Tienes un culito divino, y estoy antojado del.
Un joven que practica el deporte del motocrós, accidentalmente observa a uno de los trabajadores de la pista orinando, y algo dentro de él cambia, al punto que el trabajador se da cuenta y se aprovecha de la ocasión para comerle el culo al joven que lo disfruta bastante. .
En mi vida, nunca me había sentido así por otro hombre, es más en ocasiones me burlaba de algunos chicos, que se veían algo afeminados, pero un sábado en la tarde cuando, cargando mi casco, me dirigía a la pista, caminaba por uno de los abscesos de la pista, y accidentalmente vi al guardia de seguridad, encargado de cuidar la pista, orinando, era un tipo un poco más joven que yo, alto, y de contextura fuerte.
No sé qué me sucedió, pero me he quedé embelesado, observando su tremendo instrumento entre sus dedos, en cierta manera me sentí excitado, lo digo porque mi miembro se me puso bien duro, pero gracias a que cargaba mi casco entre las manos, pensé que él no se había dado cuenta de eso, cuando me miró a los ojos, me sentí sumamente avergonzado, y nervioso.
Disimulado apresuré el paso, mientras que él se me quedó viendo sin hacer comentario alguno, el resto de la tarde practiqué con mi motocicleta, como era mi costumbre, todo parecía de lo más normal, pero de mi mente no se borraba la imagen, del tipo ese orinando, con su miembro entre sus dedos, ya había oscurecido, por lo que suspendí las prácticas, ya que en cualquier momento apagarían las luces de la pista, pero sin que aquella imagen, del guardia de seguridad orinando, se me borrase de la mente.
Como a eso de las ocho de la noche, me pensaba cambiar de ropa, cuando me volví a topar con el guardia de seguridad, él se encontraba sin camisa, descalzo y en pantalones cortos, al verme me saludó, y me dijo, que, si yo quería, él se ayudaba a guardar mi motocicleta en el taller, yo le dije que no se molestase, que yo mismo lo haría, pero que antes de guardarla debía quitarle el barro y la mugre que se le pegó en la pista.
Así que, tomando la manguera, le di un rápido remojón a mi motocicleta, pero justo antes de que comenzara a pasarle el trapo, con algo de detergente, noté que él no quitaba la vista de mis nalgas, fue cuando me comentó, que se me podían dañar la ropa, y las botas, con tanta agua, lo que en parte me pareció razonable, y como ya no había más nadie en la pista, aparte de nosotros dos, sin pérdida de tiempo me quité las botas las medias, el pantalón, y hasta la camiseta, quedándome con el pequeño interior que estaba usando.
Yo continué lavando mi motocicleta, por lo que también yo me mojé completamente, durante todo ese tiempo, sentía como aquel guardia, continuaba observándome las nalgas, aun bajo mi mojado interior, en una de esas se me acercó por dé tras diciéndome. “Mira no la estas lavando bien.” Justo en ese instante colocó su mano derecha sobre la mía que sujetaba el paño con jabón, mientras que con su mano izquierda la colocó sobre la izquierda mía, diciéndome. “Lo mejor es que te pegues más a la maquina”.
Tras decir eso presionó su cuerpo contra el mío, haciendo que prácticamente mí pecho pegase contra el asiento de mi motocicleta, yo me quedé de lo más tranquilo, como si fuera la cosa más natural del mundo que me él tuviera así, acto seguido comenzó a mover su mano de manera circular sobre el tanque de la gasolina, mientras que con la otra mano dirigía el chorro de agua de la manguera, prácticamente contra nosotros dos.
En esos momentos comencé a sentir esa cosa dura, y caliente contra mis casi desnudas nalgas, al mismo tiempo que haciéndome el pendejo comencé a restregar mis nalgas contra su cuerpo, y de inmediato me dijo, prácticamente lamiéndome mi oreja. “Dejemos de juegos tontos, tú tienes algo que me vuelve loco, y yo tengo lo que tú quieres. Así que no perdamos el tiempo, te parece.”
Sus palabras resonaron en mis oídos, así que sin decir ni esta boca es mía, solté tanto el paño, como la manguera, y de inmediato me desprendí de mi mojado interior, quedando del todo desnudo entre él, y mi motocicleta, al ver lo que yo estaba haciendo, el guardia se terminó de quitar los pantalones cortos que estaba usando.
De inmediato sentí su miembro nuevamente contra mis nalgas, pero en ese instante completamente desnudas. Lo escuché decirme. “Así me gusta, ahora separa un poco las piernas, y trata de relajarte.” obedientemente hice todo aquello que me indicaba, apoyándome contra la pared de la entrada del taller, separé mis piernas y esperé.
A los pocos segundos comencé a sentir contra mi esfínter, esa cosa dura y caliente que poco a poco ejercía presión, a medida que me fue penetrando, fui sintiendo un gran dolor, algo con lo que no contaba, pero aun y así permanecí en silencio, como quien dice gritando para dentro, lentamente fui sintiendo, como su miembro centímetro a centímetro me iba penetrando.
Sus grandes manos me sujetaban por las caderas, pegando más, y más su musculoso cuerpo al mío, hasta que todo su cuerpo, y el mío se puede decir que eran uno solo, por un rato permaneció sin moverse, hasta que yo después de sentir esa mezcla de extraño, y sabroso dolor, comencé por iniciativa propia a mover mis nalgas.
Suavemente al principio, pero a medida que él también comenzó a moverse, metiendo y sacando casi todo su miembro de mi cuerpo, los movimientos de mis caderas fueron más bruscos, y prolongados, con ello el placer que estaba comenzando a sentir, era algo prácticamente indescriptible, a medida que tanto el guardia, como yo nos movíamos, de manera divina, él me continuó hablando, diciéndome. “Tienes un culito divino, no sabes desde hace cuánto tiempo, que estoy antojado del.”
No tan solo las cosas que me seguía diciendo, sino la manera en que me las decía, al tiempo que deliciosamente me agarraba las nalgas, el pecho y mi cabeza, el estar entre sus brazos, era algo en lo que jamás había pensado hasta esos momentos, pero que feliz me estaba haciendo sentir era algo indudable, el guardia, casi sosteniéndome entre sus brazos, me retiró de la pared, con toda su calma, me condujo a un banco que se encontraba cercano, donde ya los dos continuábamos intensamente nuestra relación.
En cierto momento, él sacó todo su miembro de mi cuerpo, mientras que yo, me quedé recostado sobre el banco, observando su miembro entre sus dedos, y aun bastante deseoso de que él continuase metiéndomelo, tomándome por los tobillos, y al mismo tiempo que me las levantaba, hizo que separase las piernas, tras lo cual no tan solo volví a sentir, como enterrar dentro de mi cuerpo, su buen pedazo de carne, sino que pude ver con toda claridad como lo hacía.
Para mí fue algo casi delirante, no tan solo sentirlo, sino que verlo de manera tan clara, casi no podía creer que mi apretado culito se tragase todo eso, mientras me deleitaba moviendo mis caderas y restregándolas contra su cuerpo, él se dedicaba al mismo tiempo a seguir manoseando mis nalgas, pero de tal manera que me hacía sentir en la gloria.
Por un buen y largo rato, mi amante continuó metiendo, y sacando su verga de mi culo, al tiempo que continuaba diciéndome lo sabroso que yo lo tenía, y el tiempo que había deseado clavarme su verga, hasta que finalmente sus movimientos aceleraron, y sus apretones fueron más, y más fuertes, hasta que se vino por completo dentro de mí.
Después de eso yo me quedé tirado sobre el banco de madera, el guardia sacó su verga de mi culo, y tras levantarse se acercó a la manguera, y escuché como el agua comenzaba a correr, y a los pocos minutos, sentí que él se encontraba nuevamente a mi lado.
Él me miró a los ojos, y como si yo hubiera podido leer su mente, o él hablarle a la mía supe, que deseaba que se lo mamase, por lo que sin asco alguno cuando tuve su mustia verga al alcance de mi boca, comencé por lamerle su colorada cabezota primero, en cosa de segundos se volvió a tonificar por completo, para luego sin detenerme continuar chupando todo aquello que me cabía en la boca.
Él se recostó sobre el banco, y fui yo quien prácticamente arrodillado a un lado de él, continuaba chupando, mamando, y lamiendo toda su inmensa verga, así estuve por un buen rato, hasta que él colocó sus manos sobre mi cabeza, y con ellas fue guiando mi cabeza, y acelerando los movimientos hasta que sentí ese chorro de su semen invadiendo mi boca.
No quedándome más remedio que terminar de tragármelo por completo, yo estaba completamente desnudo, agotado, sudado, oloroso a sexo, mi ano, me palpitaba, y en parte me comencé a sentir avergonzado, pero muy feliz, hasta que me llamó, y me dijo. “Amor date una buena ducha, y te vistes que, en cualquier momento, puede llegar mi relevo, y de seguro no te gustaría que te fuera a ver así.”
Obedientemente, sin decir nada, tras ducharme con la manguera que usé para lavar mi motocicleta, me dirigí con mi ropa a mi casillero, me cambié, y al ver el reloj, me di cuenta que casi eran las nueve de la noche, esa noche no salí con mi novia, a la que cuando vi, desde luego no le conté nada de lo que me había sucedido con el guardia, pero desde esa fecha y por buen tiempo, disfruté de las atenciones de él, en mi propio apartamento.
Hasta que, por mis estudios universitarios, fui dejando las carreras de motocicleta, pero he conseguido en un sin número de ocasiones quien me vuelva a coger, como lo hacía aquel guardia.



Súper caliente tu historia. Me recordó cuando Miguel me hiz sentirme caliente solo con desearme. Me derreti en sus brazos mientras me sodomizaba. Creo que ni existe mayor placer que pueda sentir que ese de sentirse penetrado y poseido como hembra.