METAMORFOSIS 284
Cuchillo.
Era abril de 1970, día de cumpleaños de Fulgencio Arichabala, si viviese hoy tendría noventa y un años, pese a su fallecimiento su madre Matilde aun rendía culto a su nacimiento y había hecho una ceremonia especial en su mansión, asistieron los más leales y conocidos que formaron parte de la amistad de su hijo a quienes había agradecido su presencia, aquel día sería de profunda meditación, la temperatura estaba en aquella noche entre 8 °C – 10 °C, hubo un cielo mayormente nublado o con nubes intermitentes fue probable, ya que abril es parte de la temporada húmeda, con nubosidad más persistente en las mañanas y tardes, la nubosidad en abril usualmente reduce la irradiación directa del sol y mantiene temperaturas moderadas, abril es uno de los meses más lluviosos del año en la región de la capital, presentando períodos de lluvia ligera a moderada, especialmente en la tarde o final de la tarde, como suele suceder en la temporada húmeda, debido a la altitud y alta humedad, niebla ligera o neblina matinal muy probable temprano en la mañana, no habían registros de fenómenos extremos (como granizo, nieve o tornados) para ese año en Bogotá, la velocidad del viento promedio en Bogotá tiende a ser moderada, sin ráfagas extremas; abril no suele presentar sistemas de viento fuertes, por esa fecha, así entonces se dibujaba climática aquella significativa noche, estaban reunidos la mayoría de familiares, que por cierto eran pocos, resaltaba la presencia de Daniel Nicolás, ante la sociedad era el nieto de Matilde Peñalba a quien lo tenía a su lado, siempre atento estaba Squeo, sus dos hijos estaba sentados de invitados relacionándose con los presentes, sobresalía la presencia de Venancio, a unos metros de allí estaban los invitados especiales entre ellos el doctor Luis Daniel Pérez, allí se le notaba muy cambiado a lo que era, y no es para menos, el haber perdido a su hijo Luis Alfonso de una manera muy desafortunada lo sumió en profunda crisis emocional, estaba delicado, se sentía solo, su única familia era su nieto Nicolás que ahora era el centro de su existir pero no era suficiente, en sus adentros lamentaba la muerte de sus hijos con Fernanda en esa explosión de granada era lo que en realidad más lo tenía sumido en su pesar, Squeo miraba todos los movimientos del ex senador, sabía lo que le pasaba, Squeo fue quien siendo joven en un asalto mató a la primera esposa del ex senador, fue un daño colateral, la justicia no aplicó en el caso, Squeo con su situación de responsabilidad salió desapercibido, al frente tenía al esposo de la mujer a la que había asesinado, eso era lo único que su patrona Elsa Peñalba de Arichabala no conocía, la fiesta continuaba, Squeo miró hacia donde iba el nieto del ex senador, le siguió prudentemente, al anciana dio cuenta de aquello, el muchacho se acercó a la reja, la persona que estaba afuera recibió un objeto sacado de su cintura, estaba bien camuflado con el frac, el hombre al tomarlo sale en precipitada carrera, las luces le apuntan a su cuerpo, los hombres de seguridad le piden que se detenga, no hace caso, corre como un felino, difícil alcanzarle, estaban contrariados, Squeo seguía ahora con más atención a esos movimientos, el muchacho nacido en marzo de 1954 ahora con sus dieciséis años corría dentro de la casona, la música continuaba armándose el baile en el interior, la pasividad del evento contrastaba con lo que sucedió en los exteriores, estaba intranquilo, vio la entrada de Adrián Daniel Macay Paltan, tenía quince años, entró muy nervioso, m{as de lo acostumbrado, se sentó cabizbajo como que quería llorar, su madre le llevó a la cocina, seguía tembloroso, Squeo hizo una mueca de complacencia, giró tranquilamente su mirada hasta donde se encontraba la matrona Arichabala y asintió, rieron sutilmente a la altura de las circunstancias del evento de fiesta, ella también responde asintiendo, movió con un dedo la cortina, vio a un trío de sus hombres llevando un bulto discretamente puesto en la cajuela del auto, el tiempo transcurría, la matrona estaba al pendiente de los hechos, ya los invitados iban retirándose, todavía quedaban los más jocosos, tenía mucho por esa noche se dijo la matrona, fue a la biblioteca donde se atienden asuntos importantes de la familia, esperó sentada, la amplia puerta se abre, entraba Squeo en primer lugar, detrás uno de los hombres de seguridad escoltaba a Daniel Nicolás, la anciana escuchó atentamente lo que su bisnieto hizo, sus cejas se arquearon abriéndose sus ojos, “un arma” “¿me puedes decir qué hacías con un arma y quién es esa persona a la que le diste?” el muchacho quedó en silencio, pidió hablar a solas con ella, la respuesta era fue negativa, volvió a preguntarle, el muchacho quedó en silencio, la anciana se puso en pie caminando en círculos alrededor del muchacho que estaba atento viendo sus movimientos, le puso el pastón en sus mejillas, le dijo que no estaba bien que se calle, era preciso que hable, el muchacho dijo que era un compañero de colegio, al que le devolvía un objeto que le había prestado, la mujer vio a Squeo con mirada electrizante, le acarició el pelo diciéndole que se retire, se sentó poniendo sus dos manos junto delante de su nariz, “¡no le creo… vigílalo!” el hombre sonrió asintiendo, “¿el otro caso?” Squeo se acerca para decirle “¡resuelto… no molestará más!” ella saca una llave de su vestido como extensión, abre la gaveta y ve aquellas fotos respira hondo para exclamar: “¡repugnante!”, “¡simplemente… repugnante!”, agitaba las manos en señal de desaprobación guardando las fotos en la gaveta, “¡alerta que ya vendrá ese mujer!” Squeo asentía sonriente satisfecho de lo que había hecho, ella le hizo ademán para que se retire, “¡recuerda… sólo tú me quedas!”, salió con una mueca de expresión de triunfo, ella estaba sumida en sus pensamientos, pasaron unos minutos y llega la madre preguntando por su hijo Dionisio, estaba preocupada pues se desapareció de la fiesta, Matilde presurosa le consolaba, llamó a Squeo para que le rinda información y éste le dijo que había visto a Dionisio saliendo de la mansión, iba con un hombre, sus guardias de seguridad trataron de detenerlos pero se escaparon, le puso el hombro a la mujer tratando de calmarle, la mujer no se explicaba cómo su hijo de veinte años tuviese ese comportamiento pues no era así de impetuoso ni mucho menos el correr por las calles, Matilde y Squeo se miraban atentos, abajo en el gran salón el ex senador vio muy inquieto a su nieto más de lo normal, ya se iba despidiendo cuando de repente Daniel Nicolás le dijo que lo lleve a un lugar muy importante, extrañado el abuelo le preguntaba por qué a esta hora en ese lugar, y casi rayando en la histeria le dijo que lo lleve, que en ese lugar se va a enterar de algo muy importante, sin articular juicio el ex senador fue a despedirse de su consuegra informándole que se llevaría a su nieto, Matilde protocolar como siempre aceptó, le extrañaba la actitud de su nieto al no quedarse con ella, el auto del ex senador fue seguido por la guardia de Squeo, a cierta distancia vieron a ese auto lujoso estacionarse en ese barrio de clase media, el muchacho presuroso salió a tocar la puerta, lo acompañaba el chófer, de pronto, en un instante se escuchó la marcha repentina de un auto, de la puerta del copiloto un hombre saca su revólver y dispara, son tres tiros, uno impacta en la pared, otro impacta en la puerta tras ser derribado al piso el nieto del doctor Pérez por el chófer y un tercer disparo impacta cerca de la ventana, a respuesta de aquello el doctor Pérez y su chófer efectúan disparos que hacen despertar no solo a los habitantes de esa casa sino a la vecindad entera, el muchacho toca desesperadamente la puerta diciendo su nombre, de inmediato la figura de Guillermo Izaguirre junto con Griselda abrazan al niño ingresándole dentro “¿estás bien?” el niño asiente y ve ingresar a su abuelo y a su chófer, Guillermo le tocaba todo el cuerpo estaba nervioso, aparece la figura de Agustín, el padre biológico del muchacho quien lo abraza preocupado de que si algo le hubiese pasado, afortunadamente las ventanas estaban cerradas ante las miradas de la vecindad, Daniel Nicol{as se sentó en esa silla de comedor rodeado de los adultos, iban a conversar y prudentemente el chófer salió a vigilar, el niño se tapaba la cara con sus manos “¡todo esto es mi culpa!” “¡me dejé ver tontamente!” intrigados le miraban, “¡fue mi culpa!” “¡sólo yo soy el responsable para que todos ustedes estén así!” “¡yo… por haber nacido!”, esa actitud preocupaba a los presentes, Agustín abrazaba a su hijo biológico, “¡tranquilo hijo!” “¿por qué dices eso?” “¡todos te queremos!” y de a uno le fue abrazando para motivarle, “¡no son ustedes!” “¡soy yo… cometí un error!” “¡un error!” “¡escúchenme por favor!”: “la noche en que murió mi abuelo en su fiesta de cumpleaños yo vi cómo te llevaban los esbirros de Squeo, evité que te peguen, fui a avisarle a mi abuelo de lo sucedido, sé que no fuiste tú quien mató a mi abuelo”, en eso Débora salía ayudando a caminar a la anciana nana Dulce, se enteraban de lo ocurrido, Daniel Nicolás abrazó a las dos ancianas sentándose junto a ellas, “me puse detrás de la cortina sin que sea visto, allí estaba sentado mi abuelo sudoroso con amplio espasmo, nunca lo había visto así de miedoso, junto a él estaba un sacerdote al que le llamaba Nicandro, le increpaba, le decía pedófilo, fue allí que mi abuelo se puso en pie desafiante, le dijo que él había sido violado siendo niño por mi abuelo, allá por aquellas fiestas patrias, le desvirgo analmente el martes 20 de julio de 1909 cuando mi abuelo Fulgencio Arichabala tenía 30 años y él tenía ocho años, me horrorizaba al escuchar aquello, mi abuelo estaba mareado y se reía sentándose en el sillón de su escritorio, el clérigo le reclamaba por su conducta, mi abuelo refiriéndose al clérigo le dijo que debería ser agradecido por los favores recibidos, giró el sillón y sin dejar de reír burlonamente, al otro señor llamado Anderson de la Sierva le dijo que era un fracaso un lumpen, un paria, un apátrida, un perdedor, él había hecho el amor a Fernanda el gran amor de la vida de aquel hombre, mi abuelo creía que Victoria su nieta en realidad era su hija, dijo que sus nueras eran unas rameras que se habían acostado con gente perdedora, que sus supuestos nietos en realidad eran unos bastardos como los presentes, sin linaje, fruto de sexo descontrolado, me sentí muy ofendido cuando dijo mi nombre entre todos los que no éramos sus nietos, pese a que yo ya lo sabía me dolía mucho escuchar de quien admiraba y respetaba mucho, vine a suplicar por la vida de mi padre Agustín pero mi cólera me hizo salir de la cortina diciéndole que ya era suficiente, mi abuelo me miró con rabia, me dijo que era un ser despreciable sin linaje ni apellido, que era como ellos, Anderson de la Sierva se acercó y alzando el puñal para clavárselo en el cuerpo fue detenido por la fuerza del clérigo quien le hizo caer esa daga brillosa, como poseído Anderson de la Sierva repetía la palabra venganza, venganza, venganza, como que esas palabras me animaron, recogí la daba brillosa a la luz, fui directo a donde estaba sentado mi abuelo y… la clavé en su corazón, los dos hombres dejaron de forcejear, el clérigo con un pañuelo toma la daga y la limpia, me pusieron la daga en el bolsillo, ambos salieron presurosos de la biblioteca, angustiado salí ya sin ser visto, guardé el arma hasta hoy que se la di a Anderson de la Sierva, él me la pidió, me dijo que era muy importante para él, mi abuela ya sospechaba de esa arma, ella sabe que mi padre Agustín no mató a mi abuelo, sabe que vive aquí y sé que ella envió a matarnos, yo maté a mi abuelo, fue ira por lo que me dijo, no era justo que me trate así, yo que tanto lo quise, era su orgullo”, el ex senador tenía claro el panorama, subió en su auto a su nieto y a su padre biológico, se despidió del que una vez fue un gran amigo Guillermo Izaguirre, los llevaba a buen recaudo, Débora confió en los buenos oficios del ex senador, nana Dulce se limitó a besarle y acariciarle a ese precioso muchacho al que le decía siempre hijo de mi corazón, prendieron marcha hacia su estancia; a unos cuantos kilómetros de allí Anderson de la Sierva se subía al tren en dirección al pueblo, había escapado por ahora de los tentáculos de esa araña negra como le decía a la matrona de los Arichabala, su intención era rehacer su vida en otro lado, dejó a su perro Nerón en buenas manos, allí pertenecía con sus amos, no podía seguir viviendo allí, temía por lo del escándalo, buscaba así su libertad; una presurosa madre fue a la estación de policía a reportar la desaparición de su hijo hace dos días ya, tiempo después los diarios daban la macabra noticia del encuentro de un cuerpo encontrado en estado de putrefacción cercana a una cancha deportiva de los suburbio de la capital, se trataba del cuerpo de su hijo Dionisio, los tabloides aseguraron que fue robo y venganza, pues no se encontraron sus pertenecías y algo más ruin, tampoco se encontraron su testículos ni su pene; a kilómetros de allí, Matilde ponía en un frasco con alcohol las partes íntimas del muchacho asesinado, era su trofeo de guerra, estaba muy alegre, “¡eso les pasa a los que se burlan de mí!”, caminó hasta su cuarto allí la esperaba acostado desnudo metido entre finas sábanas un tembloroso hijo de indígenas, la mujer con violencia le destapó mostrándose su desnudez juvenil, le hizo abrir de piernas y de inmediato su cara se perdía entre las piernas suaves del muchacho, “¡lo tienes lindo!” “¡lo tienes como el de mi tío!” temeroso Adrián Daniel Macay Paltan se dejaba chupar los huevos y el semi flácido tronco de pene, degustaba su paladar de esa piel de pene, jadeaba con respiración acelerada mientras succionaba ese tronco de pene “¡recuerda esto!” le decía al chupar intensamente señalando al pene “¡esto es mío!” “¡mío!” “¡mientras viva será sólo mío!” “¡entiende!” “¡entiende!” “¡sólo mío!” airadamente exclamaba “¡llevas la sangre de mí tío!” “¡tú pene es como el de mí tío!” “¡tienes tu pene igualito como aquel que me hizo mujer!” su vagina rozaba el pene del muchacho quedándose a piernas abiertas, le decía que sin lugar a dudas su pene era el mejor que se había comido, continuaba alabando a ese pene tieso y erecto grandemente reconocido familiarmente por ella, reía diciendo “¡es mejor a ese que lo tengo en alcohol!”.
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“Cumplí los diez años, lo celebré familiarmente con mis amiguitos del sector sin la compañía de mi padre Guillermo Izaguirre, mi ánimo era de perfil bajo, desde la muerte de mi tío René había cambiado mucho mi forma de ser que toda su familia lo notaba, para ellos eso era normal, creyeron que había quedado impresionado viendo el cuerpo asesinado y confiaban que pronto yo mejoraría mi ánimo, pero lo que desconocían todos era que fui sodomizado por mi tío René, le pedí a mi madre Andreina pasar el fin de semana con mi padre, para ella era muy difícil negarme el deseo de estar con el hombre que a fin de cuentas no era mi padre, aunque a esa edad yo aún no lo sabía, sin embargo notaba que ese hombre me daba un poco de cariño, Lastenio me acompañó de viaje en tren a la estancia, cuando podía me hacía roces a las piernas mías, al principio yo estaba un poco receloso pero de a poco con la insistencia me dejaba tocar el pene vestido con disimulo, el recibimiento de mi padre Guillermo Izaguirre fue muy frio de cariño con algo de cortesía y atención, a pesar de aquello toda la mañana del día siguiente mi padre Guillermo y yo cabalgamos juntos, se podría apreciar la decadencia de la estancia y por qué cada mes recibía menos dinero, ya entrada aquella inolvidable tarde calurosa Lastenio y yo caminamos por las riberas del río con la intención de bañarnos llegando a un lugar donde se encontraban una niña y un niño recogiendo agua, ambos eran mestizos, sus nombres Casilda de 12 años y Mauricio de 5 años, hijos de campesinos que trabajaban en la estancia vecina y vivían una cabaña a mucha distancia del río, Lastenio ya los conocía desde hace un par de años, saludándose cordialmente, estos nenes habían sobrevivido a la fiebre amarilla no así sus otros hermanos de 9 y 3 años, la niña le pidió a Lastenio que lo cuidase a su hermanito hasta su regreso, iba llevando un par de baldes con agua a la casa, Mauricio que estaba desnudo siguió jugando alegremente en la arena con Lastenio, yo estaba metido en el agua, miraba con detenimiento a Mauricio sentado abierto de piernas con el pene y el trasero sobre la arena mojada que estaba lleno de alegría, después Lastenio estaba revolcándose en la arena con Mauricio a manera de luchitas abrazándose y haciéndose cosquillas, se conocían bien, tenían mucha confianza entre sí, vi que Lastenio tenía el pene hecho bulto en su calzoncillo, tanto as{i a mi vista estaba que se podía apreciar bien por la fina tela de su calzoncillo, vi que ambos cuerpos estaban unidos, no podré olvidar nunca que yo vi claramente a Lastenio que estaba de espaldas acostado en la arena humedecida y el bulto del pene se notaba, mientras que se podía ver a la espalda de Mauricio descansando sobre el pecho de Lastenio haciendo que el culito desnudo descanse sobre el bulto del pene vestido, con una mano sujetaba encima de su cuerpo al de Mauricio, vi que con la otra mano deslizaba su calzoncillo hasta que su pene quede al descubierto, ya hecho eso deslizaba el cuerpo de Mauricio sujetándole boca arriba de tal manera que la nalga mestiza quede encima del pene mulato, después empezaba desde abajo a moverse, las piernas del pequeño se abrían mostrando el pene al aire, estaba bien paradito, se notaba el nuevo juguete sexual de Lastenio, yo me limitaba a verles y no niego que para ese entonces mi pene estaba bien tieso viendo después que en esa posición el pene de Lastenio se unía al pene de Mauricio moviéndole hacia arriba y abajo uniendo las pelvis, se notaba que el pequeño travieso lo hacía con mucha naturalidad, vi que Lastenio le abrazaba y de a poco se sentaban sobre la arena quedando Mauricio sentado sobre la pelvis de Lastenio aprovechando en besarle por detrás el cuello y las mejillas, también le rozaba la nariz ene l cuello y frotaba sus manos en sus bracitos, también le besaba el cuello y la espalda, después de un ratito se separaban viéndose frente a frente, vi que ambos estaban jalándose el pene mirándoselos entre sí muy sonrientes, pude comprobar la confianza del pequeño en Lastenio, vi el rostro del sonriente niño que se dejaba estirar el penecito, le marcaba haciéndole girar dando vueltas, el niño se aferraba al cuerpo girado de Lastenio con amplia sonrisa, su pelo y pies quedaban suspendidos al viento, se escuchaban las intensas risas del nene, vi que Lastenio se detuvo y después con sutileza le acostaba boca abajo sobre la arena humedecida arrodillándose detrás de Mauricio con el pene bien erecto y así ya estaba frotando el glande entre las nalgas, el pequeño se dejaba nomás hacer, le abría las nalgas, el glande punteaba el hoyito, se notaba la cara fruncida del pequeño mostrando su molestia, pujaba un poco, Lastenio le decía que aguante nomás, que se deje hacer, yo todavía estaba nadando en el agua y viendo todo gozando muncho, le hice señas a Lastenio anunciándole que ya de lejos se veía la silueta de Casilda, como un rayo Lastenio se acomodó el calzoncillo zambulléndose y Mauricio quedaba sentado jugando en la arena rascándose las nalgas a efecto de que su culito había sido punteado por el glande del mulato, la hermana vio a su hermanito sentado, recogió agua y siguió su camino a casa con otro viaje pidiéndole de nuevo a Lastenio que cuide a Mauricio, Lastenio salió del agua, lo sentó a Mauricio sobre sus hombros y con giros fue adentrándose en el monte alto, yo los seguí escuchándoles reír intensamente, llegaron donde había un tronco de árbol caído en la arena, sin mucho diálogo Lastenio le dijo a Mauricio que se acueste boca abajo, obediente el nene se acostó encorvándose en el árbol con las piernas abiertas vi que Lastenio le hacía cosquillas en el ano con el dedo ensalivado, vi que ya se me ponía erecto el pene, Mauricio no paraba de reír tras recibir cosquillas, Lastenio se bajó el calzoncillo metiendo el glande entre las nalgas del pequeño frotándole el canal de las nalgas, yo estaba parado viendo el culo mulato que se alzaba y bajaba, me acerqué m{as a ver cómo la pelvis se alzaba y bajaba y al mismo tiempo el pene grueso se deslizaba por entre la rajita de ese potito, nos mirábamos y sonreíamos viendo sometido al niño que en su carita expresaba un rosto de inquietud por lo que seguramente sentía en su culito, me dijo que era la primera vez que lo tenía así en cueros y en esa posición de misionero, reíamos al ver ese pene deslizarse en el culito, me recordaba cómo me lo hizo mi difunto tío René, Lastenio se apartó del pequeño quedándose quietecito encorvado sobre el tronco del árbol, pude ver la rajita humedecida de su culito, Lastenio estaba sentado a su lado a piernas abiertas estirándose el pene, me dijo que era mi turno, sin que el niño se diese cuenta me hizo un gesto para ver que hiciera lo mismo, de inmediato me bajé el calzoncillo y mi pene tieso de 10 años frotaba por primera vez esas nalgas de cinco años, Mauricio estaba quietecito recibiendo esos movimientos, estaba sintiendo delicioso, sentí el cuerpo de Lastenio sobre mí, su pene que se deslizaba en mi culo, el peso de Jasmani y el mío sobre el niño le hicimos pujar, nos apartamos, sonreímos, posteriormente Lastenio continuó frotándole el glande por las nalgas metiéndole poquito el glande por el ano, el pequeño fruncía la cara pujando y apretando las manos en el tronco con toda su fuerza, yo miraba el glande grueso de Lastenio haciendo punteadas en el ano del pequeño Mauricio, al rato vi que salía semen de la punta del glande con chorros intermitentes que mojaban la espalda y el pelo del pequeño, Lastenio por unos segundos se quedó quieto con su palpitante pene descansando sobre el exterior de las nalgas de Mauricio, lentamente se levantó apretando el glande botando las últimas gotas de semen después levantó a Mauricio del tronco, en el lugar de Mauricio me puso a mí sobre el tronco, estaba montándolo sobre mi cuerpo a Mauricio que no paraba de reír con su pene chiquito que yo sentía que me pasaba por las nalgas, Lastenio gozaba viendo a Mauricio que me cogía torpemente, momento después salimos del monte arreglándonos los calzoncillos, Mauricio continuó jugando en la arena mientras Lastenio y yo nos abrazamos frente a frente y dentro del agua estábamos frotándonos nuestros penes manoseándonos las nalgas, me puso detrás de su espalda rozando el pene en mi trasero a más diciéndome en el oído que me esperaba esa noche de sábado en su cuarto atrás del establo, yo le sonreía moviendo la cara afirmativamente.” Bruno Sebastián recordaba esas mismas posturas que Luis le hacía en sus encuentros, no cabe duda que Luis las aprendió de su difunto tío René y de aquel mulato Lastenio, el silencio de su lectura se vio interrumpido por una discusión que venía de debajo de su habitación, lentamente bajó las escaleras y vio a una iracunda Elena que le increpaba en algo a su esposo Jasmani, peleaban por dinero, sigilosamente subió hacia su habitación, toma el libro, lo abre y continúa leyendo: “La noche del sábado estaba calurosa en la estancia, desde la ventana de mi habitación alta yo observaba a mi padre Guillermo Izaguirre montado en carreta con dos peones camino a la cantina del pueblo de igual forma observaba hacia el cuarto de Lastenio que se apreciaba una luz saliendo por la ventana detrás del establo, para ese entonces recuerdo que tenía puesto una ligera camisa de dormir, sandalias y calzoncillo así bajé las escaleras en precipitada carrera hacia el cuarto detrás del establo, vi que la puerta estaba apegada y la empujé, en el interior no estaba Lastenio, me vino la angustia, lo esperé un rato sentado en la cama, jugaba agitando mis sandalias en el piso, me miraba mis pies, recordaba lo diferentes que eran en relación con los de mi difunto hermano Maximiliano, ya estaba a punto de irme cuando Lastenio ingresa al cuarto despeinado con el pelo mojado puesto con una toalla rodeando su cadera, estaba salido del baño, fue grata la impresión de verme vestido ligero como a él le gustaba, miraba que yo estaba sentado frotándome con dos dedos el pene vestido con mis manitos dentro del calzoncillo que llevaba puesto, me vio que estaba teniendo abiertas las piernas, mis sandalias tocaban el piso sobresaliendo mis finos dedos blancos cuyas uñas estaban bien recortadas característico de un niño fino de modales, reímos ampliamente, vi a Lastenio soltando la toalla cayendo al suelo, ahí pude ver de mejor forma que estaba Lastenio completamente desnudo con su pene poniéndose erecto lanzándose encima de mi recibiendo besos apasionados en la boca, mejillas, pelo, cuello y pecho con manoseos por todo mi cuerpo, hicimos un alto, Lastenio estaba acostado boca arriba en la cama que me miraba en su delante quitándose la ropa, desde la cama veía mi pene más crecido y así él se me acostaba encima de mi cuerpo viendo ambos penes frotarse, giramos nuestros cuerpos sobre la cama cayendo al suelo riéndonos de aquello, me se senté en la cama, Lastenio estaba arrodillado en mi delante mamándome desaforadamente mi pene, después yo le mamaba el pene a Lastenio, muy lentamente, volvimos a besarnos y a rotar sobre la cama, estaba acostado boca abajo me dejaba meter el pene por el ano haciéndome constantes mete y saca estaba tan desaforado que los movimientos del glande en el ano eran fuertes tanto así que yo no paraba de gemir, rato después yo sentía dentro de mi ano de piel blanca de 10 años el semen que me dejaba descargado ese pene mulato de 19 años, tiempo después me hizo sentar en el filo de la cama, Lastenio me mamó el pene quedando bien ensalivado, se puso abundante saliva en el ano se sentó encima de mi frotándose el ano con el pene, Lastenio alza su trasero abriendo sus nalgas con las manos tratando de descubrirse el ano completamente y de un sentón logró deslizar con su ano el prepucio de mi pene acostándome doblado de espaldas sobre la cama, Lastenio con su ano penetrado giraba circularmente subía y bajaba como cabalgando, yo gemía y chillaba del dolor, le decía que me ardía que se aparte, pero el cruel Lastenio seguro de lo que me había hecho se limitaba a reír ampliamente, él sentía que me había desvirgado con el culo, ante tanta súplica se separó de mi viendo el pene rosadito que estaba completamente desvirgado, yo apenas lo topaba con las yemas de mis dedos en el glande bien desforrado sentía ardor y dolor, Lastenio contribuyó poniéndole saliva en la punta del desforrado penecito de diez años, mejor fue por agua y así debajo de la bacinilla se notaba ciertos restos de material, quedé acostado en posición fetal pues temblaba del dolor, era una experiencia única la que había vivido, él se acostó detrás consolándome, me dijo que de alguna manera debería tener un recuerdo suyo, que me había dado su culo en muestra de nuestro amor, que de ahora en adelante él medaría su culito, descansamos un buen rato y repitieron esa postura una vez más, yo no quería pero el mulato insistía prometiéndome que me iba a doler poco y que a cambio iba a experimentar más delicioso y que así sería en cada encuentro que a futuro tengamos cuando él me diese su culito, así lo hicimos, él se puso en posición perrito abriéndose el culo con sus manos dejándose ver el hoyito sólo que ahora yo sólo sentía puntearle la entrada del culo, Lastenio apagó el mechero, quedamos dormidos los dos abrazados desnudos en la cama, los primeros rayos del día cayeron, yo tenía el sueño ligero así que muy asustado me levanto con los cantos de gallos, traté de vestirme para irme de inmediato a mi cuarto pensando que pronto llegaría mi padre pero la mano de Lastenio me sujetó del brazo tomándome de la cintura regresando a la cama acostándome boca abajo, así que soporté todo el cuerpo de Lastenio encima de mi espalda, siento sus caricias en el cuello y espalda con besos deslizándose por mi piel, siento el tibio pene de Lastenio que me penetraba el ano en repetidas ocasiones haciéndome el mete y saca, entraba un poco estrecho, mi tío no me había desvirgado tan a plenitud, ahora Lastenio lo completaba, gozaba él con mi culito, el mulato chupaba mis orejas diciéndome que era un niño precioso, que tenía un trasero fabuloso, que era solo suyo y diciendo esto hizo los movimientos se hacían más rápidos al momento de meter y sacar, meter y sacar, sólo deteniéndose en el momento en que desfogaba semen dejándolo dentro de mi ano, al ver que Lastenio se hizo a un costado de la cama me levanté sacándome parte del semen de mi ano, Lastenio me veía pujando con mi culo abierto sentado en la bacinilla, le vi su rostro que estaba complaciente frotándose el tronco húmedo de su pene mulato mojado de semen, terminé mi aseo limpiándome el culo, me acostó al extremo de la cama de cara al colchón, sentí abrir mis nalgas y que un dedo pasaba por la rajita, vi el dedo pasar por mi nariz oliendo diciéndome que era la evidencia de que me había preñado por el culo por donde es delicioso el “jueguito secreto”, ya me vestí con la ayuda de él pues algo de servilismo sentía el mulato hacia mí que era el hijo del patrón de la estancia, salí caminando arqueado con dificultad al dar mis pasos en dirección a mi casona debido a la molestia de mi glande desforrado al roce con la tela, fui subiendo las escaleras con dificultad debido al ardor, abrí la puerta del cuarto de mi padre Guillermo Izaguirre y vi que estaba profundamente dormido, una botella con cierta cantidad de líquido contenido estaba tirada en el piso, la recogí poniéndola parada en el velador, algo de líquido quedaba, busqué en los bolsillos algunas monedas o billetes pero nada, el muy rufián se lo había gastado todo, ya no era como antes que siendo muy niño podía tomar algunas monedas de sus bolsillos, se notaba la decadencia de vida de mi padre en ese entonces, luego fui a mi cuarto a verme el pene y comprobé con tranquilidad lo desforrado que estaba, quedé totalmente desnudo acostado en la cama boca arriba abierto de piernas frotándose con mucha delicadeza el tronco del pene viendo detenidamente el glande bien desforrado rosáceo y latente, recordaba de cómo lo tenía Lastenio y los demás peones adultos que los miraba orinar escondido en el establo, al mediodía de ese domingo soleado Lastenio me acompañaba dejándome en la terminal del pueblo para que tome el tren a la ciudad llegando cuando la noche empezaba, en esa estación estaba esperándome en el terminal citadino de rara vez su madre Andreina y lo más seguro era que estaba allí la nana Dulce, Lastenio se despidió abrazándole y aprovechaba de esa forma para frotarme disimuladamente el pene vestido en señal del muchacho mulato que a mi pene me lo había desvirgado totalmente, hubo una sonrisa entre nosotros en despedida, yo no sabía que era la última vez que lo veía vivo, pues supe por confesión salida de los labios agonizantes de mi padre biológico Aparicio que a media semana Lastenio conducía una carreta por un camino estrecho de herradura, fue interceptado por él que iba encapuchado y que le obligó a bajarse, sin palabras recibió un tiro en la entrepierna cayendo de bruces, igual de forma como se lo había hecho a mi tío René, mi padre me cuenta que lo miraba con odio, contemplaba con rabia que el mulato se arrastraba, fue pateado varias veces en la cabeza con las botas de mi padre Aparicio, me cuenta que luego descargó las balas de su revólver en la espalda y cabeza del mulato, no contento con su hazaña liberó a los caballos, puso el cadáver ensangrentado y casi mutilado sobre la carreta empujándola por el filo de una hondonada profunda, no hubo testigos de crimen, mi padre Aparicio lo había planificado todo, a mis espaldas como sombra se vengaba de mis iniciadores, yo no lo sabía, hasta que me confesó todo esto, el sepelio de Lastenio fue simple con entrada a la iglesia del pueblo y de ahí al cementerio, un grupo de amigos de juegos cargaban el féretro detrás los patrones, Gumersindo bajaba humilde la mirada cuando era visto por las hijas de mi abuelo Don Rodolfo Buonanote, sobre todo la de mi madre Andreina, el ambiente era caluroso para la época, mi tía Noelia y mi madre Andreina caminaban pausadamente sosteniendo a la nana Dulce, desconsolada decía que estaba sola en este mundo ya que quizá Griselda también estuviese muerta, ese comentario incomodó a mi padre Guillermo y a mi madre Andreina resignándose a mirarse con resentimiento, lo cierto era que supe años después de que Griselda tuvo una niña en un parto normal, a las pocas semanas de convaleciente la mulata tomó cabalgadura con ayuda de Aparicio y se fue del pueblo; yo decidí quedarme el resto de la semana con mi padre logrando a berrinches que mi madre acepte, mi padre Guillermo por llevarle la contraria ordenó que me quedase bajo su cuidado y que ya fuera el momento para que yo vaya aprendiendo sobre mis obligaciones en la estancia pese a que la otrora bonanza económica ya no era la adecuada estando al filo de la quiebra, sin embrago me sentía algo consternado por la muerte de mi amante Lastenio, sí, lo considero así pues pasé gratos momentos con él y la nostalgia de su partida me duró muchos meses hasta que conseguí a una nueva pareja, era tanta mi necesidad de él que iba a los lugares donde hicimos el amor acostándonos, desnudándonos, frotándonos el cuerpo con las manos terminando por masturbarnos el pene, a un día para viajar a la ciudad decidí montar en su caballo por el sector de lindero pasando por una cabaña viendo jugar a Mauricio con un aro, le invité a cabalgar en mi caballo, la mamá estaba sentada en un taburete desgranando maíz, así que le dio permiso y el nene se aupó al caballo, de esa forma fue que cabalgamos lentamente en dirección al río durante el trayecto le iba lamiendo el pelo y las orejas a Mauricio que se dejaba el muy picarón, le senté más cerca en mi cuerpo para que sienta deliberadamente mi bulto que se formaba en la tela y que rozaba su traserito, el nene sólo iba puesto el short, se bajaron del corcel, yo me sacaba la ropa quedándome en calzoncillo, vi que el niño se deslizaba rápidamente su calzoncillo de mangas usual en esa época del año y en ese periodo, como de costumbre Mauricio entró totalmente desnudo al agua al tiempo que me reía quedándome sentado en calzoncillo mirando fijamente las nalgas del nene y para eso ya mi pene estaba erecto, entré al agua y lo alzaba lanzándole al agua así como otros juegos que Lastenio le hacía, fuimos a la orilla a hacer castillos de arena, allí pude ver con más detenimiento ese pene lampiño recubierto por le prepucio, me atraía, ese nene hacía nacer en mí una necesidad parecida a la que sentía por el cuerpo de Lastenio, comprobé que era el momento de experimentar esas sensaciones ahora con el pequeño Mauricio, fuimos a seguir nadando, llegó el momento de abrazarle, dentro del agua me bajé el calzoncillo, sentí por vez primera el roce de su penecito en mi pene, lo abracé más fuerte, más sentido, su respiración chocaba en mi pecho, sus labios rozaban mis tetillas, su pelo rozaba mi pecho junto con sus mejillas, eso mi hizo calentar más y lo sostuve de las nalgas, aferrado a mi le decía lo precioso que era, le rozaba el culito y alcancé a meterle un dedo en el culo que lo hizo moverse todo su cuerpo, nuestros penes seguían rozándose, reaccioné a tiempo pues alguien nos podía ver, fue muy corto el tiempo que estuvimos dentro del agua porque salimos a jugar en la orilla, le vi ese penecito, se volteaba mostrándome las curvas de su culito rojizo de hoyito en su posición perrito cuando sacaba arena, recordaba los juegos que Lastenio le hacía en la arena y empezamos con las luchita y al marcarle giraban nuestros cuerpos como si fuese una noria, lo marcaba llevándole en dirección monte adentro en el mismo lugar donde nos cogimos con Lastenio la última vez, Mauricio inocentemente se dejaba acostar arqueado boca abajo en el tronco del árbol y ya puesto así le abría la separación de las nalgas escupiéndole quedando bastante saliva por el ano metía cuanto podía mi pene semanas atrás recientemente desflorado por Lastenio haciéndole gemir a Mauricio que contraía la cara diciéndome que le dolía mucho, ese era el momento en que me detenía a seguirlo penetrando por incomodidad de ese ano pequeño de 5 años para un glande como el mío de 10 años, le hacía dar la vuelta sobre el tronco empinando el pene de Mauricio, yo ya estaba acostándose sobre el cuerpo haciéndole frotar ambos penes hasta el cansancio quedándonos quietos nuestros cuerpos unidos de piel a piel, hice que se siente en el tronco y me arrodillé mamándole el pene por un rato dejándoselo bien ensalivado, a Mauricio le gustaba mucho esa delicia de mame, luego me senté en el tronco haciendo que el pequeño se arrodille y abra la boca acercándole lentamente mi pene indicándole que me lo chupe, el pequeño lo hizo torpemente cortándose la respiración de a poco esa boquita trigueña chupaba mi glande blanco, yo cerraba los ojos inclinándome a olerle y besarle el pelo a Mauricio, sentí algo raro, un rico orgasmo no tan delicioso como me lo hacía Lastenio pero a fin de cuentas estaba experimentando placer, separé el pene de su boquita rojiza y salivosa, le hice acostar a Mauricio sobre la arena y me acosté encima, me gustaba siempre escuchar los pujes de niños chiquitos como el caso de Mauricio y los gemidos cuando le metía parte del glande en el ano, por un rato nos quedamos así quietecitos escuchando sus respiraciones y pujes con gemidos después nos levantamos, ahora me acostaba en la arena y Mauricio acostado encima frotaba el pene en mis nalgas que no paraba de reír, finalmente salimos al agua a bañarnos y después vestirnos para seguir cabalgando buscando otro lugar en el que nuevamente hacíamos esas poses de cogidas ahora lo hacíamos parados frotándonos los penes rozándonos el trasero, mientras lo cogía a Mauricio, tiempo después supe que el hombre estaba entre los matorrales, supe después que era una figura que nos estaba viendo la forma en que me revolcaba desnudo en el suelo con Mauricio, el rostro del hombre estaba cubierto por un pañuelo en cuyos ojos se apreciaban el escurrir de lágrimas, agarró fuerte su revólver decidiendo guardarlo en el cinto y luego salir del lugar sin que yo me diese cuenta que en realidad era Aparicio mi padre biológico…” El muchacho cerró el libro, trataba de meditar y asimilar la forma en que Luis iba desarrollando su metamorfosis con los pequeños, mientras más leía, más iba conociendo a Luis como persona a través de sus declaraciones, continuaban los gritos de la pareja allá abajo, se escuchaba la lluvia, Bruno Sebastián respiraba hondo y continuó leyendo: “…había frescura en el ambiente de aquella mañana en la que caminaba por los alrededores del río, desde una roca en la loma divisaba el paisaje campestre, observaba los meandros que hacía el río de una manera muy variada, vi una ramada en cuyo alrededor se veía salir humo de leña quemada, cerca estaba el sendero por el que transitaba un niño llevando una resortera, yo sonreí manoseándome jocosamente mi pene vestido, conocía al pequeño, era mi amiguito de juegos, me di cuenta que andaba solo por el lugar, hice una pausa, pensaba, respiraba hondo, aproveché la distancia del niño con la ramada para bajar la loma prudentemente, despacio me fui acercando como quien acecha a su presa, de súbito le tapé los ojos, el nene se quedó quietecito por un instante ante la escucha de mi voz de niño de 10 años, le preguntaba si adivinaba por su nombre, Mauricio sonrió aún con sus ojos tapados de sus labios salió mi nombre: Luis, eres tú, mis manos liberaron sus ojos, volteó para verme entregándome sus sonrisas a las que yo le correspondía, juntos caminamos por el sendero con la intención de cazar aves por parte de Mauricio, del bolsillo saqué una pequeña barra de chocolate, le di la mitad ante la mirada maravillada del niño, nos sentamos sobre una gran roca rodeada de frondosos árboles, se podía escuchar las corrientes de agua del río a cierta distancia, le preguntaba si acaso tenía miedo ir por estos apartados alrededores por tener 5 años, Mauricio mostraba seguridad admitiendo que conocía el sendero y no se perdería, que esperaba siempre a su hermana en la orilla del río donde siempre lavaba la ropa, era siempre así, sonreí viendo a los alrededores y me puse en pie delante del pequeño Mauricio, el estar a solas con ese niño me vino el deseo y me manoseaba el pene con la intención que el nene de 5 años viese esos movimientos insinuantes, la mirada del pequeño era fija en esos movimientos, con amplia sonrisa le preguntaba si quería ver lo que dentro, Mauricio con tímida sonrisa se puso cabizbajo, yo sin perder el hilo le estimulaba a que volviese a ver esos movimientos de manos en mi pene vestido insistiendo en la pregunta si deseaba ver lo que está allí dentro de mi tela, Mauricio hizo una breve mirada en mi entrepierna, le vi que sonrió y de nuevo quedó cabizbajo, despacio deslicé bajando la cremallera, Mauricio vio que mi pantalón se deslizaba por las piernas llegando a los tobillos, el niño pudo ver mi pene lampiño de piel blanca de 10 años que era liberado agitándose constantemente por mis manos, le acerqué a su rostro, el receloso Mauricio ponía su carita más cabizbaja, quiso ponerse en pie, mis manos no le permitieron, mi pene se acercó al rostro del nene de 5 años rozándole apenas las mejillas, el recelo continuaba por parte de Mauricio que vio cuando yo levanto mis pies liberándome del pantalón, de mi bolsillo saqué una barra de chocolate similar a la que habíamos comido antes, le digo al nene que se la regalaba si se unía al “jueguito secreto” en el que le indicaba hacer “cositas”, la mirada fija de Mauricio en aquel movimiento de manos en ese chocolate en parte a la postre le hizo disminuir su recelo, le acercó el chocolate poniéndole a un costado, le dije que si jugábamos bien le daría otra más, los ojos de Mauricio se abrieron más ante esa oportunidad de degustar esa golosina que tanto le gustaba y era raro comprarla por parte de sus humildes padres, era su oportunidad, así que asintió lentamente con su carita, vio mis manos que dejaban en distancia prudente esa barra de chocolate y sacaba otra poniéndola sobre ella, la sonrisa de Mauricio fue de total amplitud y complacencia asintiendo nuevamente, es así que Luis empecé a rozar el rostro de Mauricio con mi pene, le decía que lo oliese al momento de pasar por la nariz del nene, le hice que abriese la boca, el asombrado Mauricio miraba con timidez, ante mi insistencia la boca de Mauricio es así que mi pene entraba en esa cavidad bucal, mi cadera empezó a moverse con lentitud, gustaba sentir la saliva en el tronco de mi pene lampiño, gustaba ver mi pene entrando y saliendo de esa boquita de mi amiguito, le saqué y la agité, yo aún en pie y Mauricio sentado viendo ese agite de pene, al pelo de Mauricio le acariciaba suavemente, le preguntaba si le gustaba eso, me dijo que si, que si con su vocecita, le puso en pie viéndole su short por el que se notaba ese erecto penecito de cinco años, me incliné un poco para abrazarle y apretarle contra mi cuerpo haciendo que ese penecito vestido de 5 años se roce con mi pene descubierto de 10 años, yo al mismo tiempo lo seguía acariciando, ambos penes estaban duros como la piedra en donde estaban en pie, lentamente mis manos hacían que ese short que era la única prenda puesta en el cuerpo de Mauricio se fuese deslizando por las piernas quedando en los tobillos, hice que los dos penes se rocen al movimiento de las caderas, los pies polvosos de Mauricio se apartaban del short, los ojos de Mauricio a indicación mía miraban ese roce de penes al movimiento de las caderas, yo lo tenía sostenido de la cintura a Mauricio, instantes después quedó su carita, blanca y sus labios rojos, frente del rostro de Mauricio, lo besaba en los labios, suavemente, abriéndolos apenas, rozando su lengua con los de Mauricio, suavemente, le hice abrir un poco su boquita, si así, así, le dije eso y suspiro, con mi lengua rozaba sus labios y le pedía a Mauricio que saque su lengüita un poco, la saco y se la acaricio con mi lengua y mis labios, le pedí que la saque más y su lengua ya se entrelazaba suavemente con la mía, suspiraba bajito, le pregunté si le gustaba y me respondía con su vocecita, la frase que me estimulaba: sí, Luis, sí, y le insisto preguntándole si deseaba seguir así y Mauricio me dijo de nuevo que sí, continuaba besándole suave, rozando sus labios rosaditos, ya para ese momento mis manos estaban acariciándole las nalgas de Mauricio, esa piel rozagante y deliciosa al tacto, luego se deslizaban por los testículos y el tronco del penecito de Mauricio, después esos dedos rozaban la separación de los glúteos, le trataba de meter un dedo por el trasero a la entrada del ano, mis dedos le acariciaban su agujerito, Mauricio suspiraba a ojos cerrado, le pregunta si le gusta y si quería que siga, Mauricio entre suspiros dijo que si, continuaba besándole y acariciándole su traserito, hasta que le dije que le iba a hacer el amor, por un instante hubo un silencio por parte de Mauricio, vio con el recorrido de su mirada el apartado lugar, los chocolates y a continuación viéndole al rostro Mauricio me dijo con algo de seguridad, sí… Luis, sí, le di vuelta y lo puse de espaldas, de costadito, me ensalivé mi pene y el traserito de Mauricio y se lo apoyé en su agujerito, yo empujaba, como la tenía tan dura, casi le entra la cabeza de una, gritaba y se quejaba, ante ello me detuve un poco y le di vuelta a Mauricio, de nuevo lo empecé a besar y acariciarle su traserito, suspiraba, me bajo e rostro y le chupo el penecito y sus huevitos lampiños, había mucha sombra en aquel lugar pero pese a ello se podía ver bien su cuerpito y el mío que me despojaba toda la ropa, Mauricio vio mi cuerpo blanco, suave, hermoso, en contraste con su piel mestiza, le di vuelta y le chupo su agujerito, se apreciaba visualmente hermoso, rosadito, bien suavecito, yo ya sutilmente le metía la lengua y Mauricio se quejaba y suspiraba, le chupé el culito por unos momentos y le hacía suspirar, le dije que lo iba a hacer de nuevo con delicadeza, le dije que nadie nos escuchaba por allí, yo continuaba chupando el penecito de 5 años, sus huevitos, su colita, le dije que iban a seguir jugando y le di vuelta, ahora para aprovechar al máximo lo de ese cuerpecito bonito usé mucha saliva en ese penecito y su traserito y se la apoyo, empujaba y le trataba de penetrar a lo que más yo podía y lo que Mauricio aguantaba, sentí que algo entraba rozando el glande, Mauricio se queja con su vocecita, ¡ay!… Luis… ¡me duele!… ¡ya, Luis!… ¡ya!, yo me quedo quieto para no metérselo más, recordaba que tenía que llevarlo a la cabaña de su madre, mejor empiezo a hacer para atrás, suavemente le rozaba la piel de los glúteos, me maravillaba viendo ese movimiento de mi pene sobre los glúteos de Mauricio, trataba en algo de empujar hacia la entrada del ano pero Mauricio por instinto me respondía apartándose con bruscos movimientos, pero otra vez Mauricio se quejaba, le decía: hermoso mi chiquito, los gemidos de Mauricio me estimulaban, lo tuve así por unos instantes cogiéndolo suave y luego lo puse boca abajo, lo sujeté un poco poniendo las piernitas de cinco años en mi pechito mostrándose a plenitud a ese traserito, me apoyo con las manos en la base de la roca a costados de las mejillas de Mauricio, esto, para no caer encima de él y que no le incomode, mi glande rozaba los huevitos de Mauricio, sentía cómo mi glande rozaba la entrada del ano de ese niño bonito pese a ser humilde, y en eso lo que hizo Mauricio fue que se quejaba, se movió y apenas levantó el traserito y fue allí que le entro yo con mi medio glande al mover las caderas, Mauricio se quejó fuerte: ¡Ay! … ¡Luis, me duele!, yo bárbaramente sentía como le rozaba el glande en el ano y miraba el rostro de mi amiguito Mauricio el que no aguantaba, ya me estaba cansando de esa postura y me bajo sobre él, lo hago suavemente y le rozaba todo el pene en su traserito y él de nuevo se quejaba, ¡Ay! … ¡Luis, me duele! y ya para ese momento casi estaba aplastado con su peso y empezaba de nuevo con ansiedad a rozarle el pene que le restregaba en el ano en su entraba y se notaba la salida de mi pene de 10 años y Mauricio se quejaba y se quejaba, con su vocecita y su ¡Ay! … ¡Luis, me duele!, estuvo así unos instantes hasta que de mi tronco de pene por la punta del glande me salía un líquido transparente; le abracé instintivamente, lo hice de atrás y nos quedamos así acostados en posición fetal escuchando la naturaleza, sentíamos que la brisa del viento de la mañana acariciaban nuestros cuerpos desnudos, le rozaba la nariz en sus mejillas y cuello, le besaba el pelo, lo tenía así todito para mí a ese cuerpecito de niño precioso, mi pene humedecido de líquido como de orina rozaba los glúteos, Mauricio se despereza y dándose vuelta me dijo que tenía algo en su traserito, pasó el dedo mostrándome el líquido que mi pene le había dejado en su rajita, yo le explico que era parte del “juego del papá y la mamá que se quieren mucho”, y le dije que como nos queremos mucho también lo hicimos, solo que es nuestro secreto y como le recordaba las palabras que él decía Lastenio, “no lo deben saber ni tus padres… pues es nuestro secreto”, luego de decirle todo eso de nuevo lo atraigo y quedamos así abrazados, al rato me dijo insistentemente que otra vez tenía ese líquido, le di vuelta y lo puse boca abajo y le abrí su traserito, vi su agujerito, rosadito, como tenía a la entrada del ano un poco de ese líquido, le paso la nariz para olerle el traserito, Mauricio sentía cosquillas y emitía sonrisas entrecortadas, sin reparos empecé a chuparle el traserito, de nuevo estaba metiéndole la lengua, que como estaba lubricada su colita , le entraba y el suspiraba, le chupaba su traserito con ansiedad, metiéndole la lengua en su agujerito, vi que se le empezó de nuevo a poner tieso su pene, con sus deditos Mauricio se lo estiraba al penecito a manera de masturbación tal y como Lastenio se lo había enseñado semanas atrás, mientras se lo chupaba, le puse cómodamente boca arriba y le chupaba su penecito con sus huevitos , al rato otra vez le di vuelta y empiezo a chuparle su colita, con ansiedad, mi pene se me puso duro y le di vuelta al nene diciéndole que le volvería a hacer “jugar”, le preguntaba tanteando su voluntad que si deseaba seguir y el respondió afirmativamente con su rostro y con su vocecita, sólo que no le haga doler, se lo prometí que así no lo haría esta vez, que se lo iba a hacer con amor, esas frase la aprendió de su tío René, mi pene ensalivado de nuevo estaba apoyado en los glúteos y empujaba en roce, así lo tuve por unos instantes mientras Mauricio pujaba, instantes después le di vuelta y lo puse de nuevo boca arriba, ahora las piernas de Mauricio estaban bien abiertas en esa nueva postura, se apoya en mi hombro y le rozaba mi pene en la entrada de su traserito, Mauricio se quejó fuerte al sentir otra vez el medio glande en su ano ¡Ay! … ¡Luis, me duele!, ¡Ay! … ¡Luis, me duele!, ¡Ay! … ¡Luis, me duele!… ¡dijiste que no me ibas a hacer doler así!, Mauricio se quejaba, y yo me contrariaba, así que me inclino sobre él y le doy beso con lengua suavemente y continuo así besándole y culiándole y besándole y culiándole hasta el punto de cansancio, se notaba el rostro de resignación de Mauricio que algo miraba de reojo ese par de chocolates, lo hacía todo por eso, su razón primordial era disfrutar de esos finos chocolates, era su oportunidad de degustarlos, sentí en mis hombros que los pies de Mauricio estaban moviéndose al viento, mis caderas estaban moviéndose en esa deliciosa pose sexual la que me enseñó mi difunto tío René, así lo tenía punteando nomás sin poder penetrar ese hoyito bien cerradito, pensé no complicarme más delante de la señora madre de mi amiguito Mauricio, le di hasta cansarme, sentir su piel al rozar mi pene era una gran forma de disfrutarlo, nos pusimos en pie para asearnos de la arena impregnada en nuestros cuerpos quitándolas con el agite del short de Mauricio, vi que se pasaba el dedo y me dijo suspirante que le dolía la colita, yo le acaricié y sonreí, le acariciaba con mi dedo la entrada del ano, me llevo el dedo a mi nariz y luego lo extiendo a la nariz de mi amiguito, huele es tu colita, le dije, luego al pasar el short por ese lugar pude notar que estaba bien rojita e irritadita, tibiecita, lo llevo unos metros más adentro donde había otra piedra, me acuesto y le pido a Mauricio que me haga el “juego del papá y la mamá cuando se quieren mucho”, Mauricio sonriente agitándose el pene se acuesta sobre Luis, el penecito se 5 años rozaba ese traserito de 10 años, aún con poca pericia la cadera de Mauricio se alzaba y bajaba haciendo que su penecito se deslice por el coxis y algo entre la separación de los glúteos, de pronto escuchan unos silbidos, Mauricio dijo que lo conocía muy bien ,eran los silbidos de su hermana que lo estaba llamando y que se acercaba, rápido me vestí viendo que Mauricio se acomodaba su short y tomaba los dos chocolates poniéndolo entre las hojas del lugar tratando así que su hermana no diera cuenta, yo reí un poco y acaricié el pelo del nene, sorpresivamente me despedí de mi amiguito Mauricio dándole un prolongado beso con lengua, le prometí venir muy seguido y que siempre esté pendiente de mi llegada en este apartado lugar pues la próxima traería algunas gaseosas, mientras eso le decía me restregaba mi peludo pene vestido sudado, Mauricio sonriente miraba eso y correspondía haciéndose esos mismos movimientos, le dije que también le regalaría monedas en la próxima ocasión, los pies descalzos de Mauricio propiciaban brincos de alegría en el humilde nene, le abracé alzándole y haciéndole caer lentamente al suelo en señal de que se había ganado absolutamente toda la confianza del niño, me acosté sobre él alzando y bajando mis caderas a la vez que le daba besos en el rostro y un prolongado beso con lengua, unieron las frentes diciéndole que siempre recuerde lo que estaban haciendo, que lo quería mucho y le traería muchos pero muchos regalos, lo puse en pie diciéndole de nuevo que le regalaría monedas si se dejaba hacer el juego, el niño asentía optimista, en lo emocionado que estaba saqué de mi bolsillo una moneda de mediana denominación con la que se podía comprar dulces en el pueblo , los ojos de Mauricio se abrieron más con entusiasmo, recibió de mis manos la moneda, se alejó del sitio brincando muy alegre con moneda en mano, le diría a su hermana que se la encontró en el camino, lo vi alejarse sin dejarse de restregar mi pene erecto, creo que muy pronto será mío… sólo mío, de seguro lo escribiré aquí en mis relatos de metamorfosis.” Bruno Sebastián se recostó en la cama, pensó que era la táctica propia de aquellos que más tienen al someter a los que menos tienen, eso también lo hizo Luis con él, fue a guardar el libro, consideró de que ya leerle era suficiente por ahora, abajo ya no se escuchaban los dimes y diretes, se acostó pensativo, al pasar el tiempo la relación se resquebrajaba, la brecha entre ellos aumentaba, se calmaban al verle, el buen humor se daba entre ellos cuando por separado sin saberlo Elena y Jasmani hacían el amor con Bruno Sebastián, él los unía pero estaba pisando una delicada línea que debería cuidar mucho sobre todo en sus apariencias.
FIN DEL DUCENTÉSIMO OCTOGÉSIMO CUARTO EPISODIO



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