por usar su propia saliva, dejando un escupitajo en la entrada de Dani y otro en su glande, el cual posteriormente extendió por todo su sexo.

Estaba listo. La cúspide de su perverso encuentro estaba llegando.

Tomó su tronco ensalivado, lo apuntó al ano de Dani e hizo presión. No cedió al instante, pero siendo perseverante, las paredes anales del pequeño comenzaron a expandirse.

Ángel comenzó a sisear. La presión era espectacular, aplastando de todas direcciones a su trozo.

Llevó su mano a la boca del niño, ahogando los quejidos que comenzaban a salir del pequeño.

Su verga se iba deformando, cuando llegó al límite de lo que podía recibir. Se obligó a acomodar su trozo nuevamente, pero no se rindió, siguió abriendo aquel culito, sin importarle nada más.

Los quejidos de Dani, ahora eran sonidos inaudibles perdidas en su palma. No estaba sollozando, eran sonidos de ardor por el tamaño de Ángel.

Siguió embistiendo, hasta que más de la mitad de su verga entraba y salía de aquel culito. Dani, seguía retorciéndose del dolor. Pero en la mente de Ángel, solo cabía su propio placer.

El ano de su pequeño alumno, iba abriéndose cada vez más, engullendo la carne vulgar de Ángel.

Sentía el interior tan tibio, apretado y mojado, que pensó que sus encuentros sexuales anteriores fueron meras estafas.

Los enormes muslos peludos de Ángel, blancos y descomunales hacían contraste con la pequeña cintura de su alumnito. Y eso fue suficiente, para que Ángel se calentara más y aumentara sus penetraciones.

Su cuerpo iba bañándose de sudor, sentía su espalda pegada a su camisa. La de Dani, comenzaba a brillar por el dulce sudor infantil.

Pronto, los quejidos de Dani, habían cesado y dado paso a gemidos. El niño, bufaba, y se derretía de excitación, mientras su tierno anito iba siendo abierto por la verga de su maestro de preescolar.

Encontró el ritmo perfecto, para que su verga siga siendo aplastada por las paredes anales del niño, y para que Dani disfrutara cada embestida. Ambos eran máquinas de sudor y gemidos de placer.

Tomó al niño de su playera y comenzó a estrellarlo a su verga. Las pequeñas nalgas de Dani rebotaban preciosamente cada que eran penetradas y el bello sonido del choque, envolvía sus cuerpos pegados.

Ya había soltado la boca del pequeño, pero Dani tan corrompido por su tío, era cuidadoso de no gemir fuertemente para ser oído.

Sacó su verga del ano de Dani, llena de fluidos anales y comenzó a golpear con ella su culo.

Sin penetrar —sabía que sentir la presión del culito de su alumno una vez más, lo haría explotar—, Ángel comenzó a restregar su trozo en el ano del niño.

—Siga profe, por favor… —la voz de Dani era casi un susurro—.

«Quiere más. Fue entrenado a la perfección»

Obligándose a aguantar más, Ángel volvió a penetrar a Dani, ahora suavemente.

Su verga ahora pegajosa, entraba y salía libremente. El ano de Dani, ya estaba lo suficientemente abierto, para recibir la erección completa de su maestro.

El niño, como el atrevido que era, comenzó a autoembestirse, pegando su culito a la verga de Ángel. Dani no quería parar, aún quería sentir esa verga entrar.

Siendo ahora Dani el que guiaba, Ángel soltó las caderas de su alumno, llevó sus manos a su cabeza y disfruto las embestidas del pequeño.

El sonido del choque de ambas pieles, era el único sonido que emitía aquel cubículo. En todo ese tiempo, Ángel nunca dejó su tarea de estar alerta sobre si alguien llegaba.

Los huevos cargados de Ángel, rebotaban en la piel de Dani, hasta que comenzaron a impulsar la leche de Ángel hasta el glande.

Dani no redujo la velocidad. Ángel estaba llegando al orgasmo.

Su verga no aguantó más y explotó. Ángel reaccionó rápidamente, sacando su trozo del ano de Dani y corriéndose en un glúteo.

Varios chorros espesos, comenzaron a escurrirse del culo del pequeño.

Mordió el cuello de su camisa, ahogando los gritos que iban acompañados con cada descarga de leche masculina.

Dani volteando su cabeza, estaba perdido en la verga de su maestro.

Cuando la última gota salió, Ángel suspiró largamente.

—¡No profe! Dijo que su lechita era para mí. —reclamó muy molesto el niño—. Mi tío me deja tomar la lechita y la echa en mi boca.

Antes de que ella berrinche de su alumnito se expandiera; Ángel tomó una buena ración de leche y se la entregó a Dani en su boca.

Como si fuera la verga misma, Dani chupó con dedicación el dedo de su maestro.

Así, Ángel limpió el culo regado de leche con su dedo y el espeso manjar, acabó en la boca del niño de cinco años.

Si eso no fuera suficiente, Dani se bajó del inodoro y agachándose, lameó la verga ahora flácida de Ángel.

El maestro profirió un grito entrecortado de placer. Su verga estaba muy sensible y la lengua del niño, cazando restos de leche, lo hicieron temblar.

—Está bien pegajosa, profe. —Dijo Dani riendo–. Rico, rico.

Sin responder, Ángel tomó papel higiénico y limpió los restos de la escena del crimen.

Subió sus pantalones y acomodó su ropa correctamente.

Se agachó frente a Dani, para colocarle su pantalón y su mirada se perdió en el ano rojo y bierto del menor.

Ambos se lavaron la cara y abandonaron el baño.

 

De vuelta en su salón, sus demás alumnos corrían y jugaban despreocupados.

Ángel los reprendió y estos le aclararon que ningún maestro había llegado en su ausencia. Ángel respiró más tranquilo.

Se sentó en su escritorio e intentó tomar agua. Sus manos le temblaban, su cabeza le dolía y su pecho era una bestia intranquila.

Su mente solo daba lugar a escenarios negativos sobre las consecuencias.

Visualizó a Dani, el niño de cinco años le sonrió. Ángel notó que le costaba estar sentado. Le dolía el culo.

No le devolvió la sonrisa.

Todo estaba bien, ¿no? Dani prometió no hablar de eso con nadie, ni con su tío.

Pero solo era el principio del fin.

 

Al día siguiente, la madre de Dani había llegado a la oficina del director, quejándose de que su hijo tenía el ano irritado. Al parecer tras revisar al pequeño, lo había llevado al hospital donde efectivamente, encontraron restos de semen en sus pruebas.

¿Cómo no lo pensó antes? Era un niño de cinco, obviamente su mamá lo seguía bañando. «Eres un imbécil, Ángel»

Se volvió lentamente un enorme problema. El director había hablado con Ángel y pronto, toda una investigación había empezado.

Dani había cumplido su palabra. Nunca reveló nada, pero las pruebas de que había sido abusado estaban ahí y todas apuntaban a Ángel. Sus alumnos habían confesado verlo llevar a Dani al baño.

Ángel se jugaba su reputación y su libertad, así que mintió e hiperjuró ser inocente.

El director apoyó su caso, brindándole apoyo legal, pero las pruebas e inconsistencias estaban siendo usadas por la madre en su contra.

Era cuestión de vida o muerte, así que jugando sucio, Ángel se atrevió:

«Esto es un malentendido, Señora. ¿Está segura de que Dani no convive con otro adulto?»

Acusar al único otro hombre con el que Dani convivía y que resultaba ser el hermano de la madre, no fue bien recibido por ella, pero notó que incluso sospesó la idea.

Ángel sabía que el tío de Dani también era culpable, e inpulsar la investigación de ese lado era lo mejor que tenía. Arriesgado pero podía funcionar.

Las personas manipuladoras podían cambiar su destino.

Días después, fue citado a la oficina del director. Al parecer, la madre de Dani había retirado los cargos.

—¿Cómo se encuentra, Ángel? —le preguntó el director a solas en su oficina —.

—Han sido dias difíciles.

Llevaba semanas sin poder enseñar por la investigación, además no estaba durmiendo bien. Lloraba cada noche.

—Felicidades, es hombre libre. Su nombre está limpio. —dijo el director con una sonrisa—.

—¿Por qué se echó para atrás?

–Usted tenía razón. La madre llegó del trabajo y encontró a su hermano abusando del pequeño. Ya lo refundió en prisión. A veces acusamos inocentes, cuando los verdaderos monstruos están en casa.

Ángel suspiró aliviado. Se había salido con la suya.

—Gracias por confiar en mí, Director.

—Nunca confié en ti, muchacho. Lo siento pero es la verdad. —El director se levantó de su asiento—. Simplemente, con ese escándalo, si caías tú, caía yo.

Ángel no supo que responder.

—No volverá a pasar, director. —dijo después de un tiempo—.

—No pasará otra vez, Ángel. Porque quedas relevado de tu puesto. Independiente de que fueras inocente, rompiste una regla que conocías y ocasionaste este problema. ¡No se llevan los niños al baño!

 

Ángel perdió su empleo ese día y si bien, su escándalo no fue un caso mediático; varias escuelas lo habían rechazado. Estaba en la ruina. Sin empleo, sin nada, sin nadie.

Hasta que un día recibió una llamada de su mejor amigo.

—Escuché lo que pasó, Ángel. No te preocupes, conozco el lugar perfecto para ti…

 

Aviso:

Hola, soy el autor de la historia. En estos momentos, estoy buscando un lector beta y editor. Que me apoye leyendo los capítulos antes de ser publicados, corrigiendo, añadiendo, aportando ideas, etc.

La persona debe conocer sobre redacción, claramente. Todo en favor de entregarles las mejores historias. Si te interesa apoyar y ser partícipe de esta historia, contáctame en Tl: @Yes12098

 

 

2159 Lecturas/7 diciembre, 2025/3 Comentarios/por El autor
Etiquetas: baño, confesiones, hermano, hijo, madre, padre, semen, sexo
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Pía con el padrastro y la madre
jugos de niños
DOS CUÑADOS BRIBONES
Mi ultimo trio con dos amigos
Una historia real de voyeurismo…!
Me fui a vivir con mi mamá y la embarace
3 comentarios
  1. El autor Dice:
    7 diciembre, 2025 en 8:25 am

    Aviso: paréntesis para decir que me equivoqué de número y como pueden ver, este es el capítulo 3 🙁

    Accede para responder
    • Pervgay00000717 Dice:
      7 diciembre, 2025 en 3:20 pm

      No te preocupes. Tus historias son las mejores de esta página, te admiro <3

    • reader.d69 Dice:
      11 diciembre, 2025 en 2:00 pm

      Hola! Me encantaría ser tu lector beta y ayudarte en esta impresionante historia! He buscado en tl pero no me sale tu usuario

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar Relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.357)
  • Dominación Hombres (4.085)
  • Dominación Mujeres (3.002)
  • Fantasías / Parodias (3.261)
  • Fetichismo (2.709)
  • Gays (22.099)
  • Heterosexual (8.240)
  • Incestos en Familia (18.237)
  • Infidelidad (4.511)
  • Intercambios / Trios (3.136)
  • Lesbiana (1.157)
  • Masturbacion Femenina (992)
  • Masturbacion Masculina (1.902)
  • Orgias (2.054)
  • Sado Bondage Hombre (449)
  • Sado Bondage Mujer (183)
  • Sexo con Madur@s (4.300)
  • Sexo Virtual (265)
  • Travestis / Transexuales (2.434)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.514)
  • Zoofilia Hombre (2.208)
  • Zoofilia Mujer (1.670)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba