Segunda vez rompiendo un culito de 6 con mi peludo vergón de 19cm.
Mientras Fernando lo penetraba, sujetó al niño de la cara y lo obligó a verlos en el espejo, pero Lucas no aguantó y su pipicito colapsó, disparando chorros de orina al suelo mientras su niñero se corría en su interior..
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Saludos, mis panas! les quiero informar que estaré ofreciendo mis servicios en relatos personalizados, por si alguno esta interesado en cumplir fantasías por lo menos en relatos, mas info al final, primero disfruten de este capitulo.
Este capitulo podría ser un poco fuerte, quedan avisados. Como cada relato, a los que mandaron foto verga full gracias, es la parte que mas disfruto de escribir esta historia. Este capitulo está dedicado a L Perozo.
Nota aclaratoria: La siguiente es una historia ficticia hecha con fines de entretención, disfrute, y no como manual para cometer actos reales.
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Capítulo 11: Segunda vez rompiendo un culito de 6 con mi peludo vergón de 19cm.
Martes, día Nueve.
Lo que sucedió en la cama del pequeño Lucas fue algo que para muchos sería razón suficiente para la pena de muerte… pero para Fernando, fue solo su iniciación como p3d3rasta. Era irónico, Lucas era el pequeño que debía cuidar, pero en cambio yacía desnudo, agotado y recién cogido sobre su cuerpo, con el culito desvirgado y expulsando semen & aceite.
— F: ¿Te gustó sentir mi verga en tu culito?
— L: Si… me gustó Fer… siento mi colita babosa.
— F: Que bueno pequeño porque a partir de ahora te la voy a meter todos los días.
— L: ¡Si! Quiero seguir jugando para siempre.
Fernando le miró con ternura, a ese pequeño que lo introdujo a un mundo de perversión del que no quería escapar, pero que ahora no pensaba dejar atrás.
Tan adolorido y agotado quedó que luego de un rato en su pecho se durmió. Acomodó sus nalgas, abriéndolas en par, viendo lo hinchado y abierto que estaba su ano. No se creía que su pene fuese el responsable, aunque lejos de preocuparse, le hizo sentir orgulloso.
Sin embargo, era evidente que había sido violado, su semen brotaba de su hoyo hinchado, por lo que rápido salió por pañitos para limpiarlo, aunque no podía borrar lo abierto que le había quedado.
Se vistió y luego salió a la farmacia más cercana, recriminándose por ser tan impulsivo. Inventó que tuvo sexo anal con su novia, recibiendo una crema que según el farmacéutico “la curaría en menos de un día” y al regresar la unto en las nalguitas del niño con la esperanza de que sanara los síntomas.
Cuando Lucas despertó 30m después la crema le había hecho efecto. Lo llevó al baño para terminar de borrar la evidencia, indicándole que no debía decirle a nadie lo que habían hecho.
El agua y jabón borraron los rastros de semen que quedaban. Antes de vestirse, el niñero le mostró la crema y le indicó como aplicarla.
— F: La voy a esconder acá en la gaveta, cuando te duela vienes y te la pones en tu colita ¿Bueno?
— L: Bueno Fer, y no le voy a decir nada a mi tío.
— F: Buen chico, mañana seguimos jugando.
Manuel llegó media hora después avisándole que no tendría que volver en la tarde porque su turno estaba libre, así que se retiró a casa. Que el adulto lo descubriera le daba igual. Ya no le tenía miedo. Aunque tampoco tenía claro si abusaba de Lucas, si la leche que encontró en su culito era suya, o si la maestría de Lucas con el dildo era su culpa, lo que sí es que al menos podía acusarlo con la ilegal pornografía que encontró en su computadora.
Miércoles, día diez.
Con verga en mano, los recuerdos de Lucas siendo penetrado por su pene aparecieron temprano en la mañana. Gemidos, jadeos y arcadas resonaron en su mente, aumentado el movimiento de su mano. Recordar su culito empalado en su verga, los pelos rozando su agujero, sus testículos chocando en sus nalgas y el aceite escurriendo de su hoyo mientras le apretaba el tronco con fuerza fue suficiente para hacerlo correr, y no satisfecho con ello, se volvió a pajear una segunda y tercera vez.
Al llegar la tarde la emoción corría por sus venas, consumiéndolo como un niño pequeño. Llegó a la casa esperando lo peor con Manuel, pero este solo salió apresurado al trabajo. Entró a buscar al niño quien al verlo saltó de lleno a sus brazos.
— F: Hola pequeño ¿Cómo amaneció tu culito?
— L: Ayer me dolía un poquito, pero me puse la crema como me dijiste y se me quitó.
— F: ¿Y tú boquita como esta? ¿Aun te duele?
— L: Me duele todavía, no pude comer bien.
— F: ¿Y Manuel no te dijo nada?
— L: No, me dio remedio para la gripa jijiji.
— F: Niño travieso jaja… aunque mal que te duela, yo quería que jugaras hoy con mi verga – confesó acariciando sus suaves mejillas.
— L: Si quieres puedes jugar con mi colita.
Fernando se sorprendió, pensaba que después de metérsela ayer su culito le dolería, pero tal parece que la crema era efectiva. Sonrió viendo como el niño restregaba su carita en su bulto y se dejó llevar por lo mucho que necesitaba sentirlo.
— F: ¿Quieres que te la meta en tu colita?
— L: ¡Sii! Quiero jugar como ayer, Fer.
— F: Está bien pequeño, entonces vete a mi cuarto y quítate toda tu ropa, espérame desnudo.
Lucas salió disparado a la habitación en lo que el niñero caminó a la cocina en busca del aceite de que usó el día anterior. Con la botella en manos, caminó a la habitación, abrió la despacio la puerta encontrándose con una escena que le lleno de más sangre su ya durísima verga.
Allí, ubicado en la cama como una ranita estaba Lucas, desnudo, con la mirada fija en su tablet y exponiendo su lampiño y redondo culito. Fernando suspiró con excitación mientras se deshacía de la ropa, quedándose solo con la camiseta.
Caminó lentamente hacia el niño ubicándose justo detrás, obteniendo una vista increíble de su culito. Sus nalguitas lo saludaron rebotando sutilmente. Se sentía como un acosador, un depredador. No dijo nada, no lo anunció, solo se acercó, abrió la botella y dejo que el hilo espeso y dorado cayera sobre las nalguitas del menor.
— L: Ay Fer ¿Qué es eso? – se sobresaltó
— F: Shuu ~ no te muevas, solo sigue jugando.
Dejó la botella a un lado y dirigió sus manos hacia el suave manjar. Deslizó los dedos con facilidad, esparciendo el líquido en cada nalga, tornándolas brillosas y luego comenzó a masajear, adelante y atrás, intercalando los dedos con sus palmas.
— L: Ahh ~ se siente rico.
— F: Te gusta eh, que rica se te ven las nalguitas así, bien brillantes ~ uff.
Su cuerpo le pedía más, su miembro estaba más que a reventar. Entonces se arrodilló detrás, tomó su erección con la mano engrasada y comenzó a rozarlo contra las nalgas. El aceite hacía que su piel resbalara, enviando oleadas de placer de la base hasta la punta. No buscaba penetrarlo, solo se la frotaba, aunque no era suficiente. Nada era suficiente si tenía a Lucas allí, ofreciéndose, con las nalgas levantadas dispuestas a recibir su verga.
— L: Ay se siente muy rico en mi culito.
Fernando aumentó el ritmo moviendo las caderas en círculos lentos y muy profundos, generando un chapoteo viscoso entre su tronco y la raja del niño.
— F: ¡Joder, joder, joder! — maldijo entre dientes mientras observaba con el ano del niño rascaba su pene con hambre — Así… así, no te muevas.
Pero Lucas no podía quedarse quieto. No cuando cada falsa embestida contra su anito lo hacía sentir débil. Empujaba hacia atrás con desespero como buscando… el placer del día anterior.
— L: Ahh, que rico, mi culito… rico, rico ~ uhh
— F: Shhh ~ Todavía no. Primero, te voy a abrir tan bien que vas a rogar que te la meta.
Sus palabras fueron una promesa y una amenaza al tiempo. Lucas sintió cómo un dedo resbaladizo por el aceite comenzó a introducirse lentamente hasta tenerlo todo dentro. El ardor inicial rápido se transformó en placer, uno que aumento cuando el niñero comenzó a moverlo, y vaya que le gustaba que jugara con él de esa manera, tanto que su culito cedía sin poner ninguna resistencia.
Apretó los puños cuando un segundo dedo se unió al primero, estirándolo. Le ardía, más porque solo 24 horas atrás su anito había sido violado, pero ver la cara de Fernando era suficiente para soportarlo.
El niñero siguió dediando, preparando sus entrañas hasta un tercer dedo se iba como si nada. Esa fue la señal, el culo del niño estaba listo para recibirlo.
Fernando retiró sus dedos y se subió en la cama, recostando su espalda en la pared, de manera que se podía ver en el espejo. Se deshizo de la camisa exponiendo su desnudes al completo. Su cuerpo esbelto relució por el sudor y su miembro brilloso y peludo deslumbró al menor, hipnotizándolo.
— F: Ven aquí ¿Quieres jugar con mi verga? — Le preguntó azotando su carnosidad con fuerza.
— L: Si quiero Fer… quiero jugar todo el día.
— F: Entonces ven, vamos a divertirnos.
No fue necesario mentir, fingir que era un juego, Lucas solito se incorporó siendo instruido por el mayor. Ubicó sus piernecitas a cada lado de la cintura y lentamente bajó, hasta que sus nalgas se posicionaron encima del viril miembro.
— F: Eso, muy bien, agárrame la verga – le ordenó entre jadeos – Quiero que tu solito te la vayas metiendo, como me hacías cuando dormía.
Con una sonrisa tímida, Lucas guio la dura verga hacia su entrada y comenzó a descender despacio. El glande presionó con firmeza, lubricándose con el aceite y estirando sus pliegues poco a poco, hasta que la carnosidad fue entrando lentamente.
— F: Mmm ~ así… ahh, vez bajando despacito.
A los segundos el glande y unos 5cm más se alojaron dentro, siendo apretados por su caliente recto. Lucas se estuvo quieto mientras su anito se acostumbraba al invasor, pero al poco tiempo comenzó a subir y bajar, enterrándose más y más.
Le dolía, claro que le dolía, incluso arrugaba la carita mientras ese miembro le perforaba el recto, pero luego subía la vista y veía a su niñero con las manos en la nuca y el rostro lleno de satisfacción y por arte de magia el ardor desaparecía; Como si al niño solo le importara complacerlo.
Fernando no disimulaba, gemía, jadeaba y bufaba con la mirada clavada en la unión de su pene con el ano del menor, sintiendo como le devoraba el tronco de a poco, algo que a Lucas le encantaba y daba su mejor esfuerzo, aguantando y clavándose trozo tras trozo hasta que 13cm estuvieron dentro.
— L: Mmm, ya no puedo, no me pasa de ahí Fer.
— F: Ohh, si puedes, solo un poco más ~mmm.
— L: Ayúdame Fer ~ uhh, métemela tu.
— F: No, tu solito te la vas a meter ¿O te vas a dejar ganar de los otros niños?
¿Otros niños? Esa frase alertó sus sentidos. No, no se iba a dejar ganar de nadie, no iba a permitir que otro complaciera a su hombre, así que con esfuerzo, apretó los labios y siguió descendiendo.
Lucas podía sentirlo, como la verga abría su recto, como sus venas palpitaban, y el calor irradiaba como una dura vara de hierro al rojo vivo que lo rompía por dentro.
Fernando observó su determinación con ojos de lujuria, una pequeña mentira que hizo que ese niño de 6 anitos que con la carita roja y los ojos empuñados lograra empalarse en su verga de 19cm hasta que sus pompitas quedaron pegadas a su peluda mata de pelos púbicos.
— F: Ahh ~ eso es… lo hiciste pequeño.
— L: Uhh ~ mi culito, ay rico… rico ahh.
— F: Ahora empieza a saltar, despacito. Gózalo mi niño, goza mi verga como yo disfruto tu rico culito.
Lentamente Lucas empezó a cabalgar, despacio, masajeando su recto con los 19cm de su niñero. El vaivén era lento, centrándose en gozar de la unión de sus cuerpos, aunque eso no duró mucho.
A los minutos su culito se fue acostumbrado y empezó a saltar con más ganas, subiendo y bajando sobre el duro tallo como hacia cuando se daba placer con el dildo rosado. Llegaba a la mitad y se dejaba caer, ensartándose hasta los huevos y gimiendo como una putita en celo.
Fernando solo gozaba con las manos en la nuca viéndolo darse auto placer, viendo como ese culito blanco lampiño bajaba y desaparecía casi todo su miembro y se pegaba contra su pelvis empapando sus pelos con el aceite. Apretaba los dientes y los dedos de los pies, era demasiado placer.
Entonces agarró al niño de la cintura empezando a guiar los movimientos. Cada que Lucas bajaba, Fernando levantaba la pelvis incrustando su verga a tope y haciendo que el niño gimiera tan fuerte que seguro se oía fuera de la casa.
— F: ¡Dios! Que delicia ~ ahh, así pequeño, buen chico, aguanta mi verga, tú puedes ~ uhh.
De un momento a otro, Fernando alzó el pecho quedando sentado en la cama, con Lucas ubicado en su regazo, aun con su verga bien incrustada y luego llevó los bracitos del pequeño detrás de su espaldita, aprisionándolo.
— F: Dime la verdad Lucas ¿Ya has jugado antes con otro hombre, cierto?
— L: No Fer… solo juego contigo ~ uhh.
— F: ¿Seguro? No te creo — sentenció moviendo su cadera despacio, reanudando las embestidas — ¿Quién te enseño a jugar así con adultos? ¿eh?
— L: Nadie Fer ~ uhh, solo juego contigo ~ ahh.
No le creyó, claro que no, como creerle a un niño que a sus solo 6 años sabia mas de sexo que él a sus 20. Estaba decidió a sacarle la verdad, y sabía muy bien cómo hacerlo.
Aumento las embestidas, sacando su vergon hasta la mitad e incrustándolo lento y firme. En esa posición a Lucas se le iba hasta las bolas, con sus pelos púbicos rozando sus infantiles glúteos. Su culito ardía, casi se sentía hirviendo y su verga era apretada a niveles extremos.
Los gemidos del niño parecían lloriqueos, pero en ningún momento le decía que parara, por el contrario se movía despacio acomodándose en su regazo con tal de sentir cada viril pulsación.
— F: Dime Lucas ¿Quién más te la mete como yo? ¿Quién más te da medicina? Mas semen caliente…
Pero Lucas no le respondía, solo negaba con la cabeza mientras su mirada se perdía en el placer que le daba su verga. Fernando no se rindió, soltó al niño acostándolo boca arriba. Sujetó sus piernas y las flexionó a su pancita, dejando culo a su vista.
— F: Uff mira nada más como te deje, bien roto.
La imagen era divina, el culito grasoso de Lucas, su anito abierto de un rosado intenso junto al rojo de su recto. Fernando lo analizó, observándolo a detalle al tiempo que miraba su verga balancearse y una vez mas se preguntó cómo era posible que su pene desapareciera en se culito tan pequeño.
Se deleitó y continuó llevando su boca al agujero. No le importó que estuviera lleno de aceite, el sabor anal del niño era tan fuerte que su paladar lo reconoció, adsorbiéndolo como droga.
Lucas sintió los labios del adulto atrapar su ano, lamiendo y engullendo. Fernando lo devoraba con hambre, saboreando cada centímetro, escupiendo e introduciendo su lengua bien adentro, haciendo que el niño temblara, sintiéndose débil, un placer que a su corta edad no podía comprender, pero que igual le encantaba… le recordaba a…
— F: Uff ¡Que culooo!
— L: Ahh Fer, mi colita ~ mmm que rico ~ uhh.
— F: Te gusta ¿eh putito? ¿Quieres que siga?
— L: ¡Si! Sigue juagando conmigo ~ahh.
— F: Entonces dime ¿Quién es el otro hombre? ¿Es Juan? ¿Es Manuel? ¿Quién es Lucas? ¡Dime!
— L: Nadie Fer ~ uhh yo ~ ahh ~ aprendí solito.
Fernando lo vio serio como retándolo a seguir mintiendo, y luego hundió el rostro, succionando su culito, taladrando por dentro a lengüetazos y causando varios espasmos e infantiles gemidos. Fue demasiado, el cuerpo de Lucas no lo soportó y mientras se retorcía sintiendo como su culito era devorado por el adulto, soltó toda la información.
— L: Fue mi tío Manuel ~ uhh ~ mi tío Santiago y mi tío Iván ~ uhh, mi culito ~ ahh.
— F: ¿Como? – respondió con sorpresa.
— F: Tío Manuel, Iván y Santiago ~ ahh, con ellos juego también, pero más con tío Manuel.
Saber que Manuel era uno de los que abusaban de Lucas era obvio, sabía que lo que vio esa noche, a Lucas y su tío teniendo sexo en el sofá no fue un sueño, pero… ¿Quiénes eran los otros? El solo sabia que juan y Manuel eran hermanos.
— F: ¿Desde cuándo juegas con ellos? – siguió cuestionando mientras continuaba las lamidas.
— L: No me acuerdo ~ mmm ~ hace rato ~uhh.
— F: Ya veo — dijo dejando de lamer las nalguitas del pequeño. Quería saberlo todo, lo necesitaba, pero su verga estaba a reventar. Se ubicó en el borde de la cama, exponiendo su desnudes frente al espejo y siguió manipulando al pequeño.
— F: Estoy decepcionado.
— L: No Fer, no te pongan así – respondió el nene alterado abalanzándose hacia el cuerpo del adulto.
— F: Pensé que solo jugabas conmigo, ya veo que te gusta jugar con cualquiera.
— L: No Fer, si juego con mis tíos pero contigo me gusta más, a mi culito y mi boquita le gusta más.
Aquello provocó una sonrisa perversa en el mayor. Lo tenía, tenía a ese niño a sus pies. Lo tomó en peso sentándolo en su regazo de espaldas a él. Sujeto su duro pene, llevándolo al dilatado agujero y viéndolo directo por el espejo, empujo de golpe, observando como sus 19cm se iban lentamente hasta el fondo del blanco e infantil culito.
Lucas gritó por la brusquedad, pero rápido inició a jadear. Los movimientos pélvicos del niñero eran la gloria, exploraban cada rincón causándole tanto placer que su pequeño cerebro no podía procesar.
Mientras Fernando lo penetraba con pasión, sujetó al niño de la cara y lo obligó a verlos en el espejo. “Chob chob” sonaba el chapoteo de sus nalgas contra su pelvis, producto del aceite. La imagen era exquisita, él tan grande y Lucas tan pequeño, unidos por la gruesa longitud de su miembro.
— F: ¿Te gusta mi verga? Lucas… ahh.
— L: Si ~ uhh, si ~ ahh.
— F: ¿Mi verga es mejor que la de Manuel? — Le pregunto sin dejar de embestirlo con firmeza.
— L: ¡Ay! Ahh, si Fer ~ ahh.
— F: ¿Quién te coge mejor? ~ ohh ¿Tu tío o yo?
— L: Tu ~ uhh, tu Fer ~ ahh.
— F: ¿Te gusta mucho cierto? Uff — jadeaba el hombre extasiado de los cortos y altos gemidos del niño con cada metida — ¿Quieres que pare?
— L: Nou ~ uhh, Nou…
— F: ¿Quieres que te dé más duro?
— L: Mmm, si, duro ~ ahh, duro.
Fernando no lo pensó, abrió las piernas de manera que sirvieran como apoyo para el menor, puso sus piecitos sobre sus muslos y sujetó su cuerpecito al suyo. Entonces, con la vista centrada en el espejo, viendo como su verga su hundía completa, inició a penetrarlo con mas fuerza, rápido, firme, entrando y saliendo como una máquina de coser, haciendo que sus testículos rebotaran con cada movimiento y que el pequeño se aferrara a sus brazos y empuñara los ojitos soportando la penetración.
— L: Ahh Fer… des… pa… ci… to ~ ahh duele… duele ~ uhh.
— F: No vas a volver a coger con tus tíos ¡Me oíste! Uff, tu culo… tu culo me pertenece ~ ahh.
El cuerpecito de Lucas subía y bajaba con cada estocada, empalándose por completo en los 19cm de su niñero. Temblaba, entraba y salía con suma facilidad, brillando en aceite y lubricante natural. “Plash, plash” sonaba cada estocada, acompañado de fuertes gemidos y varoniles bufidos.
— F: Me entendiste Lucas, no quiero que folles con tu tío — le decía aumentando las estocadas — No quiero que vuelvas a verlo desnudo, no quiero que vuelvas a chupársela, no quiero que vuelva a jugar con tu culito ¡Me oíste Lucas!
— L: Ahh, Fer mi colita… duele ~ mmm… mmm.
— F: Eres mío Lucas, solo mío, si no me obedeces no volveré a violarte — y las embestidas se volvieron lentas, profundas, arremetiendo contra toda la cavidad anal del niño.
— L: Des… pa… cito ~ ahh, ahh, ahh.
— F: Dilo Lucas, di que eres mío, dime que me vas a obedecer – jadeó con fuerza sintiendo como sus huevos se cargaban a tope de semen.
— L: Ay mi pipi, uhh mi pipi… me duele.
— F: Dilo Lucas… di que tu culo me pertenece.
— L: Soy ~ uhh soy tuyo ~ ohh
Y Lucas no lo soportó, viéndose en el espejo, la cara perversa de su guapo niñero y como su verga entraba y salía al completo de su pequeño culito, su pipicito colapsó. Gimió con voz casi desgarradora y comenzó a soltar chorros y chorros de orina al tiempo que su culito también empezaba a convulsionar sin control.
Chorros y chorros de orina cayeron al suelo y bañaron la pancita de Lucas, empapándolo. Orina que también cayó en el abdomen y pelvis del mayor, haciendo que los chapoteos se volvieran húmedos e intensos.
Aquello fue placer puro para Fernando, no lo podía creer, había hecho que Lucas tuviera un orgasmo a sus cortos 6 años, tan fuerte que incluso su culito bombeaba sin control apretando su pene.
Fue demasiado, y en un último movimiento, abrazó al niño del pecho empujándolo contra su pelvis. Centro su mirada en ambos, en el pequeño siendo empalado a tope y con la voz rasgada por el pacer rugió…
— F: Maldición ¡Soy un puto pederasta! – y entonces empezó a eyacular, una, dos, seis, ocho veces, llenando el culito de Lucas hasta el tope de su tibia y espesa leche que rápido empezó a desbordar.
Allí, con la vista fija en el espejo se vio a sí mismo, desnudo con un niño de 6 empalado en su verga, vio como la base de su pene palpitaba con cada descarga, como el niño caía a su pecho sin fuerzas para mantenerse, peor lejos de mostrar terror, Lucas le regalo una sonrisa, haciéndole saber al mayor que a pesar de su brusquedad… le había encantado, lo había disfrutado y que entendía a la perfección de que ahora su cuerpo le pertenecía.
— L: Fer… mi culito… mi culito es tuyo – Pronunció finalmente, con esa infantil voz que termino de extinguir la ultimo pisca de cordura del mayor.
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Info adicional: Los personalizados tendrían un pequeño costo según las extensión, pero tranqui que es barato 🙂 Usted pone el morbo, yo lo desarrollo. Me pueden escribir y preguntar con gusto @Samu19973
No se olviden de mandar foto verga, sin miedo que no juzgo, solo disfruto😈 NO hago cambios, solo relatos y morbo. Si mandan foto pregunten por su regalito, aquí lo importante es que gocemos todos.


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Bro eres el mejor me encanta tus relatos
Muy caliente el relato ,me encanto esos detalles morbosos ,espero sontinuación.