Obediencia Escolar (2)
Diego, joven profesor de educación física en una escuela privada dirigida por su padre Eduardo, ofrece becas a cambio de sumisión sexual. Domina a alumnas como Isabella y Lucía con azotes y folladas explícitas, reclutando a Marco como cómplice. Escala a incesto familiar con su madre Laura..
Resumen «Obediencia Escolar (1)»:
Diego, un joven profesor de educación física en una universidad privada dirigida por su padre Eduardo, inicia un esquema oscuro donde ofrece becas a alumnas como Isabella y Lucía a cambio de sumisión sexual total, ejerciendo dominación con humillación verbal, azotes y folladas explícitas en su despacho. Recluta a Marco, un alumno musculoso, como su «macho» cómplice, obligándolo a follar a las chicas bajo su supervisión y grabaciones voyeuristas, expandiendo el morbo con tríos y sodomía. Inspirado en las orgías incestuosas de su familia –incluyendo a su hermana Ana y madre Laura, la subdirectora–, Diego escala el tabú al llevar a Marco a su despacho materno para un trío crudo con doble penetración, racionalizando todo como «fortalecimiento de lazos» en un contraste hipócrita entre la vida académica cotidiana y la lujuria prohibida. Este entramado de poder y depravación prepara el terreno para mayores transgresiones familiares y grupales.
POV EDUARDO
CAPÍTULO 5: LA MADRE SUPLICANTE
Me siento en mi despacho de director en esta pinche esceula privada, rodeado de diplomas y fotos familiares que ocultan la realidad jodida de mi vida. A mis cuarenta y ocho años, controlo todo: becas, expulsiones, y de paso, las putas que caen en mi red. Hoy tengo cita con Carmen, la madre de Isabella, esa zorrita de dieciséis que mi hijo Diego ya se folló por una beca. Isabella anda con calificaciones de mierda, y le mandé notificación de expulsión para forzar esta visita. Carmen entra, con sus curvas maduras de cuarenta y seis años apretadas en una blusa y falda ejecutiva, tetas grandes y culo voluptuoso que me endurecen la verga al instante. Es amiga de la familia, pero nunca hemos follado – hasta hoy. No tiene idea de lo que le espera, pero mi cámara espía, siempre encendida en el techo, graba todo – voyeurismo puro, como en las orgías en casa con Laura, Diego y Ana. De día, soy el director respetable que expulsa a holgazanes; de noche, el patriarca que racionaliza incesto e infidelidades como “fortalecimiento de lazos”. ¿Soy un cabrón? Joder, sí, pero esto me excita, el poder de decidir destinos con mi polla.
Cierro la puerta, el clic resuena, y me siento en mi silla, cruzado de brazos.
Eduardo: “Siéntate, Carmen. Sé por qué vienes: Isabella va a ser expulsada por sus notas de mierda. ¿Qué piensas ofrecer para que cambie de idea?”
Ella se sienta, nerviosa, con las manos temblando, cruzando las piernas. Veo el pánico en su cara: es una contadora casada, decente, no una puta fácil. Pienso en cómo mi familia hace esto: Diego follando alumnas en su despacho, Laura siendo compartida con Marco. Es hipócrita, pero fortalece nuestros lazos depravados.
Carmen: “Por favor, Eduardo… Isabella necesita quedarse. Es buena chica, solo distraída. Puedo pagar tutorías, o donar algo a la uni. Te lo ruego, no hagas esto. Piensa en nuestra amistad, en mi familia…”
Me río, levantándome y acercándome lento, invadiendo su espacio. Siento mi verga palpitar, pero ella no va a ceder tan rápido. Bien, me encanta presionar.
Eduardo: “Dinero? Tutorías? Eso no me interesa, puta. Sabes cómo funcionan las cosas aquí. Tu hija se queda solo si me das algo real. Desnúdate y ábreme las piernas, o la expulso mañana mismo.”
Ella se pone roja, negando con la cabeza, lágrimas brotando. Intenta levantarse, pero la detengo con una mirada.
Carmen: “¡No! Eso es chantaje, Eduardo. No soy una zorra que se vende por notas. Te suplico, por favor… tengo esposo, una vida. No me obligues a esto. ¡Por Dios, piénsalo!”
La agarro por el brazo, firme, girándola hacia el escritorio. Bajo la voz, amenazante, recordándole quién manda. La introspección me golpea: presiono porque sé que al final ceden, como Laura racionaliza el incesto. Es poder puro, contrastando con mi rol de director “justo”.
Eduardo: “Otra cosa? Joder, Carmen, no tienes elección. Si no obedeces, no solo expulso a Isabella: mando el expediente a otras escuelas, arruino su futuro. Y tengo conexiones para que tu esposo se entere de… digamos, rumores. ¿Quieres que tu familia se desmorone? Desnúdate ahora, o sal de aquí y asume las consecuencias.”
Ella solloza, rogando más.
Carmen: “Por favor, Eduardo… no me hagas esto. Te lo suplico de rodillas si quieres. Isabella es todo para mí. Dame otra opción, cualquier cosa menos… eso.”
Eduardo: “De rodillas? Buena idea. Arrodíllate y chúpame la verga, puta. O despídete de su permanencia.”
Finalmente cede, con un llanto ahogado, arrodillándose y quitándose la blusa temblando, luego la falda, quedando en sostén y tanga, sus tetas maduras expuestas. Bajo mis pantalones, saco mi verga dura, gruesa, y se la meto en la boca. Ella chupa con lágrimas, saliva cayendo por su barbilla, gimiendo ahogada mientras la follo la garganta lento al principio, luego más profundo, sintiendo su lengua caliente y húmeda envolviéndome, sus manos en mis muslos temblando de resignación. Mi cámara capta todo, para mi colección personal – quizás se lo muestre a Diego después.
Eduardo: “Buena puta… chupa más fuerte. Esto es solo el principio.”
Después de unos minutos, la levanto, la giro contra el escritorio, le bajo las bragas y le doy un azote fuerte en el culo, el sonido retumbando, dejando una marca roja que arde en su piel blanca. Froto mi verga contra su coño, que está mojado a pesar de las lágrimas – el cuerpo traicionándola con ese morbo forzado.
Carmen: “¡Ay, Eduardo! Está bien… hazlo. Pero promete que Isabella se queda.”
Eduardo: “¡Joder, qué apretada estás, zorra! Por tu sumisión, la permanencia de Isabella está asegurada en un 80%. El 20% dependerá de ella… de que se muestre cooperativa conmigo. ¿Entiendes? Tráela la próxima vez, y veré si merece quedarse del todo.”
Ella gime, arqueando la espalda, la resistencia rompiéndose en resignación mezclada con morbo forzado.
Carmen: “Sí… lo haré. Haz lo que quieras con nosotras. Solo déjala quedarse.”
Cambio de posición, la siento en el escritorio, abro sus piernas anchas, exponiendo su coño depilado y rosado, goteando de anticipación involuntaria. Froto la cabeza de mi verga contra sus labios vaginales, untándola con su propia humedad y la saliva de su boca, sintiendo el calor palpitante de su entrada. Empujo lento al principio, solo la punta, estirándola centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes se contraen alrededor de mí, apretadas y calientes como un guante de terciopelo mojado. Ella jadea, mitad dolor mitad placer forzado, sus uñas clavándose en mis hombros mientras avanzo más profundo, mi polla gruesa abriéndola por completo hasta que mis bolas chocan contra su culo. Siento cada pulso de su coño, el roce húmedo y resbaladizo, el calor intenso que me envuelve, y acelero el ritmo, embistiendo con fuerza, mis caderas chocando contra las suyas, el escritorio crujiendo bajo el impacto. Sus tetas rebotan con cada estocada, su aliento caliente en mi cuello, gemidos escapando entre sollozos mientras la follo sin piedad, sintiendo cómo se contrae alrededor de mí, ordeñándome con cada movimiento.
Eduardo: “Eres una puta suplicante, ofreciendo a tu hija por notas. Igual que yo comparto a Laura con Diego. Quizás grabemos todo, para que lo vea tu esposo.”
Ella tiembla, sus uñas en mi espalda, gimiendo más fuerte. Acelero aún más, mis bolas chocando rítmicamente, el sudor resbalando por nuestros cuerpos, hasta que siento el orgasmo venir, azotándola de nuevo, dejando marcas rojas. Exploto dentro, llenándola de semen caliente en chorros potentes, sintiendo cómo inunda su coño, goteando por sus muslos mientras ella llega al clímax forzado, gritando y contrayéndose alrededor de mi verga. Nos quedamos jadeando, sudor mezclado, el olor a sexo invadiendo el aire. Limpio mi verga en su muslo, la visto como si nada.
Eduardo: “Isabella se queda… por ahora. Recuerda el 20%. Trae a tu hija la próxima semana, o muestro el video.”
Sé que la cámara lo captó todo – prueba perfecta para extender el control.
**POV DIEGO**
**CAPÍTULO 6: LA MADRE COMPARTIDA**
Estoy en el despacho de mi viejo, Eduardo, después de una clase de educación física donde hice sudar a un montón de cabrones. A mis veinte años, ya controlo mi propio rincón de depravación con Marco follando alumnas como Isabella y Lucía bajo mi cobijo, pero nada se compara con las lecciones familiares. Mi padre me citó aquí, y entro viendo su sonrisa de cabrón manipulador, sentado en su silla como un rey. Cierro la puerta, sintiendo esa tensión que siempre precede a algo jodido. De día, soy el profe musculoso que motiva a los alumnos a empujar límites en el gym; de noche, o en momentos como este, soy el hijo que participa en los tabúes que «fortalecen lazos», como el incesto con Ana o compartir a mi madre Laura con extraños. ¿Es enfermo? Joder, sí, pero me excita el poder, el contraste entre la rutina académica y esta lujuria prohibida que nos une.
Eduardo: «Siéntate, hijo. Tengo algo que mostrarte. Recuerda a Carmen, la madre de Isabella? La cité por las notas de mierda de su hija, y mira lo que pasó.»
Saca su laptop y reproduce el video de su cámara espía – el que grabó en este mismo despacho. Veo a Carmen suplicando, de rodillas chupando la verga de mi padre, lágrimas y saliva mezcladas, luego él penetrándola en el escritorio, embistiendo profundo en su coño mojado, azotándola hasta dejar marcas rojas. Mi polla se endurece al instante, reconociendo el morbo: ella resistiendo al principio, rogando por su hija, pero cediendo como una puta. Pienso en cómo yo hice lo mismo con Isabella, y ahora esto extiende el lazo a su familia.
Diego: «Joder, papá… la rompiste. ¿La follaste por primera vez? Se ve que suplicó como una perra.»
Eduardo: «Sí, cabrón. Le aseguré el 80% de la permanencia de Isabella por su sumisión, pero el 20% depende de que la hija coopere. La cité de nuevo hoy, pero esta vez, tú te la follas enfrente de mí. Fortalecemos los lazos, ¿no? Grabo todo para la colección.»
Asiento, excitado por la idea – voyeurismo invertido, mi padre mirando mientras yo domino a la madre de mi «becaria». La introspección me golpea: ¿soy como él, racionalizando esto como liberación? Claro, es el ciclo familiar, contrastando con mi rol de profe «inspirador».
Carmen llega minutos después, nerviosa en su falda ajustada, tetas grandes presionando la blusa. Cierra la puerta, viendo a mi padre y a mí, y palidece.
Carmen: «Eduardo… ¿por qué me citaste de nuevo? ¿Y tu hijo aquí? Prometiste que Isabella se queda.»
Eduardo: «Siéntate, puta. El 80% está cubierto por lo que me diste. Pero para el 20%, coopera con Diego. Él te folla ahora, enfrente de mí. Obedece, o adiós a todo.»
Ella niega, lágrimas brotando, pero no hay escape – el chantaje la tiene atrapada.
Carmen: «¡No! Por favor… ya cedí contigo. No involucres a tu hijo. Te suplico, Eduardo…»
Diego: «Cállate, zorra. Desnúdate y arrodíllate. Mi padre manda, y yo ejecuto.»
Presiono más, agarrándola por la cintura, quitándole la blusa mientras llora, revelando sus tetas maduras. La pongo de rodillas, saco mi verga dura, gruesa, y se la meto en la boca, follándole la garganta profundo, saliva cayendo por su barbilla mientras gime ahogada. Mi padre graba con su teléfono, mirando con esa sonrisa de voyeur.
Eduardo: «Chúpalo bien, puta. Muestra cooperación para ese 20%.»
Después, la levanto, la giro contra el escritorio, le bajo la falda y tanga, azotando su culo rojo como en el video. Froto mi polla contra su coño mojado – traicionada por su cuerpo otra vez – y empujo lento, estirándola centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes calientes y apretadas envolviéndome, húmedas y resbaladizas. Embisto con fuerza, mis bolas chocando contra su culo, el escritorio temblando, sus tetas rebotando mientras la humillo.
Diego: «¡Joder, qué puta apretada! Tu hija Isabella es igual, ¿sabías? La follé por su beca. Ahora tú pagas el resto.»
Carmen: «¡Ay, Dios… sí, fóllame! Solo asegura lo de mi hija…»
Mi padre se masturba mirando, dirigiendo.
Eduardo: «Sodomízala ahora.»
Cambio, escupo en mi verga y presiono contra su ano, empujando profundo en su culo virgen para mí, sintiendo el anillo apretado ceder, calor intenso y fricción deliciosa mientras la follo analmente, azotándola, hasta correrme dentro, semen caliente llenándola. Ella grita en clímax forzado, temblando. Pero no terminamos ahí; mi padre se acerca, saca su polla aún dura, y la pone de rodillas de nuevo. Carmen, exhausta y resignada, abre la boca, chupando su verga con gemidos ahogados, saliva y lágrimas mezcladas, lamiendo desde la base hasta la punta, succionando fuerte mientras él agarra su cabeza y empuja profundo, follándole la garganta hasta explotar en su boca, semen goteando por sus labios. Ella traga, jadeando, el despacho oliendo a sexo crudo.
Eduardo: «El 100% asegurado. Pero trae a Isabella pronto para más ‘cooperación’.»
POV DIEGO
CAPÍTULO 7: FANTASÍAS PARA LA PUTA NUEVA
Después de esa follada intensa con Carmen en el despacho de mi viejo, me quedo ahí con Eduardo, el aire todavía cargado de olor a sexo y sudor. Como maestro de educación física, paso el día motivando a alumnos a romper límites en el gym, pero momentos como este –compartiendo una zorra con mi padre– son los que realmente me ponen la verga dura, fortaleciendo esos “lazos” familiares que racionalizamos como liberaciones eróticas. Carmen ya se fue, tambaleante y con el culo rojo de mis azotes, pero su sumisión nos dejó con ganas de más. Mi padre cierra la laptop donde grabó todo, se acomoda en su silla, y yo me siento frente a él, mi polla aún medio dura pensando en cómo la sodomicé mientras él miraba. Es hipócrita: de día, él es el director intachable; yo, el profe inspirador. Pero aquí, somos dos cabrones planeando depravaciones. La introspección me golpea: ¿esto nos hace monstruos? No, joder; es poder puro, extendiendo el tabú de nuestra familia a putas como Carmen e Isabella.
Eduardo: “Joder, hijo, Carmen resultó ser una buena puta. Suplicó y lloró al principio, pero al final chupó como una profesional y abrió el culo sin queja. Mejor de lo que esperaba para su primera vez conmigo.”
Diego: “Sí, papá, la rompimos. Sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, mojada a pesar de las lágrimas. Y cuando la sodomicé, gritaba pero pedía más. Es como mamá Laura: resiste un poco, pero el morbo la gana. ¿Qué ideas tienes para usarla? Quiero extender esto, involucrarla en nuestras orgías familiares.”
Él se ríe, frotándose la barbilla, sus ojos brillando con ese morbo patriarcal que me enseñó. Pienso en Ana, mi hermana, cómo la monto en casa mientras él graba, o en Marco, mi macho en el campus, follando alumnas bajo mi cobijo. Carmen es el puente perfecto a más depravación.
Eduardo: “Ideas? Muchas, cabrón. Primero, la citamos con Isabella para un trío madre-hija. Imagina: Carmen de rodillas chupándonos a los dos mientras Isabella mira, luego la obligamos a lamer el coño de su hija. Humillación total, grabado para chantajearlas más. Fortalece los lazos entre familias, ¿no?”
Diego: “Joder, sí. Fantaseo con atarlas a ambas en el despacho, azotándolas hasta que rueguen. Luego, yo sodomizo a Isabella mientras tú te follas a Carmen enfrente, comentando lo putas que son. O mejor: una orgía en casa con Laura y Ana – Carmen como la puta invitada, montada por Marco mientras nosotros miramos y dirigimos, con arneses y juguetes.”
Eduardo: “Buena, hijo. Explorémoslo más oscuro: exhibicionismo en el campus. Llevémosla al gym vacío después de horas, hazla desfilar desnuda frente a un espejo, grabando mientras la follamos en las máquinas de pesas. O fantasía de cuckold: invita a su esposo a ‘una reunión’, y lo obligamos a ver cómo la compartimos, comentando lo mojada que está su mujer. Si se pone cachondo, lo hacemos unirse, pero humillado.”
Diego: “Me pone eso. Imagina grabarla en una ‘clase privada’ conmigo: atada a un banco de pesas, azotada con mi cinturón hasta que el culo le arda, luego penetrada por turnos mientras suplica por la beca de Isabella. O algo más taboo: involucrar a Lucía o Isabella en un intercambio – Carmen lamiendo coños jóvenes mientras nosotros la sodomizamos por turnos, racionalizando como ‘lecciones maternales’.”
Discutimos más, nuestras vergas endureciéndose con cada idea, masturbándonos lento mientras planeamos. Mi padre acelera, corriéndose en su mano pensando en el trío madre-hija; yo exploto imaginando la orgía familiar extendida. Limpiamos, riendo, sabiendo que Carmen no tiene escape.
POV DIEGO
CAPÍTULO 8: DOMINACIÓN EN EL GIMNASIO
Después de esa charla con mi viejo sobre las fantasías oscuras para Carmen, no aguanto más y la cito al gimnasio de la uni después de horas, cuando todo está vacío y oscuro, solo el olor a sudor y metal en el aire. A mis veinte años, como maestro de educación física, paso el día aquí motivando a alumnos a romper límites con pesas y carreras, pero ahora voy a romper a esta puta madura de cuarenta y seis años. Carmen llega nerviosa, con leggings ajustados que marcan su culo voluptuoso y tetas grandes bajo una camiseta, pensando que es solo una “reunión” por la beca de Isabella. La agarro por el brazo y la llevo al centro, donde hay un banco de pesas – perfecto para atarla. Invité a Marco, mi macho leal, para que vea cómo se domina a una madura; él entra sigiloso, con su cuerpo musculoso listo para el show. Pienso en lo hipócrita: de día, soy el profe que enseña disciplina; ahora, aplico violencia cruda para fortalecer “lazos” depravados, como mi padre racionaliza el incesto con Ana. ¿Soy un monstruo? Joder, sí, pero el poder me excita, contrastando la rutina del gym con esta lujuria prohibida.
Diego: “Quítate la ropa, puta. Vas a aprender lo que es obediencia real por esa beca de tu hija.”
Carmen: “¡Diego, por favor! No aquí… es público. Te suplico, no me hagas esto.”
La ignoro, la desnudo a la fuerza, revelando sus tetas maduras y coño depilado, luego la ato al banco de pesas con cuerdas de entrenamiento, brazos extendidos y piernas abiertas, expuesta como una zorra en exhibición. Marco mira desde las sombras, su verga endureciéndose en los pantalones. Le doy un azote violento en el culo, el sonido ecoando en el gym vacío, dejando una marca roja que arde; repito, azotándola sin piedad con mi mano, luego con un cinturón de pesas, golpeando sus nalgas hasta que grita y llora, el piel enrojecida y temblando.
Diego: “Grita todo lo que quieras, puta. Esto es por resistirte. Marco, mira cómo se domina a una madura como esta zorra.”
Marco: “Joder, profe… está rota. ¿La vas a follar así?”
Saco mi verga dura, gruesa, y la froto contra su coño mojado – traicionada otra vez por su cuerpo. Empujo sin piedad, un embiste brutal que la hace gritar, penetrándola profundo, sintiendo sus paredes apretadas y calientes contrayéndose alrededor de mí mientras acelero, mis bolas chocando con fuerza contra su culo, el banco crujiendo bajo el impacto violento. La follo como un animal, tirando de su pelo, azotándola más, humillándola verbalmente mientras embisto sin parar, su coño chorreando jugos por el morbo forzado.
Diego: “¡Toma, puta! Siente cómo te rompo por dentro. Eres nuestra ahora, para usarte cuando queramos.”
Carmen: “¡Ay, Dios… duele, pero… no pares! Por Isabella…”
La introspección me golpea: esta violencia es liberación, como en las orgías familiares, extendiendo el control a esta madura infiel. Acelero hasta el límite, explotando dentro, rellenándola con mi semen caliente en chorros potentes, sintiendo cómo inunda su coño, goteando por sus muslos mientras ella tiembla en un clímax forzado. Saco mi verga, aún goteando, y miro a Marco.
Diego: “Tu turno, cabrón. Penétrala para llenarla por el mismo agujero. Filma todo con tu teléfono – quiero el video para la colección.”
Marco: “Sí, profe… joder, está llena de tu semen.”
Marco saca su polla gruesa, filma de cerca mientras empuja dentro de su coño resbaladizo por mi corrida, follándola con fuerza, el semen mío mezclándose con el suyo cuando explota, rellenándola más, goteando por todos lados. Carmen gime exhausta, atada y usada. Desatamos, la vestimos, y la mando a casa.
Diego: “Vuelve cuando te llame, puta. O Isabella vuela.”
POV CARMEN
CAPÍTULO 9: LA PUTA GOZOSA
Llego al gimnasio de la uni después de horas, el lugar desierto y oscuro, con ese olor a sudor y metal que me pone nerviosa pero también me moja el coño sin querer. A mis cuarenta y seis años, soy una contadora casada, con una vida normal de oficina y familia, pero desde que Eduardo me chantajeó por las notas de mierda de Isabella, todo se ha vuelto un torbellino de depravación. Sé que me usan como una puta barata, atada y follada por becas y permanencias, pero joder, lo gozo en secreto. Mi hija es más un pretexto que otra cosa; al principio lo hacía por ella, para que no la expulsaran, pero ahora es por el rush de ser degradada, de sentirme viva en esta sumisión prohibida que contrasta con mi rutina de madre decente. Diego me espera, ese cabrón musculoso de veinte años, hijo de Eduardo, y me arrastra al centro, desnudándome a la fuerza, atándome al banco de pesas con cuerdas que me estiran los brazos y abren las piernas, exponiendo mi coño depilado y tetas maduras como una zorra en oferta. Pienso en lo hipócrita: de día, soy la esposa fiel que cocina y trabaja; ahora, atada en un gym, lista para ser rota. ¿Soy una monstruo por gozar esto? No, es liberación, excitación prohibida que me transforma de mujer respetable a puta ansiosa.
Diego: “Prepárate, puta. Voy a romperte por esa beca de tu hija.”
Carmen: “¡Diego, por favor! No aquí… me da vergüenza. Piensa en Isabella…”
Pero mis súplicas son fingidas; ya estoy mojada, el morbo me gana. Él me azota violento con la mano, luego con un cinturón, golpes duros que arden en mi culo, dejando marcas rojas que duelen pero me excitan, cada latigazo enviando ondas de placer mezclado con dolor a mi coño. Grito, lloro, pero por dentro lo gozo, mi cuerpo traicionándome con jugos que gotean. Saca su verga dura, gruesa, y empuja sin piedad, penetrándome profundo en un embiste brutal que me hace arquear la espalda, sintiendo cómo me llena por completo, sus bolas chocando contra mí mientras acelera, follándome como un animal, tirando de mi pelo y humillándome. El banco cruje, mis tetas rebotan, y exploto en un orgasmo forzado, pero real, gritando mientras él me rellena con su semen caliente, chorros potentes que inundan mi coño, goteando por mis muslos.
Diego: “¡Toma mi leche, zorra! Ahora, Marco, ven y llénala por el mismo agujero. Filma todo.”
Marco sale de las sombras, ese chavo musculoso de diecisiete, y al verlo tan joven y vigoroso, primero me da vergüenza – joder, podría ser mi hijo, su cuerpo atlético y verga tiesa contrastando con mi edad madura, atada y usada como una puta vieja. Me sonrojo, queriendo cubrirme, pero atada no puedo; su juventud me humilla, recordándome lo degradada que estoy.
Carmen: “¡No, Marco… eres tan joven! Por favor, no me hagas esto…”
Marco: “Cállate, puta. El profe manda.”
Saca su teléfono, filma de cerca mi coño chorreando semen de Diego, y empuja su verga joven y vigorosa dentro, resbaladiza por la corrida anterior. Al principio, la vergüenza me quema – sentir esa polla fresca, dura como hierro, embistiendo con energía inagotable, me hace sentir sucia, vieja, pero joder, luego es demasiado: su vigor me enloquece, cada embiste profundo y rápido me llena de un placer prohibido que me hace gemir alto, mi coño contrayéndose alrededor de su juventud, el semen mezclado lubricando todo, sus bolas chocando con fuerza mientras me folla sin piedad. Gozo como nunca, el morbo de ser penetrada por un chavo tan joven rompiéndome por dentro, hasta que explota, rellenándome con más semen caliente, goteando por todos lados mientras tiemblo en otro orgasmo intenso.
Marco: “Joder, qué coño apretado… lleno de nuestra leche.”
Me desatan, exhausta pero satisfecha en secreto, vistiéndome como si nada. Sé que volveré por más; Isabella es el pretexto, pero esto es mi adicción.
Diego: “Vuelve cuando te llame, puta. O tu hija paga las consecuencias.”
POV MARCO
CAPÍTULO 10: LA MADRE EN LA COCINA
A mis diecisiete años, siendo el alumno estrella de educación física en esta escuela privada, paso los días entrenando y coqueteando con chavas como Isabella y Lucía, pero después de follarme a Carmen en el gym atada y llena de semen, no puedo sacármela de la cabeza. Me he cogido a su hija Isabella un par de veces por la beca, esa zorrita de diecíseis con coño apretado, pero joder, el coño maduro y el culo voluptuoso de Carmen me volaron la mente – caliente, experimentado, apretando como si nunca hubiera sido follada bien. Diego me dio su dirección, diciendo que la usara cuando quisiera para “fortalecer lazos”, así que voy a su casa un martes por la tarde, sabiendo que está sola – su marido en el trabajo y Isabella en clases. Toco la puerta, entro cuando abre, confusa, y cierro atrás de mí, sintiendo mi verga endurecerse ya. De día, soy el chavo atlético que suda en el gym; ahora, soy el dominador que extiende el morbo de Diego a esta casa cotidiana, con olor a café y comida casera. ¿Soy un cabrón por irrumpir así? Joder, sí, pero el poder me excita, contrastando mi vida de estudiante normal con esta lujuria prohibida que nos une en esta red de putas.
Carmen: “¿Marco? ¿Qué haces aquí? Mi hija no está… por favor, vete. Mi marido podría llegar en cualquier momento.”
Marco: “Cállate, puta. Vengo por ti. Me gustó tu coño y culo en el gym – más que el de Isabella. Vas a abrir las piernas de nuevo, o le digo a Diego que no cooperas, y adiós beca para tu hija.”
Ella palidece, asustada, retrocediendo a la cocina, pero veo el brillo en sus ojos – excitada a pesar del miedo, su coño ya mojándose por el morbo de ser usada en su propia casa, con el riesgo de que Isabella o su marido lleguen y la encuentren como una zorra. La agarro por la cintura, la giro contra la mesa de la cocina, levanto su falda casera y bajo sus bragas, exponiendo su culo redondo y coño depilado. Saco mi teléfono, empiezo a filmar todo – close-ups de su cara asustada y excitada, el temor de ser pillada haciendo que tiemble, pero también que gotee jugos.
Carmen: “¡No, Marco… por favor! Estamos en mi cocina… Isabella podría entrar, o mi esposo. Me da miedo, pero… joder, no pares. Solo rápido.”
Marco: “Gózalo, puta. Agáchate sobre la mesa y ábrete. Filmo para Diego – él decidirá si tu hija se queda.”
La agacho sobre la mesa, sus tetas grandes aplastadas contra la madera, culo en alto. Saco mi verga dura, gruesa y vigorosa, y la froto contra su coño mojado, sintiendo el calor y la humedad traicionera. Empujo de un solo embiste profundo, follándola sin piedad, mis bolas chocando contra su culo mientras acelero, el sonido de carne contra carne ecoando en la cocina, la mesa temblando con cada estocada. Ella gime bajo, asustada pero excitada, mirando la puerta cada segundo, el riesgo de ser descubierta por su hija o marido poniéndola al borde – su coño se contrae alrededor de mi polla joven, caliente y apretado, mejor que el de Isabella, maduro y ansioso. La introspección me golpea: ¿esto es control puro? Sí, joder; soy el chavo que domina a una madura en su propia casa, extendiendo el tabú de Diego.
Carmen: “¡Ay, Dios… tu verga joven es demasiado! Me asusta que lleguen, pero… fóllame más duro! No pares…”
Acelero, azotando su culo rojo, sintiendo cómo se moja más por el miedo y el placer, hasta que exploto dentro, llenándola de semen caliente en chorros potentes, goteando por sus muslos mientras tiembla en orgasmo, gritando ahogado. Saco mi verga, limpio en su culo, y la visto rápido, jadeando.
Marco: “Buena puta. Ahora enviamos esto a Diego.”
Abro el teléfono, mando el video a Diego con un mensaje: “La madre de Isabella, en su cocina. Llena y lista para más.” Ella se arregla, asustada pero satisfecha, sabiendo que volveré.
POV DIEGO
CAPÍTULO 11: EL VIDEO CALIENTE
Estoy en mi despacho de la escuela, después de una clase donde hice sudar a un montón de cabrones en el gym, sintiendo el cansancio en los músculos pero con la mente en el morbo constante que me rodea. A mis veinte años, como maestro de educación física, controlo cuerpos jóvenes todo el día, motivándolos a romper límites con pesas y carreras, pero nada me pone más cachondo que extender ese control a putas como Carmen y su hija Isabella. Mi teléfono vibra con un mensaje de Marco: “La madre de Isabella, en su cocina. Llena y lista para más.” Adjunto hay un video – joder, el cabrón lo hizo, irrumpió en su casa y se la folló como le ordené implícitamente. Cierro la puerta con llave, me siento en la silla, bajo mis pantalones y saco mi verga ya medio dura, listo para ver el show. Pienso en lo hipócrita: de día, soy el profe que enseña disciplina y esfuerzo; ahora, solo en este cuartucho con olor a sudor, voy a pajearme viendo cómo mi macho folla a una madura chantajeada, fortaleciendo esos “lazos” depravados que mi padre Eduardo racionaliza como liberaciones eróticas. ¿Soy un voyeur enfermo? Joder, sí, pero esto me excita, contrastando mi rutina académica con la lujuria prohibida que nos une a todos en esta red de tabúes.
Reproduzco el video, el sonido bajo pero claro: Carmen abre la puerta, confusa y asustada, retrocediendo a la cocina mientras Marco la acorrala. “Vengo por ti. Me gustó tu coño y culo en el gym – más que el de Isabella”, dice él, y la gira contra la mesa, levantando su falda y bajando las bragas, filmando close-ups de su culo redondo y coño depilado, goteando ya por el morbo mezclado con miedo. Veo su cara: ojos abiertos por el terror de que su hija o marido lleguen, pero también sonrojada, excitada, mordiéndose el labio mientras suplica “¡No, Marco… eres tan joven! Mi familia podría entrar…”. Mi verga palpita en mi mano, empezando a pajearme lento, sintiendo el pre-semen lubricar, imaginando el riesgo – la cocina cotidiana, con platos y fotos familiares en el fondo, convertida en un set de porno crudo.
Marco la agacha sobre la mesa, tetas aplastadas contra la madera, y saca su polla gruesa, empujando de un embiste brutal en su coño mojado. El video capta todo: el sonido de carne chocando, sus gemidos ahogados “¡Ay, Dios… tu verga joven es demasiado! Me asusta que lleguen, pero… fóllame más duro!”, el temor en su voz pero el cuerpo arqueándose para recibirlo, su coño contrayéndose alrededor de esa verga vigorosa de chavo. Él acelera, azotando su culo rojo, la mesa temblando, close-ups de su polla entrando y saliendo, resbaladiza por los jugos de ella, hasta que explota dentro, semen goteando por sus muslos mientras ella tiembla en orgasmo, gritando bajo para no alertar a nadie. Joder, ver eso me pone al borde: Carmen, la madura infiel, usada en su propia casa, el riesgo de ser pillada por Isabella o su esposo poniéndola al borde – su sumisión total a pesar del miedo. Pajero más rápido, mi verga dura como hierro, recordando cómo la sodomicé en el gym, y ahora Marco la rellena por mí – extensión perfecta de mi control, como las orgías con mi familia, donde mi hermana Ana es la puta compartida.
La introspección me golpea: esto es poder puro, ver cómo Marco, mi macho leal, domina a una madre por mi orden, grabando para la colección que compartimos con Eduardo. Exploto en mi mano, semen caliente chorreado mientras el video termina con Carmen jadeando, arreglándose asustada pero satisfecha. Limpio, riendo por dentro, y le respondo a Marco: “Buen trabajo, cabrón. Esto asegura todo. Prepárate para más con ella e Isabella.” Guardo el video – material perfecto para chantajear y planear la siguiente orgía.
CONTINUARÁ…



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