Los Rivera. Parte uno.
dos hermanos descubren el secreto de su otro hermano y lo convierten en su puta personal en una noche intensa de humillación.
Antes de comenzar quiero decir que es mi primer relato y si bien disfruto de leer relatos que tengan buena historia, el siguiente relato lo escribí desde el morbo. espero lo disfruten.
Los hermanos Rivera —Alex, Blake y Chris— eran idénticos en apariencia, pero el diablo estaba en los detalles. A los 20 años, todos medían 1.85 metros, con cuerpos atléticos forjados en el gimnasio: músculos definidos, pechos anchos, abdominales marcados y culos firmes que volvían locos a cualquiera. Su cabello castaño corto y ojos verdes penetrantes les daban un aire de modelos, pero las diferencias saltaban a la vista. Alex era el alfa puro: mandón, agresivo, con una mandíbula cuadrada que siempre parecía lista para morder. Su personalidad era dominante hasta el hueso, un sádico nato que disfrutaba rompiendo límites. Blake, en cambio, era el juguetón: astuto, verbal, con una sonrisa torcida que ocultaba su amor por la humillación psicológica. Le encantaba tejer palabras como redes para atrapar a sus presas. Y luego estaba Chris, el sumiso: tímido, con una mirada baja y hombros encorvados por inseguridad, pero con un fuego interno que anhelaba ser controlado. Era el pasivo perfecto, ansioso por complacer, aunque su vergüenza lo hacía tartamudear.
Vivían solos en la casa familiar desde que sus padres se mudaron por trabajo. Esa noche de viernes, el aire estaba cargado de tensión. Alex y Blake habían encontrado el cajón secreto de Chris: bragas de encaje rojo, un plug anal usado y revistas de BDSM gay. Chris entró a la sala y los vio sosteniendo sus tesoros.
—¡Qué coño es esto, putita? —, gruñó Alex, agitando las bragas. Blake rio, olfateando el plug con exageración.
—Huele a tu culo sudado, hermano. ¿Te metes esto mientras piensas en nosotros? —. Chris se sonrojó, balbuceando excusas, pero su polla ya se endurecía en los pantalones. Alex lo empujó contra la pared.
—Desnúdate, perra. Vamos a enseñarte lo que mereces por esconder secretos—.
Chris temblaba mientras se quitaba la ropa, revelando su cuerpo idéntico, pero con una polla que ya goteaba pre-semen. Alex y Blake lo observaban como lobos, aún vestidos.
—Mira qué puta ansiosa—, dijo Blake, pellizcando los pezones de Chris hasta que gimió.
—Ponte las bragas, zorra. Muéstranos cómo te vistes de nena—. Chris obedeció, las bragas ajustadas marcando su erección, el encaje rozando su piel sensible. Alex lo ató las manos a la espalda con su propio cinturón, el cuero mordiendo la carne.
—Ahora, arrodíllate y huele nuestras entrepiernas, cerdo. Eso te gusta, ¿verdad? El olor a hombre de verdad—.
Blake desabrochó su pantalón, sacando su verga semidura, gruesa y venosa como la de Alex. Chris acercó la nariz, inhalando el almizcle sudoroso de los huevos de Blake, mezclado con el olor a orina seca.
—Joder, huele como si no te hubieras lavado en días—, murmuró Chris, pero su polla palpitaba. Alex lo abofeteó en la cara.
—Cállate y lame, puta. Limpia el sudor de mis bolas con esa lengua de marica—. Chris lamió, el sabor salado invadiendo su boca, mientras Blake lo grababa con el teléfono para «recordatorios futuros». La humillación ardía en su pecho, pero lo excitaba más que nada.
Llevaron a Chris al sofá, atándolo boca abajo con cuerdas que Alex sacó de su habitación preparado para esto, al parecer.
—Vamos a marcar ese culo de puto— dijo Alex, quitándose el cinturón. Blake se sentó frente a Chris, forzando su cabeza hacia su polla.
—Chupa mientras te azotamos, perra. Cada golpe, una mamada más profunda—.
El primer azote cayó como un trueno, el cuero dejando una raya roja en las nalgas de Chris. Gritó, pero Blake empujó su verga hasta la garganta, ahogando el sonido.
—Traga, zorra. Siente cómo te follo la boca mientras Alex te rompe el culo—.
Los azotes continuaron: diez, veinte, cada uno más fuerte, el dolor real quemando la piel, haciendo que Chris llorara lágrimas que caían sobre los huevos de Blake.
—Mira qué rojo está ese ojete—, rio Blake, oliendo el aire.
—Huele a sudor y miedo, hermano. ¿Te estás meando de dolor? —. Chris negó, pero un chorrito escapó, mojando las bragas. Alex lo humilló verbalmente:
—Eres una puta incontinente, un marica que no aguanta ni unos azotes. ¿Quieres que te meemos encima para que huelas como la basura que eres?—. El morbo voyerista de Blake crecía; se masturbaba viendo el sufrimiento de Chris, sus gemidos ahogados por la polla.
Ataron a Chris a la cama, piernas abiertas con correas, exponiendo su ano hinchado y las bragas empapadas. Alex trajo un látigo improvisado (un cable enrollado) y lo usó para azotar los muslos internos, el dolor agudo haciendo que Chris suplicara.
—Por favor, hermanos… duele tanto—. Blake se rio, poniéndole unas medias de red que había robado del cajón.
—Cállate, puta. Somos tus dueños ahora. Di ‘soy una zorra para mis hermanos’—. Chris lo repitió.
—soy una zorra para mis hermanos— sintiéndose cada vez más degradado, mientras Alex le escupía en el ano.
—Huele esto, cerdo—, dijo Blake, frotando sus axilas sudadas en la cara de Chris. El olor a hombre sin ducharse después de un día de estar en la universidad, lo mareaba de excitación.
Introdujeron un plug grande, forzándolo sin lubricante extra, solo saliva. Chris gritó mientras entraba, el ano estirándose dolorosamente.
—Siente cómo te abro, marica. Este culo es nuestro para romper—. Blake observaba, masturbándose, alimentando su lujuria.
—Mira cómo llora la putita. Vamos a llenarte de semen hasta que huelas a nosotros por días—.
Alex no aguantó más. Sacó el plug y embistió su verga cruda en el ano de Chris, el dolor real haciendo que el sumiso aullara.
—¡Joder, duele! ¡Es demasiado grande! —. Alex lo ignoró, follando con brutalidad, cada embestida golpeando la próstata.
—Cállate y toma, puta. Eres un agujero para nosotros—. Blake se unió, metiendo su polla en la boca de Chris, un spitroast degradante.
—Traga mi verga mientras Alex te revienta el culo, zorra. Huele mis huevos sudados mientras te follamos como a una perra en celo—.
El olor a sexo llenaba la habitación: sudor, pre-semen, el ano lubricado por sangre mínima del roce. Chris gemía, humillado, pero corriéndose sin tocarse, el semen manchando las bragas.
—Mira qué puta precoz— se burló Blake. Alex eyaculó adentro, chorros calientes que se escapaban, degradando más a Chris.
Después del clímax, desataron a Chris solo para humillarlo más. Lo hicieron gatear por el piso, lamiendo el semen que goteaba de su ano.
—Come tu propia mierda, marica. Huele como semen rancio y culo roto—, ordenó Alex. Blake filmaba, comentando:
—Vas a ver esto cada noche, puta. Recuerda a quién le perteneces—. Le Pusieron lencería completa: bragas, medias, un ligero y lo hicieron posar.
—Baila como una stripper barata, zorra. Muéstranos ese cuerpo de puta—
Chris bailó, avergonzado, mientras ellos se masturbaban viéndolo.
—Mira cómo tiembla ese culo marcado. Huele a derrota—
La humillación verbal no paraba
—Eres menos que nada, un juguete para tus hermanos. ¿Quieres que te meemos en la boca para lavarte el semen? —
Volvieron a atarlo, esta vez con pinzas en los pezones y huevos, el dolor constante. Alex usó un paddle para azotar el pecho, dejando moretones.
—Grita, puta. Nos encanta oírte sufrir—.
Blake añadió humillación:
—Olfatea mis calzoncillos sucios, cerdo. Huele el olor a polla que te encanta maricón—. Chris inhalaba, los olores de su hermano volviéndolo loco.
Introdujeron fisting parcial: Alex metió cuatro dedos, estirando el ano hasta el límite, el dolor real haciendo llorar a Chris.
—¡Por favor, duele tanto! —. Pero su polla chorreaba.
—Eres una puta masoquista—, rio Blake, observando.
—Cambia, hermano. Prueba este ojete roto—. Chris era un juguete, degradado, humillado con palabras:
—Eres nuestra puta familiar, un marica para desahogarnos—. Olores intensos: sudor, semen, su propio ano dilatado. Chris se corrió de nuevo, el voyerismo de Blake capturando todo.
Lo hicieron beber su propio semen de un vaso, mezclado con saliva.
—Traga, zorra. Huele como basura—. Atado, lo follaron en doble penetración: ambas vergas en el ano, el dolor extremo rompiéndolo.
—¡No aguanto! —, gritó Chris, pero eyacularon adentro, llenándolo. Humillación:
—Ahora eres un condón usado, puta—.
Desatado, Chris yacía exhausto, marcado, oliendo a sexo. Alex y Blake lo abrazaron, suavizando:
—Eres nuestra puta perfecta, hermano—. Chris sonrió, aceptando su rol.
—Quiero más… dueños—. La noche selló su dinámica: dos hermanos dominándolo en un lazo eterno de placer y dolor.
Pero ninguno de los tres hermanos estaban preparados para lo que se venía.
Continuará…



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