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Dominación Hombres, Dominación Mujeres, Heterosexual

La Vecina Entrometida

Alex, un nuevo vecino provocador, despierta el deseo oculto de Karen, la estricta vigilante del vecindario. Lo que empieza como una discusión por las normas termina convirtiéndose en un juego de poder y pasión donde ella decide darle un “castigo” muy personal..
Buenos días vecina- Saluda Alex con una sonrisa-me acabo de mudar a este barrio
Karen mira al recién llegado con desconfianza entornando los ojos- Buenos días. ¿Así que eres nuevo por aquí? Mira, antes de que te instales del todo debes saber que en este vecindario tomamos muy enserio las normas y las reglas o por lo menos yo- fuerza una sonrisa-Nada de incumplir las normas o deberá aceptar las consecuencias-se cruza de brazos.
Tranquila vecina, aunque pensándolo bien- Se queda pensativo después le devuelve la mirada a Karen- me encantaría que sea usted la que me castigue- le lanza una mirada provocadora y una sonrisa se forma en el rostro de Alex.
Karen levanta las cejas sorprendidas por el comentario y la forma que Alex la mira- Escúcheme bien jovencito, aquí soy la que mas respeta las normas y claro que lo castigare si no las cumple, las denuncias de mi parte no cesaran. Tengo aquí las normas impresas para que las leas y te las aprendas
Que lastima, pero ¿No quieres pasar adentro y me las muestra? -Alex le dice refiriéndose a los papeles, pero sin dejar de mirarle los pechos, esta acción no pasa desapercibida por Karen que se tapa los pechos y niega con la cabeza.
Mire señor no estoy para tonterías, tengo varias quejas por algunas cosas que están mal en su propiedad y si no quiere una multa o denuncia es mejor que las arregle de inmediato- Karen dice ya con tono serio.
Por eso, por que no pasa adentro y me lo dice- Le sonríe- O acaso ¿tiene miedo de un hombre guapo y soltero- Alex suelta una carcajada
¿Miedo? Que poco conoce usted a las mujeres mi estimado. Está bien pasare un minuto para indicarle las infracciones, pero no tenga ideas raras sobre esto, solo estoy haciendo esto porque soy una vecina preocupada- Karen entra a la casa de Alex y se sienta en el sofá a lo que Alex le ofrece algo de beber.
Agua si tienes por favor, y vamos rápido te voy a decir rápido lo que tienes mal para poder irme de aquí para que no te hagas ideas raras en la cabeza- Apretó su bolso nerviosamente- No te emociones, he visto cómo viven los jóvenes hoy en día y generalmente es un desastre
Vecina porque es tan estricta, me recuerda a una profesora que tenia en el colegio… ufff no sabe como me prendía esa profesora- Se muerde el labio inconscientemente al recordar
Puedes dejar de morderte el labio, es incómodo. Por favor no me compares con tus profesoras yo no soy estricta, solo me gusta que se cumplan las órdenes.
Perdón vecina, pero se me acelera el pulso al imaginarme a usted castigándome como me indico-le lanza una sonrisa perversa.
Karen solamente traga saliva mientras sus mejillas se enrojecen y extrañamente siente un calor interno que le hace avergonzarse-No…. No digas eso, yo solo estoy aquí para mostrarte las normas- Intenta acomodarse y mantener la compostura intentando volver a poner una pose autoritaria, pero fallando porque la voz le tiembla, a lo que Alex advierte.
Porque la voz le tiembla, acaso le gusto la idea de castigarme también- Alex esta acelerado y comenzando a excitarse.
No me tiembla nada es solo que el agua estaba muy fría y afecto mi garganta- miente para salir del tema- Además soy una persona mayor no deberías insinuar cosas raras. Soy perfectamente capaz de mantenerte a raya si es necesario.
En ese instante Karen mira hacia abajo y nota que la entrepierna de Alex comienza a crecer e inmediatamente sus mejillas se enrojecen y vuelve a sentir ese calor que le quema por dentro.
Por Dios, yo vine aquí para hablar sobre temas de convivencia y ahora tu estas… yo estoy…- Karen no se atrevía a confesar que la conversación y ver que Alex se comenzaba a excitar también estaba haciendo que ella se humedeciera- Quizás podría mostrarte algunas consecuencias por no cumplir las normas.
Me gusta como suena eso-Le susurra eróticamente Alex el cual le mira fijamente los labios, al darse cuenta de eso Karen abandona el ultimo vestigio de vecina estricta y deja que todo el calor que esta sintiendo salga.
Se funden en un beso intenso haciendo que sus lenguas se junten apasionadamente, dejando que sus cuerpos se unan y sientan el calor de ambos.
No puede ser, yo soy la vecina estricta-Grita Karen pero sin soltar su camisa atrayéndola mas hacia ella-Llevo años haciendo cumplir las normas y ahora apareces tu y…- Sigue sintiendo vergüenza admitir que Alex fue el que le volvió a encender ese calor interno que tenia dormido- Sabes tal vez las infracciones me las puedas pagar de diferente forma.
Alex se quita la camisa y la mira con una mirada apasionada, con fuego de deseo en sus ojos-Me gustaría saber si usted me va a castigar por no cumplir las normas- Le susurra en el oído lo que hace que Karen se estremezca del placer.
Ella mira su torso desnudo mientras su respiración se entrecorta y se vuelve irregular-Por su puesto niñito que te voy a castigar por no cumplir las normas- Se quita la camisa dejando sus pechos al aire y mostrando una confianza que no había mostrado antes-Las normas son sagradas y tu recibirás tu castigo por no cumplirlas. ¿Estas listo?
Alex no puede más con su excitación sentir los pechos de Karen en su torso y sus uñas rasgándole la espalda-Castígueme por favor- Le sale un susurro de voz casi suplicante.
Alex es empujado al sofá y Karen se sube encima de el mordiendo su cuello -Has violado varias reglas así que ahora tendré que castigarte, vas a sentir lo que significa desafiar a Karen, créeme que este castigo te hará suplicar más.
Karen dominante se sienta sobre sus piernas, sus rodillas a cada lado de su cuerpo lo mantienen inmóvil. Él intenta tocarla, pero ella aparta sus manos con firmeza.
—Quieto. Primera norma: no puedes tocarme hasta que yo te lo diga. Yo doy la orden… y tú obedeces.
Muerde suavemente el labio de Alex y, sin dejar de mirarlo a los ojos, comienza a mover sus caderas lentamente sobre él. El roce firme y provocador lo hace contener el aliento. Alex traga saliva, sintiendo cada movimiento, disfrutando en silencio la presión que lo vuelve cada vez más vulnerable ante su control.
Karen percibe su reacción y sonríe, disfrutando el efecto que provoca.
—Recuerda que soy yo quien decide cuándo recibes placer… —susurra cerca de su boca, moviéndose apenas un poco más lento, más calculado— …y cuándo termina el castigo.
Él aprieta los dientes, intentando obedecer, mientras ella continúa marcando el ritmo, dueña absoluta de la situación.

Muerde su labio inferior, tira suavemente, luego baja por su cuello, dejando chupones rojos. Sus caderas comienzan a moverse en círculos lentos, frotando su sexo empapado contra la erección dura que palpita bajo la tela. Alex gime, las caderas se alzan instintivamente.
Karen se detiene en seco.
—No. No te muevas. Segunda norma: no te corres hasta que yo lo diga.
Se inclina, sus pechos rozan el pecho de él mientras desabrocha el cinturón. Baja los pantalones y el bóxer de un tirón. La polla de Alex salta libre, gruesa, venosa, la punta brillante de precum.
—Vaya… qué ansioso por recibir tu castigo —susurra Karen, rodeando la base con dedos firmes.
Comienza a masturbarlo despacio, arriba y abajo, apretando justo debajo del glande cada vez que él jadea fuerte. Alex aprieta los dientes, los músculos de los brazos tensos contra la camisa que ella usa para atarle las muñecas al respaldo.
—Más rápido… por favor… —suplica.
—Silencio. Tercera norma: no pides. Solo sufres hasta que yo decida.
Acelera un momento, el puño resbaladizo por la lubricación natural de él, luego vuelve a ir lento, torturadoramente lento. Cada vez que siente que está al borde, aprieta la base con fuerza y se detiene. Alex gime de frustración, el cuerpo temblando.
Karen se quita las bragas empapadas, las deja caer al suelo. Se posiciona sobre él, la punta de su polla rozando sus labios vaginales hinchados y mojados.
—Última norma… —susurra, bajando apenas un centímetro, dejando que solo la cabeza entre—. Vas a follarme exactamente como yo diga… y te correrás dentro de mí solo cuando yo te lo permita. ¿Entendido, vecino?
Alex asiente, casi sin aliento.
—Castígame… por favor…
Karen sonríe con malicia y se deja caer despacio, centímetro a centímetro, hasta que lo tiene completamente dentro, su coño apretado y caliente envolviéndolo por completo. Comienza a moverse, subiendo y bajando con control absoluto, marcando el ritmo, pellizcándose los pezones mientras lo cabalga.
—Buen chico… —jadea—. Ahora… aguanta. Esto apenas empieza.
Karen se inclina hacia adelante, sus pechos pesados rozando el pecho sudoroso de Alex mientras su coño lo envuelve hasta la raíz. Siente cada vena palpitante contra sus paredes internas, apretadas y empapadas. Comienza a moverse con lentitud deliberada: sube casi hasta dejarlo fuera, solo la punta rozando su entrada hinchada, y luego baja de golpe, clavándolo profundo con un gemido ronco que escapa de su garganta.
—Cuarta norma —susurra contra su boca, mordiendo el labio inferior hasta que él gime de dolor-placer—. No te corres sin permiso. Si lo haces… el castigo será peor.
Alex asiente, los músculos de los brazos tensos contra la camisa que ata sus muñecas al respaldo del sofá. Intenta empujar hacia arriba, pero Karen lo detiene con un apretón fuerte en las caderas, clavándole las uñas.
—No. Tú no decides el ritmo. Yo sí.
Se endereza, apoyando las manos en el pecho de él para mantener el equilibrio. Comienza a cabalgarlo con más fuerza, los pechos rebotando con cada embestida descendente. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llena la sala: chapoteo obsceno, gemidos entrecortados, la respiración pesada de ambos.
Karen se detiene de repente cuando siente que la polla de Alex se hincha más, al borde del orgasmo. Aprieta la base con los dedos, fuerte, impidiéndole eyacular.
—No tan rápido, rebelde. —Su voz es un ronroneo cruel—. Primero vas a suplicar como se debe.
Baja del sofá, dejándolo, jadeando y con la polla roja, brillante de sus jugos, temblando en el aire. Camina hacia la cocina y regresa con una corbata de seda que encuentra en un cajón abierto. Se la pasa por el cuello a Alex como un collar improvisado y tira con fuerza, obligándolo a arquear la espalda.
—Quinta norma: los buenos chicos se arrodillan.
Lo empuja hacia abajo hasta que queda de rodillas frente al sofá, las muñecas aún atadas detrás. Karen se sienta en el borde, abre las piernas de par en par. Su coño está hinchado, los labios mayores abiertos y relucientes, el clítoris erecto asomando entre ellos.
—Lámeme. Hazlo bien o te dejo así toda la tarde, duro y sin correrme.
Alex se inclina, la lengua plana recorriendo desde la entrada hasta el clítoris en una lamida larga y lenta. Karen gime, agarra el pelo de él con fuerza y lo presiona contra su sexo.
—Más profundo… usa la lengua como si fuera tu polla… sí… justo ahí…
Él obedece, hundiendo la lengua en su interior, saboreando su humedad salada y dulce, luego sube al clítoris y lo succiona con delicadeza al principio, luego con más fuerza. Karen arquea la espalda, los muslos temblando alrededor de su cabeza.
—Buen chico… —jadea—. Pero no pares. Quiero correrme en tu boca antes de dejarte follarme de nuevo.
Acelera el movimiento de sus caderas contra la cara de Alex, follándose su lengua. Cuando el orgasmo la atraviesa, grita, un sonido gutural y liberador, apretando los muslos contra sus orejas mientras su coño se contrae en espasmos, inundándole la boca con más jugos.
Se queda quieta un momento, respirando agitada, luego lo mira con ojos entrecerrados y lujuriosos.
—Ahora… tu turno de sufrir un poco más.
Lo levanta del suelo tirando de la corbata-cuello y lo empuja boca abajo sobre el sofá, el culo en alto. Le baja los pantalones que aún colgaban en los tobros hasta los tobillos. Alex está expuesto, vulnerable.
Karen se quita el cinturón de su vestido. Lo dobla por la mitad y lo pasa suavemente por la espalda de él, dejando una caricia fría antes del primer golpe.
—Cada infracción que encontré en tu casa… un azote. —Su voz es baja, peligrosa—. Contaré en voz alta.
El primer golpe cae en la nalga derecha, no demasiado fuerte, pero sí lo suficiente para dejar una marca rosada. Alex gime, la polla saltando contra su vientre.
—Uno.
Segundo golpe, en la izquierda. Más fuerte. La piel arde.
—Dos.
Tercero, cuarto, quinto… alternando lados, cada vez un poco más intenso. Al décimo, las nalgas de Alex están rojas, calientes, y él respira entrecortado, la polla goteando precum en el sofá.
Karen deja el cinturón y se arrodilla detrás de él. Pasa las uñas por las marcas ardientes, haciendo que él se estremezca.
Las normas están claras —susurra contra sus labios—. Mañana vendré a inspeccionar de nuevo… y si hay más infracciones… el castigo será mucho peor.
Alex sonríe débilmente, aún jadeando.
—Espero que sí… vecina.

6 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por Nomore22
Etiquetas: colegio, culo, mayor, mayores, orgasmo, sexo, vecina, vecino
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