No me acuerdo exactamente, cuando comencé a preguntarme que se sentiría eso de que le dieran a uno por el culo.
Un joven explica como llevado por la curiosidad de que se sentía el ser penetrado por el culo, comenzó primero por auto penetrarse con un juguete, pero al ser descubierto se dejó penetrar por una verdadera verga y le agarró el gusto a eso..
Desde que tengo memoria siempre tuve la curiosidad, por saber eso, pero un tiempo después cayó en mis manos un video porno, que tenía de todo lo que se puedan imaginar.
Y un día viendo ese video a solas, me doy cuenta de que, en una de las escenas, en lugar de haber una pareja de hombre y mujer, la que yo creía que era una chica resultó ser un chico, o mejor dicho un travesti.
Al que salvajemente le daban por el culo, mientras que él disfrutaba alegremente de todo lo que le estaba haciendo su pareja, razón por la cual me volví a preguntar que se sentiría que te hicieran eso.
Ya para esos momentos mi curiosidad iba creciendo, pero me abstenía de comentárselo a ninguno de mis amigos, o conocidos por miedo a que fueran a pensar que yo era maricón.
Debido a eso un día estando solo en casa, como que no aguante más y me busqué un pequeño envase de plástico, de forma fálica, pero de punta roma, y a solas en el baño de casa, mientras me enjabonaba, comencé a tratar de introducírmelo por el culo.
Lo cierto es que fue bien fácil, ya que, al estar completamente enjabonado, aquel pequeño juguete por llamarlo de alguna manera, me lo pude introducir con facilidad, al principio como que no le vi la gracia a eso, quizás por lo pequeño del envase, por lo que me busqué uno un poco más largo y grueso, pero que vendría siendo un poco más pequeño que mi mismo miembro.
Y nuevamente me sentía como si nada, por lo que decidí probar algo más o menos del tamaño y grueso de mí misma verga, cosa que cuando lo llegué hacer, como que, si comencé a sentir algo distinto, y muy diferente, a solo estar masturbándome viendo videos porno.
La cosa es que poco a poco seguí probando aquellos juguetes, de forma fálica, de tamaño y grosor mucho más grandes que mi propia verga, además, como siempre aprovechaba el momento de bañarme siempre lo hacía con mi culo muy bien enjabonado.
Pero un día que como de costumbre me encontraba solo en casa, decidí probar con algo de vaselina, y la verdad es que me gustó mucho, tanto que cada vez que podía me introducía alguno de mis juguetes, y hasta salía a la calle con eso dentro de mi cuerpo.
Pero desde luego que, sin decirle a nadie, ya que no quería que fueran a pensar que yo era un tipo raro, por lo que, en varias ocasiones, hasta asistía a los entrenamientos de futbol, con mi juguete dentro de mí, pero un día en que terminamos tarde las prácticas de deporte, después de que todos mis compañeros se retiraban, yo aprovechaba que estaba solo, o por lo menos eso pensaba.
En cierta forma, o manera como que yo estaba enviciado con eso, por lo que después de darme una buena ducha, entraba a los vestidores, lo sacaba de mi bolso, y tras ponerme un poquito de vaselina, en medio del solitario vestidor comenzaba a penetrarme.
Pero cierto día, ya llevaba un buen rato introduciendo, y sacando mi juguete, al tiempo que me masturbaba, por lo que me encontraba de lo más concentrado, cuando de tras de mi escuche una grave voz que me dijo. “¿Por qué mejor no pruebas, uno de carne de verdad?”
Yo me quedé paralizado, sin saber que hacer, con más de medio envase de plástico clavado dentro de mi culo, y agarrando mi verga bien parada, digamos que instintivamente, o por curiosidad, sumamente asustado y avergonzado, voltee a ver quién me había descubierto, realizando mi entretenimiento favorito, se trataba del tipo encargado de la limpieza de los vestidores.
Yo me encontraba casi recostado en uno de los bancos, con aquella cosa incrustada entre mis nalgas, y agarrando mi verga con fuerza, él se me acercó sin dejar de verme, y sonriéndose al tiempo que agarraba su verga por sobre la tela del pantalón, me preguntó. “¿No te gustaría probar uno de verdad, para que veas que es lo que se siente?”
Yo estaba que me moría de la vergüenza, al punto que hasta me puse a llorar del susto, y lo peor de todo es que no sabía ni que decir, pensé decirle que eso era un supositorio que me había mandado en doctor, pero hasta yo en ese momento entendí que decir eso era una gran estupidez.
Por lo que, sin poder hacer otra cosa, seguí llora que llora, y lentamente sacando aquel envase de mi culo, fue cuando él se sentó a mi lado, y colocando una de sus manos sobre mis desnudas nalgas me dijo. “Ya se, estas asustado, tienes miedo de que yo se lo cuente a tus compañeros de equipo, pero eso no va a pasar a menos que tú no quieras complacerme.”
Al escucharlo decirme eso, como que no entendí lo que me quiso decir, y por la cara que debí haber puesto, él se dio cuenta de que yo estaba tan asustado, que no sabía de lo que él me hablaba, por lo que nuevamente me repitió las mismas palabras.
Casi de inmediato, comencé a decirle que yo no era maricón, y él riéndose tan solo me dijo. “Es verdad, tú no eres maricón, es que tan solo te gusta sentir una buena verga dentro de tu culo.”
Sus palabras como que me dejaron por completo desarmado y sin saber que responderle, hasta que él agarrando con fuerza una de mis nalgas me dijo. “Como tú quieras, si no me das el culo, mañana a esta hora todos en el club, sabrán que te encontré no tan solo haciéndote la paja, sino que también enterrándote una tremenda verga de plástico por el culo.”
Como dicen estaba entre la espada y la pared, por lo que no me quedó más remedio que dejar que me enterrase toda su espada de carne, así que, resignado a mi suerte, me recosté sobre el banco de madera, separé mis piernas, y fue en ese momento que llegué a ver de reojo su verga, lo cierto es que hasta me pareció un poco más pequeña que la mía.
A diferencia de mi juguete de plástico, cuando aquella cosa me comenzó a penetrar por el culo, creo que vi el diablo, por el dolor que me produjo, llorando le pedía a gritos que me lo sacara, pero él en lugar de hacer eso, me agarró por las caderas, y con fuerza me terminó de empujar toda su verga.
Yo no lo podía creer que esa cosa que era mucho más pequeña que, las cosas que yo acostumbraba a meterme por el culo, me produjeran tanto dolor.
Al principio lloré como no tienen idea, y le seguía pidiendo que me lo sacara, mientras que él comenzó a meter y sacar toda su verga de entre mis nalgas, por lo que, a los pocos momentos, aquel insoportable dolor se tornó en una placentera sensación que nunca yo había sentido.
Tan fue así el cambio, que sin darme cuenta por lo menos al principio, comencé a menear mi culo, restregándolo contra el cuerpo de él, a medida que no dejaba de meter y sacar su sabrosa verga de mi cuerpo.
Por un largo rato él se mantuvo dándome verga sabrosamente, al tiempo que me mordisqueaba la nuca, y mis orejas, diciéndome lo sabroso que era mi culo.
En cierto momento me indicó que cambiáramos de posición, quedándome yo recostado en el banco bocarriba, al tiempo que yo observaba como él tomándome por los tobillos separaba mis piernas, y nuevamente me volvía a enterrar viciosamente todo aquel pedazo de carne.
A diferencia de la primera vez no me dolió, pero en cambio, se puede decir que disfruté de llegar a eyacular sin tan siquiera tocar mi propia verga.
Algo que me desagradó un poco, por lo menos esa primera ocasión fue que en el momento en que él fue acabar sacó su verga de mi culo, y colocándola frente a mi boca me obligó a que se la mamara, eyaculando por completo dentro de mi garganta, y haciendo que en gran parte me tragase casi todo su semen.
Desde ese momento supe realmente que se sentía el que me dieran por el culo, cosa que he seguido disfrutando en múltiples ocasiones, tanto con él como con otros.
Por lo que posteriormente fui desarrollando una sencilla y simple estrategia, la que consistía en que invitaba a alguno de mis amigos, a fumar de la importada, por lo general o lo hacíamos en la casa de él, ya que no había más nadie, o yo lo invitaba a mi escondite.
Con la excusa de pasarla bien llevaba además unas revistas porno, y después de haber fumado y alcanzar una buena nota, a medida que le echábamos un ojo a las revistas, cuando aparecía una imagen en la que le daban por el culo a alguien, yo inocentemente preguntaba que se sentiría eso de que le dieran por el culo a uno.
Por lo general bastaba que hiciera la pregunta una sola vez, para que mi acompañante voluntariamente se ofreciera hacer todo lo posible para darle respuesta a mi pregunta, y así además de dejar de que me dieran por el culo también hacía que me pusieran a mamar vergas.
Y con el tiempo y cuando ya tenía bastante confianza con alguno de los chicos, hasta me ponía ropa íntima de chica, la que le tomaba prestada a mi mamá o a mi prima que vivía con nosotros.
Hoy en día sigo disfrutando del sentir una buena verga ya sea dentro de mi boca o de mi culo, ya que siempre hay algún voluntario que quiere ayudarme a que sacie mi curiosidad.



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