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Dominación Hombres, Gays, Heterosexual

METAMORFOSIS 290

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El culito se amoldaba al asiento de esa bicicleta, los pies descalzos se movían sobre los pedales al efecto de la acción de aquellas piernas gruesitas de nueve años, seguía moviéndose por los alrededores de la lotización, llevaba puesto sólo ese short cuya tela mostraba lo voluminoso de ese culito, los dedos de los pies se estiraban ante el impulso, se podía ver amoldado el pene vestido descansando sobre la montura moviéndose para adelante y para tras, estaba tan entusiasmado aquel niño que no se fijaba en su pelo al viento ni la mugre en sus pies, tampoco en el sudor de su piel, estaba concentrado en el manejo de la bicicleta que no daba cuenta que los ojos de Luciano estaban observándole pero también aquel hombre recién llegado a la lotización, era conocido en parte, cuando lo vieron se rumoreaba que había salido de la prisión, era el padre del desafortunado niño asesinado junto con su madre hace mucho tiempo atrás, a su vivienda llegaban varios tipos de vida discutida por su carácter y conducta, le hizo señas al niño para que se acerque, el hombre parado conversaba con el niño que una de sus piernas estaba estirada con el pie al suelo y la otra pierna doblada cuyo pie estaba sobre el pedal, se apreciaba el pene salido por la manga, más, cuando él conversaba con el hombre, se rascaba el pene vestido y se estiraba por detrás la tela del culo, la plática fue breve, el hombre se mete a su vivienda y el niño sigue manejando su bicicleta en círculos por el sector, la mañana era muy fresca de aquel primer sábado de abril de 1971, era el tercer día del mes, Luciano salió a estirarse el cuerpo, hace poco había desayunado, había amanecido muy pensativo, estaba con muchos deseos de hacer el amor, la causa fue que estaba pensativo recordando lo que vio el día anterior, llevaba a un trio de niños a la bodega de víveres del internado, ellos debían llevar cada uno una caja, el tercero era el pequeño del grupo, se lo veía muy quedado, era un niño recién llegado al internado pero Luciano ya lo había visto con cierta inclinación pues su amiguitos le hacían tocamientos en el disimulo de la clase, ahora los tres niños estaban arreglando las cajas, recordó que debía regresar al salón de clase por un momento, les dijo que pronto regresaría, allí quedaban los tres niños con su tarea, al egresar Luciano lo hizo con mucha cautela, como que intuía algo, y no se equivocaba, abrió suavemente la puerta, caminaba con sigilo y escuchaba voces “¡apúrate!”, “¡me toca!”, hubo un corto silencio para luego escuchar “¡espera!” “¡espera!” se escuchaba gemidos breves, “¡ya!” “¡ya!” “¡no te engolosines!” “¡muévete!”, “¡me toca!”, “¡me toca!” Luciano con mucho cuidado de no ser visto atisbaba por un pilo de cajas hacia donde estaba un niño levantándose del niño pequeño de los tres, para sorpresa de Luciano vio que el otro niño estaba con el pantalón corto y el calzoncillo hasta los tobillos, igual que el resto de los niños, los dos niños que estaban acostados se pusieron en pie, el tercer niño que estaba parado tomándose  el pene agarra por detrás al niño pequeño, “¡ahora me toca!” “¡ya te di mi medio peso!” “¡déjate!” la pelvis y el pene se rozaban en el traserito del ese pequeño nene y así lentamente le hizo acostar de cara al suelo y encima seguía rozándole el pene en el culito, alzaba y bajaba la pelvis, el otro niño se estiba el pene y fue a orinar en un rincón,  “¡apúrate!” “¡puede venir el profesor Luciano!” “¡anda… dame aguas!” termina de micciar y se arregla el calzoncillo, Luciano discretamente sale de la bodega, a cierta distancia ve a l niño arrimado a la puerta de la bodega, respira hondo y sale caminando muy lentamente dejándose ver por el niño en ese apartado largo pasillo semioscuro en el día y muy lúgubre en la noche que conduce a la bodega, el niño ingresa rápidamente, ya cuando Luciano llega los tres estaban arreglando las cajas, vio en el pequeño de los tres niños que tenía salida la camisa en parte de su pantaloncito corto, estaba nervioso con mirada avergonzada hacia el profesor, sus deditos alargados bien cuidados sí como su piel muy blanca demostraban que algo había hecho indecoroso, vio un poco de paja en su cabeza, lentamente Luciano la sacó con su mano llegando a acariciar en la mejilla del pequeño brindándole una recelosa sonrisa, “¡han hecho un buen trabajo!”, los niños sonrieron, cargaron sus respectivas cajas saliendo del lugar, el tercero, el pequeño de los tres quiso hacer lo mismo pero no podía cargar la caja, le ayuda a hacerlo, llevando la caja, Luciano le dijo que le esperaba para que lleve otra, el niño obediente asintió, tiempo después el niño volvía con la caja vacía para seguir cargando, a los otros dos niños les dijo que fuesen a asearse y que le esperen sentados en el salón, deseaba conversar con el niño, de pronto aparece el padre Fermín agradeciéndole a Luciano por su ayuda orientándole a que vaya al salón de clase con sus alumnos mientras él se quedaba a ayudarle al niño, con la siempre naturalidad Luciano asiente obediente y va al salón de clase, tiempo después aparece en la puerta del salón de clase el padre Fermín con el niño, los niños se ponen de pie de forma inmediata haciendo una reverencia de saludo al clérigo, el pequeño de pelo lacio castaño claro estaba muy pensativo y cabizbajo, se notaba muy roja su piel, como que había hecho un esfuerzo al cargar esa caja, Luciano le hizo sentar en su pupitre junto a uno de los dos niños que antes lo acompañaron en la bodega, le miraba sonriente, uno de sus pies se enganchaban con el pie del pequeño recién llegado, le rozaba su pierna, asimismo una de sus manos rozaba las manito del pequeño, eso le hizo a su amiguito al ver que en un aparte el clérigo Fermín dialogaba con Luciano, “¡si lo ve así de triste!” “¡es que lo regañé!” “¡ya se le pasará!” manifestaba el clérigo, el niño estaba sentado cabizbajo con sus dedos de las manitos entrelazados, le pasó la mano por el pelo acariciándole la mejilla, el niño no levantaba su mirada, se ladeaba un poco como quien siente incomodidad en el culito, el clérigo se retira haciendo una venia de felicitación a los demás niños quienes se ponen de pie haciendo una reverencia de despedida, al día siguiente para sorpresa de Luciano llega el padre Fermín  pidiendo un momento del pequeño que salga del salón, fue muy breve el diálogo sostenido, el niño retornaba al salón con una boleta en mano, se notaba cierta alegría en el rostro del pequeño, faltaba una hora aproximadamente de aquel primer viernes de aquel mes de abril de 1971, Luciano arreglaba su casillero personal, de pronto ve a Fermín llevando al pequeño, lo llevaba cabizbajo tomado por su mano de un hombro, la cara del clérigo era como de apuro, se perdieron por el corredor que daba a la celda de aquel religioso, unos alumnos se acercaron a Luciano a conversar de las próximas pruebas, él le estaba dando indicaciones cuando de pronto ve a Fermín con el niño ahora caminando en dirección a otro corredor, al terminar el corto diálogo con sus alumnos caminó con prudencia hasta la bodega, para su sorpresa estaba con llave, giró y vio a la distancia la clérigo con el niño dirigiéndose a los vestíbulos de la alberca, se sorprendió que  siguieron caminando hasta la maleza de aquel bosque que limitaba con el internado, vio que cruzaban el cerco y se adentraban los siguió hasta verlos llegar a una construcción abandonada, se notaba los cubículos de baños abandonados entraron a uno de ellos, la puerta se cerraba con dificultad, Luciano se desplazó cautelosamente por la pared de atrás, hubo un corto silencio, miró por los alrededores y vio dos troncos de madera que los puso para poder ver por la hendija “¡sácate rápido la ropa!” “¡déjame verlo!” retorna el silencio por unos breves segundos “¡oh!” “¡que precioso está!” “¡delicioso!” atisba para ver al clérigo completamente desnudo igual que a ese pequeño, el clérigo arrodillado tomando ese penecito llevándoselo a la boquita, gemía gesticulando placer “¡aprendes rápido mi pequeño!” jadeaba lleno de gozo “¡sigue!” suspiraba profundamente “¡sigue!” el nene lamía con intensidad ese pene del clérigo exclamando a ojos cerrados “¡por eso te doy buenas notas!” “¡tienes una boquita única e insuperable!” “¡me gustas nacho!” “¡me gustas mucho!” aparta al niño, le acaricia el pelo poniéndole de pie, lo abraza y se inclina para darle un beso con lengua “¡acuéstate… quiero hacerte mío!” al acostarse se notaba lo voluminoso de ese culito, Luciano lo miraba por vez primera, la mano del clérigo pasaba por la piel del culito y así suspiraba “¡que este culito sea mío!”  “¡sólo mío!” y así fue que lentamente se acostaba sobre el niño restregándole el pene en el culito en posición listo para empezar a puntearle con el dedo de su mano  humedecido lleno de crema, el nene gemía y pujaba, “¡aguanta!” “¡la última vez te entró más!” “¿Te metes el dedo como yo te enseñé?” el niño daba respuesta asintiendo con fruncido rostro “¿si te gusta meterte el dedo en el culo?” el niño volvía a asentir y a fruncir el ceño “¡viste!” “¡ahora te va a entrar más!” “¡y… te va a gustar más!”, empujaba la cadera y la pelvis hacia abajo tratando de puntearle más con su pene en ese humedecido culito, estaba sudando, el iño debajo inmóvil sintiendo ser penetrado, “¡ya!” “¡ya!” como que deseaba llorar a lo que el clérigo lo tranquilizaba dándole besos en el pelo, “¡debes estar quieto!” “¡aguanta!” “¡ya te dije que así tendrás buenas notas y tus padres no te castigarán!” le besaba el pelo, hizo un alto  con el movimiento de su cuerpo “¿quieres mejores calificaciones?”, el niño asentía pujando “¡entonces quietecito!” “¡ya casi terminamos!” “¡ya casi!”, el niño bufaba aguantando el peso del cuerpo de Fermín que ahora lo aferraba mejor a sus brazos, la cara se posaba sobre el pelo del niño, le salía un hilillo de saliva por la boca, “¡aguanta mi amor!” “¡aguanta!” “¡recuerda que estamos aquí porque nos queremos!” hubo un corto silencio “¿tú me quieres verdad?” el niño asentía debajo del cuerpo de Fermín “¡yo también mi amor!” “¡yo también!” se notabas las piernas extendidas del niño, esas suaves piernas adornadas de un brillo característico de esas edad infantil. Las manos se aferraban con fuerza al suelo, al niño le salía saliva de la boca, la nariz y lengua de Fermín recorrían ese corte de pelo hongo que lo hacía un niño muy bonito, “¡eres muy lindo!” “¡lindo!” se alzaba un poco de pelvis y cadera ajustándose el pene haciéndole que se meta en el ano, poco a poco entraba y el pequeño bufaba cada vez más intensamente, Luciano se limitaba a verlos, las sospechas de los corrillos de los estudiantes escuchadas por Luciano respecto a este clérigo se daban ahora a la verdad, “¡qué rico lo tienes!” “¡ahí va mi capullo!” “¡aguanta mi amor!” lo sentía aún cerradito seguramente pues se apartó del niño sentándose y poniéndose más crema en el glande y tronco del pene, al sentarse en el suelo abrió las piernas “¡ven acá… primor!” “¡quiero sentirte mejor!” vio esos pies descalzos con dedos alargados, vio esa piel blanca de las piernas, ese culito voluminoso brillando con la crema puesta, ese pelo lacio castaño claro y esa carita hermosa con ojos humedecidos de lágrimas, “¡ven mi amor!” “¡acércate!” “¡vamos a sentirnos juntos!”, lentamente el cuerpo del niño se iba sentando sobre la pelvis “¡deja… espera!” toma el pene y lo cala en la entrada del ano, lo abraza fuerte, lo sujeta bien, esas piernas blancas rellenitas en parte se unían a las caderas del clérigo, quedaban frente a frente, {el estaba cabizbajo, le alzó el mentón para besarle, “¡ahora serás mío!” “¡sólo mío!” el pene estaba a mil, de erecto, de latente, de venoso, las manitos del niño se apoyaban en los hombros del clérigo, la boca la abría igual que sus ojos al sentir terrible dolor, “¡ya casi mi amor!” “¡aguanta!” “¡aguanta!” el pene iba haciendo su entrada en el ano, el esfínter de a poco se iba dilatando la punta del glande causaba furor, se notaba esos deditos alargados de las manitos de ese niño bonito que se aferraban en los hombros, con las dos manos ahora lo tenía bien agarrado de la cintura, la intención del niño era de soltarse al sentir terrible dolor, sus manitos se aferraban a hora a los brazos de Fermín tratando de liberarse pero era difícil, de su boca salían lamentos y gemidos, lo alzaba y de repente un empuje haca a bajo, el niño gritaba con fuerza, se quedaron quietos, abrazaditos a iniciativa de Fermín, sentía ese cuerpito tembloroso, el niño lloraba mordiéndose los labios, “¡ya estás prendido!” “¡ya está!” “¡ya está!” “¡quieto!” “¡tranquilo!” el niño no paraba de llorar “¡cálmate!” afortunadamente estaban en un lugar muy apartado del internado, fue sacando el pene con hilillos de sangre, eso grueso de tronco de carne había dilatado la telilla del esfínter y ahora latía de ardor para el pequeño, Luciano recordaba ese culito radiante menearse junto con esas hermosas piernas y bien formados piececitos cuando el niño jugaba en la alberca recibiendo sus clases de natación, era su alumno de grado, tenía meses de recién llegado, algo tímido, ahora ese culo ya seguramente estaba desvirgado, lentamente el niño se inclinó hacia atrás de espaldas al suelo, quedó acostado en posición fetal, sollozaba “¡me duele!” “¡me duele!” Fermín le acariciaba el pelo a ese niño hijo de oligarcas, Fermín trajo papel para limpiarse el pene, le miraba al niño acostado de esa forma, de reojo le miraba limpiarse el pene “¡eres mío!” “¡mira!” le decía señalando a su pene agitado “¡él te hizo mío!” “¡no lo olvides nunca!” “¡ahora y para siempre… eres mío!” con un arrebato de fuerza acostó de espaldas al niño, le abrió de piernas, vio ese hoyito y le fue metiendo el pene, “¡no!” “¡ya no!” pese a las súplicas Fermín continuaba metiéndole hasta llegar a todo dentro, luego venían las embestidas, ese culo roto dilatado recibía las embestidas del pene del clérigo, su pelito lacio se movía, le alzó las piernas abriéndole más, le estaba embistiendo como un poseído el niño lloraba suplicante que ya no más, ya no más, pero Fermín continuaba, “¡verás después que te va a gustar!” “¡vas a pedir que no te lo saquen!” “¡hazme caso… tranquilízate!” “¡déjate llevar… mi amor!” Luciano veía al clérigo que lo tenía bien agarrado de brazos y cuerpo al niño, parecía que iba a desfallecer cuando de pronto exclamó con susto elevado, sus ojos se abrieron igual que su boca sintiendo con asombro la eyaculación de Fermín dentro del culo de ese niño precioso, los pies bruscamente cayeron al suelo junto a al s piernas, el niño tiritaba de dolor, “¡ya eres mío por completo!” lo puso en posición perrito para curarle, Luciano sintió que su pene iba a explotar, le había gustado ver aquello, por el momento quería ocupar el lugar del clérigo Fermín, tembloroso veía al clérigo que se arreglaba la ropa, a la vez que le besaba la nariz y mejillas “¡eres muy lindo!” “¡tus padres vendrán a recogerte mañana!” “¡hasta eso… ya estrás bien!” la mirada fija del niño se estaba dando al momento de ver ese pene grueso que le había roto el culo, “¡recuerda que ahora eres mío!” “¡de nadie más!” “¡este será nuestro lugar para vernos!” “¡con una señal nos vemos aquí!” “¡me esperas o te espero!” “¿de acuerdo?” el niño estaba cabizbajo con restos de lágrimas en sus ojos, le costaba asentir pero lo hacía, le puso un poco de papel higiénico en el culo y le vistió delicadamente, “¡recuerda que esto no lo deben saber los del internado!” “¡no debes contarle ni a tus padres ni a tu familia… peor a tus compañeritos ni a tu profesor!” “¿estamos?” ¿sí… verdad?“, se tomaba su tiempo para asentir, le acariciaba el pelo “¡eres un buen niño!”,  le costaba caminar saliendo de aquel lugar, iban tomados de la mano, antes de cruzar el cerco le baja el pantalón y el calzoncillo, le saca el papel, mira el culito que ya no salía sangre como antes, le vuelve a poner otro poco de papel higiénico, el resto ensangrentado lo bota al monte, “¿te duele?” el niño responde “¡algo!” le toma de la mano “¡te llevaré al baño y ya estarás mejor!” “¡vamos… mi pequeño!” “¡mereces un gran premio por haberlo hecho bien!” “¡eres un valiente!” “¡muy valiente… te quiero mucho!”, Luciano los ve irse, camina un poco hasta ver junto a sus zapatos en delante el resto de papel higiénico ensangrentado, en parte era evidencia de haber sido desvirgado ese niño precioso, lo envuelve con su pañuelo metiéndoselo  en el bolsillo, regresó a su casillero personal, miró el reloj, había pasado casi exactamente la hora en que los niños iban  a su casa, le vio al pequeño, caminaba con cierta dificultad y estaba pensativo con sus manitos entrelazadas,  y al suspirar hondo simplemente le acarició las mejillas y el pelo, “¿no te vas con tus compañeros?” el niño negaba en silencio moviendo negativamente la cabeza, “¡te quedas a dormir hoy!” el niño asentía cabizbajo, “¡espero que la pases bien!” le tocaba la mano al despedirse y notó que estaba helada, respiró hondo y salió rumbo a su casa dejando sentado pensativo a ese niño hijo de oligarcas, era descendiente de la milicia de criollos residentes en el país de la canela, tenía un perfil o rasgo facial descendiente de europeos; así Luciano estaba muy caliente por lo que descubrió entre ese clérigo y ese pequeño de siete años siendo desvirgado en ese lugar, vio al niño que dejaba la bicicleta arrimada en el árbol, caminó hasta la caseta y en una espesura del monte se bajó el short mostrándose a medias el culito, esos glúteos a medio exhibir le calentaban más al verlos, se tomó el pene y empezó a masturbarse, se contuvo de no eyacular en ese instante e hizo pausa respirando hondo, tragaba saliva, estaba muy caliente, lo sentía en su cuerpo que empezaba a sudar, le vio que se alzaba el short pero se notaba la punta del pene delineada en la tela que lo amoldaba, estaba rígido y se veía una  manchita dejada por los restos de orina, es que se subió rápido el short debido a la llegada de un par de niñas, a cada una las paseaba por los alrededores, al rato vio la bicicleta salida la cadena, la estaba arreglando, las niñas le ayudaban, vio los movimiento de ese niño, los amaneramientos que poco a poco se desarrollaban en su metamorfosis, una de ellas le miraba con ternura, Luciano desde la ventana sonrió al ver que la niña mayor que él con un par de años era de la iniciativa, la niña pequeña quedaba  al cuidado de la bicicleta jugando a rotar con sus manitos gustándole ver el movimiento de la rueda, mientras su hermana mayor y su amiguito ingresaban en la vivienda, se tardaban, Luciano que estaba caliente se imaginaba lo que seguramente ambos nenes estaban haciendo, de pronto la niña sale, se notaba en algo su pelo despeinado, se iba rascando la tela de su vestido corto floreado de moda en esa época en las niñas en la parte de la vagina vestida, el niño se arrima en el marco de la puerta, sonreía, tenía la mano rascándose la tela del pene vestido, la niña le vio intercambiando sonrisa de complicidad, vio que el niño se metía la mano dentro del short y estiraba la tela con su mano por dentro, sacó su mano y se la llevó a la nariz, quedó el niño en el arreglo de la bicicleta y las dos niñas se marcharon del lugar, Luciano veía atento esos movimientos del niño que ahora estaba acuclillado y se veía la rajita del culito mostrada por el elástico, se apretaba el glande emocionado al recordar que por esa rajita lo había deslizado y después lo había penetrado, ese niño igual que su hermano le entregaron su virginidad, al rato llega la niña mayor, se acuclilla junto al niño, Luciano ve los tocamientos discretos que se daban en sus partes íntimas, tiempo después ingresan en la vivienda con la bicicleta, Luciano no aguantó más la curiosidad con su calentura y fue a tratar de verles por la ventana, llegó a mirar justo cuando ambos se deslizaban la ropa de abajo, se abrazaban y se manoseaban las partes íntimas, se veía el penecito erecto de ese niño bisexual, la niña le tocaba con leves agites y estiramientos, él se reclinó en el extremo de la cama para que ella pueda seguir tocando, reían, sorprendentemente para vista de Luciano la boquita de la niña empezaba a lamer y chupar el penecito lampiño de su amiguito, el niño suspiraba viendo hacia el techo y luego cerraba los ojos apaciblemente, se notaba que la niña sabía hacerlo, Luciano se preguntaba quién le habría enseñado, con seguridad manifiesta pensaba que fue un adulto, le hizo gestos a la niña para que se arrime en la cama, ahora el arrodillado abría con sus deditos los labios vaginales para olerlos y lamerlos ella reía ampliamente, suspiraba al sentir el paso de la lengua por sus labios vaginales llegando la punta al cerrado clítoris, estaba gozando bien y mucho a la vez, despacio se fue arrimando a la niña uniendo las pelvis, el penecito se deslizaba por los labios vaginales alzando y bajando las caderas, la niña pujaba y gemía, los dos tenían los brazos estirados con sus manitos entrelazadas, se notaba el pene deslizándose por la vaginita, le dijo con señas que se diera vuelta, ahora el culito de la pequeña estaba a disposición de ese penecito, se acercaba poniendo la pelvis y el pene a rozar los glúteos, el tronco del pene se deslizaba en la rajita de los glúteos, el niño se movía intensamente ante la pasividad de la niña que recibían esos movimientos, la cama se movía haciendo sonar los resortes, el niño recordaba aquellas noches furtivas de su madre con su amante en la madrugada de fin de semana cuando era despertado por ese chirrido de resortes, ahora él estaba haciendo el sonido con la niña debajo de su cuerpo, se apartó de ella, agitando se el pene, ella dio vuelta, le sonrió ampliamente, se mostraba su vaginita humedecida por la que se pasaba el dedo índice, el niño miraba esos movimientos de manos de la niña, apegaba su pelvis para rozarle el pene, ella presurosa agarraba los hombros del pequeño, se volvían a mover sobre la cama, ella sonreía a ojos cerrados muy complaciente, se apartó de ella presuroso buscando debajo de la cama la bacinilla, se sentó para micciar, se escuchaba el sonido de la orina en chorro sobre la porcelana de la bacinilla, luego ella se sentó a micciar, él aprovechaba para pasarle su humedecido pene por el rostro, ella con una mano trataba de apartarlo diciendo que tiene orina y eso apesta en su rostro, fueron por su ropa a vestirse, Luciano se puso más caliente y no quedó de otra que masturbarse, dejaba los restos de su semen en aquel lugar, salió presuroso para no ser visto, desde su ventana algo tranquilo miraba a los niños pasear en bicicleta, de vez en cuando al disimulo se daban besitos y se tocaban las partes íntimas; al día siguiente una mujer bien arreglada se bajaba del auto estacionado en la entrada del internado, recibía a su hijo en las escalinatas, estaba un poco inquieta pues veía el rostro de desencanto de su hijo, pensó que era muy corto ese fin de semana para estar con él, su padre un militar de carrera se encontraba en maniobras en la selva, le toma de la mano, agradece a Fermín por los cuidados, el clérigo se acuclilla acariciándole el pelo “¡te portas bien con tu mamita!”, la mujer se despide sonriente, era víctima de sus compromisos de agenda, el niño va cabizbajo de la mano de su madre de veintisiete años, el niño mira al chófer un joven de diecinueve años, seguía cabizbajo al saludarle, es que su culito aun latía un poco a causa de lo que pasó ayer con Fermín en ese cubículo de baño en aquel lugar apartado, en su mente retumbaban las palabras del clérigo: “¡no debes decir a nadie… es nuestro secreto!” “¡nuestro secreto!” “¡siempre tendrás buenas notas!” “¡siempre… si callas!” “¡siempre… si callas!” se puso las manitos en las sienes, su madre no daba cuenta de aquello pues estaba atenta a su espejo pintándose los labios, hizo detener el auto, se despidió de su hijo con caricias a su pelo, se bajó del auto con la promesa de estar con él muy pronto en la casa jugando o paseando en las próximas horas, se iba a reunir con un grupo de amigas para organizar la llegada de un miembro de su grupo social desde la ciudad luz, ameritaba hacer bien los preparativos de recibimiento por tratarse de prestantes personalidades, mientras tanto el auto tomaba su marcha, “¿cómo te fue en el colegio jefecito?” el niño respondía asintiendo cabizbajo, “¡veo que no tan bien por tu cara!”, el niño alza la mirada suspirando, ve que el chófer se toma la entrepierna con una mano, “¡mira!”, “¡mira!” el niño volvía a estar cabizbajo, “¡oye!” “¿ya no te gusta?” “¡antes te reías al verlo!”, “¿qué pasó?” “¿algo malo en el colegio?”, el niño movía negativamente la cabeza, recordaba lo que Fermín le había dicho tras salir de aquel lugar, el chofer estaciona el auto en la entrada de esa lujosa casona, sus padres se habían instalado hace pocos meses, solo que el padre estaba en misiones militares, su madre ante la ausencia de su padre se dedicaba a eventos sociales en los que a veces se enteraba de la existencia de su hijo y lo llevaba, muchas veces lo dejaba en el internado, el niño no se explicaba el porqué de las decisiones de su madre, “¡vamos jugar con la pelota… jefecito!”, “¿quieres?” el niño respira hondo y asiente, pasaron varios minutos jugando a los penaltis, en una de esas acciones los dos caen al suelo, el chofer mira a todos los lados y le dice en el oído, “¡te espero… allá!”, se aparta pues ve llegar a la empleada que con su característico autoritarismo lo lleva a asearse y a cambiarse de ropa, mira al disimulo al chófer que a espaldas de la empleada prepotente se manosea el pene vestido, en aquel cuarto apartado del ala superior de la casona el chofer repetidamente ve su reloj, estaba acostado entre unos sacos puestos en el suelo, era la cama improvisada que tenía en los encuentros con el niño, el tiempo pasa y pasa, mira el reloj constantemente, da cuenta de una cosa, no va a venir, extrañado sale del lugar, lo ve al niño jugando con los muñequitos y cochecitos de guerra que su padre se los había obsequiado, se acerca a preguntarle “¿qué pasó?”, “¡te estaba esperando!”, “¿por qué no fuiste?”, el niño le miró triste, “¡es que… no puedo!” “¿por qué?”, respiró hondo, le miró y quedó en silencio, “¡no puedo!”, se apartó del chófer y subió a su cuarto, sin duda era un niño muy sensible, regresa a ver la presencia de la autoritaria empleada formada por institutrices británicas y alemanas, de allí lo recio de su carácter que acoplaba lo autoritario con su carácter, su mirada electrizante hizo que el joven se retire a sus ocupaciones mientras ella con su toque psicológico iría a averiguar el pesar del niño, sus estrategias metódicas de pesquisa maternal sublime dieron el resultado esperado, el niño declaraba con detalles lo que había pasado en ese cubículo, prometió no decirle a sus padres lo que había declarado, rato después bajaba pensativa las escaleras, aquella mujer fría de descendencia europea pasó junto al chófer que limpiaba el auto muy cerca le dijo casi a susurro “¡te ganaron!” quedó extrañado el joven con el trapo suspendido al viento en sus manos “¿qué?” la mujer irónicamente emitió una mueca de su rostro viendo la entrepierna del joven chófer recomendado por ella, “¡que… te ganaron!”, siguió viendo fríamente la entrepierna, luego partió a discreción  entrando en la casona, el joven continuaba limpiando de polvo el auto con una expresión de extrañeza, en su mente iba analizando la frase que retumbaba si psique: “¡te ganaron!”, “¡te ganaron!”, “¡te ganaron!” recordó que la empleada miraba la entrepierna, reaccionó lanzando con furia el trapo de limpieza, no lo podía creer, pronto le preguntaría a la mujer los detalles; a unos kilómetros de distancia se notaba un ambiente fresco en ese apartado lugar, faltaría poco para darse la presencia del ocaso, furtivamente una figura caminaba por aquel sector alejado, al salir dejaba inscrito en la pared donde se había antes escrito las líneas:

O    8=>  <=8     JL  (+)

O    8=>  <=8     RH

(+) JL    8=>  <=8     RH

La siguiente inscripción era un testimonio por lo que había sucedido allí, estaba agregada en ese par de líneas descritas:

F    8=>  <=8    IA

2 / 04 / 1971

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Los ríos de tinta se daban en los tabloides, la noticia era de momento que se daba en todas las latitudes del país de la canela para los primeros días del mes de abril de 1971, había fallecido Jairo Andrés Gómez, la foto recorría el país anunciando su obituario, a las siguientes semanas de haberse realizado el sepelio aún desfilaban conocidos personajes del difunto, una de ellas era la visita de Agripina y Mielicilla a la tumba de donde se encuentran aquel quien fuese  hombre prestante de negocios, Jairo Andrés Gómez, una mujer iba acompañada de su hija, se arrodilló frente a la tumba, no pudo resistir el llorar delante de su hija que parada miraba atenta los movimientos de su madre y al mismo tiempo miraba la tumba de aquel hombre muy importante que lo fue en su vida, él le había engendrado en su madre Clemencia, aquel hombre bajo tierra fue su padre, la dejó siendo muy pequeña, los abandonó, no se supo de él hasta que vio la foto y referencias, no podía ser otro que no fuese él, antes tenía la sospecha pero no le recordaba, hasta que en las limpiezas de la bohardilla de la estancia encontró una foto de joven que se asemejaba a él, ahora estaba en su delante, “¡cuántas cosas quise decirte!” la hija seguía rígida “¡te perdiste de estar con tu nieta!” de pronto unos zapatos muy brillosos se juntan al lado de Mielicilla, siente que una mano se posa en su hombro, gira y emite una fuerte sonrisa, es su padre, el ex senador, luego detrás aparece un joven de veintiséis años, llevaba un perro de descendencia de lidia vaquera de nombre “Taby” ese can era hijo de “Nerón” el perro de aquel indigente Anderson De la Sierva, a su lado iba su madre quien lo tuvo a los dieciséis años siendo muy joven, “¡Agripina… él es tu hermano!” la impresión de escuchar a sus espaldas esa expresión hizo que madre e hija se abracen, le joven aferrado a su perro empezó a llorar y amover afirmativamente la cabeza, el ex senador retiene al perro para que se abracen, a lo lejos Anderson De la Sierva discretamente se complacía viendo esa escena, él fue quien hizo averiguaciones y ayudó al ex senador para tal reencuentro, miró a su perro “¡misión cumplida!” el haber aceptado el tener una hermana le fue grato para él pues siempre se supo ser hijo único, ahora no estaba solo, juntos se abrazaron delante de la tumba de su padre, nació la química entre sobrina y tío, el doctor Pérez quedó en la tumba, se le unió Anderson De la Sierva, en el auto los esperaba Vladimir Ifimovich esposo de Agripina, respetaba la voluntad del padre biológico de su hijastra Mielicilla con quien tenía una magnífica relación, se sentía feliz en su compañía, los que quedaron en la tumba hablaron del destino de Agustín y su hijo Daniel Nicolás, lo importante ahora era cuidarse del poderío que adquirió Squeo al sorprendentemente saberse que había heredado gran cantidad de la fortuna de los Arichabala, el reto para ambos continuaba, existía lo que en esa época se conocía como la “guerra fría”.

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Un aire fresco se respiraba en aquel segundo lunes del mes de abril de 1971, se veía aparecer a una mujer marcando un niño pequeño rubio de piel muy blanca, a su lado iba su hijo y al otro lado su hija, detrás llevando el saco un prestante hombre de negocios del comercio exterior, ella había retornado a su país, ahora tenía cuarenta y cinco años, estaba más regia, más madura, más jovial, más despreocupada, y no era para menos, los fantasmas Arichabala habían desaparecido, venía a visitar las tumbas, de Fulgencio y Matilde, pero había algo que la inquietaba de todas formas ya sea levemente, en su encuentro estaba allí su sobrino Daniel Nicolás, a distancia estaba Squeo, vigilante de los movimientos de los herederos recién llegados, el abrazo fue muy sentido entre Cayetana con Agustín y Daniel Nicolás, fue el soñado momento, se contuvo al tratar de decirle la verdad, Fernanda no se esperaba la presencia de aquel hombre que significó mucho en su vida, estaba segura que vino por su hija, estaba segura que ya lo sabía, lo notaba en el trato, al llegar a la mansión Alsogaray Marques de la Plata había un grupo de personalidades recibiéndole con una atenta recepción que el esposo le había permitido hacerla en los jardines de la propiedad citadina capitalina, una de las más entusiastas era Catarina, estaba junto con su hijo Ignacio Alonso, eran criollos descendientes de nobles hidalgos españoles, el pequeño de siete años disfrutaba de los juegos hechos en especial para el pequeño Jules Arthur André Alzogaray, hijo de Saúl André y Fernanda, nacido aquel día sábado 20 febrero del 1965, estaban al cuidado sus hermanos mayores Cayetana Fernanda Catalina Arichabala González nacida abril 1954, era una jovencita que en ese mes cumpliría sus diecisiete años, estaba también su otro hermano mayor Mateo Fulgencio, el hijo de Fernanda nacido en abril de 1958, también en este mes cumpliría los trece años, sin duda el más inquieto era el pequeño Jules, tenía una piel muy blanca, resaltaba entre los otros niños hijos de los invitados, mayormente de carácter femenino lo que llamaba la atención de la popularidad de su esposa, el empresario aprovecha para reunirse con industriales y comerciantes, Fernanda estaba siempre a su lado, era su consejera vital, sabía orientarle, luego de esa recepción tocaba visitar la mansión Arichabala, se enteraron de la situación de la vecindad, algunos habían muerto, ente ellos causó pesar el fallecimiento de Dionisio en extrañas circunstancias, quedó pensativo Mateo Fulgencio al escuchar la noticia, se reunieron con el escribano para conocer sobre su herencia, los nietos caminaron por el lugar llevando de la mano a su hermano pequeño, tantos recuerdos venían a la mente de los niños, fueron a los restos de incendio de lo que quedaba en la bodega de vinos, habían escuchado que se encontró el esqueleto de algún miembro de la familia que a voluntad seguramente estaba alojado allí, habían solo restos calcinados, el pequeño Jules tomó con sus manito un objeto que brillaba y le llamaba la atención, sus hermanos sabían de qué se trataba, las llaves, recordaban que estaban escondidas en un altillo empotradas en la madera del puntal principal de la bodega, tenía inscrito un número en romano, Cayetana guardó las llaves, salieron del lugar, atrás quedaban siglos de historia familiar consumidos, hasta ahora existe la pregunta de quién fue el autor de este incendio.

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La travesía de Valentín valió la pena, más aún, haber llevado a Osman a ese sitio selvático en donde vivió por un buen tiempo, su padre le había dado el permiso para que lo acompañe ante la indignación de Venancio que iría con ellos, Osman era reconocido en el pueblo, se enteraba de las noticias que los guerrilleros se habían adentrado en la selva, el ejército dominaba el sector, esa noche original para Valentín la pasó estudiando el lugar, deseaba recorrer las propiedades, conversó con Joaquín Valdés, el terrateniente del lugar, mostraba recelo disimulado ante la presencia de Osman, le invitó a visitar el lugar donde vivía, llegaron a la ramada, estuvieron un rato, montaron a caballo  “¡te llevaré a un lugar que te va a gustar!”, galoparon por esos senderos de las siete lomas, hasta que llegaron a aquel lugar, desde lo alto se veía bien esa cascada en el arroyo, “¡aquí la pasé feliz!” estaban los dos recorriendo el lugar, amarraron los caballos en la cabaña en ruinas, vieron los alrededores quedando bien impresionado, entraron, vieron el interior, le llamó la atención el acabado pese a estar en ruinas por lo tupido de la vegetación, de un impulso Osman le abraza, “¡mi gringo bello!” “¡te amo!” se fundieron en abrazos y besos apasionados “¡aquí… hazme tuyo!” se iban quitando la ropa mutuamente hasta quedar desnudos completamente, hicieron un 69 ligero y luego en posición perrito se metían mutuamente el pene ensalivado por el culo, así estuvieron por un tiempo, le toma de la mano a Valentín “¡ven!” “¡quiero mostrarte algo!” “¡te va a gustar!”, los dos entran a las cristalinas aguas del arroyo, se abrazan y besan apasionadamente, “¡te amo Valentín!” “¡yo también te amo Osman!”, dan giros en el agua, se manosean los cuerpos humedecidos, ingresan a la cueva, Valentín queda inquieto por el lugar original, ya antes había visitado lugares así, este era muy especial, vio que Osman se acostaba de espaldas sobre una roca plana, alzó las piernas, estaba muy deseoso, “¡ven!” “¡házmelo aquí!” “¡métemelo!” “¡métemelo!” los dos cuerpos se hicieron uno, le penetraba a piernas al hombro, intensamente ese pene hacía furos el culito de Osman, “¡nunca olvides de este lugar… Valentín!” “¡Valentín!” “¡Valentín!” “¡te amo!” “¡te amo!” “¡sigue!” “¡sigue!” le dio pene hasta que dejaba su semen dentro del culo de Osman el hijo de Squeo, se notaba el rostro de felicidad de Osman, quedaba complacido, quedaron abrazados sintiendo las gotas de agua impactándose sutilmente en sus pieles, “¡Nunca olvides este momento… te amo Valentín!”, “¡te amo!”, “¡mi gringo bello!”,“¡te amo!”, se besaron, Osman acostado ahora encima de Valentín se daban besos muy apasionados, “¡ahora… házmelo tú, mi amor!” sobre la roca plana Valentín se ponía en cuatro, el pene de Osman entraba haciéndole causar furor en ese culo, “¡me gusta!” “¡me gusta!” “¡todo… métemelo!” “¡todo!” “¡todo!” sintió de pronto que el semen de Osman se deslizaba en sus entrañas “¡sí!”, “¡sí!”, “¡préñame!”, “¡préñame!” y allí quedaron satisfechos ambos cuerpos tendidos en la roca plana, de súbito tiempo después Valentín se puso en cuclillas a pujar excremento con semen que salía de su ano, miró arriba la pared, se inclinaba para limpiarse el culo con agua sin dejar de ver las inscripciones en la pared, lentamente se puso en pie, estaba atento, sus dedos recorrían esas inscripciones, a su lado miraba Osman estirándose el pene y rascándose el culo dilatado, “¡mira… es lo que te decía!”, se notaba con claridad la leyenda: “–>R<–>L<–  empezaron a hacer su hijo”, debajo la siguiente línea “30-IX-61”, le dijo que se trataba del testimonio de Renata y Lupercio una niña y un joven amantes, se sentó a contarle la historia, quedó impactado por lo que escuchaba refiriéndose al propietario de ciertos pedazos de terreno que le iba a comprar, luego se vería la inscripción “O    8=>  <=8     V”, to never forget” hecha por Valentín, Osman completa su escritura mostrando así como testimonio haber hecho el amor en ese lugar, debajo de la línea de Valentín se aprecia la siguiente línea “25-IV-71”.

FIN DEL DUCENTÉSIMO NONAGÉSIMO EPISODIO

7 Lecturas/25 febrero, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: bisexual, colegio, hermanos, madura, mayor, mayores, militar, trio
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