METAMORFOSIS 282
Búsqueda.
Luis en su viaje a la ciudad luz no logra encontrar a su hijo, viajó pues envió muchas cartas a ese remitente y no tuvo respuesta alguna, en su segundo viaje a la capital aprovechó para relacionarse con empresarios que deseaban invertir en las materias primas que ofertaba, la entrada de la nueva década se mostraba más versátil en la tecnología, los encuentros y visitas a las campiñas le ilustraban mucho, fue en una en especial que estuvo viendo la lidia de ganado que ahí conoció a Jean Michel un próspero ganadero de la comarca, muy conservador en el actuar, fue invitado a comer en su estancia, allí le presentó a su única hija, Elise, una mujer muy natural que mostraba su simpleza de vida, Luis notaba el trato rígido hacia la joven, estuvo de huésped tres días, desde el primer momento aprovechaba para conversar con ella, le llamó la atención la juventud de ella, en su regazo tenía marcado a un precioso niño de piel muy blanca de nombre Charles Gustave Éleuthère, nacido el 16 de julio de 1968, para entonces el niño tenía un año y seis meses, Luis preguntó por el padre del niño y ella con tristeza dijo que había muerto, con la mirada puesta en una serie de fotos puestas sobre la chimenea indicaba el lugar preferencial donde se encontraba su retrato, Luis se acerca a ver esa foto con detenimiento, la miraba con calma, comparaba esa foto con el rostro del niño, era extraordinariamente igual a su difunto padre, sólo que… para Luis esa foto le recordaba a alguien, sí, efectivamente, se trataba de alguien conocido, el rostro del niño muy parecido a su padre se parecía a… ella, a su mente le vino la imagen de la esposa de su primo militar, para asegurarse más, le preguntó nuevamente el nombre del niño, “Charles Gustave Éleuthère”, Luis le pregunta a Elise si esos tres nombres eran íntegros del padre del niño y ella con cierta inquietud asentía, en su mente Luis pensaba en los nombres, efectivamente, le hizo una pregunta a ella y le pidió que sea sincera, ya para ese momento Elise estaba inquieta, Luis le preguntó si el padre era extranjero, ella a viva voz y con ojos abiertos dijo que sí, no había duda entonces para Luis, se trataba de alguien conocido, Luis le dijo a Elise que ese niño de rostro muy parecido a su padre también lo era en su abuela de nombre Amanda, la mujer se puso en pie cuando Luis le dijo que ese niño era nieto de un agregado militar extranjero, abraza a su hijo en su pecho y empieza a llorar, más cuando escucha el nombre de Carlos Gustavo Eleuterio, Luis cariñosamente pasó la mano por el pelo sedoso de ese niño que estaba dormido, le dijo que ese niño es… su sobrino nieto, le dijo que es primo del abuelo paterno de ese niño, le pidió para marcarle, caminaron hacia el jardín, irónico, Luis fue en búsqueda de su hijo pero se encontró con su sobrino nieto, hubo un tiempo de pasear por el condado de aquel sector rural, se tomó una foto con el niño, el siguiente tiempo de hospedaje lo dedicó al cuidado del niño, a prudente distancia de Jean Michel pues el difunto padre del niño nunca fue del agrado de él, fue el causante en parte para que no estén juntos, seguramente estuviese vivo ahora, se notaba en el ostro de Elise el resentimiento hacia su padre quien correspondía con recelo, no daba caricias ni atenciones a su nieto, su mujer había muerto hace más de tres años, él dedicado a su negocios no daba atención a su hija, a sus inquietudes juveniles las diluía con un seco trato gélido típico de la cultura conservadora campestre de obediencia, Elise luchó por su amor por encima de la voluntad de su padre, la despedida fue muy sentida, las raíces familiares se extendían a ese lugar, a ese lejano país, a ese lejano continente, Luis tenía que regresar, llevaba evidencia que sería seguramente un bálsamo de vida para su primo y su esposa; lo primero que hizo al llegar al país de la canela fue entrevistarse con su primo Gustavo Adolfo y la esposa Amanda, les explicó detalladamente con fotografías que su difunto hijo vive en ese niño mostrado en la fotos, la más emocionada era Amanda, sabía ahora de la existencia de su nieto, se abrazó a su esposo, en eso aparece la figura del pequeño Ángel Gabriel que estaba feliz viendo a los esposos alegres, se les unió al abrazo, Luis y la familia sabían el origen y situación de ese niño adoptado, sin duda que era muy sensible y cariñoso, Luis lo miraba con mucho detenimiento, fue invitado a comer, en la mesa miraba con atención los movimientos del niño, aprovechó del espacio de jugar con el niño en el jardín, los esposos estaban felices con las vistas de Luis a casa, esa actitud de mayor acercamiento de los esposos con Luis se unía también a la del pequeño, viajaron los primos hacia el pueblo donde estaba ubicada la estancia Buonanote, le dijeron a su abuelo Rodolfo que existía un nuevo miembro en la familia de nombre Charles Gustave Éleuthère, le mostraron la fotografía, se trataba de su tataranieto, el primero en su línea de sangre, el emocionado anciano con mano temblorosa miraba el rostro del pequeño, el anciano nacido en abril de 1879 ahora aproximándose a sus noventa y un años exclamaba con admiración: “tan lejos… pero a la vez… tan cerca”
*******
“El reloj junto con mis pensamientos me hicieron caer en el plácido sueño, los ruidos de los niños y el reflejo solar me despertaron, sobre todo los duros sonidos hechos por la suelas de los zapatos infantiles sobre la escalera chillona de madera fina, abrí mis ojos para verme descubierto de sábanas, era el calor de temporada que solo tenía en calzoncillo, de pronto la puerta chillona de bisagras se abre súbitamente asomándose por el filo de la puerta la carita de mi sobrino Maximiliano, me dijo que estaba jugando al escondite buscando a su hermano Luis, yo con un ceño fuerte le respondí negativamente, el nene entendió y salió solemnemente de mi cuarto, no sé qué pasaba conmigo pero ese niño no me caía bien, me alegré de que ese niño se fuera de la habitación, me quedé acostado pensando en Lastenio, me cogí el pene para manosearlo dentro del calzoncillo, me estaba dando placer de momento, ya después, observo que por debajo de mi cama sobresalían unas manitos estirando las sábanas, me vino un súbito susto que desapareció con calma viendo que por la tela deslizada salía la carita de Luis risueña y algo recelosa, el nene se paró junto al filo de la cama, yo seguía acostado, por segundos nos vimos los rostros, Luisito tenía puesto unos zapatos de cordones con medias alargadas a las rodillas, vestía una camisa a rayas con un pantalón corto sujeto por tirantes estaba muy ajustado a sus caderas mostrándose de talla muy pequeña para la edad de su cuerpito de niño blanco, yo miraba fijamente las líneas onduladas de aquel pantaloncillo atrayéndome lo abultado del penecito que se amoldaba por lo apretado y ajustado de la tela al cuerpo, a mi mente me vino como un flash lo que había presenciado en la ramada cuando descubrí a Lastenio que le frotaba el pene al traserito de Luis, recordaba los relatos sacados con dinero a Lastenio, es que yo aprobaba esa conducta del mulato hacia el niño pues tengo mucho celo y envidia de mis primas Noelia y Andreina, al ver a ese niño inocente con su carita feliz me vino el interés de tocarle, antes no lo hacía por temor a que contase a su madre, pero ahora viéndole así tan abierto me atreví, de inmediato sentí una electricidad en mi cuerpo, era un gran deseo sexual por el niño viéndole sus hermosas líneas corporales infantiles amoldadas en la ropa, pedí a Luis que pusiera seguro a la puerta justificando que así su hermanito Maximiliano no lo encontraría, el obediente niño cerró con sus manitas delicadas esa puerta, yo tragaba saliva, era la primera vez que estábamos así solos, antes este niño no me importaba, ahora, sí, ahora sí, la envidia por mi prima me lleva en parte a eso, lo veía diferente a lo de antes, respiraba hondo, me senté en el filo de la cama con las piernas abiertas, ya mi pene estaba bien erecto cuando le hice gestos a Luisito de que se acercase a mí, las rodillas de Luisito me rozaban los genitales vestidos, suavemente le fui tomando de la espalda colmándole de caricias en las mejillas y en el pelo, era la primera vez que lo hacía con tanta paciencia y con tanta atención, cualquiera pensaría que era cariño el que le estaba dando, Luisito lo pensaba así, pero había algo más en mis caricias, mis manos acariciaban la espalda del pequeño, así que de a poco iba desajustando los tirantes cayendo el pantalón corto de Luisito a los zapatos, miré la carita extrañada de mi sobrino el hijo mayor de mi prima Andreina, yo le decía que tenía una mancha en el pantalón, efectivamente que la tenía y ese era el pretexto para poder verle de mejor manera su cosita que se veía en ese calzoncillo, ahora lo miraba diferente, para mi es de mal gusto hacer tocamientos con algún miembro de mi familia, no me atraían mis sobrinos, en especial Maximiliano que se parecía mucho a su padre, pero viendo en cambio a Luisito, para mi criterio aparentemente él era especial, delicado, sensible, cariñoso, un sobrino ideal, no sé por qué tanto me atraía pues se parecía más a su madre mi prima, por eso el recelo de tocarle, sin embrago estaba de acuerdo con que Lastenio lo tocase, era mi venganza hacia mi prima, no soporto que mi tio me tuviese apartado de su vida, ahora que sé de qué Rodolfo Buonanote no era mi tío sino mi padre verdadero me da más rabia, más celo de mis primas pues ellas se ganaron siempre la atención, yo siempre he estado en segundo plano, pero ahora verle a mi sobrino en mi delante me daba gusto, actuaba ahora sí con él de manera diferente, en esta ocasión estando a solas yo no dejaba de acariciarle por sus costillas, por sus bracitos, por su cabello dándole una sincera sonrisa de confianza al momento de pasarle mi mano por su carita, en su rostro se dibujaba su sonrisa, le hice poner de espaldas a mí, era para ver ese bonito culito definido por la tela suave de ese calzoncillo largo de la década de los treintas que los niños de esa época usaban, le dije que había una mancha detrás, así, le iba deslizando el fino calzoncillo por sus piernas hasta llegar a los tobillos, vi su espaldita, vi su culito por vez primera con sus voluminosas nalguitas, vi sus piernitas bien formadas, luego le dije que diese vuelte para vernos cara a cara, al cruzar mirada se puso rojizo su rostro, en verdad le dije que no tuviese vergüenza al verle con fijación ese penecito gruesito, era la primera vez que lo veía desde otro manera, le dije que estaba bien, que n tuviese vergüenza pues soy su tío y todos los hombres tenemos eso mismo, vi su pelvis lampiña y sus huevitos bien formados, bien alineados a su tronquito de pene, el prepucio estaba arrugado y bien contraído en la punta del pene, con la punta del dedo índice iba rozándole el pajarito, le decía con broma que ya mismo despertaba, el niño miraba su penecito, le dije que se diese vuelta, ahora ya estaba sobándole circularmente los glúteos, me gustaron desde el primer momento que los vi ahora, recordaba en su narraciones de Lastenio que me decía de ese lo estrecho y cerradito de ese traserito que su pene no podía todavía romper y hasta entonces ese era mi deseo que él lo haga, pero ya al ver ese culito empecé a pensar diferente siempre con el recelo de que lo que estaba haciendo tenga consecuencias en que este niño le contase a su madre, ahora vi a Luis que estaba parado y miraba todo muy quietito con los ojos cerrados en señal de gusto que ya le salían risitas, le dije que él era mi sobrino favorito y que no tenga pena por lo estábamos haciendo, simplemente le estaba sacando la ropa para limpiar esas manchitas así su madre no se enoja y evita el castigo, así de obediente era Luis que ahora estaba apoyándose con sus manitos en mis hombros, puso un pie sobre mi muslo para que le saque el zapato y lo mismo le hice con el otro pie, en cada alzada se podía ver el pene descubierto de Luis que lo tenía lampiño y grandecito con sus huevitos al viento moviéndose cuando ahora se sacaba los calcetines desde la rodilla hasta la punta de los pies, me percaté de eso y lo sostuve de las caderas acercándolo a donde yo estaba sentado y ahora le besé el pecho, hice círculos con la punta de mi lengua en esas tetillas, le di cortos besos en esos lugares de su cuerpito de niño bonito, vi en mi delante ese penecito lampiño, aún estaba flácido, me incliné a olérselo y luego a lamérselo, lo chupaba, lo succionaba, me lo metía a la boca así flácido como estaba pero al seguir chupando y lamiendo vi que se iba poniendo tieso como pata de perro muerto, vi su rostro no de sorpresa sino de vergüenza, fui más allá de lo esperado, “¿te gusta Luisito?” “¿te sientes bien?” el niño me muestra una sonrisa forzada en su rostro, sin lugar a dudas sabía de lo que hacíamos, había pasado la línea, con él ahora, suspiré al verle, él también lo hizo al recibir esas sensaciones, vi sus manitos pegadas a su cadera, sonreímos de manera cómplice, el temor se iba diluyendo igual que los recelos, opté por levantarme de la cama, a Luis le tomé de la cintura sentándole en la cama, le hice recostar de espalda al colchón, el pequeño de esa posición me miraba que ahora me deslizaba el calzoncillo mostrándole mi pene grueso peludo, a ambos nos vino por reírnos al momento en que ahora me incliné a acostarme con cuidado sobre él, empecé a frotar el pene de mi sobrinito que desde ya se me hizo de atención especial, él abría las piernas, notaba con eso la experiencia y la veracidad de los hechos narrados por Lastenio al declararme cómo se lo cogía a mi sobrino con mi permiso por rabia a mi prima, le dije al mulato que cuando le rompa el culo a Luisito fuese por el culito de Maximiliano, era el plan, aunque yo me lo cogía a Lastenio, ahora, al pegar nuestras pelvis mi sobrinito Luisito miraba su penecito blanco se cubría con los pelos de mi pene al momento de inclinarme y cubrirle con mi pecho, y que están a la atura de rozarse, con sutileza lo sostuve de las caderas haciéndole esos movimientos circulares, con nuestras pelvis más pegadas, sintieron esos roces, se me sale una indiscreta pregunta al niño, le preguntaba a Luisito si eso le hacía Lastenio, y si le gustaba mucho cuando estaba con él, vi en el rostro de mi sobrino que sintió una repentina sorpresa por las preguntas que le hice, creo que no debí decirle justo en ese momento de placer, ya había pasado la nea del pudor y respeto familiar y ahora salgo a preguntarle eso, pero vi que después de tanto preguntarle no le quedó más que tímidamente asentir levemente sonriendo con dificultad, y ante la contestación de mi sobrino hice que los movimientos de mi pene se incrementaban, rozábamos las narices, mis labios buscaban los suyos para rozarlos y humedecerlos, sorpresivamente en esa postura de yo estar recostado encima de él nos dimos varios piquitos y luego abrimos nuestros labios para darnos besos y de nuevo le pregunté tratando de asegurarme mi respuesta si Lastenio le hacía lo mismo en la boca y el chiquillo muy risueño le decía que sí, ahora le hice que se pusiera de pecho sobre el colchón, contemplaba por un corto momento la posición de Luis, le pregunté que cómo “jugaba” con Lastenio, le dije que me muestre, de esa manera quería comprobar los relatos que me daba Lastenio luego de cogerlo a Luisito, vi que empezaron a moverse esas nalgas blancas sudorosas tan bien definidas, sin duda que esas blancas nalgas eran suaves y deliciosa, luego presencie la respuesta de mi sobrino cuando vi con mucho gusto y atención que Luis las movía a los costados luego con su cintura Luis hacía movimientos para arriba y para abajo como si estuviera con el pene haciéndole el amor al colchón, así daba respuesta a mi pregunta, su inocencia se manifestaba así al escuchar ahora de mis labios si quería “jugar” a lo mismo que el que hacía con Lastenio, le prometí que sería nuestro secreto y que incluso ni Lastenio se enteraba de este “juego que haríamos”, el nene asentía y así ya no esperé a más viendo la calentura de mi sobrino Luisito y le entallé el pene mojado de líquido pre seminal entre las nalgas, cerré mis ojos dibujándose la pasión en mi rostro por tenerlo a ese precioso nene, era la primera vez que mi pene le rozaba, me preguntaba el por qué dejé pasar tanto tiempo al o haberlo hecho antes, yo trataba de meter el glande por el ano del nene, se escuchaban pujes y gemidos por parte de Luis luego me decía que le estaba doliendo mucho, a lo que reacciono sacándole mi pene, le preguntaba si otros chicos le hacían esto y Luis me respondía negativamente y que solo Lastenio se lo hacía, me acosté junto a él, a su lado, le hice poner sobre mi cuerpo para que podamos estar frotándonos los penes, Luis se movía aceleradamente pese a su corta edad ya sabía coger, lo demostraba seguro de que yo no dijese nada y que este “juego” era nuestro secreto, a fin de cuentas noté que el niño tenía un cierto apego conmigo que de muy seguro de hora en adelante se incrementaría, me di cuenta que Lastenio había sido un buen maestro enseñándole bien a Luis en cogidas, le ayudaba a moverse con más pasión tomándole de la cintura, de repente lancé mucho semen que mojaba parte del pene de Luis y su pecho, quedamos quietitos por un instante, ahora sé con seguridad que descubrí en mi sobrinito el gusto por coger y ser cogido, hice del momento aprovechando en besarnos, en ambos hubo entrega, ahora sé que vi en Luis a un ser maravilloso y que le gustaba el sexo, le limpié el semen con mi calzoncillo, me quedé, lo metí debajo del colchón, le di una moneda y el nene se despidió agradecido de mi con un abrazo y besos en las mejillas saliendo muy contento de la habitación, me acosté en la cama, en mi mente bullían los pensamientos de arrepentimiento por lo que había hecho al pequeño Luis, pero ya estaba hecho eso, resignación y consuelo, pues a fin de cuentas, al nene le gustó cuando me lo cogía en todo momento, pensé qué sucedería a futuro.”, Brunito iba comprendiendo la vida de su antes protector en su infancia, seguro estaba que Luis desconocía de saber su verdad, la lluvia golpeaba en el tejado, eran fuertes las corrientes de agua en el suelo, para ese primer sábado de enero de 1970 daba ganas de seguir leyendo, de seguir conociendo año más de la vida de Luis Izaguirre, respiró hondo y volteó la página leyendo: “A distancia prudente de la estancia Lastenio desmontaba su caballo regalo de mi tío Rodolfo por sus servicios y lealtad con el “cuidado” de los niños de la familia, estaba tan distraído en cierto momento que no dio cuenta que mis manos le tapaban los ojos, al voltearse me vio, estábamos a solas, yo había recién llegado a la estancia, pregunté por Noelia y los niños, el empleado mulato me puso al corriente de todo a cambio de dos pesos, en uno de esos impulsos característicos tan míos que lo abracé al muchacho uniendo nuestras frentes, golpeábamos mutuamente nuestras respiraciones tan cerca de sí, nuestras miradas eran mutuamente penetrantes, se nos dibujaba la satisfacción de vernos, se crea dibujándose el deseo en nuestras facciones, mis manos rozaban las mejillas del mulato, acercamos los labios y nos dimos un tierno beso, siento que sus manos y las mías van deslizándose por el tronco, entonces fue allí que metimos nuestras manos y nos tocamos el trasero, nos dijimos que estaban muy ricos, muy suaves, sonreímos y mirando a los lados para confirmar la soledad caminamos presurosos a un rincón de las caballerizas entre el heno y pajilla nos quedamos abrazados continuamos besándonos apasionadamente junto con los manoseos demostrando nuestra ardua pasión, Lastenio vio que mis manos comenzaron a desabrochar el cinturón y desabotonar su camisa, rápidamente comienzo a bajarle el calzoncillo hasta la rodilla, él hizo lo mismo con su ropa, viéndonos así desnudos nuestros penes, me arrodillé detrás de Lastenio, colocando mi pene entre esas nalgas mulatas dando contraste a mi pene de piel blanca, y empecé a sobar, Lastenio se sentía tenso al pene, sentía como se ponía más duro y rozaba su ano produciéndole cosquillas al roce, le decía que rico y suave que lo tenía, le preguntaba si le gustaba, Lastenio a ojos cerrados asentía con la boca abierta emitía un inaudible sí, le encorvó sobre el heno, el glande rosáceo se deslizaba por las nalgas mulatas, el muchacho gemía ante la penetración que sentía, mi pene ya botaba liquido preseminal pegajoso a la altura de la piel de entrada en el ano, haciéndose más resbaloso el sentir el deslizamiento del glande y el tronco del pene en las nalgas, cuando de pronto, la cabeza del glande se posiciono en la entrada haciendo presión, entrando mi cabeza caliente, algo le dolió por ser ese grande muy prominente, le dije que aguante y le dio un golpe en las nalgas para que se afloje la tensión, Lastenio no se movió, sentía que presionaba su ano, se sentía caliente, le volvió a decir que aguante y que no grite, luego de decir eso dejó caer su cuerpo y sintió como entro de un golpe todo o casi todo el pene en sus entrañas, sentía que lo partía, con ardor y dolor, sentía su cuerpo en la espalda, yo me jactaba diciendo que rico culo muy apretador, de inmediato fue que empecé a meter y sacar, Lastenio sentía dolor que fue desapareciendo, sentía mi pene duro como entraba y salía, caliente, muy caliente en su latente ano, en un rato el trasero de Lastenio sentía que mi pene se endurecía más y se engordaba haciéndole bufar al muchacho, su rictus en el rostro era evidente, estaba todo adentro, los testículos rozaban la piel de los glúteos, fue en ese instante que le encorvé más y mi pene entraba y salía con vehemencia haciéndole mover rápidamente las caderas, entonces le dije que mi pene era todo suyo, salió semen alojándose dentro del ano, al sentir el fluido le estimulé a moverse, toma mi leche le digo y empujo al fondo, dejando mi pene dentro del latente traserito, Lastenio sentía como chisguete dentro mi semen caliente producto de tanto viaje, luego fui sacando mi pene aun duro y en ese instante empezó salir su líquido seminal por el ano resbalando por esas nalgas y piernas del mulato, le digo que aún no se mueva, regreso con un trapo, le di para limpiarse, había algo de excremento con ese líquido seminal pegajoso, se limpió y salimos, le digo como siempre que lo que hicieron será el secreto mutuo, Lastenio asentía obediente al escucharle decir que no lo cuente a nadie, salí de la caballeriza a bañarme, a Lastenio le ardía algo, pese a todo, le había gustado, allí quedó pensativo acostado sobre la pajilla, suspiraba constantemente, se vistió y quedó dormido, la lluvia era intensa en el sector; pasaba el tiempo esa misma noche en aquella habitación los rayos de la tormenta reflejaban en la ventana mi figura acostado plácidamente en la cama, sentado sobre mi pene estaba Lastenio que dilataba su ano con movimientos de arriba y abajo como si estuviera cabalgando, Lastenio frotaba las nalgas mulatas que se recostaba hacia atrás en contacto de su espalda con mi pecho para recibir besos en sus mejillas, todo mi pene lo tenía dentro de su ano, se ladeó sin sacárselo hasta ponerse boca abajo, ahora yo estaba encima de su cuerpo haciéndole en el ano el mete y saca hasta dejarle todo mi semen adentro del ano mulato, sin esperar a mucho agitaba mi pene sacándole las últimas gotas de semen mientras Lastenio se limpiaba el ano, estaba recostado a filo de cama y recibía la penetrada de ese pene mulato juvenil que con el tiempo de crecimiento del muchacho de 17 años aumentaba su largo y grosor por lo cual yo estaba muy enamorado recibiendo con placer esa cogida de pene en mi ano, Lastenio estaba en todo su apogeo erótico de delicia sexual que justo cuando iba a botar el semen dentro del ano cometió en un desliz en mencionar quedito el nombre de Luis, al escucharle ese nombre del pequeño Luis salido de sus labios me desmotivé, sentí profundo dolor, el mulato se había enamorado de mi sobrinito el hijo de mi prima Andreina que poco después supe que era mi medio hermana, permití sin embargo de ello de que me dejase el semen dentro de mi ano blanco, mi semblante cambió junto con mi estado de ánimo, así es que llegué a pensar que Lastenio a quien en realidad deseaba con amor y pasión en ese momento era a Luis su sobrino, los sentimientos encontrados revoloteaban mi mente naciéndole el celo y rabia por el pequeño, por prudencia no dije nada a Lastenio, no estaba en condiciones de pelear, mi decepción amorosa hizo bajar la guardia por un tiempo, medité que había llegado muy lejos al permitirle el consejo y permiso al mulato para que está íntimamente con mi sobrinito Luisito, me resigné pues no queda de otra, así me dediqué a mamarle el pene a ese mulato que pese a todo lo seguía amando, ya mi sobrino pagaría por esto, sin duda.” Brunito dejó el libro cerrado, estaba caliente, miró hacia el reloj, muy pronto llegaría Elena.
FIN DEL DUCENTÉSIMO OCTOGÉSIMO SEGUNDO EPISODIO


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!