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Dominación Hombres, Gays, Travestis / Transexuales

Me humilla y folla como sissy

Mi primer maduro me maltrata con sexo.
Después de mis experiencias vistiéndome con lencería y llamando a Mark; mi vecino que descubrió mi secreto y me chantajeó para follar en la calle a medianoche, no volví a repetir la experiencia.
Mark decía que yo lo miraba mucho y que su mujer nos celaba porque hablaba conmigo. Aunque ella no podía afirmar que Mark tuviera intención de acostarse conmigo, sí dudaba de mí y mi cercanía con Mark. Le había comentado que parecía maricón cuando estaba junto a él. Así que Mark me comenzó a dejar de hablar, tanto por teléfono como para quedar conmigo.

Entonces busqué quedar con otro hombre, pero uno que no viviera cerca de mí. Y también que fuera lo antes posible. Al entrar en una página de contactos, él primero en darme conversación fue un hombre casado de 56 años. En su foto mostraba un pene grueso y largo, con venas. Yo, mi clásica minifalda hawaiana con flores en la cintura que no tapaba bien mi culo lampiño, duro y terso.

Le dije que no podía quedar en mi casa y que si nos citábamos sería en la suya. Aceptó en ese instante. De los otros mensajes que recibí, la posibilidad de un encuentro sexual en el momento era más complicado, así que le dije salía ya para ir a verle.

Llegué a la dirección acordaba con mi minifalda debajo del pantalón y algo de maquillaje (solo rímel y pintalabios ). Toqué la puerta de la casa y él abrió. Me cogió de la mano y tiró de mí hacia dentro de la entrada.
«Te ves muy rica, putita, ¿pero y la ropa de nena?»
Asentí tímida y sonriendo con modosidad, en mi papel de afeminada, me quité los pantalones y la camiseta. Debajo llevaba la minifalda, medias y un sujetador. Él, al verme así, suspiró extasiado. Era un hombre grueso, de pelo corto y canoso, casi sin barba y que olía a alcohol.
«Ven aquí, mi niña, ven»
Con una mano apoyada en mi cabeza acercó mi boca a la suya y me morreó metiéndome la lengua.
«Así te ves muy puta, ¿Eso eres, verdad? ¿Te gusta darme lengüita? ¿a qué sí, mi niña?»
Yo respondí en tono afeminado un «sí» muy largo y entusiasta; entonces con la presión de su mano me agachó hacia su entrepierna. Bajó el cierre de su pantalón y emergió su polla grande y vieja. «Dale besitos, mi niña» me ordenó y yo lo hice. Pero en cuanto mis labios se pegaron al glande, su trato cariñoso se esfumó. Su polla se metió en mi boca y me sujetó para introducirme un buen trozo con la mano. «Eso es chupa, traga, traga todo, por puta y por maricón».
Me empecé a atragantar y soltar mucha saliva. Gemía porque me daba arcadas y no me dejaba retirarme. Moví la cabeza y el rímel de mis ojos y el pintalabios se restregó contra su barriga e ingle respectivamente.
Soltaba pequeños chillidos entre gruñidos guturales y el señor aprovechó para sacar un poco de su miembro de mi boca y darme espacio para respirar y escupir, para luego, introducir de golpe su rabo mientras gemía también. Alzó la voz entre suspiros de placer: – Sí, trágala entera, entera por maricón. Eso es lo que tienes que hacer, por puta y maricona te la tienes que tragar toda. No, no voy a retirar nada. Chupapollas, así, así te tienes que aguantar ¿Te gusta esta polla gorda, verdad, maricona? Aguanta, aguanta así, mi niña-.
Tuve que aguantar mientras se me aguaban los ojos y le miraba con la boca llena asistiendo.
«muy bien, muy bien mi niña, así, ufff, ufff mírame, puto chupapollas. Te las tragas dobladas porque te encanta…»
Sus insultos me hacían sentir más dominado y me dejé hacer mientras salían borbotones de baba, al compás de sus movimientos pélvicos hacia mi barbilla, y al vaivén sus huevos me rozaban.
«Te gusta que la cara te huela a pollón con aroma a sudor de huevos de hombre, porque tú no lo eres, por eso chupas. Tú eres una maricona»
Me escupió en la cara mientras siguió follándome la boca. Yo gemí y sollocé por sus palabras tan rudas como sus movimientos.

Entonces me la sacó y me dijo que me colocará en el suelo de rodillas. Todo ese tiempo había estado agachado.
Cuando me puse de rodillas, mientras sujetaba su miembro, de considerable tamaño, comenzó a mearse en mi cara y cuerpo: «Ven que te meé, ponte así»
– ¡Noooooo! -supliqué avergonzado, pero no se detuvo y después de rocíarme bien la cara, cabello y parte del cuerpo, la metió en mi boca mientras aún orinaba y me hizo probar sus meados.

Entre gemidos y totalmente en alerta por lo fuerte de la situación, con la adrenalina a mil, por el maltrato e humillación sexual que me estaba dejando hacer por un señor que fácilmente me llevaba casi 30 años, lloriqueé, con la polla dura. Él se dio cuenta y me sonrió lascivamente.
«Ponte en cuatro que te voy a follar»
Rápidamente protesté:
– Pero es muy grande y no estoy lista-.
Con la cabeza me dio la orden de colocarme en posición y lo hice a cuatro. Sin mediar más palabras me subió la minifalda y apartó la prenda interior de lado para verme la rajita.
– Al menos escúpeme -rogué. Él entonces se agachó y con la lengua me chupó un poco el ano y escupió adentro. Sentí placer al notar su lengua húmeda y la cantidad de saliva mojando mi ano fruncido y contrayéndose. Luego me penetró seguidamente, sin esperar más, y sin hacer ninguna pausa. El glande tardó un poco en abrirse paso, porque era gordo y bastante grueso. Yo, entre quejidos leves, tragué saliva y respiraba hondo, moviendo mi ano que hacía espasmos; aguardaba la completa intrusión de su erección. En ningún momento se paró, hubo centímetros que metió más lentamente pero no dejó de empujar su polla en mi culo hasta que sus huevos rozaron los míos y su vello púbico e ingle podían frotarse con la piel suave de mis nalgas.
Ahí, me sujetó del cabello. Tiró de mí para que levantase la cabeza y comenzó a bombearme.
«Toma polla, toma, toma, toma, toma»
Y se impulsaba metiendo su rabo y sacando una parte de él, para volverlo a clavar hasta el fondo. Yo chillaba sin control: – Aaaah, AH, Ah, mi culo, mi culooooo, papiiii.

Después de darme unos minutos así deseaba correrse. A él le gustaba que gritase y que gimiera lloriqueando, porque cuando lo hacía volvía a sacarla en parte y me penetraba con una embestida rápida y vigorosa. Cuando vio que gemía demasiado y de placer, la sacó entera dejando mi ano abierto.
«Te gusta que te jodan el culo, ¿verdad, mi niña? Ponte boca arriba, mi niña, te quiero dar con las patas abiertas al hombro». Acepté sumiso, con un escueto y tembloroso «Sí, cariño». Adopté la postura que me pidió y levanté las piernas, doblé las rodillas y con las manos entre aquellas las separé. Acabé flexionándolas a los lados casi a la altura de mi pecho. Él sonriendo y cariñoso, otra vez, me punteó con su rabo los huevos y me volvió a meter su miembro, con la misma fuerza e impulso de antes, hasta el fondo. Gemí de gusto y sin tocarme me corrí, retorciéndome:
– AHHMMM, QUÉ RICO, OH, OH…tu enorme polla en mi culoooo, cariño…
Mi polla dura se hinchó y soltó chorros espesos de lefa. Él se rio, y respirando fuerte y hondo, empujó su pelvis a mi trasero, frotándose sin dejar espacio piel contra piel. Así estuvo pocos segundos hasta que gruñó. Y, sujetándome del cuello con sus manos callosas, se corrió. Entonces sin sacarla me dio un beso en la mejilla y me dijo: «Gracias, mi niña».
Pero cuando su polla perdió rigidez y por lo flácida salió de mi culo, él se levantó. Se subió los pantalones y recogió mi ropa y me la echó en la cara. «Vete ya, mi niña, no quiero que te vean nadie salir, si te vas ahora es cuando nadie lo va a notar»
Le hice caso y no pude ignorar que ya ni me miraba a la cara cuando me hablaba. Me sentí sucia con su semen resbalando de mi ano a mis muslos.
Contesté: – Gracias, cariño – y recogí la ropa y me dispusé a salir del cuarto. Cuándo quise en la puerta de la habitación ponerme la camiseta y el pantalón para tapar mi minifalda y el sujetador, él me tomó de la mano y me condujo hasta la entrada de la casa; y con un ademán con la mano se despidió de mí. Acto seguido la cerró de un portazo. Yo, ya no me puse el pantalón en la calle, corrí al coche en minifalda y sujetador, dejando que salpicara el semen recién expulsado de mi ano a mis piernas, pero procurando que no se saliera demasiado.
En el coche me repetí que no lo volvería a hacer, que los hombres heteros eran crueles y me trataban como un agujero de culo bonito, que solo querían humillarme para sentirse superiores sexualmente a mí por pedirles rabo; que todo lo que me había hecho el viejo era para demostrarse a sí mismo que era un gran follador a pesar de yo ser más joven qué él y más atractivo. Me limpié el rímel en la camiseta y regresé a mi casa dispuesto a cumplir con mi reciente propósito.
Meado, follado y vestido como una sissy debajo de mi ropa casual.

18 Lecturas/23 febrero, 2026/0 Comentarios/por Renepo
Etiquetas: culo, follar, maduro, puta, puto, semen, sexo, vecino
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