La tentación de Dean Winchester
Los que han visto la serie súpernatural estarán de acuerdo conmigo que Dean winchester es la encarnación de lo masculino y eso hace que esté en mis fantasías homo. Este relato es para todos los que fantasean con el. Háganme saber si quieren más relatos .
Dean Winchester pisó el acelerador del Impala, el motor rugiendo como un demonio enfurecido mientras dejaba atrás el pueblo polvoriento donde acababa de exorcizar a un espíritu cabrón. La noche era oscura, y el cansancio le pesaba en los hombros como una mochila llena de plomo. Había estado solo en esta cacería; Sam estaba ocupado con otro caso al otro lado del país. Pero en el motel de mala muerte donde se hospedaba, había conocido a Hans, un chaval joven y atlético que trabajaba en el taller local. Hans lo había ayudado a reparar el auto esa tarde, con manos hábiles y una sonrisa que Dean no podía ignorar del todo. ‘No eres como los mecánicos de por aquí’, le había dicho Dean, palmeando su hombro con esa camaradería ruda que usaba con cualquiera que le cayera bien.
Ahora, de vuelta en el motel, Dean abrió la puerta de su habitación con una cerveza en la mano. Hans estaba allí, sentado en la cama deshecha, con una lata en la suya. ‘Pensé que te vendría bien compañía después de lidiar con esa mierda sobrenatural’, dijo Hans, sus ojos azules brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Dean soltó una risa ronca, quitándose la chaqueta de cuero y tirándola sobre la silla. ‘Sí, chaval, un trago no me vendrá mal. Pero no me cuentes cuentos; sé que no todos los días ayudas a un desconocido con su carro viejo’.
Se sentaron en la cama, bebiendo y hablando de tonterías: autos, mujeres, las locuras de la vida en la carretera. Dean se sentía relajado, el alcohol aflojando los nudos en su mente. Hans era directo, con un cuerpo tonificado por el trabajo manual, y Dean notó cómo sus jeans ajustados marcaban sus muslos fuertes. ‘Eres un tipo duro, Dean’, murmuró Hans, inclinándose un poco más cerca. ‘Me gusta cómo manejas las cosas. Apuesto a que en la cama eres igual de salvaje’.
Dean frunció el ceño, pero no se apartó. ‘Oye, Hans, soy hetero hasta la médula. Me gustan las tetas y culos suaves, no pollas’. Su voz era firme, pero había un matiz de curiosidad en sus ojos verdes, alimentado por el bourbon que corría por sus venas. Hans sonrió, posando una mano en la rodilla de Dean. ‘Lo sé, hombre. Pero solo imagínalo: un poco de experimentación no te hace menos macho. Déjame mostrarte cómo se siente algo diferente. Solo un toque, para ver’.
Dean tragó saliva, su polla traicionera empezando a endurecerse bajo los pantalones. ‘Mierda, chaval, no sé…’. Pero no se movió cuando Hans se acercó más, su aliento cálido contra el cuello de Dean. Los labios de Hans rozaron su oreja, y Dean sintió un escalofrío que no era de asco. ‘Relájate, Dean. Piensa en mi boca chupando tu pinga gruesa como si fuera la mejor mamada de tu vida’. Las palabras eran sucias, directas, y Dean gruñó, su resistencia derrumbándose como un castillo de naipes.
Hans no esperó más. Empujó a Dean contra el colchón, trepando sobre él con agilidad felina. Sus manos desabrocharon la camisa de Dean, exponiendo el pecho musculoso cubierto de vello. ‘Joder, qué torso, Dean. Quiero lamer cada centímetro’. Bajó la cabeza y lamió un pezón, succionándolo con fuerza mientras Dean jadeaba, sus manos aferrándose a las sábanas. ‘Maldita sea, Hans… eso se siente…’. No terminó la frase; en cambio, levantó la cadera cuando Hans le abrió el cinturón y bajó la cremallera.
La pinga de Dean saltó libre, dura y venosa, goteando pre-semen en la punta. Hans la miró con hambre. ‘Mira esta verga enorme, Dean. Hetero o no, esta polla quiere mi boca’. Se inclinó y la tomó entre los labios, chupando la cabeza con un pop húmedo antes de engullirla hasta la garganta. Dean maldijo, sus caderas empujando instintivamente. ‘¡Joder, chaval! Tu boca es como un coño apretado… succiona más fuerte’. Hans obedeció, su lengua girando alrededor del eje mientras sus manos masajeaban las bolas pesadas de Dean. El sonido de succión llenaba la habitación, mezclado con los gemidos roncos de Dean, quien por primera vez en su vida se rendía a un hombre.
Pero Dean no era pasivo por naturaleza. Después de unos minutos de esa mamada experta que lo tenía al borde, empujó a Hans hacia atrás. ‘Si vamos a hacer esto, lo hago a mi manera’. Le quitó los jeans a Hans de un tirón, revelando un culo firme y redondo, con una polla tiesa apuntando al techo. Dean dudó un segundo, pero el deseo lo impulsó. Escupió en su mano y lubricó su propia pinga, posicionándola contra el agujero de Hans. ‘Vas a sentir lo que es una verga de verdad, chico. Mi polla hetero follando tu culo’.
Hans gimió, arqueando la espalda. ‘Sí, Dean, métemela. Rompe mi culo con esa pinga gorda’. Dean empujó, la cabeza abriéndose paso en el anillo apretado. Era caliente, virgen en su experiencia, pero jodidamente bueno. ‘¡Mierda, qué estrecho estás! Como un coño virgen’. Empujó más profundo, centímetro a centímetro, hasta que sus bolas golpearon contra el culo de Hans. Comenzó a bombear, lento al principio, sintiendo cada contracción alrededor de su eje. Hans gritaba de placer, su propia polla goteando sobre su estómago. ‘¡Fóllame más duro, Dean! Destroza mi culo con tu verga… eres un semental’.
Dean aceleró, sus caderas chocando con fuerza, el sonido de piel contra piel resonando. Sudor corría por su espalda mientras follaba a Hans sin piedad, sus manos agarrando las caderas del joven para penetrar más profundo. ‘Toma toda mi pinga, cabrón. Siente cómo te lleno’. Hans se masturbaba furiosamente, su culo contrayéndose alrededor de la invasión. ‘¡Voy a correrme, Dean! Lléname de tu leche’.
Dean sintió el orgasmo construyéndose, sus bolas apretándose. ‘¡Joder, sí! Me vengo en tu culo’. Con un rugido, se hundió hasta el fondo y eyaculó, chorros calientes inundando el interior de Hans. El joven se corrió al mismo tiempo, su semen salpicando su pecho en arcos blancos. Dean se derrumbó sobre él, respirando agitado, su pinga aún palpitando dentro del culo usado.
Después de un momento, Dean se retiró, mirando a Hans con una mezcla de satisfacción y confusión. ‘Esto no cambia nada, chaval. Soy hetero… pero joder, eso fue intenso’. Hans sonrió, limpiándose con una sábana. ‘Lo sé, Dean. Pero si quieres repetir, mi culo está disponible’. Dean soltó una risa cansada, abriendo otra cerveza. Por ahora, eso era suficiente.


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