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Dominación Hombres, Gays, Travestis / Transexuales

Poco a poco mi compañero de celda me fue ablandando, hasta que finalmente el culo le fui dando.

Un tipo al que meten preso por robar autos, estando en la prisión al poco tiempo comienza a echar de menos el sexo, pero un compañero de celda le hace una propuesta la que él acepta, y al poco tiempo termina dejándose comer el culo, y convertido en travesti .
Cuando en el tribunal leyeron mi sentencia por robo de auto, supe que iba a pasar mucho tiempo tras las rejas, y aunque mentalmente estaba preparado para eso, para lo que no me encontraba preparado era para la falta de mujeres.
Así que desde el primer día de mi sentencia me tuve que hacer a la idea de que por un buen tiempo no volvería a ver y mucho menos a olerle el coño a una mujer, por lo que para yo mismo tranquilizarme terminaba masturbándome acordándome de alguna de las tantas mujeres con las que me había acostado.
Por aquello de no llamar la atención o lo hacía en la ducha estando solo, o en mi litera en medio de la noche, aunque procuré ser bien discreto, mi compañero de celda se dio cuenta de lo que pasaba, y comenzó a decirme que lo mejor era hacer uso de lo que se encontraba a nuestro alcance, o sea satisfacernos mutuamente.
Aunque la sola idea de eso me pareció una locura, durante un tiempo mi compañero de celda no me volvió a decir nada, por la manera en que le dije que yo no iba con eso, que yo no era maricón, y que si él lo era que buscara otro que se lo clavara.
La cosa es que a los pocos días él se dio cuenta de que yo me estaba masturbando, y me propuso que lo dejase que él me hiciera la paja, para que viera yo que eso no tenía nada de malo, quizás fue por lo necesitado que yo me encontraba que acepté que él me hiciera una paja, y la verdad es que en medio de todo me agradó.
Pero al día siguiente cuando le pedí que me la volviera hacer, me dijo que si, siempre y cuando yo posteriormente le hiciera la paja a él, y aunque al principio pensé en decirle que no finalmente acepte que él me hiciera la paja, y que luego yo se la haría a él.
Y en efecto así fue, yo cuando me encuentro en la celda acostumbro a quedarme completamente desnudo por el calor, así que lo dejé que mi compañero de celda me masturbase, cosa que en realidad disfruté mucho.
Al sentir su mano acariciando mi verga y hasta mis testículos, para luego hacer que me viniera sabrosamente, lo malo fue cuando a mí me tocó masturbarlo a él, el agarrar su verga y comenzar a hacerle la paja, aunque para mí no fue realmente un mal rato, a mi compañero de celda le gustó mucho la manera en que yo lo masturbé.
Desde ese día en adelante él únicamente se me quedaba viendo mi verga y luego les dirigía una mirada a sus manos, para que mi compañero de celda, procediera a hacerme la paja, y eventualmente yo a él.
Pero como a la semana, él me propuso que lo dejase que él me diera una mamada, para que probase, y la verdad es que me encantó que él me mamase la verga, pero a la siguiente ocasión que le propuse que me volviera a mamar la verga, me respondió que sí, siempre y cuando yo después se la mamase a él.
Al principio le dije que no, pero no pasaron ni diez minutos que acepté el trato, por lo que él después de que me lavé mi verga, se agachó frente a mí, la agarró entre sus dedos y la dirigió a su boca, y así comenzó a chupármela divinamente.
Pero algo que no le presté mucha atención fue que al mismo tiempo que me mamaba mi verga, agarró una de mis nalgas, y a medida que seguía mama que mama, sus manos seguían acariciando mis nalgas, hasta que rápidamente me vine dentro de su boca.
Luego casi de inmediato, se lavó su verga, y fui yo quien me puse a mamar la suya, lo cierto es que en lo que me centré fue en que él colocó sus manos sobre mi cabeza, y de esa forma o manera iba guiando mi cara, a medida que yo estaba mama que mama, hasta que finalmente después de un largo rato, se vino dentro de mi boca.
Así seguimos durante varias semanas, yo mamando su verga y él mamando la mía, pero siempre, siempre, siempre era yo quien se lo pedía, en ocasiones hasta llegamos hacer el llamado 69, pero que en nuestro caso sería un 70, ya que él distraídamente me empujaba uno de sus dedos dentro de mi culo.
Y así seguimos disfrutando mutuamente el uno del otro hasta que en cierto momento a mí se me ocurrió pedirle que me dejase darle por el culo, y claro que el arreglo era que yo me dejaría posteriormente dejarme dar por el culo por él.
Eso para mí fue de lo mejor que me había pasado desde que caí preso, sentía como mi verga era prácticamente chupada por el culo de mi compañero de celda, la manera en que él movía las caderas, hizo que yo me viniera prácticamente casi de inmediato.
Pero cuando me tocó a mí dejar que él me diera por el culo, lo primero que hizo después de que me pidió que me lavase muy bien las nalgas, y el hueco de mi culo, fue el comenzar a pasar su lengua por mi esfínter, cosa que, para serle sincero, me encantó que lo hiciera, y posteriormente fue que comenzó a penetrarme, y aunque su verga es un poco más gruesa y larga que la mía, yo lo disfruté tremendamente.
Pero a diferencia mía mi compañero de celda no se vino de inmediato, por un buen y largo rato me estuvo metiendo y sacando toda su verga de mi culo, al tiempo que yo además de disfrutar de lo que él me estaba haciendo movía mis caderas como si fuera toda una puta.
Durante varios días la misma dinámica se fue repitiendo, solo que me di cuenta de que yo disfrutaba muchísimo más que él me diera por el culo, que yo darle a él, aunque la verdad sea dicha, yo no quería aceptar eso.
Hasta que a la siguiente semana, le pedí a mi compañero de celda, que me volviera a dar el culo, me dijo que no, y así me tuvo por varios días, hasta que yo mismo, no aguanté más y le propuse que fuera él quien me diera a mí por el culo, fue entonces cuando me dijo que si, y desde esa noche yo sería en todo momento quien iba a dejar que él me diera por el culo, o me pusiera a mamar su verga.
Lo malo de todo eso fue que los guardias cuando hicieron su ronda, me encontraron varias veces bien clavado por el culo, pidiéndole a mi compañero de celda que me diera más y más duro.
La cosa es que no sé cómo el resto de la población del penal se enteró, me supongo que fueron los mismos guardias quienes les fueron con el cuento a otros presos, ya que me consta que me compañero de celda en eso era bien discreto, pero la cosa es que entonces algunos presos comenzaron a presionarme, para que me dejase dar por el culo por varios de ellos, y que, si me negaba además de una paliza, podía también salir cortado.
Al principio solo fue dejar que uno que otro me diera por el culo en las duchas, pero de momento comencé a recibir, pantis y prendas femeninas para que me las pusiera y usara en todo momento, y bien o era eso o en lugar de recibir una verga dentro de mi culo me arriesgaba a recibir una navaja en mi barriga, o que me desfigurasen la cara, o una de mis nalgas.
Al poco tiempo gracias a otros presos, comencé a recibir también pastillas anticonceptivas, por la cantidad de hormonas femeninas de las que están hechas, por lo que gracias a eso comenzaron a crecer mis pechos convirtiéndose en hermosas y llamativas tetitas, aunque el Doctor de la institución dijo que era un caso de telarquia no sé qué.
También debido a las hormonas, mi cabello se fue tornando más largo y abundante, así como mi piel se fue poniendo más tersa, y femenina, por lo que al poco tiempo me fui convirtiendo en una de las princesas de la institución, por no decir que en una de las putas de la población del penal.
Hasta que finalmente cumplí mi sentencia, al salir de prisión, como no tengo preparación académica alguna, no me quedó de otra que dedicarme hacer la calle, como trans, por lo que ahora me la paso, vestido de mujer, dejando que me den por el culo para poder sobrevivir.

108 Lecturas/6 enero, 2026/0 Comentarios/por Martehijodejupiter
Etiquetas: chupada, compañero, culo, mama, mamada, puta, sexo, verga
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