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Dominación Hombres, Gays, Sexo con Madur@s

METAMORFOSIS 285

Meneos.
“… Estando más cerca de la puerta, oía gemidos muy queditos, fui asomando mi cabeza muy lentamente, antes ya había visto ese baño y sabía que si me asomaba iba a ver directo su cara, aun así lo hice, mire con cuidad y vi a Fernando con una mano jalándose el penecito, de solo verle tenía ya  sentir una sensación intensa que invadía todo mi cuerpo, era la misma sensación que ahora estaba sintiendo cuando me lo hacía en el baño o a solas, a mi edad ya se me notaba cierta conducta amanerada, estaba expuesta en mi ser cada vez que veía a un chico u hombre tocarse la entrepierna, mis ojos me delataban y mi imaginación ya no era tan inocente como antes, consideraba que eso era normal lo de mi amigo pues antes había visto lo de mi prima y aquel muchacho llamado Sebastián, miraba a Fernando que seguía con una mano jalándose el pene, estaba curvado y su piel sudaba y brillada igual que su frente mantenía gotitas de sudor, le vi que enseguida se guardó su pene erecto dentro del pantalón mostrándome una sonrisa cómplice cuando nos vimos, suena el picaporte del cubículo del baño del parque para hacerme entrar presuroso, estábamos de pie  mirándonos fijamente, nos vino por sonreír, el recelo y el temor se diluía, Fernando fue el primero en verme la entrepierna, se manoseaba el pene vestido, yo miraba esos movimientos y sonreía, casi al mismo tiempo fuimos a la rejilla de tragaluz cerciorándonos de que alguien se acerque, sabíamos que deberíamos estar allí por poco tiempo, sentía un empujón de parte de Fernando, al oído me dijo mi nombre repetidamente: Luis, Luis, Luis, dijo que lo íbamos a hacer, o sea, lo del “jueguito”, Fernando estaba muy animado y muy caliente se notaba al verle ese rostro de seguridad, me deslizó la ropa a Luis quedándome en los tobillos, luego él hizo lo mismo con su ropa, así parados vimos estirarnos nuestros penecitos erectos lampiños, Fernando se inclinó delante mío, la nariz pasaba por mi penecito, la lengua rozaba esa piel lampiña, yo empezaba a suspirar hondo, la respiración aumentaba en cada chupada, en cada lamida por mis testículo, mis manitos se aferraban con fuerza en el pelo lacio de mi amiguito Fernando, allí quedó mi penecito ensalivado, aún me venía un temor que se concentraba en la parte baja de mi abdomen, la piernas me temblaban, pero aun así me mantenía de pie, tenía mi cuerpo un poco encorvado, echado hacía atrás sobre la pared las piernas abiertas tantito, la cara de Fernando estaba atrapada en mi entrepierna, mientras esas manos me sujetaban para no poder caer desfallecido ante tan suculenta mamada que estaba recibiendo, mi pene roza la nariz de Fernando, coloca una mano en mi cabeza y me agarra de nuevo los cabellos alejando un poco la cabeza hacía atrás, estaba sonriente de lo que estaba sintiendo viendo mi ensalivado pene, de nuevo veo que me lo coge y lo apunta a la boca de Fernando, mi glande apenas aparecido por el prepucio, dejo un pegote especie parecida a un precum en la nariz, al salir, el olor de mi pene ya me tenía embriagado y ensimismado lleno de suspiro, Fernando tenía la boca abierta, yo con su pene lampiño en la mano, lo utilizo como un pincel, dibujo sus labios, así, despacio lo va metiendo hasta el fondo de la garganta, Fernando mamaba como chiquillo hambriento por la mamila, su carita estaba envuelta de su aroma y sudor, posteriormente su tierna lengua golosa saboreaba el amargor de mis testículos, la nariz esnifaba el olor de mi piel sedosa, a la vez yo sentía que mi amiguito quería estar siempre así, esto por la forma en que tan delicada y animosamente me estaba haciendo el sexo oral, a mi mente me vino cuando pensaba a ojos cerrados lo vivido con mi tío René y con Lastenio, segundos después me encorvaba más y más y sujetando la cabeza de mi amiguito con ambas manitos, pensaba que le estaba cogiendo por la boca, el gemir era apretado, daba la impresión como si estuviera atragantado, le apretaba más y más encorvándome un poco y soltando bufidos, mee sujeté a sus piernas, Fernando sentía que yo estaba acabando, se venía algo supuso, yo solté un quejido medio ruidoso, le apreté fuerte mientras movía las caderas y así Fernando respiraba, se apartó del pene, terminó sentado delante de mí que seguía agitándose el pene ensalivado, despacio me senté delante de mi amiguito Fernando viéndonos los penes, era el turno de Fernando, nos pusimos en pie en esa área estrecha, quedé delante de Fernando que me encorvó sobre el inodoro pestilente, reclamé de estar allí por el olor, Fernando prometió que pronto terminaría, resignado asentí, mi cara estaba apoyada en esa cerámica, mi traserito alzado mostraba la separación de los glúteos, en ese momento sentí que mi amiguito Fernando comenzó a chupar mis glúteos y empezó a meter la lengua entre ellos con movimientos que me encantaban, se sentía algo delicioso y él no paraba, pasaba su lengua desde los testículos hasta el ano y en él la intentaba meter, luego a sorpresa mía me metió un dedo en el ano a lo que respondo reaccionando con un sobresalto y un gemido ahogado de satisfacción, el dedo entró sin dificultad igual que un segundo, Fernando sonreía diciéndome que lo tenía como cajón, intenté levantarme pero Fernando me tranquilizó diciendo que todo está bien, solo sonrió y siguió metiendo su dedo en mi ano, ya para ese tiempo mi trasero me daba una sensación placentera, me dijo que ahora iba a ver que tanto le quiero, entonces Fernando metió su pene ensalivado por primera vez en mi traserito, así estuvo intentando meter todo su tierno pene hasta que presionó algo leve que entró el pene hasta la mitad, en ese momento se apartó, había acabado, rápidamente asimismo me aparté de ese inodoro pestilente, esa postura le gustaba a Fernando y se lo había hecho el jueguito en su traserito, ahora era mi turno, de igual forma lamió y ensalivó el trasero de su amiguito, a diferencia que mi ano estaba desvirgado, el ano de Fernando era virgen, me senté en el piso sin dejarme de agitar el penecito, le dije a Fernando que se siente sobre mí, el traserito se calzaba con la entrada del ano en mi pene, entallé el pene en la entrada del ano, el traserito iba de a  poco descendiendo, iba sintiendo la tibieza de ese ano, de pronto instantes después se escuchó un grito desgarrador  tanto mío como de mi amiguito, Fernando asombrado  comenzó a llorar y a rogarme  que me levante y que saque mi pene, le ardía, le dolía, yo también sentí  algo de molestia de ardor y dolor ya que el prepucio se había deslizado dentro de él a la entrada del ano de Fernando, casi fue un desvirgue mutuo de no ser por la forma apresurada de alejamiento de un asustado Fernando, en ese momento no podía ni hablar del dolor y yo seguí agitándome mi enrojecido pene, de pronto como un flashback me acuerdo que cerré los ojos, a través de mis  pensamientos recordaba los tiempos idos, sentía claramente como Los testículos de mi tío René se pegaban en mis glúteos y también sentía algo enorme dentro de mis entrañas, era algo caliente y un ardor insoportable, así se quedó mi tío dentro de mí, mientras le susurraba suplicante a mi tío que por favor me saque su pipi de su popó, que me estaba doliendo mucho, pese a mis súplicas el pene de mi tío daba por hecho el  meter y sacar poco a poco y poco a poco, tiempo después en cada roce seguido en aquel lugar apartado de la estancia aquella tarde en que me desvirgó y fue asesinado, y así aprendí a hacerlo más adelante en la ciudad con mis amiguitos, con el tiempo fue disminuyendo el ardor en mi traserito, tanto así que ya ese penes se le iban como agua, subía y bajaba y ya de a poco me era fácil cargarme y moverme de un lado a otro, así siempre en mi pensamiento recordaba que mi tío esa tarde estaría  dentro de mí,  por minutos cortos, con el tiempo eran adecuadas las estocadas fuertes con mis amiguitos en nuestros encuentros con las cuales sentía que se pegaba con esos penes en mi estómago, recordaba lo de aquella tarde con mi tío, recordaba que cada vez gemía más de placer hasta que en lo mejor de todo siempre mi tío me decía que allí iba un obsequio y se venía dentro de mí, siempre sentía recordar ese líquido caliente entrando en mis entrañas, el pene de mi tío me hacía resbalar más, siempre después de unos segundos mi tío se detenía dejándome dentro  el pene hasta que se ponía flácido al sentir que me desvirgaba y recuerdo que su pene de a poco iba saliendo, junto con el pene iban varios mililitros de semen revuelto con la excremento que le sacaba cuando metió el pene, me preguntaba si me gustaba y me limitaba a asentir ante la insistente pregunta, yo le decía que le dolía, mi tío solo sonreía pidiéndole perdón asegurándole que siempre la próxima vez ya no me va a doler, hubo una vez antes de ser desvirgado en el cuarto de mi tío René que el semen que me dejaba mi tío se deslizaba entre sus glúteos y bajando por mis piernas le preguntaba a mi tío qué era eso y tiernamente me respondía que era la “suerte del juego… mi flashback se diluía, de pronto abrí los ojos, ya mi amiguito estaba en pie limpiándose el traserito, sonreí de manera cómplice ante a todo lo hecho, Fernando fue el primero en salir, caminaba con dificultad, yo seguía sentado abierto de piernas con mi pene expuesto que me lo tocaba suavemente, entre mí decía que me había comido un culito más, desde el tragaluz, esperé unos instantes y vi a mi amanerado amiguito con sus caderas moviéndose, se dibujaba una pequeña mancha en su traserito vestido, emitió una mueca socarrona, suspiró aferrándose con fuerza a los barrotes, vio hacia su pene vestido que aún latía, yo estaba con cierto ardor pero mi pene ya se iba acostumbrando a calzar culitos, me quedé sentado suspirando aun pensando en lo que le había hecho a Fernandito, otro que al que ya se le desarrollaba la metamorfosis y que yo estaba ayudando a que le aumente en cada cogida que nos dábamos, notaba su entrega mayor, es uno de mis primeros buenos amantes que tuve en mi niñez después de mi amado Lastenio, cuánto te extraño mí amor”. , Bruno Sebastián conocía más de las experiencias de Luis y ese apego de relación amorosa con Lastenio, poco a poco iba adentrándose en la vida de Luis, estaba atento a lo que continuaba su relato testimonio, volteaba la hoja para ver otra faceta de Luis: “Mi llegada a la estancia de mi abuelo significaba para mi padre Guillermo un estado de ánimo diferente, de poca importancia a medida que el tiempo transcurría, me veía como  un simple niño de once años casi como a un estorbo, no era su hijo a fin de cuentas, seguramente él lo sabía en ese tiempo,  yo pensaba en ese tiempo que Guillermo Izaguirre era mi padre, qué gran mentira la que vivía, el hacendado no se lo decía por pena a que se pueda traumar, pero en mi padre Guillermo Izaguirre había ese rencor constante hacia Andreina mi madre e iba creciendo a raíz de la muerte de mi hermano Maximiliano, ése niño si era el hijo de Guillermo que tuvo con Andreina, cada vez que miraba mi rostro veía reflejarse el producto de la traición de Andreina con otro hombre cuyo identidad desconocía, por eso se notaba la poca importancia de Guillermo Izaguirre a mi persona en cuanto a sus sentimientos, a medida que crecía yo le era indiferente,  pues se acrecentaba el recelo de una caricia y un apoyo moral, de esto me daba cuenta lo cual me preguntaba por qué su “padre” lo trataba de esa manera, en cada visita los buenos tratos iban decreciendo y más eran los llamados de atención por insignificancias que yo realizaba, parecería que Guillermo no deseaba verme cuando lo visitase, yo hacía esas meditaciones cuando cabalgaba por los linderos de la hacienda sintiendo mucha pena por el trato que recibía y en ello yo incrementaba mi rebeldía, más al saber que mis padres estaban separados y mi madre andaba con un médico de la ciudad que en parte era dueño de aquellas tierras que ahora cabalgaba y que antes eran las de mi padre, Guillermo Izaguirre lo sabía pero le era indiferente la vida de su ex esposa, yo cabalgaba a paso lento por los matorrales de la hacienda vecina, de pronto escuché pisadas, observé a lo lejos la figura de un muchacho grande que corría en dirección a la hondonada, lo seguí, vi que a un niño muy pequeño, no los identifiqué y vi que trataban de no dejarse ver por recelo, entendí que seguramente tenían miedo pues no estaban en su territorio, até el caballo entre la maleza tupida para no dejarme escuchar, estaba cerca del muchacho trigueño vestido de ropas de campo y un niño de piel blanca en cambio vestía ropa fina, me llamó la atención de ese niño blanquito que era muy bonito, pasaron corriendo a cierta distancia, estuve escondido entre los montes altos viéndolos que se acuclillaban sobre un pequeño claro de la hondonada, el muchacho mayor se paró dando unos pasos percatándose si los seguían, el niño pequeño se acostaba boca arriba sobre el monte seco, de tal suerte que abría sus piernas metiéndose las manos por dentro del pantalón corto que llevaba puesto, con detenimiento observaba aquel pequeño que hacía bulto con sus manitos moviéndolas dentro del pantalón corto, el muchacho mayor estaba de espaldas viendo por si alguien venía y de repente vi que se dio la vuelta viendo lo que el pequeño hacía, se cruzaron miradas cargándose de risa cómplice, el muchacho grande se acercó a donde estaba el pequeño acostado, también se metió las manos dentro del pantalón, deslizó la cremallera dejándose ver salir un pene grueso que era agitado cuyo movimiento era fijamente visto por aquel niño pequeño acostado que sacó las manos deslizando su cremallera sacando el penecito agitándolo de igual forma que lo hacía el muchacho mayor, los agitaron por un instante hasta que el muchacho se acostó despacio sobre el pequeño haciéndolo pujar por el peso que tenía, levantó su tronco para estirar los brazos al mismo tiempo que acomodaba la cadera encima de la del pequeño tanto así que se miraban los penes que se frotaban por buen rato, a veces el muchacho se apoyaba en los codos para llegar con su cara  a las mejillas del pequeño para darle de besos o frotando su nariz por los labios y mejillas, ambos tenían el deseo de acariciarse pese a la mucha edad que los separaba, parecía que el muchacho había hecho que el pequeño le gustara mucho esos frotes, Luis viendo todo eso desde lejos escondido entre matorrales tupidos ya había deslizado su cremallera frotando con delicia el pene hasta ponerlo bien erecto, el muchacho se levantó deslizándose el pantalón y calzoncillo por las piernas y siguió agitándose el pene con la mano, el pequeño miraba con risa desabotonándose el pantalón, el muchacho le ayudó a deslizárselo por las piernas hasta que de lejos Luis pudo ver la piel blanca de aquel niño en contraste con la piel del otro muchacho tostada por el sol, ahora se veía mejor la cadera del muchacho sobre la cadera del niño que hacían más cómodo el frote de sus penes, era claro el contraste del pene peludo del muchacho sobre el pene sin pelos del niño, los testículos se frotaban, el muchacho emitía gemidos, el niño daba de pujes al movimiento de las caderas a los costados, al rato unieron los pechos, por un instante unieron las mejillas, el muchacho lo hizo que se ponga de rodillas al niño y el muchacho se puso de cuclillas así en esa postura hizo que las mejillas del niño sintieran el paso del roce del glande del muchacho y luego aquel glande grueso frotaba los labios infantiles abriendo un poco la boca para algo meter el glande, eso que miraba le gustó mucho a Luis, mientras el muchacho con una mano sostenía el pene pasándolo por los labios del pequeño con la otra mano la pasaba por la espalda y los dedos recorrían la separación de las nalgas agitando el trasero infantil, el pequeño hizo un alto a orden del muchacho, le hizo acostar al pequeño boca abajo, la nariz del muchacho frotaba la separación de las nalgas infantiles, el pequeño movía las caderas a los lados sintiendo ese cosquilleo característico que muchas otras veces atrás le había hecho y le gustaba  sentir ese rico movimiento de nariz y chupetes de lengua que le hacía en el trasero para después ese pene con liquido pre seminal deslizado por el grueso glande que se frotaba entre las nalguitas del pequeño niño, al muchacho se le podía ver el deseo de coger por lo cerrado de sus ojos y su mordida de labios mientras que en el rostro del pequeño se apreciaba la rigidez de su cara frunciéndola con pujes debido a los movimientos acelerados del roce del glande y resto de pene en la piel de las nalgas, cada instante el muchacho hacía un corto alto para descender su cara y besarle el cuello y pelo del niño hasta que de pronto el muchacho se quedó quieto de cadera con respiración acelerada y piel sudorosa levantando apenas su cadera dejando el libre tránsito del semen que salía chocaba en las nalgas del pequeño niño que estaba quietecito luego de someterse a los movimientos sexuales de quien lo dominaba, ahora recibía como siempre desde hace tiempo ese líquido viscoso pegajoso, el muchacho se levantó del cuerpo infantil, hizo que el niño se levante limpiándole con un papel que sacó del bolsillo del pantalón del niño que siempre su mamá le ponía por cualquier emergencia en las caminatas que hacían y que la señora confiaba a su pequeño para que el muchacho lo cuide, vaya manera de hacerlo, quién de los padres del pequeño se podría imaginar que la emergencia era esa de carácter sexual, muy lejos estaban de pensarlo, vi que el muchacho y el pequeño estaban parados por unos instantes así desnudos, se vieron los penes rozándose debido a que se abrazaron uniendo las caderas, el muchacho encorvó su espalda para estar a la altura de los penes y de nuevo los frotaron cayendo al suelo revolcándose llenos de sonrisa, era muy vistoso ver esos cuerpos desnudos rodar en el suelo, rato después se sentaron para que mutuamente se quiten la basura de la cabeza, culo, espalda y resto del cuerpo, el muchacho le dijo algo al niño que puso una cara de estar muy feliz y juntos se alejaron del lugar quedando solo sintiéndome caliente y ventajosamente no fui descubierto, me acosté por un buen rato a manosearme el pene hasta que me vino ganas de orinar, lo hice creyéndome estar seguro, solo que a espaldas mías a cierta distancia un hombre con cara tapada y revólver en la cintura me había seguido desde hace rato desde lejos no dejaba de mirarme, dentro de sí anhelaba que yo salga de ese territorio que no me pertenecía para tenerlo cerca y quién sabe qué hacerme, aquel hombre misterioso era el asesino de René y Lastenio, aquel hombre esperó a que galope siguiéndome por un rato, al escuchar voces se alejó de mí sin ser visto, tiempo después mi padre Aparicio me contaba que siempre seguía mis pasos al cuidado de mi persona…” El muchacho estaba muy entusiasmado, con la lectura, solo que, le vino la inquietud de saber quiénes eran esos muchachos, esperaba saberlo al seguir leyendo, vio que el libro se iba terminando en sus páginas, algunas habían sido rotas, otras páginas estaban manchadas mostrándose la huellas digitales, con sumo detenimiento leía el último contenido de ese libro que mostraba las declaraciones de Luis: “… me levanté con el calor que el soleado día deparaba, era domingo, a pocas horas de irme en compañía de mi abuelo horas después cuando la tarde caía, pero antes, desayuné en la sala, me serví solo, ya no había empleada quien lo hiciera, masticando el alimento recordaba lo sucedido ayer con ambos chicos, fue mi inmediata intención cabalgar pero mi padre Guillermo Izaguirre me retuvo llevándome a hacer las incómodas tareas de recolección de madera, actividad que no me gustaba y refunfuñaba, conseguí que mi abuelo convenza a mi padre Guillermo para que me deje galopar por el resto del tiempo que estaría en la estancia, mi abuelo le habló y sin importarle en absoluto mi padre aceptó, a mucha prisa trepo en mi caballo y a fino galope me perdía entre la maleza saliendo al camino de herradura que daba al río y a la hondonada, iba adentrándome cada vez más cuando vi que me cruzo con Mauricio de seis años y Wilson que ya tenía dieciséis años pero con mentalidad de niño para su cuerpo fornido, iban en compañía de otros niños a pescar con redes, me invitaron pero no acepté, mejor decidí seguir cabalgando, esperé a paso lento de caballo a que los muchachos se adentrasen en el camino para poder entrar con mi caballo por los linderos de la propiedad vecina, rodeo con cautela el lugar en donde ayer estuve, el tiempo pasaba, miraba la puesta de sol, continuaba sentado viendo el mediodía que  se acercaba cuando ya para irme de pronto escuché el crujir de hojas con el sonido de unos piecitos que hacían el ruido característico de caminar, como pude me alejé discretamente un poco adentrándome en el monte logrando esconder mi caballo a gran distancia regresando a pie al lugar donde antes estaba, ahí pude ver al pequeño niñito de ayer, ahora estaba de pantalón corto con manga corta usando tirantes, zapatos de suela con medias a las rodillas algo se podía ver de su piel en las piernas, tenía los bracitos delgados igual que los dedos de las manos parecía un afeminado por la forma de doblar la muñeca y el movimiento de caderas al caminar como ganso, se notaba cierta altivez propia de niño rico, me preguntaba por qué le gustaba andar a solas por estos lugares sin compañía ni cuidado, el pequeño se acercó a un árbol desde donde a distancia podía mirarle claramente y pude verle bien sus movimientos  en el momento en que el pequeño deslizaba la cremallera mostrándose el fondo de la tela fina del calzoncillo sobresaliendo un pene blanco rosado por el que salía orina y estaba erecto, yo estaba agarrado a un tronco fino de árbol, tragaba saliva, respiraba hondo de lo cachondo que ya estaba y miraba con detenimiento el movimiento que hacían los dedos del pequeño a su pene tratando de correrse el prepucio para que la orina saliera más libremente por la puntita vista del glande, allí en ese instante notaba que ese pene era virgen, de inmediato escuché unos pasos más fuertes, yo me escondí más, esos pasos eran los de aquel muchacho que ayer lo impresionó, ahora vestía de un pantalón de tela manchada amarrado de un cabo con una camisa corta zurcida a un costado llevando puestas unas sandalias polvosas, seguramente era hijo de algún peón, tenía la pinta de aquellos,  el pequeño dio un corto giro a su cabeza viendo acercarse a su amigo que ya venía riéndose con las manos metidas dentro de su pantalón raído de fina tela manoseándose el pene, sacó las manos abrazando al niño por detrás agitando las caderas con movimientos sexuales, ahí parados abrazados dieron unos pasos hacia atrás, dejaron caer sus ropas quedándose desnudos a medio cuerpo, ambos se tomaban los penes mirándoselos agitar frente a frente, el muchacho mayor lo sentó al pequeño sobre las hojas y monte, vi que  le hizo levantar los brazos para sacarle la camisa que la puso con muchísimo cuidado junto a los tirantes y demás ropa, miré que le abrió de piernas, lo acostó despacio boca arriba quedando el cuerpo desnudo del niñito acostado en el suelo viendo al cielo sobre la sombra del frondoso árbol, tenía sus piernas abiertas, el niño frotaba su pene con los dedos con risa picara como ya sabiendo lo que se venía, le gusta eso de que lo desnudaran, yo no perdía detalle de lo que el muchacho grande hacía con su pene agitándolo poniéndose de un gran tamaño que a mí me llamaba la atención, de todos los penes que había visto éste era muy grande, ya bien tieso el pene el muchacho lo puso a frotar con el penecito del niño, los testículos lampiños del pequeño se confundían con los pelos del pene del muchacho grande, éste se puso de rodillas miró por un ratito el pene del niñito, lo agitó con los dedos, pasó la nariz del muchacho grande por el pene infantil oliéndolo con un placer sobrenatural ya que sus movimientos eran rudos apasionados, el pequeño se dejaba con prudencia observando sonriente como la lengua del muchacho le hacía cosquillas a sus testículos, le tomó el penecito masturbándoselo haciéndole ladear las caderas al pequeño, me puse a ver que la cara del chico grande era diferente de expresión pasiva que la de ayer, hoy se lo veía con un carácter más decidido, parecía algo más excitado,  pensé que era más mayor que mi amigo Wilson que ya tenía dieciséis años, este muchacho grande siguió acariciando con pausa los testículos del pequeño, las yemas de los dedos hacían una delicia el pase por la piel, el pene del muchacho estaba sucio porque había rozado por el piso, el glande tenía liquido pre seminal pegado con polvo de arena y hojas secas, lo limpió agitándolo pasándose un dedo por el glande, le hizo poner al pequeño en posición perrito su pelito negro sedoso brillante de niño cuidado estaba con hojas secas que se las quitaba delicadamente con los dedos, sus movimientos eran afeminados a pesar de su corta edad, de eso se había dado cuenta aquel chico grande aprovechando de la confianza de juegos lo tenía de esa forma sometido a sus deseos sexuales considerando que al pequeñito también le gustaba, particularmente me gustó ver cómo el muchacho le escupía saliva por entre las nalgas y luego le metía el dedo haciéndolo gemir y gritar al pequeño, cuando hacía grandes ruidos se detenía, luego de la pausa continuaba por otro ratito hasta que lo volvía hacer gritar al niñito que hacía quites con intención de levantarse, el muchacho lo tomaba de la cintura aquietándole un poco volviéndolo a acostar acostándose a su lado ambos boca arriba mirando el árbol, el pequeño deslizaba su mano sacando con el dedo la saliva de sus nalgas, después el muchacho se acostó boca abajo y el pequeño se acostó sobre el cuerpo del muchacho, movía la cadera infantil arriba abajo y costados, el pene lampiño rozaba torpemente entre las nalgas del muchacho, lo hizo hasta el cansancio para luego irse a orinar arrimado al árbol, ahí pude ver detenidamente las líneas de ese cuerpo bonito sobre todo el culito, vi que ese muchacho le llamó para que viniera a acostarse a su lado, mutuamente se frotaban los penes volviéndoles la risa, de ese momento se aprovechó el muchacho grande para tomarlo de perfil al chiquillo abrazándole rodeándole las piernas por las caderas hasta unirlas entre sí moviéndose con el frote de los penes, unieron sus frentes y dieron unas cuantos roles por el suelo hasta separarse, hicieron unas luchitas desnudos, el muchacho se acostó encima del cuerpo del pequeño uniendo sus frentes, Luis lo notaba muy excitado al muchacho tanto así que daba de besos en las mejillas del pequeño hasta que unieron sus labios por segundos, en varias repetidas ocasiones, el pequeñito se dejaba, le gustaba que lo besaran, yo sentía que estaba viendo algo diferente cuando el chico lamió el pene lampiño hasta ponerlo durito, puso de nuevo en posición perrito al pequeño sin dejarle de frotar el pene con las yemas de los dedos para luego escupirle saliva entre las nalgas, el niño le hizo un quite con recelo pero el muchacho esta vez algo le dijo que lo calmó, se tomó el pene y comenzó a quererle penetrar de a poquito en poquito, me vino una angustia de deseo pues quería estar allí con ellos disfrutando de ese momento, yo veía desde lejos la expresión de incomodidad del niñito, yo pensaba que ese niñito estaba sintiendo lo mismo que yo cuando mi tío René me hizo cuando tenía ocho años, los gritos de aquel niño eran más intensos que los míos eso debido a que el pene de ese muchacho en verdad que era casi un tolete de grueso y largo, vi esos movimientos del muchacho, tragaba saliva viendo esos meneos sexuales, el muchacho embestía más rápido pujando fuerza hasta que lo hizo gritar más fuerte, me sorprendía l ver que ya no continuaba, al contrario, se levantó dejando al niño tumbado en el piso boca abajo llorando inconsolablemente, el muchacho se sentó sobre una roca abriendo sus piernas sorprendido de que su glande estuviera ensangrentado, de lejos estaba yo que presenciaba todo y en ese momento recordé lo que mi tío René me había desflorado, ese pene del muchacho había sodomizado al niñito, había sido testigo del desflore anal del pequeño a manos de ese muchacho grande, el muchacho sobre la piedra se tomaba el pene limpiándolo con los dedos, fue hacia la ropa metiendo la mano en el bolsillo del pantalón corto del niño sacando un poco de papel quitándose la sangre del glande, el infante seguía postrado en el suelo estático tiritando tembloroso no paraba de llorar diciendo que le dolía mucho atrás su ano, el muchacho se acercó lentamente sentándose a su lado para quitarle el semen y la sangre de su ano, en cada toque el niño gritaba de dolor, ya estaba angustiado el muchacho que con paciencia poco a poco lo limpiaba rogándole que hiciera silencio y se dejara curar, en su rostro se notaba el arrepentimiento, daba a entender que se había pasado de la raya, como pudo con dificultad lo levantó para que tuviese la calma, el niño dejó de llorar pero quedó pensativo constipando, pasaron un buen rato ahí sentados, miré al cielo, el sol avanzaba en su marcha, decidí que era el momento de irme, muy pronto tomaría el tren a la ciudad, mi abuelo seguramente ya me estaba esperando, con sigilo monté a caballo y ya sintiéndome seguro de no ser escuchado el galope lo fui acelerando aumentando el paso en dirección a la estancia, esta escena que la presencié a mis once años Luis no la olvidaré durante  el resto de su vida.” Hasta aquí las páginas de ese libro leído por Bruno Sebastián, tuvo ahora más claro el pensamiento de vida de Luis Izaguirre, ahora lo extrañaba más, quería decirle cuánto le amaba, se arrimó a la ventana, respiró hondo y luego suspiraba, para Bruno Sebastián aquella tarde del primer día de junio de 1970 no la olvidará durante el resto de su vida.

FIN DEL DUCENTÉSIMO OCTOGÉSIMO QUINTO EPISODIO

28 Lecturas/29 enero, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: amiguito, anal, hermano, hijo, madre, mayor, padre, sexo
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