Mi esposa me inició en el mundo metrosexual, y unos hombres al verme algo afeminado en el gimnasio me comieron el culo.
Un tipo va a un gimnasio pero al verse algo afeminado por depilarse todo el cuerpo y sacarse las cejas, otros tipos lo presionan hasta que lo obligan a que les de el culo. .
Desde antes de casarnos, cuando éramos novios todavía, a mi novia le dio porque me convirtiera en un chico metrosexual, yo francamente la idea no me agradaba mucho, pero ante tanta insistencia, y con comentarios tan halagadores como. “De seguro si te depilas todo el cuerpo, te vas a ver mucho más bonito, y otras cosas como. “Si decides depilarte todo, soy capaz de dejar que me des por el culo.”
Ante una oferta como esa, desde luego que acepté depilarme todo el cuerpo, y desde luego que recibí mi premio, que consistió en que ella me dejó que sabrosamente le diera por el culo, apenas ella misma terminó de depilarme.
Fue algo fantástico, ya que, estando los dos solos, yo completamente desnudo, acostado sobre el sofá en mi apartamento, mi novia comenzó por untar toda mi piel con ese producto, iba sintiendo sus dedos por todos los rincones de mi cuerpo, colocando una buena cantidad en mis axilas, así como en toda mi área genital, a pesar de la gran erección de mi miembro, y hasta entre mis nalgas, me paso la crema esa.
Lentamente después de esperar un corto rato, ella se dio a la tarea de ir pasando una toalla húmeda, para ir retirando la crema y todos aquellos vellos que se iban cayendo como por arte de magia, después de que me limpio todo con la toalla húmeda, y se quitó lo que le quedaba de crema en las manos, se me acercó, y de inmediato comenzó a quitarse el vestido, que era lo que yo esperaba.
Tomó mi miembro entre sus dedos y lentamente comenzó a manosearlo lentamente, aunque yo ya me encontraba bastante excitado, apenas comenzó a tocar mi verga, nuevamente se me puso a millón, para luego, lentamente comenzar a untarse aceite entre sus paradas nalgas.
Lentamente me fue restregando sus nalgas contra mi cuerpo, pero dejando para lo último mi verga, yo estaba que no cabía dentro de mí, del placer que mi novia me proporcionaba con su parado culito, era algo único y sin igual, tanto que en esos momentos pensaba, que bien había valido la pena, dejar que me depilase todo mi cuerpo, al momento en que me vine dentro de su culo, no dejó de restregar sus nalgas contra mi cuerpo.
Tan bien me sentí que cuando me dijo que la dejase sacarme las cejas, y darme un tratamiento de limpieza facial, no vi nada malo en ello.
Al terminar me pidió que le modelase, lo que hice de buena gana, sus palabras de halago a lo bien que me veía me agradaron mucho, y cuando se dedicó por un buen rato a decirme que ahora mis nalgas si se veían buenas, y que provocaba tocarlas y agarrarlas, lo que hizo de inmediato, yo estaba tan complacido, que no lo tomé a mal.
Es más después de que nos casamos, continuamos mutuamente con esa práctica, en ocasiones cuando me encontraba fuera de casa, hice algunos levantes, los que pienso que se debió en gran parte por estar completamente depilado, lo digo porque algunas de las tipas a las que llegué a metérselo, me lo comentaron.
Lo bien que se sentía mi piel, y lo bello que tenía mi cuerpo, sin ningún vello encima, pero mi esposa, no se conformó con convertirme en un metrosexual, como dicen, sino que le agradaba comprarme ropa para que luciera mi cuerpo, por lo general pantalones bien cortos, camisillas sin mangas, y cosas así por el estilo.
Me encontraba en el gimnasio realizando mis rutinas de ejercicios cuando me sentí algo incomodo por las miradas de parte del resto de los presentes, por lo que me moví al fondo del gimnasio, donde únicamente había tres tipos, pero uno de ellos, valía como por diez, lo digo por lo alto, y corpulento que era el desgraciado ese.
Al principio no me di cuenta, pero de momento sentí que era observado, y al voltear la cabeza en dirección donde se encontraban esos tres tipos, los veo que miraban mis nalgas sin disimulo, ni vergüenza alguna, por lo que decidí retirarme del gimnasio.
Sus compañeros le decían algo en voz baja, y de momento su fuerte risotada rompía el silencio del local, al principio me sentía bien orgulloso de lo bien que se veía mi cuerpo, sin un solo vello encima, pero después de un buen rato mientras terminaba de hacer mi rutina de ejercicio, me sentí algo incomodo por las insistentes miradas de esos tres, por lo que terminé de hacer mis ejercicios.
Me disponía a marcharme, cuando el tipo grande me interceptó tomándome por el brazo, mientras que uno de sus compañeros me tomaba por el otro, y el tercero se colocó tras de mí, con una afilada navaja me puyó las costillas diciéndome. “Maricón, sigue caminando sin llamar la atención.”
Al verme en esa situación lo primero que pensé fue que se trataba de un secuestro, e inútilmente traté de llamar la atención de la personas que atendían el negocio, pero en todo momento se mantuvieron de espaldas a nosotros, como no queriendo ver lo que sucedía.
Mis captores me obligaron a caminar, pero en lugar de salir del gimnasio se dirigieron al último salón al fondo del local, el gigante me dijo. “Bueno Cariño, vete quitando tu ropita.” de inmediato traté de razonar con ellos dos, y comencé por decirle que se habían equivocado, que yo no era gay ni maricón, ni nada que se le pareciera.
Pero todo ese esfuerzo fue en vano, ya que cuando justo pensaba decirles, que se iban a meter en un problema, recibí un fuerte golpe en la boca del estómago, tan fuerte fue, que de inmediato fui a dar contra las colchonetas que se encontraban en el piso ya que apenas y podía respirar, entonces escuché decir al tipo grande, que me dijo de manera amenazante. “Haces caso, o te prometo que te parto el cuello, si no haces lo que te ordenemos Cariño.”
Yo aun me encontraba tirado sobre las colchonetas, retorciéndome del dolor, y apenas podía respirar bien, pero asentí con mi cabeza afirmativamente, el grandote se me acercó y me dijo. “Cariño, que esperas para quítate esos pantis que tienes puestos.”
Refiriéndose a mis pequeños pantalones cortos, no me quedó más remedio que obedecer, y apenas me quité el pequeño pantalón corto que tenía puesto, me dijo. “Y la blusita esa también.” Por lo que me quité, la camisilla sin mangas, que estaba usando.
Quedé completamente desnudo, y el más grande se colocó tras de mí, y tomándome por el brazo me obligo a que me pusiera de pie, insistí nuevamente, que se equivocaban que yo no era maricón, y uno de ellos me preguntó riéndose. “¿Por qué tienes el cuerpo como el de una modelo?, ¿Por qué te sacas las cejas?, Además te vistes como una nena, y eso sin contar la manera en que mueves las nalgas cuando caminas, no que va, tú no eres maricón, solo te gusta que te den por el culo.”
Al mismo tiempo que ese tipo me decía esas palabras, sentí las manos del grandote acariciando mi piel, sobre mis desnudas nalgas, y dirigiéndose a su compañero le dijo. “Ves flaco, este maricón tiene las nalgas más lisas y la piel más suave que la de tu mujer.”
Yo me quedé en silencio, sabiendo que era inútil el que les dijera que no era maricón, o que les explicase que ese era un antojo de mi mujer.
De inmediato le escuché decirme. “Cariño, ponte en cuatro.” Desesperado traté de salir corriendo, pero fue inútil, él me agarraba con fuerza por el brazo, y el otro se colocó frente a mí con su navaja apuntando a mis costillas, mientras que el tercero se moría de la risa, sentado sobre un banco.
Ya ante la impotencia de poder liberarme, sumisamente me dejé caer al suelo, el grandote separó mis piernas, y con su otra mano continuó tocándome las nalgas, hasta que sus ensalivados dedos, hicieron blanco en el centro de mi culo.
Él otro tipo lo observé cómo se bajaba el pantalón, y sacaba su verga, la que mientras que jugaba con ella entre sus dedos, me fue diciendo. “Si me llegas a morder, te mueres.” Esas palabras dejaron bien claro para mí, que era lo que me esperaba.
Cuando más distraído me encontraba observando el miembro del tipo que estaba frente a mí, el grandote se colocó tras de mí y comenzó a pasar la cabeza de su miembro por entre mis nalgas.
Mi esfínter comenzó a sentir el roce de esa cosa caliente y dura, y nuevamente sentí como me untaba otro poco de saliva, cuando comenzó a penetrarme, sentí que me desgarraban el culo, pero fue cosa de un instante.
Y aunque no se lo había llegado a ver, me pareció que para su tamaño tenía una verga pequeña, algo gruesa pero pequeña, sus manos me tomaron por mis caderas y apretando con fuerza su cuerpo contra el mío, terminó de penetrarme completamente.
Ya estaba comenzando a soportar el dolor, cuando frente a mi boca el otro puso su verga, y su navaja a la altura de mi cuello, desde ese momento me dije a mi mismo que saldría vivo de eso, por lo que, cerrando mis ojos, me dediqué a mamar y mamar, mientras que, sin hacerlo de manera consciente, comencé a mover mis caderas.
Aunque me avergüence el decirlo, disfruté eso, que los dos desgraciados me estaban haciendo, el grandote seguía llamándome Cariño, mientras que su compañero al que se la estaba mamando, me repetía una y otra vez. “Mama, mama, maricón que lo estás haciendo muy bien para no gustarte.”
La verdad es que sus insultos y palabrotas, no me molestaban, lo que me estaba sucediendo, me comenzaba a gustar, por lo que, dejándome de tontería, seguí moviendo mi culo de lado a lado, mientras que el grandote, metía y sacaba casi por completo toda su verga.
En el fondo del gimnasio esos tres tipos, me lo estaban metiendo, en cierto momento parecía un pollo a la vara, ya que me entraba una verga por mi boca y otra por el culo, como cuando asan a los pollos.
De momento al que se la estaba mamando se vino por completo dentro de mi boca y parte de mi cara, después de eso el grandote, decidió ponerme boca arriba y agarrándome por los tobillos, separó mis piernas, y dirigió nuevamente su verga contra el hueco de mi culo.
Así permanecimos hasta que a él le dio la gama de venirse sobre mi cara, cuando sacó su verga de mi culo, y colocó su verga a pocos centímetros de mi cara, tras lo cual sentí el chorro de su semen pegar contra mi rostro.
Después de un corto rato, el tercero de los tipos, sin que él me lo dijera coloqué mis nalgas al aire, y esperé a que me introdujera su verga dentro de mi culo para ponerme a mover mis caderas divinamente.
Mientras que el tipo grande, me tomó por el cuello, colocando su verga frente a mi boca, la que de inmediato me puse a mamar, hasta que su verga volvió a ponerse completamente dura dentro de mi boca.
Yo en esos momentos, me sentía por un parte bien desgraciado por lo que me sucedía, pero por otra esa sensación de que me agarrasen entre ellos dos, y ser penetrado salvajemente tanto por el culo como por la boca, era algo increíblemente excitante, cuando por segunda vez me volvieron a penetrar, a pesar del dolor, lo disfruté intensamente.
El resto del tiempo ellos tres se dedicaron a seguir dándome por el culo u obligándome a que les siguiera mamando sus vergas y burlarse de mí.
En cierto momento me quedé medio dormido, por todo el agotamiento que tenía mi cuerpo, cuando de momento los tres desaparecieron, junto a mí se encontraban las llaves de mi auto, mi cartera y mi ropa.
Yo como pude me volví a poner el condenado pantalón corto, la sucia camisilla sin mangas y procuré encaminarme hacia la salida del gimnasio, me dirigí a mi casa, donde me di un buen baño, sin comunicarme con mi esposa.
Me sentía mal, quería decirle lo sucedido a mi mujer, pero la vergüenza y el temor a su rechazo me impedían que lo hiciera.
Hasta que una de las noches en que nos encontrábamos jugando en la cama, y tomándonos unos tragos, mi esposa se colocó tras de mí, y colocando sus manos sobre mis nalgas las comenzó a tocar de manera lasciva, quizás fue un reflejo o que se yo, pero al sentir sus dedos rosando mi esfínter y acariciando mis nalgas, se me escapó un profundo gemido, de placer.
En esos momentos me sorprendió escucharla decirme “Mi amor me dejas que te dé por dé tras.” Yo me hice el indignado, pero ella de inmediato me siguió diciendo. “Si quieres yo te lo hago a ti primero, y luego tú me lo haces a mí después.”
Creo que por curiosidad le pregunté riéndome, como ella me lo haría a mí, de momento me respondió. “Fácil amor con un juguetico que acabo de comprar el día de hoy.
Tras decir esas palabras sacó de su mesa de noche, unas finas correas de cuero y pegadas a ellas un pene de goma de regular tamaño, sin decirle yo que aceptaba o no, mi esposa se colocó las correas alrededor de su cuerpo, y esa imitación de un pene quedó justo frente a su depilado coño, apuntando hacía mi cuerpo.
En ese instante pensé que quizás así se me facilitaría decirle a ella lo sucedido, por lo que simplemente me acosté boca abajo, separé mis piernas y de inmediato sentí los dedos de mi mujer acariciando mi esfínter, y untándome no sé qué grasosa crema.
Por un rato me continuó acariciando toda mi área anal, y hasta comenzó a ir introduciendo sus dedos dentro de mí, y después de un buen rato, dejo de hacer eso y colocó su cuerpo sobre el mío, mientras que yo me moría de los nervios.
Cuando mi esposa dirigió su verga de goma al centro de mis nalgas, comencé a sentir como ante la presión de su cuerpo, mi esfínter cedía y comenzaba a tragarme todo su juguete.
Al tiempo que lentamente yo comencé a mover mis nalgas, y ella me sujetaba sabrosamente por mis caderas, metiendo y sacando una y otra vez esa cosa de mi culo.
Por un buen rato continuó haciéndome eso, y provocándome un intenso placer que yo no podía ocultar, hasta que me indicó que me cambiase de posición lo que hice encantado de la vida.
Acostándome boca arriba mientras que ella me tomaba por los tobillos y separaba mis piernas, de esa manera pude ver, como mi esposa dirigiendo su nuevo juguete lo enterraba nuevamente dentro de mi culo, no sé qué sucedió realmente, pero apenas me agarró mi verga, expulse una gran cantidad de semen.
Después de esa noche, con regularidad cambiamos de papeles si se le puede llamar así, a lo que hacemos ambos gustosamente.
Recientemente mi esposa me preguntó, como quien no quiere la cosa, que opinaba yo si en alguna ocasión incluíamos a otras personas en nuestros juegos, no le he respondido, pero estoy bien tentado a decirle que sí, siempre y cuando esas personas sean hombres, y que me lo metan a mi primero.
Pero lo principal es que aun del tiempo que ha pasado desde que me comieron el culo por primera vez, aun no me atrevo a contarle todo a mi esposa, a pesar de que ocasionalmente en el gimnasio siempre hay alguien que me quiera hacer el favor.




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