Lo presionamos, hasta que lo penetramos.
En una constructora, un contable es hostigado por varios trabajadores de la construcción, y aunque él les hace frente, ellos siguen molestándolo, pero luego le dicen que era una broma, y lo invitan a beber, para finalmente ir a la casa de uno de ellos, donde le comen el culo, lo ponen a mamar, y pos.
Desde el primer día en que el nuevo contable comenzó a trabajar, en la constructora, mis compañeros y yo comenzamos a hostigado, aunque somos obreros, y él no debía tener ningún contacto laboral con nosotros, por lo que no podía acudir a su jefe, para decirle que varios obreros, le habían faltado el respeto, es más, él se limitaba a entrar a las instalaciones de la empresa, daba los buenos días, y se dirigía a su oficina, pero todo comenzó a suceder fuera, a pocos metros de la entrada, nos encontrábamos unos cinco obreros, pero al él pasar, escuchó que uno de nosotros les decía a los otros. “Se fijaron que culito tan llamativo tiene.” otro respondió. “De seguro, a que todavía nadie se lo ha comido.” Un tercero preguntó “¿Vieron la boquita que tiene? Mandada hacer para que se ponga a mamar, mi verga.”
El nuevo contable a todas estas seguía caminando, sin pensar que todas esas palabras eran dirigidas a su persona, pero a medida que caminaba, le dio curiosidad, por ver a la hembra a la que le estábamos diciendo todas esas cosas, pero al medio detenerme, y voltear, tan solo nos vio a nosotros, quizás pensó que de seguro la chica, a la que iban dirigidas todas esas palabras, se habría metido a un auto, pero no fue así, fue cuando uno de mis compañeros viéndolo de frente, y dirigiéndose directamente a él, sin duda alguna, le dijo. “Si culito lindo, mis amigos y yo estamos hablando de tu lindo culito.”
El tipo se quedó prácticamente petrificado, confundido, sin idea de lo que mi compañero le estaba diciendo, o porque se lo estaba diciendo, el nuevo contable aceleró su paso no sin antes ver que otro de mis compañeros, le guiño un ojo, y encima le mandó un beso volado, él procuró no demostrar que lo había visto, y mucho menos escuchado, por lo que siguió caminando, como si eso no fuera con él.
Y desde ese primer día en adelante, cada vez que iba llegando a la empresa, se topaba con nosotros, pienso que lo peor de todo era que no tenía con quien quejarse, que le iba a decir a su jefe, que varios tipos, se la pasaban diciéndole cosas indecorosas, eso hubiera sonado algo raro, no les parece, como a los pocos días, ya cansado de tanto vacilón por parte nuestra, él iba pasando sin hacernos el menor caso, cuando le dije. “Adiós culito lindo.”
Eso le dio una rabia, que se detuve en seco, dio media vuelta y una vez que estuvo frente a nosotros cuatro, lo rodeamos, de seguro pensó en reclamarnos, decirnos que no siguiéramos faltándome el respeto, cuando otro de mis compañeros, dio un paso hacia adelante, por lo que él instintivamente dio un paso hacia atrás, pero al hacerlo, digamos que chocó con el que se encontraba, justo tras del, fue cuando mis manos le apretaron sus nalgas, cosa que él no se esperaba que sucediera, se quedó paralizado, sin poder hacer nada, o decir palabra alguna.
Por unos instantes, no pudo ni moverse, se encontraba encajonado entre nosotros cuatro, hasta que finalmente, no sé cómo pudo, salir corriendo, su corazón latía a millón, pensamos hasta que iba a llamar a la policía, y ponernos una denuncia, pero no lo hizo, quizás pensó que los mismos policías, seguramente se reirían de su queja, por lo que optó por no hacer nada.
Al siguiente día, en lugar de pasar de largo, procuró nuevamente hablar con nosotros, para decirnos lo mal, que lo estábamos haciendo sentir, al decirle todas esas cosas, y nos lo comenzó a decir, cuando nuevamente lo acorralamos, le dije. “Discúlpanos, pero eso se lo hacemos a los empleados nuevos, nada más por pasar el rato, y para que veas que todo fue un vacilón, te invitamos a tomar unas cervezas con nosotros.” él en esos momentos, hasta nos dio las gracias, y desde luego que aceptó la invitación, así que ese viernes en la tarde al salir de trabajar, tras encontrarlos nuevamente en la calle, nos acompañó a un bar cercano, donde comenzamos a beber, y pasar el rato, contando chistes, y hablando pendejadas.
Pero cuando ya él iba como por su sexto o séptimo trago o cerveza, como que se dio cuenta de que uno de mis compañeros, había colocado su mano sobre uno de sus hombros, y a medida que seguí bebiendo, nuestro compañero la había ido bajando, y prácticamente le estaba agarrando las nalgas.
Cuando el nuevo contable se lo hizo notar, nuestro compañero se disculpó, no sin antes darle una nalgadita, cosa que él no la vio del todo mal, al rato uno de mis compañeros, dijo tener hambre, y que nos invitaba a su casa a comer, llegamos a su casa, donde seguimos bebiendo, pero al rato mientras el dueño de la casa preparaba una carne a la parrilla, y así mientras seguimos bebiendo y charlando, hasta que, en cierto momento, mientras aun él continuaba bebiendo, lo volvimos a rodear los cuatro.
Al principio pensó que seguíamos con el vacilón, pero cuando uno de los muchachos le dijo de manera seria. “Quítate la ropa.” él no pensaba hacerlo, es más lo tomó como parte de su pesada broma, pero nuevamente no le pidió, sino que se le ordenó que se quitase toda la ropa.
Ante nuestra insistencia, preguntó qué para qué, y la respuesta fue. “Para comerte ese culo.” fue cuando a pesar de lo bebido que estaba, no podía creer lo que le habíamos dicho, así que cuando preguntó muy asustado, ¿Por qué le hacían eso? la respuesta fue, porque tienes un lindo culito, que los cuatro nos queremos comer.”
Y aunque él ofreció resistencia, con suma facilidad, lo llevamos hasta una habitación, al tiempo que le seguíamos diciendo. “No te preocupes, que por eso no ha muerto nadie.”
Él comenzó a llorar, nos pedía que no le hiciéramos daño, nos aseguraba que él no era maricón, pero mientras más nos pedía que lo soltásemos, más nos excitábamos, y con mayor entusiasmo le seguíamos diciendo que le íbamos a comer el culo, y lo íbamos a poner a mamar nuestras vergas, en un abrir y cerrar de ojos a medida que lo fuimos llevando empujado hasta el cuarto, al mismo tiempo le fuimos arrancando toda la ropa, a pesar de la fuerte resistencia que él nos presentaba.
Por último le arranqué el pequeño interior del color rojo, que más bien parecía un panti al enterrársele entre sus pálidas y blancas nalgas, luego lo acostamos en la desordenada cama, y aunque él trataba de escaparse, y de que desistiéramos de nuestras intenciones, a la fuerza lo acostamos boca abajo, separaron sus piernas, y uno de mis compañeros comenzó a meterle sus dedos, llenos de vaselina, por su culo.
Él seguía pidiéndonos que no le hicieran eso, cuando uno de los chicos, agarrándose la verga, por en sima de la tela de su pantalón, y colocándosela frente a los ojos del contador, le dijo. “Deja de chillar, o te pongo a mamar.” eso bastó para que se quedase callado cerrando su boca, y dejando que siguiéramos penetrándolo con nuestros dedos por su culo, y manoseándole sus nalgas y muslos.
Después de un buen rato de estar dilatándole el hueco de su culo con nuestros dedos, me detuve y saqué mis dedos, de su apretado culito y a los pocos segundos tras separar sus nalgas y su esfínter con mi mano izquierda, mientras que con la derecha iba dirigiendo mi erecta verga al sonrosado hueco de su apretado culo, él fue sintiendo lentamente al principio como mi colorado glande, comenzó a penétralo.
Él trató de hacer lo imposible, por evitar que lo penetrase, pero los cuatro éramos no tan solo mayores que él, sino que más altos, gruesos y corpulentos, por lo que todo el esfuerzo físico que trató de hacer, por evitar que lo sodomizáramos, resultó ser en vano, él fue sintiendo no tan solo como la cabeza de mi verga se fue deslizando dentro de su culo, sin mucho esfuerzo de mi parte, toda mi verga se fue abriendo paso y atravesando su abierto esfínter.
Aunque él sintiera algo de dolor físico, me pareció que lo que realmente le dolía era lo impotente que fue, para evitar que le hicieran todo eso, así que mi pedazo de carne entraba y salía de dentro de sus nalgas, una y otra vez, sin que él pudiera hacer nada por evitarlo, cuando de momento, dándole una ardiente nalgada, le dije. “Vamos mariconcito, pon de tu parte, y mueve ese culito.”
Pienso que él estaba aterrado, y tras recibir esa nalgada, comenzó a mover sus caderas, de lado a lado, tal y como si fuera una puta profesional, yo sentía como entraba y salía de su cuerpo toda mi gruesa verga, una y otra vez, pero en cierto momento al él levantar la vista, encontró frente a su rostro, otra verga, completamente erecta, a pocos centímetros de su boca.
Uno de mis compañeros se había quitado los pantalones, y sentado frente a la cara del mariconcito del contable, diciéndole en tono bien amenazante. “Vamos maricón ponte a mamar.” Por lo que no le quedó otra opción que sumisamente abrir su boca y obedientemente ponerse a mamar aquella verga frente a su cara.
Así que a medida que mientras yo le daba por el culo, otro de mis compañeros lo tenía bien ensartado por la boca, uno de los otros dos, que esperaban su turno, mientras seguían bebe que bebe, dijo. “Lo tienen como un lechón asado a la vara.” lo que de seguro a él lo hizo sentir más avergonzado, de lo que ya debería estar, pero por miedo a lo que le pudiéramos hacer, continuó moviendo con más fuerzas, sus nalgas, y chupando aquella otra gruesa verga, con su boca.
Lo que más me llamó la atención en esos momentos fue que me pareció ver que él comenzó a disfrutar todo lo que le estábamos haciendo, realmente no pasó mucho rato, cuando al que él le estaba mamando su verga se vino dentro de la boca del contable, obligándolo a que me tragase una gran parte de su leche.
Cosa que a mi me excitó más, y aceleré mis movimientos, y lo apreté con fuerza entre mis brazos, al tiempo que le mordisqueaba la nuca, sin que el mariconcito hiciera nada por evitarlo, es más como que más bien estaba disfrutando todo lo que le estábamos haciendo, así tras detenerme, y volverme a empujar toda mi verga dentro de su culo, me vine por completo dentro del.
Cuando saqué toda mi verga, vi el vació hueco que dejé dentro de su cuerpo, del cual brotaba toda la leche que le dejé dentro, y casi de inmediato otro de mis compañeros, dándole una ardiente nalgada, y agarrándolo por el brazo, le dijo. “Bueno acompáñame al baño para que te laves, que a mí no me gusta, enterrar mi verga en un culo lleno de leche.”
Cabizbajo, caminó hasta el baño, y bajo la ducha agachado comenzó a lavarse con agua y jabón, cuando de momento expulsó todo lo que yo había dejado dentro de su culo, luego se volvió a lavar tanto las nalgas, como su esfínter con mucha agua y jabón, pero apenas terminó de lavar su culo, mi compañero lo condujo nuevamente a la cama, pero justo antes de acostarse, le indicó que lo hiciera boca arriba, lo que él de manera sumisamente obediente hizo, sin decir ni una sola palabra.
Mi otro compañero lo tomó por los tobillos, separó sus piernas, y sin él querer vio claramente como aquel trozo de carne desaparecía dentro de sus nalgas, por la manera de él actuar al parecer del dolor ni rastro, en su lugar el mariconcito actuaba como si una especie de corriente que le recorría todo su cuerpo, cuando mi compañero le empujaba su gruesa verga dentro de su culo.
Ya no hizo falta que le ordenásemos mover el culo, lo estaba haciendo de manera voluntaria, era como si él quisiera sentir, más y más adentro del toda aquella parada verga, al poco rato el cuarto, prácticamente colocó sus nalgas sobre su cara, su verga sobre la boca del contador, por lo que no le quedó más remedio que ponerse a mamar.
Bueno así estuvo gran parte de esa noche, lavándose una y otra vez sus nalgas, dejando que le comiéramos el culo como nos daba la gana, cuando no era que una, y otra vez lo poníamos a mamar, sin que él hiciera nada por evitarlo, además de que ocasionalmente se bebía alguno que otro trago o cerveza, hasta que perdió el sentido, quedándose completamente dormido.
Al día siguiente, se levantó con su culo adolorido, lleno de semen por todas partes, y como no encontró su ropa le dimos un vestido de mujer que tras ponérselo salió corriendo en dirección a su auto, seguramente tenía ganas de denunciarnos a la policía, acusándonos de secuestro, y todo lo demás, pero de seguro le dio una gran vergüenza que le impidió que lo hiciera, por temor seguramente a que los mismos policías al verlo así vestido, hediondo a ron y semen se fueran a burlar del.
Cuando regresó el lunes a trabajar, lo vimos de lejos, y era obvio de que nos tenía mucho miedo, pero miedo a que fuéramos a decirles a todos, que le habíamos comido el culo, por lo que cuando me le acerqué y secamente le dije. “Escucha culito lindo, a la salida te esperamos en el baño de empleados.” no le quedó más remedio que asentir de manera afirmativa, con su cabeza.
Esa tarde al salir de trabajar, hizo lo que le había ordenado, fue a los baños de los obreros, y ya dentro uno de mis compañeros que entró tras de él, le dijo. “Ahora te quitas toda la ropa, y nos esperas en las duchas.” Por lo que no le quedó más remedio que obedecer.
Y tras los cuatro entrar completamente desnudos a las duchas, hicimos fiesta con su culo y su boca, dejándolo después de un par de horas, tirado en el piso de las duchas.
Cuando comenzó a reunir las fuerzas para pararse, entró uno de los guardias, y al verlo en ese estado, simplemente le dijo. “Así que tú eres el nuevo maricón.” al tiempo que fue sacando su verga del pantalón, para que él comenzara a mamársela, ese guardia en otras ocasiones también le ha dado por el culo, al igual que otros obreros de la empresa, sin que él se atreva en momento alguno a negarse a sus requerimientos.
Aunque siempre nos dice que se va a ir de la compañía, y que no aceptaría que lo hostigásemos más, pero la realidad es que hasta ahora no lo ha hecho, es más como a la tercera vez que le ordenamos ir a mi casa, y apenas llegó, se desnudó y se puso la ropa de mujer que le habíamos dejado sobre la cama, la verdad es que, al verlo con esa ropa de mujer puesta, yo mismo pensé que se veía como lo que es, un mariconcito vestido de mujer, la cosa es que, siempre, siempre, siempre, le decimos que haga eso, y él nos obedece gustosamente con una gran sonrisa y sin atreverse a chistar.


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