Obediencia Escolar (1)
Diego, joven profesor de educación física e hijo del director de la escuela, ofrece becas a cambio de sumisión sexual. Con su cómplice Marco, domina a alumnas como Isabella y Lucía, escalando a incesto con su madre Laura…
POV DIEGO
CAPÍTULO 1: LA BECA PROHIBIDA
Me siento en mi despacho del colegio, ese cuartucho con olor a sudor y cloro de la piscina cercana, donde doy clases de educación física. A mis veinte años, ya soy el puto maestro aquí, gracias a las conexiones de mi viejo, Eduardo, el director. Él me metió en esto, diciendo que era para “fortalecer lazos familiares” y de paso, darme un terreno de juego para mis impulsos. La verdad, me encanta el poder que tengo sobre estos cuerpos jóvenes, sudados, listos para ser moldeados. Pero hoy no es una clase normal. Hoy tengo a Isabella citada, la hija de Carmen, esa amiga infiel de mi padre. Isabella, con sus dieciséis años, curvas de estudiante de arte que pinta desnudos pero no sabe lo que es un pincel de verdad. La he visto en mis clases, moviéndose con esa falda corta, sudando mientras hace flexiones, y sé que ella también me mira. Es hora de poner las cartas sobre la mesa.
La puerta se abre y entra ella, con su mochila al hombro, el uniforme ajustado a sus tetas y culo.
Isabella: “¿Profesor Diego, me mandó llamar?”
Cierro la puerta con llave, el clic resuena en el silencio. Me apoyo en el escritorio, cruzado de brazos, sintiendo cómo mi verga ya se endurece solo de imaginar lo que viene.
Diego: “Siéntate, Isabella. Hablemos de tu beca. Sé que la quieres, esa que cubre todo: matrícula, libros, hasta un viajecito al extranjero para ‘inspiración artística’.”
Ella asiente, mordiéndose el labio, y se sienta frente a mí, las piernas cruzadas pero dejando ver un poco de muslo. Pienso en cómo mi familia hace esto todo el tiempo: mi padre orquestando orgías en casa, mi madre Laura supervisando con su arnés, mi hermana Ana siendo la puta compartida. Es normal para nosotros, una forma de unirnos, de explorar lo prohibido. ¿Por qué no extenderlo a esta zorrita?
Diego: “Pero nada es gratis, ¿verdad? Si quieres esa beca, tendrás que obedecerme. Total y absolutamente.”
Sus ojos se abren grandes, pero no hay miedo real, solo esa excitación que reconozco en las mujeres como ella, como mi madre o Carmen.
Isabella: “Obedecer… ¿qué quiere decir?”
Murmura, pero ya está sonrojada, sus pezones endureciéndose bajo la blusa. Me río por dentro, pensando en lo hipócrita que es todo: de día, soy el profe musculoso que motiva a los alumnos; de noche, el hijo que folla a su hermana mientras mi padre graba. Esto es solo una extensión, un lazo más en nuestra red de tabúes.
Diego: “Desnúdate.”
Ordeno, directo, sin rodeos. Ella duda un segundo, pero se pone de pie, quitándose la blusa, dejando caer la falda. Su cuerpo es perfecto: tetas firmes, coño depilado, culo redondo listo para azotes. Mi polla palpita en los pantalones.
La agarro por la cintura, la giro contra el escritorio, y le doy un azote fuerte en el culo, el sonido retumba en el despacho.
Diego: “Esto es obediencia, puta. Dime que lo quieres.”
Ella gime.
Isabella: “Sí, profesor… lo quiero.”
La introspección me golpea: ¿soy un monstruo por disfrutar esto? No, es liberación, como dice mi padre. Fortalece los lazos, nos hace más cercanos en nuestra depravación compartida. Bajo mis pantalones, saco mi verga dura, gruesa, y la froto contra su culo.
Diego: “Abre las piernas.”
Gruño, y ella obedece, arqueando la espalda. Empujo dentro de su coño mojado, un solo embiste profundo que la hace gritar.
Diego: “¡Joder, qué apretada estás!”
La follo con fuerza, mis manos en sus caderas, sintiendo cómo se contrae alrededor de mí. Pienso en mi hermana Ana, cómo la monto igual, o en mi madre mirando, masturbándose. Esto es lo mismo: poder, control, el morbo de lo prohibido en un lugar cotidiano como este despacho.
Cambio de posición, la siento en el escritorio, abro sus piernas y la penetro de nuevo, mirándola a los ojos mientras la humillo verbalmente.
Diego: “Eres una zorra por una beca, ¿eh? Tu madre Carmen hace lo mismo con mi padre, ¿lo sabías? Quizás te grabe y se lo muestre.”
Ella gime más fuerte, excitada por la idea, sus uñas clavándose en mi espalda.
Isabella: “Sí, grábame… hazme tuya.”
Acelero el ritmo, mis bolas chocando contra ella, el escritorio temblando. Siento el orgasmo venir, pero lo controlo, azotándola de nuevo, rojo en su piel. Finalmente, exploto dentro, llenándola de semen caliente, mientras ella tiembla en su propio clímax. Nos quedamos jadeando, el sudor mezclándose, el olor a sexo invadiendo el aire. Limpio mi verga en su muslo, la visto de nuevo como si nada, y le digo:
Diego: “La beca es tuya. Pero esto no termina aquí. Obedece, y habrá más.”
POV DIEGO
CAPÍTULO 2: LA PRUEBA COMPARTIDA
Después de esa follada en mi despacho con Isabella, no puedo sacarme de la cabeza lo jodidamente excitante que fue controlarla. A mis veinte años, siendo el maestro de educación física en esta escuela privada donde mi viejo Eduardo es el director, tengo el poder para moldear no solo cuerpos, sino voluntades. Isabella ya es mía, una puta dispuesta a abrir las piernas por una beca, pero quiero algo más fuerte, más crudo. Invitar a otro alumno, obligarlo a follarla enfrente de mí mientras yo miro y dirijo, como mi padre hace en casa con orgías familiares. Eso fortalecerá los lazos, ¿no? Como cuando mi hermana Ana se pone celosa y exige su turno, o mi madre Laura supervisa con sus ojos llenos de morbo. Es hipócrita: de día, corro clases de gimnasia, motivando a estos cabrones a sudar; de noche, soy el dominador que extiende el tabú al campus. Hoy cito a Marco, un alumno de diecisiete, musculoso como yo, de mi clase de pesas. Él también anda tras una beca deportiva, y sé que ha estado coqueteando con Isabella en el gimnasio. Perfecto para mi jueguito.
Les mando mensaje a ambos para que vengan al despacho después de clases, cuando el edificio está casi vacío. Isabella llega primero, con esa falda corta que deja ver sus muslos, todavía marcada por los azotes del otro día. Cierro la puerta y la miro, sintiendo mi verga endurecerse ya.
Diego: “Sabes por qué estás aquí, puta. Hoy vamos a subir el nivel. Si quieres mantener esa beca, obedecerás todo.”
Ella asiente, sonrojada, pero con esa chispa de excitación en los ojos, como si el morbo la mojara ya.
Isabella: “Sí, profesor… lo que diga.”
Marco entra minutos después, confundido pero ansioso, con su mochila de gym. Es alto, fuerte, el tipo de cabrón que podría competir conmigo en el campo, pero aquí yo mando. Cierro la puerta de nuevo, el clic como un sello de lo inevitable.
Diego: “Siéntense los dos. Marco, sé que quieres la beca deportiva. Isabella ya tiene la suya, pero a cambio de obediencia total. Hoy, si quieres la tuya, tendrás que follarla enfrente de mí. Yo dirijo, yo miro, y grabo todo para mi colección personal.”
Marco se queda pasmado, mirando a Isabella, luego a mí. Veo el conflicto en su cara: el morbo contra la moral, pero su pantalón ya se abulta. Pienso en mi familia, cómo mi padre racionaliza esto como “exploraciones consensuadas” – incesto con Ana, tríos con mi madre – y yo lo extiendo aquí. ¿Soy un monstruo? Joder, no; es liberación, poder puro que me hace sentir vivo, contrastando con la rutina de dar clases.
Marco: “¿Estás hablando en serio, profe? ¿Y si no quiero?”
Diego: “Entonces adiós beca. Pero mírala, está lista. Isabella, desnúdate y muéstrale lo puta que eres.”
Isabella obedece sin dudar, quitándose la blusa y la falda, quedando en tanga, sus tetas firmes expuestas. Se arrodilla frente a Marco, mirándome para aprobación.
Isabella: “Hazlo, Marco… por la beca. Yo lo quiero.”
Marco gime, su resistencia rompiéndose. Se baja los pantalones, sacando su verga ya dura, gruesa como la mía. Yo me siento en la silla, saco mi teléfono y empiezo a grabar, el voyeurismo me excita tanto como si la estuviera follando yo.
Diego: “Fóllatela, cabrón. Empieza por su boca. Isabella, chúpalo como la zorra que eres.”
Isabella se inclina, toma la polla de Marco en su boca, chupando con gemidos ahogados, saliva cayendo por su barbilla. Marco agarra su cabeza, empujando profundo, follándole la garganta mientras yo miro, mi propia verga palpitando en mis pantalones. El despacho huele a sexo, sudor y cloro, un contraste jodido con las pizarras y trofeos de gym en las paredes. Pienso en cómo esto es como las orgías en casa: yo obedeciendo a mi padre, pero aquí soy el patriarca.
Marco: “Joder, qué buena chupadora… ¿Esto es real?”
Diego: “Más fuerte, Marco. Ahora gírala y cógetela por el coño. Azótala mientras lo haces.”
Marco la pone a cuatro patas sobre el escritorio, le da un azote fuerte en el culo – rojo como el otro día – y empuja su verga dentro de su coño mojado. Isabella grita de placer, arqueando la espalda.
Isabella: “¡Sí, fóllame! Más duro…”
Marco acelera, embistiendo con fuerza, sus bolas chocando contra ella, el escritorio temblando. Yo me acerco, grabando de cerca, humillándolos verbalmente.
Diego: “Mírenlos, dos putos por una beca. Isabella, dime lo mucho que te gusta ser la puta compartida. Marco, ¿te excita que te obligue a follarla mientras miro?”
Isabella: “Me encanta… soy tu puta, profesor.”
Marco: “Joder, sí… es enfermo pero me pone.”
Siento el control absoluto, como cuando domino a mi hermana Ana en BDSM ligero, azotándola mientras mi madre mira. Cambio las órdenes:
Diego: “Ahora sódomizala, Marco. Métela por el culo, lubrícala con tu saliva.”
Marco escupe en su verga, presiona contra el culo de Isabella, y empuja lento al principio, luego con fuerza. Ella gime alto, dolor y placer mezclados, sus tetas rebotando. Yo no aguanto más, saco mi polla y me masturbo mirando, el voyeurismo llevándome al borde. Marco la folla analmente, azotándola, hasta que explota dentro de su culo, semen goteando. Isabella tiembla en orgasmo, y yo termino en mi mano, limpiándome en su muslo. Les digo que se vistan, aún jadeando.
Diego: “Las becas son suyas. Pero recuerden: obedezcan, o muestro el video.”
POV MARCO
CAPÍTULO 3: LA PROPUESTA AUDACIOSA
Joder, no puedo creer lo que pasó en el despacho del profe Diego el otro día. A mis diecisiete años, sudando en clases de educación física en esta uni privada, nunca pensé que una beca deportiva vendría con un bono de follarme a Isabella enfrente del cabrón que manda. Pero me gustó, carajo, me gustó mucho. Sentir el poder de montarla mientras él miraba, grababa y dirigía, como un director de porno enfermo. Es como si estuviera bajo su cobijo, protegido por su autoridad – él es el hijo del director, después de todo, y eso me da un rush de adrenalina, contrastando con mi vida normal de entrenamientos y partidos. De día, soy el alumno estrella, coqueteando con las chicas en el gym; de noche, revivo esa escena en mi mente, masturbándome pensando en más. ¿Soy un depravado? Tal vez, pero si esto fortalece “lazos” como dice Diego – inspirado en su familia retorcida, supongo – entonces quiero más. Por eso voy a su despacho hoy, a proponerle invitar a otra alumna, Lucía, esa morenita de diecinueve con culo de bailarina que también anda tras una beca de arte. Si puedo follarla bajo su supervisión, con su cobijo protegiéndonos de cualquier mierda, ambos saldremos ganando.
Llego al despacho después de clases, el olor a cloro y sudor familiar me pone cachondo de inmediato. Toco la puerta y entro cuando él gruñe un “pasa”. Diego está ahí, sentado como un rey en su silla, con esa mirada dominante que me hace recordar cómo me obligó a sodomizar a Isabella. Cierro la puerta, sintiendo mi verga ya medio dura solo de estar aquí.
Marco: “Profe Diego, ¿puedo hablar contigo? Sobre… la beca y lo del otro día.”
Él se ríe, cruzado de brazos, mirándome como si ya supiera lo que vengo a pedir. Pienso en lo hipócrita que es todo: él da clases de gym, motivándonos a “superarnos”, pero en realidad nos usa para sus juegos de poder, como su padre Eduardo orquesta en su casa con orgías familiares. Me excita la idea de unirme a esa red, extender el morbo.
Diego: “Habla, cabrón. ¿Te gustó follarte a Isabella? ¿Quieres repetir?”
Asiento, sentándome frente a él, mi corazón latiendo fuerte. La introspección me golpea: antes era solo un tipo normal, follando de vez en cuando con ligues del gym, pero ahora anhelo este control compartido, la humillación supervisada que me hace sentir vivo, transgrediendo lo cotidiano.
Marco: “Sí, me encantó. Poder montarla bajo tu supervisión y cobijo… joder, fue lo mejor. Por eso vengo: ¿no puedes invitar a otra alumna? Lucía, la de arte, tiene quince, también quiere una beca. Si la traes, yo me la follo enfrente de ti, como con Isabella. Tú diriges, grabas, y todos contentos. Ella obtiene su beca, yo mantengo la mía, y tú… bueno, tú tienes tu show.”
Diego se inclina hacia adelante, sus ojos brillando con ese morbo que reconozco. Veo cómo considera la idea, probablemente pensando en cómo encaja con sus dinámicas familiares – incesto con su hermana Ana, tríos con su madre Laura.
Diego: “Interesante propuesta, Marco. Lucía, ¿eh? La he visto en el campus, culito apretado, tetas pequeñas pero firmes. Si accede, podría arreglarlo. Pero recuerda: yo mando. Tú la follas como yo diga, y grabo todo para mi colección. ¿Estás listo para humillarte un poco más?”
Asiento rápido, mi polla endureciéndose por completo ahora. La idea de follar a otra compañerita bajo su cobijo me moja los pantalones – supervisado, protegido, pero crudo y directo.
Marco: “Sí, profe. Invítala, dile que es por la beca. Yo haré el resto.”
Él saca su teléfono, manda un mensaje rápido a Lucía, citándola para “discutir su beca”. Mientras esperamos, el aire se carga de tensión sexual. Diego me mira y decide calentar el ambiente.
Diego: “Mientras llega, muéstrame lo cachondo que estás. Sácate la verga y mastúrbate pensando en cómo la vas a follar.”
Obedezco, bajándome los pantalones, sacando mi polla dura y empezando a pajearme lento, gimiendo. Pienso en Lucía, en cómo la pondré a cuatro patas, azotándola mientras Diego graba. Es enfermo, pero el contraste con mi vida de alumno normal me excita más – de sudar en el gym a sudar en orgías controladas.
Lucía llega minutos después, inocente con su mochila, pero al vernos – yo con la verga en la mano, Diego grabando – sus ojos se abren, mezcla de shock y curiosidad.
Lucía: “¿Qué carajos pasa aquí? ¿Esto es por la beca?”
Diego: “Exacto, puta. Si la quieres, obedece. Marco te va a follar enfrente de mí. Desnúdate y ábrele las piernas.”
Ella duda, pero ve mi polla y la de Diego (que ahora saca la suya, masturbándose también), y algo en ella cede – el morbo de lo prohibido. Se quita la ropa, revelando su cuerpo delgado, coño rosado y depilado. Me acerco, bajo su cobijo supervisor, y la giro contra el escritorio.
Marco: “Vas a ser una buena zorra por esa beca, ¿verdad?”
Lucía: “Sí… fóllame.”
Empujo mi verga en su coño mojado, embistiendo fuerte mientras Diego dirige.
Diego: “Más duro, Marco. Azótala y sódomala después.”
Le doy azotes, el culo rojo, luego cambio a su ano, follándola analmente con gemidos altos. Lucía grita de placer, yo acelero hasta correrme dentro, Diego terminando en su mano. Limpiamos, y él asiente.
Diego: “Becas aprobadas. Pero esto se repite cuando yo diga.”
POV DIEGO
CAPÍTULO 4: LA SUBDIRECTORA COMPARTIDA
Joder, tener a Marco como mi macho personal es lo mejor que me ha pasado en esta escuela. He convertido mi despacho en un puto nido de depravación, pero ahora quiero escalar. Marco se folló a Isabella y a Lucía bajo mi cobijo, obedeciendo mis órdenes como un buen perrito, y eso me excita tanto como cuando domino a mi hermana Ana en casa. Pero es hora de llevarlo al nivel familiar: que se folle a mi madre, Laura, la subdirectora de esta mierda de escuuela privada. Ella es de cuarenta y cinco, con curvas maduras que todavía ponen dura cualquier verga, y sé que racionaliza estas cosas como “liberaciones eróticas”, igual que mi viejo Eduardo. De día, ella administra la escuela con su falda ejecutiva, supervisando profesores y alumnos; de noche, en casa, se pone el arnés para “supervisar” a Ana o a mí. El contraste me pone cachondo: extender el incesto y el control al campus, fortaleciendo los lazos con Marco como mi extensión. Le mando un mensaje a Marco para que me encuentre en el pasillo, y juntos vamos al despacho de mi madre. Pienso en lo hipócrita: soy el profe que motiva a sudar en el gym, pero ahora voy a hacer sudar a mi propia madre entre dos pollas.
Llegamos al despacho de Laura, en el ala administrativa, con vistas al campus y olor a café y papeles. Ella está ahí, sentada en su escritorio, con blusa ajustada que marca sus tetas grandes y falda que deja ver sus piernas cruzadas. Cierro la puerta con llave, y Marco se para a mi lado, ya con esa mirada ansiosa que tiene desde que lo convertí en mi cómplice.
Diego: “Hola, mamá. Traje a Marco, uno de mis alumnos estrella. Quiere discutir… una extensión de su beca.”
Ella levanta la vista, arqueando una ceja, pero veo el brillo en sus ojos – ese morbo que comparte con la familia. Sabe de mis jueguitos en el despacho, probablemente mi padre se lo ha contado, y racionaliza todo como exploraciones consensuadas.
Laura: “¿Ah, sí? ¿Y qué tiene que ver eso conmigo, hijo? Soy la subdirectora, no la que reparte becas por diversión.”
Me río, acercándome y apoyándome en su escritorio, sintiendo mi verga endurecerse ya. Marco se queda callado, pero su pantalón se abulta. La introspección me golpea: ¿soy un monstruo por compartir a mi madre así? No, joder; es liberación, como ella misma dice cuando supervisa orgías en casa. Fortalece los lazos, nos une en la depravación, contrastando con su rol de autoridad cotidiana.
Diego: “Vamos, mamá. Sabes cómo funcionan las cosas en esta familia. Marco es mi macho ahora, obedece mis órdenes. Y hoy, va a follarte aquí mismo, en tu despacho. Yo me uno, te follamos entre los dos. Considéralo una ‘lección’ para fortalecer lazos.”
Ella se sonroja, pero no hay rechazo real – solo esa excitación prohibida que la hace morderse el labio. Se pone de pie, quitándose la blusa lentamente, revelando su sostén de encaje y tetas maduras.
Laura: “Eres un cabrón manipulador, Diego… igual que tu padre. Pero si es por la familia, hazlo. Fóllenme como la puta que soy.”
Marco gime, sacando su polla dura al instante, gruesa y lista. Yo bajo mis pantalones, mi verga palpitando. La giro contra el escritorio, levantando su falda y bajando sus bragas. Le doy un azote fuerte en el culo, rojo inmediato, mientras Marco frota su polla contra sus tetas.
Diego: “Empieza por su boca, Marco. Chúpala como la subdirectora puta que es.”
Marco agarra su cabeza, empujando su verga en la boca de Laura, follándole la garganta con gemidos ahogados. Ella chupa con ansias, saliva cayendo, mientras yo froto mi polla contra su coño mojado. El despacho huele a sexo, papeles revueltos en el escritorio – contraste jodido con las fotos familiares en la pared.
Marco: “Joder, profe… tu mamá chupa como una diosa. ¿Siempre es así en tu familia?”
Diego: “Sí, cabrón. Ahora gírala, yo la tomo por el coño, tú por el culo. Doble penetración para la subdirectora.”
La ponemos en posición: yo me siento en la silla, ella se monta en mi verga, empalándose en mi polla dura, gimiendo alto mientras sube y baja. Marco se posiciona atrás, escupe en su ano y empuja lento, luego con fuerza, follándola analmente mientras yo la penetro por delante. Sentimos nuestras pollas rozándose a través de la pared delgada, el ritmo sincronizado, sus tetas rebotando en mi cara.
Laura: “¡Sí, hijos de puta! Fóllenme más duro… soy su zorra compartida.”
Acelero, azotándola, humillándola verbalmente mientras Marco la agarra por las caderas. Pienso en las orgías en casa: esto es lo mismo, pero en su territorio profesional, extendiendo el tabú. Siento el orgasmo venir, exploto dentro de su coño, semen caliente llenándola, mientras Marco se corre en su culo, goteando. Ella tiembla en clímax múltiple, gritando. Nos limpiamos en sus muslos, la vestimos de nuevo como si nada.
Diego: “Buena lección, mamá. Marco, tu beca está segura. Y esto se repite.”
CONTINUARÁ




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