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Dominación Hombres, Gays, Masturbacion Masculina

METAMORFOSIS 269

Revelaciones.
La radio que se hacía llamar como la voz de la capital del país de la canela por tener mayor cobertura describía el clima en los primeros días en ese mes de septiembre de 1969, iba a ser como un mes lluvioso, se presentaban lluvias frecuentes, especialmente en las tardes y noches, muchas veces en forma de aguaceros moderados a fuertes, se dice que es probable la ocurrencia de encharcamientos, aumento del caudal de quebradas y ríos, y episodios de movilidad reducida en la ciudad, situaciones comunes en ese mes, las temperaturas se mantendrán frescas y estables, con valores aproximados entre: mínimas: 7–10 °C y máximas: 18–20 °C, la sensación térmica pudo ser más baja durante los días lluviosos y nublados, predomina la nubosidad alta y media, con pocos días completamente despejados, la radiación solar es limitada, especialmente en comparación con meses más secos como enero o febrero, la humedad relativa alta, especialmente en horas nocturnas y de la madrugada, los vientos generalmente suaves a moderados, sin registros conocidos de eventos de viento extremo, ese era el ambiente de esos días, Osman escuchaba esa información y luego pasó a escuchar la música del momento como la Piragua, Adonay, tabaco y ron, Osman bailaba en su cuarto aquel primer sábado de septiembre de 1969, la mañana estaba lluviosa, fresca, el ánimo aumentaba, se tiraba en la cama a meditar, se metía las manos dentro del short, suspiraba, pensaba en él, sí, en él, como si fuese un resorte se levanta de la cama y se asomaba a verle, esperaba que la música haya llegado hasta allí, alzó un poco más el volumen, y efectivamente, la música llegaba pues el “niño” salía a verle, intercambiaron sonrisas, instintivamente el “niño” se tomaba la entrepierna de su pantalón, estaba arreglando un auto en el garaje, desde lo alto de su cuarto rápidamente se bajó el short mostrándose el pene y de inmediato dio un giro para mostrarle su culito de ya quinceañero al “niño” que se desliza la cremallera mostrándole rápidamente el pene erecto de veinticuatro años, se arreglaron la ropa para guardar las apariencias, Osman continuaba bailando, decidió quitarse el short, la lluvia volvía a caer, quedó acostado en la cama a piernas abiertas, se masturbaba el pene, se contenía para no eyacular, cerraba los ojos pensando en Clotario el “niño”, pensaba en ese pene, pensaba en la forma en cómo lo penetra, en la postura deliciosa con el que es sometido, en la forma de besar, en la forma de cómo le acaricia, las manos pasaban por su pecho sobando deliciosamente sus costillas y ladeándose se rozaba el culo, pasa el dedo oliéndose la humedad de su culito, pasa el tiempo y ve que la hoja de la puerta se mueve, aparece la figura de Clotario, el “niño”, de inmediato la cierra con seguro, su amplia sonrisa va acompañada de los movimientos de sus manos en sacarse toda la ropa y luego estar acostado encima del cuerpo de Osman, “¡vine en cuanto pude!”, le besaba el cuello y mejillas repetidamente, “¡te extrañé!” “¡mucho!” se besaban “¡yo también a ti, mi amor!” siguieron besándose apasionadamente, “¡vamos a hacerlo, ahora!” las pelvis se movían, los penes se rozaban, Osman fue por crema que se la pasaba por le culito y por el penecito, de igual forma lo hacía Clotario, que después se acuesta ampliamente en la cama, se podía ver ese pene brilloso de crema,  “¡siéntate Osman!”, “¡quiero metértelo!”, el muchacho se sienta sobre la pelvis de Clotario, el pene lubrica el culo y va entrando poco a poco haciéndole gemir, le sostiene de las caderas haciendo que suba y baje, suba y baje, cuando siente que el pene está adentro sus manitos se aferran a las piernas para sostenerse, cerraba los ojos a la vez que abría la boca suspirando y gimiendo de manera activa, Clotario también tenía ojos y boca cerrada sintiendo que de esa postura deliciosa le estaba penetrando al muchacho, se escuchaba las gotas de lluvia golpeando las ventanas, el movimiento rítmico se notaba bien en esos dos cuerpos desnudos, se deslizaba al penetrar, Clotario ahora gemía más “¡así!” “¡así!” “¡sigue!” “¡sigue!” Osman se movía más y más, “¡te quiero!” “¡te quiero!” el hijo del patrón Squeo se movía más y más, más y más, sorpresivamente en ese ritmo le dio dos cachetadas en los glúteos, “¡ahora ven acá!”, le acuesta al muchacho quinceañero, le abre de piernas y los labios de Clotario empiezan humedecer con crema el pene de Osman, “¡qué delicioso está!”, con los dedos le masturbaba “¡ya está tiesito!” de inmediato Clotario se sienta sobre el pene erecto del muchacho, poco a poco se abre el culo para que calce ese pene ensalivado, en la misma postura anterior ahora quien era penetrado ahora es el “niño”, no duró mucho los movimientos pues ya sentía el semen dentro de su culo, lentamente la espalda del “niño” se pegaba al pecho de Osman, se sentían los latidos, las respiraciones, la satisfacción de haberlo hecho así, veía el pene humedecido de crema y semen, “¡lo hiciste bien, mi amor!”, “¡cada vez lo haces mejor Osmancito!”, pleno de satisfacción giró en la cama acostándose juntos tomándose de la mano, aun respiraban aceleradamente, el culo de ambos estaba latiendo, Clotario entró al baño a asesarse, se puso la ropa y se despidió del muchacho, ahí quedó pensativo, tocándose el pene, en ese lugar estaba feliz, su padre le atendía bien, al igual que lo hacía su medio hermano Venancio, no era una relación de hermandad plena pero eran tolerantes con el trato, a fin de cuentas Squeo sólo le quedaban esos dos hijos varones, para él eran su orgullo, Osman lo sentía así en las caricias que le daba, contrastaba con la atracción que tenía con el “niño” estaba feliz de haberlo hecho, era a la única persona en esa casa a la que le entregaba su cuerpo, se puso en pie caminando descalzo hacia el inodoro don al sentarse empezó a pujar, sólo excremento, nada de semen, fue todo tan rápido, su orina lanzaba los restos de semen, cerraba los ojos, pujaba, suspiraba, gemía, al salir todo del cuerpo le vino una necesidad de estar con él de nuevo, se puso en pie, fue a la ducha, se abría los glúteos del culo pasándose el dedo oliéndole y luego con el agua se limpiaba la raja de la entrada del culito, cerraba los ojos y mordía los labios, suspiraba, hacía pensar que su dedo era el pene de Clotario el “niño” que pasaba por la raja del culito, estaba feliz, al abrir los ojos vio su pelvis humedecida por donde se deslizaba el agua viéndose el erecto pene, “¡te comiste el culo de Clotario!”, se pasaba el dedo por el culo “¡pero no me dejó su leche!”, le vino la angustia con necesidad, pensó en visitarle donde estaba para que termine su obra sexual, se metía el dedo índice por el culo exclamando el nombre del “niño” a ojos cerrados, es que ese pene de veinticuatro años rígido y firme era el que más lo hacía sentir, el que más le atraía, el que más sentía deseo y dependencia de estar feliz, todo estaba bien en su relación muy discreta, se entregaban sin recelo y eso lo hacía sentir bien a Osman, salió secándose con la toalla, decidió ponerse las sandalias, el short y una simple remera, quería ser ligero al momento de desvestirse y estar desnudo en su delante para cogerse rápido, así salió discretamente hacia el taller dejando la radio la radio prendida dando las noticias en cada periodo de cambio de hora, al llegar allí se sorprendió al no encontrarle, fue caminando hacia el cuarto de máquinas y tampoco estaba, se preguntaba a dónde podría estar y se le ocurrió ese lugar apartado muy privado, caminaba discretamente hacia allá, se arrimó a la puerta, se sorprendió al escuchar gemidos, una voz muy conocida para Osman exclamando  de adentro decía “¡Clotario!” “¡Clotario!” “¡mi niño!” “¡mi niño!”, “¡métemelo así!” “¡así, más, más!”, Osman desde afuera tragaba saliva repetidamente, no podía creer tanta revelación, tenía los sentimientos encontrado de enojo,  y tristeza con una angustia que le embargaba, no lo podía creer lo que escuchaba, esos dos, reconocía la voz de aquel que estaba con el “niño”, quiso interrumpirles pero se contuvo, pensó en lo ridículo que quedaría, decidió mejor seguir escuchando, rodeaba el lugar tratando de subirse por ese boquete, apenas miraba sobre el suelo comprobando el cuerpo del “niño” sobre la humanidad de… sí, su medio hermano Venancio, lo tenía piernas al hombro, estaban los cuerpos bien unidos, a ojos cerrados Venancio exclamaba, gimiendo decía “¡sigue!” “¡sigue!” “¡hazlo como la primera vez!” “¡como la primera vez que te di mi culo!”, “¡no te puedo olvidar!” “¡ah!”, “¡ah!” “¡siempre tengo en mi mente ese momento en que me rompiste el culo!” “¡sigue!” “¡sigue!” “¡así!” “¡ah!” “¡así!” “¡soy!” “¡tuyo!” “¡ah!” “¡tuyo!” “¡ah!” se notaba el movimiento de caderas el rostro de Venancio sintiendo que su culo de dieciocho años era penetrado por ese pene de veinticuatro años, minutos antes el “niño” se había comido ese culito quinceañero del medio hermano de Venancio, para Clotario era agradable haberse comido los dos culos de los hijos del patrón, se notaba la diferencia de edades entre Venancio y Osman, tres años, fue el tiempo en que Squeo engendró a la madre de Venancio en aquella fiesta siendo drogada por éste satisfaciendo los más intensos deseos sexuales, de esa acción de haberle engendrado sacó igualitos los pies, las orejas y el perfil de su rostro con su sonrisa, mientras que tres años después en un cabaret de segunda Otilia lo tuvo en algunas noches de amor clandestino, así Squeo lo engendraba a Osman, fue un secreto que su difunta madre Otilia callaba por un tiempo, aunque las penurias con el tiempo le hizo desistir y pidió ayuda a Squeo, de él Osman sacó la sonrisa, las orejas y su carácter, sí, se notaba aquella ambición, tanto así que fue por ese motivo que fue desvirgado por el patrón Elías cuando tenía cinco años en la alcoba del cuarto de la madre y en donde ahora siempre se encontraban para hacerlo a cambio de dinero, en verdad que así fue la historia de ese contrariado Osman que por recibir monedas a cambio dio su virginidad al finado patrón Elías además por regalos seguidos, mientras que también ese hombre le hacia el amor a Otilia, su madre, en esta ocasión otra revelación más, su medio hermano se entregaba al niño, ahora sabía por qué de sus dudas, ahora reveladas, dio cuenta que él y su medio hermano le pertenecían a Clotario, vio los pies de Venancio al aire, después poco a poco se iban deteniendo en esa postura de movimiento sexual, “¡ya está!”, “¡ya está!” se detuvo, el semen estaba dentro del culo, las manos de Venancio se aferraron a las caderas de Clotario, “¡no!”, “¡sigue!” “¡dame más!”, “¡quiero más!” “¡ahora con la leche adentro!” “¡quiero más!”, “¡más!”, sonreía exclamando respiración acelerada “¡eres goloso Venancio!” “¡por eso me gustas!”, las manos de Venancio hacían círculos en los hombros de Clotario “¡sí!” “¡tú me enseñaste!”, “¡acuérdate!”, le besaba los hombros “¡es que lo deseo!”, “¡eres el único que me hace sentir bien!” sin más palabras continuaron los rápidos movimientos “¡ah!” “¡ah!” se podía ver los ojos cerrados de Venancio exclamando placer y satisfacción en su rostro, “¡así… mi amor!” “¡sigue así!”, “¡no te detengas!”, de labios de Venancio salía una voz hasta ahora desconocida por Osman “¡préñame!”, “¡préñame!”, era una voz afeminada que cada vez se ajustaba a la voz de una mujer en celo, así le dio pene hasta un par de minutos para después quedar tendidos acostados de perfil tocándose los penes, ambos estaban humedecidos, “¡ahora me toca!” le dijo Venancio “¡sí, mi amor, pero hagámoslo rápido!” “¡alguien puede venir y vernos!”, “¡ven, ponte!” le dijo Venancio al “niño” “¡ahora te como el culo!”, y empezó a chuparle con intensidad asimismo a lamérselo con entusiasmo, de la boca de Clotario salían gemidos, puso una mano sobre la espalda de su amante y con la otra ajustaba el erecto pene entre la rajita empujando despacio pero firme en ese hoyito que se abría ante el paso de ese hermoso glande, empezaron a moverse las pelvis, se escucha un fuerte gemido del “niño” es que el pene había entrado todito, se movían la contacto de pelvis y glúteos, los testículos quedaban suspendidos al aire, lo tenía bien agarrado en posición perrito, se movían hacia adelante y hacia atrás, los dos lo disfrutaban a ojos cerrados mordiéndose los dientes, hasta que lo saca al pene erecto y lo pone encima del coxis, donde empieza a salir el fluido seminal, se notaba el líquido deslizarle por la piel, “¿por qué lo sacas?” exclamaba el “niño”, “¡es que me ganó!” “¡quise empujar y meterlo bien adentro para preñarte!” “¡pero me ganó!”, el latente pene ahora quedaba suspendido en el aire, estaban cayendo ambos cuerpos al suelo, se miraban sonrientes de lo que habían hecho, “¡te amo!” se decían mutuamente, Venancio se acuesta sobre Clotario tenía restos de basura en el cabello, todos esos movimientos los miraba con detenimiento Osman desde la ventanilla de tragaluz, para su sorpresa vio moverse los cuerpos haciendo un adecuado 69, se chupaban y lamían los penes, se notaba su satisfacción en sus rosros, así estuvieron por unos tres o cuatro minutos, hasta que el niño se aparta, Venancio acostado desde el suelo reacciona “¡no te vayas, Clotario!” “¡ven!”, el “niño” sonreía moviendo negativamente la cabeza, Venancio suplicaba, “¡ven!” “¡sólo un ratito!”, “¡ven!”, Venancio alzaba sus piernas dobladas a su pecho, con sus dos manos abría los glúteos mostrándose el hoyito del culo humedecido de semen y dilatado por ese glande del “niño”, “¡ven!”, “¡mira!”, “¡quiere jugar!”, el niño exclamaba, “¡esas fueron las palabras que me dijiste aquella noche!” “¡cuando agitabas tu penen para metérmelo en el culo!” “¿te acuerdas Clotario?” “¡me dijiste eso!” Venancio suspiraba diciendo “¡ahora te pido que me lo metas!” “¡anda, mi amor!” “¡solo un minuto!” “¡quiero que me lo metas!” de inmediato ya estaba Clotario encima de Venancio, se notaba el pene entrando, Venancio mostraba felicidad, le abrazaba con fuerza “¡así, mi amor!” “¡así, como la primera vez!” “¡no me olvido!” “¡sé que tu tampoco!” la pelvis se movía más y más “¡te amo!” “¡te amo!” siguió así dándole pene hasta quedar exhausto tendido en suelo con respiración acelerada, los dos estaban tendidos en el suelo tomándose las manos mirando al techo, Osman decidió apartarse del lugar, corrió furtivamente no parando hasta llegar a su cuarto se acostó de cara al colchón, meditaba lo que había visto, tal revelación le daba celos, estaba decepcionado, irritado, le vino la rabia golpeando así con sus manos las sábanas que tenía a su alrededor, lo hizo porque recordaba que tendría que estar en el internado y no se acostumbraba a pensar que en su ausencia Clotario y Venancio se viese furtivamente haciendo el amor, le vino la angustia típica de una persona celosa enamorada, en su mente se hizo una pregunta, la cual maquinaba algo que le daría como respuesta en el futuro, su pensamiento fluye dando una salida posible a sus angustias, vio hacia ese objeto tan de moda que le habían regalado hace meses en navidad, ahora lo dedicaría a otra cosa, sería la evidencia que tanto deseaba.

*******

Ya había pasado dos meses desde que lo desvirgó, ahora lo ve estirarse la tela del short que le cubre el culito, estaba descalzo, se notaban sus tetillas que tanto le gustaban a Luciano, las miraba desde la ventana de su casa, Cesar Emanuel estaba acuclillado estirándose el short ajustado que tan solamente tenía puesto, las líneas del culo se definían en esa tela blanca, el color de carne contrastaba, la mirada de Luciano se posaba sobre aquellos piecitos con dedos alargaditos de empeine bajo, miraba las piernitas rellenitas, se veían claramente esos voluminosos glúteos amoldados a la ajustada tela, se lleva la mano a meterse en el short que tenía puesto, el pene lentamente comienza a ponerse tieso, lo acaricia y lo estira viendo esos movimientos de culo y caderas del niño que continuaba acuclillado jugando con un carrito de carreras que para navidad se lo había regalado al niño, deslizaba la tela de su short mostrándose el pene erecto, deslizaba el prepucio del pene para verse el glande, era el segundo domingo de septiembre de 1969, la lluvia nocturna había pasado, quedaba el intenso sol del día, la tierra humedecida se olía en esa temporada, estaba muy verde y frondoso aquel árbol que cobijaba con su sombra al pequeño Cesar Emanuel, la brisa se notaba en el movimiento de su pelo crecido, el flequillo de su peinado hongo cubría en parte sus ojos, con un soplo alzaba su pelito para ver mejor, estaba abriéndose de piernas atento al movimiento de su juguete en las manos, de sus labios rosáceos con saliva salían los sonidos imitando al motor del carrito de juguete que lo sostenía con sus deditos alargados, Luciano tocaba con la punta del dedo índice su glande que  ya para ese entonces tenía liquido preseminal, la mirada de Luciano era en esa rajita sin duda, se rozaba la punta del glande con el dedo nuevamente, se lo llevaba a la nariz, miraba con gusto a su pene como conversando le diría: “¡mira ese culito rico!” se puso en pie un corto instante señalando con la punta del pene al lugar distante donde estaba el niño jugando, se sentó de inmediato, el pene estaba salido, “¡te comiste ese culito!”, lo tocaba con sutileza desde el tronco “¡faltan tres días para que se complete el segundo mes en que lo desvirgué!”, su mirada se posaba en el cambio de posición del cuerpo del niño que ahora estaba sentado a piernas abiertas sosteniendo dos soldaditos que precisamente Luciano también se los había regalado, estaba disfrutando viendo esos movimientos de dedos de los pies de esas piernas medianamente gruesitas, se veía amoldado el penecito en esa tela de short ajustado, los alzaba a los muñequitos llevándolos a la frente y bajándolos haciendo sonrisa en su rostro, los ponía en el suelo seco en el que estaba jugando, muy cerca llega su madre para indicarle de sus acostumbradas salidas, quedaba al cuidado de la madre de Parcemón, desde la ventana la mujer le miraba, para Luciano era incómodo verle al niño así que se alejaba de su ventana sin dejar de verle, la madre del niño se despide y sorprendentemente Luciano mira que se acerca a su casa, de inmediato se aparta de la ventana para no ser visto, deja pasar unos instantes antes de abrir la puerta, sale en pijama a atender a la visita, le pide de favor que revise cierta consulta y demás deberes que le enviaron a su niño, le pidió que coordine con la madre de Parcemón para que le entregue la tarea, el hombre asiente con gusto, la mujer le dice que cuánto cuesta y el hombre responde que es gratis pues deberes a la edad del niño no son tan complejos y está para ayudarle, la mujer se despide muy agradecida, va a donde está jugando su hijito, le acaricia el pelo diciéndole algo en la oreja, luego se despide de la vecina diciéndole seguramente lo de la tarea pues las mujeres miran hacia la casa del vecino Luciano, se le ve partir por esas calles empedradas en su mayoría, Luciano se sienta junto a su ventana haciendo gestos de saludo a la vecina que luego desaparece de su vista, el niño continúa jugando, gatea empujando su carrito, se nota el culito humedecido por el calor imperante que se refleja en la piel con tela, tenía visible el movimiento de los pies, al virarse se sentaba abriéndose de piernas en donde se notaba el bultito en la tela, luego se volvía a virar y se notaba la rajita ajustada a la tela mostrándose esa rayita que se abría y cerraba mientras estaba gateando con su juguete con su pelito agitándose al viento, Luciano de la Sierva se apretaba el pene de gusto, exclamaba “¡ya quisieras entrar en ese culito!” “¿ok?”, sonreía diciéndole a su pene “¡tranquilo!”, lo acariciaba al pene mostrándose lo erecto que estaba salido del pijama “¡tranquilo!” “¡pronto lo tendrás!” sonreía viendo por la ventana, deslizaba suavemente su mano por el tronco exclamando además “¡ya pronto!” “¡ya pronto!”, volvía a reír, en eso que se aparece Parcemón el quinceañero con unos comprados, el niño ve que le muestra un dulce y lo toma para desenvolverlo y sentarse arrimado junto al árbol a disfrutar de la golosina, Parcemón ingresa al cuarto, la madre sale a ver al niño que continuaba deleitándose de esa golosina, la mujer entra al cuarto, instantes después Parcemón sale y se para junto al niño, de inmediato el quinceañero se mete las dos manos dentro del short que llevaba puesto, también estaba ajustado, miraba a todos lados, la gente a esa hora poco transitaba por la calle, era un día desierto de gente por los alrededores de esa apartada lotización, , a veces por la lluvia, Parcemón con amplia sonrisa continuaba agarrándose el pene dentro del short, el niño estaba atento a su golosina, sus deditos se embarraron de dulce, su carita tenía restos de chocolate, Parcemón reía, Luciano ve que el quinceañero se baja el short mostrándole el pene agitándole al viento, “muelitas” sonríe, de inmediato se mete el pene en el short, le hace gestos al niño para que lo acompañe, tomado de la mano dio unos cuantos pasos, entraron a una caseta baja junto al frondoso árbol rodeada de corto monte, Luciano se pone en pie junto al marco de la ventana para ver mejor, guardando la discreción, dentro de la caseta el quinceañero se sienta y sobre él lo pone al niño, le toma rodeándole de los brazos por sus costillas, y el quinceañero pone su rostro sobre el pelo del niño que se dejaba besar, Luciano se puso m{as atento, disimuladamente el quinceañero alzaba y bajaba al niño sentado sobre su pelvis, de inmediato deslizaba un poco el short sacando el pene, al alzarle le baja un poco el short de “muelitas” mostrándose el culito, as{i que esos movimientos rápidos eran el deslizamiento del pene en ese culito, Parcemón no paraba de reír haciéndole eso, el niño también lo disfrutaba, de pronto de inmediato lo acuesta al niño pecho tierra, el culito estaba medio descubierto, se notaba las curvilíneas de las pompis, se vio el pene suspendido en el aire con los testículos que iban a rozar ese culito alzando y bajando las caderas, la cara de Parcemón se perdía en el pelo del niño, estaba entrelazando las manos, de pronto se escuchan ruidos, los dos niños rápidamente se ponen de pie, salen de la caseta arreglándose el short cada uno, van tomados de la mano y de inmediato sale la madre con una bandeja de ropa, Parcemón llevaba esa ropa a tenderse a orden de su madre, Luciano vio que cuando el quinceañero tenía sus manos ocupadas tendiendo la ropa húmeda el niño lo rodeaba detrás haciendo movimientos  sexuales con las caderas, para Luciano ver al niño en esa actitud le sorprendía pues hace casi dos meses lo había desvirgado quedando con mucha tristeza y recelo el pequeño de lo ocurrido, pero ahora verle que sus caderas rozan con el pene los muslos del quinceañero le daba una idea de lo que ahora sentía respecto al sexo ese nene llamado cariñosamente como “muelitas”, se notaba lo caliente que estaba el niño, el quinceañero le hacía gestos para que disimule su calentura, es que el nene deseaba ser cogido por él, el muchacho nacido en febrero de 1954 toma la bandeja y le señala al niño aquel lugar detrás de la casa de Luciano, que lo espere allí, el quinceañero entra al cuarto y tiempo después sale a encontrarse con “muelitas” que estaba escondido en un rincón, Luciano fue a apegarse a la pared trasera de su casa para escucharles, “¡ven Cesitar!” “¡sé que quieres verle!” “¿te gusta verlo?” hubo un corto silencio “¡mira!” “¡te gusta, picarón!” hubo otro silencio “¡ahora chupa, goloso!”, “¡vamos, rápido!” “¡así… Cesitar!”, “¡así…. Mi nene bello!”, “¡así… chupa, chupa, chupa!”, “¡ah!”, “¡ah!” se escuchaban luego las risas cómplices de los dos, Luciano escuchaba tragando saliva, le vino, la desesperación propia de alguien que se imagina lo que estaban haciendo, “¡ahora dame tu culito!” “¡quieres que te lo de por ahí!” “¡por eso me abrazabas!” “¡quieres que te abrace y te dé por el culito cajón que tienes!” “¡algún día me dirás quién de los amigos de tu madre te lo rompió!” “¡ahora no importa saberlo!” “¡quiero sentirte!” “¡que te sientas mí mujer!”, “¡mi mujer!”, hubo un silencio luego gemidos, “¡ábrelo más!” “¡deja que ahorita te lo meto todo!”,  se escuchaban gemidos de voz tierna, “¡así… eso!” “¡puja!”, “¡puja!”, “¡ah!”, “¡ah!”, “¡ya está adentro!” hubo silencio “¡ahora mueve el culito!” “¡muévelo Cesitar!” “¡te estoy preñando!”, se escuchaban nalgadas, “¡este culo es mío!” Luciano escuchaba tragando saliva, se miraba e pene como punta de lanza en la tela de su fino pijama de temporada “¡mío!” “¡sólo mío!”, los gemidos del niño eran más intensos “¡dime que te gusta mi pene!”, “¡dime que te gusta!” “¡quiero escucharlo!” entre gemidos “muelitas” exclamaba “¡sí… sí!”, gemía el niño respondiendo, el quinceañero le pregunta “¿sí… qué?”, gemían, “¡sí… me gusta!” “¡me gusta… tu pene!” “¡ah!” “¡tu pene!”, los gemidos se incrementaban, hasta escucharse un “¡ya está!”, “¡ya está!” “¡te dejé leche en el culito!” hubo un leve silencio, “¡yo voy primero!”, hubo otro silencio, luego se escuchaba pujes salidos seguramente de los labios y boca de “muelitas”, tiempo después Luciano daba orientaciones en el deber al niño delante de la vecina madre de Parcemón con quien también tenía mucha amistad, verle y tenerle muy cerca al niño oliéndole la piel y el pelo era motivo de erección, rozarle la piel viéndole  la carita amistosa, libre de recelos era muy gratificante de manera emocional, emprendería el camino para acercarse al niño y ganarse su confianza.

FIN DEL DUCENTÉSIMO SEPTUAGÉSIMO NOVENO EPISODIO

9 Lecturas/17 enero, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: amigos, hermano, hijo, madre, mayor, navidad, padre, sexo
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