Obediencia Escolar (3)
Estoy patrullando los pasillos de la escuela después de clases, asegurándome de que no queden cabrones holgazaneando, cuando oigo susurros y gemidos ahogados desde un aula vacía. A mis veinte años, como maestro de educación física, controlo el orden aquí, pero joder…..
POV DIEGO
CAPÍTULO 19: LA AULA PROHIBIDA
Estoy patrullando los pasillos de la escuela después de clases, asegurándome de que no queden cabrones holgazaneando, cuando oigo susurros y gemidos ahogados desde un aula vacía. A mis veinte años, como maestro de educación física, controlo el orden aquí, pero joder, mi instinto morboso me hace espiar por la ventana entreabierta. Ahí están dos alumnos – él, un chavo de 15 llamado Mateo, musculoso de mis clases de gym, y ella, una zorrita de 16 llamada Sofia, con falda corta de uniforme y tetas firmes presionando la blusa. Están solos, la puerta cerrada, pero no lo suficiente. Mateo la tiene contra el escritorio del profesor, besándola salvaje, manos subiendo por sus muslos mientras ella gime bajo, excitada por el riesgo de ser pillados. Pienso en lo hipócrita: de día, enseño disciplina; ahora, espiando a estos dos follando en el aula, mi verga se endurece, recordando mis propias depravaciones con becarias y familia.
Mateo: “Joder, Sofia… abre las piernas. Nadie nos ve, pero si vienen, que nos pillen cogiendo como animales.”
Sofia: “¡Sí, Mateo! Métemela rápido… me moja pensar que un profe podría entrar. Azótame el culo primero, hazlo sucio.”
Él le da la vuelta, levanta la falda, baja sus bragas rosadas y le da azotes fuertes en el culo redondo, el sonido retumbando en el aula vacía, dejando marcas rojas mientras ella arquea la espalda, gimiendo y mordiéndose el labio para no gritar alto. Mateo saca su verga dura, joven y tiesa, frota la cabeza contra su coño depilado y mojado, untándola con jugos, y empuja de un solo embiste profundo, follándola sin piedad contra el escritorio, bolas chocando contra su culo, el mueble crujiendo con cada estocada brutal. Ella clava uñas en la madera, tetas rebotando bajo la blusa desabotonada, gimiendo ahogado mientras él tira de su pelo y azota más.
Sofia: “¡Ay, Dios… qué verga gruesa! Fóllame más duro, Mateo… imagino que el profe Diego nos espía y se une, rellenándonos a los dos.”
Mateo: “¡Eres una puta, Sofia! Toma… te voy a rellenar de semen, que gotee por tus muslos en la próxima clase.”
Acelera, embistiendo como loco, sus sudores mezclándose, el olor a sexo invadiendo el aula con pizarras y pupitres de fondo. Él explota dentro, semen caliente chorreado en chorros potentes, llenándola mientras ella tiembla en orgasmo, gritando bajo y contrayéndose alrededor de su polla. Se quedan jadeando, besándose sucio, semen goteando por sus piernas mientras se visten rápido, riendo nerviosos por el riesgo.
Yo me alejo sigiloso, mi verga palpitando – material perfecto para chantajearlos y extender mis “becas” a esta parejita. La introspección me golpea: espiar esto me excita, recordándome cómo controlo todo en esta red de lujuria escolar.
POV MIGUEL
CAPÍTULO 20: EL VIDEO DE LA PUTA DE MI HIJA
Estoy en mi oficina de contabilidad, revisando facturas aburridas como siempre, cuando mi teléfono vibra con un mensaje de un número desconocido. A mis cincuenta años, soy un padre de familia normal – casado, con Sofia de dieciocho estudiando en esa escuela privada donde trabaja Diego, el profe de gym. Abro el video adjunto, y joder, mi corazón se detiene: es mi hija Sofia, en un aula vacía, follada por un chavo contra el escritorio. Él le azota el culo rojo, empuja su verga en su coño mojado con embistes brutales, bolas chocando, mientras ella gime “¡Fóllame más duro!” y tiembla en orgasmo, semen goteando por sus muslos. El mensaje dice: “Soy Diego, director interino. Vi a tu hija cogiendo en la escuela. ¿Debo expulsarla? Llámame.” Pienso en lo hipócrita: de día, soy el papá protector que paga sus estudios; ahora, viendo esto, mi verga se endurece involuntariamente, excitado por ver a mi propia hija como una puta, contrastando mi vida cotidiana de facturas y cenas familiares con este morbo prohibido que me moja los pantalones. ¿Soy un monstruo? Joder, sí, pero no puedo parar de mirarlo, pajeándome lento bajo el escritorio.
Llamo temblando, y Diego contesta con voz fría, dominante.
Diego: “Miguel, viste el video. Tu hija Sofia es una zorra cogiendo en mi escuela. ¿Debo expulsarla? Podría arruinar su futuro… o quizás negociemos.”
Miguel: “¡Por favor, Diego! No la expulses… es mi niña, solo distraída. Te suplico, no lo hagas. Haré lo que sea… paga extra, lo que quieras. Solo… no le digas a nadie.”
Diego: “Suplica más, cabrón. ¿Te excitó el video? Vi tu silencio… confiesa, o mando el expediente de expulsión ahora mismo.”
Siento la vergüenza quemarme, pero mi verga palpita más fuerte – ver a Sofia gimiendo, su coño relleno de semen, me pone cachondo como nunca, un morbo enfermo por mi propia hija que no puedo negar.
Miguel: “Sí… joder, me excitó ver a mi hija cogiendo. Su culo azotado, gimiendo como puta… me puso duro, no pude evitar pajearme. Te suplico, no la expulses. Es mi secreto sucio… haré lo que digas para que se quede.”
Diego: “Buen cornudo. Tu excitación salva su culo… por ahora. Trae a Sofia a mi despacho mañana para ‘discutir’. Y trae tu verga dura – quizás te deje mirar en vivo.”
Cuelgo jadeando, semen en mi mano por la confesión, excitado y avergonzado por desear más de este tabú familiar. La introspección me golpea: gozo viendo a mi hija como puta, extendiendo el morbo a chantaje, fortaleciendo lazos depravados que no conocía.
POV MIGUEL
CAPÍTULO 21: EL CASTIGO DE LA HIJA
Llego a la escuela con el corazón latiendo como loco, después de esa llamada con Diego donde confesé que el video de mi hija Sofia cogiendo me excitó como un cabrón enfermo. A mis cincuenta años, soy un contador respetable, padre de familia, pero joder, ver a mi niña de dieciocho siendo follada me puso la verga dura, un morbo prohibido que no puedo negar. Diego me citó a su despacho para “discutir” su permanencia, y entro nervioso, sudando, pero con la polla ya medio tiesa por la anticipación. Él me hace esperar afuera, diciendo “escucha primero su castigo”, y oigo gemidos desde adentro – abro la puerta un poco, espiando: Diego tiene a Sofia contra el escritorio, falda de uniforme subida, bragas bajadas, azotándole el culo rojo con fuerza mientras empuja su verga gruesa en su coño mojado, castigándola por el video.
Diego: “¡Toma tu castigo, puta! Por cogerte en mi escuela… abre más las piernas, o te expulso y muestro el video a todos.”
Sofia: “¡Ay, profe Diego… duele, pero… no pares! Azótame más, castígame como la zorra que soy. ¡Tu verga me rompe!”
Mi hija gime alto, arqueando la espalda, tetas rebotando bajo la blusa desabotonada mientras él embiste brutal, bolas chocando contra su culo, azotándola sin piedad hasta dejar marcas rojas que arden. Pienso en lo hipócrita: soy el papá que la cría, paga sus estudios; ahora, espiando cómo la castigan follándosela, mi verga palpita dura, excitado por ver su coño depilado relleno, jugos chorreando – un morbo paterno sucio que me avergüenza pero me moja los pantalones. ¿Soy un monstruo por gozar esto? Joder, sí, pero no puedo apartar la vista, pajeándome disimulado.
Diego acelera, tirando de su pelo, humillándola: “¡Grita que eres una puta por castigo! Tu papá está afuera… quizás lo invite a ver.” Sofia tiembla en orgasmo, gritando mientras él explota dentro, semen caliente llenándola, goteando por sus muslos. Luego me llama adentro, sonriendo sádico.
Diego: “Entra, Miguel. Viste el castigo… ahora, para que no la expulse, cógetela tú. Fóllate a tu hija enfrente de mí, o mando el video a todos.”
Miguel: “¡No, Diego! Por favor… es mi hija, no puedo. Te suplico, no me obligues…”
Pero mi verga traiciona, dura como piedra, y Diego me empuja hacia ella. Sofia mira avergonzada pero excitada, abriendo las piernas: “Papá… hazlo, por mí.” Cedo, temblando, saco mi polla y empujo en su coño resbaladizo por el semen de Diego, un embiste profundo que me hace gemir, sintiendo el calor prohibido de mi propia hija contrayéndose alrededor de mí. La follo sin piedad, azotándola, lágrimas en mis ojos pero placer enfermo inundándome.
Miguel: “¡Joder, Sofia… perdóname, pero tu coño… es demasiado! Diego, me obligas, pero… me excita.”
Diego: “¡Sigue, cornudo! Rellénala como el padre puta que eres.”
Exploto dentro, semen caliente mezclándose con el de él, mientras ella grita en clímax forzado. Colapso, avergonzado pero satisfecho, el despacho oliendo a incesto crudo.
POV SOFIA
CAPÍTULO 21: EL CASTIGO DOBLE
Estoy en el despacho de Diego, el profe de gym, citada por “mis notas de mierda” y ese video donde Mateo me folló en el aula. A mis 16 años, soy la alumna coqueta con falda corta y tetas firmes, pero joder, esto es castigo real – él me tiene contra el escritorio, falda subida, bragas bajadas, azotándome el culo con mano pesada, cada golpe ardiendo en mi piel blanca, dejando marcas rojas que me duelen pero me mojan el coño como una puta. Siento una culpa aplastante: ¿qué carajos estoy haciendo? Soy la hija buena que estudia y obedece a papá, no esta zorra que se excita con azotes en un despacho escolar. Pero el dolor se mezcla con un calor prohibido entre mis piernas, excitación traicionera que me hace gemir, mi coño depilado palpitando por más, avergonzada de lo mucho que lo deseo a pesar de saber que esto está mal, que traiciono todo lo que soy. Pienso en lo hipócrita: de día, soy la chica normal que estudia y coquetea; ahora, castigada follándome el profe, excitada por el morbo de ser degradada, contrastando mis clases inocentes con esta lujuria prohibida que me hace una puta ansiosa. ¿Soy una depravada? Joder, sí, pero el riesgo de que mi papá se entere me excita más, mi coño chorreando jugos por la vergüenza.
Diego: “¡Abre las piernas, puta! Por cogerte en mi escuela… te castigo con mi verga. Grita lo zorra que eres.”
Sofia: “¡Ay, profe… sí, castígame! Azótame más, métemela profundo… me lo merezco por ser una puta.”
La culpa me golpea como un puñetazo: grito eso, pero por dentro me odio por disfrutarlo, por traicionar a mi familia, a papá que me cría con amor. Sin embargo, la excitación gana, un fuego que quema mi vergüenza, haciendo que mi coño se contraiga ansioso. Él frota su verga gruesa contra mi coño depilado, untándola con mis jugos, y empuja de un embiste brutal, llenándome por completo, sintiendo cómo me abre con cada centímetro, paredes calientes contrayéndose alrededor de su polla mientras acelera, bolas chocando contra mi culo, el escritorio crujiendo bajo el impacto. Me azota sin piedad, tirando de mi pelo, humillándome verbalmente mientras embiste como un animal, mis tetas rebotando, jugos salpicando por todos lados. Culpa de nuevo: ¿por qué me excita tanto? Siento asco de mí misma por gemir así, por mojarme más con cada azote, traicionando mi inocencia, pero la excitación es abrumadora, un torrente que me hace arquear la espalda, deseando más castigo prohibido.
Diego: “¡Toma tu castigo, Sofia! Tu coño aprieta como una virgen… pero eres una zorra que se deja follar en aulas. ¡Grita más!”
Sofia: “¡Sí, profe! Me rompes… duele delicioso, castígame hasta que me corra. ¡Soy tu puta escolar!”
Acelera al límite, azotándome rojo, y explota dentro, semen caliente chorreado en chorros potentes, llenándome el coño, goteando por mis muslos mientras tiemblo en orgasmo, gritando y contrayéndome alrededor de él. La culpa me inunda: me corro por esto, traicionando todo, pero la excitación post-orgasmo me deja jadeando, queriendo más a pesar del remordimiento. Jadeo, exhausta, pero entonces veo a mi papá Miguel espiando desde la puerta, rojo y con pantalón abultado – joder, me vio, y Diego lo nota, sonriendo sádico.
Diego: “Entra, Miguel. Viste el castigo… ahora, para que no la expulse, cógetela tú. Fóllate a tu hija enfrente de mí, o mando el video a todos.”
Papá: “¡No, Diego! Por favor… es mi hija, no puedo. Te suplico, no me obligues…”
Pero veo su verga dura, traicionándolo, y yo, excitada por el morbo enfermo de ser follada por mi propio padre, abro las piernas más, goteando semen de Diego. La culpa me ahoga: ¿cómo puedo desear esto? Es mi papá, el que me abraza y protege; sentir esta excitación por él me hace odiarme, lágrimas brotando por la traición, pero mi coño palpita, traicionándome con un calor prohibido que me hace susurrar “Papá… hazlo, por mí. No dejes que me expulsen.” Él cede, temblando, saca su polla gruesa – joder, más grande de lo que imaginaba – y frota contra mi coño resbaladizo, empujando lento al principio, estirándome con cada centímetro, sintiendo el calor familiar y prohibido llenándome, paredes contrayéndose alrededor de su verga paterna mientras acelera, embistiendo con culpa pero fuerza, bolas chocando, azotándome el culo ya rojo. La culpa explota: lloro por dentro, avergonzada de gemir por mi papá, traicionando nuestra relación pura, pero la excitación es imparable, un incendio que me hace arquear la espalda, mi coño chorreando más por el tabú, deseando que me rompa a pesar del asco que siento por mí misma.
Papá: “¡Joder, Sofia… perdóname, pero tu coño… es apretado y mojado! Diego me obliga, pero… me excita demasiado.”
Sofia: “¡Sí, papá! Fóllame… es sucio, pero me pone cachonda. Azótame más, relléname como Diego… ¡soy tu puta hija!”
La culpa me destroza: grito eso, pero por dentro me odio, lágrimas rodando por mis mejillas por corromper nuestro lazo padre-hija, sintiéndome sucia y rota. Sin embargo, la excitación vence, un placer prohibido que me hace contraer alrededor de él, gemidos escapando incontrolables, mi cuerpo traicionándome con oleadas de calor que me llevan al borde. Él acelera, tirando de mi pelo, humillándome con gemidos ahogados, mi coño chorreando por el tabú incestuoso, tetas rebotando mientras el escritorio tiembla. Diego mira, pajeándose, excitado por el espectáculo. Papá explota dentro, semen caliente mezclándose con el de Diego, llenándome más, goteando por todos lados mientras grito en orgasmo intenso, temblando por el placer prohibido de ser follada por mi padre, culpa y excitación chocando en un clímax que me deja rota y satisfecha.


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