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Dominación Hombres, Gays, Travestis / Transexuales

Mi madre y mi hermana se sorprendieron al verme vestidito de nena, dejando que su inquilino me estuviera dando sabrosamente por el culo.

Un joven se da cuenta que su hermana mayor y su madre, se acuestan ocasionalmente con un inquilino al que le rentan una habitación, el chico las envidia a ellas hasta que se da la ocasión en que el inquilino se acuesta con él vistiéndolo de nena..
Cuando durante la cena mi hermana y mi madre, me comunicaron que finalmente habían conseguido rentar la habitación de huéspedes, realmente no me dio la menor curiosidad por saber nada al respecto, ya que, aunque la idea fue mía, entendí que mi madre era la que debía recibir todo el dinero de la renta, de dicha habitación.
Si la escuché decir que el nuevo inquilino era un estudiante de intercambio en el mismo colegió universitario donde yo estudiaba, pero sin darle la menor importancia después de terminar de desayunar, me fui a la universidad para preparar una presentación que debía hacer en una de mis clases.
Al regresar a casa esa tarde, me encontré con el nuevo inquilino, un tipo como de dos metros de alto, negro como un carbón, de porte atlético, el cual me presentó mi madre apenas traspasé la puerta de la casa, diciéndome que él era estudiante de intercambio que había rentado la habitación de huéspedes.
Tras el saludo y un corto intercambio de palabras, me dirigí a mi cuarto, pero de momento me pareció ver algo bastante raro, ya que tanto mi madre como mi hermana mayor, una vez que el huésped entró a su habitación las dos de manera bien vulgar, desde mi punto de vista, se relamieron los labios, al tiempo que tanto una como la otra, se hicieron señas entre ellas, las que yo interpreté como que el miembro del inquilino era extremadamente grande.
Pero de inmediato me dije a mi mismo que eso no podía ser, que seguramente yo había malinterpretado algo, ya que ni mi hermana y mucho menos mi madre sería capaz de actuar de esa manera, tan vulgar, o por lo menos eso pensaba yo en esos momentos.
La cosa es que en muy pocas ocasiones nuestro inquilino y yo nos cruzábamos en la casa, y en la universidad, muchísimo menos, ya que aparte de que ambos estudiábamos en facultades completamente diferentes, yo me encontraba en mi primer semestre dentro de la universidad, mientras que él estaba finalizando una maestría.
Pero con el pasar del tiempo comencé a notar algo raro en la conducta de mi hermana y mi madre, al principio era que dejaron de usar sus vestidos y a las dos les dio por andar con ropa demasiado deportiva, es decir pantalones extra cortos, camisetas super ajustadas, y cosas así por el estilo, pero al poco tiempo me di cuenta de que las dos, comenzaron a andar por la casa prácticamente medio desnudas, con apenas unos pantis y sostenes casi transparentes, sin más nada encima.
Es más hasta pensé en llamarles la atención, recordándoles que teníamos un inquilino, por lo que no era adecuado que ellas dos anduvieran por toda la casa prácticamente sin ropa alguna, cosa que por suerte nunca me atreví hacer, ya que en mucha de esas ocasiones yo disfrutaba el verlas así semidesnudas, y en consecuencia me encerraba en la ducha para masturbarme, aunque después de eso me entraba un complejo de culpa tremendo por excitarme, sobre todo viendo a mi mamá, o a mi hermana en esas condiciones.
Pero si eso hubiera sido todo, no había problema, pero una tarde me di cuenta de que mi hermana mayor repentinamente se metió en la habitación del inquilino, y lo que me llamó más la atención no fue que ella anduviera prácticamente desnuda, ya que al principio pensé que había entrado a limpiar, pero al pasar frente a la puerta de la habitación del inquilino, escuché unos inconfundibles ruidos de sexo, lo que me paralizó momentáneamente, hasta que se me ocurrió entrar al baño que también se comunicaba con la habitación del inquilino.
Procurando hacer el menor ruido posible, me puse a mirar por el ojo de la vieja cerradura de la puerta que comunicaba del baño al cuarto del inquilino, y lo que vi me dejó sin palabras, por el ojo de la cerradura alcanzaba a ver a i hermana mayor ya completamente desnuda, cabalgando sobre nuestro inquilino, y por suerte la cama quedaba justo frente a la puerta que comunica al baño donde yo me encontraba espiándolos, por lo que podía ver claramente como la enorme verga del inquilino entraba y salía una y otra vez del coño de mi hermana.
Al rato cambiaron de posición y fue cuando él la penetró por el culo, cosa que también me asombró, y no es que yo sea racista, pero el ver como aquella enorme verga negra, entraba y salía una y otra vez del rosadito culo de mi hermana, me tenía todo loco, luego de que él acabó o se vino dentro del culito de mi hermana, lo que me llamó la atención fue que sin tan siquiera lavarlo, la puerca de mi hermana se dedicó a mamar aquella enorme verga, y les puedo asegurar que luego de un buen rato de estar mama que mama, mi hermana se tragó el semen de ese tipo.
Le voy a ser sincero, la verdad es que envidié aquella enorme verga, máxime cuando la mía en comparación con a de él, es sumamente chiquita, y no exagero, decir lo contrario sería mentir, yo no sé que me pasó que ahora que lo pienso no era que yo envidiase semejante verga, lo cierto era que la admiraba tanto, que puedo decir que prácticamente estaba o mejor dicho estoy enamorado de esa cosa.
Pero si lo de mi hermana me impactó, al poco tiempo me di cuenta de que mi señora madre, también se revolcaba con el inquilino, pero en lugar de hacerlo en el cuarto de él lo hacían en el cuarto de ella, lo que sin que ellos dos se dieran cuenta me permitía espiarlos ya fuera por una de las ventanas del cuarto de mi mamá, o por una rejilla de ventilación que daba a mi habitación, y me permitía tener una vista panorámica de todo el cuarto de mi mamá.
Y si viendo como nuestro inquilino hacía tan feliz a mi hermana, cuando vi lo que mi madre y él hacían no lo podía creer, ya que vi como el culito de mi mamá se tragaba semejante cosa, cuando no era que ella le mamaba toda su verga a él, como una loca, y encima él prácticamente le enterraba una de sus enormes manazas dentro del coño de ella.
Y si fue en una de esas tantas veces que estuve espiando al inquilino ya fuera teniendo sexo con mi madre, o con mi hermana, que al ver en el rostro de ellas dos una expresión de total felicidad y placer, comencé a sentir el oscuro deseo de que él me penetrase a mí, al principio no lo quería aceptar, lo negaba, la sola idea de que él tipo ese me penetrase para mí era algo sumamente perverso, pero poco a poco mi manera de pensar fue cambiando, al punto que a los pocos días reconocí que deseaba intensamente que él me enterrase toda su verga por mi culo.
Pero al ver en repetidas ocasiones como su enorme herramienta entraba y salía tanto del coño como del culo y la boca de mi madre y mi hermana, ingenuamente pensé que en mi caso sería algo similar, pero hasta esos momentos no me atrevía ni tan siquiera a realizar un discreto acercamiento, por miedo a que se enfadase conmigo y me golpease.
Por otra parte pensando en agrandar aunque fuera un poquito el ojete de mi culo, comencé por ir introduciéndome mis dedos cuando me enjabonaba, al principio el índice, luego el corazón o sea el largo dedo del medio, posteriormente les sumé el anular, hasta que finalmente me empujé con todos ellos el pulgar y hasta el meñique, y una vez todos enjabonados y dentro de mi esfínter, al mismo tiempo que los empujaba dentro de mí, procuraba separarlos aunque fuera un poco, de forma o manera rítmica una y otra vez.
De usar mis propios dedos cuando me encontraba completamente enjabonado dentro de la ducha, pasé a usar uno que otro embace plástico de champo, siempre y cuando su grueso fuera similar al del inquilino, al igual que su largo, cosas que al principio me producían un cierto grado de raro dolor, y digo raro porque me fascinaba el sentir ese tan peculiar dolor dentro del ojete de mi culo.
Así fui poco a poco dilatando mi esfínter anal, y disfrutando de las más raras masturbaciones al mismo tiempo que me auto penetraba ya fuera con mis dedos o con alguno de los juguetes que fui recolectando, los cuales en ocasiones al irme a dormir, tras embadurnar mi apretado culito con aceite de coco, me empujaba alguno de esos juguetes de plástico, los cuales en ocasiones llenaba con algo de agua caliente, y cuando se encontraban a una temperatura disfrutable me los empujaba una y otra vez, y en ocasiones me quedaba dormido con eso dentro de mi culo, soñando o fantaseando, que esa era la verga de nuestro inquilino.
Pero un día mi hermana mayor, mientras nos encontrábamos desayunando, y justo después de que nuestro inquilino se fue a la universidad, la muy hija de la gran puta me dijo. “A ver si disimulas un poco.” Yo algo desorientado y confundido le pregunté a que se refería, a lo que la muy desgraciada entre risas me respondió. “Durante todo el desayuno no apartaste la vista de la verga de él.”
Yo me quedé sin saber que decir, hasta que dirigiéndome a mi mamá le dije que mi hermana me estaba faltando el respeto, molestándome, y diciendo estupideces, fue cuando mi propia madre me respondió diciendo. “Hijo es cierto, tu estas que te babeas por la verga de él.”
No podía creer lo que ellas dos me habían dicho, por lo que dejé de desayunar, y de inmediato me marché a mi habitación maldiciéndolas mentalmente a las dos putas esas que se acostaban con el hombre de mis sueños, desde ese día dejé de desayunar junto con ellos tres, para evitar esas incomodas situaciones que, aunque fueran ciertas, a mí me avergonzaban muchísimo.
Pero a los pocos días, no se si fue lo que llaman el karma, o la suerte, la cosa es que mi madre se ganó un premio de dos pasajes en crucero por las islas griegas, por lo que en consecuencia me quedé completamente solo con el inquilino en la casa, y desde el mismo día que ellas dos se marcharon, yo comencé a andar semidesnudo por toda la casa, es decir andaba con un super pequeño interior, o slip que se me enterraba dentro de mis nalgas.
Y por aquello de prevenir en lugar de lamentar, en todo momento mantenía el hueco de mi apretado culito completamente aceitado, como eso fue un viernes, y esos días no tengo clases, me la pasé así medio desnudo por toda la casa, hasta que él regresó, tras saludarme entró a su habitación lo escuché ducharse, y posteriormente salió con una pequeña toalla alrededor de su cintura, lo que sin mucho esfuerzo de mi parte me permitía ver gran parte de su enorme instrumento.
En par de ocasiones pasé frente a él moviendo mis paradas nalguitas, sin atreverme a tomar otra iniciativa, cuando ya estaba pensando en retirarme a mi cuarto, sentí una de sus gruesas y fuertes manos que me sujetaban por el brazo, diciéndome. “Mira, no vamos a perder el tiempo, yo se lo que tu quieres y tu ya sabes lo que yo quiero, así que camina vamos a tu cuarto.”
Y tal como él me lo dijo así lo hice, apenas llegué a mi dormitorio, sin más ni más me quité el pequeño y ajustado slip, quedando del todo desnudito frente a él, al tiempo que comencé a darle la espalda, él simplemente se quitó la toalla, y me abrazó diciéndome. “Sé que desde hace tiempo deseas que te lo empuje, pero vamos hacerlo con calma para que tanto tú como yo lo disfrutemos.”
La verdad es que apenas sentí su caliente y dura verga entre mis nalgas, no sé por qué hasta se me salieron unas cuantas lagrimas pienso que de felicidad, pero lo primero que me puso a hacer fue que me dedicase a mamar su enorme herramienta, por lo que yo sumisamente me arrodillé frente a él y agarrando esa enorme cosa, entre mis dedos, y a pesar de que no se encontraba del todo erecta, mentalmente la comparé con mi pequeña verguita, la cual a pesar de encontrarse completamente erecta, seguía viéndose pequeñita en comparación con la enorme cosa de él.
Al principio manteniendo agarrado su instrumento entre mis dedos, comencé a pasar mi lengua por encima de su casi morado glande, tal y como si me estuviera lamiendo una barquilla de helado de moras, poco a poco mi lengua la fui pasando a lo largo de toda su enorme verga, hasta llegar a su morado glande, tras lo cual poco a poco me lo fui introduciendo dentro de mi boca, mientras que él permanecía de pie frente a mí, con sus manos en la cintura, observando plácidamente como yo le lamía, mamaba, y chupaba su enorme verga.
Yo no lo podía creer, y aunque me moría de vergüenza, el estar mama que mama aquella enorme cosa, para mi era algo que me producía un enorme placer sin igual, aunque de momento el dueño de aquella enorme tranca, me ordenó que me detuviera, y me acostase en su cama, cosa que temblando de la emoción hice acostándome bocabajo, y separando mis piernas lo más que pude.
Yo me imaginaba que comenzaría a sentir esa enorme cosa caliente y morada presionando el hueco de mi apretado culito, pero no fue así precisamente, lo que realmente sentí primero fueron sus gruesos dedos, los cuales uno a uno comenzó a introducir dentro de mí, los cuales tras meterlos y sacarlos en varias ocasiones los retiró, pero en lugar de sentir su verga, fue su lengua la que comenzó a pasarla por sobre mi esfínter, su calor y su saliva me hicieron gemir de placer, yo me encontraba con mis ojos en blanco, disfrutando de todo lo que mi amante me estaba haciendo.
Hasta que retiró su cara de mis paradas nalgas, y finamente dirigió su enorme verga a mi apretado culito, la verdad sea dicha, de que me dolió me dolió, creo que del tiro vi hasta el diablo, a medida que el inquilino me penetraba con semejante cosa, lo cierto es que hasta lloré, y no de placer precisamente, fui sintiendo como poco a poco ese sabroso dolor fue penetrando mi cuerpo, en varios momentos estuve a punto de pedirle que me sacase esa cosa, pero creo que por más que yo se lo hubiera pedido, en lugar de sacarla la hubiera enterrado más y más con más y más fuerza.
Una vez que todo su cuerpo estuvo por completo sobre el mío, y su enorme cosa me había penetrado hasta más y no poder se detuvo, las lagrima me corrían por toda mi cara, casi y no podía hablar por ese intenso, pero a la vez sabroso dolor que sentía por todo mi cuerpo, pero en especial en mi apretado culito, en ese instante fue cuando también comencé a sentir sus grandes y gruesos labios, así como sus blancos dientes que me mordisqueaba y chupaba mi cuello, mi nuca y mis orejas.
Poco a poco como que mi cuerpo, en especial mi culo, se fue ajustando a esa enorme cosa que lo atravesaba, y de manera involuntaria yo comencé a mover mis nalgas y caderas, al tiempo que gemidos de placer se me escapaban por la boca, así que mientras mi macho seguía manteniendo su enorme miembro dentro de mí, yo restregaba mis paradas nalguitas contra su enorme cuerpo, deseando seguir sintiendo todo eso dentro de mí.
Así poco a poco comencé a moverme y él a meter y sacar toda su verga dentro de mí ya abierto y antes apretado culito, mi excitación era tal que, en cierto momento, nada más bastó que una de sus manos apenas rosara mi parado pero pequeño pene, para que sin poder controlarme en lo más mínimo me viniera en un dos por tres, al tiempo que él continuaba dándome verga de la buena, y sin parar.
En principio él se encontraba sobre mí, mientras que yo permanecía bocabajo con mis piernas bien abiertas, pero después de un largo rato comenzamos a cambiar de posiciones, digo él siempre me tenía su verga dentro de mi hasta hace poco apretado culito, pero tras un largo rato de estar bombeando mis nalgas, decidió cambiar de posición, haciendo que yo me pusiera de distintas y diferentes maneras, el acostado bocarriba mientras que yo me sentaba ya fuera de frente a el o de espaldas, sobre su sabrosa y enorme verga, también me puso con la cabeza hacia el piso, al tiempo que él de pie me enterraba una y otra vez su enorme cosa.
En fin, no hubo manera no forma en la que no me él no me hubiera puesto, hasta de pie sujetándome entre sus brazos al tiempo que me cargaba de frente y me enterraba su enorme verga, la cosa es que, en cierto momento tras sacar su verga de mi culo, me hizo arrodillar y nuevamente me puso a mamar, hasta que cuando el quiso se vino por completo dentro de mi boca, haciendo que yo me tragase todo su semen.
Me quedé acostado en mi cama, con el culo bien abierto, como el de la boca de una ponchera, o la entrada de un túnel, ni fuerzas tenía para darme una ducha, me encontraba completamente molido por el enorme esfuerzo de recibir aquella enorme cosa dentro de mí, por un sin numero de veces, por lo que en otras palabras quedé super agotado, tan es así que recuerdo que entramos a mi cuarto a eso de las ocho de la noche, y eran las siete de la mañana del siguiente día y yo aun estaba molido.
Cuando finalmente me pude levantar cuando me dirigía al baño para darme una ducha me lo encontré a él, saliendo del baño, y solo bastó que dirigiera su mirada a su verga y luego a su boca, para que yo comprendiera cual era su deseo, así que tal y como me encontraba me arrodillé frente a él, y me dediqué a mamar su enorme verga nuevamente, hasta que después de un buen rato él le dio la gana de venirse nuevamente dentro de mi garganta, por lo que en consecuencia terminé felizmente tragándome otra vez todo su semen.
Durante los restantes día que mi madre y mi hermana no estuvieron en casa, nuestro inquilino me hizo pasar una de las más felices épocas de mi vida, al punto que hasta hizo que me vistiera de chica, cada vez que manteníamos relaciones, cosa que al principio yo no me acostumbraba, pero a los pocos días comencé a disfrutar de la manera en que él me trataba cuando yo me vestía y actuaba como una mujer.
Por lo que cuando me invitó a que saliéramos juntos, es decir yo completamente vestidito de nena, la verdad es que de él no haber insistido tanto, yo jamás me hubiera atrevido a salir así vestido, ya que pensaba que todo el mundo se iba a dar cuenta de que realmente no era una chica, pero una vez que me vestí me arreglé, y hasta me maquillé, cuando comencé a caminar a su lado, me di cuenta de que nadie pensó, y mucho menos comentó que yo era un chico vestidito de chica.
Lo mejor de todo fue que me llevó a una cervecería donde además de beber, ocasionalmente bailamos, y hasta me puso a mamar su verga, cosa que yo hice con todo el placer de mi alma, y lo mejor de todo fue que cuando regresamos a casa, me ha dado una tremenda cogida, la cual disfruté bastante.
Pero lo mejor de todo sucedió cuando mi madre y mi hermana regresaron del viaje, ya que la sorpresa que ambas se llevaron al verme completamente vestidito de nena, y dejando que nuestro inquilino me estuviera dando sabrosamente por el culo frente a ellas dos, al principio las dos no querían saber nada de mí, pero en cambio con mi amante ni tan siquiera se molestaron con él, por lo que para que él no se molestara con ellas dos, mi mamá y mi hermana mayor, y desde ese día dejaron de estar molestas conmigo, por lo que ahora somos una gran familia, en la que nuestro inquilino se ha convertido en el marido de nosotras tres.

25 Lecturas/10 enero, 2026/0 Comentarios/por Martehijodejupiter
Etiquetas: anal, hermana, hija, hijo, madre, mama, mayor, sexo
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