Neverland 46
Sorpresas, sorpresas 5.
El calor dentro de la pequeña habitación subió demasiado por la cantidad de hombres y la situación morbosa que se estaba desarrollando ahí dentro.
La piel oscura de Jordan estaba empapada en sudor y gruesas gotas caían sobre el cuerpo de mi David.
La respiración de la mayoría de los hombres ahí dentro, a excepción de Jordan, era pausada, lenta como si la más mínima perturbación fuese romper el éxtasis.
En un segundo Jordan se detuvo, así, en seco paró. De pie junto a la cama, su pecho subía y bajaba salvajemente, su verga negra, colgaba entre sus piernas pesada balanceándose de un lado al otro escurriendo precum. Mi hijo tirado e la cama con el cuerpo lacio, apenas si se movía por tremenda faena. Pero nada terminaba aún. Aquel negro cargo con mi hijo sobre su hombro. Era más pesado un costal de papa en ese momento que mi hijo. Lo carga sobre su hombro y sale de la habitación. Los presentes le abrieron un paso para que rápido salieran. El cuerpo del negro era portentoso, y mi hijo solo un muñeco de trapo listo para la función siguiente.
Salimos todos y Jordan arroja a mi hijo sobre uno de los camastros. Va por al kiosco y toma dos botellas de agua, una se la toma rápido. La segunda botella la abre y deja caer el agua en la boca de mi hijo. Quién para ese punto era un zombi. Pero al sentir el líquido vital vuelve a la vía. Cuando la botella está vacía, el negro toma su verga con su mano y apunta al rostro de mi hijo. Espera unos segundos y un potente chorro de meos brota de su uretra. Mi hijo no le hace el asco, abre su boca y toma ese líquido caliente, como si fuese la última Coca-Cola del desierto.
Mi hijo David literal fue bañado o mas bien marcado como una propiedad, propiedad de un negro. Al terminar de orinarlo, Jordan sacude su verga y la introduce en la boca de mi hijo. Es tan gruesa y grande que aún en reposo mi hijo solo puede albergar un tercio de su tamaño. Lo chupa como si en eso se le fuese la vida, sin importar que su mandíbula este a un empuje de quedar desarticulada. Sus ojos se llenan de lágrimas, pero sin brotar. Sus manos se aferran a las piernas gruesas de Jordan pero poco pueden hacer frente al empuje de la cadera y manos del hombre negro.
Cuando Jordan pensó que era suficiente deja en libertad la boca de David, quedándole una reata llena de saliva lechosa y blanca. Mi hijo trataba de respirar, llenarse los pulmones con oxígeno pero el negro estaba embelesado. Levanta a mi hijo en brazos y lo besa. Sus labios devoraban la boca de David y la lengua de Jordan urga la cavidad bucal de mi hijo. Mientras las manos grandes y negras se pasean por toda la piel de mi muchacho y esté le abraza, mientras sus piernas cuelgan varios centímetros del suelo.
Jordan coloca en cuatro a mi hijo David quien a pesar de haber sido empalado hacia menos de 20 minutos, sonreía, sonreía de una forma casi enferma.
Suena fuerte su garganta y escupe una buena cantidad de saliva en el orto machacado de David, vuelve a apuntalar su gigantesca verga morena y de un nuevo envión la deposita en su totalidad dentro de mi hijo. La cara de placer que puso ese negro fue exquisita, sus manos se aferraron a la pequeña cintura de David. Mientras su cadera estaba ceñida junto a las nalgas rubias de mi hijo.
Todos alrededor de ese camastro no perdíamos detalle de lo que ese negro le estaba haciendo a mi hijo. Le dio de a perrito un buen rato, haciendo que mi hijo gritara de forma animal. Luego le agarro sus brazos delgados y los puso en su espalda, poniéndole un pie sobre su cabeza. Así estuvieron poco tiempo, creo.
Luego aventó hacia adelante, quitó a mi hijo, se acostó sobre el camastro –de espaldas — le ordenó y mi hijo se subió en él dándole la espalda, solito se enterró ese mastil color caoba, con las piernas bien abiertas. Demonios, ojalá en Neverland se pudiera usar celulares con video, para dejar constancia de la salvaje cogida que le están dando a David, pero reglas son reglas.
La verga de Jordan entraba con facilidad en ese punto, mi hijo brincaba, literalmente, sobre la verga de su negroide amante. Él levantaba su cadera pero las manos de Jordan lo devolvían hacia abajo haciendo que su mastil volviese a enterrarse por completo nuevamente una y otra vez por mucho tiempo.
Luego mi hijo se puso en posición de rana y dejaba caer su cadera sobre la de Jordan. Mientras el negro nalgeaba a su jovencísimo amante. — estoy enamorado.. mi amor… Mira como me pones de caliente… Vente mi vida, has feliz a tu papi… Así bebé, así entierratela tú solito. — decía el negro. Todos alrededor veíamos ese acto. Un mastil entrando y saliendo de un culo pequeño y fragil. Algunos acompañados de algún nn otros simplemente dejaban que su miembro colgase. El viento cálido del día permitía tener una erección constante y vigorosa.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!