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Dominación Hombres, Gays, Travestis / Transexuales

La conversión 1 (El secuestro)

Primer relato de una historia de dominación y apropiación para convertirme en alguien que complace a otros hombres y cumple sus deseos.

Esta historia es completamente ficticia y basada en mis fantasías y deseos, salvo el evento inicial que inspiró a la creación de esta historia. Espero les guste.

Tengo 25 años y vivo en GDL, Mexico. Soy alto de complexión delgada, piel blanca, cabello corto, ojos castaños.

Tenía más de un año que había terminado con mi novio Héctor. Había sido mi primera relación con un chico y aunque lo quería mucho, había algo que no me terminaba de gustar eb él. Yo soy pasivo y él activo, y  a pesar de que hablamos tenido momentos de intimidad, nunca lo había dejado que me penetrara. Aún era virgen y me daba miedo, y aunque nunca se lo dije, me parecía que ya  sospechaba que algo sucedía y hasta cierto punto sentía que mi miedo a que me penetrara había impactado en que no funcionara mi relación.

Durante ese año después de que terminamos, no tuvimos ningún contacto y finalmente en su cumpleaños decidí buscarlo No tenía ninguna intención detrás del mensaje salvo ser amable y tal vez poder obtener una amistad. Mis expectativas de que me respondiera eran bajas, pero para mi sorpresa recibí su mensaje de respuesta.

El mensaje era breve pero amable y me preguntaba como estaba. A partir de ahí tuvimos una conversación corta y acordamos vernos en un café para ponernos al tanto de nuestras vidas.

El día acordado, llegué en mi coche un poco temprano al café. Nervioso me bajé y entré para esperarlo. Era consciente de que todavía sentía algo por él pero no me imaginaba regresando, además que me ponía nervioso la incertidumbre de saber si él ya tenía otra pareja.

Lo vi llegar,  y mi nerviosismo aumentó. Héctor es un chico alto, delgado, con una barba de candado y una cara seria que llega a intimidar. Me miró, me sonrió y nos saludamos de abrazo.

Toda nuestra conversación fue tranquila. Nos actualizamos de nuestra vida, ninguno comentó nada de nuestra relación pasada ni de si estábamos en alguna otra relación. Pasó el tiempo, hasta que eventualmente acordamos en pedir la cuenta. Me ofrecí a llevarlo a su casa, pareció dudar pero al final aceptó.

Caminamos hacía mi coche y nos subimos, él del lado del copiloto. Estaba nervioso de estar con él ahí, y mientras encendía el coche  escuché una voz desconocida.

— No se muevan. Quiero que lentamente me des las llaves y ninguno de los dos haga ningún ruido.

La voz provenía de mis espaldas. Miré por el retrovisor y vi a dos personas encapuchada en el asiento de atrás con una navaja. El miedo me invadió, pero seguí las indicaciones de la voz y lentamente desconecté la llave y  se las di.

— No nos hagan nada, por favor. Les daré lo que me pidan — dije.

— Shhh, no hablen y levanten las manos.

Ambos levantamos las manos sin decir nada. De pronto dos manos me agarraron y cubrieron mi boca con una tela. Traté de quitármelos de encima, miré a Héctor intentando hacer lo mismo, pero fue en vano porque eventualmente perdí la conciencia.

Me desperté poco a poco. Miré a mi alrededor, estaba en una habitación como bodega, con postes, una sola puerta y unas cajas en una esquina.  Tenía las manos y pies amarradas y estaba amordazado. Miré a mi alrededor. A mi lado estaba Héctor, en las mismas condiciones que yo e igualmente luchaba por desamarrarse. Cruzamos miradas de desesperación e intentamos ayudarnos, pero fue en vano. No sabía que día era ni cuanto llevábamos aquí, pero realmente no había manera de saberlo.

Nos rendimos después de un rato y entre el miedo y los pensamientos de lo que nos iba a sucedes, terminé por quedarme dormido. Me desperté al escuchar el sonido de la puerta abrirse. Entró uno de los hombres encapuchados  y se detuvo.

— Tú, vienes conmigo —  señaló a Héctor. —  Te advierto que tiene caso que te opongas, solo será peor. Y no intentes nada mientras te desamarro los pies.

Él hombre se acercó a Héctor. Cruzamos miradas y me di cuenta que tenía toda la intención de intentar escapar, pero con la cabeza le dije que no. Sabía que el riesgo que corría era grande si su maniobra terminaba por no funcionar.

Entendió mi señal y se dejó desamarrar los pies. Se puso de pie y antes de salir me miró. No supe si era una despedida o promesa, pero le sostuve la mirada hasta que cerraron la puerta detrás de él.

Pasaron varias horas, estaba desesperado, temía que no volvería a ver a Héctor nunca más y presentía que yo sería el siguiente en sufrir su destino. Con este último pensamiento en mente, fue que escuché la puerta abrirse.

Vi a Héctor entrar. Estaba desamarrado completamente, sin la mordaza y con una bolsa de plástico en la mano. Me emocioné mucho. Seguro había logrado de alguna forma escapar y venía por mí para apoyarme.

Cuando prácticamente estaba encima de mí, extendí las manos, esperando que me ayudara, pero me ignoró por completo y comenzó a bajarme el pantalón. Me empecé a sacudir pero con una voz seria me dijo.

— No te muevas, pendejo.

Me asusté mucho. Nunca me había hablado así, no entendía que sucedía. Me bajó el pantalón hasta donde el amarre le permitió e hizo lo mismo con mis calzones. Comencé a moverme nuevamente, cuando me soltó una cachetada.

— Te dije que no te movieras cabrón.

Me le quedé mirando y comencé a llorar. Con la mordaza, solo se escuchaban mis intentos de gritos sin éxito.  Me le quedé mirando confundido y noté que metía su mano a la bolsa y sacaba algo. Lo reconocí en cuanto lo vi, era una jaula de castidad, metálica. Nunca había usado una, pero había visto y leído sobre ellas y en algún punto de mi vida había sentido curiosidad en usar una, pero jamás en la situación en la que me encontraba en ese momento.

El susto, confusión y miedo de lo que sucedía evitaba que me excitara, por lo que cuando Héctor me agarró de las piernas y colocó la jaula, no hubo mayor dificultad en que lograra su cometido. Seguido de esto me desató las piernas y quise aprovechar de la situación para patearlo, pero me esquivó fácilmente.

— No tiene sentido que pelees, aunque puedas escapar de esta habitación, no podrás ir más allá.

Estaba llorando mucho, y con la mordaza solo podía emitir sonidos.

— Vente —  dijo y me agarró de las manos amarradas.

No podía moverme por el pantalón a medio camino así que mientras lo seguía terminé de quitarme el pantalón. Así semidesnudo de la cintura para abajo, con mi verga en una jaula de castidad, llevó hasta uno de los postes de la habitación.

— Siéntate en el piso—  me dijo sin mirarme.

No entendía nada de lo que estaba sucediendo. Un día antes, habíamos hablado como buenos amigos, en la relación nunca había sido grosero y ahora estaba haciendo todo esto.  Cuando me senté en el piso, se acercó a mí tomó mis manos amarradas, las levantó y con otra cuerda las ató al poste.

Quedé en una posición donde estaba medio sentado, de frente a él, con mi cara a la altura de sus caderas y mis manos levantadas y atadas. Me sentía vulnerable.

Sin dirigirme la mirada se comenzó a desabrochar su pantalón, se lo bajó ligeramente, al igual que el bóxer y dejo salir su verga parada al aire. No era una vista nueva para mí.  Era de unos 18cm aproximadamente, circuncidada, y rodeada de una gran cantidad de vellos. Siempre me había encantado su verga y mi cuerpo se acordó de eso porque sentí como mi verga comenzaba a ponerse dura dentro de la jaula. La incomodidad de mi erección hizo que desviara mi mirada hacia mi propia verga enjaulada. Héctor e dio cuenta de esto porque dijo.

— Veo que te gusta.

Se me acercó más, hasta quedar cerca de mi cara. Tomó su verga y me la empezó a pasar por todo el rostro. El aroma era más fuerte de lo que recordaba, seguro por el tiempo que llevábamos encerrados, pero no podía negar que eso me encantaba. Mi verga comenzó a pulsar más dentro de su jaula.

— Quiero que abras bien la boca cuando te quite la mordaza. ¿Entendiste?

Asentí con la cabeza sin desviar la mirada de su verga, era como si estuviera hipnotizado.Comenzó a desatarme la mordaza y cuando la terminó de desatar, abrí la boca y me metió toda su verga.

Me agarró de la cabeza y me comenzó a embestir. Me estaba cogiendo por la boca y no había nada que pudiera hacer. Sentía como si me ahogara y la saliva escurrirse por mi boca. El sonido de su verga en mi boca me excitaba demasiado y  mi verga luchaba por crecer en el espacio contenido de la jaula de castidad.

— Ufff, esto es lo que mereces, maldita perra. Cuando los secuestradores me dijeron que la única condición para liberarnos era esto, no dudé en aceptar. Pensé que solo yo saldría ganando, lo cual era suficiente para mí, pero puedo ver en tus ojos que esto te gusta.

Abrí mucho los ojos con sus palabras, pero no podía decir nada, tenía su verga en mi boca y me seguía embistiendo mientras me agarraba de la cabeza.

— Nunca me dejaste cogerte bien y todavía así te dignaste en terminar conmigo—  dijo. Sostuvo su verga al fondo de mi garganta y comencé a tener arcadas, pero no dejó ir mi cabeza. — Pero no te preocupes, ya tengo un novio mejor que tú y ahora voy a tomar lo que no me diste, pero te usaré como una puta. Así es, te voy a coger como la puta que eres y en la que te vas a convertir después de esto.

Sacó su verga de mi boca y rápidamente me puso la mordaza nuevamente. Yo estaba en shock, lagrimeando, y con saliva alrededor de mi boca. Vi su verga todavía super parada y lubricada por mi saliva.

— ¿Ya viste que estás escurriendo de tu verga? —  me preguntó entre risas.

Miré hacia abajo y vi que efectivamente había estado goteando de la jaula de castidad. Había sentido mo excitación, pero no había sido consciente hasta que punto estaba disfrutando de esto.

Se acercó a mi nuevamente y me desamarró del poste.

— Vamos, ponte de pie y date la vuelta.

Para mí ya no tenía sentido luchar, estaba en un lugar que no conocía y por lo que me había dicho, no importaba si escapaba de él, seguro había alguien más detrás de todo esto. Me puse en la posición que me dijo y me volvió a amarrar las manos al poste.

— Las nalgas hacia mí perra.

Me acomodé de manera que pudiera levantar lo más que pudiera mi culo y cerré los ojos. Se acercó a mí, se escuchó el estallido de su mano contra mis nalgas seguido del dolor. Escuché que escupía y sentí que metía unos de sus dedos en mi culo.

Lo hizo de manera rápida y agresiva. Ya me había yo metido los dedos antes, pero siempre lo hacía de manera lenta. Jugó un rato con uno, luego metió el segundo, y se me salió un gemido.

— Seguro por eso no me dejabas. Querías que te cogieran como una zorra, ¿verdad? Estás escurriendo todo el piso de lo excitado que estás — dijo, mientras apretaba mi verga enjaulada.

Me estremecí y me salió otro gemido.

— Pues ahora si te voy a dar lo quieres.

Dicho esto sentí que me ensartaba toda su verga. Sentí que veía estrellas. Nunca me había metido algo de ese tamaño. Me metió tanto la verga que sentía sus pelos rozar mi culo.

— Mira nada más que bien ensartado te tengo ahora sí. Te gusta ¿verdad?

Sentía mucho dolor, pero mi verga también estaba dura y a punto de explotar.

Me comenzó a embestir. Sacaba y metía su verga, lo hacía hasta la mitad, pero con ritmo y fuerza. Tenía que esforzarme por evitar que mi cabeza pegara con el poste. Ya no podía evitar gemir, era algo entre placer y dolor, pero sentía mi verga pulsar en la jaula, y estaba disfrutando mucho la sensación de tener su verga dentro de mí.

Durante un largo periodo de tiempo estuvo así, embistiéndome con furia, como si buscara liberar un resentimiento guardado por mucho tiempo. Mis piernas estaban temblorosas de mantenerme en esa posición por tanto tiempo y cuando creía que ya no aguantaría más, cambió el ritmo de sus movimientos. En lugar de movimientos rápidos y cortos, sentí su verga entrar y salir por completo, cada vez que entraba sentía como si quisiera atravesarme con ella. Los movimientos eran tan bruscos que en cada embestida empujaba mi cuerpo completo.

— Uffff, no sabes las ganas que tenía de dejarte así de abierto. Te estoy dando lo que te mereces por no haberlo querido a las buenas— dijo.

Sentía mi ano muy abierto, y entumecido. Quería mirar, pero era imposible girarme mucho con las manos agarradas así. Logré mirar su verga, bien dura y manchada con un poco de sangre. Abrí los ojos de susto al ver su verga así, y rió de mi reacción.

— No hagas esa cara de espanto. Desde que te la metí estás escurriendo. Te hacías el inocente, pero siempre hubo una perra oculta en tu interior, esperando que se la cogieran así. Hora de terminar con esto — dijo y acto seguido volvió a meter su verga dentro de mí.

Se acercó a mí y esta vez sé que su verga entró con facilidad porque casi no la sentía. Me tomó de la cadera y comenzó con sus embestidas constantes. Nuevamente tuve que mentalizarme que no podía hacer nada y llevaba rato consciente de como mi verga estaba dura dentro de si jaula y al mirar vi que seguía escurriendo a través de ella. Lo mejor sería que esto terminara lo más rápido posible para poder liberarme.

Con este pensamiento en mente, puse de mi parte y cada vez que sentía entrar su verga yo apretaba más mi culo y gemía a la par en que Héctor gruñía, tratando de sincronizarnos a pesar de mi posición y de la situación.

— Así que me gusta, tarde o temprano tenías aflojar. Vamos, mueve más ese culo como una puta —  dijo.

Hice caso a sus palabras y ahora no me limitaba a apretar sino que también hacía ligeros movimientos cada vez que entraba su verga. Después de un momento sentí que disminuía el ritmo de sus embestidas

— Me voy a venir perra, aprieta bien. Quiero que sientas como te lleno con toda mi leche— dijo Héctor.

Embistió unas cuantas veces más y justo antes de explotar, sentí su verga crecer. Apreté y comenzó a dejar ir toda su leche dentro de mi. Era un montón y parecía que nunca terminaría, pero en un instante ya estaba sacando su verga y yo haciendo caso a sus palabras apreté lo más que pude mi culo para mantener su semen en mi interior. Sentía que mi cuerpo quería expulsarlo, pero estaba haciendo mi mayor esfuerzo por mantenerlo.

— Mira nada más como dejaste el piso de todo lo que estuviste escurriendo. — dijo Héctor y mientras yo miraba lo que él me decía, continuó hablando. — Quien se hubiera imaginado el material de putita que serías. Y eso que esto fue lo primero —  se rió mientras me seguía viendo con malicia.

Ya no aguantaba seguir manteniendo su leche dentro de mí, así que afloje mi culo y sentí como empezaba a escurrir por mi pierna.

— Total putita, ya solo limpia mi verga para poderme ir, porque nimodo que me dejes ir así.

Se me acercó me quitó la mordaza y puso su verga ya flácida frente a mi cara. Estaba cubierta de semen y un poco de sangre. A pesar de la excitación, estaba enojado de la situación, de sentirme engañado y vendido por Héctor. Pero si no me había engañado, todo esto era para liberarnos. Lo último que quería era limpiar su verga con mi boca, pero también deseaba que esto terminara. Con mi lengua limpié su verga, huevos y semen pegado a sus vellos hasta que no quedó ningún rastro de lo que había sucedido. Me colocó la mordaza nuevamente y se subió el bóxer y cerró el pantalón. Me sentí más humillado al darme cuenta que ni siquiera se había quitado bien la ropa, simplemente había descubierto lo suficiente su verga para cogerme como una puta.

— Ojalá puderas ver lo ridículo que te ves, pero bueno me ha encantado la experiencia. Nos vemos putita — dijo Héctor.

Aún amarrado del poste, excitado, con su semen escurriendo por mis piernas y amordazado, vi como abría la puerta y salía por ella como si nada. Quise gritar pero la mordaza seguía impidiéndolo.

No pasó mucho rato cuando vi que la puerta se abría y entraba uno de los hombres encapuchados. Se acercó a mí y se detuvo a mi lado, vi que me observaba detenidamente, y no pude evitar notar que se marcaba su verga a través de su pantalón. Claramente se dio cuenta y se rió.

— No han pasado ni 10 minutos y todavía quieres más — dijo. Su voz era grave pero a la vez se escuchaba como de alguien de mi edad, o incluso más joven — Desafortunadamente para ti, no estoy aquí para eso. Vengo a liberarte, pero antes necesito que te pongas en cuatro y me muestres ese culito abierto, quiero ver como quedó.

Lo que más quería en ese momento era irme de ese lugar y olvidar todo lo sucedido, así que hice lo que me indicó. Él desconocido se agachó y sentí que abría con sus manos mi culo que aún notaba muy abierto. Me giré un poco para mirar lo que hacía y vi que me estaba fotografiando. Giré rápidamente mi cara, esto ya era demasiado humillante como tal.

— Wow, vaya que tu amigo te dejó bien trabajado. Si el jefe no lo prohibiera, me encargaba de dejarte sin caminar. Pero bueno, el trabajo primero — dijo eso y se puso de pie. Cada momento entendía menos lo que sucedía, cual era la razón de estas personas para hacer esto.  — No sé que harás después de esto, pero creo que tienes material de puta, mira como me tienes — tocó su bulto en el pantalón y me le quedé mirando como tonto.

Se rió con mi reacción, se pegó a mi rostro, y se abrió el pantalón. No traía ropa interior, por lo que su verga salió disparada. Era más grande que la de Héctor, morena, gruesa, cubierta de vello y olía a semen y orina.

— Vamos, te voy a dejar que la huelas, cierra los ojos y disfruta.

Sacudió su verga y empezó a restregar por todo mi rostro. Cerré los ojos y mientras sentía como restregaba su verga, la olía y sentía que me excitaba nuevamente dentro de mi jaula de castidad. De pronto dejé de sentir su verga y al abrir los ojos vi que la había guardado.

— Suficiente, ya me excedí de lo permitido. Tiempo de que seas libre. — dijo y acto seguido colocó un pañuelo en mi cara. Seguía amarrado por lo que no podía liberarme y en poco rato sentí como perdía la consciencia nuevamente.

Me desperté confundido, y me sobresalté. Por un momento temí estar todavía encerrado y dormido, pero al mirar a mi alrededor vi que estaba en mi coche, en el mismo lugar dónde me había estacionado para ir al café. En el asiento del copiloto había un sobre. Lo tomé y abrí para mirar su contenido.

Había una memoria usb, y tres fotografías. Las primeras dos fotos se veía mi culo abierto y escurriendo semen de Héctor todavía, y en la última estaba yo con los ojos cerrados y la verga del encapuchado pegada a mi rostro. Sentí tanta humillación de eso, pero también excitación. Así fue como me di cuenta que aún tenía puesta la jaula de castidad. Me bajé el pantalón y quise quitármela pero no había manera. Miré en el sobre nuevamente intentando encontrar la llave, pero solo vi un papel extra, con un mensaje impreso.

“Quisimos quitarte la jaula, pero tú amigo se quedó con las únicas llaves que teníamos. Esperamos lo puedas arreglar pronto”

Terminé de leerlo y grité en el coche. Lo último que quería después de todo eso era tener que volver a contactar a Héctor.

Continuará…

Gracias por leerme, espero que les haya gustado y aún tengo mucho más para continuar esta historia. Les dejo mi telegram: @bnsss123

13 Lecturas/31 diciembre, 2025/0 Comentarios/por lilcsiss12
Etiquetas: amigos, cogiendo, culito, culo, cumpleaños, mayor, semen, virgen
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