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Dominación Hombres, Gays, Sexo con Madur@s

METAMORFOSIS 280

Reniek.
Aquel muchacho observa con detenimiento ese libro de la época que expresa en sus escritos voluntariamente sus actos, ideas o sentimientos verdaderos, la primera página nos dice en su centro un nombre peculiar, sólo está escrito: “Reniek”, para la siguiente página la lectura empieza así: “Nací en el Cáucaso, cerca del río Belaya, un jueves 28 de julio de 1909, a las 2 de la tarde, (eso me dijeron siendo niño, en mi pasaporte dice otra cosa), poco me acuerdo de ese lugar, lo que si recuerdo y que me dejó marcado de por vida fue que vino la guerra y corríamos cuidando salvar nuestras vidas, recuerdo el lugar rodeado de algunos árboles frondosos, había un río de aguas cristalinas, era tranquilo el lugar, de pronto se escucharon ruidos de aviones con detonaciones, para nuestra desgracia una bomba aérea hizo estragos dentro de nuestro refugio civil en la frontera matando a casi todos los presentes, mi manito salía con desesperación con los dedos arqueados y doblados por debajo de los cuerpos adultos que eran mis padres fallecidos, vi que mis abuelos, tíos, primos y de mis hermanos de crianza fenecieron, desgarré un llanto ensordecedor que fue escuchado por uno de los soldados invasores, ese soldado muy presuroso quiso darme el toque mortal certero con su bayoneta, a punto estuvo pero la mano de uno de sus compañeros combatientes se interpuso al ver mi cuerpo tendido en el suelo junto a los cadáveres, vio mi rostro de niño precioso e inocente que en esa época yo tenía cinco años, caí desfallecido sobre el cuerpo de mis padres así como de otros parientes y adultos, entreabiertos los ojos sólo alcance a ver que el soldado me cubrió con mantas limpiándome la mugre del cuerpo, al día siguiente, con mis manitos de cinco años hacía el hoyo en la tierra para dar sepultura a mis padres, lo hacía con desesperación, un par de soldados me ayudaron y quedaron dos cruces de madera quemada por el fuego de artillería sobre un montículo de piedras en la cresta de una loma de fosa como testigo de aquella desgracia que marcaría mi vida para siempre”, hizo una pausa en su lectura suspirando hondamente, la mirada de Bruno Sebastián estaba atenta a esos escritos “… permanecí muchos días muy pensativo en ese lugar junto a los soldados, un par de semanas después me condujeron a un campo de huérfanos, éramos mal atendidos y vilipendiados, la gran guerra estaba en su apogeo y se podía apreciar huérfanos de muchas edades, pude darme cuenta que aquellos que cumplían 14 años servían para el combate y los entrenaban, los más pequeños hacían las tareas de limpieza y ayudaban en la cocina, recolectaban frutos o leña del bosque, me gustaba hacer las cosas presurosamente bien, lo que me ganaba el beneplácito de los adultos militares y civiles, asimismo me ganaba el recelo de los niños de mayor permanencia en el lugar, aquella fatal medianoche Mirko de trece años uno de los envidiosos se acercó a la cama, me tapó la boca para que hiciera silencio, con la otra mano me fue deslizando el interior dejándose ver entre el claro y oscuro de la noche ese culo de piel blanca suave que tenía, sentí molestia y ardor, el trapo caía y le pedía que duele y que ya no más pero me tapaba la boca ahogándome el grito desgarrador por el dolor que sentía, mis ojos se agrandaron al sentir con mi boca tapada cómo los dedos de mi agresor ingresaban con fuerza sobre mi ano, el doloroso movimiento del meter y sacar duró un par de minutos, suficiente para crear en mí cuerpo aquella metamorfosis…”, esa última palabra leída gustó mucho a Bruno Sebastián en su lectura, ya antes la había escuchado en la escuela, significaba cambio o transformación, “…después me deja quietecito en la cama, me retorcía del dolor en posición fetal, luego con dificultad fui al baño para comprobar mi ano ensangrentado al momento de pujar y sacra excremento, me asusté mucho, aun así tuve fuerzas para superar mi miedo y así me limpié como pude y creo que desde aquella noche con lo que Mirko me hizo ya no sería aquel niño de antes, al principio no entendía lo que pasaba en mi cuerpo, tener esa rara sensación de haber sido desvirgado no podía asimilar con lógica lo que me había pasado, los días siguientes Mirko se mostraba con sorna ante mí, me mostraba el dedo grande de su mano derecha con el que me había penetrado el ano, los amigos del agresor completaban la burla pues les contó seguramente lo que me había hecho ya que empezaron ellos a tratarme como a una hembrita, su envidia e inquina de verme que era el más guapo de ese lugar la desfogaban al manosearme y besarme con violencia por la noche o en algún lugar apartado como cuando íbamos a ducharnos, las noches se hacían incómodas porque Mirko el más feo de los muchachos tenía mucha envidia de mí como persona, así que ya no solamente me dilataba el ano con el dedo sino que empujaba el glande de su pene erecto sodomizándome hasta hacerlo completamente, irónicamente de la incomodidad de su presencia pasó a ser para mí la necesidad de que Mirko me sodomice, ya no esperaban sólo la noche sino también cuando nos adentrábamos en el bosque a recolectar madera para las chimeneas y fogones, dejamos colgada la ropa y desnudos desafiábamos al clima por unos instantes a pleno sol y así era que rodábamos sobre las hojas y pasto seco, él me hizo descubrir sensaciones nuevas que yo no conocía y que a mis seis años mi metamorfosis iba en aumento, yo podía observar en el rostro de Mirko la angustia sumada a la desesperación y al deseo de sentir la penetración de su pene en mis entrañas anales, al dejarme, al voluntariamente entregarle mi cuero eso era lo que más le animaba a seguir penetrándome, ya me acostumbraba a su cuerpo al momento en que me sodomizaba con fuerza, sé que en ese momento de acción Mirko daba oídos sordos a los gemidos salidos de mis labios de más de seis años, en la mente de Mirko estaba su intención de ser el primero en romperme el culo y lo había conseguido así como también en ser su primer –culeón– como dicen aquí en este país de la canela, en cada embiste o penetrada siempre me recordaba que él había sido sin duda el que descubrió mi culo, él había sido el primero en haberme hecho sentir por vez primera cierta angustia y placer con gemidos, pero esto no duró más de algunos meses pues Mirko cumplió catorce años, la edad para la milicia y fue separado del orfanato, sin embargo yo continuaba dejándome sodomizar por otros chicos”, Brunito suspiraba, cada vez estaba más interesado en la lectura, dio vuelta a la página y continuaba leyendo: “Quiso el destino que meses después mi tío Rudolf diera con mi paradero en aquel invierno de 1915, nos fundimos en un fuerte abrazo sumándose a ellos mi tía Mishela, esposa de mi tío Rudolf y sus hijas Andreika de 9 años y Noelisk de casi 6 años, que eran mis primas, viajamos por mar muchos meses alejándonos de la guerra y de la tierra que nos vio nacer, nos esperaba el país de canela en el nuevo mundo, un volver a empezar de la pareja con sus hijas y conmigo que tenía seis años cumplidos, hacer nueva vida  en otra cultura e idiosincrasia, ya al bajar a tierra mi tío Rudolf fue el primero quien demostró su alegría inmensa, era un nuevo estímulo por vivir, principiando por el cambio paulatino de nombres, él se llamaría Rodolfo, mi tía Mishela en Micaela, Andreika en Andreina, Noelisk en Noelia, y yo, Reniek, pasé a llamarme como René, con eso se completaba aquella nueva vida que estaba por comenzar.”, vio algunas hojas rotas que eran faltantes del libro manuscrito, se puso contrariado pues la siguiente página tenía escrito para él una escritura poco convencional para la época, parecía un añejo grabado expresado por: “L & L”, era parte seguramente de la incógnita, sería la narración de dos personajes, se puso más inquieto, sin embrago, con paciencia dio vuelta a la página y se encontró con esta lectura: “Los rayos y truenos no escampaban, cada vez eran más fuertes, Luis había nacido con cierta timidez propia heredada de su madre Andreina y cuando estas tormentas aparecían se llenaba de pavor saliendo de su habitación en búsqueda de su madre para que lo cobije en su regazo o metiéndose en las sábanas entre sus padres, pero hoy no se podía, no estaban, su angustia fue presa del pavor desbordándose el llanto por la impotencia de no tener a sus padres, los llantos se incrementaban hasta tal punto de la tolerancia, de inmediato se abrió la puerta de su habitación infantil, apareció Lastenio con un mechero, encendió la lámpara del cuarto se encontró con la imagen del niño aterrado por las pesadillas y el miedo, Luis estaba arrodillado sobre el colchón de su cama con las manos entrelazadas por los dedos, tembloroso con sudor y tos recurrente por el llanto, constipaba con respiración moderada, sus ojos muy rojos de tanto llorar, el chico se acerca al niño lo sienta al borde de la cama se sienta junto a él diciéndole que pare de llorar porque muy pronto estarán sus padres, esa noticia calmó un poco a Luis, le pasó las manos por los brazos infantiles sudados, decidió que Luis debería quitarse la ropa así que le ayudó, primero le hizo levantar los brazos para sacarle la camisa, luego lo puso en pie desatándole el nudo del pantalón pijama cayendo al suelo, el chico observaba pausadamente cada movimiento que hacía el niño en desvestirse, a Lastenio el color de piel blanca que Luis tenía le llamaba mucho la atención sobre todo al pasarle las manos por el trasero cuando a veces como ahora tocaba desvestirle, su pene se ponía erecto por efecto del roce de sus manos en las nalgas de Luis y cuando sus dedos se ocultaban al pasar por el pelo rubio sedoso de Luis, o al roce de sus dedos por los labios de ese niño blanco hermoso de mirada afligida que ahora necesitaba cariño, Lastenio se sacó la camisa y se la pasó secándole el sudor a Luis por la espalda, pecho, rostro y extremidades, se quitó el pantalón pijama quedando igual que Luis en calzoncillos, Lastenio se sentó en la cama sacándose el pene por entre los espacios de los botones del calzoncillo deslizándose el prepucio dejando ver un glande mulato algo grueso para su edad, lo agitaba a los lados, Luis sabía lo que vendría y le daba como recelo y vergüenza lo que estaba viendo, para tomar confianza Lastenio se levantó tomándolo a Luis de la cintura sentándolo en la cama, la carita de Luis casi rozaba el pene de Lastenio, agitaba el pene, Luis no dejaba de ver agitarse y moverse a ese pene mulato por sus brazos y estómago, con voz baja Lastenio le decía a Luis, vamos Luis, déjate, vamos a jugar como siempre, ahora que no hay nadie lo vamos a hacer mejor, ya no te va a doler, verás que te va a gustar, te voy a enseñar muchas más cosas que te van a gustar tú si quieres, verdad, Luis resignado asintió y se dejó llevar como siempre de las intenciones sexuales de Lastenio, de inmediato le ordenó a Luis que se quite el calzoncillo, lo hizo con poca timidez ya eso era costumbre como la de luego acostarse boca abajo en la cama cerrando sus ojos color miel, posando su carita sobre sus manitos bien cuidadas por ser un niño bien, así era que después sentía el pesado cuerpo de Lastenio acostándose sobre él, luego los roces de ese pene mulato por las nalgas blanquitas y tersas, a continuación su ano aguantaba la penetración delicada que el glande amoratado de Lastenio iba en movimiento pero solo en la entrada del ano limitándose a dilatarle externamente pues consideraba su culito virgen bien cerradito, le decía ql niño que era flojo para la varilla…”, Brunito hizo un alto en la lectura para sonreír, no podía creer que el futuro gran hombre como Luis de niño era muy sensible, continuaba leyendo: “Luis respondía gimiendo y pujando en cada suave movimiento del glande en su ano no podía verse como lo trataba de penetrar de a poco en cada ocasión que tenían de estar así pero sentía el dolor y era ahí cuando se movía instintivamente tratando de quitarse de encima el cuerpo de Lastenio, el mulato entendía que era suficiente y le ordenaba a Luis que se acueste boca arriba, abriendo las piernas blancas de ese niño precioso quedando sus finos piececitos bien cuidados descansando a filo de cama, ahora Lastenio pasaba su pene por los muslos blancos también entre la raya de las nalgas recorriendo los testículos hasta llegar al tronco del pene donde se detenía y luego hacía movimientos en los que Luis podía ver que sus piernas estaban apoyadas en el pecho de Lastenio cuyo pene se movía dejándose ver los pelos negros de la pelvis que rozaban los testículos lampiños de Luis, en esa postura trataba de penetrarlo por el ano nuevamente, el movimiento agitado a los costados de las caderas de Luis hacían incómoda la tarea de penetración pese a que Lastenio le pedía que se quedara quietito, pero Luis se movía por el dolor que trataba de evitar de todos modos, luego caían al colchón las piernas abiertas de Luis, Lastenio seguía agitando su pene con la mano ya bien erecto lo frotaba con el pene lampiño de Luis y mientras eso sucedía los labios de Lastenio buscaban las mejillas del niño para besarlo igual que en su pelo y en su frente, cada vez se sentía que se le venía el gustito por botar el semen y cuando eso sucedía Lastenio exclamaba frotándose la nariz mutuamente con Luis, en esta ocasión se dieron un corto beso apasionado más por parte de Lastenio que luego de un instante se levantó para darse cuenta que su semen había manchado la barriga de Luis, con cuidado lo levantó al niño, quitándole el semen de su cuerpo con su camisa de dormir del pijama, trajo agua para terminar de limpiarlo, viéndose los dos desnudos como estaban empezó Lastenio a hacer tocamientos en el pene de Luis poniéndolo algo erecto, Lastenio se acostó en la cama boca arriba y desde ahí lo llamaba a Luis diciéndole que se acerque con frases como cógeme, tírame, culéame, ven aquí, ven, házmelo, ahora yo soy la mamá y tú eres el papá, el niño sin mucho recelo con algo de seguridad que le daban esas palabras se acostó sobre el cuerpo de Lastenio su pene pequeño rozaba el muslo del chico, Lastenio lo tomaba de las nalgas para ponerlo en posición de que frotasen los penes, después Lastenio se ponía boca abajo para que de igual forma el pequeño Luis rozara su pene en el trasero de Lastenio, Luis veía su pene blanco rozar el trasero mulato de Lastenio, hacía movimientos muy acelerados y es porque eran estimulados con frases de Lastenio que le decía así, métemelo, métemelo, ahora tú eres el papá, así, así rico, rico, papacito, al rato el niño quedaba exhausto de tanto frote que se levantaba de la cama, Lastenio sacaba la bacinilla debajo de la cama y lo acuclillaba a Luis para que orine de esa forma no botaba la gran cantidad de orina al piso, se notaba la cara satisfecha de Luis por lo que había hecho y es que cada vez a él le gustaba más y más, de esa forma iba desapareciendo su recelo de a poco.”, el muchacho nacido el 9 de marzo de 1955 estaba atento a su lectura, hizo pausa, con los dedos se frotaba los ojos, vio la punta del pene sobresalido por la manga del short, sonrió al verle, estaba tieso, deseaba sexo a causa de lo leído, respiró hondo y su mirada fue a esas páginas interesantes manifestándose en ese relato: “Ya había pasado un buen rato de ese acto sexual, Luis que estaba desnudo le dijo que tenía frio y por eso le podía dar más gripa, Lastenio le respondía no te preocupes yo te abrazo por un ratito, con el calor de mi cuerpo verás que no pasa nada, se acostaron entre las sábanas de posición perfil Lastenio estaba detrás de Luis abrazándolo y teniendo los dedos de sus manos entrelazados a las del pequeño Luis, le susurraba a Luis en su oído si le había gustado, el niño asentía con su carita apoyada en los brazos de aquel iniciador, eso hizo que Lastenio le bese el cuello y parte de ese precioso pelo rubio que se unía al sedoso pelo lacio negro del mulato al mismo instante que los dos rozaban sus piernas, se podía ver la de Luis sobre la del mulato, de nuevo el pene de Lastenio estaba erecto, Luis sentía ese bulto que rozaba sus nalgas, le puso boca abajo al niño escupiéndole saliva en su ano como lo había visto hacer a los adultos cuando escondido los veía hacer el amor en el monte alejado del pueblo, lo mismo hizo ensalivando su pene, Luis se dejaba, sintió de nuevo molestia en su ano al ser sodomizado, con sus manitos apretaba con fuerza las sábanas, la carita se ponía rojiza, el chico le decía aguanta, aguanta, aguanta, quiero que entre otro poquito, así, así Luisito mi amor, ya casi, ya casi, pero el anito de Luis no podía soportar la penetrada de ese prominente glande mulato grueso descendiente de afros, y así el niño quería llorar por el dolor que estaba sintiendo, Lastenio una vez más resignado dejaba de hacerlo, temía que el niño le delatase debido a su inocencia, así que se limitaba a estar limpiándole el ano ensalivado con su camisa, siguieron un rato más así desnudos abrazaditos, no soltaba al niño dándole besos y caricias así acostados de perfil, las manos de Lastenio frotaban el pene lampiño de Luis que eso sí le gustaba que también lo haga en sus testículos, así le calmaba al verle al niño poniéndose su piel de gallina, de pronto, se escucha el motor del auto, como un rayo ambos se visten, se asoman a la ventana, el atento  Lastenio le dice a Luis que son sus padres y que se acueste con el secreto bien guardado, el chico corrió a su cuarto por otra camisa mientras la anterior la dejaba en remojo en una bacinilla debajo de su cama ya que al amanecer la iba a lavar sin que nadie se dé cuenta, salió al llamado de Don Guillermo Izaguirre que le preguntaba por la salud de su hijo Luis, el muchacho le respondió sin novedad, la señora Andreina cariñosamente pasó su mano por el hombro del chico agradeciéndole por haberlo cuidado, le dijeron que su hermana y los niños se quedaban a dormir en la estancia de Gustavo, Lastenio pidió permiso y se retiró a su cuarto en la intimidad sintiéndose seguro se corrió el pijama masturbándose el pene recordando las nalgas blancas de Luis, mientras tanto Luis acostado disimulando estar dormido sintió los pasos de sus padres que se acercaban, los labios humedecidos de sus padres besaron la frente del pequeño, el padre lo tomó en peso al niño sobre su hombro llevándolo a su casa contigua a la de sus abuelos donde vivía, el niño vio que lo subían a su cuarto acostándolo en su cama, escuchó que cerraban la puerta y apagaban las luces del mechero, por la ventana miraba Lastenio a Luis que intensamente chupaba su dedo pulgar derecho y con la otra mano rozaba la división de sus nalgas tratando de meterse el dedo índice de la mano a lo que aguantaba su ano, sentía delicioso para luego frotarse el pene con la otra mano, se tocaba la punta del dedo índice con el prepucio del pene hasta olerse la orina que rato anterior había botado, cada vez sus pensamientos eran más determinantes a causa de las emociones vividas con Lastenio, esta declaración me la contó Lastenio a las dos semanas en el establo, me costó 2 pesos, le di a cambio de lo que me dijo el salario de un día, pero valió la pena conocer lo de Luisito, espero que para la próxima Lastenio me cuente más, ahora se marchó pues tiene que dar de comer a los animales.” Brunito Sebastián hizo alto, sus ojos estaban irritados, era una combinación entre ansiedad, sorpresa, admiración y sobre todo necesidad sexual, respiraba hondo y continuó leyendo la siguiente página: “Lastenio llegaba al río llevando más fruta por mandato de la señora Micaela madre de Andreina y Noelia, se estaba bañando con los pequeños y al disimulo dentro del agua le rozaba el dedo gordo del pie entre las nalgas del pequeño Luis que flotando en el agua sobre un tronco volteaba a ver con sonrisa lo que Lastenio le hacía, ambos agarrados del tronco flotaban aguas abajo alejándose mucho y ya viéndose bien a solas río abajo empujaron y se sentaron sobre el tronco en la orilla, los dedos de los pies de Lastenio frotaban desde la rodilla hasta los pies de Luis en señal erótica, llevó sus manos a la entrepierna del pequeño metiéndola por el calzoncillo ambas caras se unieron viendo cómo Lastenio hurgaba dentro de la tela estirada masturbándole el pene a Luis que se reía de lo que le hacía, al ratito Lastenio deslizó su mojado calzoncillo sobre las piernas dejándose ver el pene mulato quinceañero bien tieso corriéndose el prepucio descubriéndose el glande que pasaba de rojo claro a un color amoratado, los ojos de Luis no dejaban de ver tales movimientos, toma la mano de Luis para que la frotase por su pene, de inmediato se detuvieron, luego toma de los hombros al pequeño encorvándolo de pecho sobre el tronco deslizándole el calzoncillo llegando a los tobillos se puso a puntera con el dedo el ano de Luis para luego frotarle el pene entre las nalgas del pequeño Luis, un sentimiento de temor le vino a Lastenio de que los estuvieran viendo, se subieron los calzoncillos corriendo a esconderse por los arboles tupidos con matorrales, ambos chicos corrieron entre los matorrales por la orilla del río aguas abajo hasta llegar a un escondite de árboles caídos cubierto por ramas formando una especie de cueva entre sus uniones, Lastenio ya lo conocía en sus caminatas de pesca y cacería de pájaros, se sentía seguro de la privacidad y lejanía del lugar, por eso juguetonamente empujó a Luis en su interior cayendo de boca sobre la arena, Lastenio se arrodilló a su lado para deslizarle el calzoncillo de baño, Luis miraba la acción riéndose y dejándose, se imaginaba lo que le iba a pasar, puso el calzoncillo a un costado del cuerpo de Luis luego se sacó Lastenio su calzoncillo poniéndolo sobre el de Luis, ya tenía el pene quinceañero muy duro erecto, corrió el prepucio para que su glande pueda actuar frotando el trasero de Luis que gemía al intento de penetración, abrió más las nalgas del nene de seis años, a Lastenio le gustaba sentir la punta de su glande muy próxima a la entrada del tibio ano de Luis, trataba de empujarlo para adentro pero Luis se resistía moviendo su cuerpo a los lados incomodando la tarea de sodomizarlo, Lastenio hacía que su pene roce por entre las nalgas de Luis que eso si le gustaba porque sentía delicioso, Lastenio no paraba de besarle el pelo bajando sus labios besándole las mejillas expulsando su aliento golpeándolo en las orejas de Luis, lamía los filos de la oreja con tanta pasión que buscaba los labios de Luis para besarlo, el pequeño recibía el movimiento de cadera de Lastenio en sus nalgas, al momento Luis se dio cuenta que por su espalda corría un líquido tibio, sobre su cabeza se apoyaba la barbilla de Lastenio que por la nariz expulsaba el aire haciéndole mover el pelo, Lastenio habría su boca para chupar el pelo de Luis, le gustaba pasar sus mejillas por ese pelo húmedo sedoso con olor característico de niño precioso, aún seguía siendo virgen el culo de Luis, tiempo después Se levantaron limpiándose el cuerpo de arena, el primero en salir fue Lastenio viendo a todos lados por si alguien los estaba viendo, no había nadie, de afuera le hizo señas para que Luis salga, en lo que iban caminando por la orilla del río, Lastenio le corrió el calzoncillo a Luis quedando a media nalga descubierta, le iba rozando el dedo en el ano, eso ya le gustaba a Luis, que se dejó doblar sobre una roca oculta de matorrales para que siguiera Lastenio hurgándole la entrada del ano blanco, Lastenio volvió a rozarle el pene mulato esta vez no botó semen pero su glande se puso rojo de tanta frotada lo levantó a Luis y siguieron caminando abrazando Lastenio a Luis que iba cabizbajo permitiendo que Lastenio le metiera la mano por el calzoncillo para manosearle las nalgas, cada vez que lo hacían con el pasar del tiempo al pequeño Luis le gustaba que Lastenio le haga ese tipo de jueguito delicioso”; Brunito se echaba a reír al leer ese contenido, miraba al libro con tanta admiración que se sorprendía cada vez más de lo que iba leyendo, no lo podía creer, respiró hondo y continuó leyendo la siguiente página del libro de confesiones: “A mi mente vinieron los recuerdos de aquella mañana de un domingo en la que me levanté con una terrible fiasca de los tragos de ron que había tomado la noche anterior, sólo tomé un jugo de naranja, en camino a la caballeriza y me encuentro con Lastenio, el deseo sexual de poseerlo me vino al cuerpo a manera de angustia, me vino la ansiedad con presión elevada, agitación del estómago y una pequeña tembladera de emoción, le subí al pequeño delante de su montura y cabalgamos rápidamente con la intención de alejarnos de la estancia, ya seguros de que al cabalgar alguien no podía vernos empecé a manosearle las piernas, el caballo estaba moviéndose lentamente y yo ya estaba abriéndole los botones del pantalón corto de aquel precioso mulatito, con delicadeza le manoseaba el pene y el pequeño se reía por las frotadas de los dedos que yo le hacía, al mismo tiempo en que le besaba el pelo negro con olor típico a niño, era lacio ese pelo del mulato, yo estaba bien excitado por la cantidad de alcohol que aún recorría por mis venas, mi pene quería salirse del pantalón y ya el glande estaba algo mojado con líquido preseminal, desmontamos en un paraje bastante lejano en silencio, el nene miraba los alrededores con mucha tranquilidad, antes no había estado allí me decía, era su primera vez, yo sonreía, miramos que habían unos árboles frondosos rodeados de grandes rocas a la orilla de río y matorrales tupidos, era ideal para que le haga el amor a Lastenio, a toda prisa Lastenio se quitó la ropa mientras le observaba desnudarse, el pequeño se metió al agua, yo me desvestí sentándome sobre la arena abierto de piernas y brazos de cara al sol frotándome el pene de mi piel muy blanca cubierta por mi pantalón ya que poco me exponía al sol, mi pene estaba quedando erecto como mástil, el inquieto de Lastenio se acercó acostándose a mi lado, el travieso me miraba y ya estaba haciendo lo mismo, de poco en poco me fui acostando sobre Lastenio frotándole el pene, dándole besos con lengua, luego corrimos a darnos un chapuzón en el agua, abrazados como estábamos nos decíamos palabras sexuales en el oído, le susurraba para ir a la orilla, Lastenio obedeció y se acostó boca arriba con el pene alzado, el agua brillaba y se deslizaba sobre la piel del cuerpo bonito de ese mulatito, el pequeño se sorprendió al ver acercarme con mi boca cubriéndole  su pene y dándole de lamidas y chupadas, le hice sentir tan rico y fue tanto así que ya gemía, le hice dar vuelta boca abajo, limpié la nalga de la arena que se le había pegado a la piel, ensalivé mi glande y la entrada del ano lubricándolo como siempre con un dedo, Lastenio sentía delicioso el movimiento circular en los exteriores de su ano, en mi mente creía que  esto era especial e iba por más, tanto así que aprisioné el ano mulato con el pene blanco, se podía ver el contraste de ambas pieles unidas, pasó un buen rato con ese frote hasta que de improviso Lastenio sintió más molestia que la acostumbrada, yo estaba decidió a todo, a que ese ano sea desvirgado, empecé sujetándole bien para luego ya estaba empujando medio glande en el ano y de un embiste fuerte y grande metí todo el glande en el ano, la respuesta de Lastenio era dolor desgarrador expresado por los gritos y gemidos, yo ya  estaba tan obsesionado, terminé por romperle el esfínter al mulato, le di un suave mete y saca con la boca tapada, el pequeño lloraba no había soportado en silencio tanto dolor, yo era oídos sordos ya que estaba concentrado con los ojos cerrados sintiendo el placer de penetrar y desvirgar el ano, no niego que me complació ver la sangre en el  glande y resto del pene, recordaba la sodomizada que me hizo Mirko en su niñez, descubrí con esa acción mi  verdadera preferencia sexual, saqué el pene mojado de sangre y semen descansándolo sobre las nalgas de Lastenio que de su ano salía hilitos de sangre y semen, dejó por un tiempo que llore y luego lo calmé limpiándole con el calzoncillo infantil quedando ensangrentado y con semen, lo tendí sobre la roca y luego lo guardé en el morral en la montura como si fuera trofeo de guerra en recuerdo de aquel momento en que Lastenio fue mio en aquel lugar y en aquel maravilloso día, le di caricias al pequeño, sentí  preocupación y culpa por lo hecho, Lastenio sollozaba lentamente, impuse mi autoridad sobre el mulato diciéndole que guardara en secreto lo que le hizo o le iba a ir peor con azotes hasta matarlo, el pequeño intimidado por esas palabras se calmó y se dejó llevar por mi, al poco tiempo quise que montase Lastenio pero éste no aceptaba, me había tenido recelo, con el tiempo logró volver la confianza, yo le  sodomicé a gusto de Lastenio en su cuarto, ese era el lugar en las siestas en que temporalmente Lastenio le visitaba, ahí le enseñó a mamarle el pene, hicieron el 69 y yo me sentía a gusto al tener a mi chico especial, a mi secreto amante, a mi pareja de sexo pleno, lo hacíamos muy pero muy discretamente, recuerdo que el reloj antiguo en su cuarto sonaba apaciblemente que de tantos pensamientos me rendí al sueño en complicidad con el apacible sonido del tic tac, luego de la siesta volví a pensar en lo ocurrido con Lastenio en aquel día, no me cansaré de leer y releer lo que mi sobrinito y yo hemos hecho junto con Lastenio.”, Bruno Sebastián cierra el libro, celebraba haberlo hurtado de la biblioteca de Luis de ese lugar tan especial, pensó cómo lo había hecho antes de que Luis descubra su acción, ahora sale a respirar hondo, está asombrado con la lectura, había pasado mucho tiempo desde que tenía ese libro en su poder y es ahora por casualidad del destino que al mover algunas cosas el libro se abre cayendo a sus pies, como quien tratando de “hablar” sobre su contenido, toma el libro y lo guarda discretamente, no desea que Jasmani ni mucho menos Elena se enteren de aquel contenido, el muchacho se convertía en custodio de aquel secreto de esa honorable familia de terratenientes.

FIN DEL DUCENTÉSIMO OCTOGÉSIMO EPISODIO

7 Lecturas/22 enero, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: amigos, confesiones, hermana, hermanos, mayor, primos, recuerdos, sexo
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