• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Relatos Eróticos
    • Publicar un relato erótico
    • Últimos relatos
    • Categorías de relatos eróticos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Publicar Relato
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (7 votos)
Cargando...
Dominación Hombres, Gays, Heterosexual

METAMORFOSIS 272

Muelitas.
La brisa de mar golpeaba el rostro de Agustín, a su lado estaba sentado en la canoa su hijo bien amado Daniel Nicolás, le estaba contando lo de a fiesta de su abuelo el pasado septiembre, le preguntaba que a donde pasaría la navidad y el niño le dijo que con su abuelo materno, lo de su abuela no porque estaba muy sentido con ella, no quiso darle más detalle a  su padre, “¡vine a entregarte esto!”, emocionado vio que de su bolsillo de pantalón corto sacaba un sobre de correo aéreo, “¡me lo enviaron!” “¡pero quiero abrirlo contigo, papá!” el escuchares apalabra lo hacía el hombre más feliz de la tierra, “¡gracias hijo mío!” abrieron con precaución el sobre, para su sorpresa había una carta junto con una foto, allí estaba ella con sus hermanitos, “¡ha crecido mucho mi niña!” exclamaba Agustín, se llevó la foto a la boca, “¡mi hija!”, “¡mi hija!”, estaba vestida con el uniforme escolar junto a sus dos hermanitos, las lágrimas recorrían sus mejillas, eran de felicidad, de eso lo tenía bien presente Daniel Nicolás, leyeron una y otra vez el contenido, estaban emocionados que no se fijaron en una pareja de adultos que estaban detrás de ellos, la mujer pregunta “¿Serafín?” el hombre al escuchar la voz femenina da un giro para verle el rostro, emocionado se pone en pie igual que su hijo, para coincidencia los dos saliendo del asombro dicen en coro “¡Débora!” el pequeño va y le abraza de la cintura, “¡Débora!”, ella no pudo contener las lágrimas poniendo sus dos manos sobre la carita del niño, “¡mi pequeño Nicolás!” “¡mi pequeño!”, le acariciaba ese pelo castaño tan bien cuidado, el niño le abrazaba con mucha ternura, mientras ella trabajaba en casa de los Arichabala como ama de llaves ese niño siempre fue el centro de su atención, Agustín se unió al abrazo quedando el visitante observando esa escena llena de ternura, “¡los extrañé tanto!”, “¡tanto!”,  instantes después  dieron cuenta de su presencia, Débora presenta a su acompañante, “¡les presento a Guillermo Izaguirre!” el hombre con atenta mirada y risa con recelo estrechaba las manos, “¡un placer conocerles!”, se paró junto a Nicolás viéndole los rasgos faciales y lo mismo hizo con Agustín, su mirada se cruzó con la de Débora, suspiraba hondamente diciendo con cierto aire de tranquilidad “¡creo que valió la pena haber venido!” para padre e hijo al escuchar eso fue algo inquietante pues se miraban a los ojos, Débora por su parte estaba cabizbaja al escuchar esa frase de Guillermo Izaguirre estaba ya mirando al cielo y allí tal vez buscaba respuestas de algo en el infinito, de nuevo su mirada la puso más en ese niño, Débora observaba aquellos movimientos, sudaba mucho, sacó un pañuelo, pidió ir a un lugar más fresco, su corazón estaba muy acelerado, ella estaba muy emocionada, “¡me alegro de que estén juntos!”, “¡sigan siempre así!”, “¡muy unidos!”, “¡como tiene que ser!” Agustín extrañado le mira atentamente “¿es que tú ya lo sabías?”, ella asintió “¡desde tus escapadas a los encuentros!”, “¡cuando nació este hermoso bebé!”, asentía, “¡sí… siempre lo supe!” “¡lo sentía en mi carne!”, “¡en mis huesos!”, “¡pero sobre todo… en mi sangre!” Agustín abrió los ojos “¿siempre lo supiste?”, “¿por qué callaste?” ella lo miró “¡porque no quería un enfrentamiento entre tú y Nicolás!”, Guillermo Izaguirre la miraba con tristeza, Daniel Nicolás la abrazaba más fuerte, “¡temía que don Fulgencio te hiciera algo malo!” “¡eras aún un niño que experimentaba la vida!”, vio al pequeño “¡éste es el resultado de esa vida!” “¡el regalo de Justin hacia tí!”, “¡deben cuidarse como les decía!”, “¡vine porque debo prevenirte de algo!” padre e hijo extrañados le miraban, “¡Matilde!” el niño exclamaba “¿qué pasa con mi bisabuela?” Débora le miraba con ternura abrazándole fuerte, hizo una pausa para respirar hondo, “¡bien sabes que no lo es!” el niño se puso triste “¡es verdad!”, “¡es verdad!” recordaba lo que vio en aquella cama, recordaba ese niño acostado cubierto de sábanas suaves junto al cuerpo desnudo de su bisabuela, una mujer que parecía tener una edad joven para su tiempo de vida cronológico, era una mujer muy vital aún, pero en realidad lo que Débora decía iba en serio, Matilde Peñalba no era la bisabuela de Daniel Nicolás, pues no era hijo de Nicolás Arichabala, es que Justin lo tuvo con Agustín, con él encontró el verdadero amor aunque este era de alcoba idílico clandestino, le tomaba del rostro “¡quiere matarte!” todos los presentes se sorprendieron, su acompañante recién se enteraba, le miraba tiernamente a los ojos y empezó a llorar “¡no quiero que algo malo te suceda!”, “¡eres muy importante para mí!” giró el rostro lloroso viendo cabizbajo a su acompañante, Agustín contrariado exclamaba “¿a qué te refieres con que quiere matarme?”, ella hizo una pausa, “¡ya sabe lo de tu verdadera paternidad!”, “¡es más!” “¡siempre lo supo!” “¡pero de tu vista aquella noche a esa fiesta!” “¡cree que tú mataste a Fulgencio Arichabala… su hijo!” el hombre negaba con su cabeza “¡pero… eso no es cierto!” “¡sus matones me agredieron y me sacaron de la mansión!” “¡mi hijo intervino!” “¡fui llevado a un hospital!”, Daniel Nicolás seguía escuchando todo en silencio, “¡no quiero que te pase nada malo!” “¡sal de aquí!” “¡vine a llevarte!” “¡no quiero que te pase nada malo!” le tomó de los hombros mirándole fijamente al rostro, “¡gracias… pero no!”, “¡este es mi lugar!” ella angustiada le decía que le conseguiría un trabajo de mejor remuneración, “¡te agradezco mucho, pero no!” ella insistía hasta que Agustín preguntaba “¿por qué lo haces?” “¿por qué te tomas la molestia?” “¡te dije que no!”, intervino Izaguirre diciendo que había hablado con unos amigos para darle un trabajo en otro lugar, “¡le agradezco que se haya tomado la molestia, pero no acepto!”, Débora estaba allí pues había recibido una carta anónima lanzada con una piedra en la puerta de su humilde hogar en la que con detalles se avisaba del intento de asesinato de Agustín, ello la movió a estar allí tratando de convencerlo para que lo acompañe, vivía ahora solo en aquel pueblo de pescadores, Daniel Nicolás reacciona “¡si yo hablo con mi abuela!” Débora intervino “¡no hijo!” “¡no!” “¡mantente al margen!”, “¡te puede hacer daño a tí!” “¡bien sabes que no llevas la sangre de los Peñalba ni de los Arichabala!”, se sentó a llorar desconsoladamente, estaba muy angustiada, a punto de la histeria, le puso la mano en el pelo y le acariciaba, “¡tranquila!”, “¡cálmate!”, “¡no va a pasar nada!”, “¡tranquila!”, le abrazó con fuerza, “¡no quiero perderte!” “¡no quiero!”, extrañado estaba Agustín “¿por qué?” “¡no entiendo!” las fuerzas le estaban abandonando hizo un esfuerzo y desde lo más profundo de sus entrañas exclamaba “¡no quiero perderte!”, “¡no lo soportaría!” “¡ya perdí a uno!” “¡al otro no!” “¡no!”, “¡no!”, Agustín aún más extrañado le pregunta mientras los otros escuchaban en silencio “¿a qué te refieres?” “¿qué quieres decir?” ella en su último aliento dijo angustiada “¡no quiero que mueras como tu hermano!” más extrañado le pregunta “¿qué cosa?” “¿Cómo así que tengo un hermano?” reacciona ante ella “¡mientes!” “¡soy hijo único!” “¡mi madre murió al nacer!” “¡mi padre me crio solo!” ella responde “¡no es verdad!” “¡no es verdad!” “¡eso te quisieron hacer ver!” la extrañeza aumentaba en la expresión del rostro de Agustín, “¿qué estás diciendo mujer?” ella le dice: “¡soy tu verdadera madre!” “¡eres mi hijo!” Agustín extrañado dio unos pasos atrás como zombi, su hijo le abrazó sosteniéndole dándole seguridad, “¡él es tu padre!”, los miraba con extrañeza, “¡vinimos a decirte el peligro que corres si no vienes con nosotros!” el hombre se puso cabizbajo y ante de decir algo simplemente movió la cabeza afirmativamente, “¡yo también me enteré hace poco!”, miró hacia donde estaba Daniel Nicolás, “¡tienes un parecido muy grande a mi difunto hijo Maximiliano!” “¡tienes su sonrisa!” le miró a Débora “¡sin duda que eres mi nieto!” el niño estaba extrañado eran muchas las emociones vividas, tenía sentimientos encontrados, escuchar tantas cosas lo perturbaban, era muy fuerte asimilar todo eso a su edad, Agustín sorpresivamente reacciona de forma negativa, Débora exclamaba “¡dime!” “¡hace dos días atacaron tu casa!” “¡ayer unos hombres rodeaban el lugar donde trabajas!” Agustín palideció, Daniel Nicolás miraba con asombro a su padre, “¿es cierto?” preguntaba Débora, a lo que Agustín le preguntaba temeroso “¿cómo lo sabes?” ella respiró hondo “¡me llamaron!”, “¡alguien que trabaja en la mansión Arichabala!”, “¡todo viene planificado de allá!” Daniel Nicolás levantó al manga de camisa de su padre y vio moretones, habían algunos poco perceptibles en el cuello, pese a ello no se dejaba sorprender, deseaba quedarse, quiso que se vayan, Débora suplicante le pedía que lo acompañase, pero se negaba, de pronto intervino su hijo, “¡padre!”, estaba tembloroso, “¡entiendo tu estado de ahora!” “¡yo también me puse así cuando supe que eras i padre!” “¡lloraste por mi cuando te desprecié!” “¡como ahora tú lo haces con mi abuelita!”, corrió a abrazarle “¡ella es mi abuelita!”, “¡desde que nací ella ha estado conmigo, cuidándome!” “¡que nada malo me pase!”, “¿recuerdas que tú también me extrañabas y querías tenerme a tu lado?” “¡mi abuelita Débora y mi abuelito Guillermo también te quieren!” “¡perdónalos como yo te perdoné a ti, papá!” “¡ellos te quieren mucho!”, “¡como yo a tí!”, “¡papá!”, “¡antes de conocerme estabas solo!”, “¡ahora no!”, “¡papá!” “¡nos tienes a los tres!”, hizo un gesto de altivez “¿es tan difícil entender lo que te digo?”, Agustín estaba cabizbajo con las manos hecho puños, las venas se pronunciaban en su cara, levantó el rostro mostrándose las mejillas con lágrimas, el niño sentenciaba “¡así como a ti te daba angustia perderme!” “¡mi abuelita siente lo mismo que tú!”, “¡ahora yo también me siento preocupado!” “¡papá!”, “¡te quiero mucho!”, “¡no quiero perderte!”, “¡no estás solo!”, padre e hijo se abrazaron fuerte, le besaba las mejillas, “¡bien dicho hijo!”, “¡me siento orgulloso de ti mi cachorro!”, fue a abrazar a Débora y a Guillermo, “¡perdonen!” “¡perdonen!”, la vida para aquel estibador había cambiado, como dijo su hijo ahora no estaba solo, de repente Débora recoge la foto del polvoriento suelo, la mira con alegría y detenimiento “¡es Cayetana!” “¿verdad?” suspiraba fuerte, Agustín se acerca a ver “¡sí!” “¡está grande!” “¡ha crecido mucho!” pasaba los dedos por la foto “¡mi niña!”, “¡mi pequeña!”, hizo un alto en su comentario respirando hondo, miraba con mucho cariño la foto exclamando “¡mi nieta!” “¡mi sol!” “¡mi niña preciosa!” sorprendido queda Agustín “¿lo sabías?” ella lo miraba asintiendo, “¡sí!”, “¡lo sabía!”, “¡tú engendraste dos hijos de las esposas de los dos hermanos Arichabala!”, Guillermo estaba atento a aquellas palabras, era mucha sorpresa escuchar aquello, Débora miraba a Daniel Nicolás y sonreía, se acercó a acariciarle el pelo, le pasaba la foto a Guillermo quien con mucha sorpresa vio el rostro de la pequeña “¡es!”, “¡es!”, tembloroso miraba la foto, la extrañeza de su rostro se cruzaba con su mirada a la de Débora quien con pasividad decía: “¡sí, Guillermo!” “¡es tu madre!” “!en verdad que Cayetana es el verdadero reflejo de tu madre¡”, “!no lo pudiste apreciar pues sólo tuviste hijos varones¡”, el parecido de la niña era idéntico, la genética nos da esos azares, se comprobaba una vez  más que Cayetana era hija de Agustín, todo se había dicho ya, faltaba la decisión de Agustín, se sentó mirando la foto de esa preciosa niña “¡te pareces a tu bisabuela!” empezó a temblar de emoción dándole besos a la foto, miraba a Débora “!es mi hija¡”, “!es mi hija¡”, “!ahora está lejos de mí¡”, “!muy lejos¡”, “!la extraño tanto¡”, “!tanto¡”, Guillermo se acerca “¡sí!”, “!es mi nieta¡”, se puso en pie, “¡padre!” le dio un fuerte abrazo correspondido “¡hijo!”, “¡hijo mío!” “¡perdóname hijo!”, “¡perdóname hijo mío!” lloraron juntos en ese sentido abrazo, “¡no padre!”, “¡no!”, sus manos ahora estaban en los hombros “¡tú debes perdonarme por lo que te dije!” “¡perdóname!” Débora los abraza “¡ven con nosotros, hijo!” “¡por favor, ven!”, desde un discreto lugar dos hombres vestidos a la moda miraban con detenimiento el movimiento de esas personas, uno de ellos lanzaba al aire la moneda tomándola al vuelo con pericia mientras el otro se terminaba el cigarrillo,  uno de ellos le topa el brazo al otro en señal de seguirles, vieron que desde aquella casa Agustín acompañaba a sus padres e hijo al auto que los llevaría a la capital, hicieron un gesto de desdén con una mueca irónica de sonrisa dibujada en su rostro, tomó otro cigarrillo para seguir fumando, daba la impresión de que esto no quedaría así, Débora lo sabía, conocía del enojo de Matilde Peñalba, ella había destrozado la vida de muchos conocidos, dentro del auto iba una pensativa Débora analizando lo que vendrá después.

 *******

Squeo abre la gran puerta de la biblioteca, el lugar donde fue asesinado Fulgencio Arichabala, allí le esperaba Matilde Peñalba, “¿qué tal?” el visitante movía negativamente la cabeza, ella sentada en ese amplio sillón da un puño fuerte en señal de desaprobación, “¡no es posible!”, ella hizo un rictus de molestia, “¿qué pasó?” ante la pregunta Squeo responde sutilmente “¡huyó!”, “¡con sus padres!” los ojos se abrieron a la anciana que tenía vitalidad de una mujer de sesenta años, “¡no es posible!”, “¡perdiste mucho tiempo!”, hubo un corto silencio, “¿qué vas a hacer?”, suspiró hondo “¡esperar!” “¡un simple descuido… y ya!”, hubo otra pausa de silencio, ahora  Squeo se acercaba lentamente, en voz baja le dijo “¡le traigo lo que pidió!”, “¡está afuera esperando ser llamado!” la anciana agitaba las manos en señal de aprobación, “¡que pase!”, en el umbral de la puerta estaba el perfil masculino de un hombre que bordeaba los treinta y ocho años de edad, para Matilde ese hombre era parte de su rama familiar, era el nieto de su hijo, el hijo de Eudomilia que lo había tenido de Carlos Felipe del Olmo, ese hombre era el único familiar vivo de su rama directa de los Arichabala, para ella era muy importante la presencia de Serafín del Olmo, le hizo sentar brindándole una copa de coñac de la marca favorita de su difunto hijo, “¡le invité para hablarle de algo muy importante!”, en ese momento aparece la figura de Adrián Daniel Macay Paltan, aquel descendiente de la rama de su tío de aquella indígena a la que el engendró un hijo bastardo, el muchacho de años se sienta junto a la mujer que continua hablando, “¡en este momento para mi es muy importante su presencia por lo que le voy a decir!”, Serafín seguía atento el comentario de la anfitriona, abrazaba al pequeño de doce años, y lo hacía con cierta ternura, estaba muy atento a lo que le decía, “¡quisiera hacer negocios!”, extrañado se mostraba Serafín, atento estaba Squeo a lo que la mujer manifestaba, “¡tengo referencias positivas de usted!”, “¡quisiera que me ayude en el aspecto legal!”, la charla continuaba, el muchacho de doce años estaba atento, “¡me gustaría conocer sus comentarios!” extendió un folder y le pidió que lo lea, lo revisaba con tranquilidad, mostraba ciertos aspectos,, con frialdad le devolvía el folder luego de leerlo rápidamente, “¡es muy interesante!” “¡muy tentador!” le miraba a los ojos, “¡lamento no estar interesado!”, no se extrañaba la anciana de esa respuesta, sabía que Agustín le era fiel a su padre por todo el daño que esa familia le había hecho, él estaba allí por educación, además no estaba mal conocer las intenciones de aquella mujer ante el súbito llamado, “¡usted es uno de los mejores juristas de este país!”, “¡deseo que me ayude en mis negocios!” “¡usted tiene probada confianza de mi!”, Serafín sonrió, “¡significa mucho ese contrato!” “¡el tiempo!” la mujer vio el papel, “¡podemos ampliarlo o reducirlo!” Agustín sonrió, “¡usted conoce bien a mi padre!”, la mujer le miró a los ojos, “¡lo sé!”, “¡pero debo atender al talento en mi delante que cualquier otro aspecto!”, “¡usted tiene el talento!” Serafín le interrumpe, “¡usted sabe que quiero mucho a mi padre!”, “¡se pondría triste al saber que acepto algo de la competencia!”, la mujer insistió, “¡no es ninguna competencia!”, “¡no afecta a los intereses de su padre!”, “¡tiene mi palabra de aquello!” Squeo los miraba atento igual que el pequeño de doce años, al disimulo por debajo de la mesa la mujer deslizaba su mano sobre el muslo de Adrián, se miraron de manera cómplice, sabrían lo que harían luego, Agustín si saber de esos movimientos de manos manifestaba que le agradecía su comentario pero que no estaba interesado en participar de ese contrato, la mirada de la anciana fue hacia Squeo, “¿hay algo más por decir?” dijo altivamente Serafín, la mujer hizo un gesto a Squeo quien llama al niño saliendo de la biblioteca ante la sorpresa de Serafín, quedaba a solas con la anciana, afuera estaba Adrián y Squeo, conversaban sobre el visitante, se referían a él como uno de los mejores juristas del país, no se le conocía romance, era un tipo dedicado a su trabajo, lo que ellos desconocían era que Serafín llevaba esa forma de vida tras la muerte de su hijo no reconocido en un accidente en le que también falleció Isaurina y el supuesto hijo del militar Gustavo Adolfo Pozzo Buonanote, su medio hermano, esa pena lo tiene dedicado a su trabajo, es incansable, su padre estaba orgulloso de él y se entendía esa lealtad, la anciana estaba jugando con fuego, Squeo la conocía bien, algunas triquiñuelas las había aprendido de ella, de pronto sale palideciendo Serafín de aquella biblioteca, estaba muy pensativo, no llevaba el folder, se despidió a gestos con una forzosa sonrisa, caminaba como zombi al auto, emprendió la marcha y salió de la mansión, Adrián y Squeo se vieron a la cara.

*******

Fue en aquel momento en que le inclinó hacia el extremo de la cama donde apoya las dos manitos, y fue allí que le abrió más los glúteos y “muelitas” como le decían al humilde niño de seis años de nombre César Emanuel empieza a sentir la cara de Parcemón frotándose en la raja de ese precioso y delicioso culo, le estaba lamiendo despacio y con pausa, y también estaba restregando toda su lengua y nariz en el culito, olía esa humedad de potito, suspiraba debido a que entre los glúteos ya podía sentir la mojada lengua deslizándose por su piel y su nariz rozando la línea del ano, pasando por glúteos y haciendo círculos en el coxis, el sonido de respiración cada vez se hacía más fuerte, esa lengua y labios rozaban mordelonamente con sutileza en la piel del culo haciendo que “muelitas” cierre los ojos en señal de gusto, deseando que siga, que siga, que siga, las manitos se aferraban más a esa cama donde dormía Parcemón, la respiración infantil aumentaba, la nariz olfateaba lo más profundo del interior, la respiración de “muelitas” aumentaba mientras ese rígido pene se deslizaba en la rajita del culo, con “muelitas” había probado la verdadera sensación de ser activo en el sexo pese a que con Eliazar Emigdio tenía muchos encuentros, para Parcemón “muelitas” era un niño muy especial, cuando lo conoció fue química pura desde el primer día, primero fueron los tocamientos repentinos y luego los mutuos roces constantes en los penes hicieron que se acepten, las visitas y juegos eran constantes por vivir tan cerca, ahora mismo lo estaban haciendo en el cuarto de Parcemón, recordaba la primera vez que se descubrieron los penes, fue en ese juego de luchitas en el interior del cuarto de César Emanuel, en visita de Parcemón con su madre a su casa, “muelitas” siempre usaba trusas amplias de fácil deslizamiento en el cuerpo debido a tallas regaladas de otros niños de las casas en donde su humilde madre sobrevivía lavando ropa ajena, muchas veces daba por perdidas las prendas para así ahorrar la compra de ropa a su hijo, mientras “muelitas” se vestía con la voluntad de la gente, esa era la real pobreza de ese niño no tan agraciado de rostro pero a cambio tenía bonito el culito voluminoso y suave, recordaba los primeros tocamientos del culo cuando metía las manos por dentro del short y así le iba deslizando por los muslos y piernas hasta caer en los tobillos, Parcemón también se bajaba el short mostrándose el pene erecto con pelusita y así venían después los abrazos de caderas para se den de frotes los penes, las primeras veces el niño se limitaba ser pasivo, miraba esos movimientos y de cuando en cuando en cada encuentro ya le iba gustando esos “jueguitos” como le decía Parcemón al nene agregando el “no debes decirlo, es nuestro secreto”, debido a su diferencia de edad, César Emanuel se dejaba llevar por el liderazgo y las “enseñanzas” de Parcemón, así, de a poco, Parcemón motivaba la metamorfosis del pequeño, ahora que continuaba lamiendo y chupándole el culo estaban solos en el cuarto, sus madres habían salido de compra, el hermanito de Parcemón dormía plácidamente en una cuna regalada por la ama de llaves de la casa en donde trabajaba su madre, que a veces con la madre de muelitas frecuentaban los bailes y fiestas populares, esta sería una de aquellas noches en que pasada la medianoche llegaban muy “alegres” y se mostraba la “satisfacción”, sobre todo en la madre de Parcemón, la vecina le había pedido a Parcemón de favor el cuidado para con su hijo César Emanuel, así, tendría todo ese tiempo de la noche para “jugar” aquello, ahora, este rato Parcemón respiraba mientras tallaba su cara en el culo del pequeño ”¡qué bien hueles a culo delicioso!”, comprobaba en ese momento que su lengua estaba probando su ojete en toda su plenitud haciéndole delirar más de lo acostumbrado, si, porque en cada encuentro a solas Parcemón se esmeraba en enseñarle más posturas de las que había aprendido de su iniciador Eliazar Emigdio, así era como “muelitas” aprendía más de sexo, se estaba acostumbrando al desarrollo de su metamorfosis, Parcemón, nacido en febrero de 1954, hijo de Estela y del difunto Euclides fue hermano del difunto Hermes quien se ahogó al ver hacer el sexo de Estela su madre con un personaje muy conocido para él, en ese momento Parcemón pasaba la punta de lengua en firme subiendo y bajándola por toda la raja de ese delicioso culo de muelitas, lo hacía de arriba a abajo, haciendo movimientos con sus labios de succión exactamente en la entrada del ano y comenzaba a picar y puntear con su lengua y fue en ese momento que comienza a apretar con las manos las sábanas, debido a que comenzaba a sentir de nuevo esa sensación que ya había sentido tiempo atrás en cada encuentro, sólo que ahora se sentía más especial, un poco distinta, se podría decir que para “muelitas” era deliciosa, de súbito se notaba el sentir de que se expulsaban unos gemidos involuntarios, por lo que “muelitas” sentía en el culo, emocionado Parcemón con su boca y lengua comenzó a deslizarse por toda la espalda, desde el coxis hasta llegar al cuello donde le besaba repetidamente diciéndole “¡de todo esto que hicimos te acordarás de mi siempre!”, “¡siempre!” “¡mi amor!”, “¡mi amor!” esa declaración de Parcemón no se la esperaba “muelitas”, se dejó besar de nuevo la espalda, y se concentraba en continuar chupándole el culo y ya para ese entonces continuaba gimiendo y  gimiendo, él hablaba y le comía el culo, hablaba y le comía el culo. Por lapsos de tiempo el pequeño  no ponía atención a lo que le decía, sus sentidos solo se concentraban en lo delicioso que se sentía que ese hombre estuviera lamiendo, succionando, besando el ojete y las pompis, succionaba y se las mordía, estaba concentrándose en su culo, el ambiente y la soledad del cuarto donde estaban se daba para hacerlo con calma, Parcemón disfrutaba de chupar y lamer el culo del nene mientras éste gemía y jadeaba a ojos cerrados lo que estuvieron por varios minutos, me puso en varias posiciones que sabía y le habían enseñado, le puso al niño “muelitas” en 4 y se lo mamaba, le hizo que se siente sobre su pecho así sentía el culo humedecido de saliva, luego el culo se fue deslizando hasta su cara y de nuevo lo mamaba, tiempo después le acostó en la cama boca arriba, le agarra las piernas de esa forma es que las levantaba y las hizo tocar hasta la carita de “muelitas” y ya para ese momento se preparaba para mamarle, Parcemón se había obsesionado con ese culo, mamándolo en todas las posiciones posibles que a su corta edad de seis años y un mes de vida ya sabía, solo se lo mamaba, acto seguido intentaba meterle los dedos ensalivados pero el niño rechazaba con bruscos movimientos de no estarse tranquilo, deseaba cogerle esa noche era especial, deseaba ir más allá de lo cotidiano en sus encuentros, días antes se había visto su pene, a sus trece años se lo veía que estaba grueso, crecido en la erección, eso le gustaba, se estaba pareciendo al de Eliazar Emigdio, se lo había dado a notar esa vez en el cuarto hace un par de semanas, veía su glande que se movía al viento cual si fuese un péndulo, y de esa manera cerrando los ojos su mente asociaba ese glande siendo metido en el culo de “muelitas”, es as{i como entonces días atrás se lo había propuesto cuando estando a solas en cuarto se desnudaba y se veía ese pene en forma de mástil de carne, latente, venoso y de glande rojizo brilloso cuyo color pasaba a ser amoratado de tanto manoseo, ahora Parcemón abría sus ojos a la realidad, continuaba tocando los glúteos y de dedicaba a seguir mamándole el culo, de nuevo hacía pausa e intentaba meterle el dedo meñique en ese ojete pero César Emanuel se movía inquieto sintiendo algo de molestia, y así Parcemón sabía que estaba tan cerrado que no había manera de que entre ese dedo meñique sólo con saliva, fue en ese momento que se detuvo, le da masajes en las pompis dándole mordidas suaves, “¡Qué culo tan delicioso estoy probando!”, con su dedo sobaba la raja del culito, luego la lengua se deslizaba por el coxis haciéndole temblar, sintió que se le abrían los glúteos, luego algo húmedo en la rajita, “¡ahora vas a sentir rico!” el glande erecto ensalivado iba punteando, abriendo los glúteos, al principio el niño pujaba ante sentir que el glande iba entrando, “¡quieto!”, “¡quieto!”, una mano se apoyaba en la espalda del niño y otra tenía tomado el pene erecto dirigiéndole a penetrar ese culito, empujaba despacio y sacaba del culo, “¡ah!”, “¡ya!” ,“¡ah!”,“¡ya!”, de nuevo empujaba y de nuevo le iba sacando, “¡ah!”,“¡ya!”,“¡ah!”, así iba disfrutando su pene de rozar ese culito, disfrutaba al deslizarlo por esa piel suave y deliciosa de “muelitas”, cerraba los ojos y mordía los labios cuando dejaba el glande entre los glúteos, empujaba otro poquito y le hacía gemir y pujar, “¡tranquilo!”, “¡quieto!”, “¡quieto!”, “¡deja!”, “¡deja!” algo metió pero era difícil seguir, el niño empezaba a chillar, así que Parcemón detuvo su intento de penetrar más, “¡eres nervioso para la varilla!”, “¡te dije que te estuvieses quieto!”, algo contrariado se detuvo, quedó así con el pene suspendido en el aire como péndulo rozando con la punta la piel del culo de César Emanuel, le palmeaba los glúteos, “¡anda!” le decía con orden “¡vírate!”, “¡vírate!”, lentamente el niño giraba sobre la cama, una sonrisa salió del rostro de Parcemón viendo a ese niño desnudo con su penecito algo tieso, le toma con las manos y le masturba haciéndole sacar suspiros a ese nene que miraba a su penecito lampiño que iba poniéndose tieso con el movimiento de manos, miraba lo sentado que estaba Parcemón en la cama con su pene erecto descansando sobre la sabana, ese era el trozo de carne que instantes anteriores le hacía furor al culito, Parcemón puso a levantar una pierna del niño sobre su hombro, la besaba en los muslos “¡qué piel tan suave tienes mi amor!”, luego la otra pierna que también le besaba, luego le inclinaba, “muelitas” estaba atento a esos movimientos de manos de Parcemón, apegaba el pene en la entrada del culito “¡ahora verás lo bien que se siente!” el glande empezaba a puntear de nuevo, le tenía bien sujeto, el pene iba moviéndose así adelante y atrás, adelante y atrás, ese era el movimiento lento, Parcemón recordaba las palabras que le decía de Eliazar Emigdio cuando lo cogía en aquellos primeros encuentros y cuando lo desvirgó “¡déjate llevar!” “¡juguemos!” “¡te lo voy a hacer con amor!” “¡juguemos!”, ahora se lo decía a César Emanuel, el niño miraba la cara de satisfacción de ese muchacho que a ojos cerrados mordía los labios “¡qué rico culo tienes!” “¡qué rico!” “¡qué rico!” el nene empezaba a sentir molestia en el culo y se movía instintivamente por sentir dolor, el glande punteaba y se deslizaba, punteaba y se deslizaba, así se iniciaba deslizándose despacio, Parcemón hizo un alto dejándose ver el pene que se movía suspendido al aire como un péndulo con gruesa cabeza de glande, “¡mira!”, “¡mira!”, la mirada del niño  estaba fija y muy atenta en ese pene, “¡le gusta tu cuevita!” “¡quiere entrar!” así es que de nuevo el glande rozaba la rajita de arriba abajo, César Emanuel se encontraba sujeto de caderas con sus pies al viento agitándose, suspiraba diciéndole al niño “¡sòlo la puntita!” “¡sólo la puntita mi amor!” “¡sólo la puntita!”, el niño gemía, ya bufaba y pujaba mucho  “¡ya no!” “¡ya no!” “¡me duele!” “¡deja!” “¡deja!” “¡me duele!” la tibieza del glande punteaba el ano, lo iba abriendo de a poco tratando de romper el esfínter pero era bien cerradito el culito de “muelitas” y asì ese niño empezaba a chillar por el dolor, estaba experimentando su inicial metamorfosis, esos quejidos y lamentos se incrementaban y de inmediato Parcemón detuv el movimiento de pelvis, le hizo gestos al niño a que haga silencio, las miradas se posaron en Donato Edmundo nacido en mayo de 1962,  el hermano de Parcemón que continuaba dormido, Parcemòn dejaba que caiga a la cama los pies descalzos del cuerpo desnudo de “muelitas”, por unos instantes se vieron los penes, Parcemón se agitaba el suyo sonriente, sentía un adormecimiento indescriptible a manera de sensación en su espina dorsal llegando a la base del cerebro, le entraba el gustito, instintivamente como que algo le decìa que iba a pasar, traga saliva, “¡vìrate Cèsar!” el niño asustado le pregunta “¿Qué vas a hacer?” sonriente le dice “¡nada!” “¡no te va a pasar nada!” el niño temeroso no querìa obedecer, “¡No, parcemòn, me vas a hacer doler!” el muchacho le acaricia el pelo, “¡no, mi niño!” “¡ya no!” “¡sòlo juguemos y durmamos!”, la voz suave iba convenciendo a Cèsar Emanuel, de esa forma fue lentamente viràndose acostandose de cara al colchòn, puso su carita sobre las manitos, ya para esa hora la penumbra de la habitaciòn ayudaba a hacer cautelosamente ese “jueguito”  como le refería Parcemón al niño, “¡eso!” “¡asì!” “¡acuestate!” empezaba a besrale la espalda y el cuello “¡me gustas mucho!” se relajaba con el roce de los dedos por la espina dorsal, “¡eres mi mujer!” “¡mujer!” esas frases como que las habìa escuchado antes, recordaba, recordaba, recordaba, sì, en aquellas noches en que los “amigos” de su madre la visitaban y se escuchaban precisamente a estas horas cuando se levantaba a pegar sus orejas en la pared de biombo de madera en donde ademàs escuchaba gemidos y la inconfundible mecida de cama en donde chirriaban los resortes dejandole martillada en su mente esos sonidos, Parcemòn con esas frases de nuevo le hacìan recordar eso, lentamente sintiò el cuerpo de Parcemòn sobre el suyo, la cara se posaba sobre el pelo del niño en donde en su cabello recibìa los golpes de aliento de respiraciòn, lentamente sentìa vibrar su piel de gallina al sentir el esao de la humedecida lengua por su cuello, “¡eres mi mujer!” “¡no lo olvides!” “¡este serà nuestro secreto!” “¡que eres mi mujer!” “¡no deben saberlo!” “¡eres mi mujer!” sintiò el roce del pene de Parcemòn sobre su culo “¡soy tu marido!” “¡juguemos!” “¡juguemos!” mientras hablaba a ojos cerrados le besaba apasionadamente el pelo lacio, “¡asì!” “¡te estoy cogiendo!” “¡soy tu marido!” el niño sentìa el roce, de pronro de reojo vio que con una mano Parcemòn cubrìa los cuerpos con la sàbana, sólo se dejaba ver los pies salidos del borde de la sabana, los de Parcemòn estaban màs sobresalidos y estaban encima de los pies de “muelitas”, se rozaban, los de Parcemòn se alzaban y bajaban un poco, en la sàbana se dibujaba el movimiento de alzar y bajar el culo de Parcemón, las caderas se movìan de igual modo, se sentìa el grueso pene bien tieso deslizandose entre los glùteos, acercaba sus labios a las orejas del niño “¡ves!” “¡te lo estoy haciendo con amor!” le pasaba la lengua por las paredes de la lengua llegando al cuello “¡como el marido a su mujer!” los movimeintos se hicieron màs seguidos la cama chirriaba, Parcemòn empezò a tener un gustito especial en su cuerpo, era algo indescriptible por ser la primera vez, del filo de la sabana se veia descubierto el rostro de Parcemón encima de la cabeza de Cèsar Emanuel que mostraba un rostro de resignaciòn a ojoa cerrados mientras él se le movìa encima de su cuerpo, la sàbana describìa el movimeinto de alzar y bajar a la vez que los pies de encima se deslizaban sobre los que estaban debajo, “¡te estoy haciendo mi mujer!” “¡mi mujer!”, el gustito indescriptible se aparecìa en el cuerpo de Parcemón que continuaba jadeando d eplacer “¡tu cuo es mìo porque eres mi mujer!” “¡tu culo es mìo!” “¡mìo!” se movía más rápidamente, se alzaba un poco haciendo que la sábana se deslice sobre su cuerpo, con una mano se volvía a deslizar la sábana subiendola un poco, “¡eres mi mujer!” volvía a moverse con el pene deslizandole por el culo, la sábana los cubría, a travès de la luz venida de la calle miraba hacia la cama donde estaba profundamente dormido su hermano, pasivamente Cèsar Emanuel recibía esos deslices de pene, la cadera de Parcemón se alzaba y bajaba a un ritmo cada vez más creciente y esto hacía que suenen los resortes de la cama, otra vez le venía el gustito, se sentía extraño, estaba experimentando ese gustito latente y hormigueo de la espina dorsal hasta base del cerebro como una experiencia muy única, se estaba dando su desarrollo sexual, así su cuerpo mostraba su manera de sentir de una forma fisiológica y emocional,  estaba en la etapa de la excitación sexual, comienza cuando el cerebro recibe estímulos de sentir el roce del pene en el culo, así entonces es que se provocan la liberación de neurotransmisores y hormonas por lo caliente que estaba, su cara estaba rojiza a causa del aumento del flujo sanguíneo hacia los genitales, lo que ha sido provocado por la erección del pene y la fricción del pene en el culo continúan aumentando su excitación, los ojos los cerraba, poco a poco iba a encontrarse en el punto de no retorno, lo que se conoce como la sensación de «lluvia» esto a causa del aumento de su excitación lo que daba a gemir y jadear, así, sus manos buscan las manitos de “muelitas”, entrelaza los dedos, su gustito aumenta, y es en ese momento en que por vez primera Parcemón tardíamente siente que la eyaculación es inminente, le viene una sensación intensa de placer que precede la eyaculación, es en este momento que el cuerpo de Parcemón experimenta sobre el cuerpo de César Emanuel lo que se conoce como “emisión”, donde los espermatozoides y el fluido seminal se trasladan de los testículos a la uretra, justo antes de ser expulsados, así, Parcemón siente un leve latido en su pene, para ser  más preciso en su tronco, Parcemón siente que escasamente  tiene el control completo sobre este momento, experimenta en la espina dorsal una  respuesta involuntaria que va influenciada por la excitación y la estimulación de oler el cuerpo de César Emanuel, de pronto, por vez primera siente la salida por el glande de un líquido blanco, eran sus primeros espermatozoides que son expulsados a través de la uretra y fuera del pene haciendo evidente el corrido del líquido sobre el culo del niño, esto ya sucede debido a una serie de contracciones musculares que involucran los músculos de la pelvis y los conductos deferentes, así como la glándula prostática, su eyaculación en sí dura unos pocos segundos, y de sólo quedarse quietecito encima de César Emanuel su cuerpo y su pene erecto ya está acompañada de un gran nivel de placer físico y emocional, fue algo rápida la eyaculación primera de Parcemón sobre ese culito, se sentía la humedad del semen salido entre el glande y la piel de los glúteos, la primera eyaculación no ocurría de manera tan controlada pero esto fue completamente normal, así que se quedaba quieto sobre el cuerpo de “muelitas”, tragaba saliva, olía el pelo del niño, “¡qué rico cómo te dejas coger!” le dio un beso en la nuca “¡eres maravilloso!” “¡maravilloso!” esas palabras le decía Eliazar Emigdio y que ahora se as decía a César Emanuel, continuaba besándole, Parcemón experimentaba en su cuerpo una fase de relajación llamada refractaria, en la que el pene pierde su erección y la excitación disminuye, por eso aquí al sentirse relajado la nariz se deslizaba sobre el pelo “¡hueles rico mi niño bello!” “¡ya te hice mi mujer!”, Parcemón con su primera eyaculación durante el sexo venía acompañada por una serie de sensaciones y emociones como nerviosismo, vergüenza, excitación, y a rato al sentir su pene flácido le vino incluso cierta incertidumbre sobre el desempeño sexual, la sensación de hormigueo en la base del cerebro se iba disminuyendo pero se mantenía su elevada temperatura corporal, para ser la primera experiencia de eyaculación fue normal al no ser tan perfecta, ya vendrían otras en donde el temor y el recelo se diluirán para gozar plenamente, con el tiempo Parcemón entenderá que el sexo es una experiencia que se aprende con el tiempo, a medida que se adquiere más confianza y conocimiento del cuerpo propio y del de su amiguito que seguía quietecito pero extrañado ya que sentía algo húmedo en la piel de su culo y parte de su espalda, extrañado quiso moverse pero le impedía el peso del cuerpo de Parcemón, el choque de la respiración en la nuca le hacía quedarse quieto, “¡tranquilo mi amor!”, “¡ya acabamos de jugar!” “¡eres mi mujer ahora!” el niño con su carita pegada al colchón vio que la sábana se deslizaba, a la vez daba cuenta del roce de su mejilla provocada por la mejilla de Parcemón, “¡ya eres mío de nuevo!”, “¡tu culo es mío!”, le daba besos en la mejilla siguiendo acostado sobre César Emanuel, le decía al pequeño “¡eres mi mujer!” “¡este culo es mío!”, sintió una mano de Parcemón que pasaba por uno de los glúteos dándole unas suaves palmaditas como se las daba Eliazar Emigdio cuando le dejaba el semen dentro del culo “¡no lo olvides!” “¡somos marido y mujer!” “¡guardemos nuestro secreto!” le besaba el pelo mientras la mano hacía suaves círculos con la yema de los dedos  “¡no lo olvides!” “¡no deben saber que yo soy tu marido y tú eres mi mujer!” “¡no deben saberlo!” “¡nadie!” “¡nadie!” alzaba la cadera y así al mismo tiempo la sábana se deslizaba y luego bajaba la cadera, pese a decirle todo eso al pequeño que tenía debajo de su cuerpo en su interior sentía una extrañeza, aún sentía algo de hormigueo en su cuerpo, sentía ese líquido en la punta y tronco del pene, se sentía aún algo raro en sí, posaba su mejilla sobre el pelo del niño arqueándose un poco con su pene sobre el glúteo del nene, miraba hacia la cama de su hermano aún dormido profundamente, afortunadamente los chillidos de Cesar Emanuel y los chirridos de la cama no lo habían despertado, dio cuenta de aquello y de esa manera deslizó la sábana para ver a través de la luz venida de la calle ese líquido sobre la espalda y glúteos de César Emanuel, con un dedo recogía parte del semen, lo vio a trasluz el dedo índice y pulgar mostraban el estiramiento del líquido seminal, se lo llevó a la nariz, era el mismo que le dejaba Eliazar Emigdio cuando terminaba de penetrarle, la misma textura, el mismo olor, sonrió, algo extrañado pero sonreía, “¡huele!” le dijo al pequeño acercando los dos humedecidos dedos con semen, aún estaba acostado sobre “muelitas”, recordaba las palabras de Eliazar Emigdio “¡aquí está la prueba del juego que hicimos!” “¡recuerda, es nuestro secreto!”, lentamente se apartaba del niño, toma la sábana con precaución para que no se manche de semen, la lanza al piso a un extremo, al ponerse en pie junto a la cama se miraba lo humedecido de su barriga y el flácido pene humedecido de semen de tronco, testículos y glande, “¡mírale!” le reía agitando el pene, “¡éste te hace sentir que eres mi mujer!” el nene miraba esos movimientos de pene, su carita se apoyaba en sus manitos juntas sobre el colchón, “¡no te olvides de quien te hace una hembrita!” “¡éste te hace ser mi mujer!”, lo agitaba más rápido “¡mi mujer!”, “¡mi mujer!”, lo seguía agitando “¡soy tu marido!”, “¡no lo olvides!” “¡soy tu marido!”, pasó la mano por sus piernas llegando a hacer movimientos circulares por los glúteos y el dedo índice se deslizaba por la rajita haciéndole en algo mover al pequeño, le dio unas palmaditas, “¡buen chico!” “¡qué bien te portaste!” “¡tendrás tu premio!” el nene se limitaba a escuchar lo que le decía, “¡no te muevas!” “¡voy a ver con qué limpiarte!” “¡no hagas ruido o se despierta!” “¡quédate quieto, ya regreso!” jocosamente le dio un beso en los glúteos, rápidamente salió del cuarto, se escuchó el sonar suave de la puerta que se cerraba, en cuanto Parcemón sale, César Emanuel se quedó acostado en la cama, estaba completamente desnudo, y algo cansado de tanto placer, agitada estaba su respiración, mostraba un rostro de muy pensativo al haber probado sexo de tantas posiciones, esa noche había aprendido más que de otros encuentros, instintivamente se llevaba la mano a su penecito lampiño, suspiraba, le hacía caso a Parcemón al no moverse, el tiempo de estar a solas se daba para aquello, en su rostro se podía ver que tenía una sonrisa inmensa en la cara, se tocaba las tetillas haciendo círculos con las yemas de sus dedos, que también eran algo grandes, César Emanuel nunca dejará de tener presente en su mente el siempre recuerdo de aquella sensación vivida en esa cama que la miraba con mucha atención y pausadamente pasaba las manos por ese colchón, era una sensación extraña, estaba algo relajado, le vino un inesperado de sentido del placer, había ciertos lapsus que recordaba ver a su madre como se sentía sexy al visitar ciertos “amigos” el cuarto de ella, no sabía cómo describirlo, es raro, recordaba todo lo que el señor “amigo” de su madre le había dicho y cómo miraba después a su madre de cómo se sentía sexy, deseado, así ahora se sentía César Emanuel, en realidad se sentía empoderado de alguna manera, gustoso de haberlo hecho, su metamorfosis así se desarrollaba, aunque receloso estaba por esas molestias que el pene de Parcemón le hacía con su pene en su culito cerrado,.estaba pensando en esos sonidos de su cuarto ante la visita cerrada de su madre con sus “amigos” pues a veces la visitaban dos y los gemidos eran más fuertes, pasaron algunos minutos y volvía Parcemón a la habitación con un trapo que le pasó por el cuerpo limpiándole el semen, mientras miraba a su hermanito profundamente dormido, “¡ven muelitas, vamos !” le lleva de la mano hacia la letrina exterior de la casa, había un balde lleno con agua, le hizo acuclillar, sus piecitos descalzos estaban sobre el entablado improvisado de la letrina, lentamente le hizo acuclillar, le hizo pasar jabón en sus manitos para que le limpie el tronco del pene, “¡muy bien lo que haces mi bien!”, “¡eso le hace la mujer al marido!”, “¡así lo vas a hacer!” “¡así!”, la manito continuaba limpiando la jabonadura, “¡ahora tu ponte en cuatro para lavarte el culo!”, en esa posición de perrito le pasaba la mano limpiándole el culito, “¡date vuelta!” el cuerpito giraba, ahora el pene de Parcemón le rozaba las mejillas y los labios, el niño no se movía, “¡vamos, huele de tu culito!” le decía con amplia sonrisa en señal de victoria, el glande pasaba rozando los labios, “¡te gusta!”, “¡lo sé!” “¡porque te quedas mirando con atención cuando lo saco a orinar!”, “¡te gusta verlo!”, “¡te gusta!” le decía rozándole el glande por la garganta, “¡huele!”, “¡vamos!”, “¡huele!”, le pasaba el glande por la boca, jocosamente le dijo: “¡ahora saborea lo de tu culito!” “¡abre la boca como te enseñé!” ante esa orden abrió la boca, el glande ingresa  “¡prueba!” “¡prueba!” lo iba ensalivando, “¡cuidado con tus muelas!” “¡cuidado!” el glande lentamente se deslizaba en su boquita de labios carnudos, esos labios eran en especial lo llamativo de su rostro, se pegaban a la pared del tronco de carne que momentos antes había eyaculado, “¡vamos adentro, mi hermano puede despertar!” al llegar al cuarto se pusieron la ropa, su hermano seguía profundamente dormido, era necesario que estuviesen en la cama pues tal vez no tardarían en llegar las madres, al pasar esos momentos así acostados en la cama cubiertos de la sábana Parcemón no hacía más que pensar en lo que había pasado, sentir esa sensación de eyacular semen por vez primera en el culo de “muelitas”, el sentir a ese niño a su voluntad manoseándole y lo más importante es que se dejaba, lo que muestra el deseo a tan corta edad de que un pene le roce el culito, pensaba en ese culo virginal, se propuso romperle el virgo, pensaba en su movimiento afeminado, su voz, sus besos en esos glúteos, pero ante todo ya estaba por enterado que tenía que sentirlo de nuevo, era delicioso, quería volverlo a sentir, así que lo abrazó por detrás así acostados como estaban de perfil “¿quieres más, mi amor?” “¿quieres seguir jugando mi cielo?” el niño respondía “¡sí, Parcemón!”, “¡pero no me hagas doler!”, victorioso le acariciaba el pelo y le daba besos en las mejillas, “¡ya, mi cielo!” “¡ya!”, “¡entendido!”, así levantó la pierna cubierta de la sabana y la apoyaba en la cadera del niño haciendo acercarse más, allí se deslizaba el short saliendo el pene erecto, le deslizaba el short a Cesar Emanuel mostrándose la raja del culito por donde lo deslizaba al glande, le abrazó sujetándole, la penumbra del cuarto reflejado en parte por el halo de luz de la calle hacía intimo el momento, lo tenía bien sujeto al niño, al oído le decía, “¡eres mío muelitas!” “¡qué rico como te estoy cogiendo!” “¡te gusta!” “¡picarón!” “¡te gusta!” el niño sonreía, en verdad le gustaba sentir el paso de ese pene por la rajita de su culito, mientras le rozaba el pene sus mejillas se juntaban arqueándose un poco para besarle, de pronto sintieron voces conocidas para el sorprendido Parcemón, “¡pásate a la otra cama!” “¡acuéstate con mi hermanito!” muy veloz César Emanuel hizo caso metiéndose entre las sábanas de la otra cama, “¡hazte el dormido!” “¡rápido que ya mismo entran para llevarte!”, “¡estaba atento!”, de pronto hubo un silencio, prudentemente caminó despacio descalzo, entreabrió la puerta y vio a su madre arrimada al sillón a piernas abiertas viendo el movimiento de caderas y culo de ese hombre visitante que le daba pene a su madre, quiso reaccionar pero se detuvo antes de tiempo, al escuchar decir a su madre a ese hombre “¡quiero otro hijo tuyo, mi amor!”, “¡que sea muy parecido a nuestro hijo!” hicieron un silencio para besarse, “¡sí!”, “¡quiero darte otro hijo!” “¡que sea como nuestro Donato Edmundo!”, “¡que sea así de parecido a nuestro hijo!” “¡a nuestro Donato Edmundo!”, Parcemón vio que se trataba de Eliazar Emigdio quien le daba penetraciones a su madre que estaba mareada por el alcohol, la tenía bien prendida a su ser, bien sujeta a su pelvis y ella correspondía, “¡nunca he dejado de amarte!”, “¡nunca, mi Eliazar!”, “¡mi Eliazar!”, “¡eres el hombre de mi vida!”, “¡difícil el poder olvidarte!” respiró hondo “¿cómo poder olvidarte?” “¡si me engendraste un hijo hermoso!” “¡te amo!” “¡eres el hombre a quien yo he amado más que a mi vida!” “¡a ti he amado más!” “¡significas mucho en mida y en la de nuestro hijo!” “¡te amo Eliazar!” “¡te amo!” “¡siempre te recuerdo en cada cosa!” “¡siempre te extraño desnuda en mi cama!” “¡oh, mi amor!”, “¡te amo!”, “¡te amo!”, para Parcemón era muy triste escuchar aquello salido de los labios de su madre y a la vez muy decepcionante apreciar todavía más triste que su madre revelaba el origen de su hermano menor, pensaba que ese niño era hijo biológico de su difunto padre, que eran hermanos de padre y madre, pero no era así, ahora entendía que no lo era, tras aquellas revelaciones, ahora entendía el porqué de tantos regalos a su hermanito y el porqué del regalo y parte de comprar de esa casa, “¡bueno, me voy querida!” “¿ya te vas?”, “¿ni siquiera pasas a ver a tu hijo?” el escuchar eso le dolió más a Parcemón, increíble, se enteraba ahora que el hombre quien le desvirgó es el padre de su ahora medio hermano, no lo podía creer, razonaba diciendo que a buenas cuentas ese pene de Eliazar Emigdio lo disfrutaba madre e hijo, estaba devastado, tembloroso, vio que se acercaban a la puerta, corrió a meterse en su cama, “¡mira, allí está!” el sorprendido visitante preguntaba “¿quién es ese niño que duerme con él?” ella titubeó un poco luego dijo con calma “¡es el hijo de la vecina!” “¡encargó para cuidarle!”, “¡sólo por esta noche!”, sin decir más acariciaron el pelo del niño, “¡mira, va creciendo y se parece a ti!” la abrazaba con dulzura viendo al niño profundamente dormido “¡sí!”, “¡me doy cuenta!” ella le acaricia el pelo  “¡es el recuerdo de nuestros encuentros de amor!”, los vio así abrazados, estaban mareados, “¡es tan hermoso!”, “¡es tu hijo Eliazar!”, “¡nuestro hijo!”, la abrazaba con cierta dejadez que de pronto Parcemón notaba cierto alejamiento “¡vamos querida!”, le dio un beso en la frente “¡descansa mi precioso!”, “¡te veré pronto!”, César Emanuel que estaba consciente a ojos cerrados escuchaba ese diálogo, se escuchaba el cerrar de la puerta, y luego escuchaba un llanto que venía de la cama de Parcemón, daba golpes de puños en el colchón, quería mucho a su difunto padre y o era justo que su madre le hubiese hecho esa traición precisamente con aquel quien lo había desvirgado, ver a su hermano sería de forma diferente, era el hijo de quien le había dado su virginidad, se resistía a entender que su hermano no era hijo de su padre, en definitiva, lo que había sido un placer al principio ahora era al final una lamentable realidad, su actitud cambiará como así lo será el resto de su vida.

 FIN DEL DUCENTÉSIMO SEPTUAGÉSIMO SEGUNDO EPISODIO.

40 Lecturas/28 noviembre, 2025/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: amigos, hermano, hermanos, madre, militar, navidad, padre, sexo
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Esclavo de una menor. Parte 2
Mi historia capituló II
Venta de niñas en Oaxaca
el maestro de musica
Kim: Mi primita… Mi putita (I)
La última con mi primo al lado de su hermano dormido
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar Relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.301)
  • Dominación Hombres (3.921)
  • Dominación Mujeres (2.910)
  • Fantasías / Parodias (3.138)
  • Fetichismo (2.597)
  • Gays (21.737)
  • Heterosexual (7.995)
  • Incestos en Familia (17.773)
  • Infidelidad (4.415)
  • Intercambios / Trios (3.064)
  • Lesbiana (1.133)
  • Masturbacion Femenina (921)
  • Masturbacion Masculina (1.809)
  • Orgias (1.990)
  • Sado Bondage Hombre (443)
  • Sado Bondage Mujer (174)
  • Sexo con Madur@s (4.134)
  • Sexo Virtual (251)
  • Travestis / Transexuales (2.374)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.425)
  • Zoofilia Hombre (2.181)
  • Zoofilia Mujer (1.654)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba