Amanda, Una Vecinita Tierna 2
El día que la tierna Amanda me hizo ir al cielo.
Pues es mejor relatar los hechos mientras rondan mi memoria, así que cuento como fue esa visita de la pequeña Amanda, como ya dije, era una belleza de niña de siete años (Cuando la conocí le calcule entre seis y siete, pues tenia siete y al paso de las semanas, prácticamente meses, que le di clases en el negocio, cumplió ocho), menudita, no flaquita no gordita, pelo largo a media espalda de color castaño obscuro, casi siempre de coletas o trenzas y el color de sus ojos, el color de la miel intensa, muy brillantes, creo que son los ojos más bellos que me ha tocado ver.
Se llega el día planeado, no habría nadie en la casa, mi tía, hermana de mi madre, quien casi siempre estaba en la casa haciendo de comer, limpiando y haciendo tareas domesticas diversas iría a su reunión de no sé qué de la iglesia donde se pasaba horas y mi madre y mi abuelo estarían en el negocio, no había ninguna falla en el plan, le avise dos días antes a María, ya que aún estaba el supuesto de que me dijera de que iría con Amanda. Ese día llegue al negocio y me puse medianamente a ayudar mientras esperaba a la pequeña Mandy y a su mamá, las vi pasar, saludaron y salí, mi madre y el viejo (Mi abuelo) pensaron que estaba ligando con María, se rieron, pero no sospecharon más, le dije donde vivía y le pregunte si quería ir a ver que tal lo hacia Amanda en el piano, me respondió que le gustaría pero que tenia muchas cosas por hacer en casa, además de que confiaba en mi y que sabia que estaría segur en la casa por qué estaba ahí mi tía, así que ya con todo dispuesto le dije a Amanda que dejara su mochila, que los libros y las partituras los tenia yo en la casa, caminamos unos diez minutos y en ese lapso ya iba yo como el lobo imaginándome a Amanda como caperucita, llegamos a la casa, abrí la puerta, dije «Ya llegue» como si esperara que alguien me respondiera, silencio absoluto, me hice el sorprendido y le dije a Amanda que no tardaría en regresar mi tía, lo cual obviamente no era cierto, el piano ya lo había dejado listo para llegar y prenderlo, le puse el banquito y apenas recargando su traserito en el banquito sus pies llegaban a los pedales, le pedí que tocara algo de lo que ya se sabia para que viera la diferencia entre un teclado de cinco octavas y un piano de siete octavas, ella comenzó con Mary Ann y se fue siguiendo el pequeño repertorio del libro que yo había llevado en secundaria, después le pedí que tocara pisando los pedales las notas una por una para que fuera escuchando la variedad de sonidos que se obtenían con cada pedal y sin ellos, ella muy mona y con carita de gozo al poder estar tocando o jugando con ese piano sonreía de una manera hermosa, le pedí que comenzara a tocar una de las canciones difíciles de los setenta, una canción de The Carpenters (Close To You) cuya partitura estaba algo simplificada en una revista llamada Teclado Fácil (Algunos que vivan en mi país las recordaran por Guitarra Fácil, eran de la misma editorial). Así, mientras Amanda esta escuchando sus avances musicales en ese juguete, yo comienzo a hacer lo mío, mi mano en su rodilla, comienzo a subir lento entre sus piernas, esta vez dándome la oportunidad de sentir a la pequeña Mandy, me dice que le gusta como le enseño a tocar mientras yo siento el deseo crecer, le pregunto cual sonido le gusta más ¿El del teclado o el del piano? mientras afirmo mi palma en su pierna, ya no es sólo la yema de mis dedos, la estoy tocando completa, sabiendo que será mía en un momento muy próximo, ella me dice ya suspirando que le gusta mas el piano,
Yo: ¿Amanda?
Amanda: ¿Qué?
Ya no me puedo aguantar, si bien tengo una ventana de casi cinco horas, también es cierto que no puedo tener a Amanda conmigo más de dos horas como máximo.
Y: (Después de darle un beso de piquito) ¿Me dejas hacerte otra vez lo que se les hace a las niñas grandes?
A: ¿Me quieres lamer mi cosita como esa vez?
Y: Sí ¿Me dejas?
A: Es que en la escuela dijo la maestra que no debemos dejar que los adultos que no son papá o mamá nos vean y nos toquen ahí.
Y: (Pensando en que esa maestra ya me desbarato todos los planes) En eso tiene razón tu maestra ¿Pero a poco no te gusto lo que sentiste esa vez que lo hice?
A: Sí, pero si se entera mi mamá me va a pegar.
Y: Yo no digo nada, será un secreto de nosotros dos nada más, Mandy (Primera vez que le digo así, con ternura).
A: ¿Me vas a enseñar tu cosa también?
Y: ¿La quieres ver?
A: ¡Sí! (Con mucha emoción en su voz y en sus ojos).
Y: ¿La quieres ver ahorita ya?
A: ¡Sí!
Me abro el pantalón, lo bajo, bajo la trusa y me deshago de la camisa, Amanda lo mira, apenas comienza a estar entumecido, ya cas erecto, pero aún me falta excitación, ella alarga su manita, curiosa, pero la retira.
Y: ¿Lo quieres tocar?
A: No sé.
Y: ¿No sabes tocarlo o no sabes si quieres tocarlo, Mandy?
A: No sé, me da pena agarrarlo.
Y: ¡Atrévete, anda Mandy!
Ella lo toca, insegura, le pido que lo tome, que con toda su manita lo agarre y le de pequeños apretoncitos, ella con curiosidad obedece, se sorprende al sentir que se pone duro en su manita.
A: ¿Por qué se pone duro?
Y: Porqué le gusta que lo toques
Me siento frente a ella en el banquito del piano, la acomodo a que quede con sus piernitas una de cada lado del banquito, le tomo su carita y le doy un beso, presionando su boquita con mis labios, pasando despacio mi lengua sobre ellos, la suelto y ella suspira.
Y: ¿Te gusto ese beso, Mandy?
A: (Toda rojita de pena y con voz trémula)¡Sí, me gustó mucho!
Y: A mi también me gusto mucho, cielo. ¿Sabes como me va a gustar más?
A: ¿Cómo?
Y: Mientras te beso, agárrame mi pene, así se llama donde me estabas agarrando.
Ella se acerca, la comienzo a besar y me comienza a tocar la verga con su manita, me la aprieta y yo comienzo a acariciar sus piernitas, están separadas al estar sentada como en un caballo en el banquito, la atraigo hacia mi y comienzo a manosearla suavemente, un pequeño faje para una pequeña damita. Nos separamos, ella jadea un poco recuperando el aire, yo le jalo con suavidad sus pies haciendo que quede acostada en el banquito, le subo la falda escolar y comienzo a besar en su vientre, sobre la tela de la pantaletita, como aquella primera vez, bajo besando sobre la tela a su pequeña panochita, lamo sobre la tela, ella se eriza un poco pero no cierra sus piernitas, se deja hacer muy dócilmente.
Y: ¿Nos ponemos más cómodos, Mandy?
A: ¿Cómo?
Me quito los zapatos, los calcetines, el pantalón y la trusa, la levanto y la llevo cargada como princesa al sofá, en el trayecto me besa, Mandy tiene la fogosidad de una hembra y la ternura de una niña, la deposito con ternura en el que será nuestro lecho de pasión, meto mis manos bajo la falda y deslizo despacito sus calzoncitos, le pido que me deje verla, ella abre sus piernas y sube los talones al borde del sofá, la visión me deja sin aire: ¡Es hermosa!
Y: Mandy, déjame quitarte la faldita ¿Sí, cielo?
A: Me da pena.
Y: Que no te de pena, mi vida, es normal que quienes se quieren así como nos estamos queriendo nosotros ahorita se vean sin ropa, además, tú ya me estas viendo sin ropa, no seria justo que no me dejaras verte a ti (Le digo mientras hago cara de puchero).
A: Esta bien, si te dejo verme sin ropa, pero no le digas a nadie.
Y: Prometido, a nadie.
Deslizo el cierre de su falda, cae; le desabotono la blusita blanca de la escuela, cae; finalmente, le saco una playerita y le quito los zapatitos y las calcetitas. Viéndola así ya desnudita es una niña hermosa (Lo repito no estaba flaquita pero tampoco gordita), sus pezoncitos son de color pálido, no son rositas, son de un color mieloso pero pálido, muy lindos, apenas pegaditos en su piel, aún sin ninguna pisca de desarrollo, sus areolitas pequeñas, de niña, cercando esa pequeña puntita que son sus pezones, una piel tersa, sin marcas, suave, con un ombliguito hundido, pequeñito, hermoso, y debajo, entre sus piernas, su pequeña vulva que ya devore una vez en el negocio, pequeñita, algo hinchadita ya, con un pequeño clítoris ya asomadito, semejando un dedito. Me acerco a ella, le doy un besito, ella responde, le digo que es hermosa, se sonríe pero no uede disimular su pena, la beso y la abrazo, la hago que se sienta mía, ella me toma de la cabeza, me acaricia con sus manitas mis cachetes, mis orejas, mi pelo, sin safarse de ese beso, corresponde, manda sus manos a mi espalda, es un abrazo de puro amor sincero de una mocosita tierna y dulce, comienzo a besarla al cuello, bajo a sus pequeñas chichitas, las lamo, las chupo con ternura, sigo bajando, llego a su barriguita, lamo su ombliguito, meto en él mi lengua, le dejo caer un poco de saliva y sigo mi trayectoria, llego al nacimiento de su rajadita, arriba de su clítoris, con la pura punta de la lengua presiono en ese punto, pico con mi lengua despacito, la siento retorcerse, sus manitas en mi cabeza con sus dedos perdiéndose entre el pelo, no le digo nada sólo la disfruto con mi lengua y ella comienza por instinto a mover su pelvis de manera suave pero rítmica, yo tengo ya goteando la verga de liquido pre seminal, me comienzo a masturbar lento, suave, lo necesario para sentir un poco de placer, sigo lamiéndola, mi lengua recorre de su clítoris hasta su pequeño anito, tiene unas pocas tracitas de que no se limpio bien, pero en ese momento me da más morbo lamerla que asco, le lamo su culito y regreso a su panochita, ella jadea de manera tierna, muy erótica, verla me hace desear cogerla, pero sé que a Mandy se lo quiero hacer con paciencia y ternura. Cuando e despego de su panochita es por que ya se relajo después de haberse crispado en mi boca, de hecho fue delicioso sentir esa rica venida de princesa, ella ve como esta mi verga, acerca su manita y al sentirla tan dura y caliente la suelta, le pido que la toque, ella con timidez lo hace, comienza a moverla, a jalarla, a tocar la punta, le digo que si me quiere hacer feliz que le de besitos tiernos, ella accede con cierto recelo, le digo que esta bien, que de puros besitos suaves en la punta, ella comienza a dejarse guiar, primero besitos, luego a pasar su lengüita, después a rodear la punta con sus labios, aprende enseguida cuando menos lo pienso ya esta mamándome delicioso, sólo atino a decirle que le voy a dejar mi lechita, disparo una gran cantidad de leche en esa boquita tierna, ella muy sorprendida la recibe y se la queda en su lengua, me mira como pidiendo instrucciones de que hacer con ella, le digo que puede escupirla o pasársela, pero que a mi me haría muy feliz si la veo que se la pasa, ella traga y sonríe.
Y: ¿Te gusto, Mandy?
A: Poquito
Y: ¿Te gusto como lamí tu puchita?
A:b¿Mi qué?
Y: Tu cosita, se llama vagina, pero cuando uno se ama a veces le da otros nombres como puchita, panochita, verijita, rajadita, rajita; también el pene tiene otros nombres.
A: ¿Cuales, dime?
Y: Nos gusta que le digan verga, pito, palo; hay más, pero a mi me gusta que le digan así.
A: (Agarrándomela y presionándola mientras me la vuelve a entumecer) ¿A ti te gusto que te lamiera y chupara la verga?
Y: ¡Sí Mandy, mucho! Pero eso que tú me hiciste fue mamármela, cielo; y fue delicioso.
A: Me gustó mamártela por que te veías muy feliz cuando lo hacia.
Y: ¿Te gustó sacarme la leche?
A: ¿Cuál leche?
Y: Lo que salió de mi verga, el liquido blanco que te pasaste, se llama esperma, pero también le decimos leche o mecos.
A: ¡Ah! ¡Sí, sí me gusto sacarte la leche! (Con la carita rojita de pena por estar hablando un poquito guarro).
Sin decirle nada, la vuelvo a besar, ella vuelve a corresponder, la manoseo un poco mas fuerte, le tomo sus nalguitas, la abrazo, ella se pega, mi verga se vuelve a poner dura y acomodo a Mandy para que su panochita se roce en ella, mientras estamos así fajándonos siento su cadera moviéndose, rozando su pequeña rajadita en la punta de mi verga, me vuelvo loco, ya no lo pienso, quiero cogerla, quiero ensartar mi verga en esa fundita, la vuelvo a besar completa, ella gime un poco más fuerte que la vez anterior, me pone como perro en celo escucharla, me bajo, le abro sus piernitas y la vuelvo a comer, a lamer, a mamar de su verijita, la comodo en un sesenta y nueve, ella con más confianza y habilidad después de su primera mamada me devora la verga, la lame, la chupa, mete la cabeza en su boquita, casi me hace terminar pero la detengo, respiro, me calmo, la acuesto en el sofá, me bajo y separo con mis dedos sus labios, su pequeña vulva rosadita de tanta mamadita que le he dado, la aprecio, miro ese himencito que estoy por romper, le pongo más saliva y la distribuyo con mi lengua, me separo, ella me mira extrañada, pensando en que la haría gozar nuevamente con mi boca.
Y: Mandy, te quiero coger, mi vida.
A: ¿Cómo coger?
Y: Sí, quero hacerte algo que es para que seas mía, Mandy.
A: ¿Para ser tuya? ¿Cómo?
Y: Sí, para que seas mía como si fueras mi novia, mi esposa; pero eso va a tener que ser secreto sólo de nosotros dos, no le podemos contar a nadie que estamos casados por que ya cogimos.
A: ¿Si cogemos voy a ser tu esposa?
Y: Sí ¿No Quieres?
A: Sí quiero
Y: Pero es posible que te duela ¿Vas a ser una niña valiente, vas a ser mi esposa valiente?
A: ¡Sí!
La acuesto, le separo sus piernitas, pongo la punta de mi verga en su entrada y comienzo a moverla con mi mano, pasando la punta por toda su hermosa panochita, del clítoris al anito y de regreso, siento mi verga palpitando de tanta excitación y morbo, le tallo con la punta separando bien sus labiecitos menores, apuntalo la punta en la entrada y me empujo suave, despacio, a que apenas entre la punta, ella gime y da un ligero ¡Ay!, pero se aguanta, esta siendo valiente, yo empujo un poco más, ella deja salir unas lagrimas de esos hermoso ojos, me vuelvo a empujar un poco más y siento el bloqueo de su himen, me quedo quieto, la beso, le beso los ojos, le digo que es una niña hermosa y que será mi esposa, que aguante un poquito; la tomo de su cinturita, la afianzo y empujo, suave pero firme, siento como entro, la siento recibirme, siento como sus paredes se van abriendo y me abrazan la verga, se amoldan, se ajustan, es estar en el cielo cuando así despacio siento que topo, llegue al fondo de su fundita; Mandy llora, sus lagrimas caen, pero no grita, no patalea, me mira con esos hermosos ojos y yo le digo que es una niña valiente, que la amo. He estado por un buen rato quieto dentro de Amanda, dejando que su fundita se acostumbre a tener mi verga adentro, ya no llora ni exclama dolor, sin sacarme, contraigo músculos haciendo que mi verga se mueva dentro de ella, Mandy hace una expresión de asombro y se ríe, esa es mi señal, me comienzo a salir despacio, ella suspira al sentir el movimiento, me detengo y empujo despacio nuevamente, entrando en ella, gime al sentir que entro, así comienzo a jugar despacio: Salgo, me detengo, empujo y topo, me detengo, contraigo para mover mi verga dentro, me detengo y vuelvo a sacar. Todo con calma, despacio, sin prisa, Mandy con ese juego suspira, gime, me mira con incredulidad, cierra los ojos, y vuelve a suspirar y a gemir, es hermoso verla gozando, mientras jugueteo con ese mete y saca lento, tomo uno de sus pies, son bonitos, me comienzo a comer sus deditos, le paso la lengua por la planta, ella se ríe por la sensación de cosquillas en sus pies y comienza a reír, a suspirar y a gemir.
Y: ¿Sabes que escucharte reír, gemir y suspirar, también es música, Amanda? (Le quiero enseñar que si le digo Mandy es por ternura, pero si le digo Amanda es por que estoy hablando seriamente).
A: ¿Música los suspiros?
Y: Sí, es como si me cantaras, mi vida.
A: ¿Te gusta que te cante?
Y: Me fascina.
Me comienzo a mover diferente, saco mi verga un poco y la meto con un empujón suave y me quedo quieto, ella gime más fuerte que anteriormente, le pregunto si la lastima si hago eso, me responde que un poquito pero que le gusta la sensación, así que continuo, saco, me detengo y doy un empujoncito firme, Mandy gime y suspira con mayor fuerza, comienzo a hacérselo así de manera rítmica, le abrazo su pequeña piernita como si abrazara un poste, entro y salgo de ella, sus gemidos se vuelven más sonoros, me detengo, le digo que cambiemos de posición, me hundo hasta el fondo, me quedo quieto y comienzo a sacársela, siento como me libera esa estrecha fundita, ella suspira, gime y solloza al sentir que salió completa: la acomodo en cuatro, mi verga tiene trazas de sus jugos y de su sangre, no la limpio, me acomodo en su entrada y despacio la vuelvo a penetrar, ella se queja, me detengo y pide que siga, continuo empujando, la escucho sollozar pero se aguanta, es una esposa valiente, me quedo quieto y la dejo que se vuelva a acostumbrar, ella me pide que la meta y la saque.
Y: Mandy, pídeme que te coja, cielo.
A: ¡Cógeme, papito, cógeme! ¡cógeme mi amor!
Escucharla así me hizo ponerme más duro y más hinchado, sentí delicioso cuando me apretó más y al mismo tiempo escucharla gemir por que sintió como se expandía su fundita.
Y: ¡Ay, Mandy, qué rico!
A: ¡Sí mi amor, cógeme!
Y: Amanda, no te enojes pero me estoy poniendo muy caliente y muy morboso, y cuando eso pasa, me da por decir malas palabras.
A: ¿Cómo malas palabras, groserías?
Y: Sí Mandy, te quiero pedir algo que a lo mejor no te gusta.
A: ¿Qué me quieres pedir?
Y: Dime que eres mi putita ¿Sí Mandy?
A: (Tartamudeando pero complaciéndome) ¡S-s-s-s-soy tu pu-pu-put-putita!
Y: ¡Así princesa hermosa, dímelo, pero dímelo sin pena!
A: ¡Soy tu putita, mi amor!
Casi me vacío al escucharla, pero me contuve y seguí cogiéndola, mientras me decía que era mi putita, mi dedo pulgar siempre explorador comenzó a presionar en su anito, despacito suave, dejándole caer saliva y distribuyéndola en su agujerito, así hasta que entro, sólo la punta del dedo, no completo, ella respingo pero enseguida se acomodo. Termine de cogerla, comencé a moverme con más ritmo, ella gimiendo y suspirando, saque mi dedo manchadito, la volví a acomodar de frente pero en el aire, comencé a moverme más fuerte y más rápido, entre sus gemidos y sus «Soy tu putita» me hizo hinchar la verga hasta que no pude más y me vacié en su fundita, llenando con mi leche hasta su uterito. Me senté con ella aún penetrada, dejando que mi verga se deshinchara dentro de ella, mientras eso sucedía, la besaba, le decía cositas tiernas y la acariciaba, ella se reía y lloraba, me decía que era feliz, que me amaba, ya saben, las cursilerías que uno dice cuando esta enamorado, finalmente se deshincho mi verga y se salió de esa deliciosa fundita, la lleve al baño para lavarle su colita y su panochita, y mientras la bañaba de la parte baja la dedee un poco para que sacara la mayor cantidad de mi leche; salimos y la seque y la vestí, le pregunte si quería jugar un rato más con el piano y me dijo que no, que mejor prefería tocar en el teclado por que tenía menos teclas, le di un ultimo beso apasionado por ese día junto con una manoseadita rápida a lo cual reacciono como si fuera lo más natural del mundo y salimos para entregársela a María, dure cogiendo con Mandy por al menos tres años hasta que un día llegó María con la noticia de que había encontrado un trabajo en otra ciudad y se iban a mudar, durante ese tiempo que dure cogiendo con Amanda la cogí por su colita y la enseñe a hablarme de manera sucia, vulgar, obscena y puerca como me gusta; y como regalo de despedida le regale el teclado de cinco octavas con el que le enseñe lo básico y un buen montón de revistas de Teclado Fácil y partituras sueltas que había conseguido, asombro total de María y del viejo (Mi abuelo) cuando al recibir el regalo en el último momento, Amanda me planta un beso profundo y tierno, el beso de despedida de mi pequeña esposa valiente de once años.
Espero les haya gustado la conclusión de la historia de Amanda y, aunque yo no la mande lejos, su mamá fue quien se la llevo, como dijera Barry Manilow: «Oh, Mandy, well you came and you gave without taking, but I sent you away, Oh, Mandy, well you kissed me and stopped me from shaking and I need you today, ¡Oh Mandy!»
Ya saben, se aceptan comentarios.


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